Disclaimer: Ni Mundodisco ni Harry Potter me pertenecen, corresponden a Terry Pratchett y a J.K.Rowling, así que alejen a sus abogados de mi antes de que suelte a los perros.

-"Bla, bla, bla.."- Personaje hablando.

-"Bla, bla, bla.."- Personaje pensando.

-"Bla, bla, bla.."- Demonio o serpiente hablando.

-"Bla, bla, bla..."- Demonio pensando.

-"BLA, BLA, BLA…"-Muerte hablando.


"El que puede lo hace, el que no, se dedica a la enseñanza"

Capítulo 2

Comienzan las clases, el profesor Rincewind

Rincewind se encontraba en el gran comedor, delante de él se hallaban miles de alumnos que lo miraban desafiantes, otros atemorizados, y otros intentando no reírse demasiado alto. En breve, Albus Dumbledore le presentaría como el futuro profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, una clase que confiaba sería muy provechosa para los alumnos debido a los grandes conocimientos en ese tema del futuro profesor; al fin y al cabo Rincewind había conseguido huir de todas las situaciones peligrosas y sobrenaturales de su mundo.

Cuando Dumbledore se levanto de su silla, toda la sala se calló paulatinamente, conforme se iban dando cuenta de que Dumbledore se disponía a comenzar a hablar.

-"Es un placer decir que no tendremos que suspender las clases de Defensa contra las Artes Oscuras, hemos podido remplazar a tiempo al profesor Lockhart"-

La sala se mantuvo en silencio esperando a que Dumbledore anunciara al profesor que iba a remplazar a Lockhart, hasta que este volviera de donde quiera que hubiese ido.


Mientras tanto, en Mundodisco, Lockhart empezaba a despertar rodeado de un grupo de magos de extrañas apariencias, aunque le costaba entender el idioma, este era muy parecido al suyo. Cuando consiguió recuperar la consciencia plenamente comprobó que aún llevaba su varita en el bolsillo.

Rodeado de extraños y aún con su varita, Lockhart hizo lo único que sabía hacer en situaciones en donde se hallara en peligro.-"Oblibiate"-

El hechizo salió disparado contra el mago más cercano a Lockhart, el cual en esos momentos era Ponder Stibbons, el hechizo impactó en él elevándolo por los aires en busca del techo, Lockhart dirigió entonces su varita contra el próximo mago, pero antes de que el hechizo volviera a salir de su boca, Lockhart se encontró sosteniendo un trozo quemado de madera en el lugar en el que apenas unos instantes antes tenía su varita.

-"Supongo, ¿que esto no será un error verdad amigos?"-Dijo esperanzado mientras varios magos gordos se le acercaban con sonrisas en sus labios.

Lockhart no supo por qué, pero esas sonrisas le hacían temblar de miedo conforme más grandes y afables parecían volverse.


-"Así que por favor demos un gran aplauso a el nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras"-Concluyo Dumbledore mientras se hacía a un lado invitando a Rincewind a ocupar el puesto en el estrado.

Rincewind se acerco lentamente maldiciendo su mala suerte en voz baja, cuando ocupó el lugar de Dumbledore, los alumnos le dedicaron miradas que no podían albergar buenas intenciones, o al menos eso era lo que pensó Rincewind.

Como para Rincewind todo aquello de ser profesor era una tarea completamente nueva, se encontró con que no sabía que decir, pero tras una mirada a los profesores que lo rodeaban se dio cuenta que tendría que decir algo por muy estúpido que sonase, y fue entonces cuando recordó lo que les dijo el archicanciller el primer en la Universidad Invisible.

-"La verdad puede que este ahí fuera, pero las mentiras están en vuestras cabezas, así que a estudiar"-

Las miradas que le dirigió el alumnado no pudieron haber sido más desconcertantes, de manera que Rincewind las ignoró mientras volvía su asiento entre los profesores.

Cuando la cena por fin terminó, Rincewind fue conducido amablemente a su habitación por un prefecto, que según lo que había oído era uno de los alumnos más destacados de la escuela, el cual ayudaba a los profesores, esto extrañó profundamente a Rincewind, ya que provenía de un mundo en el cual los profesores no querían tener nunca a los alumnos cerca por si estos les clavaban algo en la espalda con forma de arma arrojadiza.

