Disclaimer: No me pertenece ni Twilight ni la historia; el primero es de Stephenie Meyer y el segundo a CGarman (pueden encontrar el link a la historia original en inglés en los favoritos de mi profile).
Summary: Bella le tiene miedo al amor y a todo lo que conlleva; cuando Edward se ve atraído hacia ella y la idea de estar con alguien se ve completamente distinta ¿podrá superar sus defensas? ¿le dejará acercarse lo suficiente para hacerlo? –Traducción, Todos Humanos-.
Coffee makes the heart grow fonder
De CGarman
Traducido por cjmm
-
Capítulo dos: ¿Qué demonios se supone que debo decir?
-
Mis propios ojos se pusieron como platos mientras miraba a los de Alice, intentando confirmar si había escuchado correctamente. Confirmar que Edward estaba, de hecho, justo detrás de mí. Mi mano continuaba ubicada firmemente sobre su boca, pero pude notar, por sus ojos, que estaba sonriendo mientras asentía levemente.
- ¿Qué demonios hago ahora? - le susurré frenéticamente para que sólo ella escuchara. Los ojos de Alice fueron rápidamente de Edward hacia Jasper.
- Hola, soy Jasper - por mi visión periférica pude verlo de pie, con la mano tendida hacia Edward -. Tú debes ser Edward.
- Eso sería correcto. Es un placer conocerte, Jasper - dijo, tomando su mano y estrechándola -. ¿Hacen esto muy seguido? - preguntó, mirándonos.
- En realidad esta clase de cosas ocurren regularmente - Jasper rió entre dientes. Le fulminé con la mirada.
Sentí un agudo dolor en mi mano.
- ¡AUCH! ¡Alice! ¿Tenías que morderme?
Ella sólo se encogió de hombros y, sin dirigirme ni una palabra, se escabulló bajo la mesa para dirigirse hacia donde estaban ellos. Los ojos de Edward se dilataron con sorpresa y diversión mientras le tendía su mano.
- ¡Hola, Edward! Soy Alice Brandon, la mejor amiga de Bella - mientras tomaba su mano, dejó escapar un emocionado chillido. Con sus manos aún sujetas, volvió su cabeza hacia mí - ¡Es incluso más guapo de cerca! – susurró… bastante alto. Se volteó rápidamente cuando escuchó a los dos hombres riéndose casi histéricamente tras ella. No pareció intimidada -. Así que, Edward, he visto que has estado observando a Bella toda la noche.
Dios mío, ¿qué estaba haciendo? Sentí mis mejillas arder mientras escondía el rostro entre mis manos. Abrí los dedos levemente para ver a través de ellos, intentando observar la reacción de Edward. Sólo se encogió de hombros.
- Sí, lamento aquello - dijo mirándome fijamente antes de volver sus ojos hacia Alice -. Jamás había estado tan involucrado con una chica antes; ha sido extremadamente difícil no mirarla más de lo que ya lo estaba haciendo.
Podía decir, sólo con mirar su espalda, que Alice estaba tratando con todas sus fuerzas no saltar de emoción. En realidad estaba bastante serena, hablando claramente sin chillidos ni gritos.
- Bueno, ¿planeas invitarla a salir o sólo te quedarás admirándola?
Edward no dudó un segundo. Se rió entre dientes.
- Sí - dijo sin vergüenza -. Aunque no estoy seguro de cuál será su respuesta.
- Oh, ella dirá que sí - respondió Alice con total naturalidad.
- ¿En serio? Es bueno saberlo - Edward parecía muy entretenido por Alice. Esperaba que no se acostumbrara a ella; yo la mataría esta noche.
- Así que ¿cuándo vas a invitarla? Se te acaba el tiempo - Alice ladeó la cabeza, mirándolo abiertamente.
Edward evitó la pregunta e hizo algo que no me esperaba.
- ¿Les gustaría venir a conocer a mi hermano y su prometida? Les encantaría tener compañía que no se quedara observando a la camarera toda la noche - me miró sonriendo levemente -. Y así Bella tendría una mesa menos que atender.
- ¿¡Qué!? - me puse de pie rápidamente -. ¡No, no pueden! Estaban a punto de irse.
Alice se volteó hacia mí, atónita ante mi arranque.
- No, no íbamos a hacerlo, Bella. De hecho íbamos a quedarnos hasta que terminaras tu trabajo esta noche. Odio que tengas que caminar sola hasta tu auto - se estremeció ante la idea.
- Dame un descanso, Alice, si lo hago todo el tiempo - dije a la defensiva.
- Eso no quiere decir que me guste - dijo antes de volver su mirada a Edward -. Bien, ¿de verdad piensas que tus amigos querrán conocernos o sólo estás intentando llevarnos a mí y a Jasper allí para que te ayudemos a conseguir una cita con Bella?
- Estoy seguro de que no les importará; de hecho creo que a mi hermano, Emmett, le encantaría conocerte. Y sí, su ayuda con Bella sería más que apreciada de mi parte - me lanzó una mirada -. Al menos que Bella crea que no la necesitaré.
- Vas a necesitar toda la ayuda que puedas conseguir, amigo - susurré, aunque estuve bastante segura de que me habían oído cuando Edward se rió entre dientes y Alice me golpeó suavemente el brazo. Jasper simplemente continuaba allí de pie mirándonos con diversión. Les fulminé con la mirada a todos -. Bien, entonces, vayan a sentarse con ellos - mi mirada amenazadora ahora sólo se dirigía a Edward - pero debes saber que no será nada bueno que hables con mis amigos - me enderecé, alisándome la camiseta -. Y ahora, si me disculpan, debo ir a ver mis otras mesas - me alejé de ellos caminando rápidamente.
Cuando llegué a la barra me serví un gran vaso con agua mientras miraba el reloj. Sólo una hora hasta que mi turno acabara, y entonces podría ir a casa a dormir.
Miré hacia la mesa de Edward y vi cómo Alice y Jasper estrechaban las manos de Emmett y Rosalie. Edward estaba de pie junto a las dos parejas, sonriéndome. Nos miramos fijamente un par de segundos hasta que desvié la vista.
- Hora de trabajar, Bella - me dije a mí misma, volviéndome hacia la barra -. No te preocupes por las embarazosas cosas que Alice le está diciendo al chico guapo - respiré profundamente.
