Capítulo 4. Sorpresa.
ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ
Ella, que aparece y que se esconde;
Que se marcha y que se queda;
Que es pregunta y es respuesta;
Que es mi oscuridad, mi estrella…
ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ
Y comenzó a llover más fuerte.
La visión de Harry quedó nublada durante algunos segundos, mientras la sangre de Ginny resbalaba escandalosamente por sus pálidas mejillas. Sintió la presencia de varias personas moviéndose en torno al cuerpo que yacía inmóvil sobre el caudaloso asfalto. Harry tardó a penas un respiro en darse cuenta de la gravedad del accidente.
Un crudo y muy viejo conocido dolor en el pecho, llegó como un golpe dejándolo sin aliento. Esa sacudida de culpa lo puso en acción.
Tenía que hacer algo y rápido.
¡Una ambulancia! ¡Alguien llame a una ambulancia!- gritó un anciano que usaba un sombrero gris, arrodillándose junto a ella.
¡No la toque!- gritó a su derecha otra mujer con impermeable rojo cuando Harry tomó la mano de Ginny.
Y aunque era consciente de las protestas de aquellos desconocidos, sus voces se volvieron un zumbido cuando buscó el pulso en la muñeca de Ginny.
Ginny… - susurró intentando sentir las pulsaciones.
¡No debe tocarla! – volvió a gritar la mujer de rojo. -¡En un momento llegará la policía y tendrá que responder por esto!
Pero Harry no deseaba dar explicaciones y menos a la policía muggle. Con la respiración entrecortada, levantó la vista hacia la mujer mientras se llevaba una mano dentro de su abrigo para sacar la varita, sólo para comprobar con horror que al menos unas ocho personas se habían acercado hasta donde él y Ginny se encontraban.
No podía hacer magia frente a tantas personas.
-Yo…- murmuró con la garganta cerrada, sin saber realmente si alguien lo había escuchado. Pero sus palabras fueron cortadas cuando Ginny abrió un poco los ojos y balbuceó algo incomprensible. Harry se inclinó sobre ella.
¡Ginny! Lo siento mucho… Yo no sabía…- ¿…Arri?- sollozó Ginny con voz ahogada en un susurro apenas audible.
Ginny yo… - Harry tragó fuerte.- Voy a sacarte de aquí.
Harry creyó ver como Ginny asentía al mismo tiempo que sus ojos volvían a cerrarse. Decidido, Harry se inclinó para tomarla en sus brazos.
- ¡¿Pero qué está haciendo?!- el anciano intentó detenerlo aferrando el brazo que tenía a su alcance, pero no tuvo éxito. Harry era más rápido y por supuesto más fuerte.
-¡Alguien deténgalo! – gritó otra chillante voz femenina tras él.
En dos pasos llegó a su auto y colocó, no sin esfuerzo, a Ginny en el asiento del copiloto de su Audi.
-¡¿Por Dios, qué está haciendo?! ¡Llamen a la policía!- gritaron dos voces al mismo tiempo. Sin escucharlos, Harry aprovechó el pequeño instante en el que todos los testigos del accidente lo miraban atónitos por lo que estaba haciendo y corrió a recoger el bolso que estaba tirado cerca de donde había estado Ginny.
Con varias maldiciones más detrás de él, Harry saltó al interior de su auto al mismo tiempo en que la mujer del impermeable rojo anotaba la matrícula del vehículo. Maldijo. Tenía que hacerlo. Encendió el auto, dio un volantazo para esquivar a la gente y aprovechando el siga que el semáforo le regaló, aceleró por la avenida hasta la siguiente esquina.
Entonces tomó su varita y apuntó.
La pequeña multitud que había presenciado el incidente, comenzaron a mirarse unos a otros sin entender qué hacían en medio de la calle. Un segundo después, la mujer del impermeable rojo, el anciano del sombrero gris y las 6 personas junto a ellos, tomaron rumbos diferentes. El hechizo desmemorizador colectivo había funcionado.
