Ohayo amigas!
Como veis aquí os traigo un nuevo capitulo del fic. Lamento no haber podido actualizar antes pero los exámenes me impiden publicar tan deprisa como quisiera. Aun así nadie se piense que he vuelto a abandonar al fic, porque tengo toda intención de continuarlo y acabarlo, o de lo contrario os dejaría un aviso.
Muchísimas gracias por los reviews, os los agradezco muchísimo. Espero que os guste este capitulo y, como veréis, ya queda menos para el final. XD
Después de esa noche regrese a casa con Carlisle y mi familia, quienes jamás volvieron a oírme pronunciar el nombre de Bella. Tampoco perseguí más a Isabella; ella y Jacob quedaron olvidados, y yo convencí a todos para mudarnos de la ciudad lo antes posible. Sus dudas e interrogantes nunca fueron contestados.
Al principio fue difícil, sus pensamientos me perseguían a todas partes; pero el tiempo y la resignación jugaron su papel a mi favor. Incluso Alice – al cabo de unos años – comenzó a apartar el bloqueo constante de preguntas con las que me torturaba.
Si, diez años después, todos parecían haber olvidado esos dos meses en los que desaparecí por el mundo, en busca de respuestas. Todos, todos... menos yo.
No había noche que no recordara mi encuentro con Bella en el cementerio; si fue una ilusión, un ángel, o un fantasma, poco me afecta. Lo único que importante es que, de algún modo, ella estuvo allí, y me impuso la condena que merecía por abandonarla.
Vive, me dijo. Al menos por ahora. Y así como hace casi ciento cincuenta años no fui capaz de escucharla, está vez no haré otra cosa que no sea cumplir sus palabras. Hasta las últimas consecuencias. Hasta que ella por fin se compadezca y regrese a la Tierra para librarme de mi tortura. Hasta entonces, viviré, tal y como ella quería.
Condenado, pero dispuesto a llevar mi condena del modo más correcto posible, me levanto cada mañana con una sonrisa que dedicar a mi madre, una buena conversación para satisfacer a mi padre, una buena apuesta para contentar a Emmet, una sagaz burla para ofender a Rosalie, y una chispa en los ojos para tranquilizar a Alice.
Jasper; quizá sea él, el único que sospecha lo que en realidad estoy viviendo, pero su prudencia y el alivio que siente al ver a la familia feliz, es suficiente aliciente para guardar en silencio sus temores.
Cuando llega la noche y me retiro a mi habitación, me limito a vagar por el mundo muerto de las tinieblas, demasiado culpable para evocar mis recuerdos y demasiado indigno para rememorar su nombre.
De este modo pasan los días, y ya estoy comenzando a perder la cuenta. Tan solo uno de ellos es importante, pues cada siete de noviembre, regreso a Chigago para rendir homenaje a la tumba de Bella, con la silenciosa plegaria de volver a verla.
oOOOoooOOOo
- Edward ¿sabes donde está Rosalie? – Carlisle ha regresado antes del hospital y nos ha reunido a todos en la sala de estar. Al parecer hay algo de lo que tenemos que estar al tanto.
- Creo que menciono algo sobre mejorar el radio del coche – comento amistosamente - ¿quieres que vayas a buscarla?
- Por favor, Edward.
Su voz se escucha cansada, por lo que me apresuro en obedecerlo.
En los escasos segundos que transcurren desde que abandono el salón hasta que llego a la cochera, mi sonrisa no decae ni un milímetro. Y ni siquiera Jasper, si se concentrara en mis sentimientos, podría comprender todo el esfuerzo y sufrimiento que siento por ello.
- Rosse, Carlisle te está esperando; - digo, y añado - y parece cansado.
- En un instante salgo Edward. – me contesta desde debajo del coche.
En efecto, medio segundo después aparece ante mi y, sorprendentemente, ni siquiera uno solo de sus cabellos está fuera del lugar donde le corresponde estar.
- ¿Vamos? – pregunta sonriente; yo solo asiento.
- Carlisle ¿qué ocurre? – está vez es Esme quien pregunta. Al parecer, también ella ha captado el tono ansioso de mi padre, aun cuando este tenga bien resguardados sus pensamientos, para que yo no los escuche antes de tiempo.
