Capitulo 3

No le agradaba para nada esa misión. ¿Por qué tenia el que cuidar a una niña rica? ¿En que demonios estaba pensando Hiashi-sama? Su mirada se hizo mas oscura, mientras iba manejando por las ya vacías calles de la ciudad. Eran casi las 3 de la madrugada y el joven Hyuga se disponía a volver a su departamento que estaba a unos cuantos minutos del gran edificio de Hyuga Corporation.

Ese no era su estilo. El visualizaba al objetivo, para después agujerar su frente de un solo disparo. Sin remordimientos, ni dudas. ¿Por qué debía de involucrarse con una chiquilla engreída a la que solo le importaban estupidas fiestas e ir de compras?

Frunció levemente el ceño y desvió su mirada hacia un fólder blanco que estaba en el asiento del copiloto, del cual sobresalía una fotografía de una joven de cabellos color chocolate y de ojos color arena. Había leído ya todo el expediente de la joven: nacida en la capital, estudiante de los mejores colegios, uno de los primeros lugares en la escuela, excelente alumna en las artes nobles, y una educación digna de una reina.

Basura

Neji sabía muy bien que tipo de chicas eran aquellas. Era de esas que solo querían atrapar a un buen marido para bañarse y derrochar su dinero mientras que vivían su vida como si no estuvieran atadas a nada. Creían que el mundo les pertenecía y que podían de hacer de el, lo que quisieran… sin haber pagado un precio por su arrogancia.

Las detestaba

¿Cómo podían pretender tratar de manejar a los demás cuando no se habían ganado el derecho para hacerlo? Solo había una forma de obtener la autoridad para poder hacer ejercer la voluntad egoísta y soberbia, haciéndose merecedor de ella.

El, que había matado a tantas personas, que había visto su cara llena de pánico y dolor y que había superado sus miedos y remordimientos al enfrentarse al odio y desesperación de los demás, de alguna forma se había hecho intocable e inaccesible. Su sola presencia imponía respeto y temor, sus gélidos ojos eran arrogantes e impasibles, sus blancas manos estaban bañadas de un rojo invisible y cargaba en su espalda con demasiadas almas y con todo lo que este conllevaba.

Tal vez, el podría jactarse de ser el dueño de un pedazo del mundo.

Esa chiquilla…

Azura Tenten…

¿Disfrutaría también viendo morir sus ojos y expirar su último suspiro?

¿Se deleitaría con observar como su rostro decaía y su cuerpo se desplomaba?

Sintió como una suave brisa nocturna acariciaba su rostro. Algunos de sus castaños cabellos se soltaron de su cola, mientras que entraba al gran edificio en donde vivía.

El portero se sobresalto cuando escuchó abrirse la puerta de entrada. Dio un estupido salto y se puso en guardia de una forma ridícula, lo que provoco que Neji le dirigiera una mirada cargada de desprecio. El hombre, lo observo algo avergonzado al notar de quien se trataba. Respetaba mucho la presencia de aquel joven…

-Buenas noches Hyuga-sama - saludo cortésmente esperando que por lo menos esa vez le devolviera el saludo. Mas Neji se fue de largo sin volverlo a mirar. Una vez había sido más que suficiente…

Luego de algunos interminables minutos, el ascensor llego por fin a su destino. Camino lentamente y abrió una gran puerta de roble tallada finamente.

Su departamento reflejaba perfectamente su modo y estilo de vida, hacia como la de su fría personalidad.

Completamente blanco, con escasos muebles y grandes ventanales que le permitían ver la ciudad desde lo alto del piso 20 en donde se encontraba. Una pequeña cocina a un lado y dos habitaciones, sin contar el gran baño al lado del gimnasio donde se ejercitaba día a día. No habían fotografías ni retratos, solo un pequeño cuadro que estaba colgado en la pared de su habitación en donde se veía un niño de grandes ojos plateados con una extraña banda en la cabeza que sonreía con frescura y naturalidad, que se encontraba sobre los hombros de un hombre con las mismas características, mientras luchaba por mantenerlo en lo alto.

Se tiro en la cama, dejando el file de su nuevo objetivo en una mesa en la que tenia algunos papeles y una gran pistola plateada. Volteo el rostro y sin cambiar de expresión observo la fotografía con detenimiento.

Le molestaba de sobremanera que su padre fuera exactamente igual a Hiashi-sama. Eran tan distintos.. mas la primera vez que los vio a ambos juntos, hace mas de 10 años, lo confundió notablemente el ver dos rostros idénticos.