Miré mis manos mientras retorcía entre mis dedos un trozo de papel. No importaba qué tanto lo intentara, no podía sacarme de la cabeza el hecho de que Alice estaba, probablemente, haciéndome ver como una tonta en ese mismo momento. Nunca lo hace a propósito, pero simplemente sucede usualmente. Parece encontrar todas las cosas que no me gustan de mí misma bastante entretenidas o, como ella les llama, 'muy Bella', y entonces les relata, a todas las personas que conoce, sobre esas cosas 'entretenidas' o 'muy Bella' que hago.
Giré mi cabeza a ambos lados, haciendo que mi cuello sonara, y me puse de pie sonriendo forzosamente. Vamos a conseguir esas propinas, pensé.
Pasó casi una hora hasta que volviera a la mesa de Edward, y ahora también la de Alice, aunque le hubiera puesto un ojo encima toda la noche. Ahora, finalmente, había terminado con mi sección, y faltaban diez minutos para que terminara mi turno. Todos se habían ido excepto ellos.
- Bien, chicos, tienen diez minutos - dije, dejando la cuenta sobre la mesa -. Paguen y váyanse para que pueda limpiar su mesa e irme a casa - todos gruñeron -. Lo siento.
- De acuerdo, pero deberíamos ir a tomar un café - dijo Alice con la esperanza brillando en sus ojos.
- Oh, no. Tengo clases mañana y luego trabajo en la cafetería - dije, sacudiendo la cabeza.
- Quizás - dijo Edward, sin sacarme los ojos de encima - podríamos ir a tomar un café mañana. ¿A qué hora trabajas, Bella?
- ¡Já! Ni hablar - le miré como si estuviera loco.
- ¡Oh, vamos, Bella! - pidió Alice -. Sería divertido verte allí.
- Tal vez para ti - repliqué con una risa falsa -. Mi jefe es un completo tirano y si tiene la más mínima de idea de que están allí para verme, me mataría - Alice intentó utilizar conmigo sus ojos de cachorro -. De ninguna manera, Alice. Además no hay modo de que pueda estar con ustedes, trabajar y rechazar a Mike con tacto… o sin él, si es necesario.
- El blandengue de Mike - gruñó Alice, cruzando sus brazos -. No sé por qué sigues hablando con aquel pequeño tonto.
- No tengo opción, Alice, y además no es tan malo. Sólo un poco molesto, bobo, insistente…
- No tan malo ¿eh? - me cortó, enderezándose.
- Mañana salgo a las seis, así que podemos ir luego - dije, intentando que lo dejara correr.
- Eso suena como un plan - dijo con una enorme sonrisa, para luego juntar las cejas -. Ahora vuelve al trabajo, mujer, así podemos largarnos de aquí.
- Cállate y paga la cuenta - le fulminé con la mirada.
- Bien, pero nosotros - se señaló a ella y Jasper - estaremos esperando afuera.
- Genial - dije, sin prestarle atención. Comencé a retirar los platos y las copas de la mesa para llevarlos a la cocina.
- Aquí tienes, Bella - dijo Edward, entregándome ambas cuentas con varios pares de billetes de veinte encima -. Guarda el cambio.
- Edward, aquí hay - me detuve para mirar el dinero - cien dólares. Tu cuenta era sólo de cuarenta y dos.
- También pago la de Alice y Jasper - dijo inocentemente. Bajé la mirada para ver la otra cuenta.
- De ningún modo, ¿acaso viste esto? La suya es sólo de treinta y cinco dólares - repliqué, pero él se limitó a alzar la mano, negándose a tomar el dinero -. Bien, idiota cabeza de cerdo - miré alrededor, donde todos nos observaban con aire divertido por nuestra pequeña discusión -. Buenas noches a todos.
Me retiré con todos los platos que pudiera llevar en un solo viaje y la cuenta en mi bolsillo. Para cuando volví, todos se habían ido. El resto de los trastos y la basura habían sido arrinconados a un lado de la mesa y en el medio había un trozo de papel doblado con mi nombre escrito en el frente. Lo tomé, alzando la mano lentamente, hasta que mi piel hizo contacto con el papel, asegurándome que no estaba teniendo ilusiones. Cuando comprobé que era más que real, lo abrí rápidamente.
A pesar de su nombre encantador y su rostro hermoso
ninguno podía compararse a la belleza contenida en sus ojos
cuando miraba a través de ellos, hacia su alma...
Espero verte pronto, Bella.
Edward.
Mi boca se entreabrió y mis piernas se volvieron esponjosas. Retiré una silla y me senté, respirando profundamente. Doblé cuidadosamente el papel, aún mirándolo fijamente.
- ¿Qué es eso? - me sobresalté, y luego vi a Angela justo atrás mío.
- ¿Qué? Ah, nada - le mostré el papel -. Sólo una nota.
- ¿Una nota de quién?
¿Por qué tenía que elegir este momento para ser insistente?
- El chico ese, el guapo. Edward.
Me miró procesando lo que le dije, y entonces sus ojos se abrieron con sorpresa.
- ¿Te escribió una nota? - preguntó, paseando la mirada de mí al papel -. ¿Puedo leerla?
- Claro, tú léela mientras yo limpio - aún me hallaba algo aturdida. Le entregué la nota, tomé otra pila de platos de la mesa y me alejé rápidamente, sin decir ni una palabra.
Cuando volví estaba más serena, aún algo deslumbrada, pero al menos ahora era capaz de hablar normalmente. Angela estaba sentada donde yo lo había estado momentos antes, con los ojos como platos, mirando el papel enfrente de ella.
- ¿Lo leíste? - no debió haber escuchado cuándo me acerqué, ya que se sobresaltó cuando hablé. Me miró fijamente un minuto en completo silencio. Solté una risita ante su reacción, aunque no era muy diferente que la mía propia.
- Bella, es tan romántico - dijo finalmente mientras yo comenzaba a limpiar la mesa. Me encogí de hombros aún sin decir nada -. Debes verlo de nuevo.
- ¿Por qué? - me enderecé para mirarla -. Es sólo una nota.
- ¿Lo has leído? - dijo, señalándola -. No es sólo una nota, es… bueno, más - suspiró profundamente, entregándomelo de vuelta.
- Esto - dije, alzándolo - es sólo un estúpido trozo de papel con un tonto poema en él. Claro, es agradable, pero no realista. Me acaba de conocer, no tiene idea de cómo soy; si miras a través de las palabras, al verdadero significado, probablemente sólo diga algo como 'bonito trasero'.
