El retrato perfecto
Capitulo 1. Sorpresas desagradables
"No es una mala idea" suspiró la mujer "¿pero crees que funcione?"
"Sinceramente, no lo sé. Pero quiero pensar que si no es así por lo menos aprendan algo útil"
"Pues yo espero que no nos estemos equivocando, si se llegaran a enterar de que esto fue un plan…"
"Si se llegan a enterar no podrán hacer nada, sabrán que tenemos razón y, seamos sinceras, sería su terquedad hablando por ellos"
"¡Si lo sabré yo! Aún así no deja de preocuparme"
"No hay nada por lo que debas, mejor sentémonos y veamos como resulta"
"Jaja, en todo caso quien estará en primera fila eres tú querida"
"Lo sé, pero yo me encargaré de que no te pierdas ni un solo detalle"
"¿Se lo dirás antes?"
"Digamos que será una pequeña sorpresa"
Las dos mujeres rieron tranquilamente mientras disfrutaban de su almuerzo dentro del Rockefeller Center. El verano era una buena época para disfrutar de Nueva York, podías comprar por todas las fabulosas tiendas de la Quinta Avenida o simplemente caminar por la ciudad. También, era ideal para conspirar. Sin saberlo siquiera, la vida de dos personas estaban muy cerca de cambiar, llegando a un punto sin retorno.
Llevaba 15 minutos retorciéndose en su asiento para encontrar una postura cómoda. Si el tablero no se equivocaba, el vuelo debía de estar aterrizando en ese momento. Intentó recargar la cabeza en el respaldo de la silla pero era imposible, aquellas sillas simplemente no estaban diseñadas para facilitar la espera. Distraídamente empezó a jugar con el vaso vacío entre sus manos. Volvió a mirar al tablero y una sonrisa de alivio cruzó su cara cuando por fin había cambiado el anuncio a aterrizado.
Cuando se acercó a la puerta de arribo de los vuelos internacionales no pudo más que sonreír a sus padres. Estaban parados en el centro del ala platicando entre ellos, seguramente preguntándose donde estaría su adorable hijo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca pudo escuchar su conversación.
"Te digo que deberías llamarle, ¿y si se olvidó de que llegábamos hoy?"
"Eso no es cierto y lo sabes, seguramente se le hizo tarde, ya sabes como es tu hijo"
"¿Tú hijo? ¿Eso quiere decir que dejo de ser tuyo si me olvido de mis modales?"
Con un pequeño brinco sus padres voltearon, su papá sonriéndole y su mamá golpeándolo suavemente con una revista que tenía en las manos antes de sonreírle.
"¿Ves? Te dije que no se había olvidado" dijo su padre.
"Pero no te dignabas a aparecer, y tú sabes como odio tener que esperar… James Potter explícame porque parece que no haz dormido en tu vida ¿acaso te la pasabas de fiesta en nuestra ausencia?" una mirada seria apareció en el semblante de Diane Potter.
Sinceramente, él esperaba poder ahorrarse esa explicación, aunque sabía que eso era subestimar a su madre. Lo cierto es que durante las últimas noches no había dormido precisamente, pues Sirius se las había arreglado para tener compromisos durante todos esos días. Por suerte, antes de que pudiera responder siquiera su mamá cambió de tema.
"Eso no importa, por ahora" dijo suavizando la mirada "lo que me pregunto es donde se metió esa niña" y luego volteó a todos lados, buscando a alguien.
"Woo, espera ¿Qué 'niña'?" pregunto James
"¿No te lo dije acaso? Supongo que debí olvidarlo" respondió Diane restándole importancia.
Estaba a punto de replicar cuando al lado de su padre apareció una chica. Por lo que pudo apreciar a simple vista era bonita, pero común. Nada a lo que no estuviera acostumbrado. Era de estatura media y ojos castaños, los cuales inmediatamente se dedicaron a evaluarlo. Una sonrisa petulante apareció en sus labios antes de hablar.
"Tú debes de ser James"
"¿Y tú eres…?" preguntó el aludido no sin un aire despectivo
"Puedes llamarme Rebeca"
James alzó una ceja ante esa respuesta y, una vez más, fue interrumpido antes de poder decir algo.
"¿Qué te parece si vamos por el auto y regresamos a casa?" dijo su padre, sin dejar lugar a réplicas.
Él solo asintió. Tomo las maletas que estaban junto a su madre y comenzó a andar sin mirar atrás, notando solo la presencia de su padre a su lado. Cuando estuvo seguro de que estaban fuera del alcance de su madre por fin explotó.
"¿Quién demonios es ella?"
"Cuidado con ese tono James" advirtió su padre "ella es Rebeca"
La mirada irritada de James hizo que Jonathan Potter dejara de tomarle el pelo a su hijo.