Se volteo nuevamente y miro al techo tratando de olvidarse de ese asunto por un momento, y planear como seria su jugada para llegar a estar cerca de aquella chiquilla. Definitivamente tenia que ganarse la confianza del líder de la familia Azura. Tendría que hacer algunos planes para el cambio de nombre e identidad, y cortar los vínculos más resaltantes que podría tener con los Hyuga si es que era investigado.

No podía ir simplemente y aparecerse frente la mocosa y pretender que la famila Azura no se le venga encima…¿Cuál era la manera más segura de estar cerca sin levantar sospechas por parte de nadie?

Familia.

Confianza.

Chiquilla..

Seguridad.

Cercanía.

Lo tenía..

Sonrió.

Era una táctica tan vieja, que ya nadie creería que alguien podría usarla. Ahora solo tenia que plantear el escenario para que su función comenzase y que el comenzara a jugar el papel principal como el antagonista de aquella farsa que terminaría en la graciosa muerte de la única y joven heredera de la familia Azura.

Observo el fólder sobre la mesa y decidido a comenzar de una vez con los arreglos. Opto por estudiar la clase de vida que llevaba la joven (aunque creía saberlo a la perfección) y descubrir la agitada vida que Azura Kouji llevaba, para que por fin el telón se abriera.

-Por aquí por favor Kutsue-san.

Camino con lentitud y serenidad hacia la puerta que la mujer le enseñaba.

El plan había sido un éxito.

Como todo lo que el hacia.

Armar el revuelo del accidente de coche y, la manera improvisada y casi heroica, de salvar al líder de aquella familia había resultado todo un éxito. Luego de aquello y de recibir la gratitud de Azura Kouji, había dejado correr la información de que Uchiha Empire había sido el culpable y que pronto estaría yendo en contra de los Azura.

Supuso correctamente que aquel hombre pescaría el anzuelo, y que lo primero que haría seria asegurar el bienestar de su hija.

-Buenas tardes Neji-san, ella es mi hija TenTen, y la dejare a su cuidado. Hija, el es Kutsue Neji..

Si el joven Hyuga se caracterizaba por algo, eso era definitivamente sus plateados ojos que parecían sumir a la persona en una extraña sensación entre el borde del deslumbramiento y terror.

Observó con aburrimiento la figura de la joven que estaba al frente de una gran ventana. Vio su raro peinado, mas también su firmeza al estar de pie y su porte de mujer. Se dio cuenta rapidamente que estaba enfadada, pues al voltear pudo percibir un molesto, pero leve, bufido y como sus facciones estaban algo contraídas.

Con total serenidad e indiferencia el joven memorizo cada detalle de la cara de Tenten. La expresión y una primera impresión dicen mucho acerca de alguien, y Neji era un experto en deducir que tipo de persona eran quien tenía al frente.

No había diferencia alguna con la chica de la fotografía.

No más de 1.65, de buena contextura, cabello castaño oscuro y piel tersa y bronceada. Cuerpo esperado de una joven de 17 años y ojos color arena…

Pero…

Neji percibió un extraño brillo en ellos, que definitivamente la cámara no pudo captar. La foto que el poseía mostraba las mismas características físicas, mas no se percibía lo mismo de aquella joven a la que tenia al frente.

Tenten miraba con asombro al hombre que tenia delante de ella. No tendría más de 25 años. Estaba absorta mirando sus bellos ojos, sin percatarse del frío que estos transmitían. Sintió algo extraño que la hacia contraer su garganta mientras que comenzaba a pensar que sus manos parecían estar algo húmedas.

-Plateados… - murmuro casi inconscientemente.

-¿Hija?- pregunto Kouji mirándola algo enfadado por no responder al saludo.

-Kutsue Neji desu- dijo el nuevo guardaespaldas mientras hacia una muy leve inclinación con la cabeza. Le jodía de sobremanera agacharse frente a una mocosa rica.

-Azura Tenten..- volvió a susurrar algo avergonzada por no haber contestado al saludo…

-El trabajara con el grupo Azura de ahora en adelante, y te acompañara a todos los sitios que vayas. Desde ahora moverte sin informarle a alguien esta prohibido Tenten. El joven Kutsue hablara de tu seguridad directamente conmigo o sobre cualquier otra cosa que merezca ser reportada

-¿Qué? ¡Papa, pero que estas diciendo!- reclamo la morena con notorio enfado- No puedes estar haciéndome esto.

-Tenten, recuerda con quien hablas.

-No necesito un guardaespaldas y con todo el respeto hacia Kutsue-san- dijo mientras lo miraba – tener a alguien encima mío no es lo que quiero

-Decidir eso no te concierne Tenten.

