Disclamer: Los personajes de SMeyer, la Summit y todo eso.


María chasqueó la lengua.

Su pie golpeaba el suelo en un rítmico movimiento, sus ojos estaban achicados por la furia y sus manos repiqueteaban contra la silla en la que estaba. Odiaba que la hicieran esperar, detestaba a la gente que era impuntual, más aún, a los vampiros a sus servicios que deberían correr (y pelearse entre ellos) por cumplir sus órdenes.

—¡Peter! —exclamó nuevamente.

Por fin apareció el vampiro ante la puerta, tenía la mirada perdida y había algo en su expresión que a María no le gustaba, pero no podía identificar bien. El salón olía a culpa y arrepentimiento, una combinación que ella detestaba.

—¿Me llamó? —su tono era respetuoso más no dócil, tranquilo pero no asustado.

Ella alzó la cabeza con dignidad, alzando la barbilla.

—Quiero que llames a Jasper, dile que deseo hablar con él.

—Entendido —bajó un poco la cabeza (no mucho) y se volteó dispuesto a retirarse.

—Y Peter...

—¿Sí?

Se puso de pie, midiendo cada paso que daba: por el ritmo de sus movimientos, bien podría decirse que era humana. Aún así, había algo en su expresión, algo sádico y tenebroso, oscuro como sus ojos, que purgaban por una sed que debía volver a ser saciada. Era su rostro contraído por una furia apenas contenida, sus ojos que reflejaban pasión, los labios entreabiertos y la piel perfecta.

Era la misma que cada noche salía a cazar, matando sin piedad con una frialdad imperturbable. La misma que en arrebatos de locura soltaba gemidos al oído de Jasper –aunque se supone, Peter no sabía nada de ello–. La misma que entonces se aproximó al vampiro, olvidando el respeto a por su espacio personal, sus rostros a escasos centímetros, ambos peligrosamente cerca.

—No vuelvas a llegar tarde.

Su aliento era frío, demasiado, incluso para ser una vampiro. Hablaba, escupía palabras, de forma ácida. Las finas y rojas líneas de su boca se curvaron hacia arriba en un amago de sonrisa, cruel. Un roce, ligero, casi suave. Después, la arrebatadora figura de María sobre él, mordiendo, tocando y marcando territorio... O eso creía, ella seguía frente a él, sin moverse.

Y se marchó, dejando a Peter confundido y con la sensación de sus labios (que, a pesar de todo, nunca llegó a sentir) sobre su piel.


No tengo ni idea de como es Peter, así que no sé si quedó OoC :S. Tampoco sé porque hice esto, al final decidí que por haber llegado a leer el millón de palabras en 1001fics (link en mi profile). Como siempre: críticas, sugerencias y demás al botón verde :D