Capítulo 7. Lluvia de noche.
Viernes, 6 de mayo de 1949. Madrugada.
Naruto ya no sabía cómo sujetar a Sakura para que no se cayera los dos metros que quedaban para llegar a la puerta de su hogar. Ésta no paraba de balancearse y de decirle que la soltase, que podía caminar sola. La primera vez que se lo había dicho la había soltado, y ella había conseguido caminar dos pasos para después darse de bruces contra el suelo. Furiosa, rompió los tacones de sus zapatos antes de intentar levantarse, pero no le fue posible, por lo que el rubio tuvo que ayudarla.
–Naruto, no soy una niña peque... hip... ña... –decía con los ojos entrecerrados tratando en vano de zafarse de las garras de su pareja.
–No volveré a soltarte, te vas a caer. Y además, ¿quién te mandó emborracharte con Tsunade? ¿Es que no ves que esa vieja está loca? Yo no quiero una loca en mi casa...
Sakura le dio un capón en la cabeza.
–¡No estoy loca! ¡Y mucho menos borracha! Lo que pasa es que una tiene derecho a divertirse... hip...
–Vale, vale.
Naruto sacó las llaves del bolsillo de su chaqueta y abrió la puerta. Encendió la luz del corredor y llevó a Sakura hasta el salón, dejándola en el sofá, dispuesto a marcharse a cerrar la puerta de entrada que había dejado abierta. Pero lejos de dejarlo marchar, la mujer se abrazó a su cuello y le dijo al oído:
–Naru... Vamos a hacer hijos...
–¿Qué? –preguntó éste tratando de soltarse del agarre. Cuando lo consiguió miró a Sakura con el ceño fruncido.– Será mejor que vayas a dormir.
–No... –Ella sonreía con picardía.– Hace mucho que no hacemos el amor, Naruto... –Comenzó a bajarse el tirante derecho del vestido, con toda la sensualidad que una mujer borracha puede poseer.
–No me apetece esta noche, ¿vale? –Se agachó, le volvió a poner bien el tirante y le dio un casto beso sobre los labios.
–Tú nunca tienes ganas... –farfulló ésta como si fuese una cría.
Naruto salió del salón sin hacerle mayor caso y se encaminó hacia la puerta. Fue entonces cuando vio un sobre reposar en el suelo, manchado. Lo había pisoteado sin darse cuenta al entrar en la casa. Lo cogió y cerró la puerta, para después volver al salón mientras lo abría. Miró el sobre. "Remitente: Yamanaka Ino, Washington." Entró en el salón y se sentó al lado de Sakura, quien estaba adormecida. Sacó el papel y comenzó a leer la carta escrita a mano, con letra apresurada.
"Mi queridísimo Naruto:
Quiero que seas la primera persona que sepa esta espectacular noticia que te daré... ¡Me voy a Nueva York! Es muy emocionante y para mí, una oportunidad única. ¡Me han ofrecido un papel para un musical de Broadway! ¡Imagínate! Mi sueño casi se ha vuelto realidad. Es un papel secundario, pero para empezar no está mal, ¿verdad? Tengo muchísimas ganas de verte, y también a Sasuke, que seguro que sabes donde está, pero no hablas de él. Y a menos que esté en Japón pienso verlo. Pero sobre todo tengo muchas ganas de verte a ti, y de que hablemos. Dios mío... perdona mi mala letra, pero es que estoy tan emocionada que me tiembla la mano y además, escribo lo más deprisa que puedo para mandarte esta carta cuanto antes. No te imaginas qué ganas tengo de estar en Nueva York.
Muchos besos. Te veré pronto.
PD: Puede que me aloje en tu casa un día, espero que no os importe."
Volvió a leer la carta y a punto estuvo de ponerse a saltar de alegría. Era una maravilla que Ino por fin pudiese hacer lo que le gustaba, y sobre todo era aún mejor que viniese a verlo. Pero había una cosa que lo preocupaba, y que no sabía cómo se tomaría la chica cuando se lo contase. Había evitado por todos los medios hablar de Sasuke por carta o por teléfono, por lo que Ino no sabía que llevaba muerto ya bastantes años.
Se arrascó la cara con nerviosismo y volvió a meter la hoja en el sobre. Lo dejó encima del mueble de la sala y cogió a Sakura en brazos; la llevó al dormitorio, y le puso el pijama, antes de cambiarse él también. Pero no se metió en la cama sino que volvió a la sala de estar y leyó la carta de nuevo. Fue al dormitorio, cogió la libreta y subió al ático. Después de copiar todo lo que había escrito en ella, continuó con su relato.
