Hola amigas!
Estoy segura de que muchas de vosotras – sino todas – os sorprendéis de verme de nuevo por aquí. Probablemente pensasteis que había abandonado el fic y si, ciertamente esta fue mi intención hasta hace un par de días, sin embargo, por más que yo quisiera olvidarme del fic y seguir hacia delante, vuestros reviews seguían llegando e incluso nuevos mensajes que indicaban que habías hecho de esta historia vuestra favorita.
Por ello me pareció muy injusto dejarlo así, a mitad, ignorando vuestras suplicas y peticiones. Al fin y al cabo, ¿qué sería un fic sin reviews? Absolutamente nada. Es por eso que, como escritores, mantenemos un compromiso con nuestros lectores, un compromiso que me ha impulsado a volver a escribir, aun después de meses sin hacerlo.
Mis motivos para dejarlo fueron sencillos y muchos de ustedes pensaran que lo utilizo como simple excusa, pero no es así.
Desde que leí por primera vez Crepúsculo, supe que esa saga me habia llegado al alma, convirtiendo en mi favorita. Los personajes – Edward, Bella, Alice – dejaron de ser eso para mi, convirtiéndose en compañeros y amigos dentro de mi vida. Reía y lloraba con ellos, y ellos fueron los que me impulsaron a escribir este fic, sentados a mi lado. Pero todo cambio tras leer Breaking Dawn.
Se que las opiniones al respecto son variadas y de verdad no quiero ofender a nadie, simplemente, a mi el libro me desilusiono. Dejo por los suelos la imagen de esas personas tan queridas, acabo por completo con la magia que me mantenía unida a la saga – la decepcionante boda, la noche de bodas inexistente, el posterior embarazo, la llegada de Renesme, su imprimación con Jacob, la frustrada lucha contra los volturi, y ante todo, la falta de romanticismo entre Edwrad y Bella – fue más de lo que pude soportar y, no por puro enfado, decidí olvidar la saga, al menos temporalmente. Fueron estas situaciones las que me hicieron imposible el continuar escribiendo.
Sin embargo, los meses pasaban y yo echaba de menos las divagaciones de Bella y los encantos de Edward, y por qué no, las visiones de Alice, hasta que finalmente me di cuenta de que no importaba el final de la saga, lo que importaba era la saga en si misma. Y por mucho que me hubiera decepcionado un único libro, no debía decir NO a lo anteriores. Así pues, hace apenas una semana volví a releerme todos los libros – exceptuando el último – miré también algunos fanfiction y me vi los trailer de la película. Únicamente cuando sentí que los personajes volvían a estar a mi lado me di cuenta de que podía retomar esta historia, que seguía viva gracias a los constantes reviews que vosotros me enviabais.
Y ahora, tras mis disculpas y está explicación tan tediosa que seguro, ni siquiera habréis podido leer, por miedo a morir de aburrimiento, regresamos al fic, y espero que disfrutéis del capítulo.
Esa noche no regrese a casa; sabía lo que me esperaba y no estaba preparado; no para sus miradas esperanzadas, y menos aun para sus ojos precavidos. Me sentía frustrado, por todo; y necesitaba estar solo para solucionarlo.
En mi mente estaba claro. Esa chica, Isabella, no tenía nada que ver con Bella, nada aparte de su similitud física. Y como mucho, mucho… la sugerencia de Emmet. No creía que fuera una reencarnación, pero la idea de que, en realidad, si fuese descendiente de Bella – su bisnieta, o su tataranieta –, no sonaba tan descabellada.
Hasta ahí llegaba mi parte racional. Lo otro, era otra historia. Porque otra parte de mi, por mucho que deseara negarlo, si creía realmente que ella era Bella. Mi Bella. Pero no era una parte racional, era más bien… una corazonada. Me lo decía el corazón. Mis reacciones cuando ella estaba cerca, como si volviera a latir… y aquellas visiones tan extrañas que aun no había comentado con nadie, y ciertamente, no tenía intención de hacerlo. Esas imágenes eran solo mías; mi secreto. La última esencia de Bella en mi cuerpo.
