Estoy feliz por que este es mi primer capitulo con beta!! Yeii!! Jajaja te debo la vida Sirem querida!!
Sin mas que lo disfruten… ahhh no olviden pasar por el SlyGry! Jajaja
EL SLYTHERIN HUFFLEPUFF
By: Cheryl Dyson
CAPITULO 3
La Mansión Malfoy
Albus miró a su papá esperanzando.
–Así que, como tu no odias al padre de Score y él no te odia a ti ¿Puedo ir a visitarlo en el verano? Si le parece bien al papá de Score, por supuesto.
La expresión en el rostro del papá de Al era muy extraña. Se veía incomodo hasta el punto del pánico.
–Después de todo ¿Por qué no se llevan bien ustedes dos?-preguntó el chico.
Su papá tenía una mirada como de estar perdido en sus recuerdos.
–Fue hace mucho tiempo –dijo finalmente –rivales de escuela, Quidditch… y después en la guerra.
Al hizo una mueca de dolor. No fue su intención traer el tema de la guerra. Parecía que ese tema éste siempre ponía al papá de Al muy triste.
–Está bien –dijo su papá con una sonrisa –probablemente ya es tiempo de dejar el pasado atrás. Si está bien para Malfoy, puedes ir a visitar a tu amigo. Yo…hablaré con tu madre.
El adulto sonó poco animado ante ese posibilidad, y Al se preguntó por qué su madre se opondría a que visitara a Scorpius. Solo porque ella pensara que había algo malo en tener sangre Malfoy, no significaba que Albus se llegaría a infectar. Los adultos eran tan raros.
Una lechuza por parte de Score llegó más tarde, ese mismo día. Más bien una formal invitación para Albus a hacer acto de presencia en la Mansión Malfoy para pasar el día. El moreno gritó de alegría y corrió al patio a volar en su escoba y a hacer piruetas locas.
Albus estaba saltando de emoción cuando se apareció con su padre frente a las verjas de la Mansión Malfoy. Al jadeó, porque el lugar era increíble, todo era de hierro forjado, ladrillos, majestuosos robles, perfectamente cortado césped y pavos reales blancos. Se veía más como un museo que como una casa.
–¿Score vive aquí?– dijo Al en voz baja.
–Si puedes llamar a esto vivir – murmuró su padre. Al lo miró rápidamente, pero su padre solo le sonrió y levantó una mano para abrir las verjas de hierro forjado. Se abrieron de par en par antes de que las llegara siquiera a tocar.
Caminaron por la aparentemente interminable senda de gravilla, que los llevó a la puerta principal. Harry tocó la puerta educadamente y la puerta fue abierta por un extraño Elfo-doméstico. Al se le quedó mirando con curiosidad. Él solo había visto un elfo-doméstico en su vida, que era Kreacher. Éste se veía mucho mejor que Kreacher, quién lucía como si fuera a caer muerto en cualquier momento.
–Señor Harry Potter y Señorito Albus Potter deberán esperar en la antesala. El amo Malfoy le hará compañía al Señor Harry Potter en un momento. El Señorito Albus Potter no tiene permitido tocar nada. El Señor Harry Potter también tiene prohibido tocar.
Al no estaba seguro de lo que era una antesala, pero siguió gustoso al elfo a una sala cercana, que era la sala más grande que Al había visto en una casa. El Hufflepuff se tiró en una silla y agarró una galleta de la bandeja que había aparecido de la nada en la mesa más cercana.
Su padre se veía claramente incomodo y no tomó asiento, pero sí caminó de un lado a otro, fingiendo que examinaba las figuras de porcelana de una mesa. Al sabía que eran de porcelana porque la Tía Hermione tenía unas, y el Tío Ron estaba constantemente gritándole a James: "¡aléjate de la maldita porcelana!"
–¡Al!– escuchó de repente y se giró para ver a Score en la entrada, luciendo más limpio y reluciente de lo que Albus hubiese estado para ir a una boda. El moreno se levantó de la silla y corrió hacia Scorpius. Casi se cae sobre su mejor amigo.
– Cálmate Al– reprendió Score.