"Muy bien, muy bien cascarrabias. Es la hija de Ben y Norah Meyer, no creo que los recuerdes pues se fueron a vivir a Nueva York cuando tenías 5, 6 años? En fin. Cuando estuvimos allá, Norah fue nuestra muy amable anfitriona y conocimos a Rebeca, e instantáneamente tu madre quedó fascinada con ella. Luego de algunas charlas se hicieron algunos planes, el resto ya lo sabes."
"¿Cuánto tiempo es 'una temporada'? ¿Un mes? ¿Un poco más?"
"Viene a estudiar hijo, ¿Cuánto tiempo crees que se quedará?" rió Jonathan
"Y supongo que ya tiene dónde hospedarse ¿verdad?"
"Pareciera que no conoces a tu mamá, Rebeca se queda en casa con nosotros"
"Por favor dime que eso solo va a ser temporal"
La mirada que le dirigió su padre no le daba muchas esperanzas, aunque supuso que podía ser peor. Trato de calmarse pensando que él no tendría porque soportarla tanto tiempo. Tenía su departamento, y una vida por cierto, así que ella no representaría más que una mancha negra de ese día en particular. Intentando mantener ese pensamiento positivo manejó de regreso a casa de sus padres. Luego de bajar las maletas y dejar la SUV de su padre en la cochera, James saltó a su amado coche buscando alejarse lo más posible de esa sonrisa socarrona que lo había torturado todo el camino.
Aún era muy temprano, o por lo menos eso creía James. Buscó a tientas el despertador y abrió solo un ojo para mirar la hora, eran las 8:30. Cinco minutos más pensó. Cuando por fin se dio por vencido se levanto dirigiéndose al baño, saliendo listo para una mañana en el gimnasio y esperando poder encontrarse con Sirius.
Mientras hacía su rutina de ejercicio habitual, no pudo evitar recordar a la chica que sus padres habían traído de Nueva York, aunque tal vez lo mejor era decir que su madre había traído. Él sabía que había un plan detrás de todo ello y estaba dispuesto a averiguarlo, desbaratarlo si era posible. Es que ¿Cómo era posible que aborreciera a esa chica si no la conocía? James prefirió no darle vueltas a ese pequeño asunto, entre menos importancia le diera mucho mejor.
Pero definitivamente restarle importancia sería algo que le resultaría casi imposible. Llevaba un rato en las pesas cuando por el espejo vio como su tranquila mañana se convertía en una auténtica pesadilla. Con evidente mal humor, vio entrar a Rebeca al gimnasio y como una sonrisa malvada se formaba en sus labios conforme se acercaba a él.
"Diane quiere hablar contigo" fue todo lo que dijo.
Dirigiéndole una mirada cargada de desprecio, James se levantó y se dirigió a los casilleros, en donde se encontraban su mochila y su celular. Sin poder contener la irritación que le causaba ese encuentro marcó a su madre, y no pudo tranquilizarse cuando ella respondió.
"Aló?"
"¿Se puede saber que hace esa… ella aquí?"
"Oh cariño, deja de actuar como si tuvieras diez años. Le comenté a Rebeca que tu ibas muy seguido al gimnasio y ella me dijo que también tenía esa costumbre, así que le sugerí el lugar al que vas, ¿Cuál es el problema?"
"Esa niña del Upper East Side es el problema" gruño
"Basta James" la voz de Diane se había tornado severa "más te vale que vayas dejando esos prejuicios de lado porque vas a compartir bastante tiempo con ella. Está aquí para estudiar, si, pero también para divertirse y dado que tu eres un 'experto' en esa clase de asuntos tú te vas a encargar de que la pase bien mientras esté en Londres ¿nos entendemos cariño?"
"¿Me estás diciendo que yo soy su niñero?" casi gritó James al teléfono
"Llámalo como quieras, pero así va a ser te guste o no. Y más vale que sepa que estas siendo amable con Rebeca"
"Sí, sí ya me quedó claro" cortó James "y no sé que pretendes madre, pero no va a funcionar"
"Eso ya lo veremos hijo, ahora ve y platica con ella. Sería algo inteligente de tu parte si comienzas a llevarte bien con ella desde ahora."
Y colgó. 'Si claro' pensó él. Cuando regresó a la máquina en la que había estado entrenando y captó la mirada de suficiencia que Rebeca le dirigía, supo que esa iba a ser la peor temporada de su existencia.
Habían pasado casi dos semanas y la relación entre James y Rebeca no parecía mejorar desde aquel primer día. Todo el tiempo se dirigían miradas despectivas, prácticamente no hablaban entre ellos y cuando Diane o Jonathan los obligaban a hacer algo juntos, se saboteaban para que el otro no pudiera disfrutar realmente de lo que fuera que estuvieran haciendo.
Un día Rebeca quiso ir al cine y James estaba obligado a llevarla, pero vieron 'Psycho' para el horror de ella. Al día siguiente James vivió uno de los días más horribles de su vida al verse atrapado entre vestido, zapatos, bolsos y probadores por más de 5 horas, cargando todas las bolsas de compras de Rebeca, que no eran pocas. Ese era el cuento de nunca acabar, y ambos se dedicaban gran parte del día a pensar en la mejor manera de desquitarse del otro.