- Bella, tú le gustas. Vio algo en ti que de verdad le gustó, o de otro modo ¿por qué habría intentado conocer a Alice? - le miré como si estuviera loca y cuando abrí la boca para protestar, me interrumpió -. No seas tonta con este tema, Bella. Él hizo todo bien esta noche; fue amable, dulce, atento y, no olvidemos, muy guapo. Era más o menos perfecto, sólo dale un oportunidad.
- Sí, bien. Si, y de verdad quiero decir 'si', alguna vez lo veo de nuevo y él me invita a salir a mí, aceptaré - coincidí finalmente -. Y de todos modos no es como si fuera algo que vaya a suceder.
Caminé entre mi sección para darle un último vistazo antes de irme. En cuanto atravesé las puertas vi allí a Alice y Jasper esperándome, tal y como habían prometido.
- Bueno chicos, ¿están listo para recorrer conmigo todo el camino hasta mi coche? - dije con sarcasmo mientras comenzábamos a avanzar -. Está tan lejos y no s... Oh, miren, lo hicimos - aplaudí con falso entusiasmo, con una gran sonrisa estúpida en mi rostro.
- Oh, sé buena, Bella - replicó Alice -. Creo que se me permite preocuparme por ti.
- Sólo nos gusta saber que estás a salvo, Bella. Eso es todo - añadió Jasper.
- Sí, sí, lo sé - tomé mis llaves y abrí la puerta -. Gracias, chicos.
- No hay problema - murmuró Alice -. Te veremos mañana a la noche.
- Sí, está bien, Alice. Los veo entonces - me metí en mi monovolumen, deteniéndome un segundo antes de cerrar la puerta -. Buenas noches.
- Buenas noches, Bella. Conduce con cuidado - dijo Jasper mientras Alice sólo sacudía la mano y me tiraba un beso.
Giré la llave en el contacto, saludando por última vez a Alice y Jasper antes de marcharme. El viaje a casa fue rápido, pero mi mente estaba en otro lugar. Tiré las cosas en el suelo de la entrada de mi apartamento y me dirigí directamente al baño para ducharme. Abrí el grifo y, mientras esperaba que el agua llenara la tina, me miré en el espejo.
- ¿Qué es lo que viste exactamente? - dije en voz alta hacia nadie en especial -. Ojos de un marrón común - abrí los párpados aún más, acercándome al espejo -. Nada especial, nada como para escribir un poema - me eché hacia atrás y me encogí de hombros. Me pasé los dedos entre el cabello antes de entrar a la tina con la mente llena de pensamientos sobre Edward y esa estúpida nota.
Iba a ser una noche de insomnio muy, muy larga.
***
El teléfono me despertó a la mañana. Miré mi reloj, que se suponía que no debía sonar hasta dentro de otros treinta minutos. Ciertamente no necesitaba ver el identificador para saber quién me estaría llamando tan temprano.
- Espero que esto sea bueno, Alice - mascullé en el teléfono con la voz pastosa por lo dormida que estaba. Escuché cómo alguien reía entre dientes, pero el sonido era demasiado grave para ser de Alice en el otro lado de la línea. Me incorporé de la cama.
- Lo siento, ¿te desperté? - conocía esa voz, pero ¿cómo demonios…? No, no podía ser -. ¿Hola?
- ¿Quién es? - pregunté precipitadamente.
- ¿En serio no sabes? Hubiera pensado que reconocerías mi voz - su tono era bromista, pero podía notarse el más leve signo de tristeza bajo el chiste -. Intenta adivinar.
Tenía que estar bromeando.
- Dime o colgaré - esperé un par de segundos pero no respondió -. Tienes tres segundos.
- Soy Edward, te conocí anoche en el 'Big Ty's'. Esperaste en mi mesa y mis amigos se sentaron con los tuyos durante una buena parte de la noche.
Ahora estaba siendo un idiota.
- ¿Cómo es que estás tan despierto y feliz? - gruñí, escupiendo la última palabra como si fuera un insulto. Volví a recostarme suspirando profundamente.
Le escuché reír otra vez desde el otro lado de la línea. Oh, iba a pegarle la próxima vez que le vea.
- Estoy hablando con una mujer hermosa ahora mismo, ¿cómo podría no estar feliz?
- Odio tus estúpidas líneas para flirtear - murmuré mientras tomaba una almohada y la colocaba sobre mi rostro.
- No, no las odias - dijo con confianza -. Las encuentras intrigantes.
- ¿Cómo conseguiste mi número? - pregunté con amargura -. ¿Y quién dijo que puedes llamarme a las seis de la mañana?
Volvió a reír. Tenía suerte de no estar cerca mío en ese momento; no era una persona madrugadora y mis puños estaban crispados, listos para el impacto.
- Te daré una oportunidad - sonaba demasiado alegre con mi dolor.
- Pero te hice dos preguntas, ¿no debería tener dos oportunidades? - cuestioné, comenzando a despertarme.
- Las dos preguntas tienen la misma respuesta.
Ya la sabía. La había sabido todo el tiempo.
- Alice - siseé.
- Bingo. ¿Cómo lo supiste?
- Bueno… - dije vagamente - porque es malvada.
- Ah, claro… eso explicaría los saltitos de emoción - se detuvo -. No puede ser tan mala, parece muy dulce, un poco hiperactiva, pero muy agradable.
Niño tonto, muy, muy tonto.
- ¿Conoces el dicho 'el infierno no es nada comparado con una mujer furiosa'?
- Sí, desde luego - rió, pensando que estaba bromeando.
- Bueno, pues una mujer furiosa no es nada comparada con Alice. ¿Entendiste el concepto? - inquirí, frotándome los ojos.
- ¿Por qué intentaste conseguir dos oportunidades si ya sabías la respuesta? - parecía verdaderamente curioso.
- Esperaba que la delataras - dije, incorporándome otra vez -. Ella te mataría antes que yo y mi ahorraría el trabajo de levantarme tan temprano.
- No le importaría - Vaya, de verdad era terco.
- Si tan sólo supieras lo equivocado que estás. Vamos, adelante, ve y haz enfadar a Alice - le reté -. Será tu funeral.
- Te creo - respondió, sonando divertido, aunque se podía escuchar el miedo en su voz.