Pero aun así, no tenía sentido guiarse por corazonadas; porque solo eran eso, sentimientos abstractos, reacciones, nada sólido y concluyente. Y lo peor de todo era que no tenía ninguna otra forma de averiguarlo.
Mis opciones acaban ahí, y no podía afirmar o denegar cualquiera de ellas. No había modo. Ella no hablaría conmigo, y Jacob… claramente no era una opción. Por mucho que sus pensamientos no fueran privados, no encontraría en ellos nada que me fuera útil. Estaba seguro. Y no sabía que hacer.
Bueno, en realidad… si tenía una idea, pero seguía siendo demasiado cobarde para llevarla a cabo.
La opción más lógica – la única opción – era ir directamente a la fuente. Al último lugar visitado por Bella, o al menos el último del que yo tuviera consciencia. El lugar fatal. Aquel que fue testigo del resurgimiento de mi alma, y de su posterior caída en el más profundo de los infiernos; aquel en el que compartí los mejores días de mi vida, y auqel en el que tuve que decir adiós… Forks.
Forks era mi única opción.
Pero no me sentía preparado para afrontarlo. Hacía más de un siglo que no visitaba ese lugar y hacerlo sabiendo lo que me recibiría allí… tan solo el vacío. No me sentía preparado, pero era la única forma y necesitaba decidirme. Ir allí y descubrir lo que fue la vida de mi ángel, o abandonar este lugar y todo lo que queda de ella.
La decisión era difícil, pero me basta concentrarme en su rostro, en su cuerpo, en el más mínimo detalle de su piel, para saber que la decisión ya estaba tomada. Quizá nunca hubiera tenido elección. Ella era mi vida, y yo necesitaba descartar cualquier opción de volver a encontrarla, aun si tan solo fuera de lejos, antes de proseguir con mi vida – o con mi muerte.
Rápidamente, sin preocuparme de humanos observadores gracias, corrí – volé – hasta casa y hasta Carliste. La familia se reunió y escucho mi decisión.
Algunos se opusieron, tachándolo de ridículo y de una forma más de hondar el pasado – Rosalie – otros, como Alice y Esme, se ofrecieron a acompañarme. Pero todos respetaron mi decisión – no les deje otro camino – y mi decisión era marcharme, y lo haría solo.
Como condición, solo me exigieron la promesa de que cuando hubiera averiguado lo que querría averiguar, volvería a casa; y yo lo prometí, obviamente. Lo que no les dije es que dependiendo de lo que averiguase, mi visita sería realmente corta, y ya no podrían encontrarme en ningún otro lugar de este planeta, por mucho que buscaran.
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Las siguientes semanas resultaron bastante duras, pero consideré eso un pago a todos los crímenes que había cometido a lo largo de toda mi existencia. Tampoco es que lo recuerde con precisión, es la etapa de mi vida inmortal más borrosa.
Hubo gran dolor y agonía al revivir los lugares – algunos ya destrozados, como su casa, y otros reformados, como la Academia – que compartí con ella. Pero nada comparado con los recuerdos.
Y, aun así, lo peor de todo, el momento en que sentí que un clavo ardiente me atravesaba el alma, fue cuando descubrí su acta de compromiso. Dos años después de yo haberla abandonado, ella contrajo matrimonio con el bastardo de Newton, lo cual, además de ser malo en si mismo, confirmaba el contenido de las visiones que yo había estado teniendo.
La rabia que sentí… deseaba matarlo, a él y a todos los humanos de mi alrededor, por haber permitido tal atrocidad; sin embargo, por desgracia para mi, todos ellos ya estaban muertos.
El único punto positivo fue que, después de todo, Bella había realizado su plan, huyendo del cabrón de su marido a un par de meses de dar a luz. Agradecí la buena memoria humana, cuando a cotilleos se refiere, cuando un anciana del lugar me relato todo ello, mientras yo me hacía pasar por un huérfano en busca de sus orígenes.
Tras eso, seguí una serie de pistas y, guiándome por mi intuición y toda la información que poseía de Bella, logré seguir su pista hasta Seattle, Olimpia, y finalmente Chicago, donde unos antiguos documentos confirmaron la existencia de una Isabella Swan, viuda, y con un hijo, habitando por unos meses en aquella ciudad hasta que, según el informe, un aterrador incendio les quito la vida.