-¡Esto es el colmo! Estas siendo paranoico. Ha sido un accidente, por el cual tendrías que estar en una clínica y no aquí tratando de poner otra cadena mas a mi vida..

-¡Tenten!

-Tenten-sama. No se preocupe. Haré lo mejor que pueda para no estorbarle en su vida diaria.

La calmada y ronca voz de Neji irrumpió la confrontación padre e hija. Ambos morenos voltearon a mirarlo con el ánimo bastante alterado. Pos u parte la expresión de Neji seguía tan indiferente y común como siempre.

-Comprendo su molestia, mas he de decirle que mi trabajo es protegerla. No causare mayor problemas que lo que involucrara hacer lo que su padre me ha encomendado.

-No se trata de eso..- trato de refutar Tenten. A pesar de las educadas palabras del joven, podía notar un, muy leve, dejo de autoridad en su voz. Y sin percatarse mucho, esto la había perturbado y de cierta madera calmado.

-Suficiente- bramo su padre- A partir de mañana Kutsue-san comenzara su labor, y espero no oír quejas de parte tuya. Ha sido suficiente con la insolencia que has demostrado hoy Tenten. No volveré a tolerar esa falta de educación ni indisciplina. De ahora en adelante trata de comportarte como la señorita de sociedad que eres, y no como una chiquilla sin cultura ni respeto.

-Estas- -

-¡Silencio!

La impotencia invadió el cuerpo Tenten mientras veía los contraídos labios y la cara roja de su padre. Cuantas veces había querido decirle, explicarle que no quería que el decidiera todo en su vida, que la dejara participar, ser como ella quería ser; mas, muy dentro de ella sabia que si decía otra palabra mas, explotaría, y sus palabras se irían, dejando únicamente el dolor en le faz de su querido padre.

Sin embargo, a pesar de que la cólera y la ira fácilmente originan el llano, la joven no derramaría ni una lagrima. Llorar era de débiles, y ella hacia tiempo que había dejado de serlo. Nunca volvería a caer en lo mismo, y menos en menos de toda aquella gente.

-Me voy a mi habitación padre- dijo luego de unos segundos de silencio- Buenas noches a todos.

Le dio la espalda a todos los presentes mientras abría con aparente normalidad la puerta. No soportaba mas sentir ocho pares de ojos encima de ella. Cerro con delicadeza, y en el acto salio corriendo escaleras arriba. Le pareció ver la cara de Kisato mirarla con pena mientras cruzaba el pasillo, y la indignada cara de la ama de llaves antes de cerrar la puerta de su habitación.

Se tiro en la cama, con las luces aun apagadas. De alguna manera creía que estar ahí, sola, la ayudaría a olvidarse que estaba en una bella jaula de oro y de plata, donde tenia a su disposición mil carros, cientos de tarjetas de crédito, docenas de vestidos, decenas de sirvientes y un titulo en la sociedad, mas ni una ala para poder osar poder escapar.

Se sentía tan inútil y avergonzada. No había podido hacer nada.

Mientras una sarta de sentimientos aun innombrables, se aglomeraban en su pecho un par de platinados ojos llegaron a su mente por inercia. No era tonta, su nuevo guardaespaldas, a pesar de ser muy correcto y, aparentemente, capaz, no había mostrado ni una sola vez en su encuentre alguna muestra de vitalidad o amabilidad.

Lo había visto en sus ojos.

En sus bellos ojos plateados

"Deja de pensar tonterías" se recrimino a si misma "El será el hombre que te privara de tu libertad de ahora en adelante.."

Se sentó en el borde de su cómoda cama. De alguna manera tenia que pensar en una forma de eludir su vigilancia para realizar sus actividades "extracurriculares", sin ser descubierta.

Sonrió un poco mas animada. Kutsue Neji, no seria ningún problema. Encontraría la forma de ser ella misma.

No sabía que equivocada estaba.

Tomaba una soda en el balconcillo de su apartamento. Había sido un día bastante estresante. Tener que estar metido en la estupida pelea entre esa chiquilla y Azura, lo había aburrido y enfadado de sobremanera. No le gustaba mucho relacionarse con la gente, y para su mala suerte a partir de mañana su vida estaría involucrada con más personas de las que podría contar con sus manos.