Por supuesto, aquello le costaría caro. Pero ya asumiría las consecuencias más tarde. Volvió a pisar el acelerador y deseó haberse tomado un segundo para respirar cuando Ginny soltó un gemido ahogado junto a él.
¡Ginny!
Apuntó su varita contra ella murmurando episkeyo y la escandalosa sangre que resbalaba de la abertura en su frente cesó.
-Mmmm.- Ginny volvió a quejarse retorciéndose un poco en el asiento.
- ¿Ginny? ¡Oh, Ginny, lo siento! ¿Puedes escucharme?- Sin apartar la vista del frente, Harry tomó la pequeña mano de Ginny con una mano, mientras que con la otra se aferraba al volante.
- ¿Ha…rry?…- musitó abriendo un poco los ojos y cerrándolos de inmediato, haciendo evidente el enorme esfuerzo que hacía para mantener sus parpados abiertos.
- Lo siento Ginny… por favor perdóname lo siento… yo… vas a estar bien, aguanta un poco, ¿si? Voy a llevarte al hospital ahora mismo.- Ginny asintió ligeramente.
¿Harry? – Ginny le dio un apretoncito a su mano.
Tranquila, no hables, ya casi estamos en San Mungo y… -¡Harry, no! – Ella trató de incorporarse sobre el asiento y la voz se le cortó por el dolor.
Está bien Ginny, vas a estar bien.- Harry intentó tranquilizarla. –Quédate quieta.
Harry… por favor.- Y él tuvo que mirarla.- Nadie puede saber que estoy aquí… no todavía.
ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ
En punto de las 6 de la tarde, las 5 sillas se hallaban en la posición correcta. El vodka oriental, el whisky de fuego traído desde Bangladesh y el vino de Oporto para la mujer, se encontraban dispuestos en la mesita del fondo. Las persianas verde oscuro ya habían ocultado los rastros de luz del exterior y la intensidad del fuego que ardía en la chimenea daba el toque final para recibir a los miembros de El Bloque, que hoy volvían a reunirse en el lugar de siempre.
Uno a uno comenzaron a llegar.
La primera en llegar fue ella. Rebosante, altiva y usando esa sonrisa de suficiencia que parecía no perder ni cuando dormía. Los otros 4, la sucedieron segundos después, ocupando su respectivo asiento alrededor de la mesa pentagonal que se ubicaba en el centro de la habitación. El último en llegar fue Le Chef, como la mayoría solía llamarlo.
Su baja estatura y la cara surcada de arrugas que se perdían entre la barba y el bigote pronunciados y oscuros, enfatizaban su fuerte personalidad que como siempre, imponía silencio.
Buenas noches, compañeros.- Todos asintieron solemnemente, siendo la mujer la única en responder casi cantando Bonsoir Monsieur.
Y bien, ¿qué tenemos hoy? – el Jefe se sentó en uno de los lados de la mesa y mientras hacía una discreta seña con la mano para que el pequeño sirviente que se encontraba en la esquina norte de la habitación le sirviera su exclusivo wisky de fuego, sus diminutos ojos se dirigieron al mago de capa gris y lentes grandes y cuadrados que se encontraba frente a él y a un lado de la mujer.
Los otros tres se miraron unos a otros nerviosos.
El mago se aclaró la garganta para responder.- Hoy murieron dos más… como ya sabe.- La mujer levantó la mirada hacia el que hablaba y lo taladró con sus enormes ojos.
Desde luego, desde luego que lo sé.- Sorbió de golpe el contenido de su copa y la extendió para que se volviera a llenar. – Lo que en realidad, me gustaría saber, Madame,- esta vez fijo su atención en la mujer.- es cómo debo tomar tal noticia.
La mujer soltó una risita estridente y se alisó la capa.
Oh, Monsieur, lamento tanto que se haya tenido que enterar por otras fuentes. – volvió a reír. – Sin embargo, no hay absolutamente nada por lo cual preocuparse, por supuesto. – remarcó- Estas cosas son parte del proceso y no hay porqué alarmarse.- sin perder la encarecida sonrisa, se removió en su asiento.