–Papá, ¿te acuerdas de Scorpius?
–Sí, un placer verte de nuevo – sonrió Harry, pero su sonrisa murió cuando sus ojos se levantaron de Score hacia su versión más grande que recién apareció en la entrada.
El padre de Score lucía como siempre se veía las pocas veces que Al lo había visto: elegante y algo… frío.
–Potter– dijo haciendo que el apellido sonara como algo desagradable.
–Malfoy– dijo el papá de Al con el mismo tono. Al, de repente, se acordó de aquel día hace mucho tiempo en la librería cuando los puños de Draco Malfoy estaban agarrando la túnica de su padre. Rogó porque no empezaran a pelear nuevamente.
–Vamos arriba, Al– siseó Score en su oído – ¡antes de que cambien de opinión!
Tomó la mano de Al y lo sacó del salón, lo último que el moreno escuchó mientras corrían hacia las escaleras fue un intercambio que sonó algo civilizado.
–¿Te gustaría una copa, Potter?
–¡Dios sí!, quiero decir… por favor.
Al pensó que eso era muy extraño, considerando que su padre nunca tomaba, excepto por una copa de ponche de huevo en Navidad. El chico se olvidó de todo cuando llegaron a la habitación de Score y llamaron su atención más de cien muñequitos de Quidditch.
– ¡Esto es mucho mejor que haber ganado la Copa de las Casas!– dijo Al.
Score se rió.
–Te dije que ganaríamos la Copa de las Casas. De ahora en adelante todo será color de rosas para Hufflepuff. Nadie nos podrá ganar en Quidditch.
–Supongo que también ayudó que iniciaras el Tiempo de Estudio –admitió el moreno a regañadientes.
Albus se había opuesto enérgicamente cuando Score recurrió, con una lógica digna de un Ravenclaw, a los Hufflepuff mayores, y creó un tiempo específico cada noche para estudios y tareas. Los estudiantes mayores ayudarían a los más jóvenes con sus tareas y hechizos, lo cual logró que las calificaciones subieran en todo Hufflepuff. Scorpius lo había hecho con la intención de obtener la Copa de las Casas, por supuesto, pero había beneficiado a todo Hufflepuff, así que los sentidos de justicia de Al quedaron satisfechos.
Él solo deseaba que Score lo hubiera excluido de la regla de Tiempo de Estudio.
Problemas con Chicas
El tercer año para Albus comenzó de manera agradable. Las pruebas de Quidditch se llevaron a cabo, Al y Score ya tenían sus posiciones aseguradas y Scorpius gobernaba sobre sus compañeros jóvenes y mayores, tal y como había imaginado que haría en su reinado de Hufflepuff. Lily Potter fue sorteada a Gryffindor, como era de esperarse, para el gran deleite de James, quién continuaba tratando a Albus como si fuera una clase de aberración.
Las cosas eran casi perfectas hasta que un día, a finales de Octubre, el mundo de Al comenzó a caerse a pedazos.
Eso fue cuando Scorpius Malfoy encontró novia.
Ella era lógicamente Ravenclaw. Tenía el cabello largo, negro azabache y una linda cara con nariz perfilada. Sus ojos eran avellana con largas pestañas, las cuáles movía hacia Score pretendiendo timidez.
Cuando ella comenzó a hacerles compañía, claramente para obtener la ayuda de Score en Aritmancia, Al no le dio mucha importancia. Cuando Malfoy y su Sombra se convirtieron en Malfoy y su Sombra más Uno, Al comenzó a sentirse algo molesto.
–¿Tiene ella que venir con nosotros?– explotó Albus, viéndola aproximarse a ellos, con sus animado caminar y su alegre saludo con la mano. Su nombre era Rebecca, pero Albus solo se refería a la chica como ella.
Scorpius lo ignoró.
–Beckers querida –habló efusivamente. Ella se sonrojó lindamente.
–Hola Al– saludó ella, y le dio un superficial batir de pestañas mientras que tomaba el brazo del rubio posesivamente. Al decidió que la odiaba.