"Salimos del piso de Ino y ella nos llevó a visitar los monumentos más famosos de la ciudad, tales como la estatua de Lincoln. Después de eso nos llevó a varias tiendas de souvenirs y yo me compre una botella cara de whisky escocés, que cierta persona se encargó de beberse en Nueva York. Luego nos llevó a locales lujosos y caros de los que conocía a los dueños, por lo que bebimos gratis. Al acabar todo el Tour, fuimos al local en el que trabajaba ella. Como otros tantos por los que nos había paseado, aquel era lujoso, lleno de terciopelo, cuero y luces, con un gran escenario en una parte, en el que bailaban de una manera magistral dos chicas semidesnudas. Me quedé embobado mirándolas.
–Este es uno de los mayores Music Hall(1) de Washington –dijo Ino llamando mi atención–. Espero que lo disfrutéis. –Me dio un beso sobre la mejilla, pero no puse interés en lo que dijo a continuación, ya que las bailarinas que había sobre aquel escenario parecían captar mi mirada como potentes imanes, y no precisamente por su belleza.
Sus exageradas curvas, los abultados senos, la extraña ropa y su maquillaje con temática animal; ese baile tan sensual y a la vez salvaje llamaba mi atención y hacía que mi mente se fusionara con la música y el movimiento al son della, haciendo desaparecer el tiempo y el espacio, hasta que una mano tiró de mi, trayéndome de vuelta a la tierra. Sasuke me hizo una seña con la cabeza para que fuéramos a sentarnos a la barra del bar, y lo seguí.
–Ino ha dicho que pidamos lo que queramos –me dijo.
–Vale.
Aquella era la primera vez que hablábamos desde que salimos de casa de Ino. La verdad es que nos dedicamos bastante rato a mirarnos mal durante los viajes en taxi. En aquel momento no nos mirábamos, sino que examinábamos los vasos llenos de licor que acabábamos de pedir. Me bebí el mío de un trago y dejé el vaso sobre la mesa. Pedí otro y me quedé mirándolo durante largo rato, hasta que el bastardo tiró de mi brazo para que mirara al escenario. Dirigí mi vista hacia donde él miraba y la vi, al tiempo que la música empezaba a sonar.
Ino parecía una auténtica reina de la seducción. Llevaba un bonito tocado de plumas, bastante grande, sobre su melena larga y rubia, un corsé granate con terciopelo, a juego con la parte de abajo, y unas medias que le llegaban hasta el muslo. Todos los hombres fueron corriendo al escenario en cuanto la vieron. La verdad es que era muy imponente. El maquillaje que llevaba resaltaba mucho sus labios. Era de un rojo sangre muy intenso y brillante. Llevaba unos zapatitos de ballet, y se paseaba de puntillas sobre todo el escenario. Lo recuerdo perfectamente porque creo que no hay mujer en el mundo más preciosa que ella en aquel momento. Las famosas de las revistas no eran nada comparadas con ella.
Entonces comenzó a bailar, de la forma más sensual que te puedas imaginar... Bueno... ni te lo puede imaginar, Gaara. Fue una cosa espectacular. Después de que apareciera en el escenario, salieron dos chicas más, también vestidas de parecida manera, sólo que sus corsés estaban más apretados, haciéndoles unas caderas muy redondas. Iban completamente de negro. Mientras Ino bailaba, las otras dos iban deshaciéndole el corsé, pero ella continuamente parecía huir. En ningún momento dejaba de sonreír.
Me levanté de mi asiento, absorbido como antes, por lo que veía en el escenario, y fui hacia éste. Sasuke me siguió y, como pudimos, nos colamos entre la gente hasta quedar pegados al borde de la plataforma. Me quedé embobado al verlo más de cerca. Todo era horriblemente exagerado, pero a la vez tan excitante y "bonito" que no podía apartar la mirada, que no tardó en cruzarse con la de mi amiga, que por enésima vez se zafó de las garras de las otras dos bailarinas que la acompañaban y se acercó hasta donde estaba yo. Sonriendo, se agachó y me dio un beso sobre la frente y volvió a su baile, haciendo movimientos extrañamente bellos. Era una artista. Parecía que hubiese nacido para llevar a cabo aquella danza.
Podía oír como los hombres que había a mi alrededor protestaban pidiendo besos para ellos también. Eran hombres de mediana edad en su mayoría. Yo estaba tan estático y concentrado que cuando sentí la mano del bastardo sobre mi hombro me sobresalté y asusté tanto que palidecí.
–Qué poca chispa tienes –se burló.