Y si me lo permite Monsieur, me gustaría que pudiéramos hablar sobre los asuntos importantes, en vez de hablar sobre cosas que simplemente pasan.- rió otra vez mirando a todos sus compañeros, que desde luego, se negaron a imitar su falsa alegría.
Entonces dígame Madame, ¿cuáles son esas cosas importantes de las que deberíamos de ocuparnos?
De la fase beta Chef, por ejemplo. – El Jefe asintió.- Justo esta mañana, el Profesor y yo- y señaló con la mirada a otro mago de piel pálida y sin cabello que se encontraba a un lado del Jefe. – Hemos estado en las pruebas, y pudimos comprobar que la fase beta está a punto de finalizar. Por lo que ahora, y con total seguridad, podemos decir que lo qué causó el accidente de Saint-Étienne no fue el método, sino la aplicación.- indicó con suficiencia.
Pero también sabemos que…- el Profesor intentó intervenir.- También sabemos.- lo interrumpió la mujer sin soltar su máscara de satisfacción.- Que después de las pruebas de mañana, estaremos listos para avanzar a la siguiente fase y sin ninguna contrariedad, Monsieur.
Eso debe ser un motivo para celebrar, ¿o no, queridos? – la mujer levantó la copa con el vino que le había sido servido minutos antes y sin dejar de sonreír sorbió sin esperar a que el resto brindara con ella.
El Ministro la miró fijamente, pero la mujer de cara regordeta no pareció perturbada mientras seguía bebiendo del dorado recipiente.
¿Y qué hay de la chica?- la voz del Jefe se endureció. La mujer no pudo disfrazar su molestia, que la delató a través de sus mejillas encendidas.
De eso Monsieur, tampoco tiene que preocuparse…- apretó los labios y tragó un gran sorbo de su vino. – que ya personalmente me encargaré yo.
ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ
Odiaba la vulnerabilidad que le provocaba aquel lugar.
¿Y el té? Era horrible.
Odiaba los hospitales. Ése en particular. Apretó el vaso de plástico que sostenía en la mano. El café era horrible también. Suspiró. Volvió a apretar el vaso provocándole una grieta y miró el reloj.
¿Por qué tardaban tanto?
Ginny está bien. Ginny está bien. Se repitió otra vez. Ginny siempre tenía que estar bien. Siempre. Y le enfermaba saber que un estúpido accidente de coche, había atentado contra su bienestar. Aunque le enfermaba aún más, haber sido él el causante. Haberla visto tan frágil entre sus brazos,
Se reclinó contra el incómodo asiento.
La pequeña Ginny... ¿Hace cuánto no la veía antes de hoy? Dos años, tal vez. El olor a flores, nunca la había dejado. En absoluto. Su cabello había crecido mucho y ella también. Recordó el momento en que la sacó del auto para entrar a la vieja tienda con maniquíes abandonados que encubría a San Mungo, y no pudo evitar que algo en su interior se sacudiera al sentirla tan frágil entre sus brazos.
Inconscientemente la había apretado más contra su pecho. Quizá con más fuerza de la necesaria, porque Ginny se quejó. Pero su preocupación por ella, había borrado el rastro de cualquier otra cosa, cuando el medimago del área de emergencias se la había quitado de los brazos para recostarla en una camilla.
Por alguna extraña y muy tonta razón, le dolió dejarla ir. Deseó por un brevísimo instante, poder permanecer a su lado mientras sostenía su mano y ella sanaba. Más tarde, mientras se encontraba ese largo y frío pasillo en el cual le habían indicado esperar, se dijo que ese impulso posesivo hacía Ginny que de repente lo había asaltado, se trataba sólo de preocupación… y remordimiento tal vez. Nada más que eso.
Ahora, sólo podía conformarse con que estuviera bien. Volvió a agrietar el vaso entre su mano derecha y recordó la petición de Ginny después del accidente. ¿Por qué no había querido que le avisara a su familia? Quizá para evitar que Molly se volviera loca de preocupación. Aunque Molly se pondría más que loca cuando supiera que Ginny había estado en el hospital y nadie se lo dijo… Eso sin contar con Ron. Porque Ron lo patearía al enterarse que arrolló a su hermana. Y después lo patearía otra vez por no decírselo. Bueno, Ron lo patearía de cualquier forma. Genial.