–Hola– saludó a regañadientes. Tomó el otro brazo de Score, el cuál le sonrió, obviamente complacido con ser flanqueado por sus dos trofeos pelinegros. Albus estaba acostumbrado a compartir. Era el segundo hijo, con dos hermanos y una horda de primos. Él sabía cómo compartir.
Pero no le gustaba compartir a Scorpius.
Por el bien de Score, el moreno toleró a Rebecca. No es que tuviera otra opción. Él estaba aterrado de que si llegaba el momento de tomar una decisión entre ellos, Scorpius escogiera a Rebecca. Estaba agradecido por las clases que tenían sin ella, y temía por las clases que Score tenía con ella pero sin él.
Albus agradeció a Merlín, a Hufflepuff y Dumbledore que ella fuese una Ravenclaw, por lo que tenía que irse cada noche a su torre de Ravenclaw, dejando benditamente solo al moreno con su mejor amigo.
–Tenemos que encontrarte una novia, Al– decidió el rubio una noche cuando se sentaron frente al fuego en la Sala Común de Hufflepuff. La cabeza de Al estaba en el regazo de Score y sostenía un rollo de pergamino de Estudios Muggles, que leía mientras Score practicaba Transformaciones con una taza de té.
El moreno casi deja caer el rollo y sintió que su estomago se sacudió.
–¿Qué?
El rubio susurro una palabra y la taza de té se convirtió en un candelabro.
–Una novia, tonto. Como Beckers. ¿Qué chica te gusta? Estoy seguro de que cualquiera de ellas estará contenta de tenerte una vez que pasemos un peine por esto – pasó sus dedos por el cabello rebelde del moreno – aunque no sirva de mucho.
Al le agarró la mano para que dejara de tirar de su cabello. Entrelazó sus dedos con los de Score, tratando de sostener todo lo que sentía que se le estaba escapando. Albus pensó en las palabras de Score. Chicas. El nunca había estado ni remotamente interesado en chicas.
–Estoy seguro de que te gusta alguien Al, escúpelo.
Al, mentalmente, repasó todas las chicas que conocía, tachó todas las Hufflepuff, consciente de que jamás permitiría que una chica se interpusiera en sus momentos con Scorpius. De todas formas Amber y Zephyr Abbot eran más bien como hermanas para él, ¿Ravenclaw? Se estremeció. Esas chicas cerebrito le hacían sentir como un idiota. Las chicas en Gryffindor se veían muy bulliciosas e intimidantes. Además, James los estaría molestando sin misericordia.
Finalmente pensó en la opción más lógica.
–Angélica Parkinson– dijo, y Score rió.
–Mierda Al, tu aspiras muy alto ¿no? Y ¿una Slytherin? Definitivamente eres lo suficientemente valiente para haber sido sorteado a Gryffindor.
Angélica Parkinson era hermosa. Tenía el cabello largo, lacio y rubio-platinado, enmarcando unos pálidos ojos en una pálida piel. Se rumoreaba que era despiadada y astuta, con una lengua malvada. Le recordaba a Scorpius.
–Bueno, es la que quiero. Si tengo que tener una novia, qué menos que sea la mejor ¿cierto?
–Nunca dije que tenías que tener una novia, Al– dijo Scorpius secamente. Pero el reto ya había sido lanzado.
La persecución de Angélica Parkinson duró hasta Febrero. Ella se reía en la cara de Al. Había jurado que jamás tendría algo con un Hufflepuff, salió con una interminable sucesión de chicos en todas las casas menos la de los tejones, y se deleitaba besando a los chicos en frente de Al. Extrañamente, la chica parecía molesta cuando a Albus parecía no importarle. Él solo sonreía, encogiéndose de hombros y palmeaba al "afortunado chico" en el hombro.
–Tal vez deberías darte por vencido, Al– le aconsejó Score una noche después de que Angélica le hubiese hecho una zancadilla al moreno en las escaleras. La caída terminó en un viaje a la enfermería. Albus miró enojado a su amigo. El rubio tenía los labios rojos de estar besuqueándose con Rebecca en la entrada del comedor. En ese momento, Al sintió arder las ganas de odiar a su despistado amigo.
