La siguiente semana transcurrió asombrosamente rápido

Hola de nuevo chicas, aquí les traigo una nuevo capitulo, más largo y mucho más serio que el anterior.

Muchísimas gracias a bella cullen Swan, MaKAkiSs, Sweet-Sugar-894, mary-loki, The little Cullen, HeRiAn.De.LioNcoUrT, pilikali, Samanta-m, Yuliss, C-Marian-T-H-Cullen, andy-cullen, threenames, Geila Potter-Weasley, monse, montse, dianita cullen.

Como ven esta vez fueron 16 personas las que me dejaron sus reviews, y quiero que ellas sepán que se lo agradezco en el alma.

Y ahora si más, disfrutad del capitulo!


La siguiente semana transcurrió asombrosamente rápido. Por las noches seguía perdido en mis recuerdos, con las mantas cubriendo mi cuerpo y arrastrándome por las arenas del tiempo. Sin embargo, cuando llegaba el día, mi mente parecía activarse. Abandonaba el letargo que me había dominado por más de un siglo, y me concentraba en mi objetivo. Porque por primera vez desde que Ella despareció de mi vida, tenía algo por lo que luchar, por lo que seguir existiendo.

Debía reconocer, aun así, que mi búsqueda no estaba dando demasiados resultados. Concretamente, ninguno.

Había registrado las mentes de todos los asistentes al instituto, había acudido al registro civil, en busca de alguna prueba que me indicara que ella vivía en el pueblo, e incluso había tratado de robar – dado que me negaron el acceso cuando se los pedí al conserje voluntariamente – los archivos de todos los alumnos del centro, pero para mi sorpresa, el cajón que debía contener dichos informes se hallaba vacío.

Alguien se me había adelantado, no había otra explicación, y la presunción de que había sido exactamente ella quien lo había hecho, no se me apartaba de la cabeza.

¿Pero qué motivos tendría para hacerlo? ¿Acaso sospechaba que yo trataría de encontrarla? ¿En todo caso, sabe siquiera quien y que soy? ¿Y a qué se debe esa mirada de profundo odio que me dedico?

Tenía un millón de preguntas como aquella, no obstante estaba seguro que todas y cada una de ellas se resolvería una vez contestada la pregunta principal. ¿Quién era ella?

Bien, desgraciadamente debería esperar a encontrarla para averiguarlo.

Tan decido y ansioso como siempre, me escurrí de entre las mantas y me dirigí hacía el coche. Nuevamente, y tal como se había vuelto costumbre, fui el primero en llegar.

Casi al instante aparecieron Jasper y Alice, y poco después Rosalie y Emmet.

Por suerte ellos parecían haberse acostumbrado a mi nueva actitud, y sus pensamientos ya no revoloteaban en torno mío. Aproveche esa tranquilidad para rememorar mi breve e infructífera, pero curiosa entrevista llevada a cabo ayer en la mañana.

Me encontraba en el almuerzo, preparándome para asistir a la siguiente clase, biología, pero con los pensamientos perdidos en mi frustrante búsqueda.

Fue entonces cuando lo contemple entrar en el comedor, y la imagen me golpeó de frente recordándome que no era la primera vez que lo veía, solo que la anterior había estado demasiado ocupado fijándome en su acompañante para prestarle atención.

Era sin duda, el chico que la acompañaba a ella la primera vez que la vi.

Sin para a razonar con cordura, me encamine hasta él rápidamente. Mi familia se quedo asombrada por mi comportamiento, pero no me importo; ya inventaría una excusa más tarde.

Observé como el joven abandonaba la cola de la comida con la bandeja servida y se encamina a una mesa vacía. Lo seguí. Él no pareció percatarse de mi presencia hasta que estuve sentado a su lado.

Se giró sobresaltado, pero la sorpresa solo duró unos instantes, en seguida sus ojos oscurecieron y me miraron con odio

- ¿Qué es lo que quieres? – preguntó enfadado. Contrariamente a lo que solía suceder no parecía intimidado por mi presencia, lo cual me sorprendió bastante.