Su habitación se encontraba en una de las pequeñas torres secundarias del castillo, era una habitación con apenas decoración, con una cama, un armario y un pequeño cuarto de baño en una habitación contigua, se encontró con que su equipaje estaba en medio de la habitación esperándole cuando entró en ella.

-"Bueno, espero que todo sea de su agrado profesor"-Dijo el prefecto, mientras extendía una de sus manos hacia Rincewind.

-"O si, esto… por supuesto"-Respondió Rincewind al tiempo que se dirigía hacía su cama.

-"Esto, perdone, pero es costumbre dar una pequeña propina a los estudiantes, ya sabe"-

-"Pues menos mal que no es mi costumbre"-Concluyó Rincewind, a la vez que cerraba la puerta en las narices del prefecto.

Después, se saco un poco de comida que había conseguido guardarse de la cena, y tras comprobar que no tenía ningún veneno, la guardó en El Equipaje. Mañana le esperaba un día muy largo, según Dumbledore, tendría que dar su primera clase y eso era algo que a Rincewind le estaba costando muchos quebraderos de cabeza.

Para empezar, aunque sabía que su asignatura era Defensa contra las Artes Oscuras, él nunca las había combatido, eso siempre había sido tarea de alguien más preparado y desde luego más armado que él, él solo se hallaba siempre en el medio de todo intentando encontrar una escapatoria lo más rápidamente posible.

Además, nunca había impartido clase, ya que Rincewind tan siquiera dudaba que tuviera algo que impartir, excepto quizás un poco de sentido común, ya que en algunos casos Rincewind se había encontrado con auténticos idiotas que estaban obstinados en morir heroicamente, convencidos de que sus muertes servirían para cambiar algo.

Rincewind estuvo pensando seriamente sobre que hacer al día siguiente, hasta que tiempo después y con la cabeza dolorida se durmió, decidido a que cualquier desgracia que el sino le hubiera destinado le ocurriría igualmente por mucho que se devanara los sesos.


Era de madrugada cuando un ser vestido de negro entró en el ministerio de magia, su presencia paso desapercibida debido a que pocos magos se encontraban de servicio a esas horas, de esta manera nadie se interpuso en su camino cuando se dirigió hacia el despacho del ministro de magia.

La secretaria se encontraba medio dormida y apenas levanto la vista cuando una voz que parecía surgir de su propia cabeza le pregunto.

-"¿PERDONE, SE ENCUENTRA EL MINISTRO DISPONIBLE, ME GUSTARIA PREGUNTARLE ALGO?"-

-"Ahora mismo el ministro se encuentra descansando, pero a lo mejor consigue que le reciba si su problema es importante"-Respondió aun bastante dormida la secretaria a lo que le parecía un ropón negro tendido hacia ella.

-"MIS PROBLEMAS SIEMPRE SON IMPORTANTES PARA ALGUIEN"-

-"En ese caso, el ministro quizás le reciba, espere mientras veo si puede recibirle"-Respondió la secretaria mientras se despertaba un poco, el visitante por su parte, se sentó en una de las sillas de la sala hasta que la secretaria le informó de que el ministro le recibiría.

Solo cuando la puerta del despacho del ministro se cerró tras el extraño visitante, sería cuando la secretaria juraría que había visto una calavera debajo de aquel ropón.

La Muerte entró en el despacho del ministro, para encontrarse que este estaba repasando algunos informes, la Muerte se sentó en una silla y esperó pacientemente, tenía todo el tiempo del mundo.

-"Perdone, pero es que estoy muy ocupado últimamente, mi secretaria me dijo que era algo importante"-Dijo mientras dejaba el informe sobre un montón y cogía otro.

-"EN REALIDAD, SOLO NECESITO SABER DONDE SE ENCUENTRA UN LUGAR"-

-"Oh, ¿y que lugar es ese?"-Preguntó sin levantar la vista del informe.

-"HOGWARTS"-

-"¿Hogwarts?"-Respondió levantando finalmente la vista del informe y mirando con los ojos muy abiertos hacía su visitante, el cual parecía devolverle la mirada, aunque lo que realmente captó su atención fue la guadaña que su visitante tenía en el regazo.

-"SI, ASI QUE SI FUERA TAN AMABLE DE INDICARME…"-

-"¡Aaaargh!"-Gritó el ministro tratando de poner la mayor distancia posible entre ellos.