A la mañana siguiente, en el desayuno, Albus caminó directamente a la mesa de los Slytherin, se sentó al lado de Angélica Parkinson y le dio un beso completo en los labios.
–Ahora estás saliendo conmigo y vamos a ir juntos a Hogsmeade en el fin de semana de San Valentín, si tienes algún problema con eso, conjuraré un trasero de mono en la cara de los siguientes 20 novios que tengas.
Angélica lucía bastante aturdida y asintió. Al se puso de pie y caminó a la mesa de Hufflepuff, donde se sentó al lado de Score, el cuál lo miraba con la misma expresión que tenía Angélica.
–Maldita sea Al, estoy impresionado.
–No eres el único – soltó Albus. Comió su desayuno y se fue a clases.
El moreno llevó a Angélica Parkinson a Hogsmeade con Score y ella y comieron un lindo dulce cortado en forma de corazón. Él, obedientemente, besó a Angélica en la entrada de la Sala Común de Slytherin y escuchó todas las burlas de sus compañeros de buen corazón, Scorpius incluido. Al entró en la vida de pareja con la misma apacibilidad con la qué enfrentaba todo… y odió cada minuto de ello.
Todas las noches, Al se acurrucaba al lado de Score en el sofá Hufflepuff y lo abrazaba dejando que la visión, sonido y esencia del rubio ahogara el dolor en su corazón.
El moreno finalmente había admitido que Scorpius era el único al que quería, pero no tenía ni una mínima idea de qué rayos hacer al respecto.
El verano antes del cuarto año de Albus fue casi un alivio. Pensó que lo único que necesitaba era un descanso de Scorpius y, definitivamente, necesitaba un descanso de Angélica Parkinson. Mientras que disfrutaba del respiro de la escuela y la presión de sus amigos, las cosas en su casa seguían igual de tensas.
Sus padres parecían estar peleando constantemente. La mamá de Al estaba enojada porque su papá pasaba más y más tiempo en el trabajo, algunas noches ni siquiera regresaba a casa. El papá de Al gritaba en respuesta acerca de deberes y responsabilidades, y cosas que Albus realmente no entendía. Él solo deseaba que ellos pararan de pelear.
James lidiaba con la tensión metiéndose en problemas. Cuando incendió el árbol del patio, sus padres lo mandaron a pasar el resto de las vacaciones con su Tío George. George era conocido como un bromista, pero sabía cómo mantener a raya a James. Al estaba más contento sin la mordaz presencia de su hermano y su constante sarcasmo, aunque extrañaba tener a alguien con quién jugar al Quidditch. Lily estaba mejorando, pero tendía a hechizar al moreno cuando se enojaba, cosa que pasaba bastante y raras veces se metía en problemas por hacerlo.
Una tarde, cuando su papá estaba en casa, Albus salió al patio con Lily para escapar de los gritos de sus padres, los cuáles habían empezado cuando termino el desayuno.
–¿Por qué pelean tanto?– le preguntó Lily mientras que escalaba el manzano. Se suponía que ella no debería hacerlo, porque siempre desgarraba sus túnicas y se raspaba las rodillas, pero ella tendía hacer lo que le diera la gana, como James.
–Yo creo que ya no se agradan – dijo Al
Lily colgó de cabezas desde una rama. El moreno preparó su varita para el caso de que se cayera.
–¡Pero ellos están casados!
–Eso no quiere decir que se tengan que agradar. Piénsalo ¿Cuándo fue la última vez que hicieron algo juntos, solo ellos dos?
Albus pensó que en realidad eso explicaba bastante. El sabía lo importante que era pasar tiempo solos en una relación. Dios claro que lo sabía, después de estar como pareja por cuatro meses, y no recordaba haber visto a sus padres salir a ningún lado sin el Tío Ron y la Tía Hermione, o el Tío Bill y la Tía Fleur, o el Tío George y su, como llamaban todos a sus numerosas novias, cita–de–la–semana.