De todos modos, si trataba de recordar bien el día que la vi por primera vez, él no parecía odiarme, de echo a penas se percató de mi presencia. Fueran cuales fuesen sus sentimientos por mi, era recientes, y sin lugar a dudas influenciados por una tercera persona. Solo podía haber sido ella, pero ¿por qué?

Trate de hallar la respuesta en su mente, pero lo único que obtuve fue un profundo te odio escrito en su mente en más de cien idiomas y con miles de texturas y colores diferentes. Eso explicaba la extraña expresión de concentración que surcaba su rostro.

Sin embargo, era demasiado extraño. ¿Por qué demonios dedicaría todos sus esfuerzos en pensar en eso? ¿Es que acaso conocía mi secreto? No. No. Me calme. Eso era imposible.

- Necesito hablar contigo – dije al fin lo más educadamente que me fue posible. Espero en silencio a que prosiguiera – Necesito información sobre la chica que te acompañaba el otro día.

Puedo estar seguro que en el momento en que dije esas palabras, la mirada de odio que me dedico aumento considerablemente. Aun así respondió.

- No tengo ni idea de que me estas hablado. Hay demasiadas chicas a mi alrededor – giró la cabeza indicando a todas las estudiantes que se encontraban en el comedor – No tengo idea de a cual te refiero.

Mi pecho ardió en ese momento, y necesite todo mi autocontrol para reprimir un gruñido.

- Ella no es como las demás – traté de explicarme – y tú sabes a quien me refiero.

Clave mis ojos en él tratando de hallar la respuesta en su mente, pero pareció cerciorarse de mi intención porque replicó sus esfuerzos. Las palabras te odio desaparecieron de su mente, y por el contrario ahora se concentró en las miles de maneras que utilizaría para torturarme si estuviera a su alcance. Algunas de las más destacables fueron quemarme vivo, arrancarme la piel a tiras o el desmembramiento.

Aun así, durante una pequeñísima fracción de segundo, me pareció percibir las palabras vampiro cabrón revoloteando por su mente. En seguida rechace esa idea por estúpida. Pudiera ser que me odiara, pudiera ser que deseara matarme, pero era ridículo imaginar que el supiera una mínima parte de mi secreto.

- Como te he dicho, estoy rodeado de chicas – insistió testarudamente – aunque si yo fuera ella, me mantendría bien alejada de ti, no vaya a ser que te de, de nuevo, por destrozarle la vida.

Sus palabras me irritaron, aun así logré fijarme en un significativo de talle. La expresión de nuevo, indicaba como si ya lo hubiera hecho otra vez, como si me conociera de antes y ya me hubiera juzgado por actos semejantes, lo cual era una reverenda tontería.

Decidí guardarme mis conclusiones para después, antes debía contestar a sus irritantes palabras.

- Me parece bien que no la conozcas – pause – pero te advierto una cosa: con o sin tu ayuda, la voy a encontrar, y no descansaré hasta tenerla frente a mi; aunque me lleve una vida.

Mis palabras parecieron hacer mella en él, porque su rostro se contorsiono durante unos instantes. Finalmente me miró a los ojos, algo en ellos había cambiado, y la decisión enmarcaba su rostro.

- Escúchame bien, hijo de puta – sus labios destilaban veneno mientras hablaba – Por tu bien, mantente alejado de ella y de cualquier cosa que tenga que ver con ella, porque de lo contrario me encargaré de convertir tu vida en el peor de los infiernos, y créeme que tengo los medios suficientes para hacerlo.

Sus palabras me dejaron estático, y la furia llenaba mi cuerpo convulsionándolo. Nadie, jamás, ni siquiera en mi vida humana, se había atrevido a hablarme de ese modo, y mucho menos a decirme semejantes palabras. Desde luego ese imbécil no tenía ni idea de con quien se estaba metiendo.