- Como todos sabéis, hace aproximadamente un siglo, los Volturi, quienes se había encargado de mantener el orden entre los de nuestra especie por más de mil años, fueron destruidos. Nadie sabe que o quien lo destruyó, pero todos sentimos como desaparecían.
Por un momento dejo de hablar, quizá para replantearse la mejor forma de proseguir o para buscar las palabras exactas para decirlo, pero fue el instante el que yo aproveché para averiguar la causa de su preocupación. Ahora, mientras hablaba, yo ya comprendía todo.
- Durante más de un siglo, el miedo a ese ser ha mantenido a los vampiros lejos de Volterra, pero el tiempo transcurre hacia el olvido y los rumores sobre su desaparición aumentan cada día, hasta el punto de que, un grupo de los nuestros, se está preparando para asaltar Volterra y ocupar el lugar de la realeza vampírica.
Pensamientos diversos – qué, cómo, cuándo – inundan las mentes de todos, pero Rosalie es la primera en manifestarse en voz alta.
- ¿Cómo te has enterado?
Únicamente por respeto hacia Carlisle me abstengo de responder primero.
- Unos antiguos amigos me avisaron por teléfono esta misma mañana. – y ante una mirada de Esme añadió – pensaron que me interesaría saberlo.
- Se equivocaban ¿no? – murmuró Emmet - ¿por qué habría de interesarnos?
- En realidad tenían interés en que nos uniéramos a la lucha – respondo, con gran esfuerzo.
- ¿Y nos vamos a unir?
- Esa es precisamente la razón por la que os he reunido – interrumpe Carlisle, antes de que se inicie una discusión entre nosotros. Se lo agradezco en silencio. – Personalmente no veo porque habríamos de involucrarnos en esa batalla. A ninguno de nosotros nos interesa gobernar y menos arriesgar la vida de modo tan inocuo; no óbstate, si alguno de vosotros piensa de modo diferente, tiene todo el derecho de argumentar ahora y, dependiendo de lo que Alice observe, puede contar con mi apoyo para actuar.
El silencio se extiende, todos están sumidos en sus propias cavilaciones. Finalmente, es Emmet quien se decide a hablar.
- No negaré que la idea de una batalla me tienta, pero si quieren que asista, que la organicen más cerca. Como has dicho – refiriéndose a mi padre -, no veo el que se nos ha perdido por Italia a ninguno de nosotros.
- Yo apoyo a Emmet – Rosalie, sin ninguna duda – y no quiero ir a Italia, pero tampoco deseo separarme de ninguno de vosotros.
- No negaré que estoy bastante frustrada, ya que por alguna razón, este tipo de acontecimientos se me escapan a mi visiones – en realidad todo lo que tenga que ver con el asesino de los Volturi – pero no tengo ningún interés en viajar a Italia, y no necesito ver el futuro para saber que no augura nada bueno para los que si vayan.
- Yo tampoco tengo interés en perderos a ninguno de vosotros – la mirada de Esme se detiene en mi durante unos instantes antes de proseguir su recorrido sobre el resto de mis hermanos – y os agradecería mucho si os mantuvierais al margen.
- Edward ¿tú qué piensas? – Carlisle me pregunta a mi, pues junto con Jasper soy el único que se ha mantenido en silencio; pero todos sabemos que Jasper se mantendrá junto a Alice, y está a decidido quedarse.
- Lo que decidáis todos está bien para mi – digo, y es cierto.
No negaré que una parte de mi alma ruge por allí y perecer en la batalla, pero ni siquiera me permito reparar en ese rugido, pues se bien que no merezco en consuelo de la muerte. Al menos, no por ahora.
Claramente satisfecho, Carlisle nos recorre con la mirada antes de asentir lentamente. Después, la conversación da lugar a temas más triviales.
oOOOoooOOOo
Tres meses más tarde, me ausento de casa sin la necesidad de excusas, pues todos saben que llegado este día desaparezco.
Oculto por la niebla, mis piernas atraviesan bosques y ciudades enteras hasta llegar a Chicago. Allí, mis pasos se detienen en el viejo cementerio, frente a una tumba conocida.
"Isabella Marie Swan" reza la primera inscripción y, a su lado, en otra tumba, se lee "Edward Swan".