Eso ponía triste al moreno, pero era aun peor ver a su padre con su expresión pensativa, cuando pensaba que nadie lo estaba mirando. Estaba tan llena de tristeza y añoranza que eso hacía que el corazón de Al se contrajera. Algunas veces su padre lucía como si deseara estar en cualquier otra parte. En esos momentos Albus pensaba que era muy probable que se despertaría un día con la noticia de que su padre se había ido.
–¡Lily! ¡Vámonos!– gritó su madre desde la puerta trasera. Su hermana bajó obedientemente del árbol. Corrió hacia la casa ganándose una palmadita en la cabeza de su padre, quién salía por la puerta cuando Lily entraba.
Al observó a su padre acercarse. El apuesto rostro lucía parecía tenso.
–Al ¿Te gustaría ir a visitar a tu amigo Scorpius?
El corazón de Albus saltó y sonrió abiertamente
–¿Qué si me gustaría? ¡Claro!
Se aparecieron frente a las verjas y Al se sorprendió al ver al papá de Score esperándolos al otro lado de ellas.
–Potter– dijo Draco Malfoy secamente. Miró a Al con un asomo de sonrisa – pequeño Potter.
Al lo fulminó con la mirada –¡Algún día seré tan alto como mi papá!
El rubio rió y le despeinó el cabello Estoy seguro de que así será. Scorpius está en el patio con las escobas. Al parecer espera que juegues con él al Quidditch.
Al soltó un grito y salió corriendo a la casa. En la entrada se paró y miró hacia atrás. Se sorprendió de ver a su padre y el padre de Score todavía parados junto a las verjas. La mano de Draco Malfoy estaba en el hombro del papá de Al, y la mano de su papá estaba agarrando la muñeca del Señor Malfoy. Sus cabezas estaban tan cerca que sus frentes casi se tocaban, y los cabellos rubios se rozaban con los negros.
Por un momento, Albus tuvo una extraña premonición. Así es cómo se verían él y Score cuando fueran grandes, si es que seguían siendo amigos. Era una escena extrañamente tierna, y el Hufflepuff se preguntó cuándo Draco Malfoy y su padre dejaron de desagradarse para convertirse en amigos.
El moreno se encogió de hombros y corrió para encontrarse con Score.
Trucos y Mentiras
El cuarto año de Al comenzó rarísimo. Scorpius se apresuró a buscar a "Beckers" al minuto en que abordaron el Expreso de Hogwarts, y la encontró sentada con otro tipo. Después de una competencia de gritos en el pasillo, que logró hacer que el chisme se corriera como pólvora por todo el tren, para el deleite de Albus, Score terminó con la devastada Ravenclaw.
El rubio pasó el resto del viaje ardiendo de la irritación. El moreno mantuvo su brazo alrededor del enojado Hufflepuff, y le hacía sonidos tranquilizadores para evitar que atacara salvajemente a sus amigos Hufflepuff, que estaban acurrucados en el asiento frente a ellos, observando a Score con miedo.
Cuando salieron del tren para subir a los carruajes que se empujaban solos (aunque Al sabía que eran empujados por criaturas parecidas a caballos), una mancha de negro y verde explotó frente al moreno. Un sonido de bofetada hizo eco entre los carruajes y Al parpadeó ante la cara iracunda de Angélica Parkinson.
–¡Tú, Hufflepuff perezoso y cretino!– gruñó– ¡ni una lechuza en todo el verano! y ¿ni siquiera tienes la decencia de buscarme en el tren? ¡Te odio Albus Potter! ¡Hemos terminado!
Al se frotó la mejilla y vio como se alejaba, acompañada de sus amigas, enojada. Para ser sinceros, Al no había pensado en ella ni una vez en todo el verano.
Le sonrió a Score– al parecer estamos solteros nuevamente.
Albus estuvo extasiado durante tres semanas, lo cual fue el tiempo que le tomó a Score encontrar su novia número dos. Al pensaba que Rebecca era mala, pero ahora casi iba a Ravenclaw a suplicarle que hiciera lo que sea que fuera necesario para regresar con Score, porque Elladora Greengrass era pura maldad. Ella era una Slytherin. En la opinión de Al, era una hermosa y ambiciosa cobra negra. Para empeorar las cosas, era una de las mejores amigas de Angélica Parkinson, y por lo tanto hacía todo lo posible por hacer de la vida de Al un infierno, todo como represalias amistosas.