Sin más qué hacer, Harry se levantó de los horribles asientos de plástico azul y caminó hacia el ventanal que iluminaba el final del pasillo. Tras varios minutos en los que no sucedió nada, escuchó su nombre.
¿Harry? – se giró.
Por un segundo, pensó que tal vez se había dormido en el asiento mientras esperaba. Porque ahora estaba soñando. Era un buen sueño, sin embargo, un poco raro tal vez. Nada nuevo para él… En su sueño, toda la habitación había palidecido y un resplandor proveniente del otro extremo del pasillo lo estaba deslumbrando todo.
-¿Harry? ¿Estás bien?- La luz preguntó. Caminó hacía él y poco a poco cobró la forma de una alucinante mujer. Rubia y con los ojos azules y profundos como el cielo. Interesante, pensó él. Vestía una túnica color lila ¿qué también brillaba? La alucinación lo miró fijamente.
-¿Harry? – lo volvió a llamar por su nombre.
-Sí, soy yo… ¿por qué sabes mi nombre? – se sintió estúpido al preguntar, pero no le importó.
Entonces ella río.
-Harry, soy yo… Gabrielle. – Y sonrió centelleando una abierta sonrisa.
Por supuesto. Esa cara pertenecía a Gabrielle Delacour. La hermana de Fleur, esposa de Bill, hermano de Ron. La realización de saberlo, le provocó ganas de echar a correr para esconderse de su propia estupidez.
Tenía que dormir más y dejar de imaginarse cosas.
-Ho… hola Gabrielle… ¿cómo estás? – dijo sin ocultar la vergüenza.
-Me alegra que me hayas reconocido. – sonrió más.- ¿Te encuentras bien?¿Qué haces aquí?-
-Eh yo…- A Harry le costó alzó la vista para encontrarse con su mirada. Entonces comprendió que lo que usaba Gabrielle era una túnica con el emblema plateado que recitaba Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. Así que eso era lo que brillaba. Humm.
-Tuve un accidente…- dijo todavía apenado. Gabrielle abrió muchos los ojos y lo miró asustada.
- ¿Estás herido?- La veela no esperó su respuesta y rápidamente extrajo de uno los bolsillos de la túnica una especie de brújula donde las manecillas apuntaban a alguna parte del cuerpo humano, que se encontraba dibujado sobre un fondo blanco dentro del aparatito. Lo puso de inmediato sobre la frente de Harry.
- Espera Gabrielle yo…- pero nuevamente, no tuvo oportunidad de responder ya que la brújula soltó un sonidito cuando la manecilla principal indicó el corazón situado en la parte que en un reloj normal, ocuparía el número 2.
- ¡Oh!- Gabrielle dijo alarmada.
-¿Qué?- preguntó Harry con frustración mientras Gabrielle observaba que la segunda manecilla de la pequeña brújula giraba hasta el punto que indicaba "herida profunda".
-Harry tu corazón…- Harry la observó. -¡Dime qué pasó! ¿Sufriste algún ataque? O…
-Maldita sea Gabrielle, ¿quieres dejarme hablar?- Sorprendida por el tono de Harry, Gabrielle abrió mucho los ojos y dio un paso atrás.
-Lo siento Harry yo…-
-No, no, yo lo siento, discúlpame por favor, no quise gritarte es sólo que… - Harry volvió a mirar la insignia del hospital y se sintió esperanzado.- Espera, ¿tú trabajas aquí?
-Eh… bueno, soy residente Harry. Aún no tengo plaza, pero espero tenerla dentro de poco cuando…- Bueno,- la interrumpió-… pero tú puedes saber todo lo que pasa por aquí, ¿no?
Gabrielle asintió y lo miró extrañada.
-Mira, escúchame.- La tomó por los hombros. – Yo no fui el del accidente, yo fui quien provocó el accidente. – Mon Dieu…- susurró Gabrielle.