- ¿Por qué me llamaste? - pregunté, comprendiendo que esa debía haber sido mi primera pregunta.
- No podía esperar hasta la noche para escuchar tu voz.
Otra vez con sus frases…
- Si respondes mis preguntas con alguna de tus estúpidas líneas otra vez, colgaré y bloquearé tu número - le amenacé.
- Quería invitarte a salir - el bostezo que estaba saliendo de mi boca se ahogó en cuanto le escuché.
- No te molestes - respondí con rapidez -. De todas formas nunca funcionaríamos.
- ¿Por qué dices eso? - preguntó con aire pensativo.
- Parece que eres un madrugador, y yo definitivamente no lo soy. Terminaría en la cárcel acusada de asesinato.
- ¿Y a quién es que estarías matando? - otra vez pensaba que yo estaba bromeando.
- Tú trasero demasiado alegre - estiré mis brazos por encima de mi cabeza, haciendo que mi voz se cortara mientras gruñía levemente.
- Podríamos hacerlo funcionar a pesar de eso - rió entre dientes.
- Bueno, ¿de todos modos no venías hoy a la noche con Alice? - sonaba demasiado esperanzada. No quería que creyera que eso era lo que anhelaba, incluso si, de hecho, lo hacía. Debía mantenerme concentrada, en control. Si supiera el efecto que tenía en mí se volvería demasiado arrogante.
- Sí, eso planeaba - pude oír la sonrisa en su voz. Demasiado tarde; ya era consciente de todo aquello.
- Bueno, entonces ¿por qué me llamaste, despertándome media hora más temprano, para preguntarme si íbamos a salir esta noche con nuestro amigos?
- Quería saber si tienes algún tiempo libre entre tus clases y el trabajo en la cafetería - esperó mi respuesta, pero no tenía una. Tomó mi silencio como una necesidad de explicarse -. Sé que saldremos luego de tu último trabajo, pero eso va a ser con Alice, Jasper, Rosalie y Emmett. Creo que sería bueno llevarte a almorzar o a tomar un café o caminar, pero sólo nosotros, para poder conocerte a ti sin las miradas insistentes de nuestros amigos.
Mi mente se puso en blanco; no sabía qué decir. Pensé en mi horario, sabiendo muy bien que tenía dos horas libres entre la escuela y el trabajo que generalmente las utilizaba para realizar tareas o dormir. Edward se aclaró la garganta, sacándome de mis pensamientos.
- No lo sé - dije finalmente.
- ¿No sabes si tienes tiempo libre? - preguntó con incredulidad.
- Sí, lo tengo, pero lo que quiero decir… es que… - vacilé, intentando encontrar las palabras adecuados -. No sé si deberíamos.
- ¿Qué cosa?
- No te hagas el tonto conmigo, Edward - repliqué exasperada.
- Bueno, ¿a qué es a lo que te opones? ¿el almuerzo, el café o la caminata? - no podía estar hablando en serio -. Si me dices cuál de los tres encuentras ofensivo haría que elegir lo que haremos sea más fácil. Por otra parte, si te opones a todos…
- Sólo salir en general - respondí, interrumpiéndole.
- ¿Y por qué, exactamente? - otra vez estaba serio. Me imaginé sus labios perfectos curvados hacia abajo y su entrecejo fruncido. No me gustó la idea.
- No lo sé, no salgo usualmente. No me gusta la idea de involucrarme demasiado con alguien que no seguirá estando a largo plazo. Y, bueno, simplemente no sé - suspiré, derrotada.
No sabía qué decirle. No tenía réplicas o bromas en este tema en particular; era un asunto demasiado serio para tomármelo a la ligera. Sabía la respuesta a su pregunta pero no quería decírselo. Era una cobarde, simple y sencillo. Con temas del corazón no cuentes conmigo, esa parte de mí es demasiado frágil como para tratarlo con facilidad.
- No estoy seguro de entender completamente - dijo finalmente luego de un par de segundos en silencio.
Pensé en alguna manera de explicar lo que quería decir en realidad sin tener que decirlo.
- Bueno, ¿conoces el dicho 'es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado'?
- ¿Siempre utilizas citas cuando estás cansada?
¿Estaba intentando ser gracioso?
- ¿Debería rendirme o piensas responderme? - repuse, algo irritada.
- Sí, he escuchado ese dicho antes - contestó finalmente.
- Bueno, pienso que es pura mierda - mascullé con más amargura de la necesaria.
- Ah, eres una 'amante furiosa'. Lo entiendo.
Tenía razón, pero no iba a hablar con él sobre ello.
- No creo que sea divertido - dije a la defensiva.
- Tampoco yo - sonaba igual de serio -. Sólo estaba haciendo una observación.
- Bueno, no lo hagas. No sabes de lo que estás hablando - me estaba poniendo demasiada defensiva, demasiado enojada. En realidad él no había hecho nada mal; no era su culpa que yo no confiara en la gente.
- Bella, lo siento si te ofendí, sólo estaba intentando entender tu reticencia a salir en una cita conmigo - sonaba sincero, pero qué sabía yo. En el pasado había pensado que la gente era sincera y miren cómo terminó -. Todo lo que sé es que odiaría preguntarme '¿y si...?' contigo.
- ¿Qué quieres decir? - sacudí la cabeza para sacar mis pensamientos del pasado.
- No quiero, dentro de diez años, mirar atrás y preguntarme cómo sería mi vida si hubieras aceptado salir conmigo - hizo una pausa, suspirando -. No sé si funcionará lo nuestro, pero sí sé que jamás te lastimaré intencionalmente. Realmente me encantaría que me dieras una oportunidad.
- No lo sé - musité. Mi voz era apenas más alta que un susurro pero supe que me había oído.
- Sólo sal conmigo, como amigos, y luego después de eso nos ocuparemos de lo que sea que te preocupe - conjeturó. No dije nada -. Podemos ser amigos hasta que me gane tu confianza y luego partir de allí. Estoy más que dispuesto a esperar.
¿Cómo sabía qué decir exactamente para que mi corazón latiera así?
- Bien - suspiré, rendida -. Mi receso es de las doce a las dos. Estaré en la cafetería de la escuela si quieres verme - hablé rápidamente. Tenía que haber estado muy atento para haberme escuchado.