Naturalmente Scorpius no veía la crueldad de Elladora en absoluto. Él pensaba que sus comentarios mordaces eran divertidos, y le decía a Al que se relajara. A pesar de que habían sido amigos desde que tenían ocho años, la Slytherin estaba comenzando a crear un inevitable abismo entre ellos dos. Como todos los buenos planes, la Slytherin comenzó lenta y sutilmente, y Albus quedó atrapado en la telaraña mucho antes de que pudiera sentir el verdadero peligro. Para entonces ya era muy tarde.
–Sé de alguien que gusta de ti, Al– dijo Elladora una mañana en el desayuno, a pesar de que odiaba sentarse en la mesa de los Hufflepuff. Sonrió y continuó– de Ravenclaw.
Al hizo un sonido evasivo, no importándole y deseando que ella se callara la boca y se fuera. Score se emocionó.
–¿En serio? ¿Quién Ellie? Al necesita olvidarse de Angélica y seguir adelante. ¿Quién es ella?
Elladora rió, un sonido que Score encontraba adorable y Al lo comparaba a la puerta de un sarcófago cerrándose.
–¿Quién dijo que es una ella?
Reinó el silencio en la mesa y la cara de Albus estaba roja. La chica había hablado lo suficientemente alto como para que la escucharan en un radio de distancia. Elladora, calmadamente, untó mantequilla en su tostada como si no fuera consciente del efecto de sus palabras.
La Slytherin miró al moreno y dijo– No creí que eso le importara a Al.
Score giró sus hermosos ojos grises hacia Albus especulativamente, como si el concepto jamás se le hubiese ocurrido. Al solo quería meterse bajo la mesa y morir, también quería maldecir a Elladora Greengrass hasta convertirla en su homónimo (es decir: pasto) y alimentar con ella a una manada de sucios camellos.
–Tu novia es graciosa Score, de primera clase – Al fulminó con la mirada a Elladora, la cuál sonrió y lanzó su largo cabello castaño sobre su hombro para después besar a Score en la mejilla. Todos los saleros en la mesa de Hufflepuff explotaron.
Los otros Hufflepuff se apartaron alarmados, hablando emocionadamente. Al no se movió y Elladora Greengrass sonrió con complicidad hacia él.
Albus debió saber que no se detendría allí. La letanía de mentiras comenzó poco después de eso. Elladora lo atrapó fuera del aula de Historia de la Magia.
–Score quiere verte en el campo de Quidditch– dijo ella, y los ojos del moreno se entrecerraron.
–¿Por qué?
Ella solo rodó los ojos y se fue, como si el simple acto de hablar con él fuese un acto de inferioridad. Lo más probable es que eso fuese lo que ella realmente sentía.
Corrió al campo de Quidditch, consciente de que llegaba tarde a su siguiente clase, pero Score no estaba por ningún lado. Corrió de vuelta al castillo y entró apurado y algo tarde a la clase de Encantamientos, solo para encontrar a Score sentado en el asiento de siempre y mirándolo con curiosidad. El profesor Flitwick le quitó puntos a Hufflepuff por la tardanza de Al.
–¿Dónde estabas?–susurro Score. Al sintió de repente un ataque de ira.
–¡En el campo de Quidditch! ¿Dónde rayos estabas tú?
Sus palabras llamaron la atención de Flitwick una vez más y el moreno cerro la boca de golpe. Después de clase confrontó al rubio.
–Si Ellie te dijo que me encontraras allá es porque debiste haber escuchado mal–dijo plácidamente Score.
–¡Yo no escuche mal! Ella es una malvada, mentirosa, pequeña…
–¡Suficiente Al! Estoy cansado de escucharte hablar de ella de esa manera.
Al dio unos pasos hacia atrás, Score rara vez le gritaba, y eso hacia que su estomago se oprimiera en un apretado nudo.