-"¿PARA QUE QUIERE ACEITE HIRVIENDO?"-


Rincewind se despertó, aunque no había nada horrible en la habitación gritó, eso siempre le había ayudado a relajarse. Cuando se encaminó hacia la puerta solo pensaba en una cosa, en escapar de aquel terrible sitio en el cual se encontraba.

Rincewind era un experto en huir de cualquier sitio, siempre encontraba una manera de lograrlo, sin embargo cuando Rincewind salió de la habitación en plena aceleración, algo paró en seco su avance.

Ante el se encontraban Hagrid, contra el cual había chocado y la señora Minerva Mcgonagall.

-"¿Supongo que se estaría dirigiendo hacia su clase? no, profesor"-

-"Esto, claro claro, lo que pasa es que no recuerdo bien donde esta mi clase"-tartamudeo Rincewind, el cual no quería atraer la furia de aquella señora, aún recordaba como se había puesto el día anterior cuando había preguntado porque autorizaban a dar clase a chicas si era un colegio de magia.

-"Tranquilo, yo le guiare a ella, así no se perderá por el camino"-Respondió Mcgonagall, a la vez que le lanzaba una mirada significativa.

Rincewind suspiró, sabiendo que sus posibilidades de huir del colegio acababan de echarse a perder, así que se puso a caminar detrás de Mcgonogall hacia su clase, aun le resultaba extraño decirlo; él había sido un estudiante penoso dentro de lo penoso, Rincewind estaba seguro de que si había una pirámide de buenos estudiantes él habría cavado su sitio bien por debajo de su base.

-"Quiero que sepa, que aunque Albus halla confiado en usted, yo no lo hago y no pienso quitarle el ojo de encima"-

Tras lo que pareció una interminable caminata, Mcgonogall se detuve en frente de un aula y tras desearle suerte (y asegurarse de que entraba en el aula) se fue dejando a Rincewind en una inmensa aula, por suerte aun vacía.

Rincewind camino con paso vacilante por el aula hacia la mesa del profesor, que se encontraba delante de las de los alumnos, aun le resultaba extraño pensar en si mismo como un profesor. Contempló la escalera que llevaba a su despacho preguntándose si tendría alguna salida por la que pudiera escapar, pero justo cuando cuando se dirigía a probar su teoría la puerta del aula se abrió.

-"Os juro que no estaba intentando escapar"-Dijo Rincewind solo para encontrarse frente a un grupo de alumnos que le miraban con los ojos muy abiertos.

-"Eh…, esto ya podéis empezar a sentaros"-Dijo sin mucha convicción a la vez que se dirigía hacia su mesa.

Los alumnos entraron y ocuparon sus habituales asientos, Rincewind los miró como si se trataran de pequeños Dosflores, por alguna razón estaba seguro de que le darían muchos problemas.

Los alumnos estuvieron inmóviles y en silencio durante varios minutos, hasta que una chica de pelo castaño levantó la mano; en un principio Rincewind opto por ignorarla esperando que desistiera o se cansara y así no tuviera que decir o hacer nada, pero ante su persistencia, se dió por vencido.

-"Si, eh…, la chica del pelo castaño, eh, ¿quieres algo?"-

-"Perdone señor, ¿pero no debería a empezar con la asignatura?"-

-"¡Ah!, esto si, si, ¿eh?"-Tartamudeo Rincewind mientras pensaba desesperadamente en algo con lo que empezar su clase.

Sus ojos vagaron por la mesa hasta que encontró un libro, lo abrió y tras pasar unas pocas hojas y ver que apenas comprendía algo, se dio cuenta de que él era ahora el profesor, ¡él!.

-"¡Empiece a leer el primer capítulo!"-Dijo a la vez que señalaba a un estudiante pelirrojo que estaba sentado cerca de la chica que le había preguntado.

Mientras el chico empezaba a leer el primer capítulo, Rincewind se sentó en su silla ante la clase y comenzó a pasar las páginas distraídamente. -"Quizás ser profesor no sea tan malo, solo tengo que hacer que lean este libro y poner un examen después, no puede ser tan difícil, al fin y al cabo si Ridcully pudo hacerlo…"-.


La Muerte se movía calmadamente hacia el castillo que se encontraba delante suya, su vista se posaba en cada detalle de la antigua estructura admirándolo, decididamente la descripción que le dio aquel mago coincidía con la de aquel castillo, claro que también había coincidido con los últimos tres.

