Disclaimer: Ningún personaje reconocible en la historia me pertenece, son creación de J. K. Rowling y yo sólo me dedico a jugar un rato con ellos.
Capítulo 3. Coincidencias
De repente los últimos sucesos de la noche llegaron como un torbellino a su mente, sembrando la duda. Asustada se sentó en la cama, volteando a todos lados intentando reconocer el lugar pero sin lograrlo '¿En dónde demonios estoy?' se preguntó alarmada la chica.
Dominada por el pánico, aplastó la cara contra la almohada y se tapó la cabeza con las cobijas. 'Esto no puede estar pasando' se repetía la chica casi como un mantra. Armándose de valor volvió a sentarse en la cama, dispuesta a mirar con detenimiento la habitación en la que estaba, intentando recordar cómo había llegado ahí.
Poco a poco los eventos de la noche anterior fueron aclarándose en su mente, aunque eso no lograba que controlara el miedo ¿Qué tal si se había desmayado y el tipo había regresado? ¿Y si había golpeado a James? ¿Y si…? Los suaves golpes en la puerta la sacaron de sus cavilaciones, haciendo que el pánico regresara.
"¿Estás despierta?" pregunto alguien al otro lado.
Al reconocer la voz de James el alivio se llevo cualquier otra clase de sentimientos que estuvieran arremolinándose en el pecho de Rebeca. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración hasta que dejó escapar un suspiro sonoro.
"Claro, pasa" le respondió
La puerta se abrió dejando ver a un James serio, no que ella no estuviera acostumbrada a verlo así, pero esta vez había algo distinto en su semblante. Mientras lo observaba reparó en que él ya estaba bañado y cambiado, y ella seguía con el vestido de la noche anterior, muy arrugado por cierto al haber dormido con él.
"¿Cuánto tiempo dormí?" fue lo primero que fue capaz de decir
"Son las diez, así que no te has perdido de mucho" le contestó James "¿Quieres desayunar?"
"Claro, pero ¿crees que antes pueda arreglarme un poco?"
James solo asintió y la dejó sola otra vez. Rebeca estaba a punto de levantarse e ir a preguntarle dónde quedaba el baño cuando él regresó con una toalla y un cepillo de dientes. Pidiéndole que lo siguiera salieron de la habitación, llevándola a otra parte del pasillo.
"Voy por el desayuno" le dijo antes de darle la espalda otra vez.
Rebeca se encerró en el baño y pronto comenzó a pensar en la extraña actitud de James, mientras lentamente se arreglaba para lucir un poco más presentable. Tenía muy poco de conocerlo para estar segura de que James actuaba diferente, pero aún así podía percibirlo. Ella estaba segura de que una vez que James la viera sana y salva no tardaría en gritarle algo, por lo menos en sacar a relucir alguna clase de comentario sarcástico, pero hasta el momento no había sido así.
Cuando por fin sintió que tenía un aspecto más decente salió del cuarto de baño. Guiándose por el olor del café llegó a la sala en la cual había esperado la noche anterior. Ahora comenzaba a arrepentirse un poco por haberse agregado en los planes de James. Pasando de largo el vestíbulo llegó a la cocina, y no pudo evitar una sonrisa ante la visión de James preparando hot cakes.
"¿Te puedo ayudar?" le preguntó
"Puedes poner la mesa, los cubiertos están ahí" respondió él señalando una repisa con la mano, pero sin mirarla directamente.
En silencio cada uno termino su labor. En cuanto Rebeca terminó de poner los platos en su lugar, James acercó varios platos con diversos contenidos. Aun sin hablar cada quien tomo asiento y comenzaron a comer. Mientras Rebeca intentaba por todos los medios captar la mirada de James, él se limitaba a mantener la cabeza concentrada en su comida, evitándola a toda costa. Sin poder soportar un segundo más aquella rara e incómoda situación Rebeca se decidió a cortar el silencio.
"Gracias por el desayuno" dijo
"No tienes por qué" le respondió su compañero
Nada, ni una respuesta más. Y eso realmente estaba irritando a la chica.
"¿Me puedes decir qué pasa?" preguntó
Comenzaba a darse por vencida con aquellos inútiles intentos de abrir una conversación cuando James la sorprendió. Dirigiéndole la mirada por primera vez desde que había entrado en la habitación, suspiró y respondió a su pregunta.