Elladora hizo aparición en ese momento y se aferró a Scorpius como una enfermedad de proporciones anormales.
–Querida ¿le dijiste a Al que me encontrara en el campo de Quidditch?–preguntó el rubio.
–Por supuesto que no. Le pregunté si planeaba jugar al Quidditch más tarde. Solo trataba de entablar conversación. Tu sabes que estoy tratando de llevarme mejor con Al por ti–dijo, sus oscuros ojos retando a Albus a hablar. El moreno echaba chispas de la rabia, pero sabía que era inútil discutir.
–¿Ves? Solo fue un malentendido – dijo Score sonriéndole a la Slytherin. La chica solo lo besó.
–Necesito ir a vomitar – dijo Al rudamente antes de irse.
Dos días después, Al estaba en pociones cuando un chica de Ravenclaw tiró algo dentro de su caldero. Al se le quedó mirando conmocionado. La chica se encogió de hombros.
–Lo siento, una chica en Slytherin me dijo que me hechizaría hasta dejarme calva si no lo hacía.
Al miró su poción arruinada y de repente la tiró fuera de la mesa con frustración. No le importó en absoluto que le dieran una detención. Nada era peor que la mirada de confusión en la cara de Score, sabiendo que Al no le contaría nada.
Cuando el moreno abandonó el aula de pociones esa noche después de sortear y clasificar monótonamente cientos de viscosos, polvorientos u olorosos ingredientes, se sorprendió al encontrarse con Edward Carmichael. Albus esperaba ver Slytherins en las mazmorras, pero era inusual encontrarse con un Ravenclaw a una hora tan tarde en la noche. Era casi la hora del toque de queda, y la torre de Ravenclaw estaba lejos incluso si iba corriendo como un rayo.
A punto de ser rozado por Eddie, Al se comenzó asustar cuando el chico le agarró la manga.
–¡Oye Potter! Emmm… ¿Albus?
El moreno espero expectante, impaciente por regresar a la Sala Común de Hufflepuff y acurrucarse junto a Score. Sentía que todo se le estaba escapando de las manos, y no sabía como detenerlo. Carmichael se paró incómodamente cerca y se inclinó aun más cerca de Al. Por un momento, Albus se preguntó si tenía una mancha o algo en la cara por la forma intensa en la que Eddie lo miraba.
–Al, solo quería que supieras… bueno que te mereces algo mejor que Malfoy. Él te trata como una mierda y obviamente le gustan las chicas. La forma en que aferra de su mano a esa perra Slytherin…
Al no podía seguir muy bien el camino que las palabras de Eddie Carmichael estaban tomando, aunque simpatizó con Carmichael cuando escuchó los despectivos comentarios sobre Elladora.
–Aunque fue ella la que me dijo que tú gustas de mí y que yo podría tener una oportunidad contigo, lo cual me dio el valor para verte aquí y hacer esto.
Con eso Eddie Carmichael presionó rudamente a Albus contra la pared y unió sus labios con los del moreno. El asombro total de Albus fue lo que no le permitió reaccionar por un momento, lo cual fue lo que alentó a Carmichael. Una lengua se metió en la boca de Al, haciéndolo querer vomitar. Sus ojos estaban ligeramente brillantes y sus labios estaban húmedos.
–Te deseo tanto, Albus– dijo de manera densa, y trato de abrazar al moreno, el cuál lo golpeo.
Carmichael cayó de rodillas y Al lo miró con horror. Eddie lo miraba conmocionado, con sangre goteando del labio partido que ya había comenzado a hincharse. Carmichael se puso de pie.
–¡Jódete Potter! ¿Nadie es lo suficientemente bueno para ti, pero sí lo es el rubio bastardo ese? ¡Él nunca te querrá!
Carmichael se balanceó ciegamente hacia Al, quién lo golpeo nuevamente, dando gracias de que tenía un hermano mayor y había aprendido a defenderse sin usar la varita. Al lo golpeó nuevamente, mandando a Eddie de vuelta al suelo. Antes de que Carmichael se pusiera en pie Albus salió corriendo.