- Te veré entonces - sonaba eufórico; mi corazón prácticamente flotaba al saber que podía hacerle sonar de esa manera. Me compuse rápidamente antes de hablar de nuevo.
- Sí, te veo luego - colgué. Miré el teléfono fijamente por un par de minutos hasta que la alarma sonó, sacándome de mis pensamientos -. Hora de levantarme - dije con sarcasmo mientras tomaba mi ropa.
***
Mis clases pasaron volando, demasiado rápido, y ahora estaba de pie frente a la puerta de la cafetería contemplando la idea de ir adentro. Ese pensamiento había inundado mi cabeza todo el día; si no me presentaba tal vez se cansaría de mí y me dejaría en paz, pero la idea sonaba más horrible que verdaderamente buena en mi mente. Miré mi reloj y vi que ya estaba llegando quince minutos tarde, así que era posible que ya se hubiera ido o que lo estuviera por hacer pronto.
- Bien, respira profundo, Bella. Es ahora o nunca - dije, tratando calmarme -. Él no es el mismo tipo que te dejó un par de años atrás - tomé la manilla de la puerta y la abrí. Recorrí con la mirada el lugar rápidamente, y mi corazón pareció detenerse cuando no vi ningún par de ojos verdes. Supuse que era de esperar, sabía que había estado forzando mi suerte esperando tanto para llegar. Había decidido ir demasiado tarde, literalmente.
Agaché la cabeza y caminé rápidamente hacia las máquinas expendedoras. Ya que estaba allí podía conseguir algo de comida.
- ¡Bella! - me volteé rápidamente ante el llamado y allí, sentado a dos mesas de distancia de donde me encontraba, habían dos hermosos ojos verdes mirándome fijamente.
Antes de que pudiera evitarlo una enorme sonrisa se extendió por mi rostro y caminé hacia Edward, tal vez más precipitada de lo que debería. Llegué a su mesa más rápido de lo normal, aún con la sonrisa firmemente pegada al rostro y allí estaba él, con su cabello broncíneo desordenado gloriosamente y una camisa blanca cuyas mangas llevaba dobladas hasta los codos, mostrando sus musculosos antebrazos. No supe cuánto tiempo estuve admirando la imagen hasta que Edward habló de nuevo.
- ¿No me viste cuando entraste? - preguntó con una sonrisa dulce. Sacudí la cabeza levemente, volviendo a mirarle al rostro mientras me sentaba junto a él.
- Pensé que te había hecho esperar demasiado - admití -. Temí que ya te hubieras ido.
- Esperaría mucho más que veinte minutos por ti, Bella - estuve a punto de protestar que estaba usando otra vez una de sus frases hasta que miré a sus ojos, completamente sinceros y muy serios -. Me alegra saber que te presentaste. Tenía miedo de que te hubieras echado atrás.
- Al principio lo hice - respondí con honestidad -, pero solucioné el problema antes de que fuera muy tarde - le sonreí -. ¿Ya conseguiste algo de comida? - pregunté, mirando la mesa vacía enfrente nuestro.
- No, quería darte a elegir qué hacer - giró su silla para poder sentarse de modo que pudiera verme y se inclino hacia mí.
- ¿Cuáles son mis opciones? - pregunté con quietud. Era difícil pensar claramente estando tan cerca de él.
- Bueno, podemos quedarnos aquí y comer - dijo, señalando el menú - o podemos ir a caminar por el campus - hizo una pausa y su sonrisa se ensanchó. Me miró a los ojos, inclinándose incluso más hacia mí -. Pero lo que verdaderamente estaba esperando es que me dejaras acompañarte a un pequeño restaurante que está a unas calles de aquí. Es una buena combinación de las dos opciones y tendremos más privacidad.
- Suena bien - dije, algo sofocada. Me percaté de que me estaba deslumbrando, así que me alejé un poco de él, evitando mirarle -. La comida aquí apesta, de todos modos.
- Genial - dijo, poniéndose de pie -. ¿Vamos? - me tendió su mano. La miré un par de segundos antes de tomarla.
- Vamos - coincidí, sonriéndole.
Esto probablemente terminaría lastimándome a largo plazo. Oh, bueno, al menos disfrutemos mientras dure.
***
Edward caminaba en silencio junto a mí con las manos en sus bolsillos; estábamos tan cerca que casi nos tocábamos. Nuestra proximidad no parecía afectarle, de hecho tal vez ni siquiera lo notaba, pero para mí era algo totalmente diferente. Mis palmas estaban comenzando a sudar y el corazón me latía desbocado, intentando escapar de mi pecho. Traté de secarme las manos discretamente en mis vaqueros, pero algo en la sonrisa de Edward me dio a entender que se había dado cuenta de ello.
Estábamos casi saliendo del campus cuando comenzó el interrogatorio.
- ¿Qué tal tus clases hoy? - preguntó, mirándome de reojo. La manera en que lo dijo me recordó cuando volvía a casa luego de un día en la secundaria y mi papá me preguntaba qué tal me había ido ese día. Excepto que la voz de Charlie era menos parecida al terciopelo.
- Bien, supongo - entrelacé mis dedos hasta que comenzaron a ponerse rojos, intentando desesperadamente distraerme del hombre junto a mí. Quería hablarle más sobre mi día, decirle algo más que dos palabras, pero mi mente no parecía querer cooperar, empeñándose en hacerme quedar como una completa incompetente siempre que Edward estaba cerca mío.
- ¿Qué clases tomas? - estaba intentando mantener la conversación desesperadamente. Me sentí mal, sabiendo que yo no sería de mucha ayuda en ello. Pensando en las horas anteriores, me di cuenta de que quizás debería haber pensado en algunas cosas que preguntarle, si tenía en cuenta que aquel día salíamos supuestamente para conocernos. No, en lugar de ello perdí el tiempo diciéndome lo nerviosa que estaba al estar sola con él. Maldita yo y mis estúpidas inseguridades. Me percaté de que había estado callada por un rato bastante largo cuando vi que Edward me miraba con expectación -. ¿Estás bien?
- ¿Qu...? Sí, bien. Lo siento, ¿cuál fue tu pregunta?
Ya para entonces debía pensar que era una idiota; seguramente estaba intentando encontrar el momento apropiado para largarse sano y salvo.
- Te pregunté qué clases estabas tomando - me dirigió su sonrisa torcida y mi corazón se detuvo momentáneamente. Se me atascó el aliento en la garganta y tuve que tomar una gran bocanada de aire, mirando en frente mío antes de responder. No había manera de que pudiera formar una oración completa observando su rostro.