"No pasa nada, creo. Es solo que pensé que estarías furiosa conmigo y hasta el momento no ha pasado nada. La verdad es que eso me preocupa un poco, no sé qué tan grande fue el shock de anoche"
"¿Esperabas que reaccionara como una bruja? ¿Es eso lo que piensas de mí?"
"Bueno, no ha sido de otra forma desde que te conocí" respondió James encogiéndose de hombros "a tu favor he de decir que yo tampoco he sido la mejor de las personas contigo, así que supongo que estamos a mano"
"No, no estamos a mano"
"¿Y eso qué significa exactamente?" preguntó James, comenzando a irritarse con la conversación
"Por mucho que me cueste admitirlo, es cierto que me he portado… digamos… un poco mal… desde que te conocí. Y por esa misma razón era ridículo esperar una actitud amable de tu parte, por mucho que lo haya hecho, cuando la culpa es mía. También lamento haberme agregado a tus planes de anoche, seguramente te hubieras divertido más si no te hubiera obligado a llevarme contigo. Pero de ahora en adelante no tienes de que preocuparte, no me meteré más en tu vida"
Sin saber exactamente por qué, Rebeca se mantuvo en su lugar aunque en realidad lo que tenía eran ganas de levantarse e irse. De preferencia a Nueva York. Estaba planeando una huída digna cuando la risa de James lleno la cocina. '¿Pero de qué se ríe ahora este?' se preguntó la chica.
"¿De verdad crees que me obligaste a llevarte? ¿Crees que es tan fácil?" y la risa volvió a sonar por toda la cocina
"¿Lo hiciste a propósito?" preguntó ella incrédula
"Me sorprenderías si pensaras que lo había hecho por ser un buen samaritano" respondió James calmándose "tú misma lo dijiste, desde que nos conocimos todo lo que hacemos se basa en ver quien molesta más al otro, y lo de anoche era mi venganza por el ballet" -
-"Aunque no me esperaba que pasara algo como un tipo ebrio molestándote, eso no formaba parte de mis planes. Por otro lado, no te arrepientas de lo que hiciste, pasó y punto. Nada malo ocurrió y todo está mejor ahora ¿no?"
Sonriendo Rebeca le asintió. Le alegraba saber que no se había creado una grieta más grande entre ellos, al contrario parecía que podían comenzar a llevarse bien.
"¿Tregua?" preguntó ella a la vez que extendía una de sus manos
"Tregua" respondió él estrechándosela.
El cambio había sido más que evidente, sobre todo para Diane. Sus corazonadas resultaron ser muy acertadas y se notaba una mejoría de la relación entre James y Rebeca. Ya no había peleas cada dos por tres, aunque eso no quería decir que no las hubiera. Ahora trataban de hacer planes en los cuales ambos estuvieran conformes y aunque no estaban juntos a cada momento, ya era fácil encontrarlos juntos.
Por otro lado, James en sí había cambiado. Y Diane no podía sentirse más feliz por eso. No quiero decir que ella no lo quisiera, pero se sentía preocupada por el rumbo aparente que estaba tomando la vida de su hijo, como toda madre. Le preocupaba que saliera excesivamente con tantas chicas, y que no se diera el tiempo para conocer a alguien con quien ser feliz. Le preocupaba que pudiera ocurrirle algo malo en sus interminables fiestas, le preocupaban muchas cosas más. Pero parecía que su hijo por fin comenzaba a madurar.
Un día, Diane salió con Rebeca en una día exclusivo de compras. La pobre chica sentía que habían recorrido todas las tiendas existentes en Londres. Habían salido temprano de casa y ya había pasado la hora del almuerzo, pero seguían sin encontrar un vestido que satisficiera las demandas de Diane. El largo, el color, el estilo, la caída, y muchas otras cosas más, todos y cada uno tenían un pero que los convertía en vestidos no elegibles.
Lo cierto es que si no lo encontraban pronto, ella caería desmayada en alguna acera. Sintiendo como su energía se agotaba poco a poco, Rebeca se dejó caer en uno de los confortables sofás que había para las clientas. Mientras, Diane la observaba por uno de los espejos frente a los cuales estaba parada.