Corrió lo más rápido que pudo hacia las escaleras y cruzó el recibidor hasta llegar a la Sala Común de Hufflepuff. Estaba vacía, a excepción de Scorpius, quién apartó la mirada de su libro y sonrió. Al trató de componerse, pero estaba temblando y sus nudillos le dolían. Se sentó en el sofá al lado de Score el cuál puso su libro a un lado rápidamente.
–¿Al,qué pasa?– preguntó.
–Car...Car...–maldición, estaba balbuceando. El moreno respiró hondo–Eddie Carmichael– Al casi dice "Carmichael abuso de mí" pero eso sonaba como si el fuera una chica débil de la cual habían abusado– me besó– dijo Al patéticamente, sabiendo que eso ni comenzaba a explicar la conmoción que sentía. En absoluto, de hecho, porque Score comenzó a reír.
–Oh Al, eso no tiene precio.
El moreno lo fulminó con la mirada, sintiéndose traicionado y listo para romper en llanto–¡No lo es! ¡Fue espantoso!
–Hasta los tíos están detrás de ti, tú, tontito. Eres el Sex Symbol de Hufflepuff– Score sonaba sobrecogido. Al apartó la mirada, luchando contra el vacío que amenazaba con poseerlo. Siempre había esperado que Scorpius estuviera allí para él, siempre había contado con que Score lo entendería.
–No es gracioso Score. Él me atacó y yo lo golpeé.
El rubio rompió en carcajadas.
–¡Eddie Carmichael un maniaco hambriento sexual! Oh ¡eso es gracioso!
Al se puso de pie.
–¡Para, Scorpius! ¡Ya no puedo hablar contigo, maldita sea! ¡Esa maldita perra callejera Slytherin tuya le dijo a Carmichael que a mi me gustaba él!
La risa de Scorpius se apagó justo en el instante en que Albus insultó a Elladora.
–Déjala fuera de esto, Al–le advirtió.
–¿Por qué siempre la estás defendiendo?–gritó el moreno–¡ella me odia y tú la dejas hacer lo que sea para que cree un abismo entre nosotros! ¡Se pasa mintiendo todo el tiempo! ¡Arruinó mi poción hoy, sin ninguna razón, solo por rencor! ¡Inventa horribles historias acerca de mí…
–¡Para, Al! ¡Todo eso lo estás inventando!– gritó el rubio.
–¿Por qué habría de hacer eso?– gritó Albus sacudiendo sus manos para evitar arrancarse los cabellos–¿Por qué mierda haría eso?
–¡Porque estás celoso!–rebatió en un siseo–Estás celoso de Ellie porque me tiene a mí y tú no, y te molesta porque no puedes hacer que me gustes de esa manera. Bueno, noticias Al, ¡yo no soy como tu! A mí me gustan las chicas ¿ok? ¡chicas!
Al se le quedó mirando, y el sentimiento de que todo se le escapaba de las manos de repente creció hasta que rodeo su mundo entero. Sentía que estaba en el centro de una vorágine, sin nada con a lo que agarrarse, nada que impidiera que se ahogara. La oscuridad parpadeó al filo de su visión y se alejó ciegamente de Score, luchando contra la urgencia de sucumbir ante la oscuridad. Solo el conocimiento de que era un Potter lo mantuvo derecho. Su padre había derrotado al mago más oscuro de todos los tiempos. La misma sangre corría por sus venas.
–Al…–Score trató de tocarlo, luciendo repentinamente afligido. Agarrándose al pensamiento de su padre con todas las fuerzas que poseía, Al se dio media vuelta y se fue caminando.
En la habitación, se desvistió y subió a su cama con la mente en blanco. Cuando Score entró, unos minutos después, y susurró su nombre, Al fingió que dormía, hasta que el rubio se dio por vencido y se acostó en su propia cama.
Albus se quedó mirando a la oscuridad durante bastante tiempo.
TBC….
Notas finales:
Awww!! No es esto de lo mas triste!! snif snifNo olviden dejar su review y pasar por El Slytherin Gryffindor (Si en todos los capítulos se los voy a recordar jajajaja)
Gracias por leer!
see ya!
Krispy
