Capítulo 26: Toda la verdad
Febrero llegó con la sombra del cruel y sanguinario asesinato de Dorcas Meadows que conmovió toda la comunidad mágica casi mundial.
Varios de los familiares muggles del prometido murieron, pero no se dieron más bajas en los miembros de la Orden, quienes consiguieron salvarse a ellos mismos y a varias personas más con hechizos escudo que pararon la caída del techo de la iglesia.
Sobrevivieron todos los miembros de la Orden y sus acompañantes, con apenas varios rasguños.
De ese suceso había pasado apenas una semana cuando Dumbledore mandó llamar a Sirius a su despacho, en Hogwarts.
El joven fue enseguida, contento de poder volver a visitar esas paredes que lo habían visto crecer, llenas de alumnos que lo conocían y lo saludaron. Los vio a todos muy pequeños, con el uniforme de su casa y la mochila en la espalda, saludándolo alegremente e intentando entablar conversación con una de las leyendas vivientes del colegio, uno de los Merodeadores. Sonrió al ver tantas caras sin ningún tipo de preocupación aparte de exámenes y los envidió.
Subió por el vestíbulo cuando los alumnos le dejaron en paz para irse a clase y, tras disfrutar de un agradable paseo lleno de recuerdos que le bombardearon la mente, llegó delante del despacho de Dumbledore.
-Los palitos de trigo muggles son deliciosos- dijo delante de la gárgola, que se apartó para dejarle pasar.
Subió la escalera de caracol y llegó el despacho de Dumbledore, lleno como siempre de artilugios plateados, con un gran escritorio de madera en el centro donde estaba sentado Dumbledore, ante la sorpresa de Sirius, con expresión seria.
-¿Ocurre algo, profesor?- preguntó extrañado, sentándose en la silla que le había conjurado el director.
-¿Cuántas veces deberé deciros que no me llaméis así?- bromeó el hombre, relajando por unos instantes la expresión antes de volver a ponerse formal.
Sirius sonrió un breve instante, la sonrisa de Dumbledore era muy pegadiza.
-¿Por qué me ha llamado?- preguntó el joven Black.
El director recapacitó unos instantes antes de alzarse y darle una respuesta.
-Mis espías me han informado de que la joven Holmes y tú estáis en el punto de mira de los mortífagos- explicó sin más dilaciones.
Sirius notó como se le helaba la sangre y se le ponía la piel de gallina. Inconscientemente pensó donde estaría Kathy, y se tranquilizó al recordar que se encontraba trabajando en San Mungo. Ese era un lugar seguro.
Aún así, había algo que no le cuadraba. Entendía que él estuviera en el punto de mira de los mortífagos, pero ¿Por qué Kathy? Ella no estaba en la Orden.
Así se lo hizo saber al director.
Dumbledore dio unos cuantos pasos por la habitación, absorto, antes de sentarse de nuevo.
-Hay algo, Sirius, que no te he contado, ni a ti ni a Katherin, de la cual ahora me arrepiento- explicó- En realidad a ti no te buscan, sólo a Katherin.
Sirius lo miró desconcertado.
-Pero ¿Por qué?- inquirió, oliéndose que algo no iba del todo bien.
-Supongo que no habrás olvidado los incidentes del curso pasado- empezó el director- cuando hubieron esos incidentes causados por las arañas.
Él notó como le empezaba a hervir la sangre al recordar aquello.
-Algo que no le conté a nadie fue lo que descubrimos- omitió el pequeño detalle de que fue descubierto por James y Lily- qué era lo que buscaban con esos incidentes.
-¿Qué era?- inquirió, aunque empezaba a saber la respuesta.
-La extraña habilidad que presenta Katherin Holmes…
-No cortarse- susurró Sirius.
-…Sobrevivir a cualquier daño físico, a cualquier enfermedad, a cualquier incidente- siguió Dumbledore- el don de la invulnerabilidad.
Sirius se quedó petrificado. Siempre había estado a su lado, la conocía mejor que nadie, pero no se había percatado de aquello.
Por mucho que pensara, no conseguía recordar que la joven se hubiera puesto enferma durante mucho tiempo, que se hubiera hecho siquiera un rasguño jugando, lo único que le venía en mente era lo sucedido en el Vestíbulo.
Se desangró pero vivió.
-¿Por qué la quieren?- inquirió cortante.
-Quieren su sangre. Ryddle la necesita, quiere ser invulnerable.
Entonces se dio cuenta de algo.
Se levantó furioso de la silla.
-Entonces ¡¿Cuándo nos atacaron en casa era por eso?!- rugió cabreado.
Dumbledore asintió apesadumbrado.
-¡¿Y el ataque en la boda de Dorcas?! ¡¿Fue porque querían a Kathy o porque estábamos los de la Orden?!
-Las dos cosas- confesó Dumbledore.
Sirius bufó, desesperado, y se sentó en la silla, con la cabeza apoyada en sus manos.
-¿No había pensado que si sabíamos esto, quizá, se podrían haber evitado muchos sustos y muertes?- inquirió en un susurro.
Dumbledore no contestó.