La agonía que sentí en ese momento, supero con creces la que había sentido en cualquier otro instante. Incluso los días de mi transformación, parecían un chiste comparados con eso.
Desgarrado, completamente yermo. La vida se había extinguido de mi, porque… ¿de qué había servido mi sacrificio? ¿el mantenerme lejos de ella? ¿la supuesta vida larga y llena de felicidad que ella merecía tener, y tendría, cuando yo me apartará de su vida?
Absolutamente nada. Mi sacrificio no había servido de nada, porque yo había sido tan absolutamente egoísta, tan incapaz de ver algo más allá de mi y mi propia existencia, que imaginar cualquier peligro para Bella, una vez yo me hubiera apartado de ella, me resultaba imposible. Y ahora no tenía remedio.
Ella estaba muerta y yo… camino de estarlo.
Debía regresar a casa, despedirme e iniciar mi viaje a Italia. Pos supuesto los Vulturi no se hallarían allí, todavía recordaba la conmoción que se había formado hacía casi un siglo, cuando nuestro mundo descubrió que ellos ya no estaban, que habían sido asesinados junto con toda su guardia por una sola persona – o lo que quiera que fuese, porque me costaba imaginar un ser capaz de semejante hazaña.
No obstante, eso o ello, se decía que los había sustituido, y que allí donde los Volturi eran amables y hasta cierto punto compasivos, ninguno – vampiro o humano – que se hubiera acercado a este aterrador y nuevo lider, había sobrevivido para contarlo.
Las leyendas sobre su furia eran terribles, y aunque en los últimos años su intensidad había disminuido un tanto, bastaba su sola mención para que cualquier vampiro echara a temblar. Así pues, era lo que yo necesitaba, una muerte rápida y, a ser posible, dolora – era lo que merecía tras haber abandonado a la única persona amada, dejándola atrás con una corta vida de amargura y sufrimiento esperando para atraparla.
Pese a todo, había algo que debía hacer antes de despedirme de mi familia y del mundo. Necesitaba verla, una última vez, a ella o… a lo que quedaba de ella.
No me fue complicado encontrar el viejo cementerio local que, tal y como yo esperaba, estaba desierto. O al menos eso es lo que creo, pues mi situación era lo suficientemente precaria para pasar delante de un humano sin siquiera sentirlo.
Roto, destrozado, vago entre las tumbas en busca de su nombre. Era apenas una sombra, hasta el punto que me sentía capaz de atravesar la piedra de haberlo deseado, pero no me importaba; tan solo quería verla, sentir su esencia, por mucho que sabía que eso era imposible, pues llevaba más de un siglo muerta.
Aun así, necesitaba despedirme, decirle adiós, y ante todo, pedirle perdón.
La luna brillaba en el cielo cuando al fin halle la piedra correcta. Estaba llena de musgo y sin ninguna señal presente que indicara haber recibido la más mínima atención en los últimos cien años.
Me arrodille ante ella y llore, lloré lágrimas de sangre, porque aunque estás lágrimas no salieran, se hallaban allí, rasgando lo único que quedaba de mi alma – que no era mucho.
Y de pronto, volvió a suceder; me vi arrastrado de nuevo por la oscuridad, únicamente que esta vez la abrace ansioso, deseando que nunca jamás me soltara.
La habitación no era tan grande como la anterior, sin embargo estaba más concurrida.
Un médico, una partera y una enfermera, y en el centro, tumbada sobre la cama… estaba ella, mi ángel.
Su rostro y cabello estaban sudados, y las ojeras indicaban falta de sueño y cansancio, aun así, nunca la había sentido más hermosa.
Hacía esfuerzos, gritaba; pronto comprendí lo que sucedía: estaba dando a luz.
Hubiera dado mi vida en ese momento por estar a su lado, ocupando el lugar del médico, sosteniéndole la mano, susurrándole palabras de ánimo y calma al oído.
