Los presonajes no son mios, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.

Capítulo Final:

Tu.

-¡ME DUELE ANIMAL!- gritó la chica al tiempo que reafirmaba su expresión con un puñetazo dirigido al rostro del muchacho que lo hizo volar hasta chocar con la pared del dojo.

-¡Deja de golpearme!- exigió Ranma regresando a su posición inicial.

-¡Tú me dijiste que te avisaras si me dolía!

-Que me avisaras… ¡No que me golpearas!- aclaró el muchacho que lucía un lindo color carmín en su nariz. –Bien ahora intenta levantarlo hasta aquí…- más calmado le indicaba con su mano una altura.

-¡Ahh…! ¡No puedo!- en el rostro de la chica se podía notar la mezcla de dolor y esfuerzo.

-Suficiente por hoy… mañana continuamos.- dijo el muchacho mientras detenía el puño que su tierna prometida dirigía nuevamente a su dolorida nariz.

Dos semanas habían pasado desde su segunda operación, y ya se encontraba perfectamente, sólo había quedado como secuela una pequeña cicatriz en la base de la cabeza que era cubierta a la perfección por su cabello. Pero durante ese tiempo su hombro había sido descuidado y por lo tanto el doctor Tofú sugirió que Ranma le aplicara unos ejercicios de rehabilitación.

-¡Nunca voy a poder mover este brazo de nuevo!- decía frustrada Akane.

-Estas cosas llevan tiempo, recuerda lo que dijo el doctor, en un par de meses podrás mover el brazo como siempre.- señalaba el chico mientras la acompañaba a su habitación.

-¿Dos meses? ¡Es demasiado! Además no puedo pretender que cargues conmigo todo ese tiempo…

-N… no eres… u… una… carga…- el chico se detuvo sonrojándose hasta las orejas. –A…Akane…

-¿Si?- preguntó la chica volteando a verlo.

-Y… y… yo… yo t… t… te…- balbuceaba el nervioso muchacho mirando el suelo mientras jugaba con sus dedos.

-Los hombres de verdad no tartamudean hijo.- señaló Nodoka pasando a un lado de los muchachos tranquilamente después de bañarse, y provocando un respingo del chico que comenzó a sudar copiosamente.

-Tu me ¿que?- preguntó la muchacha una vez que la señora bajó la escalera.

-Yo… te… te… ¡tengo que bañarme!- y diciendo esto salió disparado al baño.

-Y a este… ¿Qué bicho lo picó?

El muchacho se recargó en la puerta del baño respirando con dificultad.

-¡Maldita sea! ¡Siempre llega alguien que nos interrumpe!- protestaba el muchacho mientras comenzaba a llenar la tina con agua tibia. -¿A quien engaño? A ese paso nunca se lo hubiera dicho.- reflexionaba mientras se quitaba la ropa.

Con sólo una toalla amarrada a la cintura el muchacho se metió en la tina y apoyando su cabeza en el borde de la misma se dedicó a analizar la situación.

-¡La oportunidad perfecta! Solo debía decirle que la cuidaría toda la vida si me lo permitía… pero como siempre me acobardé…- el chico observaba con tristeza el vapor que subía lentamente –Dos semanas y aún no se lo he dicho… me pregunto si algún día podré hacerlo.

En efecto, la decisión del muchacho por hacerle saber a la chica sus sentimientos mermaba al momento que la tenía cerca.

-Parece que quisiera decirme algo…- hablaba consigo misma la muchacha sentada en su escritorio, cuando sintió la puerta abrirse detrás de ella. -¡Ranma!- dijo sin pensar mientras se volteaba.

-Así que esperando al cuñadito, puedo volver más tarde si lo deseas.- señalaba Nabiki desde el umbral de la puerta.

-¡N… no estoy esperando a nadie! S… solo me tomaste por sorpresa…

En tanto el muchacho continuaba con su monólogo.

-Si tal vez la viera en un lugar lejos de aquí, donde no nos interrumpieran yo… podría…- recargó su cabeza sobre sus brazos –Ni siquiera tengo el valor para invitarla a una cita…aunque tal vez si…- se puso de pie con un puño levantado en señal de victoria -¡Si! ¡Eso es exactamente lo que haré!

Minutos más tarde vemos a Ranma parado frente a la puerta de su prometida temblando con un arrugado papel en sus manos.

-¡Vamos! ¡Tú puedes! Arrojar y escapar ¡La técinca Saotome del zorrillo asustado!- se alentaba mentalmente el muchacho.

