Capítulo 10. Confusión y robo.
Jueves, 12 de mayo 1949.
Naruto abrió la puerta del edificio en el que trabajaba y bajó lentamente las escaleras, mientras el sol que asomaba entre los bloques de hormigón que conformaban la ciudad le daba de pleno en la cara, obligándolo a entrecerrar los ojos para ver por donde pisaba.
Había quedado con Ino para almorzar, y por culpa de Tsunade estaba llegando tarde. Empezó a camiar por la acera, hacia la derecha. Cinco minutos después se encontraba en una cafetería muy concurrida, en la que se podía percibir un leve aroma a café y otro más fuerte a tabaco.
–¡Naruto! –lo llamó una voz de mujer. El rubio buscó a su propietaria entre la multitud, y al fin la pudo divisar en una mesa pegada a la pared. Naruto comenzó a andar hacia ella.
–Hola –saludó–. ¿Qué tal?
–Bien –sonrió ella–. ¿No te importa que haya invitado a alguien más? –le preguntó mientras él se sentaba.
–Ah... no –se encogió de hombros.
–Vale. Es que él me dijo que a lo mejor te molestarías –rió la chica. Tenía una tacita de té delante de ella, sobre la mesa, junto a un periódico y un pequeño pastelito de manzana. En el centro del pequeño mueble había un cenicero con un cigarrillo humeante, y en una silla al lado de Ino descansaba un bolsito y una chaqueta fina, de color crema.
–¿Quién es él? –preguntó Naruto sin comprender.
–Sai.
–¿Qué? -preguntó subiendo un poco el tono de voz. Lo que le faltaba.– ¿Y por qué no lo has dicho antes?
–Lo he hecho, y has dicho que no te importaba.
–Pero no sabía que te referías a Sai –protestó.
–Vaya... veo que te preocupas mucho por mí, ¿no, Naruto? –preguntó el aludido desde detrás del rubio, sonriendo, como siempre hacía.
–Hola –saludó Naruto en un suspiro. El moreno se sentó entre el rubio y la muchacha, en la única silla que quedaba libre.
–Bueno, pedid lo que queráis, yo invito. Ahora, si me disculpáis un momento... –Ino se levantó sonriéndole a Sai y comenzó a andar entre la multitud. Su falda rosada se movía graciosamente al andar, al son de sus pasos.
–¿Y tú qué haces aquí? –le preguntó Naruto al recién llegado.
–Ino me ha invitado.
–¿Y qué tipo de relación tienes con ella? –volvió a preguntar recelosamente, mirando a Sai con los ojos entornados.
–No lo sé –contestó él–. Supongo que somos amigos.
–Ya... Te advierto una cosa, Sai –amenazó acercando peligrosamente su rostro al del moreno–: como le toques un pelo a Ino o la hagas sufrir de cualquier manera, te juro que no lo cuentas.
–Tranquilo –sonrió el muchacho.
–Más te vale.
–Ni que estuvieses enamorado de ella –se burló.
–¿Tú quieres quedarte sin dientes? –preguntó el rubio mientras golpeaba la mesa con el puño y elevaba la voz con cada palabra. Varias personas que había a su alrededor se volvieron a mirarlos. Naruto se aclaró la garganta y se puso recto en su silla.– No quiero que salgas con ella. No hay más. Ino es mi amiga desde que tengo memoria. No hay más –repitió.
–Muy bien, te creo –rió Sai, enseñándole las palmas de las manos y levantándolas un poco, como si Naruto lo estuviese apuntando con un arma.
–Vale. Me voy a pedir. –Se levantó.– ¿Quieres algo?
–Un café cargado, por favor.
–Bien.
Tras pedir en la barra, en la que tardaron en atenderle, regresó a la mesa. Ino ya había vuelto y se reía de algo que Sai parecía haberle contado, dando un sorbo al té de la taza, con el rostro bastante cerca del de Sai, a opinión de Naruto. Se sentó y dejó el café del moreno sobre la mesa, frente a él, salpicando un poco por la brusquedad del acto.
–Naruto, ¿estás bien? –preguntó Ino al verlo tan serio.
–Claro –susurró él.