- Turismo, escritura creativa y una clase de apreciación musical como elección - a pesar de hallarme sin aire, mi voz salió sin problemas. Intenté mirarle furtivamente cuando no dijo nada por un par de segundos pero, claro, la mirada no fue nada furtiva.
- ¿Así que quieres escribir para un periódico? - lo formó como una pregunta pero algo me hizo pensar que era más bien retórica. Una confirmación.
- No - dije, sacudiendo la cabeza -. No me gusta escribir para el periódico.
- ¿Lo has hecho antes para la escuela? - me miró con una expresión que no pude descifrar.
- No - le miré yo también, y luego desvié la vista rápidamente -. Escribí para el periódico local durante un tiempo - me encogí de hombros y continué caminando.
- ¿Escribiste para el periódico local? - me observó con curiosidad -. ¿Por qué no lo haces más?
- Simplemente no me gustaba - este era un tema del que no me gustaba hablar mucho, una conversación que había hecho que mucha de la gente que hablaba conmigo pensara que estaba loca. Tenía una opinión muy fuerte sobre este asunto y tendía a volverme bastante apasionada cuando explicaba mi punto de vista del argumento.
- ¿No te pagaba bien? - presionó.
- Bastante bien, de hecho - supe cuál sería su próxima pregunta antes de que la pronunciara, pero dejé que la formulara sin interrumpirle.
- ¿Entonces qué era lo que no te gustaba?
Me mordí el labio mientras le miraba. ¿Cómo se lo explicaría sin que pensara que era una neurótica?
- Es muy depresivo - dije al fin, haciendo un gran esfuerzo para controlarme. Me preguntaban aquello con frecuencia y lo que recibía era miradas turbadas. Esta vez no fue así; Edward me miraba del mismo modo que todo el mundo lo hacía cuando hablaba de esto con ellos: confundido. Le sonreí y no dije nada más.
- Lo siento, pero me lo has liado incluso más, ¿podrías explicarlo un poco mejor? - pidió. No entendía su interés, pero aún intenté mantenerme calma.
- Bueno, es sólo que no me gusta escribir sobre las estúpidas cosas crueles que la gente hace, como crímenes, secuestros o asesinatos.
- ¿Así que no te gusta escribir para el periódico en lo absoluto? - ladeó la cabeza. Maldito sea; lo había hecho bien hasta ese momento. Sabía que mucho más de esto resultaría en otra persona pensando que podía ser admitida en un manicomio.
- Sólo no quiero ganar dinero escribiendo qué tan horrible la gente del mundo puede ser. Odio ser la portadora de las malas noticias y, bueno, cuando escribes para el periódico, si quieres tener una paga, esas son las clases de cosas de las que debes escribir.
- ¿Entonces crees que esa clase de cosas no deberían estar en las noticias?
Ag, ¿acababa de decir eso? No.
Esta vez mi boca habló a toda velocidad, sin limitaciones. Sólo puro vómito de palabras.
- No me malinterpretes, creo que la gente debe saber sobre esas cosas, sobre qué tan mala otras personas pueden ser, para estar informados de las locuras en el mundo. Pero la manera en que el periódico escribe sobre las tragedias, con vívidos detalles, o al menos con todos los que puedan obtener de los testigos, de los policías o de las familias… no está bien - le miré de nuevo, frunciendo los labios.
- Creo que entiendo a qué te refieres - me miraba directo a los ojos, algo que la mayoría de la gente evitaba hacer luego de que dijera aquello. Me sorprendió; mantuvo su mirada fija en la mía cuando continuó -. ¿Te importaría explicármelo un poco más? Quiero entender completamente lo que dices.
Sentí mis cejas juntarse mientras le miraba atónita. Usualmente, nadie llegaba tan lejos en esta conversación sin ya haber encontrado una manera de escabullirse lejos de mí. Hice una pausa por un segundo, pensando una manera de explicarme más claramente.
- Bueno, por ejemplo, nadie necesita saber que alguien es torturado hasta la muerte - hice una mueca ante mis palabras, pero mantuve los hombros altos y mi mirada en la suya -. Todo lo que la gente necesita saber es que alguien que tenía una familia, amigos y personas que se preocupaban por él ya no está más, se ha ido más pronto de lo que debería y que ellos, como ciudadanos… no, como humanos, deberían tomarse un tiempo para lamentar aquello. No hay necesidad de saber todos los detalles morbosos.
Ninguno de nosotros habló por unos momentos. Desvié la vista de él hacia mis manos luego de ver cómo me miraba, sin decir palabra.
- Estoy de acuerdo - dijo finalmente luego de lo que parecieron horas de silencio. Le miré atónita. ¿Había dicho que estaba de acuerdo conmigo? -. Tienes un modo interesante de ver las cosas - estaba mirando al frente suyo ahora, perdido en sus pensamientos.
- ¿Gracias? - levanté la mirada para ver si esa era la respuesta correcta. Rió entre dientes.
- ¿Qué edad tienes, Bella?
- Veinticuatro - respondí.
- ¿Entonces qué quieres escribir, si no son noticias?
- Me gusta escribir historias - dije tímidamente. Nadie a quien le hubiera dicho esto pensaba que debía ir a la escuela para mejorar mis habilidades de escritura; al parecer, todos pensaban que iba a trabajar en un bar por el resto de mi vida.
- ¿Qué clase de historias? - preguntó sin vacilar. Aquello me sorprendió; nunca nadie consideraba necesario preguntar aquello.
- Mayormente ficción - le miré esperando que riera, pero sólo esbozó una sonrisa.
- ¿Has pensando en escribir un libro?
- Sí - dije sin pensar. Tan pronto como las palabras salieron de mi boca sentí la sangre subirme al rostro. La única persona que sabía aquello era Alice y ella tampoco tenía permitido leerlo.
- ¿Por qué te avergüenza aquello? - dijo, deteniéndose abruptamente.
- No se lo he dicho a nadie antes, excepto a Alice, y ella ha jurado guardar el secreto - bajé la mirada nuevamente, dejando que mi cabello cayera, escondiéndome.