"Vamos Diane, dilo" dijo Rebeca
"No entiendo a qué te refieres cariño" intentó disimilar la señora
"Pues por la manera en la que me miras yo diría que tienes algo en mente, así que dilo"
"Me preguntaba si no te gustaría estar haciendo algo más en lugar de pasar el día conmigo"
"Sabes que no es ninguna molestia, y te aseguro que James agradece tenerme lejos por lo menos un rato. Por otro lado, ambas sabemos que no conozco a nadie más aquí, así que no tienes que preocuparte por eso. ¿Por qué no mejor me cuentas para que necesitas un vestido?"
"Necesitamos, cariño. No te he obligado a probarte tantos vestidos porque sí. Iremos a una gala de recaudación en menos de dos semanas"
La señora Potter se encontraba mirando más vestidos, después de hacer que Rebeca entrara a probarse un vestido blanco. Al otro lado suyo se encontraba una mujer discutiendo con una joven chica, casi podría asegurar que de la misma edad que Rebeca. Notó que lo que las hacía sobresalir era la cabellera pelirroja que ambas lucían, la señora en un suave moño y la chica en una colita. Y mientras las observaba, Diane no pudo evitar escuchar un pequeño fragmento de su conversación.
Cuando Diane notó que la joven también era obligada por su madre a entrar al probador con una pila de vestidos, dejó que su curiosidad se apoderara de ella. Discretamente se acercó a la señora, quien seguía mirando algunos vestidos.
"Perdón, no pude evitar escucharla mientras charlaba con su hija, pero puedo preguntarle ¿Hablaba de la gala ofrecida por el Gold Children Charity Foundation? ¿Están invitadas?" dijo Diane
La señora volteo a verla con gesto serio y le respondió solemnemente
"Yo soy una de las organizadoras del evento, madame"
"Pues es un gusto conocerla. Mi nombre es Diane Potter" dijo ella, extendiendo la mano hacia la señora
Esas palabras provocaron un ligero cambio en el semblante de su interlocutora. Su gesto se suavizo y sus labios se curvaron en una imperceptible sonrisa, mientras estrechaba la mano que Diane le ofrecía.
"Pues es un gusto Mrs. Potter, yo soy Marie Evans. Es un gusto conocer al fin a una de nuestras mayores donadoras, además de estarle muy agradecida por ayudar a nuestra fundación"
"Oh por favor, creo que estamos lo suficientemente grandes para dejar ese tipo de formalidades a un lado. Llámame Diane y cuéntame sobre la fabulosa gala de la próxima semana"
Apenas habían comenzado su charla cuando Rebeca salió para pedir la opinión de Diane, y las presentaciones no se hicieron esperar. Lo mismo pasó cuando la hija de Marie salió. La chica aún se encontraba discutiendo el color del vestido con su madre cuando Rebeca salió usando otro vestido.
"¿Ves mamá? Ese es un vestido bonito" señalo la joven
"El que tú llevas puesto te queda hermoso, si no te gusta el color entonces ve y busca otro que si lo haga ¿Por qué tanto escándalo niña?. Lo siento cariño, disculpa a mi mal educada hija" agregó Marie dirigiéndose a Rebeca
"¿Ahora soy mal educada? Bien" fingiéndose ofendida la chica se dio vuelta y volvió a su probador.
Rebeca estaba parada frente al espejo con Diane a un lado y una costurera al otro cuando la chica pelirroja volvió a salir del probador. En cuanto la vieron, Marie y Diane se deshicieron en halagos para la chica. Rebeca alcanzó a verla por el reflejo y definitivamente estaba de acuerdo con las señoras. Una vez que lograron convencerla de que ese era el vestido que debía usar en la gala, la pelirroja se le acercó.
"¿Y tú qué piensas?" le preguntó
"Pienso que no habrá quien se resista a mirarte siquiera" le respondió ella
"Me agradas" dijo la chica con deleite "Por cierto, soy Lily Evans. Tú eres nueva en Londres ¿Cierto?"
"Pues de hecho sí. Me llamo Rebeca Meyer"
"Un gusto conocerte Rebeca Meyer, si necesitas cualquier cosa no dudes en llamarme"
"El gusto es mío Lily, como no tienes idea" dijo Rebeca con una gran sonrisa.
Mientras tanto, James se encontraba muy ocupado en la cocina. Esa noche habría una reunión en su departamento y, en lugar de ordenar, se le ocurrió que era buena idea hacer la cena. Menos mal que habían ido a limpiar su casa el día anterior, sino todo sería un completo desastre.