Menudo idiota había sido al pensar que él podría saber mi secreto. Ja. Si así fuera jamás se hubiera atrevido a hablarme de es modo, lo que es más, creo que habría salido huyendo ante la primera mirada amenazadora que le hubiera dedicado.

Sonreí torcidamente ante ese idea. ¿Cómo se lo tomaría aquel chico si supiera que acababa de amenazar a un vampiro de más de dos siglos de antigüedad?

Debí de tardar demasiado en volver a él mi atención, porque cuando lo hice, ya sabía marchado y yo me encontraba solo en la mesa.

¡Maldición! Pensé. Se me había escapado. Ya no recordaba lo engorroso que era tratar con alguien cuyos pensamientos me estuvieran ocultos, o en todo caso, deformados. Esa idea me hizo sonreír.

Bella. Mi dulce Bella. Su mente siempre fue un misterio para mi. Jamás comprendí la perfección de sus pensamientos, nunca llegué a entenderla del todo. Bella. Mi Bella. ¿Por qué un ángel como ella me había elegido a mi, un monstruo, para compartir su vida conmigo?

No importaba. Esa decisión había sido errónea. Erróneo yo, porque mi propio egoísmo me había impedido verlo.

Por suerte reaccione a tiempo. Una luz como ella esta destinada a brillar, a brillar en la penumbra, no a permanecer en las sombras con algo como yo. Estoy seguro que en un momento de su vida ella lo comprendió así, y fue feliz, feliz como no podría haberlo sido a mi lado.

Sin embargo, había otra persona cuyos pensamientos también me estaban vedados, una persona que además era prácticamente idéntica a bella, una persona por la cual yo revolvería cielo y tierra hasta encontrarla. Y lo lograría.

Firmemente decidido a continuar mi búsqueda, aparqué el coche en la cera del instituto y me despedí de mis hermanos.

Las dos primeras clases transcurrieron con lentitud. Ya no me dedicaba a vigilar los pensamientos de todos los estudiantes que me rodeaban – en parte porque había perdido la esperanza de que su mente se centrara en Ella, en parte porque resultaba demasiado irritante el saber todas y cada una de las fantasías que desarrollaban mis compañeras de aula en relación conmigo en lugar de prestar atención a las clases –por lo que ahora me aburría mucho.

Solo deseaba que llegará la hora del almuerzo para cerciorarme de si el chico estúpido – como le había denominado en mi mente, a pesar de saber que su nombre era Jacob – acudía hoy a clase después del incidente de ayer, y quien sabe, quizá volver a cruzar ciertas palabras – amenazas si era necesario – no fuese tan mala idea.

Por desgracia todavía me restaba una clase: biología.

De por si la clase ya me resultaba lo suficientemente aburrida – teniendo varios doctorados en la materia, y añadiéndole a un padre que se encontraba entre los médicos más prominentes de los Estados Unidos, no había mucho que me restara aprender sobre el tema – pero tenía la impresión de que en esa ocasión se me iba a hacer interminable.

Entre en el aula temprano, con la extraña y errónea impresión de que cuanto antes comenzara la tortura antes tendría que acabar.

Me senté en mi asiento de laboratorio, el único que estaba libre de toda la clase y trate de armarme de paciencia para resistir lo que quedaba de hora, sin caer en la irresistible tentación – tal como una vez lo había sido su sangre - de ponerme a pensar en Ella, en Bella.

Sabía que si lo hacía no lograría salir de mi ensimismamiento en lo que restaba de día, lo cual me impediría continuar mi ansiada búsqueda. A pesar de la tentación, decidí que eso era algo que no me podía permitir.

Escuche los pensamientos del profesor acercarse, centrados en la prueba de laboratorio que hoy llevaríamos a cabo. Reconocer el estado de una raíz de cebolla con la ayuda del microscopio. Ningún problema.