Aunque la Muerte había sido muy amable con el Ministro, este se había pasado gritando gran parte de su conversación, incluso cuando había ayudado a su secretaria; la pobre se había desmayado al verle.

La Muerte no entendía el por qué se había asustado el mago tanto al verle, al fin y al cabo este mundo también tenía una Muerte, cuando por fin consiguió que el Ministro se calmara un poco consiguió que le diera una descripción del castillo, aunque esta había probado ser un tanto inexacta.

Sin embargo, y a pesar de los contratiempos, la Muerte caminaba por fin por los lindes del castillo de Hogwarts, al llegar a la gran puerta de entrada la golpeó con su esquelética mano, al ver que no obtenía respuesta la empujó y entró en el interior.

Por suerte ahora los estudiantes se hallaban en clase y pocos eran aquellos que circulaban entonces por el castillo, ahora solo le quedaba encontrar a Rincewind.


La clase había ido bien hasta que el chico que tenía que leer el capitulo había tenido una pregunta, después de esa había llegado otra y en ese momento Rincewind se encontraba con que tenía media clase con las manos levantadas y demandando una respuesta.

-"!Ohmierdaohmierdaohmierda!, ¿Qué se supone que debo hacer ahora si apenas puedo entender en que idioma esta escrito este maldito libro?"-Tras unos segundos, Rincewind decidió que a lo mejor quizá pudiera responder a alguna pregunta, solo tenía que encontrar a alguien con una no muy complicada para él.

-"Si, eh tú, el chaval de las gafas"-

-"Perdone, profesor, ¿pero no deberíamos aprender hechizos para defendernos, en lugar de leer un libro?"-

El cerebro de Rincewind rechazó esa idea de inmediato, para él todo lo que tuviera que ver con plantar cara a alguien era impensable; aquel muchacho era de esos que creía en esos valores que tantas veces le habían llevado a Rincewind a una aventura tras otra.

-"¡No digas tonterías!, ¡el enfrentarse con alguien es una estupidez!, ¡la mejor cosa que podéis hacer si alguna vez os encontráis en peligro es salir corriendo!"- Declaro airado Rincewind.

-"¡Pero si huimos entonces él ganara!"-

-"¡Y eso que más da!, al menos estaréis vivos, hacerse el héroe no sirve de nada si uno esta muerto"-

-"No comprendo como Dumbledore le confío el puesto de Defensa contra las Artes Oscuras, sino es capaz de enfrentarse a nadie"-

-"¡Para tu información chaval!, yo he vivido más aventuras de las que me gustaría, y en todas y cada una de ellas he salvado mi mundo de su destrucción"-Replicó con orgullo Rincewind.

-"¿Entonces ha de conocer hechizos muy poderosos?"-Preguntó la chica castaña de antes.

-"Bueno… eh, conocía uno muy poderoso, pero lo olvide"-Dijo dubitativamente Rincewind.

-"Genial tenemos un profesor que se olvida de sus propios hechizos, solo Dumbledore podía ser capaz de contratar a alguien así"-Contestó con voz socarrona un chico rubio, que casi al instante fue respaldado por los concienzudos asentimientos de dos de sus compañeros, a los cuales solo les faltaba tener una gran pancarta de "No necesitamos nuestros cerebros".

-"Seguro que Dumbledore tenía sus razones al contratarle Malfoy, ¿Verdad profesor?"-Contesto el chaval de gafas.

-"¡Si seguro!, salvo que yo la desconozco"-Pensó Rincewind mientras veía asombrado el intercambio verbal que se estaba produciendo entre el tal Malfoy y el que ahora acababa de identificar como Harry Potter.

-"Profesor, ¿por qué no nos muestra algún hechizo para zanjar esta discusión?"-Propuso la chica castaña, la cual había descubierto que se llamaba Hermione.

-"Si, esto, claro, yo…"-Tartamudeo Rincewind, mientras que se miraba las manos esperando algún tipo de milagro.

-"Pero, profesor, ¿No debería sacar su varita?"-

Rincewind miro con asombro a Hermione-"¿Qué diablos es una varita?"-

Toda la clase le miró con los ojos desorbitados.-"Genial, además de olvidársele sus hechizos, también se le olvida lo que es una varita, ¿es usted de verdad un mago?, porque no lo parece en absoluto"-Rió con sorna el tal Malfoy.