–Me alegro. Bueno, ¿y qué tal el trabajo? Ayer estuve hablando con Sakura. Dice que últimamente estás de mal humor –comentó la chica.
–¿Eso te ha dicho? Pues se equivoca. Estoy perfectamente –contestó rápidamente.
–Tal vez un poco estresado –añadió Sai.
–Tal vez... –musitó Naruto.
–Bueno –sonrió Ino–. Y dime. ¿No piensas casarte algún día? Sé que ya llevas bastante tiempo con Sakura... Y no estaría mal que hubiese una boda en la familia. Además, me hace ilusión ser madrina –le contó, haciendo muchos gestos con las manos.
–De momento no tengo planes de boda –contestó Naruto concentrándose en su taza de café con leche y las tostadas.
–Qué pena. Me encantaría verte vestido de traje... En la iglesia, con la musiquita sonando, con el cura...
–Bueno, vale –interrumpió el rubio frunciendo el entrecejo–. No me quiero casar. Estoy muy ocupado, no tengo tiempo para eso ahora.
–Tranquilo, sólo era un comentario.
–Te lo tomas todo demasiado en serio, Naruto –le dijo Sai.
Naruto solamente suspiró, bebió un poco de su café y se quedó mirando a Ino. Ella le devolvió una sonrisa.
–Sakura me ha dicho que iréis de vacaciones con un tal Gaara. Me ha dicho que iréis en avión.
–Sí. Gaara es un antiguo amigo. Lo conocí cuando estaba en el ejército, en los primeros años. Me encontré con él hará ya un tiempo y me comentó lo de las vacaciones.
–Ah. Qué bien, me alegro mucho por ti. A mí me encantaría volar en avión –dijo con gesto soñador–. ¿Y a dónde iréis?
–No lo sé, supongo que sobrevolaremos algunos estados y tal.
–Oh –susurró la chica con interés, bebiendo de su taza–. Oye, un cosa que me viene rondando por la cabeza desde hace mucho...
–Dime. –Naruto mordió una de sus tostadas, prestándole atención a la rubia.
–¿Dónde diablos está Sasuke? En los días que llevo aquí no me has dicho nada de él, y Sakura tampoco. ¿Es que regresó a Japón, o qué pasó?
–Ah... bueno...
–¿Quién es Sasuke? –intervino Sai.
–Un chico japonés. Se parece mucho a ti, ¿sabes? –contestó la rubia.
–¿Japonés? Nunca me habías hablado de él –le dijo el moreno, extrañado, a Naruto.
–Son cosas del pasado –dijo éste, poniéndose algo nervioso.
–Y Gaara también, y de él sí me has hablado.
–¿Y qué? ¿Es que tú lo tienes que saber todo? –Frunció el entrecejo. No le gustaba para nada el camino que estaba tomando aquella conversación.
–Bueno, tranquilízate.
–Sí, volvió. No sé nada de él –bufó el rubio, mirando el suelo despectivamente, como si tuviese la culpa de que Sasuke no se encontrase sentado con ellos tres en aquella cafetería.
–Qué pena –musitó Ino–. Me habría gustado muchísimo volver a verlo. Me caía muy bien, ¿sabes? ¿Y cómo es que no sabes nada de él? ¿No habéis mantenido el contacto?
–No –gruñó Naruto.
–Pues muy mal –dijo Ino.
–¿Qué más da Sasuke? Él tiene su vida... –susurró haciendo una mueca–. No me importa Sasuke. –Su cara había adquirido un tono triste, y eso la chica lo notó, por lo que decidió cambiar de tema. Fuera lo quera que hubiese ocurrido con Sasuke, ya lo averiguaría más tarde.
–¿Sabes una cosa? Mañana llevaré a Sakura conmigo a los ensayos. De momento la cosa avanza muy bien, y todos mis compañeros y compañeras son un sol. Deberías verlos. La verdad es que me lo paso muy bien.
–Me alegro por ti -susurró Naruto totalmente desanimado. Se bebió lo que le quedaba de café de un sorbo y se levantó.– Sai, dile a Tsunade que me tomo el día libre. Invéntate cualquier escusa. –Sai asintió.– Ino –llamó a la muchacha; ella lo miró sorprendida–, lo siento mucho, pero no me siento muy bien. Quedamos para otro día. No te importa, ¿verdad?
