Juro que vale la pena
Esperar y esperar y esperar un suspiro.
Una señal del destino…
No me canso, no me rindo, no me doy por vencido.
Buscando amor
Capítulo VI: Búsqueda
La visita al Teniente General Grumman había dejado a Mustang desecho. Es que en cuanto supo que Riza había abandonado Central tuvo la certeza que era por su causa, pero la mirada enrabiada de Gracia y el golpe que le había dado su superior le hicieron darse cuenta de que la rubia no quería saber nada de él y que lo odiaba desde lo mas profundo de su ser.
Lo peor de todo, es que se lo merecía. Aunque le doliese reconocerlo.
¿Qué sería de ella? ¿Estaría feliz? ¿Tendría trabajo? ¿Se habrá dejado crecer aún más el cabello? ¿Viviría sola o… estaría con alguien?
La última idea logró aterrarlo, aunque sabía que era una posibilidad cierta. No estaba listo para enfrentar algo de esa índole.
Se concentró en el paisaje que le brindaba el día. Calculaba que llegaría a Rush Valley casi a medianoche, mala idea considerando que no conocía el lugar. Pero todos aquellos detalles parecían minúsculos al lado del hecho de que estaba más cerca de reencontrar a la mujer de su vida.
Al llegar, se bajó del tren con pereza. La expresión de Roy denotaba malestar y cansancio. Es que sus últimos días habían sido bastante agitados, casi no había dormido y la mayor parte de ellos la había pasado arriba de un no tan cómodo tren.
No se permitiría descansar, no ahora. Cuando la encontrara, cuando estuviera con ella se detendría. Y si tenía suerte, nunca mas dormiría en soledad.
Sonrió ante su ingenua ilusión. Era lo único que podía conservar.
"¿Señor, necesita un lugar para hospedarse?" un muchachito de ojos y cabello castaño ofreció "Mi madre tiene una posada acá cerca, venga conmigo"
"Supongo que no tengo opción" suspiró y sin resistencia siguió al menor. "¿Y tu…que haces tan tarde por estos lados?
"En estas fechas no hay muchos turistas" el adolescente le respondió a Roy "Mi familia vive de lo que ganamos en la hostal así que ayudo a buscar clientes. Por cierto, ¿usted es militar?" El Coronel asintió con la cabeza. "Entonces ha venido a ver armamento."
"¿Armamento?" el pelinegro preguntó curioso. Ya estaban a un par de cuadras de la estación
"Rush Valley es conocido por ser la cuna del automail y de las armas. Los militares suelen venir a abastecerse" explicó el menor "Bueno, eso era antes de lo sucedido con el Furher"
Roy sintió una punzada en el pecho ante la mención de aquellos hechos. Todo lo que recordaba le hacía pensar más en ella… Riza.
"Lo siento" el castaño pareció captar el malestar del militar. Luego de unos minutos volvió a hablar "Ya hemos llegado" le anunció. El moreno observó con calma el lugar. Efectivamente, no estaba lejos y, por lo que lograba entrever, estaba casi en el corazón de la ciudad.
El menor entró primero y corrió a anunciar la llegada de un huésped. Pronto una pareja salió a recibirlo.
"Buenas noches, soy el Coronel Roy Mustang, de Central City" se presentó "Su hijo me ha ofrecido estancia en el lugar"
"Bienvenido, señor Mustang" un hombre, seguramente el padre del joven, le tendió una mano "Le mostraré sus aposentos. Por cierto, ¿Cuánto piensa quedarse, señor?"
El Coronel sonrió levemente. "La verdad es que no lo sé. He venido buscando a alguien, y no me iré hasta encontrarla"
"Muy bien" el dueño de casa tomó la maleta de Roy y comenzó a subir las escaleras que daban a la segunda planta. El pelinegro lo siguió. Un vez en el cuarto, el hombre se volvió a Roy "Debe estar cansado, mañana acordaremos el tema de la paga. No se preocupe, no somos aprovechados con los turistas"
El militar no dijo nada, se dispuso a acomodar sus cosas y meterse pronto a la cama. Había sido un largo día y quería empezar pronto con su cometido. Se durmió casi instantáneamente.
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Unos rayos de sol que se colaron por las persianas mal cerradas lograron despertarlo. Buscó con premura su reloj de plata. Eran casi las 11 de la mañana.