De algún modo me siento conectado con ese bebe, quizá porque lleve mi nombre, o quizá porque me hubiera gustado ser su padre. Pero siento un vacío en el pecho cuando imagino la vida que pudo haber disfrutado y que le fue frustrada por ese jodido incendio. No obstante, eso no es nada comparado con el desgarro que mi corazón sufre al imaginar a Bella envuelta en llamas, llorando por la vida de su hijo, exhalando sus últimos instantes de vida, y todo por mi maldita culpa.
Si, revivir la noche del incendio en todas los modos que pudo haberse producido es una condena extra, que yo mismo me he añadido, por abandonar al ser que más amaba en las tinieblas.
Llorando sangre, caigo de rodillas frente a su tumba y, como cada año, grito al cielo deseando que mi desesperación mitigue el dolor y los recuerdos de Bella, donde quiera que ella se encuentre.
Horas más tarde, cuando el Sol despunta por el horizonte, me incorporo y regreso a casa corriendo, sin mirar atrás, dispuesto a continuar mi farsa y mi condena.
oOOOOoooOOOOo
Las nubes y la penumbra cubren el cielo por completo. No obstante, de vez en cuando este se ve iluminado por un fugaz relámpago, que resuena con fuerza y atraviesa el cielo en un lluvia de colores.
Me encuentro solo en casa, pues mis padres y hermanos han aprovechado la tormenta para echar una partida de béisbol. Nunca he jugado a ese juego, ni siquiera entiendo su atractivo. Siendo sinceros, no comprendo la mayoría de las cosas nuevas que me rodean.
Los vampiros suelen adaptarse a los cambios fácilmente, incluso mejor que la mayoría de los humanos; no es mi caso. No encuentro sentido centrarme en las nuevas comodidades cuando lo que más deseo es regresar al pasado. Sería un insulto a su memoria disfrutar las cosas que me rodean, cuando a ella le fueron arrebatadas.
Sentado en el sofá con la vista fija en ningún sitio, me limito a esperar, sin pensar en nada, arrastrándome en pos del tiempo, presa de la nada.
De repente, comienzo a escuchar el eco de un grito y, mientras se acerca, mi cabeza y todo mi cuerpo comienzan a arder, presas de un dolor insoportable. Desesperado, trato de escapar pero mis piernas no reaccionan. Mis labios tampoco responden y me doy cuenta de que ya no soy dueño de mi propio cuerpo. El dolo físico aumenta y se hace insostenible; ya no se cuanto más voy a resistir. Finalmente, como un fogonazo, el grito me alcanza y resuena en mi mente, haciéndome perder el sentido.
La negrura cubre mi mente, pero de algún modo presiento que no estoy solo, que miles de conciencias habitan a mi alrededor. Una chispa de luz emerge de la oscuridad y poco a poco va cubriéndolo todo.
Ahora me encuentro en una habitación antigua, levemente iluminada por una única bombilla que cuelga del techo y un candelabro encendido sobre, lo que parece, una mesilla de noche. Al lado de la pared hay una cuna y, en el lado opuesto, un pequeño armario. Ese es todo el amueblado.
El tatareo de una nana llega hasta mi desde mi espalda y, antes de girarme, me asalta la sospecha de lo que voy a encontrar.
No me he equivocado. Bella está tras de mi, acunando a su hijo – de apenas un par de meses – en brazos y tatareando una suave canción para que se duerma. La visión hace que mi corazón – aun inmóvil – se desboque.
Algunos mechones de pelo le caen por la cara, ocultando parcialmente sus ojos. Sus mejillas, adorablemente sonrojadas, son más hermosas que nunca. Su cuerpo está más delgado que de costumbre, por lo que intuyo que no se nutre muy bien; aun así, sus ojos denotan felicidad mientras contemplan a su hijo, y a mi me parece más hermosa que nunca.
Los interrogantes normales, como ¿qué hago aquí? ¿esto es real? o ¿acaso estoy muerto? pierden importancia ante tanta belleza. Después la desazón me invade, cuando recuerdo cual es su destino, pero la suavidad y dulzura de la música atraen el olvido, y yo vuelvo a sumergirme en un éxtasis de felicidad contemplando a la mujer amada.
Sin embargo, está se ve interrumpida un par de minutos después, cuando unos suaves golpes en la puerta interrumpen su nana.
Con cuidado, Bella deposita a su bebe – ya dormido – en la cuna, y se dirige a abrir la puerta.