- Bueno, es halagador que me lo hayas dicho, incluso aunque no fuera esa tu intención - le miré a través de mi pelo justo a tiempo de verle guiñarme un ojo. Me limité a observar el suelo; ambos estábamos callados, sólo de pie allí. Sentí un dedo bajo mi barbilla alzarme el rostro -. Prometo no decírselo a nadie.
Me tenía atrapada en su mirada, paralizando mis pensamientos, mis movimientos. Sus ojos eran hermosos, de un verde brillante con pequeños destellos dorados, inundados de sinceridad. No pude evitar creerle, aunque, claro, probablemente me podría haber dicho que era un duende con una fuente de oro en un arco iris y le podría haber creído igual. Sus ojos se deslizaron hacia abajo un par de segundos después, observando mis labios, comenzando a oscurecerse, haciendo que mi respiración se detuviera. Su mirada volvió a la mía un par de segundos después y bajó su mano retrocediendo un paso, liberándome de mi momentánea parálisis. No cortó el contacto visual en ningún momento.
Tomé un profundo respiro e intenté encontrar una manera de recuperar la conversación.
- Así que, Edward - mi voz sonaba nerviosa -. ¿Tú qué haces?
- Compongo música para películas y series de televisión en mi piano.
No me había esperado aquello.
- Vaya - murmuré, y luego volví a quedarme en silencio. Mis ojos recorrieron todo el lugar a mi alrededor intentando encontrar algo más que decir, que preguntar, pero me quedé en blanco -. Bueno, ¿qué demonios se supone que debo decir ante aquello? - pregunté, algo frustrada por que mi intento de reiniciar la charla hubiera sido en vano.
Todo estuvo en silencio por no más de cinco segundos antes de que comenzara a reír.
Echó la cabeza hacia atrás, exponiendo su nuez de Adán que temblaba ligeramente con su risa; la línea de su mandíbula se volvió más definida mientras sus ojos se cerraban; su cabello cayó hacia atrás, revelando una pequeña porción de su frente. Se veía increíble. ¿Qué cosa había hecho que él se fijara en mí, tan común y corriente? Le miré fijamente, confusa, mientras él recobraba la compostura.
Me devolvió la mirada mientras sus risas se ralentizaban en roncas carcajadas con los ojos brillantes, alegres. Aunque pareciera un ángel en ese momento, estaba completamente molesta. Había intentando salvar la conversación y todo lo que había obtenido era que se rieran de mí.
- ¿Y qué demonios es tan divertido? - coloqué las manos en mis caderas mientras le fulminaba con la mirada. Fruncí los labios en una fina línea con los pies firmemente plantados en la calle. Simplemente se rió más. Mi boca se entreabrió con sorpresa ante su reacción a mi estado de humor y mis ojos se dilataron con incredulidad. Me volteé y comencé a alejarme.
- ¡Espera, Bella! - escuché sus pisadas sobre la hierba mientras me seguía. Me tomó del brazo y me volteó.
- ¿Qué? - pregunté, intentando que la molestia que sentía estuviera más que presente en mi voz. Frunció sus labios para no reír más.
- Ya llegamos - dijo luego de recomponerse. Señaló el edificio a mis espaldas y me dispuse a entrar rápidamente, pero él estaba allí sosteniendo la puerta abierta. Pasé sin mirarle.
La dueña nos dijo que nos sentáramos donde quisiéramos así que me dirigí hacia la esquina más lejana, dejándome caer en el asiento casi violentamente. Crucé los brazos y los mantuve firmemente contra mi pecho mientras le miraba amenazadoramente. Otra vez, se limitó a sonreír.
- ¿De verdad estás enojada? - preguntó, sonando verdaderamente curioso, aunque podía notarse el tono oculto de diversión tras sus palabras. Apreté la mandíbula y volteé el rostro -. Lo siento, Bella, pero te ves demasiado adorable cuando estás enfadada… la manera en que tu rostro se crispa en ésa expresión y cómo te pones las manos en la cintura tan dramáticamente…
- ¿Qué clase de disculpa es esa? - sentí las mejillas comenzando a arder. No podía entender a este tipo, para nada. En realidad no estaba enojada, pero no quería retroceder tan fácilmente luego de haber hecho tal escena.
- Una honesta - me miró a los ojos, todo rastro de broma desvanecido -. Lo siento, en serio.
- Bien - murmuré, casi inaudible -. Yo también lo siento.
- No lo hagas - la sonrisa regresó a sus labios mientras sus ojos escrutaban mi rostro -. Ese fue, verdaderamente, uno de los comportamientos más adorables que he visto.
- ¿Puedes parar? Vas a hacer que mis mejillas se queden permanentemente de este color - las señalé, mostrándole el brillante rojo -. ¿Podemos volver a las preguntas, por favor? - no le miré, pero sabía que él sí lo estaba haciendo.
- Claro, ¿te gustaría empezar? - sacudí la cabeza y él asintió -. Bien, ¿dónde naciste?
- Forks, Washington - suspiré en agradecimiento, sintiendo mis mejillas volver a su color natural - pero me mudé a Phoenix con mi madre cuando apenas tenía unos meses y luego volví para empezar la secundaria cuando volvió a casarse - le miré fijamente, pensando qué preguntas hacerle.
- Mis padres viven en Forks - repuso con orgullo -. Se mudaron allí dos años luego de que yo terminara el instituto; en realidad ésa es la razón por la que Emmett y yo nos mudamos a Seattle: para estar más cerca de ellos.
- ¿De dónde te mudaste?
- Chicago - respondió con una sonrisa -. Nací allí. Ellos se marcharon a Forks cuando le ofrecieron a mi padre un trabajo en el hospital local.
- ¿Cuál es tu apellido? - cuestioné, preguntándome si lo conocería. Forks era un pueblo lo suficientemente chico para tener las oportunidades de saber quiénes eran, y si su padre trabajaba en el hospital la chance era incluso mayor.
- Cullen - mis ojos se abrieron como platos ante la sorpresa. Lo notó -. ¿Conoces a mis padres?
- ¿Tu papá es Carlisle? - pregunté, divertida.
- Sí - parecía entretenido por mi reacción -. Supongo que has escuchado de él.
- Escuchado de él… - sacudí la mano -. Lo he visto en numerosas ocasiones - estiré mi brazo derecho y tracé con un dedo la larga, y aún así imperceptible, cicatriz en el antebrazo -. Él cosió este bebé para mí. Diecisiete puntos. Y ésta - señalé otra cicatriz en mi palma izquierda -. Cinco puntos. Y luego tengo una en la cabeza, sin mencionar todas las demás. Ah, y también fue quien me puso al tanto de tres de las cinco contusiones que he tenido.
