Disclaimer: El Copyright y la Marca Registrada de todo lo referente a Harry Potter, es propiedad de la escritora J.K. Rowling. La frase que está entre comillas en el summary, pertenece a Paul Geraldy.


Culpa.

El viento soplaba fuertemente en los jardines del colegio de magia y hechicería, Hogwarts. Los presentes que estaban sentados en las sillas estaban mudos, no se movían y parecía que apenas respiraban. Los sollozos y lamentos inundaban las gargantas de cada persona y los ojos se llenaban de lágrimas que caían lentamente de sus ojos.

-Y que en los corazones de cada uno de nosotros, la memoria de estos héroes, quede siempre presente.-terminó el ahora ministro, Kingsley Shacklebolt.

En cuanto éstas palabras fueron pronunciadas, los asistentes de levantaron casi al mismo tiempo y comenzaron a desfilar hacia las grandes puertas del castillo. Muchos iban cuchicheando, otros caminaban con la vista perdida en algún lugar y otros lloraban apretando sus pañuelos entre las manos.

Una mujer con el cabello de color castaño y que sostenía un pequeño bulto entre sus brazos, se levantó lentamente de su asiento, como si cada movimiento le costara un enorme esfuerzo. Y lo cierto, es que así era. Cada paso, cada mirada, cada lágrima le oprimía el pecho y le recordaba de forma asquerosamente dolorosa que estaba viva. Sin él y sin ella. Sin su querido Ted y sin su preciosa Nymphadora.

Dio unos cuantos pasos más mientras el pequeño bulto se movía en sus brazos. El bebé, de solo unos cuantos meses, abrió los ojos de forma lenta y los fijó en los negros de la mujer. Ella le acarició suavemente la mejilla y el niño lanzó una sonrisa al aire. Andrómeda suspiró y continuó su camino hasta la gran piedra que contenía los nombres de los difuntos y que se encontraba a unos cuantos metros.

No muy lejos de ahí, tres muchachos observaban la escena. La chica, tomada de la mano de un pelirrojo, lanzaba pequeños sollozos y trataba de que las lágrimas no le nublaran la vista. El pelirrojo, simplemente apretaba la mano de la castaña y le susurraba quedamente que todo estaría bien, aunque ni siquiera él mismo sabía si eso era cierto.

Mientras tanto, el otro chico que los acompañaba, solo miraba en dirección a aquella mujer que sostenía a su ahijado entre sus brazos. No parpadeaba, apenas respiraba, no hablaba, no pensaba. Solo seguía mirando. Observando esa escena que le hacía sentir miles de sensaciones indescriptibles y que provocaba que quisiera llorar.

A pesar de que él solo tuviera diecisiete años, que no hubiera terminado su último año del colegio y que tal vez en esos momentos no estaba en su mejor momento emocional, Harry Potter hizo una promesa. Se prometió que a ese niño no le faltaría nada, que ese niño sería como un hijo para él, que ese niño no iba a conocer jamás lo que era la tristeza.

Y aunque notaba las miradas preocupadas de sus dos amigos puestas sobre él, no le importó. Dejó que por su rostro corriera una lágrima y le siguiera otra y otra. De alguna forma tenía que sacar esa culpa que era demasiado grande, esa culpa que lo podía, esa culpa que lo haría cumplir esa promesa. Lentamente y sin ser conciente de lo que hacía, sus pies comenzaron a caminar en dirección a Andrómeda y Teddy.

Cuando llegó al lado de la mujer, encontró que ésta miraba sin parpadear la gran piedra que ese día había sido colocada en el colegio.

-Buenas tardes, sra. Tonks.-dijo Harry educadamente pero al momento de arrepintió de haberlo hecho. Recordó que tal vez el nombre de "Tonks" no era conveniente en esos momentos.

-Buenas tardes, Harry-contestó ella sin moverse de posición-Puedes llamarme Andrómeda, si gustas.

-Andrómeda-repitió Harry sin hacerle demasiado caso al nudo que se había formado en su garganta-¿Puedo pedirle un favor?

-Claro, dime.-contestó la mujer girando la cabeza para verlo. El nudo de la garganta de Harry se intensificó al notar los ojos húmedos de su acompañante.

-¿Puedo…-comenzó el pelinegro tragando saliva para deshacer un poco la presión que sentía en su pecho-¿Puedo cargar a Teddy?

Andrómeda fijó sus ojos en los verdes esmeralda de Harry y una lágrima delgada cayó de ellos. Con movimientos lentos, precavidos y con mucho cuidado, le pasó al chico el pequeño bulto que segundos antes había sostenido en sus brazos. Harry apretó sus ojos, tratando de retener más lágrimas y cuando los abrió, se encontró con una de las visiones más angelicales que había tenido en su vida.

-Te dejaré unos momentos solos con él.-informó la mujer mientras caminaba en dirección al castillo.

Harry volvió la cabeza hacia Teddy y se encontró con su mirada castaña igual a la de su padre. Y fue entonces cuando Harry sintió sus piernas y brazos temblar y cómo el agua que se había acumulado en sus ojos, comenzaba a caer de forma lenta por su rostro.

Y antes de que pudiera constatar sobre lo que estaba pensando, habló.

-Jamás te dejaré solo, pequeño.

En cuanto las palabras salieron de sus labios, pareció como si el mundo se hubiese detenido. Una lágrima cayó en la mejilla del metamorfomago y cómo si todo fuera un juego, Teddy logró acercar sus pequeños dedos al rostro de Harry y pasó sus manos por él, provocando que las lágrimas se limpiaran sin querer.

En cuanto las manitas del bebé tocaron la cara del pelinegro, este no pudo evitar estremecerse. Como por instinto y algo lo hubiera incitado a hacerlo, Harry acercó el rostro de Teddy al suyo y le dio un beso en la frente.

-Te lo prometo, nunca estarás solo.-repitió su promesa mientras intentaba en vano, contener más lágrimas.

Y si no hubiera estado tan concentrado en su ahijado, hubiera notado que dos sombras habían visto esa escena con una sonrisa plasmada en sus labios. Y sin hacer ruido alguno, las siluetas desaparecieron entre el movimiento del viento.


N/A: Uff, justo ahora acabo de terminar de escribir la viñeta, así que perdonen si la parte final está un poco floja :P

Pues ¡mañana me voy al concierto! Así que deséenme mucha suerte :) Nos estamos leyendo

¡Hasta el otro miércoles!

Atte. Bianca