-Las llantas de mi auto patinaron y … y… ¿recuerdas a Ginny Weasley? –
-¡Bien sûr! Por supuesto que sí… ¡Oh Haguí atgopellaste a Ginny Weasley!- Afirmó. Su acento francés, tan finamente disfrazado en su perfecto inglés se evidenció.
-Sí… - asintió abatido.
-¿Los Weasley lo saben? ¿Dónde están ahora?- miró alrededor esperando encontrar alguna cabellera roja por allí.
-No, no lo saben, nadie lo sabe todavía.- volvió a sacudir sus hombros.-Gabrielle lo único que quiero saber antes de informarles que casi mató a su hija, es saber cómo está ella.- Gabrielle asintió. -Podrías ayudarme… por favor.- Harry la miró suplicante. Ella lo contempló un momento y sonrió.
-Yo estoy en el ala infantil Harry.- Señaló con su cabeza el final del otro pasillo. -No nos permiten ingresar a emergencias, pero veré qué puedo hacer.
-Gracias, gracias, gracias.- Gabrielle sonrió y se apresuró hacía el pasillo del ala norte con paso de bailarina.
ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ
Dieciocho minutos y 42 segundos después, Gabrielle volvió a aparecer por el final del pasillo. Su expresión era tranquila, lo cual de alguna forma consiguió relajarlo a él también.
-Gabrielle, ¿cómo está Ginny? Está bien, ¿verdad? – Harry se levantó de un salto hasta llegar a ella.
-Calma Harry, te va a dar un ataque si sigues así.- Le dio unas palmaditas en el brazo y sonrió.
-Dime, ¿cómo está Ginny?- preguntó exasperado.
-Ella está bien… aunque tendrá que descansar y tomárselo con calma unos días. Tuvo una contusión en la cabeza y se fracturó dos costillas… ¡¿Meglin a qué velocidad conducías?! –La hermana menor de Fleur se exaltó un poco y su acento francés volvió a aparecer.
-Yo… es que llovía mucho Gabrielle, y las llantas se derraparon, pero ¿está bien?- La miró esperando más información.
-Sí Harry, ella está bien pero…- En ese momento otra mujer cruzó la puerta del pasillo y se dirigió con gesto decidido hacia ellos. Gabrielle enderezó su postura y miró a la mujer.
-Harry… ella es la Sanadora Addison Shepherd**. – La mujer llegó hasta donde ellos sonriendo de manera sobria.- La Sanadora fue quien atendió a Ginny y ella te dirá cómo está realmente.- Gabrielle sonrió a la recién llegada y permaneció detrás de Harry.
-Señor Potter, un gusto. Sus historias por aquí son leyendas.- extendió su mano hacia Harry mientras enarcaba mucho la ceja izquierda. Era casi tan alta como él, el cabello borgoña le caía a mitad de la espalda y sus enormes ojos claros irradiaban tanta seguridad, que de repente se puso nervioso. Sin embargo, eso no impidió que el comentario le molestara y tuvo que tragar fuerte.
-Eh si, claro, ¿cómo está Ginny?- sacudió la mano de la sanadora ligeramente y la soltó de inmediato.
-La Señorita Weasley se encuentra estable, sin embargo, el impacto que recibió en la cabeza tendrá que llevarse con más cuidado. Hemos sanado las dos costillas rotas, pero tendrá que estar en reposo al menos por dos días. – indicó sin dejar de enarcar su remarcada ceja.
-¿Puedo verla ahora? – preguntó esperanzado.
-Por supuesto.- la sanadora esbozó media sonrisa sin relajar la fuerte expresión que le daban sus cejas. - Acompáñeme por favor.- Y avanzó por el pasillo contorneando las caderas bajo su túnica azul.
Harry se giró hacia Gabrielle. -¡No sabes cuánto te lo agradezco!- La tomó de las manos y le dio un beso en la mejilla. Un gesto que los sorprendió tanto a ella como él.
Las mejillas pálidas normalmente sonrosadas de Gabrielle subieron varios tonos.