-"¡Pues claro que lo soy!"-Dijo muy enfadado Rincewind; entonces a la vez que se señalaba el sombrero dijo-"¿Es que no lo ves?, lo pone bien clarito"-

Toda la clase concentró sus miradas en las letras doradas de "Echicero", que ya apenas brillaban en el desgastado sombrero, pero que por alguna extraña razón seguían siendo claramente visibles.

-"¿Eso es todas las pruebas nos presenta de que es un mago?, ¿una palabra mal escrita en un sombrero que podría haber sido encontrado en un vertedero?-

Como se atrevía aquel chaval a insultar a su sombrero, entonces Rincewind recordó que sí que tenía una prueba más ferviente de que era mago, la única pertenencia suya que siempre dejaba una huella imborrable en aquellas que lo conocían.

-"A decir verdad si que tengo algo para enseñaros"-Dijo Rincewind, con una sonrisa ladina en los labios, la cual no tardo en borrarse, ya que El Equipaje no le había seguido hasta la clase-"Esto…, debe de estar por algún lado, siempre me sigue"-

Casi al instante el sonido de pasos pudo ser escuchado en toda la clase, una especie de ataúd con cientos de piececitos entro en el aula parándose junto a Rincewind.

-"Muy bien, ahora acércate y comprueba que no miento"-La sonrisa de Rincewind apenas le cabía en su cara, mientras El Equipaje anticipándose chasqueo su tapa la cual parecía tener dientes.

Malfoy se acercó con paso vacilante, no sabía por qué, pero aquel trasto le inspiraba un terror inexplicable, además de que su similitud con la de un ataúd parecía ser mayor con cada paso que se acercaba.

Fueron apenas unas décimas de segundo, y Malfoy se encontró luchando por su vida con El Equipaje, el cual parecía muy interesado en comérselo, si no hubiera sido por la rápida reacción de Malfoy y de sus amigos ahora simplemente habría sido una victima más de El Equipaje.

Rincewind saboreo su pequeña victoria mientras miraba el reloj de la pared, la clase acababa de terminar-"¡Por fin se acabó!, no pensaba que ser profesor fuera tan duro"-

-"¡La clase ha terminado!, podéis marcharos"-Dijo Rincewind, mientras apresuraba a sus alumnos fuera del aula.

Cuando el último de sus alumnos salió por la puerta, Rincewind se acercó pesadamente a su silla donde se tiró cansado de lo que sin duda había sido una de las más extrañas experiencias de su vida.

El Equipaje se le acerco sosteniendo entre sus tapas todavía lo que parecía un trozo de uniforme, Rincewind permitió que se lo quedara, al fin y al cabo, ya lo tiraría cuando se cansara de él, además aunque le costaba admitirlo, hoy El Equipaje se lo había ganado.

Unos ligeros golpes resonaron en la puerta del aula, Rincewind angustiado ante la posibilidad de que fuera la profesora Mcgonagall decidió ignorarlo, pero al cabo de un rato el sonido continuo incansable, como si el que estuviera llamando tuviera todo el tiempo del mundo.

Rincewind se levantó pesadamente de su asiento y fue a abrir la puerta a quienquiera que fuera que estaba armando tanto ruido al otro lado de la puerta. Cuando abrió la puerta no se encontró con la cara que esperaba, para ser más exactos no había ninguna cara, ya que solo una calavera le devolvía la mirada desde las profundidades de las cuencas oculares hace ya eones vacías.

-"Eh, hola"-

-"HOLA, RINCEWIND"-


A/N: ¡Si, lo conseguí! ya he acabado el tercer capítulo, y he de decir que no ha sido fácil imaginarse a Rincewind dando clase, ante todo he de dar las gracias a aquellos que han dejado una reviews, por que gracias a vosotros he tenido la fuerza para continuar con esta historia.

Se que ha pasado mucho tiempo, pero entre exámenes, estudios, vacaciones, más exámenes, trabajos, aun todavía más exámenes, he hecho todo lo que he podido.

En concreto, gracias a I.am.so.sick. tu review me animó mucho y que sepas que ya estoy buscando tiempo y medios para traducir Echicero (espero poder hacerlo).

Solo puedo para terminar una vez más despedirme y agradeceros vuestros comentarios y peticiones, por favor seguir así, darme ideas, os aseguro que intentare tenerlas en cuenta.

Xao, Green5Wolf.