-¿Mmm… qué es eso?- preguntó Nabiki al ver el pequeño papelito asomarse por la puerta de su hermana.

-¿Qué cosa?- se apresuró a decir Akane en un intento por disimular el sonido de alguien cayendo por las escaleras mientras maldecía cierta técnica.

Nabiki tomó el papelito y lo leyó antes de que su hermana pudiera hacer nada por evitarlo.

-¡Vaya vaya! Parece que el cuñadito al fin se decidió…- comentó con aire burlón alcanzando el dichoso papel a su hermana.

La muchacha se sonrojó al leer el arrugado papelito con la inconfundible letra de cierto chico de trenza.

Ven al parque cercano a la escuela a las cinco de la tarde, quiero hablar contigo.

Ranma.

-¿Cuánto?- preguntó Akane mirando a su hermana con desconfianza.

-No te entiendo.- Señaló Nabiki haciéndose la desentendida.

-¿Cuánto por no avisarle a las prometidas?- Aclaró la muchacha de cabello corto.

-Diez mil yens.- respondió su hermana extendiendo su mano.

-¡Sabes perfectamente que no tengo esa cantidad! ¡Ayer tuve que pagarte veinte mil para que no les contaras de la rehabilitación!

-Bien… entonces dos mil yens y dos fotos de Ranma.- sugirió la muchacha castaña.

-¿Porqué me pides eso? Tienes miles de fotos de Ranma-onna.- cuestionó la chica con desconfianza.

-Dos fotos de Ranma-kun… sin camisa… mientras entrena.

El ceño de la chica se frunció y su aura resplandeció con fuerza, viendo que esto no intimidaba a su hermana caminó hasta uno de sus cajones sacó algo de allí.

-¡Toma! Son cinco mil yens, el resto anótalo en mi cuenta.- dijo aún molesta extendiéndole el dinero.

-Mmm… que pena.- decía Nabiki mientras tomaba el dinero. –Recuerda los mil yens de interés por cada semana de retraso.

-Y tú recuerda… nada de prometidas…- aclaró Akane mientras la joven se retiraba de la habitación donde comenzaba a hacer mucho calor.

Cuando Nabiki cerró la puerta Akane apretó con fuerza la pequeña nota contra su pecho.

-Idiota… podrías haberte fijado si estaba sola…- dijo la chica para si mirando con ternura la puerta de su habitación.

Cuando Akane llegó al parque vio al muchacho de espaldas, se veía muy concentrado. Se acercó a él y con delicadeza tocó su hombro.

-Ranma…- dijo suavemente.

-¡Ahhhhh…!- el chico saltó hasta quedar abrazado a una rama de uno de los árboles cercanos.

-¡Baja de ahí!- ordenó la muchacha algo molesta por el recibimiento de su prometido.

-¡Es que me asustaste!- se defendió molesto el chico mientras saltaba frente a la muchacha.

La chica suspiró intentando calmarse, una vez que lo logró, miró al muchacho directamente a los ojos.

-Aquí me tienes… ¿Sobre que querías hablar?

-Ehh… yo… ahh… uhh…- la mirada penetrante de la chica acabó con todo su autocontrol.

La chica suspiró desganada, conocía perfectamente a su prometido, si lo dejaba tomar la iniciativa no llegarían a ningún lado. Debía encontrar la manera de saber lo que había en la cabeza del muchacho.

-¿Me tienes miedo?- preguntó la muchacha bajando la mirada.

-¿Ehh…?

-Supongo…- la chica le dio la espalda -… que siempre será así…

Comenzó a caminar lentamente, pero la mano del chico sobre su hombro sano la detuvo.

-Akane… espera…- su voz sonaba muy profunda.

-¡Saotome muere!- Ranma tuvo que retroceder de un salto cuando una sombrilla cayó sobre él.

-¡Ryoga! ¿Que haces aquí?- preguntó el muchacho sorprendido viendo como su amigo lo miraba con furia.

-¡Hoy acabaré contigo!- decía el muchacho de la bandana señalándolo.

Ranma se puso en guardia olvidando por completo a la chica que los miraba con resignación, de pronto escucharon unos gritos. Al voltear al origen de los mismos vieron una nube de polvo que se aproximaba a toda velocidad, no tardaron demasiado en reconocer de qué se trataba.

-¡Quítale las manos de encima a la hermosa Akane Tendo!- el rayo azul de Furinkan corría alzando su espada.

-¡Ranma Akane! ¡Tengo un par de conjuntitos para que me modelen!- gritaba Hapossai con un par de brassieres en sus manos.