-No tienes nada que agradecer Harry, es parte de mi trabajo. Por favor avísame si puedo ayudar en algo más, quizá pueda decirle a mi hermana que les avise y…. -¡No, no! – la interrumpió Harry.-Te lo agradezco Gabrielle, pero prefiero avisarles yo mismo.- Ella asintió.
-Te lo agradezco en verdad.- repitió mientras se giraba para ver a la sanadora quien se había detenido unos pasos delante de él, para esperarlo.
-Cuídate Harry, ya nos veremos…- Harry le sonrió y se apresuró hacia la sanadora quien lo condujo a través de una puerta, que conducía a un largo pasillo que flanqueaba varias puertas.
-Así que es Ginevra Weasley, hija de Arthur Weasley del Departamento de Cooperación Mágica Internacional.- Harry no respondió, ya que su acompañante no había formulado su comentario como pregunta, sino como afirmación.
- En fin, hoy si que tuvimos suerte con las celebridades… por aquí por favor.- dijo llegando a una de las últimas puertas, marcada como 24-E.
La Sanadora abrió la puerta y tras una desvaída cortina amarilla, el cabello rojo de Ginny anunció su presencia. El corazón de Harry dio un saltó al verla y por un momento él también sintió dolor…
-Sólo está dormida.- Indicó la sanadora Shepherd.- Pero pronto pasarán los efectos de la poción restaurativa y podrá hablar con ella. Estaré al pendiente por si me necesitan. Mi consultorio está al inicio de este pasillo, a la derecha. Y si…-
Harry estuvo seguro de que ella había dicho algo más, pero no fue consciente de sus palabras hasta que un "con permiso" y el clic de la puerta al cerrarse le revelaron que la sanadora se había ido.
ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ
Harry la observó.
Ginny estaba pálida. El color rosado de sus mejillas, había sido reemplazado por un amarillo verdoso y tenía rastro de ojeras. Sus pecas, sin en cambio, brillaban limpiamente sobre su nariz, resaltando más su piel demacrada. Su cara estaba delgada. Y con nostalgia comprobó, que nada podía arrebatarle a su largo y vibrante cabello rojo ese delicioso aroma a flores.
Sin entender por qué, se sintió inevitablemente atraído por su perfume. Se acercó a ella y tomó entre sus dedos un mechón que caía sobre la almohada. Lo llevó hasta su nariz, cerró los ojos e inspiró.
Fresias, lilas y ese aroma a… Abrió los ojos y se encontró con los de Ginny.
-¿Harry?- preguntó desconcertada parpadeando varias veces. Harry soltó su cabello de inmediato y se incorporó rápidamente.
-Hola Ginny…- respondió sorprendido y avergonzado por lo que estaba haciendo.
-Harry… qué…- Ginny volvió a cerrar los ojos e hizo un gesto de dolor haciendo evidente el esfuerzo que le costaba mantenerlos abiertos.
-Yo… lo siento tanto Ginny, ¿te encuentras bien? Por favor perdóname.- la voz de Harry estaba cargada de culpa.
-¿Perdonarte? – Ginny parpadeó varias veces con lo cual pareció aclarar su visión. Harry la miró con inquietud. Perdóname. Aquella palabra y aquella voz en conjunto, reprodujeron en su mente una escena borrosa sobre una noche lluviosa, en la que dos personas se despedían junto a un lago.
-Sí.-dijo Harry. -Por lastimarte de esa forma. Yo no quería, de verdad, pero no pude frenar y cuando lo hice tú…. Lo siento. – se disculpó sinceramente.
Ginny comprendió entonces de qué hablaba Harry... Por supuesto, no de lo mismo.
- Oh Harry, ¿qué…?- intentó levantarse, pero una punzada en la mitad de su cuerpo y la sensación de que su cabeza estaba desconectada de su cuerpo, se lo impidieron.
-¡Ginny no! No puedes levantarte, tienes que permanecer acostada.- hizo el intento de tocarla para volver a recostarla, pero el propio cuerpo de Ginny ya había hecho el trabajo.
-Harry, ¿dónde estoy? ¿Qué pasó? – se tomó la cabeza y volvió a cerrar los ojos.