Justo me encontraba recogiendo los libros que había sacado – pero que debido a la sorpresiva prueba no iba a necesitar – cuando una melodioso, única y cautivadora voz me hizo olvidar todo lo que hasta entonces tenía sentido.

- Disculpa, pero estás ocupando mi sitio.

En un primer momento me sobresalté, no había oído los pensamientos de nadie acercase a mi, pero una milésima después, sentí como el pecho comenzaba a arderme.

Esa voz, la voz que me había hablado..., yo ya la había escuchado antes, ya me había cautivado antes, pero se suponía que había muerto.

Tranquilízate, me dije. Estas apresurando las cosas.

Aun así, milésimas de segundo antes de girarme, yo ya sabía quien era la que me había hablado.

No me equivoque. La joven a la que yo había estado buscando tan desesperadamente durante las últimas semana y media, estaba ahí, frente a mi, mirándome con expresión apática, pero sin el profundo odio que demostró la primera vez que nos vimos. Era tal mi estupefacción que legué a pensar que había sido yo quien había malinterpretado las cosas.

Pese a todo permanecí inmóvil, paralizado, incapaz de moverme.

Era... era tan idéntica a Ella. Muchísimo más de lo que había pensado en un principio, si es que eso era posible.

Tan hermosa, tan dulce, tan Bella. No podía concebir como dos personas podía ser tan iguales sin ningún tipo de vinculo, simplemente por coincidencia.

Pero allí estaban sus ojos, dorados como gruesas piedras de oro, fríos como mi propia piel, para recordarme que realmente no era Ella.

Aun así continué contemplándola. Debí reconocer que ni siquiera mi extraordinaria memoria de vampiro me había permitido guardarla en toda su belleza, en su magnifico esplendor. Era simple y llanamente perfecta.

Decidí entonces concéntrame en su olor, saber continuaba siendo tan perfecto e irresistible como lo era antes.

No lo era. Algo dentro de mi gruñó con impaciencia. Durante unos segundos había creído que realmente era Ella, que Bella se encontraba realmente frente a mi, a mi lado. Pero la diferencia de aroma era clara y reveladora. Ella no era Bella, por mucho que se le pareciera.

Aun así, a pesar de la diferencia general, había algo; parecía como si realmente el olor de Bella estuviese dentro de Ella, muy en el fondo, modificado ahora por miles de fragancias diferentes, pero guardando su esencia en el interior. Me pregunte si no sería que me estaba volviendo loco, una posibilidad que ya había considerado, demasiadas veces, en el pasado.

- No importa. Tomaré el asiento de al lado. – Su voz llegó a mi desde muy lejos, pero la melodía proveniente de su garganta logró traerme de vuelta a la realidad, hasta percatarme de que se estaba acomodando en el asiento de al lado.

- Lo siento – susurré, aun confuso.

- No ha problema – repitió, pero su voz se había tornado algo agria, y el enfado era visible en sus ojos. Aun así, cuando los contemplé fijamente, incapaz de apartar la mirada, me di cuenta que había otra cosa en ellos, un sentimiento mucho más profundo que trataba de camuflar. Me pregunte que sería, y si tendría relación conmigo. A pesar de lo estúpido que sonaba – a penas nos había visto un par de minutos y en tan solo dos ocasiones, una de ellas muy breve, casi inexistente – estaba convencido de que tenía relación conmigo. – Y deja ya de mirarme – agregó irritada.

- Lo siento – volví a susurrar, avergonzado, y con todo el autocontrol que me fue posible me obligué a apartar la vista y fijarla en el profesor, fingiendo que escuchaba sus palabras.

La sentí cuando se acomodo a mi lado, pero retirando la silla lo más posible de donde yo estaba. Quien sabe, quizá la reacción natural de los humanos al toparse con los de nuestra especie si estuviera presente en Ella.

No obstante, y a pesar de saber que aquello no era lo correcto, la necesidad de contemplarla, de admirar su hermoso rostro y aspirar su perfume crecía por momentos. Sabía que no tardaría demasiado en rendirme a esa necesidad.

