"¿Está bien mirar?". La voz de su hermana es poco menos que voz al final, pero está ahí, y retumba, y en el silencio que baña al Umbral, prevalece.

"¿No lo está?". El hombre es joven y huele a calas frescas, a tierra húmeda, a días de trabajo bajo el sol. La abraza con la reverencia de los ciegos. "¿No estoy ahí, también?". El corazón mortal de su hermana late en sus oídos; se corre en él y es como si se corriera entre sus manos.

"¿No estoy ahí?".
"Ahí, estás".

En él y en sus manos.