–No, claro que no –negó ella–. ¿Quieres que te acompañemos?
–No, gracias. No hace falta.
–¿Seguro? –preguntó Sai. El rubio volvió a negar.
–Ven aquí –dijo Ino levantándose de su silla. Se puso delante de Naruto y le abrazó, murmurándole al oído, sin que Sai la oyese.– Si algún día me lo quieres contar, no dudes que voy a escucharte.
–Gracias –musitó Naruto correspondiendo al abrazo.
Cuando se separaron Ino le sonrió para tratar de alegrarlo un poco, y Naruto trató de hacer lo mismo, aunque le salió un poco falso. Sai sabía sonreír con falsedad, pero él no. Se despidieron y el de ojos azules salió de la cafetería; cogió el autobús y fue a casa. Sakura no estaba, y lo único que le apetecía en esos momentos era escribir. Fue a la cocina a por algo de picar y subió al ático.
"A la mañana siguiente pasó una cosa muy extraña por mi parte. Recuerdo que estaba medio dormido, abrazado a algo, y sentía como una cosa un poco puntiaguda hacía presión en mi mejilla izquierda, se levantaba y volvía a hacer presión.
–Oye –me llamó una voz. No le presté atención y traté de recuperar mi sueño, acomodándome mejor y apretando más lo que abrazaba. No era ni blando ni duro. Era perfecto para dormir, y estaba caliente. Tenía un aroma particular, pero que me era vagamente conocido, aunque sin duda no era la almohada, ya que la almohada olía diferente.– Tú –volvió a llamarme la voz. Ni siquiera la podía distinguir.
–Mmm... Calla –dije en un susurro. Me acababa de percatar de que lo que tenía debajo hacía un extraño ruido, como un tamboreo suave pero rápido.
–Míralo, el que tenía el sueño ligero –volvió a hablar la voz. Algo seguía golpeándome en la mejilla. Levanté una mano y traté de golpearlo, pero no le di. Volví a dejar caer mi brazo y me abracé más a lo que tenía debajo.– Te voy a tirar de la cama como no despiertes –dijo la voz. No quería despertar. Se estaba tan bien que no quería despertar en años.– Me estás llenado de babas. –Seguí sin hacer caso.– Estoy hablando muy en serio, Uzumaki Naruto. Como no te quites...
–Cállate –le dije con voz soñolienta, más aguda de lo normal.
–Dios... –sentí como algo de aire me revolvía el pelo de la nuca. Era un aire cálido. Sonreí un poco. Me gustaba ese aire.– Uzumaki, levántate de una vez –volvió a decirme la voz.
–No.
–Maldito desgraciado rubio, te voy a...
Apreté los ojos a la vez que apretaba lo que estaba abrazando. Ya me había enfadado aquella voz, fuese de quien fuese.
–¡Tú, pedazo de burro! ¡Me estás cortando la respiración! –chilló.
–¿Qué? –Levanté un poco la cabeza aún medio dormido, pero no permaneció mucho tiempo alzada, ya que enseguida la volví a dejar caer.
–Vas a morir. –Sentí como una mano me cogía del cuello y apretaba.
–¡AU! –grité al sentir como hacía presión en un punto especialmente doloroso. Me levanté rápidamente y aparté aquella mano de un golpe.– ¿Tú eres idiota? –pregunté sin mirar a quién me dirigía, ya que aún tenía los ojos cerrados.
–¿Y tú? ¿Qué coño pretendes? ¿Asfixiarme? Maldito capullo.
Abrí los ojos y pude ver a Sasuke, muy enfadado, por cierto. Lo miré con odio antes de comprender un poco a lo que se refería. La cara que puse después creo que fue de confusión total. Me miré las manos y luego lo miré a él. Me volví a mirar las manos y otra vez a él. Vi como fruncía más el entrecejo y apretaba los dientes.
–¿Pero cómo puedes ser tan estúpido? –explotó.
–¡Eh, no me insultes! –le dije–. Eh... ¡Todo esto es tu culpa!