Al fin y al cabo, ¿cómo reaccionar cuando después de más de un siglo de vacía existencia, te cruzas por casualidad con una persona que es idéntica a la persona amada, aquella por la que has estado suspirado por más de cien años; la luz en tu eterna noche, el ángel que guía tu vida.

Inevitablemente, no te bastaría con observarla disimuladamente un par de segundos, menos aun si te encuentras a escasos centímetro de su piel, de su perfecto cuerpo.

Una parte de mi – la más correcta, la que me obligó a separarme de Bella por su propio bien – sabía que debía hacer lo mismo con esta joven, distanciarme de ella, ignorarla tal y como parecía que Ella hacía.

Sin embargo, aquella parte había ido perdiendo fuerza. El tiempo, la miseria, el sufrimiento, la eterna agonía..., había ido extinguiendo lo que quedaba de ella, culpándola del amargo destino.

No me arrepentía de lo que había hecho, pues estaba seguro que gracias a ello Bella había logrado disfrutar de una vida plena y feliz junto a sus seres queridos. No obstante, si el tiempo volviera atrás y tuviera que hacerlo de nuevo, se que no tendría valor para ello; probablemente ni siquiera me negaría a su petición de convertirla en un monstruo. No si eso equivalía a disfrutar juntos la eternidad. No ahora que sabía lo que era la eternidad sin Ella.

D igual modo, sabía que ahora no era capaz de resistir la necesidad de contemplar a mi compañera de laboratorio, esa joven de mirada fría pero tan idéntica a mi Bella.

- Yo lamento haberte quitado el sitio – me excuse. Necesitaba una excusa para contemplarla, para hablar con Ella, para deleitarme con el sonido de su voz – Soy nuevo aquí, y nadie me dijo nada.

Su mirada fue cortante. Apenas termine de excusarme cuando replicó:.

- Ya dije, no es problema. – Su tono fue cortante y frío, una manifestación evidente de que no deseaba continuar con la conversación. Aun así insistí.

- Soy Edward Cullen, encantado de conocerte – me presenté, tendiéndole mi mano.

Sabía que era un gesto imprudente, que probablemente se asustaría al comprobar lo fría que estaba, pero el deseo de tocarla, de sentir su tibia piel sobre la mía, fue mucho más poderoso.

Para mi sorpresa ella la rechazó.

- No puedo decir lo mismo, gracias. – Me sorprendió el tono amargó de su voz y la fuerza con la que cerro sus ojos, tan solo un segundo.

- ¿Estás enfadada conmigo? – pregunté, sin poder resistirme. Ella me miró como si estuviera loco, aunque pude apreciar la furia acomodarse en sus pálidas mejillas. Ahora que las contemplaba con detenimiento, pude apreciar que incluso eran más blancas que las de Bella.

- ¿Disculpa? – su pregunta era irónica. Claramente estaba molesta conmigo. Aunque quizá tuviese razones para estarlo, después de todo me estaba comportando como una especie de acosador en proceso.

- Lo siento – me disculpe suavemente – Creo que no estoy siendo muy educado – mis palabras parecieron atravesarle, pues se mantuvo inmóvil, con la vista al frente, ignorándome. Decidí ser sincero. – Es solo que me recuerdas demasiado a una persona muy preciada para mi – mi voz temblaba. Era la primera en más de un siglo que me atrevía a hablar de Ella en voz alta. – Ella era muy importante en mi vida, pero ya se perdió. Y al verte a ti... la sentí cerca de nuevo, perdí el control de mi mismo, pero me disculpo si te he ofendido. Es solo que sois tan idénticas.

Su rostro seguía inmóvil, pero mientras hablaba me apreció sentir como un pequeño escalofrío le recorría el brazo, el cual ahora se encontraba muy firmemente sujeto en su mano. Perdí todas las esperanzas, ella no iba a responder. Sin embargo, al cabo de unos minutos lo hizo.