Aun así no tardo mucho; la partera aviso cuando comenzó a desprenderse, primero la cabeza y después el resto del cuerpo. Yo mismo lo hubiera visto si no hubiese estado tan ocupado contemplando a su madre. Pero el semblante de Bella fue indescifrarle cuando tomo al niño en brazos.
Ya no había tristeza sobre él; vida; únicamente resplandecía vida.
Con cuidado lo acuno, y el bebé en seguida aparto su llanto para contemplarla con sus pequeños ojitos marrones; era tan parecido a su madre, era idéntica a ella; ni sombra de desgraciado de Newton en sus facciones. Por egoísta que suene me alegre de eso, y se que ella también lo hizo.
- ¡Oh! Mi pequeño… - susurró, cuando los demás hubieran salido – Eres tan lindo, tan hermoso. Prometo que nunca dejaré que nada te dañe… jamás, jamás me apartaré de tu lado.
Instantáneamente detuvo sus palabras para besar su frente con ternura, después, continuó.
- Serás la luz de mi vida… Edward – mi corazón brinco, aun a pesar de estar muerto – Y de este modo, todas las personas a las que amo compartirán el mismo nombre…
Sus susurros continuaron, palabras dulces destinadas a su bebé, pero yo no podía escuchar, estaba en shock, porque ella lo llamo como yo, porque ella, a pesar de todo el daño sufrido, continuaba amándome.
Esta vez no fui consciente cuando la oscuridad tiró de mí para expulsarme, sin embargo, deje llevar hasta caer de rodillas sobre su tumba, tan raída y ajada como antes, y suplique perdón, tan fuerte y potente que incluso el Diablo desde su trono podría haberme oído.
- ¡Perdóname! – chille - ¡Perdóname! Perdóname, Bella. ¡Perdóname!
Para lo único que no estaba preparado era para oír la contestación a mis espaldas.
- ¿Y qué habría de perdonarte, Edward? – su voz era suave, tan musical como la recodaba, pero increíblemente fría; sin la calidez que antaño la caracterizaba; yerma; sin vida. - ¿Qué no me amarás? ¿O qué tu amor no fuera suficiente para retenerme a tu lado? ¿Qué gritara tu nombre cada noche, antes de acostarme, suplicando porque regresaras? ¿O qué por tu ausencia mi padre me forzara a casarme con un hombre que hizo de mi vida un infierno? ¿Por cuál de todas pides perdón, Edward? ¿Por cuál?
No gritaba, tampoco había dolor o sarcasmo en sus palabras, simplemente hablaba, como si ella no fuera esa persona, como si nada de lo mencionado le hubiese ocurrido a ella, y sin embargo, yo sabía que era ella. Tenía que serlo.
Me gire lentamente, y su imagen golpeo mi mente, no había diferencia, no había nada. Tan solo ella. Bella, mi Bella.
No puedo describir lo que sentí, no podía ser real, no podía. Yo estaba muerto, o quizá simplemente había perdido la cordura.
- Es… ¿es real? – tartamudee, tras unos minutos en silencio. - ¿eres real? – necesitaba creer que si, aun cuando todo indicara lo contrario.
- Eso depende ¿cómo de real quieres que sea? – de nuevo su voz venía vacía, monótona, sin vida.
- No lo se… - y no lo sabía. Porque estaba demasiado absorte en su imagen para pensar en nada. – No lo se…
- ¿No lo sabes, Edward? – en esta ocasión si se pode percibir una pizca de sarcasmo – Entonces no se que haces llorando en mi tumba, suplicando mi perdón… ¿No es eso lo que quieres, Edward? ¿Mi perdón?
Su perdón. Yo suplicaba su perdón, pero no lo merecía, y tampoco era eso lo que buscaba.
- Yo solo… no, no deseo tu perdón – porque eso aliviaría mi dolor, y yo merecía sufrir, incluso a manos de una alucinación; porque ella tenía que serlo. – Solo quiero… a ti… Te quiero a ti, Bella. Jamás nada que no seas tú.