Se notaba que la niña tenía carácter, y desde ya, eso no le gustaba. Seria más difícil encargarse de ella, si se creía ama y señora de todo. Aunque eso ya se lo esperaba, mas su actitud en el despacho de los Azura había sido un poco rescatable. Pensó, que acataría las órdenes de su padre si chistar; sin embargo, las había refutado con mucho énfasis y coraje. Y en definitiva, esa clase de gritos no eran los que una señorita de sociedad exclamaría. Sabia que si seguían gritando de esa manera, aun seguirían ahí discutiendo, y con toda su fuerza de voluntad, había podido dirigirse a ella con toda la educación que se había acumulado en el durante ellos, y que nunca había sido expresada. Se percato de que en algo había logrado apaciguar la situación, y pensó satisfecho que Azura en realidad confiaba un poco en el, ya que le había permitido llegar un poco mas allá, de lo que se le permitía a un sirviente normal.

Ingreso a su apartamento, y se sentó en el sofá, en donde tenia ahora mas de 5 files. Todos ellos, de las personas cercanas al grupo Azura.

Haruno Sakura

Mejor amiga de la niña.

Kisato Mamoru

Chofer de la familia

Danzou Ikaku

Socio del Grupo Azura

Hatake Kakashi

Senju Tsunade

Maestros de la Escuela

Y así, la lista continuaba llena de expedientes de hasta la más mínima persona que conocía o había hablado con alguno de los dos miembros principales de la familia. Trato de hallar alguno que pudiera suponer un problema, mas solo halló algunas irregularidades en el pasado de Danzou, que se prometió investigar mas adelante.

Una vida normal y propia de una joven que cursaba el último año de preparatoria. Ahora solo tenia que cumplir su misión hasta que Hiashi-sama le ordenara lo contrario. Esperaba que todo acabara pronto, porque había pasado casi una semana desde que no usaba su preciosa arma, y practicar con un blanco de madera no era entretenido. Sin embargo, a pesar de lo tediosa y desagradable de la misión, cumpliría al pie de la letra las ordenes de su tío, porque Hyuga Neji era un hombre de palabra y sobretodo uno confiable y lógico.

Ayudar a su tío, lo favorecería para lograr su objetivo, y aunque quisiera rebelarse, el único color que podía ver cada vez que observaba sus manos era carmín.

Hizo una mueca que pretendía ser sonrisa.

Ya era muy tarde para cambiar…

El despertador sonó con fuerza anunciando que un nuevo día comenzaba para ella. Saco su cabeza debajo de la colchas y tanteando logro dar con el aparato que apago de manera rápida. Odiaba el sonido que hacia. Algún día esperaba poder despertar sin tener que oír el molesto ruido.

Se puso de pie, y buscando casi por inercia su toalla y bata para darse un baño entro a la ducha, dejando que el agua caliente envolviera su esbelto cuerpo. Su cabello suelto, le llegaba casi a la cintura, y sus grandes ojos estaban cerrados, disfrutando de la deliciosa caída del agua. Luego de unos minutos escucho la voz de la criada que le anunciaba que se le estaba haciendo tarde.

Salio a prisa del baño. Se dio cuenta de que su uniforme ya estaba tendido sobre su cama y se lo puso rapidamente peinando y desenredado su bella cabellera. Le molestaba tenerlo suelto así que busco la secadora, para evitar que se le abombara. Se acomodo la falda y se hecho un leve brillo en los labios.

Miro el reloj y se dio cuenta de que estaba algo atrasada.

Maldiciendo su lentitud bajo corriendo las escaleras y se encontró que su desayuno ya servido. No vio el rostro de Kisato mirándolo con una sonrisa como era su costumbre. La incomodo un poco, ya que no había día en la que el no estuviera ahí… Trato de no darle mucha importancia y bebió y comió lo más rápido que pudo. Exclamo un gracias a la criada mientras que volvió a subir, buscando su mochila que siempre olvidaba bajar.

-¿Qué día es hoy?- se pregunto.

Observo el calendario y se dio cuenta de que era viernes.

-Casi lo olvido, hoy me toca entrenar con Gai-sensei…

Busco el buzo, que usaba para practicar. Lo metió como pudo en su mochila esperando que no se notara mucho.

No quería que Kutsue-san lo notara.

No había olvidado para nada, que ese era el día que comenzaba su "nueva rutina". Aun tenia que pensar en algo, para que su nuevo guardaespaldas la dejara en paz durante las dos horas que entrenaba.

Llego a la puerta de la mansión, y fue directo a la salida del auto, donde esperaba encontrar a Kisato y comentarle todo lo que había sucedido ayer, y pedirle algún consejo para evadir a Kutsue-san, pero cuando doblo la esquina del jardín no vio por ningún lado su tan querida sonrisa.

Todo lo contrario.