–¡Oh, seguro que es mi culpa! –ironizó levantando su único brazo libre (el izquierdo) y moviéndolo, mientras ponía los ojos en blanco.
–¡Claro que sí! –exclamé–. Si me hubieses apartado desde un principio, todo esto no habría ocurrido.
No dijo nada, pero pude percibir un leve sonrojo en su rostro. Frunció más el entrecejo y volvió la cara para otro lado. En ese momento no me di cuenta, pero... él mismo se había descubierto. Me levanté de la cama, cogí algo de ropa del armario y me fui al baño a lavarme.
Abrí el grifo de la bañera y dejé que ésta se llenara, mientras oía como Sasuke me gritaba e insultaba, exigiéndome que volviese para soltarlo. Me desnudé y me metí en la bañera, dejando que mi cabeza se hundiera en el agua completamente mientras yo mantenía la respiración, hasta que no pude más y salí, respirando a bocanadas y salpicando el suelo.
Me quedé un momento sentado y me miré las manos. Realmente había abrazado a Sasuke. No sólo eso. Me había encantado abrazar a Sasuke, y habría permanecido siglos abrazado a él. Era vergonzoso, pero por otra parte sentí una sensación inexplicable. Algo así como paz interior, pero a la vez estaba en guerra conmigo mismo.
Me lavé y en quince minutos salí del cuarto de baño. Cuando oyó la puerta, el bastardo volvió a gritarme. Abrí la puerta del dormitorio y asomé la cabeza.
–Trae un cuchillo –susurró Sasuke mirándome con los ojos entornados.
–¿Ya me quieres matar? Si no ha sido para tanto...
–¿Pero tú eres idiota? No voy a matarte, pero tengo que cortar la cuerda. No sé cómo coño has hecho los nudos pero son imposibles de deshacer.
–Jeh... para que aprendas –me burlé.
Volví a cerrar la puerta y fui a la cocina a por un cuchillo. Cuando volví al dormitorio corté las cuerdas, con algo de desconfianza, y me senté en la cama, al lado del bastardo.
–Voy a salir –le dije.
–¿A dónde?
–A conseguir dinero. No vayas a ninguna parte o te juro que soy capaz de cualquier cosa –lo amenacé.
–Si no me encuentras, no –sonrió.
–No me tientes –susurré enseñándole el cuchillo. Él volvió a sonreír con prepotencia y se levantó de la cama. Cogió algo de ropa del armario y fue a bañarse, supongo. Dejé el cuchillo en la cocina y salí de la casa. Sí o sí, tenía que fiarme de él. No había otra.
Comencé a caminar por la calle, sin un rumbo fijo. Aparte de conseguir dinero necesitaba pensar y aclararme. Nunca había sentido nada especial por nadie, aparte de Ino, y no sabía si el momento había llegado. Era extraño, pero Sasuke realmente me importaba, y me preocupaba mucho su actitud. A pesar de saber algunas cosas sobre él, aún era todo un misterio.
No sé exactamente dónde fue, pero le robé el bolso a una mujer muy anciana, que apenas se podía sostener en pie. No me siento orgulloso, pero yo también tenía que comer... y el bastardo también, aunque eso último me lo pensé durante un buen rato. Me guardé el bolso debajo de la chaqueta –después de correr un buen tocho– y me fui hacia la casa.
Estuve a punto de perderme, pero menos mal que encontré gente, ya que las calles por las que había ido estaban bastante desiertas. Por una parte tuve suerte, porque nadie me siguió por lo del robo, pero por otra me distancié bastante de Riverview.
Cuando por fin llegué a casa, ésta volvía a estar vacía. Estuvo a punto de darme un ataque de nervios y destruir todo el salón, pero me controlé, me senté en el sofá y esperé. Menos mal que no tuve que esperar mucho, porque si llego a estar sentado más de media hora, reviento. Sasuke volvió a los quince minutos de haber llegado yo –más o menos– y tenía una libretita en una mano.
–¿Dónde coño has estado? –le pregunté frunciendo el entrecejo.
–No es asunto tuyo.
–Claro...
–¿Has conseguido dinero? –me preguntó mientras se deshacía de su abrigo y lo dejaba sobre un sofá del salón.