Yo la sigo por el estrecho pasillo, no queriendo perderme ni un minuto a su lado.
Los golpes se escuchan de nuevo y Bella empuja el picaporte para abrir la puerta.
Su sonrisa desaparece sustituida por una mueca de pánico. Antes de que yo pueda ver al visitante, cierra la puerta violentamente y corre hasta la habitación de su hijo. La desesperación brilla en sus ojos mientras se apresura a colocar el pequeño armario frente a la puerta, y por su expresión puedo ver que sabe no logrará detener a aquello que tanto la aterra.
Siento un miedo punzante en el pecho. No importa si es o no una ilusión, o si estoy muerto y esto es el infierno. No quiero que le ocurra nada; no podría soportarlo.
Con los ojos cubiertos por el pánico Bella toma a su hijo en brazos y se asoma a la ventana. Puede ver como se debate entre saltar o no, dilucidando su dicha caída sería mortal para su hijo. Deseo gritarle que estoy a su lado, que no dejaré que le ocurra nada malo, pero ella no me escucha.
Repentinamente, el armario cae al suelo y la puerta se abre, y mientras su rostro se contrae con terror, mis ojos se abren por la sorpresa.
Aro, seguido de Alec y Jane, y un par de miembros de su guardia personal entran en la estancia. Yo no comprendo lo que está ocurriendo. ¿Volturis en Chicago? ¿Qué tienen estos que ver con Bella?
- Saludos, señorita Swan – el sarcasmo en la voz de Aro es casi indetectable, pero por la forma en la que Bella se estrecha contra la pared, como queriendo fusionarse con ella, se que comprende el peligro. – Nos ha costado mucho encontrarla ¿sabe? Antes era más fácil, teniendo a Felix con nosotros..., pero no importa, estoy seguro que ahora que la he encontrado, todo se arreglará.
Sus palabras, se descargaron como corrientes eléctricas por mi cuerpo, asaltado de repente por una terrible sospecha.
- Por... por favor – sus labios tiemblan y se que no es capaz de pronunciar otra palabra que no sea esa. Aun así, veo como sus ojos se deslizan velozmente hasta su hijo, y se que no es por ella por quien teme.
- ¡Oh! Por favor señorita Sawn, no deberías temernos; de echo, estoy segura que pronto agradecerás nuestra visita. Sabemos, por un mensaje que nos envió Dimitri antes de morir, que tu no tuviste nada que ver en sus muertes. El señor Cullen fue el único responsable de ella y, de todos modos, lo hizo para protegerte, lo cual es... comprensible. – El tono de voz continua siendo amistoso, pero sus ojos empiezan a adquirir un color rojizo, y yo temo más que nunca. – Si realmente nos hemos tomados tantos esfuerzos por encontrarte no ha sido para vengarnos..., simplemente, decidimos que tu potencial no podía ser desaprovechado.
El rostro de Bella adquiere una expresión impactada, pero su mirado continua siendo de pánico y, de nuevo, sus ojos se deslizan hasta su hijo, está vez de modo más evidente.
- Cierto, cierto – Aro, que ya se ha percatado de los temores de Bella, también se inclina para mirar al niño – e ahí nuestro único problema. Por desgracia, no está permitido crear niños vampiros, o de lo contrario formarían el caos en la sociedad... No obstante, te aseguro que en un par de días apenas recordaras que un día fuiste madre.
A una señal de Aro, Alec da un paso hacia Bella, y por la forma en la que entrecierra sus ojos advierto que está tratando de incapacitarla con sus poder. Por desgracia, este no parece tener ningún efecto sobre Bella, quien ha caído al suelo en afán de proteger al bebé con su cuerpo.
- Interesante, muy interesante...
Las palabras de Aro pierden sentido en mi mente, ocultas tras los sollozos de Bella, que continua aferrándose a su hijo como si su vida dependiera de ello; depende de ello.
Incapaz de presenciar tal atrocidad me arrojo sobre Aro dispuesto a descuartizarlo con mis propias manos, pero únicamente lo atravieso.
Impotente, pero incapaz de apartar la vista, no me queda más que esperar a que la pesadilla termine, observando como, finalmente, Alec logra agarrar a Edward y arrebatarlo de las manos de Bella. Observar como, los punzantes colmillos de Aro, atraviesan el cuello inmaculado de Bella y su pecho ruge de placer ante el contacto con su sangre.