-Ginny, lo siento. Te arrollé con mi auto en la calle, estaba lloviendo y el asfalto estaba muy mojado, lo siento en verdad. – Harry se sentó en un extremo de la cama con todo el cuidado que pudo para no tocarla.
-¡Por Dios! Ahora lo recuerdo, ¡conduces como un loco Harry! ¿No te das cuenta que podrías matar a alguien? –abrió los ojos y lo acusó con la mirada.-Esta vez fui yo, pero pudo haber sido alguien más y… Bueno, no te preocupes… - relajó su tono al notar la expresión de culpa de Harry, quien había bajado la mirada. – Creo que ya estoy bien, ¿no? Sólo recuérdame no moverme por los próximos 100 días.- le sonrió y las mejillas le dolieron un poco. Harry sintió ganas de sonreír también, pero se contuvo por deferencia a ella.
-¿Y bien? ¿Cuál fue el veredicto? – Harry la miró extrañado. ¿Qué tengo Harry?- dijo exasperada. -¿Cuándo me puedo ir?
-Eh… bueno- Harry se alborotó el cabello con una mano, mientras que con la otra se acomodó los anteojos. -Tuviste una contusión en la cabeza y… dos costillas rotas.-volvió a mirarla con la vergüenza impresa en sus facciones.- Y no sé cuando puedas irte, pero creo que mencionaron que tal vez tendrías que pasar la noche aquí.
-¡¿Pasar la noche aquí?! ¡Imposible! – Ginny se exaltó sobre la cama y su cuerpo se lo reclamó.
-Ginny tómalo con calma, ¿quieres? Tienes que reposar para que tus huesos sellen correctamente, además no creo que a tus padres les de mucho gusto verte así.
Ginny palideció dos tonos.
-¿Les dijiste a mis padres que estoy aquí!? – Sus ojos color chocolate se abrieron mucho y Harry creyó ver ese destellito que antecedía al estallido de furia Weasley. Harry…- murmuró sin aliento- … creo haberte pedido qué…-
-Tranquila Ginny, no le he dicho a nadie.- Ella se tocó las costillas con las manos y se relajó. –Aunque no entiendo por qué no quieres que les avise… son tu familia y deben estar preocupados. – Ginny bajó la mirada. De pronto Harry cayó en la cuenta del bolso que ahora descansaba en una silla del rincón de la habitación. -¿Acabas de llegar a Londres?
Lo ultimo que había escuchado, unos meses atrás sobre Ginny era que había conseguido un empleo como columnista para la gaceta oficial que publicaba el Rowling College, la Academia Europea de Profesiones Mágicas de la cual Ginny se había graduado un año antes en Periodismo Social. Gracias a eso, había decidido quedarse en Suiza, aunque Ron aseguraba que eso se debía en un cincuenta por ciento al empleo y el otro cincuenta a que su novio, el tal Derek, - del cual la Sra. Weasley despotricaba cualquier cantidad de insultos cada que tenía la oportunidad, - tenía un trabajo muy importante en Ginebra, el cual no podía dejar.
-Sí. Llegué esta mañana a la ciudad. – ahora ella parecía avergonzada y Harry no entendió porqué.
-¿Y por qué no fuiste a la Madriguera? – preguntó intrigado, dado que el accidente había sucedido alrededor de las 6 de la tarde.
-Porque no puedo ir a mi casa Harry, al menos no todavía.- Ginny se miraba las manos.
-¿Otra vez peleaste con tu madre por tu novio? – Harry no deseaba entrometerse, porque era algo que nunca hacía. Incluso a él le pareció extraño cuestionar a Ginny, dado que hace meses o quizá años no habían sostenido una conversación que incluyera más de dos palabras, pero de alguna forma no pudo evitar querer saber porqué Ginny se veía tan abatida.
-No…-respondió bajito.- No se trata de Derek solamente… Es más bien de los dos. – Ah, eso era. Se dijo Harry. Para nadie que fuera tan cercano como él a la familia Weasley, era un secreto que Molly profesaba un absoluto rechazo hacia el novio de su hija.