-¡Te maldigo Saotome!- Gosunkugui llevaba un martillo en una mano y un muñequito de paja con una trenza en la otra.

-¿Q… que hacen todos aquí?- preguntaba Ranma mirándolos atónitos.

-¡Nabiki me las pagaras!- bufaba la chica.

-¡Dulce Akane Tendo yo te liberaré de las garras de ese animal!- decía Kuno abrazando con fuerza a Akane.

-M… mi hombro…- se quejaba la chica con expresión de dolor.

-!EL ANIMAL ES OTRO!- gritaba furioso Ranma a Kuno mientras lo hacía volar por la estratosfera.

-¡Te tengo un regalito!- Ranma por poco esquivó el balde de agua que Hapossai le lanzó mientras intentaba ponerle un sostén rojo.

-¡Ya déjeme en paz viejo libidinoso!- Gritó el muchacho arrojándole la sombrilla de Ryoga que estaba tirada cerca suyo.

La sombrilla golpeó al viejo en la cabeza quién furioso arrojó un hapodaikarin, Ranma tomó a Akane llevándola lejos de la explosión la cual le dio de lleno a Ryoga que perseguía a Ranma.

La pelea continuó mientras Akane observaba todo el espectáculo con resignación.

-¡Muere Ranma Saotome! ¡Muere!- Gosunkugui a un lado de Akane clavaba el muñequito de la trenza en un árbol.

-¿Podrías dejar de hacer eso Gosunkugui?- preguntó lo más calmadamente que pudo la muchacha de cabello corto mientras una vena se saltaba en su frente.

-¡Akane me habló!- el chico olvidó completamente lo que estaba haciendo mientras se encaminaba hacía el centro de la trifulca en medio de su ensoñación.

La chica continuaba observando cuando recordó algo, Ranma le había pedido que fuera a ese lugar para hablar con ella, y cuando estaba por decirle algo los interrumpieron, y en la casa también iba a hacerlo antes de que apareciera Nodoka. Aún sentía una agradable sensación en su estómago al recordar la pequeña nota que él le dejó, seguramente era algo importante, algo que nadie más que ella podía escuchar. Debía hacer algo para acabar con la batalla o duraría horas.

-¡DETENGANSE!- gritó la muchacha.

Automáticamente todos se quedaron estáticos, como si de una fotografía se tratara, Ranma en medio estaba con el puño extendido hacia el viejo quien tenía un sostén negro en su mano, Ryoga estaba a punto de darle un puñetazo en el estómago al chico de la trenza mientras que Kuno tenía su espada en alto y Gosunkugui estaba hecho un trapo todo pisoteado en el piso intentando golpear un pie de Ranma con su pequeño mazo de madera.

La chica respiró hondo y comenzó.

-¡Gosunkugui desaparece!

-¡Akane me habló dos veces el mismo día! ¡Que feliz soy!- y así el muchacho se fue todo feliz de allí.

-Kuno mi amor…- dijo suavemente la chica poniendo cara de timidez.

-¡¿Ehh?!- Ranma la miró con una mezcla de asombro y molestia la cual ella ignoró.

-¡Akane mi amor! ¡Intercambiemos diarios!- el muchacho corría hacía Akane con un diario íntimo en su mano.

-¡No podemos!- exclamó Akane dramáticamente. –¡No mientras exista la chica de la trenza!

-¡¿Mi hermosa cabellos de fuego?! ¡Pero en mi corazón hay amor para ambas!- exclamaba Kuno con una mano extendida al cielo.

-¡En ese caso ve a buscarla! ¡Tráela aquí y demuéstrame que ella estará de acuerdo!- Ranma miraba ya con horror las ocurrencias de su prometida.

-Que corazón tan noble mi dulce Akane Tendo…- decía el muchacho con lágrimas en los ojos. -¡La buscaré por cielo y tierra y la traeré para que podamos ser felices los tres!- y así se fue caminando lentamente con su espada de madera apoyada en el hombro mientras el amanecer caía sobre Tokio.

-¡Ryoga!- el aludido se paró firme y comenzó a temblar. –Por favor ¿Podrías dejar que Ranma y yo hablemos a solas?- pidió la muchacha con una sonrisa.

-¡N… no puede ser! Ella quiere quedarse con el idiota de Saotome… siento como mi corazón se destroza en pedazos. ¡No puedo rendirme! ¡No ahora!- pensaba el muchacho con su mirada de frustración mientras caminaba hacía la chica. -¡Lo siento Akane pero no puedo hacer eso!- cuando prestó atención no vio a Akane por ningún lado. -¡Ahh! ¡Me perdí!