Los gélidos ojos y el largo cabello castaño la esperaban frente a la puerta de la limosina.

No sonrisa…

Solo frialdad…

No calidez…

Solo indiferencia…

No cariño…

Solo impaciencia…

-Se le ha hecho tarde Tenten-sama.

No amabilidad….

Solo obligación…

-¿Kutsue-san?- inquirió entre molesta y preocupada- ¿Donde esta Kisato?- pregunto rapidamente al no notar la presencia de su otro chofer.

-Kisato-san, ya no se encargara de su movilidad. – Abrió al puerta del móvil- De ahora en adelante seré yo quien la lleve a la escuela.

-¿Ha?- dijo aturdida- ¿Y Kisato?

-Señorita, solo cumplo órdenes. Ahora, se nos hace tarde…- dijo tratando de controlar su carácter. Odiaba la impuntualidad, y esa niña no parecía querer moverse de ahí.

-No me voy a mover hasta que no me digas donde esta Kisato- contestó tercamente. Otra vez se había percatado de ese tono de autoritario

-Llegara tarde-"Control.."

-No me importa. ¿Donde esta Kisato?- volvió a preguntar cruzándose de brazos y mirándolo despectivamente. ¿Pero quien diablos se creía ese tipo?

"Niñata malcriada"

-No lose. ¿Podría subir? No tenemos todo el día.

"Amargado"

-Pues no lo haré..- objeto enfadada- ¿No te estoy pidiendo algo tan difícil sabes? Es solo una pregunta que alguien graduado de primaria podría entender…

Noto con satisfacción como por unos momentos la fría mascara de Neji, se resquebrajo dejando ver su ceño fruncido y sus ojos algo contraídos por su cólera. Ella no era el tipo de persona ofensiva, o grosera.. Pero ese tipo la estaba sacando de sus casillas. No se creía nada eso de que no sabía donde estaba Kisato.

-Pues, disculpe niña, pero creía que entendería lo que significaba la respuesta de : No lose. No es tan difícil de entender para alguien que esta apunto de terminar la escuela verdad?- casi podía sentir la ira recorriéndole las venas.

Mocosa insolente. Tranquilamente podría deshacerse ella, dejándole un hueco en al frente. Como se atrevía…

"¿Niña?"

Eso era el colmo.

-Pues si me lo dice alguien que parece una fusión entre un témpano de hielo, y una bestia que cuenta solo con fuerza bruta, no sabría que entender.

Estaba terminando con la paciencia que había reunido con todo su esfuerzo. Estaba apunto de terminar la misión en esos momentos si decía algo más…

-Esplendida respuesta para alguien de su edad, niña- dijo casi mordiéndose el labio- ¿Podría subir por favor?

-¡Pero como te atreves! – grito llena de cólera. Ese tipo era insoportable.

-Como se atreve usted- contesto desafiándola con la mirada. No dejaría que le hablara como si el fuera un don nadie.

-¿Que has dicho?- bramo mas que enfadada. Era un insolente, arrogante.

-Escucho perfectamente.

-Eres un..—

-¡Tenten!

La susodicha se callo al escuchar su nombre en boca de esa voz tan familiar.

-Buenos días papá.

-Se te ha hecho tarde para ir a la escuela- menciono viendo su reloj- Kutsue-san te ha estado esperando hace media hora, ¿que haces que no subes al auto?

-Es que…

-Nada de excusas- dijo con seriedad- sube de una vez. Y espero no enterarme de que llegas tarde nuevamente…

-Hai otou-san..- contesto rindiéndose ante la mirada feroz de su padre..

-Así me gusta hija- le acaricio la cabeza dulcemente mientras seguía su camino hasta su propio auto seguido de Akira..- Nos vemos en la noche. Hoy te toca tu clase de etiqueta social, ¿no es así? – al parecer el conflicto de ayer había quedado olvidado.

-Hai.

-Seguro que te ira excelente. Buenos nos vemos a la hora de la cena.

-Hai. Demo, ¿me prometes que iras al medico?- pregunto al preocupada la verse irse con una venda en la cabeza.

-Claro que si. Adiós. - Vio a su padre entrar a el otro vehiculo y sonreírle levemente antes de subir por completo la luna.

-Entonces, ¿la señorita subirá al auto ahora?- pregunto la "suave" voz de Neji.

Tenten conteniendo sus ganas de patearlo, se dirigió al auto evadiendo su arrogante mirada, y tratando de contener el hecho de morderse el labio al haber olvidado preguntarle a su padre que había pasado con Kisato.

"Todo por culpa de este idiota"

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