También era un alivio el tener la mente ocupada. Se sentía bien que las cosas con Rebeca fueran más cordiales, incluso podría decir que tal vez se estaban convirtiendo en amigos, pero no era ella la razón de sus problemas esta vez. Simple y sencillamente se trataba de la chica del bar. 'Dijo es su nombre era Alice', pensó. No podía quitarse de la cabeza esos preciosos ojos verdes, y por más que ideaba mil y un maneras para encontrarla, lo frustraba el saber que muy probablemente no sería así.
Después de hacer a un lado sus cavilaciones y de haber metido al horno la cena, James estaba haciendo una mini lista de las cosas que le faltaban cuando el timbre sonó. Extrañado, fue a abrir la puerta y se quedó paralizado en el umbral.
"¿Me vas a dejar pasar o voy a tener que quedarme afuera?" le preguntó la otra persona
"¿Remus, eres tú? ¿Realmente eres tú?" atinó a contestar el moreno
"A menos que alguien tomara mi identidad, creo que sí amigo, soy yo" respondió su amigo.
Sin que Remus lo esperara, James le dio un abrazo muy fuerte y lo invito a pasar. Ambos amigos estaban contentos de volver a verse después de varios meses. Remus miró el lugar y se dio cuenta de lo limpio que estaba, además del rico aroma que llegaba desde la cocina.
"¿Llegué en mal momento? Puedo volver mañana" le dijo a James
"Por supuesto que no, tú serás el invitado de honor" ante la mirada interrogante de su amigo continuó "Sirius, Frank y otros amigos vendrán a cenar, pensé que sería buena idea hacer uso de mi cocina, para variar. Vamos, tenemos que comprar algunas cosas."
Los chicos salieron del departamento a surtir la pequeña lista que James había hecho antes, y regresaron justo a tiempo para arreglar lo que faltaba. Poco después de que oscureciera comenzaron a llegar los invitados. El primero en llegar fue Frank, quien después de haber saludado calurosamente a Remus, les presentó a los chicos a su novia Alice.
Poco después llego Sirius con dos botellas de vino y, feliz por el regreso de uno de sus mejores amigos, comenzó a brindar. Remus pensaba que estaban listos para comenzar la cena, pero James lo contradijo al decirle que aún faltaba una persona.
"¿Quién?" preguntó extrañado
"Mi peor pesadilla, espera y verás" le respondió James con una media sonrisa.
Casi como si fuera psíquico, el celular de James comenzó a sonar. Se alejó a su cuarto para poder hablar con tranquilidad mientras sus amigos platicaban animadamente en la sala.
"¿En dónde estás? Se suponía que mi mamá te traería después de sus compras"
"Lo siento James, voy en camino" le respondió Rebeca "Diane tuvo un mmm… imprevisto"
"¿Entonces cómo es que vienes para acá?"
"Sobre eso, ¿te molestaría si me acompaña alguien a la cena?"
"No claro que no, pero pensé que no conocías a nadie aquí"
"Después te explico, llego en cinco minutos"
Todos estaban tomando su lugar en la mesa mientras James se encargaba de servir la cena cuando el timbre volvió a sonar. Sirius fue quién se encargó de atender, recibiendo a Rebeca con una gran sonrisa.
"Ya era hora chiquilla, ¿Acaso no conoces la puntualidad?"
Cuando se apartó para dejarla pasar notó que la chica estaba acompañada por una bella chica. Alta, grácil, refinada. Podrían usarse muchas palabras para describirla. Lo que la hacía destacar sin duda eran sus ojos verdes y la cabellera pelirroja que enmarcaba su rostro.
"Cierra esa gran boca Sirius, se me hizo tarde con Diane nada más. Por cierto, te presento a Lily Evans"
"Encantado" respondió inmediatamente "Sirius Black, a tu servicio. Pasen, estamos a punto de comenzar"
Lamento mucho el retraso de una semana. Estoy a punto de terminar el semestre y entre todos los proyectos, y que me dediqué a editar bastante en este capítulo, se me hizo imposible actualizar el sábado pasado. Pero aquí estoy de vuelta.
¿Qué les pareció? Por favor no olviden dejar sus comentarios. Sé que había un poco de confusión, pero por fin apareció Lily en escena. También entra mi queridísimo Remus, ¿Alguien se pregunta en dónde estaba?
Me despido por esta noche, y lo repito, me gustaría saber que opinan de la historia. Cuídense y disfruten del fin de semana, XoXo.
Leila Wood