–Sí... –Estuve a punto de decirle que no era asunto suyo, pero me contuve.– Veo que la amenaza ha funcionado –bromeé tratando de relajarme un poco.
–Claro. Me tienes cagadito de miedo. –Hizo como que temblaba y fue a la cocina. Le seguí y comimos algo, aunque mucho no había. Pensé en ir a comprar alguna cosa, pero me acababa de dar cuenta de que ni siquiera había mirado si en el bolso de la vieja había algo de dinero.
Me levanté de la mesa rápidamente y fui al salón, a por el bolso. Rebusqué dentro de él hasta que di con la cartera, la abrí y... milagro: dentro había algo más de 25 dólares. Nos llegaría para sobrevivir hasta que Baley mandara algo más.
–¿Qué pasa? –me preguntó Sasuke detrás mío. Me había seguido desde la cocina.
–Nada. –Me di la vuelta y lo miré, escondiendo la cartera a mis espaldas. Se asomó para ver que era lo que trataba de ocultar, pero yo me di la vuelta para que no lo viera. Se asomó más; yo también me moví. Así hasta que se acabó hartando, me agarró por un brazo y tiró de mí. Muy mal; perdí el equilibrio y casi caigo encima de él, pero consiguió su propósito y me arrebató la cartera. La abrió y miró todo su contenido para, al final, sacar un documento.
–Eloise Lambroghini... –leyó en voz alta–. ¿Desde cuándo te llamas tú así? –me preguntó mirándome con una sonrisa burlona. Yo palidecí. Bueno, es verdad que toda mi vida he sido un ladronzuelo, pero no me gusta que la gente lo sepa. Para colmo, Sasuke empezó a reír a carcajada limpia.– ¿Robando ancianitas? –me preguntó–. No me esperaba algo así, qué quieres que te diga...
–Bueno, vale. –Fruncí el entrecejo y le quité la cartera y el documento de identificación, o lo que fuese eso, de la tal Eloise.– Es tu culpa otra vez –le recordé.
–Claro, claro... –dijo aún sonriendo.
–¿Qué pasa? –le pregunté–. ¿Que tengo cara de payaso o qué? ¿Eh? –Me acerqué a su cara y le miré con ira. Él me puso un dedo en la frente y me apartó.
–Robando ancianitas... Debería darte vergüenza –susurró sin dejar de sonreír aún. Miré el documento aquel y vi que la mujer tenía casi 80 años, y no pude evitar morderme el labio. Pobre. Con esa edad y siendo víctima de un robo; para colmo el ladrón era un soldado que se supone que debía proteger al pueblo americano.– ¿Ahora te remuerde la conciencia? –preguntó el bastardo con sorna.
–Cállate –le ordené–. Esto sigue siendo tu culpa. Si no fueses un borracho vicioso esto no habría ocurrido. –En ese momento dejó de sonreír y se quedó serio. Me miró durante un rato, se dio la vuelta y subió al ático. Yo sólo atiné a suspirar. No entendía los cambios de humor de ese... ser.
Aquel día no volvió a bajar, ni siquiera a la noche para dormir, así que subí yo. Estaba acurrucado en el sillón, durmiendo; la manta a punto de caérsele y él temblando de frío. Suspiré mientras ponía los ojos en blanco y me acerqué a él. Le coloqué bien la manta y me dispuse a irme, pero algo me agarró la manga de mi sudadera y me volví.
–Buenas noches –susurró el bastardo. Lo miré extrañado.
–Buenas... noches –le dije. Me soltó y cerró los ojos. Yo me quedé un instante más mirándolo, después sacudí la cabeza, bajé al dormitorio y me eché a dormir yo también.
A la mañana siguiente me quedé a cuadros al ver la cocina.
–¿Pero qué has hecho? –pregunté alucinado.
–Date prisa y desayuna, que nos vamos."
Naruto aguzó el oído. No sabía si realmente el teléfono estaba sonando o se lo parecía... Sí, estaba sonando. Dejó de escribir y bajó rápidamente a contestar.
…
El momento de Eloise es memorable, jaja. Capítulo dedicado a Isa, por lo mucho que recordó a la anciana cuando escribí esto.