-Ahora quieren al hijo, no a la madre. Se necesita la sangre de un varón.
Sirius se levantó, no queriendo escuchar más, y yéndose del despacho.
Estaba enfadado, y no saldría nada bueno si seguían hablando de aquello. Ahora, su máxima preocupación, era encontrar a Kathy y saber que tanto ella como el bebé estaban bien.
Pero ¿Debía decirle lo que acababa de contarle Dumbledore?
La aludida se encontraba trabajando en San Mungo, como cada día, aunque desde el incidente de la boda hacía horario reducido y se encargaba de las cosas más elementales. Había sufrido una crisis de ansiedad ese día y se había hecho varias heridas, por lo que le recomendaron que para mejor seguridad del bebé no trabajara mucho.
En ese momento se dirigía a la sala de empleados, para almorzar, cuando su mirada se cruzó con una de azul celeste que hacía años que no veía.
El imponente Lucius Malfoy, podrido de dinero y con una sonrisa arrogante, la observaba en el fondo del pasillo.
Ella siguió avanzando intentando no sentirse incómoda por ser observada de aquella forma ¿Qué haría allí?
Su larga melena rubia platino resaltaba encima de sus ropas caras y negras, apoyado en un elegante bastón de madera negra, con un mango de plata.
-Felicidades- dijo, cuando ella pasó por su lado.
Kathy se volteó desconcertada.
-¿Perdón?- preguntó educadamente.
Malfoy sonrió y levantó el bastón, señalando el vientre de la chica.
-Dije que felicidades.
Kathy, alterada, lo miró unos instantes.
-Gra…gracias- respondió turbada.
El hombre se volteó, con paso distinguido, desapareció por una de las esquinas de los blancos pasillos de San Mungo.
Kathy no tubo mucho tiempo para pensar esa extraña felicitación puesto que una voz conocida la llamó por el lado opuesto al que se había ido Malfoy.
Se volteó contenta para quedar cara a cara con Sirius, que había llegado corriendo y ahora jadeaba.
-¿Qué haces aquí?- preguntó extrañada, dándole un beso de salutación.
-¿Estás bien?- inquirió él, alterado.
Kathy arqueó una ceja.
-¿A qué viene eso?- volvió a preguntar.
Sirius sonrió al ver que la joven estaba bien.
-¿Qué te parece si vamos a comer algo?- propuso él.
-Mientras dejemos de hacer preguntas, perfecto- le contestó ella.
Cogidos de la mano enfilaron pasillo arriba cuando Kathy notó una punzada en el vientre.
Se paró de golpe, al tiempo que todo a su alrededor se difuminaba, el blanco dejaba paso al negro y Sirius gritaba su nombre.
Cayó al suelo desmayada.
Alguien llamó a la puerta del apartamento de Sirius.
Miró el despertador: las doce del mediodía. Había vuelto a dormirse.
Se incorporó con delicadeza; el medico le había dicho que debía ir con cuidado tras la amenaza de aborto de la semana anterior.
Kathy se arregló un poco el despeinado pelo al pasar por delante del espejo del recibidor.
Volvieron a llamar, dándole más prisa.
-¡Ya va!- exclamó a unos metros de la puerta.
Al llegar allí la abrió, sin mirar quien era, pues casi siempre se trataba de alguno de los vecinos. Pero esa vez no era el caso.
Remus Lupin, con lágrimas en los ojos hizo una mueca que pretendía ser una salutación.
-¡Remus!- exclamó Kathy, acercándose a él de golpe y poniéndole una mano en el rostro- ¿Qué sucede? Pasa, no te quedes aquí.
Lo acompañó hasta el sofá del salón, donde se sentaron los dos.
-¿Qué ha pasado?- inquirió ella, asustada.
-Es Johanna…- empezó el joven.
Ella le había pedido que fueran a vivir juntos.
Remus estuvo mucho tiempo pensando en aquello, y le dio la respuesta la noche anterior.
-Jo- la llamó, desde el dormitorio de su casa.
Aunque no vivían juntos ella se empezaba en visitarlo cada noche y traerle algo rico para comer. Él no se negaba, al parecer había aprendido a cocinar en América, porque los platos estaban deliciosos.
La morena apareció por la puerta con una amplia sonrisa, y se sentó a su lado en la cama.
-¿Qué quieres?- le preguntó de forma dulce.
Remus suspiró antes de empezar.
-¿Recuerdas lo que me dijiste de ir a vivir juntos?- la morena asintió- Pues antes de eso hay algo que debo contarte.
-Tú dirás- lo alentó ella.
Remus tomó aire.
-Cuando yo era pequeño mi padre se metió en un lío. Un mago ofendió a mi madre, por ser muggle, e insultó a toda la familia. Mi padre, muy enfadado, se peleó con ese mago- empezó.
Johanna lo observaba atentamente y desconcertada ¿Qué relación tendría aquello con ir a vivir juntos?
-El caso es que aquel mago era Fenrir Greyback, el licántropo.
Johanna hizo una mueca de desagrado al oír el nombre. Remus dudó en continuar.