–Qué dices... –musité mirándolo. Él a su vez me miraba mí con una sonrisa de medio lado.
Volvió su vista hacia Ino y se quedó observándola, sin volver a dirigirme una palabra, pero sin dejar de sonreír. Cuando ella se quitó el corsé y lo tiró en algún lugar del escenario me quedé con los ojos abiertos como platos y pensé: "Vaya par de..." Sin duda las tenía muy bien puestas.
Todos los hombres comenzaron a silbar y dedicarle bastos piropos, lo cual me sorprendió de algunos, ya que tenían pinta de refinados. No pasó mucho tiempo más antes de que terminase la actuación e Ino desapareciese por detrás de unas cortinas de terciopelo, con un arte que sólo ella puede tener. La gente comenzó a dispersarse y Sasuke y yo volvimos a la barra.
–¿Todas tus amigas son así? –me preguntó le temee.
–¿Qué? –pregunté yo con confusión. Aún no me había recolocado de la impresión. Vale, sabía a lo que se dedicaba Ino, pero fue un poco violento verlo en directo.
–Que Ino es una de las mujeres más guapas que he visto.
–Sí que lo es... –dije yo con ensoñación.
–Oye... no te duermas.
–¡No me duermo! ¡Y no se te ocurra hacerle nada a Ino porque te juro que...!
–No me gusta Ino –me interrumpió.
–¿No? ¿Estás casado? ¿Tienes a otra persona?
–No.
–¿Y entonces cómo es que no te gusta? Ino gusta a todo el mundo –dije entre sorprendido y curioso.
–¿A ti te gusta? –me preguntó.
–No seas ridículo. Es mi amiga, ¿cómo va a gustarme?
–Pues no gusta a todo el mundo, ¿ves?
–Eso sí que es ridículo. Si no fuese mi amiga sí me gustaría.
La verdad es que esa discusión no tenía ni pies ni cabeza, pero por lo menos, sin darnos cuenta, ya no estábamos enfados.
–¿Quién te gustaría si no fuese tu amiga? –me preguntó una voz a mis espaldas.
Creo que no hacía ni falta que hablara porque por el recargado y dulce perfume que llevaba la reconocí. Ino me abrazó por la espalda. Cuando me soltó nos cogió de la mano a mí y a Sasuke y nos llevó por entre la gente. Llevaba puesto un vestido ajustado de seda morada, y el pelo lacio le caía por la espalda y se balanceaba en un movimiento pendular con cada paso que daba. En ese momento pensé que era una pena que fuese mi amiga.
Nos llevó por un pasillo que se alejaba del ruido de la multitud, y cuando llegamos al final de éste por fin nos soltó las manos y abrió la puerta frente a la que se había parado. Nos invitó a pasar y después cerró.
–¿Y bien? –preguntó.
–¡Alucinante! –exclamé yo con emoción.
–¿Sí? He estado ensayando mucho para este número –sonrió.
–Ha sido realmente impresionante -–dijo el bastardo. Me sorprendí. Estaba elogiando a Ino. Si ya de por sí era extraño que le hablara, aún era más extraño que la elogiara.
–¡Gracias! –dijo ella alegre.
Me quedé observando la habitación en la que estábamos mientras ella se acercaba a un tocador con un gran espejo y rebuscaba en un pequeño bolso.
La estancia estaba bien iluminada. Tenía un sofá rosado en una esquina; un maniquí con el vestido con el que Ino había llegado, al lado; un biombo con motivos florales, con ropa y demás cosas colgadas por todas partes; un perchero con varios abrigos y más vestidos; un armario estrecho pero tan alto como la habitación, con las puertas abiertas, dejando ver su contenido: zapatos de varios tamaños y colores, ropa interior extraña, minúsculos vestidos, tocados, cajas... El suelo estaba cubierto por una alfombra de un rosa pálido.
–Aquí tenéis –dijo Ino volviéndose de nuevo hacia nosotros con unas llaves en la mano derecha. Me las tendió y yo las cogí, mirándolas algo extrañado.– Aún me quedan dos actuaciones, por lo que acabaré tarde. Me imagino que estaréis cansados, así que id a dormir a mi apartamento. Dormid si queréis en mi cama, es grande y cabéis sin problemas; yo ya dormiré en un sofá, ¿vale?
–Oh, vamos, no dejaremos que alguien como tú duerma en un sofá por nosotros. Dormiremos en el salón, ¿vale? –me preguntó Sasuke mirándome. Asentí. Lo cierto es que tenía razón. Ino estaría mucho más cansada que nosotros cuando volviera, y más si encima tenía que hacer otras dos actuaciones.
