Capítulo 27: Epílogo

Capítulo 27: Lo siento

La iglesia de Saint Helen estaba casi vacía. A excepción del novio, sus cuatro amigos del alma, uno de ellos con pareja, y unos cuantos estrafalarios personajes, no había nadie para ocupar más sitio.

El cura estaba desconcertado ¿Por qué habían escogido ese lugar tan grande si no habían invitado a más gente? Quizá no habían querido presentarse. No le extrañaría, con esas ropas tan raras, y esos nombres tan extraños.

Miró la chuleta que tenía dentro de su más preciado librito para trabajar, y leyó el nombre del novio "Sirius Black". El apellido le sería fácil, pero el nombre era extraño. No se acordaba de cómo pronunciarlo.

Decidió que lo mejor sería preguntárselo a él, pero cuando se volteó para buscarlo, el novio había desaparecido.

Se acercó a los del primer banco. Un hombre despeinado y una mujer pelirroja, que hacía tripita. Seguramente estaría embarazada, como la novia, aunque de pocos meses.

-Perdonen- pidió con amabilidad- ¿Dónde está el novio?

El despeinado miró a su alrededor antes de mirar a la mujer pelirroja.

-Seguramente estará con la novia- contestó ella.

-Pero si eso lleva mala suerte- repuso el despeinado. La mujer se encogió de hombros.

Antes de que pudiera pedirles que fueran a buscarlo, el novio apareció con una amplia sonrisa. Al llegar ante el cura le explicó porque se había marchado.

-Es que ayer se encontraba mal- le dijo-. Vómitos.

El cura alzó una ceja.

-Bien, bien- repuso rápidamente-. Ya podemos empezar.

Dicho esto cada uno ocupó su lugar y guardaron silencio. Empezó a sonar una música de órgano y todos esperaron a la novia.

El cura vio como el novio empezaba a impacientarse. Los invitados voltearon la cabeza hacia adelanta, cansados de mirar hacia atrás.

Se terminó la canción y el músico miró al cura. Este al novio; que miró a la pelirroja.

La mujer se levantó y, tan rápido como los altos tacones y la ajustada falda del vestido le permitían, corrió hacia la cámara donde la novia se cambiaba. O eso supuso el novio.

Segundos después se oyó como gritaba el nombre del novio y, según supuso el cura, de su acompañante, porque los dos se levantaron y corrieron hacia donde estaba la pelirroja.

El cura los siguió, pero cuando llegó allí preferiría no haberlo hecho.

La novia estaba en el suelo, cubierta de sangre procedente de su vientre. La habían abierto en canal. Estaba muerta.

El novio la abrazó, llorando, manchándose de sangre él también. La mujer pelirroja se abrazaba a su despeinado, con los ojos cerrados con fuerza.

Había una pequeña nota escrita encima del tocador. El cura la cogió sin decir nada a nadie. Estaba escrita apresurada, con un delineador de ojos, en las muy grandes.

Lo siento, no lo pude evitar. Busca el lado positivo; así se acabará todo. Si no lo hacia os matarían a todos. No más muertes por mi culpa.

Ponía arribar del todo.

Lo siento. Te amo.

Solo eso.

El cura no entendía nada ¿Se había dejado matar para salvar a alguien?

-¿Por qué se lo dije?- se lamentó de pronto el novio, con los ojos llenos de lágrimas, mirando a sus dos amigos.

El resto de invitados habían llegado y miraban la escena doloridos.

-¡No debía haber dicho nada!- siguió el joven, abrazado al cadáver de la mujer.

El cura escuchó las conversaciones, ajenas a él, como un invitado más.

Al parecer algo le había dicho el novio a la novia, acerca de que alguien muy malo los buscaba porque ella tenía algo. Ese algo era el bebé. Como había pasado ya sus poderes al bebé su don ya no funcionaba en ella.

El cura no entendió nada. De pronto, todos se fijaron en que él estaba allá. Un hombre viejo, de barba argentada, se acercó a él. Le sonrió, tranquilizándolo.

-Obliviate- susurró, apuntándolo con un trozo de madera.

¡¡NO MATAR A ERI!!

¿Ya se fueron los instintos homicidas?

Vale, estoy llorando por esto que he escrito, y pocas veces lloro, y menos por lo que escribo.

Voy a serenarme y contestaré los reviews.

Lo siento por el final triste.

Un beso,

Erised.

PD: dentro de dos semanas… subiré el último capítulo.