- Háblame de ella – pidió. Su voz era apenas un susurró, y me pareció como si todo ese tiempo se hubiera estado debatiendo entre hacer la pregunta o no hacerla.

Estuve a punte de negarme. Jamás había hablado de Bella en voz alta desde su partida, pues estaba seguro que eso solo aumentaría el dolor, el mío y el de quienes me rodeaban. No obstante, le hecho de que al fin no parecía reacia a escucharme, me hizo decidir.

- Ella era... – no había apalabras que la describieran, menos aun con su reflejo en frente, recordándome su perfecta hermosura. Empecé por lo más sencillo – Físicamente era como tu, solo que con los ojos marrones... y más cálidos. Era hermosa, mágica. Era especial. Generosa, valiente, sumamente torpe y un imán para los peligros– exprese su único defecto entre risas. Para mi, más que un defecto, era una virtud. La virtud que me permitía salvarla en cada momento. – Ella era mi vida, mi razón de existir, la luz en mi oscuridad, mi ángel de la guarda. Ella era mucho más de lo que yo merecía, y aun así lo hubiera dado todo por Ella, porque se mantuviese a salvo, por su felicidad.

Por un instante me costó comprender donde me encontraba. La descripción de Bella me había hecho perder la noción del tiempo y de las cosas, y el hecho de contemplarla mientras hablaba, sino a ella a alguien completamente idéntico – lo cierto es que había cerrado los ojos mientras me escuchaba, y en esa situación, más que en ninguna otra, había visto en ella el reflejo de Bella, sino a Bella en persona – había resultado embriagador y perturbador al mismo tiempo.

Aun así, una vez deje de hablar y regrese a la realidad, la ansiedad por como reaccionaría ella ante mi relato se apoderó de mi.

La contemplé, verdaderamente se veía afectada. Su respiración se mantenía agitada y había colocado sus manos sobre sus ojos en afán, supuse, de serenarse.

Finalmente apartó las manos, abrió los ojos y se giró a mirarme. El odio resplandecía en ellos profundamente, con una intensidad asombrosa. Nunca, en toda mi existencia, había contemplado una mirada más peligrosa que esa, y tan solo una – la mirada de Bella al despedirme – me había dolido tanto.

Espere a que hablara, presintiendo que no tardaría en descargar toda su furia contra mi. Sin embargo, me equivoque.

- Buen intento – fue todo lo que dijo, y no me paso desapercibido el pequeño tiemble de su voz al hacerlo.

En ese instante, desee más que nunca – y a sabiendas de que no era posible – introducirme en su mente y descubrir lo que pensaba directamente desde sus pensamientos.

Concentré todo mi poder en su mente, olvidándome de todas las demás, deseándolo con todas mis fuerzas. Por desgracia, el esfuerzo fue en vano.

Sin embargo, un fracción de segundo después, mientras sus ojos chocaban con los míos y la intuición brillaba en ellos, antes de que ella apartara la vista presurosa, me vi atrapado en una especie de neblina extensa similar a aquella que te invade en sueños, y supe que había entrado en su mente, o quizá, en sus recuerdos.

Era de noche, me encontraba en una habitación bastante grade, pero muy antigua, de finales del siglo XVII. Al principio creí que me hallaba solo, pero no tarde en percatarme de unos suaves sollozos que inundaban la habitación.

Recorrí con mi vista la habitación detenidamente, es busca de su origen. Por desgracia, y dado que no se trataba de algo real, yo no podía usar el olfato y mis demás sentidos para moverme. Pese a ello no tarde demasiado en hallarla.

Era una joven con un vestido blanco de época, a juego con la habitación. Se hallaba acurrucada en una esquina, sollozando. No logré verle el rostro, debido a su postura inclinada. Aun así, algo en su pelo moreno, recogido con firmeza en un moño que debió ser elegante en su momento – ahora se hallaba deshecho, con numerosos mechones de pelo sueltos recorriendo el contorno de su rostro – se me hizo familiar.