Otra cosa que irritaba a James era que su trabajo de niñero reducía el tiempo que podía ver a sus amigos. Sirius se quejaba de que lo dejaba solo, sabiendo que Remus aún no regresaba de París. Por eso James estaba más que agradecido por esos pocos ratos en los que su vida volvía a ser normal, y esta comida no era la excepción.
Estaban en Scott's platicando tranquilamente, planeando la noche de viernes. Después de un poco de charla normal Sirius decidió que era momento de hablar de los problemas de su amigo, en realidad del único: Rebeca.
"Hermano, en verdad esa chica te está robando la vida ¡Y ni siquiera te has acostado con ella!"
Ok, tal vez la manera de abordar el asunto no había sido nada sutil, pero iba directo al punto. Por la mirada molesta que recibió de parte de James, supo que no iba a ser una conversación larga.
"Sirius, esa mujer es la última con quien se me ocurriría hacer eso y hazme el favor de hablar de otra cosa, suficiente tengo con verla todos los días"
"Bien, sólo responde una cosa más"
"Ahora que" respondió enfadado
"Si fuera la última mujer del mundo ¿te acostarías con ella?"
"Maldita sea Sirius! Te dije que no quiero hablar de ella"
"¡Sólo responde eso!"
Bastante molesto le respondió "¿En verdad quieres saberlo? Muy bien. Rebeca Meyer es la mujer más malcriada, egocéntrica, aburrida y sosa, siempre dirigiéndome esa estúpida mueca insolente y mirándome como si yo fuera el esclavo y ella el ser supremo a quien debo obedecer ¿te suena a alguien que me gustaría llevar a mi cama?"
Las cosas en la casa de los señores Potter no estaban mejor. Rebeca se encontraba disfrutando de su día libre de James, escuchando música en el jardín, cuando una de las mucamas se acercó a ella con el teléfono.
"Lamento molestarla señorita Rebeca, pero es su madre al teléfono"
"Muchas gracias" dijo mientras tomaba el aparato, la mucama se alejó inmediatamente "¿Aló?"
"Hola Becky mi amor! ¿Qué tal Londres?" hablo efusivamente su madre
"Creo que tienes una idea bastante clara de cómo me va gracias a Diane, mamá"
"Oh hija, pero qué cosas dices? Vamos, cuéntame todo."
"No hay mucho que decir, realmente. Aún estoy a tiempo de regresar"
"¿Regresar? Si yo pensé que ese iba a ser el problema, que te divirtieras tanto que no quisieras volver a Nueva York"
"Pues no, no es así madre. Si no tomé el primer vuelo de regreso fue porque te prometí hacerlo y no quiero ser descortés con Diane por todas las molestias que se ha tomado conmigo"
"¿Y se puede saber cuál es ese misterioso motivo que te impide disfrutar de la estancia?"
"Es solo…" Rebeca dudó por un momento, y suspiró "nada mamá"
"Rebeca, si es una razón de poco peso más vale que te la vayas quitando de la cabeza"
"Pero es él quien tiene la culpa!" explotó la chica
"¿Quién él?" su madre intuyendo por donde iban las cosas
"¡James Potter, mamá! Es el chico más arrogante, prepotente, grosero y mandón, quien siempre cree ser muy gracioso con sus bromas bobas ¡y no se cansa de mirarme como si yo fuera un insecto al cual debe exterminar!"
"Rebeca, eso me suena a todo menos a algo razonable. Lo que vas a hacer dejar de ser una niña mimada y te vas a llevar bien con ese chico porque, lamento informarte señorita, que las dos sabemos que si se comporta de esa manera es gracias a que tú no has sido precisamente muy amigable. Tengo que colgar y no te atrevas a hacerme caras, te quiero."
Y después de la pequeña advertencia se cortó la comunicación.
¿Qué tal señoritas? ¿Acaso alguien se acuerda de mi historia, ya ni decir de mi? Como ya sabrán, suponiendo que de casualidad han entrado a mi perfil últimamente, comencé el proceso de reedición de esta historia, aunque más bien debería decir que la reescribí completamente.
Y es que después de una nueva lectura, más años encima y una nueva perspectiva de las cosas pensé que lo mejor era adaptarla a mi situación actual. Porque estamos de acuerdo en que no pienso igual a cuando tenía 15 años y que la manera en la que pretendía que pasaran las cosas ahora ya no me parece tan adecuada. Pero no hay de qué preocuparse, sigo siendo una romántica-cursi-empedernida y la esencia de la historia es la misma, pero la trama cambió un poco. Espero que les guste y espero sus comentarios con muchas ansias.
Se me cuidan, y nos leeremos muy pronto! XoXo
Leila Wood