-Como venganza… Greyback…
¿Debía decírselo o no? ¿Si lo amaba se lo tomaría bien?
-Greyback… me mordió- reconoció al final- y me contagió. Soy un licántropo.
Al momento que esas palabras salían por su boca, se arrepentía de haberlas pronunciado. La cara de Johanna era un poema. Estaba asustada, confundida y aterrorizada. Nada bueno.
Antes de que Remus pudiera decir nada ella abrió la boca, pero ningún sonido salió de allí. La abrió un par de veces más antes de salir corriendo.
Oyó como se cerraba la puerta y se dejó caer en la cama.
Siempre había sido así; siempre lo sería.
Se quedó dormido en una extraña posición.
Cuando por la mañana siguiente se despertó fue al apartamento de Johanna, quien le abrió la puerta Lily.
Al parecer la morena había recogido todas sus cosas y se había ido sin decir nada a nadie. Ni una nota, ni una pequeña carta para Remus. Nada.
Lily le preguntó a Remus si sabía algo, pero él negó con la cabeza.
Se había asustado.
La había asustado él.
Ahora se había ido. Por su culpa.
-Seguro que no es eso- intentó animarlo Kathy, pese a no estar muy segura.
Ella sabía que Remus era un licántropo, se lo había contado Sirius cuando se transformó en perro por primera vez delante de ella. Y no le parecía algo tan problemático ¿Por qué a Johanna?
-Venga, anímate- lo alentó, mientras él le daba un abrazo.
Remus cerró los ojos con fuerza, para cesar las lágrimas.
En ese momento llegó Sirius, quien observó la escena en silencio, encontrándola algo extraña ¿Qué hacia uno sus mejores amigo abrazado a su prometida? Sintió un ramalazo de celos, pero no dijo nada. Últimamente estaba de los nervios y no quería que nadie se acercada a Kathy.
Se despojó del abrigo y se sentó con ellos, dándole la mano a Kathy, marcando instintivamente su territorio.
Remus le repitió la historia para Sirius antes de irse a su casa. Destrozado.
Esa noche, Lily y James, junto a los hermanos Prewett, corrían como almas que lleva el diablo por nada más ni nada menos que cuartel general de los Mortífagos, por llamarlo de una forma.
Dumbledore los había mandado allí en busca de cierta información que sería muy útil para la Orden, pero antes de conseguirla los descubrieron.
Ahora huían para salvar sus vidas, para que no les alcanzaran.
Para vivir.
Oyeron como uno de los hermanos Prewett caía al suelo. El otro se paró.
-¡Marchaos!- ordenó Gideon, mientras ayudaba a su hermano Fabian a levantarse.
James y Lily dudaron. Los Mortífagos ya estaban allí, y si se quedaban podrían luchar para defenderse, mientras que dejarlos ahí sería dejarlos a un cara a cara con la muerte, donde perderían.
-¡Qué os marchéis!- rugió Fabian, al tiempo que los Mortífagos los rodeaban.
James y Lily se voltearon para obedecer, pero se encontraron con una figura espeluznante. Alta, estirada, pálida, con los ojos rojos. Lord Voldemort los miraba con una amplia sonrisa maligna.
-Habéis caído en la trampa de las serpientes, mis pequeños ratones- comentó por lo bajo-. ¿Cómo creéis que vais a salir de esta, esta vez?
-Del mismo modo que la otra vez- contestó James.
Voldemort lo miró a él, esperando que hiciera algo. Por otro lado, Lily ya había mandando un hechizo contra el techo y había empezado a correr hacia la puerta de salida.
Voldemort se volteó, miró al techo y se protegió con un hechizo.
James corrió hacia donde estaba Lily. Los dos salieron fuera y, rápidamente, desaparecieron.
Era la tercera vez que escapaban de las garras de Voldemort, cada vez más justos, cada vez con menos tiempo. Lily estaba preocupada. Una cuarta vez no caería en la misma trampa el Señor Oscuro, ¿Cómo huirían?
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¿Y bien? ¿Qué tal? Creo que alguien me lo comentó… No, no nos hemos olvidado del ahorcado, y creo que en este capítulo ha quedado claro ¿No?
Por otro lado… ¡¡Ahh!! Solo dos capítulos más y se acabó… que triste me será… buff :( Pero bueno, tarde o temprano debia terminar lo que no esperaba era que tuviera casi 400 rr y que fuera a durarme más de un año.
Otra cosita: perdón por no haber podido actualizar, pero tuve muchos muchos exámenes y andaba más que ocupada pero ya los terminé.
Ahora, agradecer a: Litap, Lily Potter Weasley 95, Nixi Evans, Jana Evans, pekelittrell, Judith Malfoy y Sophie Diggory la molestia de leerse los 26 capítulos para llegar hasta aquí y, encima, dejarme review
Aunque quizás lo que más me pica la curiosidad es que el hits de fanfiction me dice que el último capítulo lo leyeron 138 personas… y me pregunto que, si llegaron a leerse 25 capítulos, porque no dejaron review.
Bueno un beso a todos y hasta la vuelta, que será el penúltimo capítulo
Besos
Erised