Trate de acércame a ella, pero me alertaron unos extraños ruidos en la puerta; alguien se acercaba, y yo decidí esperar a ver quien era, al fin y al acabo, eso no era real, yo no podía interferir.

La puerta se abrió y por ella apareció un hombre de unos veinte años. Era bastante atractivo, y me recordaba a alguien, como si fuera una de las muchas personas con las que había convivido en mi eterna existencia.

Rudamente se acercó hasta la joven y la encaró hacía él, manteniéndola de espaldas a mi.

Sus ojos resplandecían furiosos pero sus labios se deformaron en una cruel sonrisa.

- ¿Qué? ¿acaso el hijo de puta de tu novio ese, se acostó contigo antes de marcharte y por eso te da tanto miedo que yo lo haga ahora? – sus palabras era crueles, pero no podía estar seguro de que la joven escuchará. Su cuerpo se veía muerto, y estuve segura que solo lograba permanecer de pie porque él la sostenía – No respondes a eso ¿no? Es porque tengo razón ¿a qué si?

La joven seguía sollozando, supe que era incapaz de hablar, aunque de haber podido tampoco se si lo habría hecho.

Sentí unas ganas terribles de matar a un hombre tan odioso, y por alguna razón, el sufrimiento de la chica me atormentaba el alma. Tuve que recordarme que aquello no era real, que no había nada que yo pudiese hacer, salvo seguir observando.

- Puta, más que puta – sus insultos me estremecieron y desee más que nunca ver el rostro que ese monstruo – porque él era incluso más monstruo que yo – estaba lastimando. Estuve seguro de que era hermoso. – Pero no me importa. Tú eres mía ahora. Mi esposa – escupió la palabra rodeada de una risa macabra – Yo pague por ti. Pagué las deudas de tu estúpido padre y ahora me perteneces. Así que ya puedes llorar lo que quieras porque nada impedirá que seas mía, ni esta ni las demás noche de tu vida.

Su discurso me dio ganas de vomitar, y el deseo de matarlo allí mismo se convirtió en una necesidad; pero él ya había dejado de hablar, se encontraba demasiado ocupado lamiendo el rostro de la joven y desgarrando su vestido con las manos libres. Ahora que lo pude apreciar bien, me di cuenta que era un vestido de novia.

La repulsión crecía en mi dejando paso al dolor. Sufría, sufría por lo que le estaba ocurriendo a esa joven, por lo que le estaba a punto de ocurrir. Nuevamente trate de calmarme. No es real. No es real. Pero aun así el dolor que yo sentía al verlo si que lo era.

Observé como la arrojaba sobre la cama, y el rostro de la muchacha caía muerto hacía el lado contrario de donde yo estaba, con los ojos enfocados a la pared hallada frente a mi.

Los sollozos había finalizado, durante un segundo la ira me embargó y temí que estuviera muerta, mas no era así, su corazón seguía latiendo, lentamente, a un ritmo regular. Fue entonces cuando me percaté que su mente la había abandonado, ahora solo quedaba su cuerpo, y después la locura, el abominable vacío.

Este hecho no pareció importar al cabrón que la había destrozado. Por el contrario parecía verse muy ocupado lamiendo y retorciendo los pechos de ella, ahora al descubierto. Jamás en mi vida había visto un acto tan abominable, y eso que yo había cometido muchos.

En menos de un segundo ya la había despojado por completo de cualquier prenda que la cubriera, y se entretenía manoseándola ávidamente por todo su cuerpo, deteniéndose con especial énfasis en algunas partes.

Mi estómago se revolvía, solo quería escapar de allí, si no estaba en mi mano ayudarla, no quería ver como terminaba todo; no podía, no sin volverme loco.

No obstante, pese a todos mis esfuerzos por apartarme, por regresar a la realidad, una fuerza externa en mi mente me obligaba a seguir contemplando.