- ¿Cinco contusiones? – preguntó, sorprendido, con las cejas casi tocándose y los labios entreabiertos -. ¿Cómo es que sigues viva?
- Oh, sólo las tuve cuando estaba aprendiendo a conducir en motocicleta - me encogí de hombros -. Los puntos, en cambio, son producto del hecho de que no puedo mantener el equilibro en una superficie plana y estable. Siempre me caigo - lancé una risa ligera -. Lo he llevado bastante mejor desde que salí del instituto, pero aún tengo problemas con esto de mantenerme en pie mientras camino.
- ¿Por qué, entre todas las cosas en el mundo, querrías intentar conducir una motocicleta si tienes tales problemas con la gravedad? - preguntó, indignado.
- Bueno, mi novio de entonces arreglaba autos y vehículos, así que cuando vi aquellas motocicletas a un costado de la carretera que parecían no pertenecerle a nadie, las tomé. Compré las partes para que pudiera arreglarlas - sonreí ante el recuerdo -. Fue su regalo de cumpleaños - tomé un profundo respiro y miré a Edward.
- ¿Y él te dejó conducirla cuando tu fuerza de gravedad es tan desequilibrada? - preguntó, claramente confuso. Lancé una carcajada.
- Jacob era un año menor que yo, así que no podría esperarse de él ser el más responsable en la relación… - me miré las manos -. En realidad fue un gran novio la mayoría del tiempo - no sabía por qué estaba hablando tanto de mi pasado con Jacob, pero las palabras salían tan libremente que no me detuve a pensarlo mucho. Esta era la primera vez en años que era capaz de mencionarlo sin esconderme tras un escudo inmediatamente.
- ¿Cuánto tiempo estuvieron juntos? - preguntó, curioso.
- Alrededor de dos años - intenté quitarle importancia - pero sólo era mi amor de secundaria, esos que nunca duran de todos modos.
- Aún así debió haber sido difícil - su mirada me daba la sensación de que podía ver a través de mí. No dijo nada más, no hizo más preguntas ni me presionó por más información. Simplemente me hizo saber que entendía que era algo más que una simple ruptura.
- Lo fue, pero tampoco fue la culpa de nadie. Él no tenía la intención de desenamorarse de mí; sólo pasó - me encogí de hombros y esbocé una débil sonrisa -. Aunque mentiría si dijera que no afecta el modo en que veo las relaciones ahora.
- Bella, yo nunca…
- ¿Están listos para ordenar? - le interrumpió la camarera, luciendo más que aburrida.
- Sí, yo sólo quiero una hamburguesa con patatas fritas - dije, entregándole mi menú. Se volteó hacia Edward sin decir nada.
- Pediré lo mismo - dijo sin sacarme los ojos de encima y ella se marchó aún en silencio.
- Así que, Edward, ¿tú que edad tienes exactamente? - pregunté, dándome cuenta repentinamente de que no tenía idea y además queriendo cambiar de tema desesperadamente.
- Veintiséis - nunca dejó de mirarme. Ladeó la cabeza con curiosidad.
- ¿Qué? - pregunté finalmente cuando no dijo nada más.
- Es sólo que, bueno, dijiste que tenías veinticuatro, ¿no? - asentí, sin saber a qué quería llegar con eso -. ¿No debería la carrera de turismo tomar sólo cuatro años?
Ah, sí. Me había preguntado si se habría dado cuenta.
- Sí, aunque aún no he terminado mis cuatro años - me avergonzaba levemente lo que estaba a punto de decirle, pero prefería contárselo antes que darle a pensar que me había tomado seis años conseguir mi diploma -. Me tomé un año luego de terminar el instituto para quedarme en Forks con Jacob. Rompió conmigo antes de que el segundo semestre empezara pero no estaba preparada para empezar todavía.
Me miró con la disculpa en sus ojos, apenas sonriendo.
- ¿Así que te graduarás pronto? - podía decir que estaba intentando alejar la conversación del tema de Jacob y aquello hizo que me gustara más de lo que ya estaba empezando a hacerlo.
- Éste mi último semestre - asentí, sonriendo ante la idea de terminar con el instituto -. Luego estaré libre para ser una adulta.
- Bueno, brindemos por eso - alzó su Coca Cola hacia mí y le imité con una risita -. ¿Qué actividades adultas planeas hacer cuanto termines?
- Bueno, en realidad no lo sé. No he escrito una lista o algo parecido - me encogí hombros, mordiéndome el labio -. Probablemente lo mismo que estoy haciendo ahora, restando las clases y añadiéndole más horas para mi horario de trabajo.
- ¿No tienes nada planeado para cuando te gradúes? - bajó la mirada a su bebida -. ¿No quieres viajar o algo así?
- En realidad ya hice mi decisión de que cuando terminara con la universidad haría algo que quisiera, algo que me dejara ser feliz. Suena tonto, supongo, pero sí, eso es todo lo que sé - me reí un poco -. Me encantaría viajar, pero no tengo el dinero suficiente para ir a ningún lado. Algún día, de todos modos, encontraré el modo.
- Estoy seguro de que lo haremos, más temprano que tarde.
No estaba segura de a qué se refería con ello pero, de nuevo, tampoco estaba segura de querer saberlo. Me limité a asentir.
Cuando terminamos de almorzar me di cuenta de que sólo me quedaba media hora para ir al trabajo. Caminamos de vuelta hacia el instituto y él se dirigió a mi monovolumen, haciendo algunos comentarios no muy amables sobre su edad. Mientras conducía tomé mi móvil y marqué el número de Alice.
- ¡Bella! - chilló.
- ¡Hola, Alice! - respondí alegremente. Estaba a punto de hacer algo que nunca, nunca hacía. Algo que demostraba que Edward me estaba empezando a gustar. Algo que había intentando evitar con todas mis fuerzas en el pasado. Tomé un gran respiro -. ¿Me ayudarías a arreglarme para esta noche?
Una de las cosas que más me gustan de este fic es la devoción de Edward para con Bella, ¿no es un amor la nota que le mandó? (:se deshace en suspiros:). Anyway, próximo capítulo, la cena. Cualquier comentario es más que bien recibido en un review :)