–Pero sois mis huéspedes –protestó.
–Vamos, Ino. Somos soldados. Estamos entrenados para dormir hasta en el barro, si hace falta. Además, tú debes dormir cómodamente. Tienes que hacer unas cosas alucinantes sobre el escenario, y si no descansas bien no podrás hacerlas –dije dando por finalizada la discusión.
–Hombres... –suspiró la rubia–. En fin. Marchaos ya, que me tengo que preparar. Mañana por la mañana nos vemos, ¿de acuerdo?
–¿Y tú cómo entrarás en casa? –le pregunté.
–Tengo otras llaves. Y venga, marchaos ya –dijo empujándonos hacia la puerta.
–Claro.
Salimos de allí y del local, y comenzamos a andar por las calles oscuras, sin rumbo fijo, ya que ni siquiera sabíamos hacia donde dirigirnos. Pasamos un buen rato paseando sin decir palabra, hasta que le pregunté al bastardo, ya que comenzaba a tener frío y sueño:
–¿Cogemo un taxi?
–Sí.
Pasó otro buen rato hasta que uno paró. Le dimos la dirección y en algo más de media hora al fin llegamos. Pagamos y entramos en el portal. Al entrar en el piso, nos topamos con un dulce aroma. Aquella mañana no me había percatado, pero el piso de Ino olía increíblemente bien. Cenamos rápidamente lo primero que encontramos en la cocina, después buscamos un par de mantas en el dormitorio y nos tumbamos cada uno en un sofá del salón, no sin antes apagar la luz.
–Vaya día –susurré para mí mismo.
–¿Cuándo volvemos a Nueva York? –me preguntó Sasuke.
–Creo que mañana. Aunque... ahora mismo estamos ilocalizables –empecé a reír–. Nos podemos dar a la fuga. ¿No quieres que nos vayamos a alguna ciudad o algún país?
–No tenemos dinero y estamos en plena guerra –me recordó el bastardo. Me podría haber seguido el juego y habríamos pasado un buen rato, pero claro, con Don Serio al lado, mucho no íbamos a hacer.
–Vale... –dije con fastidio–. Buenas noches.
–Buenas noches.
No tardé demasiado en dormirme, pero al cabo de algún tiempo –no tengo ni idea de cuánto– volví a despertar. Las cortinas de la gran ventana del salón seguían abiertas, y por ellas entraba de vez en cuando la fuerte luz de algún rayo.
Estaba lloviendo a cántaros, por lo que me levanté del sofá, me puse la manta por encima de los hombros a modo de capa, y fui hacia la ventana. Me senté en frente de ella y me puse a observar la lluvia. Me encanta cuando llueve de noche. Me quedé ensimismado viendo caer las gotas de agua, resbalar por el cristal, brillar con cada rayo... Me dejé caer en el suelo, de cara a la ventana y cerré los ojos, tratando de volver a dormirme, con el ruido de los truenos retumbando en mi cabeza.
Pasó bastante rato hasta que sentí una mano fría tocar mi cara, y abrí los ojos sobresaltado, sintiendo como se me helaba la sangre. Viré mis ojos hasta la mano que tocaba mi mejilla, y después a la persona a la que pertenecía, justo en el momento en que un rayo iluminaba la habitación. Creo que el grito que pegué se oyó en un radio de 5 kilómetros, por lo menos. Di un salto hacia atrás, mirando aún con el susto en los ojos a la persona que tenía delante. Era Sasuke, pero el rayo había iluminado su cara de tal manera que habría jurado que ese era el mismísimo demonio.
–Bu –dijo poniendo cara de malas pulgas.
–No hagas esas cosas... Me has asustado.
–Ya se nota, ya –suspiró sentándose en el suelo, frente a la ventana.
–¿Por qué no duermes? –le pregunté sentándome a su lado.
–Por lo mismo que tú.
–¿Te gusta la lluvia? –curioseé.
–En realidad la odio –contestó sin mirarme.
–¿Por qué?
No contestó con palabras, sino que volvió su cara hacia mí. Qué mirada más tétrica tenía en aquel instante. Daba miedo, pero la tristeza se le notaba a leguas. Nunca lo había visto así de triste. Abrió ligeramente la boca pero las palabras tardaron en salir de ella.
–Cuando mi familia murió llovía...
–Vaya... ¿Cómo murieron? –pregunté intentando no parecer demasiado entrometido.
–Fueron asesinados... por mi hermano –añadió en un leve susurro.
–Parricidio... –musité pensativo.