Observar como, durante cinco infinitos días, Bella sufre los efectos de la metamorfosis; en un principio resistiéndose y llamando a gritos a su hijo, y a partir del tercer día, inmóvil y silenciosa, tan blanca como un cadáver.
Observar las miradas preocupadas de Aro, debido a largo proceso de conversión, y los ojos celosos de Jane, frustrada por el poco caso que su maestro le presta. Observar el cuerpo de mi amada, cuyos latidos disminuyen al tiempo que su corazón se enfría, dejando de existir.
Finalmente, tras lo que parece una eternidad, Bella despierta y sus ojos – ahora rojos – enfocan todo aquello que la rodea hasta detenerse en el líder de Volterra. Lentamente, sus labios forman una única palabra.
Edward.
- Ahora él está en un mundo mejor, y tu acabas de empezar a vivir. – Aro se muestra confiado, a la vez que ansioso - ¿no te sientes satisfecha?
- Edward... – ahora el nombre se le escapa en un susurro y, durante unos instantes, estoy convencido de que se refiere a mi. Luego recuerdo a su hijo. – Edward...
Su voz suena rota, vacía, sin sentimiento, y sus ojos parecen dos corazones sin alma. Ahora tengo la sensación de haber visto a alguien así antes. Quizá en el instituto, o en el cementerio.
- El ha muerto, querida, y tendrás que aprender a aceptarlo – al parecer ahora Aro parece frustrado, pero Bella no altera su expresión, sino que sus ojos buscan, en la pequeña cuna, el cuerpo de su hijo.
- Edward... – ahora su vista se desliza hacia una pequeña fotografía, en la que aparece ella en el hospital, con su hijo recién nacido - ¡Edward!
Su grito carga furia, dolor y miseria al mismo tiempo y un estremecimiento me recorre el cuerpo, mientras mi alma se desgarra de dolor, ante su sufrimiento.
Pero no soy el único que sufre, Aro, Alec, Jane y el resto de los vampiros que está en la sala hacen muecas de dolor al tiempo que se sujetan la cabeza con ambas manos. Hilos de sangre se desprenden de sus ojos y orejas y tardo un tiempo en comprender que es Bella – o su dolor – quien lo provoca.
Apenas unos segundos después su grito cesa, pero los vampiros – que han caído al suelo – no se levantan, y de forma instintiva comprendo que están muertos, por muy imposible que eso pueda parecer.
Bella apenas presta atención a sus cuerpos, sino que se levanta y corre, tan deprisa que no soy capaz de seguirla, pero no necesito saberlo para saber a donde se dirige. Dolor, muerte y destrucción, es lo que reflejan sus ojos, y eso es lo que hallara, quien sea que se tope con ella.
Lentamente la imagen se desvanece y yo recupero la conciencia. Con esfuerzo me incorporo, apoyándome sobre el sofá de casa.
Mi cabeza todavía da vueltas, y no se si es a causa del antiguo dolor o de la terrible verdad que he descubierto. No obstante, la luz se abre paso hasta mi cerebro y todos los interrogantes que antes me turbaban quedan respondidos.
Ahora lo comprendo todo.
No hubo ningún incendio; fueron esos malditos los que acabaron con la vida de Bella y su hijo. No. En realidad solo asesinaron a su hijo, a Bella... a ella...
Me incorporo de un salto, a Bella la transformaron, la transformaron en vampiro y, por tanto, todas las veces que me a parecido verla, eran reales. En el instituto y en el cementerio. No era su fantasma o su descendiente. Era ella.
Parece tan simple que me asombra no haberlo sabido desde siempre y, cuanto más pienso en ello, más grande es la sensación de que había algo – o alguien – que me impedía acceder a esa verdad.
A lo lejos escucho los pensamientos de mi familia, ellos vienen hacia aquí. Por sus mentes, puedo prever que no he sido el único en contemplar la visión está vez, sino que ellos también lo han descubierto. Pero no me detengo a esperarles.
Corriendo como nunca antes, abandono mi casa en pos del aeropuerto, pues se muy bien a dónde tengo que ir está vez, y cual es mi destino.
Volterra.
¿reviews?
7