-Mi madre y yo hace meses no hablamos. – levantó su mirada y Harry sintió ganas de abrazarla al verla tan triste. ¿Abrazarla? ¿Por qué querría yo abrazarla? Se contradijo internamente.
-Oh, lo siento mucho Ginny…-quiso tocarla otra vez, en cambio optó por meter las manos a los bolsillos de su chaqueta. -¿No crees que esto podría ser un buen motivo para hablar y hacer las paces? Estoy seguro que tu madre se moriría en cuidados para asegurarse de que te sientas bien.- Qué importa que me meta a prisión después, pensó irónicamente.
-Tal vez… -reconoció Ginny. –Aunque dudo que le gustaría verte en Azkaban-bromeó sonriendo un poco, Harry abrió mucho los ojos. –Pero creo que no es el mejor momento, por eso necesito un lugar donde quedarme… algunos días. – volvió a bajar la mirada y junto sus manos.
-Yo… -¿Ginny había escuchado lo que él había pensado? Harry sacudió un poco sus ideas. En serio, necesitaba dormir. – No entiendo Ginny… creo que lo mejor es que vayas a tu casa y descanses, luego tú y tu madre podrán arreglar lo que sea que esté mal entre ustedes. – o eso le parecía lo más lógico a él.
Ginny no respondió. Harry insistió.
-Además, estoy seguro que tus padres estarán felices de verte… sola.-Y recordó la última celebración del año nuevo, cuando Molly y ella habían gritado y aventado cosas en el jardín, mientras el incómodo novio era devorado por los ojos de 6 pelirrojos que lo habrían echado de la casa, sino es porque Ginny regresó para irse con él antes.
-No puedo ir a casa Harry…- Ginny giró su cuerpo tanto como la sonda que le suministraba la poción restaurativa se lo permitió.
-¿Por qué?- Harry en verdad odiaba hacer tantas preguntas, porque odiaba que a él le preguntaran también. Pero se sentía comprometido por la seguridad de Ginny, dado que él era el causante de que ella estuviera postrada en esa horrible cama.
Ella permaneció momento en silencio. Luego tomó aire y lo miró. -Por esto Harry…- Alzó su mano derecha y una pequeña argolla dorada brilló en su dedo anular.
Harry lo observó y no entendió de qué forma un anillo pudiera ser impedimento para que Ginny no visitara a sus padres.
- Ginny, qué tiene que ver un…
-Me casé hace 5 días Harry.- Y entonces lo entendió.
ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ
Es pronto para comprender
que pueda mirarte y verme a la vez
que escuches hoy mi voz que tanto te cantó los meses que tú fuiste yo...
Porque un amanecer sin nada que perder es muy difícil de entender.
ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ
Lyrics:
ɑ·ɒ Y, ¿si fuera ella?, Alejandro Sanz
ɑ·ɒ Palabras para Paula, la Oreja de Van Gogh
**
ɑ·ɒ Para todos los fans de Grey's Anatomy, seguramente sabrán quién es Addison Shepherd. ;)
ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ ɑ·ɒ
Y se hizo la luz y entonces volví a escribir.
Wow! Se siente tan raro estar de vuelta... pero creo que no tengo más que decir, que siento mucho la larguísima espera, de verdad que no me había dado cuenta el tiempo que había pasado sin que yo escribiera algo. La inspiración me abandonó completamente y hasta hace unos días regresó de sus vacaciones y nos sentamos juntas hasta conseguir esto.
Creo que es un capítulo un poco raro, pero tenía que salir para poder continuar con la historia, que por supuesto les prometo y me prometo no dejar. ¿Ginny se nos casó? ¡Qué notición!
Muchísimas, muchísimas gracias a quienes se han tomado la molestia de dejarme un review, ojala puedan hacerlo otra vez. Intentaré regresar lo más pronto que pueda, pero eso sí, no volveré a irme por tanto tiempo.
Un saludo muy grande desde México, ¡qué tengan un excelente 2009! Y no dejen de visitar: Amortentia . org o Amortentia . com. ar (que es lo mismo) porque cada día está mejor. :P
Sandra.