–Exacto. Bueno... No me apetece hablar de esas cosas. Me voy a dormir. –Se levantó del suelo con lentitud y volvió a su sofá, se tumbó y se tapó con la manta. Yo me quedé mirando la lluvia, y no se ni cómo ni cuándo, pero el caso es que me dormí, y a la mañana siguiente desperté en el sofá.'
Naruto suspiró, guardó las cosas y fue al dormitorio. Tenía demasiado sueño como para seguir escribiendo. Se recostó de lado, ya que Sakura ocupaba la mayor parte de la cama, y no tardó en dormirse.
A la mañana siguiente se peleó con la chica al contarle lo de la carta de Ino, y después Sai lo llamó para que fuera rápido al trabajo, ya que Tsunade parecía haberse vuelto loca y nadie sabía qué hacer. Con un trozo de pan en la boca salió corriendo hacia el autobús, que a punto estuvo de perder, y cuando bajó de éste, echó a correr por la calle hasta llegar al edificio en el que trabajaba. Ya desde los pasillos podía oír la voz de su jefa gritar a diestro y siniestro.
–¿Qué diablos pasa aquí? –le preguntó a un hombre joven y en apariencia deprimido que bajaba las escaleras que él subía en aquel instante.
–La jefa está despidiendo a todo el personal... Esto en un desastre –se lamentó llevándose las manos a la cabeza.
El rubio echó a correr lo más rápido que pudo hasta llegar al despacho de la mujer, y cuando estuvo frente a la puerta entró sin llamar, como hacía siempre. En aquel instante Tsunade dejó de gritar y se quedó mirándolo sorprendida para luego seguir con lo que estaba diciendo a un hombre delgaducho, entrado en años, ignorando al joven momentáneamente.
–¡ESTO NO SON NOTICIAS! ¡ESTO ES UNA BASURA! ¡TODOS VOSOTROS SOIS BASURA! ¿A QUIÉN TE CREES QUE LE IMPORTA QUE EL CINE CUESTA MÁS CARO EN QUEENS QUE EN STATEN ISLAND? ¡FUERA DE AQUÍ INMEDIATAMENTE!
El hombre parecía a punto de llorar. Asustado, recogió unos papeles de encima de la mesa de Tsunade y se escabulló del despacho lo más rápido que pudo, sin cerrar la puerta. Naruto se quedó mirándola un rato, se acercó a ella y la cerró, para después observar a su jefa con el ceño fruncido.
–¿Y TÚ QUÉ QUIERES, MOCOSO?
–A mi no me grites, vieja loca. Si anoche te pasaste con el alcohol no lo pagues con tus empleados.
–¡Pero serás...! ¿Tú quieres que te despida?
–No puedes despedirme. ¿No ves que ya estás vieja y no puedes beber tanto? Si es que... –Se cruzó de brazos a la altura del pecho mientras negaba con la cabeza.
–Naruto... no me toques la moral, ¿eh? ¡Y FUERA DE AQUÍ!
–¡A MI NO ME GRITES, VIEJA!
–¿VIEJA? ¿A QUIÉN LLAMAS TÚ VIEJA, EH, MOCOSO?
–A TI. VIEJA BORDE. ¡JUBÍLATE YA!
–¡LARGO DE AQUÍ! –gritó Tsunade cogiendo un pequeño estuche de su mesa y tirándolo hacia Naruto, que por los pelos lo esquivó.
–¡OYE!
–Fuera... ahora mismo, Naruto. ¡Lárgate de aquí o te quedas sin cabeza!
–Ni hablar. Deja en paz a la gente y si quieres noticias búscalas tú misma.
Tsunade lo miró con un ojo entrecerrado, con una cara que parecía la de una psicópata desquiciada. Después relajó las facciones y suspiró, apoyándose en el respaldo de su silla, al tiempo que cerraba los ojos. Cuando los volvió a abrir miró el techo con atención.
–Está bien...
–Vale. –Naruto se dispuso a salir, viendo que su jefa ya se había tranquilizado, pero entonces ésta le interrumpió.
–¿Qué tal está Sakura?
–Igual que tú... o peor –añadió en voz baja.
–¿Os habéis peleado? –preguntó la mujer frunciendo el entrecejo, sin dejar de observar el techo.
–Sí... –Abrió la puerta y se fue. Decididamente necesitaba unas vacaciones.
…
1.Los Music Halls eran bares con escenarios en los que la gente actuaba. Había actuaciones de streaptease, burlesque, comedia... Fueron iniciados por la prohibición del alcohol en los teatros.