Ahora el hijo de puta la había tomado violentamente del pelo, alzando su rostro, tratando de introducir su podida lengua en la boca de ella. Mas le resultaba imposible, pues el rostro de la muchacha caía inerte hacía el otro lado.

Furioso, alzó su puño y lo estrelló contra su mejilla. Ella no grito, pero pude apreciar como un hilillo de sangre escurría de su boca al mismo tiempo que su rostro giraba veloz, debido a la fuerza del golpe, hasta detenerse en mi.

Me sentí paralizado, muerto, estallando en mi pedazos de dolor diferentes.

Aquello no era real, era una tortura, un sueño, una pesadilla. Aquello era el infierno. El castigo por todos los actos de maldad cometidos en mi vida, por ser un monstruo. Pero ni en mis peores pesadillas podía haber imaginado que fuera tan duro, tan insoportable.

Todo mi cuerpo estallaba, mi pecho ardía, mi alma – porque en ese instante supe que si la poseía – era apartada de mi. La agonía era terrible. Solo deseaba morir. Morir. Morir.

Trate de recordar un dolor semejante, y me vino a la mente mi transformación como vampiro. Pero no. Eso no era nada comparado con lo que sentía ahora; eso era el cielo, el cielo comparado con la agonía que sentí en el instante en que los cálidos ojos marrones de la joven que estaba siendo brutalmente violada, se posaron en los míos.

Bella. Mi Bella. Mi cielo. Mi amor. Mi alma.

Pero no podía ser real, no podía serlo, y aun así me negué a apartar la vista de ellos, de esos ojos que me miraban agónicos desde la cama, mientras el demonio que estaba sobre ella la hacía suya con gritos de triunfo.

Muerte. Muerte. Muerte. Oscuridad. Sufrimiento. Castigo. Pero no eso. No eso. Porque eso era algo más de lo que yo podía soportar.

Mi mente moría. Podía percibirlo. Un segundo más y nunca regresaría a ser yo mismo. No podría. No lo sería.

Y la oscuridad se hizo a mis ojos y todo desapareció.

La pesadilla – si es que era eso lo que había sido realmente – había desaparecido. Por ahora.

Abrí los ojos, y me encontraba solo en el aula. Giré la vista en dirección hacía la salida. Para mi sorpresa, ella se encontraba allí, esperándome.

Un ligero espasmo de alivio me recorrió el cuerpo. Era fácil suponer que todo era mentira, que nada había sido real, cuando ahora la veía sana y salva frente a mis ojos – a Ella, o a alguien que se le parecía mucho, demasiado.

- Cullen – me llamó – deberías darte prisa. – La examine detenidamente. Era mi impresión, o el odio que solía brillar en sus ojos había sido sustituido por la tristeza y la... ¿culpa? – La clase ha terminado, y harías bien en olvidarla. El señor Wendon pertenece al pasado. No ha sabido evolucionar con el paso del tiempo.

Yo seguí contemplándola, pero ella desapareció una vez terminó de hablar, dejando a la duda carcomiéndome.

¿Qué habrían sido sus palabras, simples afirmaciones referentes al viejo profesor y a la clase oxidada, o había algo más, algo que intentaba decirme pero sin hacerlo?

Y ante todo, mucho más importante que ella. ¿Qué había sido ese tipo de visión – o lo que fuese – que me había asaltado mientras trataba de invadir su mente?

¿Había sido una alucinación, o realmente Bella, mi Bella, había tenido que pasar por todo aquello, todo lo que yo había visto?

No. Imposible. Eso no podía ser cierto, porque de serlo, yo no podría soportarlo, y el mundo entero habría de temer mi furia. Si fuese cierto.

Pero no lo era.

Espero que os haya gustado esl capi, como dije al principio ya no es tan infantil/sano/inocente como los anteriores, pero bueno, por eso esta en ranking M, o no?

Espero que os haya gustado y por favor, si de verdad deseáis que continué, no dudéis en mandarme un hermoso reviews.