- ¿Yo? – pregunto con monotonía – pero yo estoy muerta Edward, lo dice ahí – su mano se alzo levemente, y yo sabía que señalaba a su tumba, pero me negué a girar, por miedo a que se desvaneciera. – En realidad… morí mucho antes, en el momento en que tu me abandonaste.
Sus palabras eran balas, ni el peor de los infiernos dolaría tanto como su acusación, una acusación que yo mismo me había hecho, pero saliendo de esos labios, esos labios a los que yo tanto amaba, era mucho, mucho peor.
- Lo siento – susurré con voz ahogada – Hubiese muerto mil veces si con ello hubiera asegurado tu felicidad. Hubiese muerto… hubiese echo cualquier cosa… si tú…
- Lo se – dijo, con la misma voz muerta – pero yo solo te quería a mi lado. Solo eso. Con eso hubiese sido feliz. Ahora ambos pagamos el precio de no haberme escuchado.
Sus palabras sonaron a despedida, pero yo todavía no podía afrontar que se manchará; no aun; no tan pronto.
- Cualquier cosa – susurré – cualquier cosa para compensar, para que seas feliz… cualquier cosa… por favor…
Por primera vez el hielo en sus ojos pareció derretirse, pero solo fue un instante.
- Márchate Edward, eso no me hará feliz, pero tampoco me hará más daño.
¿Marcharme? ¿Eso era todo lo que ella pedía? Bien, entonces me marcharía, me marcharía lejos, muy, muy lejos, a un lugar inalcanzable para cualquier ángel…
- No – negó ella, y en esta ocasión, pude detectar un debate interno a través de su voz – Ahí no debes ir…
- No hay otro sitio… Yo debo ir allí, es la única forma… Ya ni siquiera merezco alcanzarte, lo único que merezco es sufrir.
- ¿Y si yo te lo pido? ¿me escucharás ahora? ¿si yo te pido que no lo hagas? ¿qué permanezcas en el mundo un poco más? ¿lo harías?
- Haré todo lo que me digas pero… debes odiarme mucho si es eso lo que deseas que haga. – Mucho. Muchísimo.
- No te odio, Edward – vi la verdad brillar en sus ojos, o quizá solo fueron alucinaciones… después de todo nada era real; no podía saberlo. – Pero tampoco te odio. No siento nada en realidad… - ¿por qué? ¿por qué duele tanto? ¿por qué mi corazón se desgarra al oírla, pero solo deseo que continué hablando? Porque la amo; la amo; y no hay ninguna verdad, ningún dolor capaz de borrar eso. – Pero recuerdo… Si, todavía recuerdo cosas, y por eso no quiero que mueras, no ahora, al menos… - su voz fue convirtiendo en un susurro, y sus ojos comenzaron a perderse en la oscuridad. Supe que hablaba más para si misma que para mi.
- Entonces no moriré – dije, a pesar del daño que me producía esa afirmación. Pero ella tenía razón. Yo era demasiado malo para desvanecerme sin más. Merecía sufrir…, merecía sufrir… y la vida era mi mayor sufrimiento.
- Bien… - el sonido fluctuó levemente en el aire antes de apagarse – Entonces esto se acaba, Edward… y sinceramente, espero que nunca se repita.
¡No! ¡No! Quería gritar. Espera un poco más. Un instante más. Pero fue inútil.
Algo en mi mente no funcionaba como era debido. Algo me empujaba más y más lejos. Mis piernas corrían solas alejándome de la persona amada, y yo era incapaz de reaccionar. El Sol estaba cerca del horizonte cuando el efecto comenzó a desaparecer y pude hacerle frente.
La pelea fue dura, la fuerza que invadía mi mente me forzaba a abandonar, a seguir corriendo lejos, muy lejos de aquel cementerio, sin embargo, conforme la distancia aumentaba su fuerza disminuía.
Finalmente, horas después, logré recuperar el control de mi cuerpo y regresar sobre mis pasos: por desgracia, algo en mi interior sabía que era demasiado tarde.
Bueno, esto es todo, como veis ocurrieron muchos avances, y prometo que en el próximo capitulo – que llegará como mucho en tres o cuatro días – todavía habrá más Bella Edward. Los interrogantes comienzan a desaparecer.
¿reviews?