Recién en ese instante reparó en los detalles del cuarto en que estaba. No era muy espacioso, pero contaba con un escritorio, una cómoda y un espejo. Tenía cuarto de baño propio y las ventanas daban a la calle.
Se dirigió al baño y tomó una ducha rápida. Se vistió ágilmente y al verse en el espejo notó que tenía la mejilla morada. Más de alguien le preguntaría que le había sucedido.
Bajó las escaleras y no supo donde dirigirse, así que se guió por los ruidos que se escuchaban. Llegó a la cocina de la casa y allí encontró al pequeño que lo había recibido el día anterior.
El castaño lo miró antes de hablar "¡Mamá!, el señor ha despertado"
La mujer apareció rápidamente y lo saludó "Buen día, joven Mustang. ¿Cómo ha pasado la noche?"
"Bien, gracias." Roy respondió sin emoción. La mujer se apresuró a servir una tasa de café y se la ofreció. El moreno se sentó en la mesa de la cocina y bebió despacio.
"Creo que ayer no nos presentamos debidamente" ella empezó la conversación "Mi nombre es Helen Bailey y este mi hijo Gregory. Mi marido se llama igual, ahora está en su trabajo y no regresa hasta tarde."
"Ya veo…" el pelinegro habló suave, mientras observaba a la mujer con mas detención. Tenía unos 40 años y el cabello castaño recogido en una coleta. El niño tenía unos 13 años, por alguna razón le recordó a Edward.
"¿Qué le ha pasado en la cara?" Gregory preguntó de improviso. Su madre le dio un golpe en la cabeza antes de regañarlo.
"Te he dicho que no seas impertinente con los huéspedes" rezongó ella. "Discúlpelo, joven Mustang… este muchacho es un indolente"
"No pasa nada" admitió el moreno "Un… pues… un hombre me ha golpeado. Me lo merecía en todo caso"
Madre e hijo lo miraron sin decir nada. El menor se apresuró a la nevera y le ofreció un poco de hielo. Roy le sonrió y siguió desayunando.
"Greg… ya es hora de que te vayas a la escuela" Helen anunció. El adolescente obedeció al instante y desapareció. La mujer se había quedado mirando a Roy con curiosidad, la mirada triste del varón la había conmovido. "Ayer dijo que estaba buscando a alguien" habló despacio logrando captar la atención de Roy "Por su semblante estoy segura de que es una mujer"
Mustang cerró los ojos. "Así es, ha acertado"
"¿Su novia?"
"Algo así" confesó "La abandoné sin explicación alguna y cuando regresé había desaparecido. Me han dicho que podría estar acá en Rush Valley"
"Rush Valley es un pueblo muy pequeño, no hay mucha gente que venga a instalarse en estos parajes" le explicó la castaña. "A menos que tengan algo que ver con los automail o las armas. Es lo único que hay en la ciudad."
De pronto una idea cruzó la mente de Roy. Las armas. Sí, era posible que Riza hubiera logrado encontrar trabajo en alguna tienda de armamento. Quien mejor que ella en el conocimiento y manejo de armas. Sonrió satisfecho y la mujer lo notó.
"¿Sucede algo, joven?"
"Ella era muy buena manejando armas, trabajaba para la milicia al igual que yo" se explayó bastante animado "Pensándolo bien es probable que haya encontrado trabajo en alguna tienda de la ciudad"
"Pero hay muchas tiendas, Coronel Mustang"
"Las revisaré una por una hasta dar con ella" agregó Roy poniéndose de pie. "Muchas gracias por el desayuno y por la información, ha sido de gran ayuda."
Helen le sonrió "No se preocupe, es lo de menos." El pelinegro se despidió con un gesto de la mujer, ella lo llamó antes de que el cerrara la puerta "Espero la encuentres pronto, aunque eso signifique que se vaya de la hostal"
El moreno se volvió hacia la mujer, pero no le dijo nada. Cerró la puerta con suavidad y comenzó su recorrido por las calles de Rush Valley. Tal vez le tomaría días pero estaba seguro de que daría con Riza.
Bueno, el sexto capítulo al fin. Perdonen porque aquí no se avanzó mucho, pero ya viene el reencuentro con Riza ;)
Ok, gracias por llegar hasta aquí. He tratado de responder sus reviews pero me faltan algunos, lo lamento TT. Tambièn lamento la tardanza, pero definitivamente mi computador a muerto y he tenido que venir a un cyber.
Saludos a ustedes! Cuídense!
Les quiere, Lovely Flower