Y así a cinco metros de distancia Akane veía a Ryoga salir del parque corriendo repitiendo que tenía que volver a algún lugar.

-Es un buen amigo…- dijo la muchacha sonriendo ante la forma desinteresada en la que el chico de la bandana se había retirado.

-Muy inteligente Akane… pero de mi no te vas a librar tan fácil como con esos tres…- amenazó el anciano con una sonrisa maligna en su rostro. –¡No hasta que te pongas esto!- dijo sacando un sostén blanco.

-Es una pena… hace tiempo que yo… quería pues… - decía la chica volviendo a fingir timidez captando la atención del libidinoso viejito.

-¡¿Qué… qué querías linda Akane?!

-Pues… regalarle una de mis… prendas…- continuaba la chica con el teatro. –Tal vez si regreso de buen humor a la casa…

-¡Esta bien! ¡Los dejo solos muchachos! ¡Más te vale que tengas un buen desempeño Ranma!- y así sin más el viejo verde se fue tarareando una canción.

-¡¿Qué es eso de que le vas a regalar una prenda el viejo asqueroso ese?!- preguntó el muchacho de forma posesiva caminando hacia la chica.

-¿Me vas a decir para que me trajiste aquí?- preguntó la muchacha rápidamente.

-¿Ehh…? Y… yo… e… ehh…. ah…- nuevamente la elocuencia del muchacho hacía su aparición.

La chica no lo soportó más y estampó su puño en el rostro del chico.

-¡Oye que te pasa!- le gritó el chico molesto.

-¡BAKA ESTÚPIDO! ¡Pasé muchas dificultades para escuchar lo que tenías para decirme!- le gritaba la chica con lágrimas asomándose en sus ojos. –Pero parece que no era tan importante…

Veía las lágrimas de la chica caer de sus bonitos ojos, era algo que no soportaba.

-E… es muy importante…- dijo el muchacho viéndola con tristeza. –Por eso me es difícil…

-¿Qué cosa puede ser tan importante para que no puedas hablar?- preguntó la muchacha secando sus lágrimas con el reverso de la mano.

-…-

-¡Dime Ranma! ¡¿Que es tan importante para ti?!

El muchacho la miró con ternura.

-Tú…

Akane se detuvo por completo intentando descifrar lo que esa simple palabra significaba. Lo observó buscando una señal de que hubiera comprendido bien el alcance de los dichos del muchacho. Y encontró esa señal en la mirada del chico, había cariño, ternura, amor, en esa mirada, amor sólo para ella. Le sonrió, la sonrisa más hermosa sólo para él, quien respondió con una expresión boba de enamorado. Ella extendió su brazo sano atrapando el cuello del muchacho y llevándolo hacia ella, cuando lo tuvo a su alcance lo besó tiernamente en la frente, como él lo hiciera en el hospital, luego escondió su cabeza en el cuello del chico sin poder dejar de sonreír. Él por su lado se dedicó a perderse en la sensación de bienestar que ella le provocaba, perderse en su aroma, su contacto, era el paraíso. Cuando la lluvia cayó sin clemencia sobre ellos se separaron para verse a los ojos y regalarse una sonrisa llena de afecto, luego al igual que dos semanas antes caminaron juntos a casa.

Quien las viera pensaría que sólo se trataba de dos amigas a las cuales la lluvia encontró desprevenidas. Las dos chicas caminaban lentamente tomadas de la mano, una de ellas se veía sonrojada, meditabunda con un brillo especial en sus ojos, la otra se veía feliz con una enorme sonrisa, como si se hubiera sacado un gran peso de encima.

-¿Qué prenda le vas a dar al viejo?

-Tengo un par de calcetines que ya no uso…

FIN.

Hola… Bueno se terminó, espero que les haya gustado. Disculpen la tardanza pero tuve unos días muy complicados y no pude escribir, además quería que tuviera un digno final, no lo logré pero la intensión es lo que cuenta.

Muchísimas gracias a todos los que leen mis historias y a los que me dejan reviews me hacen muy feliz…

Bueno les agradezco mucho mucho, probablemente mañana o pasado arranco otra.

Disculpen si no les pongo algo personalizado a la gente que envió reviews y a la gente linda que conocí gracias , pero me estoy durmiendo y quiero publicarla ahora porque ya los hice esperar mucho.

Espero sus comentarios porque la verdad me hacen muy feliz, y me estoy volviendo repetitiva creo así que espero que todos estén bien.

Nos leemos.