Los personajes no son míos, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.
Capitulo 5:
Sólo ella.
-¡MI HIJA QUERIDA!- lloraba a lágrima viva el patriarca Tendo.
-¡Ya cállate papá! ¡Nos van a echar!- ordenaba Nabiki mirando con disgusto el deplorable espectáculo que su padre estaba ofreciendo.
-Si papá, recuerda que nos dejaron pasar sólo si no hacíamos ruido.- recordó Kasumi apoyando a su hermana.
-¡AKANE! ¡¿QUE LE VOY A DECIR A TU MADRE?!- Soun Tendo continuaba llorando, haciendo caso omiso a las recomendaciones de sus hijas.
-¡Akane necesita descansar!- afirmó la señora Nodoka. -¿Comprende?- preguntó dulcemente sacando la katana de su funda.
El hombre continuó sollozando en silencio mientras miraba de reojo a la mujer.
-¿Cómo logró entrar con una katana?- preguntó Nabiki a su hermana.
-De la misma forma en la que logró que papá se calmara.- respondió la hermana mayor con una sonrisa.
Sólo habían pasado minutos desde que Akane salió del quirófano luego de una operación larga y complicada, para tranquilidad de todos, los médicos se mostraban optimistas y negociaciones de por medio permitieron que la familia la viera por unos momentos.
-¿Dónde está Ranma? ¿No debería estar aquí con su prometida?- preguntó Nabiki cruzando sus brazos.
-Él y mi esposo están en la azotea del hospital, creo que ambos se sienten algo culpables.- respondió Nodoka cortésmente.
En efecto padre e hijo se encontraban en la azotea, sentados con sus brazos y piernas cruzados, en silencio.
-Me alegra que Akane haya salido bien.- el padre fue el primero en romper el silencio.
-…
-Ya verás que pronto estará en la casa persiguiéndote con el mazo. ¡Jajaja!- el hombre intentaba hacer reaccionar a su hijo.
-…
El hombre del turbante que no contaba con la virtud de la paciencia se puso de pie velozmente y le atinó un fuerte puñetazo en la cabeza a su hijo.
-¡¿Qué te pasa viejo estúpido?!- espetó el muchacho molesto por la acción de su respetado padre.
-¡Parece que no estuvieras feliz porque Akane se salvó!- le recriminó el hombre acomodándose las gafas -¡Sabía que se llevaban mal pero nunca pensé que quisieras verla muerta!
Segundos más tarde un panda lleno de moretones y heridas, y con una pata rota se encontraba flotando boca abajo en la fuente que se encontraba en la entrada del prestigioso hospital de Tokio.
-¡NUNCA EN TU VIDA VUELVAS A DECIR ESO! ¡MALDITO VIEJO IDIOTA!- gritaba el chico desde lo alto.
Nunca había llorado tanto como esa mañana, nunca había temido tanto una noticia, nunca había deseado tanto que el tiempo pasara rápido y al mismo tiempo que se detuviera, jamás, ni cuando salió de esa posa y se vio por primera vez en ese cuerpo que no le pertenecía había deseado tanto desaparecer del universo, morir en ese instante, o mejor aún, nunca haber existido. Y ese viejo idiota venía y le decía eso. Si incluso luego de saber que ella estaba bien el dolor continuaba desgarrando su alma sin piedad. Los recuerdos de la noche anterior lo golpeaban con fuerza, el miedo que sintió al tenerla en brazos llorando desconsolada en aquel parque sin saber que le sucedía, y luego su mundo derrumbándose cuando ella logró contárselo.
-Hemorragia cerebral…- dejó escapar de sus temblorosos labios el pensativo muchacho.
Todo había sido su maldita culpa, y ella al verlo en ese estado tomó su mano y lo condujo a la casa, él se dejó llevar, haciendo un esfuerzo sobrehumano por contener las lágrimas. Ella lo trató con cariño, lo miró con ternura, hasta le sonrió mientras le secaba el cabello, a él, su maldito agresor, el que podía convertirse en su asesino. No podía permitir que su Akane hiciera eso, pero el dolor fue demasiado y no pudo evitar aferrarse a su abrazo, y ella lo consoló, la misma chica que en unas horas se sometería a esa maldita operación que podría matarla se pasó todo el tiempo consolándolo, cuidando de él, sólo Akane podía comportarse de esa forma. Sólo su Akane podía preocuparse por dejarle escrito que no se culpara, que lo quería y luego marcharse al hospital a enfrentar todo sola.
-Quiero… verla…- murmuró el chico mirando el atardecer que se extendía sobre la ciudad.
Cayó la noche y la familia se retiró del hospital, mientras un par de ojos azules los observaba escondido entre las ramas de un frondoso árbol. Al verlos alejarse se adentró al hospital, y luego de veinte intentos fallidos encontró la habitación de la chica.
-¡Estás despierta!- exclamó el chico parado en la puerta anonadado por encontrarla viéndolo fijamente desde su cama.
-Lamento decepcionarte…- su voz era muy débil, el chico se acercó a su cama.
-Ehh… ¿Porque se fueron tus hermanas y mi madre? Debieron quedarse a cuidarte…- preguntó el chico algo molesto.
-No lo se… acabo de despertar… eres la primer persona a la que veo…- respondió la chica algo pensativa
-Oh… entonces supongo que tendré que llamar a un médico…
-Gracias por cumplir tu promesa.- le dijo Akane con dulzura mientras le regalaba una sonrisa.
-G… gracias por cumplir la tuya…- le respondió el muchacho algo sonrojado.
-Te necesito a mi lado… nunca lo olvides…- esas palabras le llenaron el alma, sonrió feliz por primera vez en mucho tiempo.
-No volveré a olvidarlo…- respondió el chico mientras le besaba la frente con dulzura.
Ranma tuvo que esperar afuera mientras los médicos monitoreaban el estado de la chica, era increíble como unas palabras de Akane podían iluminar su vida de esa forma, borrar todos sus problemas, sus inseguridades, hacía unos minutos su mundo se caía a pedazos mientras se debatía entre irse o quedarse, y ahora sólo esperaba volver a la habitación para cuidar de ella, quedarse a su lado para siempre, protegerla de todo y de todos. Porque ella lo necesitaba, porque él la necesitaba, porque ella lo quería, porque él la amaba.
Al ingresar a la sala la encontró dormida, se sentó a su lado y mirándola con ternura tomó su mano y le susurró…
-Tú tampoco imaginas cuanto te quiero…
Esa noche los pensamientos del chico fueron exclusivamente para ella.
Elegante y torpe, tierna y violenta, frágil y fuerte, madura e inmadura, esa era su Akane, esa niña impulsiva que le gritaba celosa y esa mujer valiente que le mostraba una sonrisa para no preocuparlo. Única e irrepetible, un hermoso calidoscopio de emociones que se fusionaban en tan perfecta armonía que a veces le resultaba increíble. Al fin lograba comprenderlo…
Ella era perfecta, perfecta para él, y sólo a su lado podría ser feliz.
-Recupérate pronto… hay muchas cosas que necesito decirte…
Continuará.
Hola… espero que les haya gustado, yo no sé si me gustó la verdad, casi me enloquezco haciendo este capitulo lo reescribí unas 5 veces y ahora lo envío sino voy a seguir cambiándolo.
Debo avisarles que el siguiente ya es el último. Sólo espero que todavía no hayan enviado a los Yakuza a mi domicilio, que al final no fui tan mala con los muchachos.
Mil gracias por las reviews me encantó que hayan sentido la angustia de Ranma. (no es que quiera que ustedes se angustien es que… ustedes me entienden ¿verdad?)
Comenten este capítulo si tienen tiempo, que en serio no tengo idea de si quedó bien o no. Saludos a todos, y mil gracias por leer mi historia.
