Disclaimer: El Copyright y la Marca Registrada de todo lo referente a Harry Potter, es propiedad de la escritora J.K. Rowling. La frase que está entre comillas en el summary, pertenece a Paul Geraldy.
Dejavú.
Son aproximadamente las ocho de la noche de un veinticuatro de Diciembre. Noche buena. Una noche para compartir, reír, hablar, amar. Te encuentras sentado en ese gran comedor que en esos momentos detiene una gran cantidad de comida. Volteas a tu alrededor y observas cada detalle de esa casa tan vieja pero tan querida: La Madriguera.
Giras y giras tu cabeza hacia todos lados tratando de guardar en tu memoria los preciosos adornos rojos, verdes y dorados que están colgados en la sala, la cocina y el comedor. Estiras tu cabeza un poco más y alcanzas a distinguir ese reloj que siempre te ha gustado y que ahora tiene un moño rojo en la parte de arriba.
Vuelves a la realidad cuando Molly Weasley grita a los cuatro vientos que la cena está servida. En ese momento, tus hijos y tus sobrinos llegan corriendo a sentarse, como si se les fuera la vida en ello. Pero hay un asiento vacío y sabes perfectamente quién falta.
Te levantas de tu asiento y nadie se da cuenta; nadie, excepto tu esposa. La miras intensamente y ella entiende de forma perfecta que vas a buscarlo. Y es que ya es como un ritual de cada Noche Buena. Sales de la casa y vas a su lugar preferido: el árbol que está justo enfrente de la puerta trasera. Caminas y rápidamente distingues su sombra recargada en el tronco.
Llegas junto a él y te sientas a su lado sin decir nada, pues sabes que él será el primero en hablar, como siempre. Levantará la vista y con sus ojos llorosos te hará esa pregunta muda que te duele en lo más profundo: "¿Por qué ellos?" Y lo peor es que nunca puedes contestarle, pues ni siquiera tú tienes la respuesta.
Pero esa noche, él rompe el protocolo. Se levanta bruscamente del suelo y se pone de pie enfrente de ti. Te da miedo levantar la vista, porque cada vez que lo haces, ves en él el reflejo de su padre, pues es jodidamente igual a él. Pero lo haces, levantas la mirada y te enfrentas a esos ojos castaños idénticos a los de Remus. Reprimes un escalofrió y lo interrogas con la mirada.
-Ya no voy a llorar por ellos, padrino-te dice el casi adolescente sin despegar sus ojos de los tuyos-Porque ya entendí que ellos murieron para que yo fuera feliz y eso es lo que voy a hacer: ser feliz.
Lo miras tan fijamente que casi puedes sentir cómo tus ojos se salen de los párpados. Lo ves tan condenadamente seguro de lo que está diciendo, que te da miedo. Y te da miedo porque, aunque él solo tiene trece años, es más maduro que muchos adultos que conoces. Y te levantas del suelo para estrecharlo en un abrazo.
Y aunque sabes que es un chico maduro e inteligente, no puedes evitar pensar que al fin y al cabo es un niño todavía. Es tu niño y siempre lo será aunque crezca. Cuando te separas de él, ves que sus ojos están un poco llorosos pero ninguna lágrima sale de ellos. Le pones una mano en el hombro y comienzas a guiarlo hacia la casa.
-Vamos, la cena ya está servida.
Juntos se encaminan hacia allá, sin decir nada más. Entran y se van directamente al comedor, donde ya están todos sentados, solamente esperándolos a ustedes. Y es que todos saben que tienes que hablar con él, como cada Noche Buena. Y los esperan, con paciencia, aunque los más pequeños estén impacientes por comer el pavo.
Te sientas junto a tu pelirroja y tu ahijado se sitúa enfrente de ti. De repente y casi sin darte cuenta, ya han terminado de cenar y se encuentran todos platicando sobre trivialidades y cosas sin demasiada importancia. Mientras platicas con Ron acerca de quidditch, escuchas las risas de tus hijos y sobrinos, que al parecer están haciendo algo divertido, pues las risas continuan.
Giras tu cabeza hacia el frente, donde los pequeños están sentados, y te quedas de piedra. Has tenido un dejavú. Un dejavú tan poderoso y tan fuerte que hasta te ha dolido físicamente. Frente a ti, se encuentra Teddy cambiando su nariz de diferentes maneras; todo un espectáculo para los niños que están a su alrededor.
De repente, como si sintiera tu mirada, voltea hacia ti y te sonríe mientras su nariz se hace como la de un cerdo. Y esa pequeña y simple acción, te lleva de nuevo a esa cena de Navidad en Grimmauld Place. Esa cena de tu quinto curso. Esa donde Tonks se dedicaba a divertir a Ginny y Hermione cambiando su nariz repetidas veces.
Y piensas que tal vez, después de todo, también se parece a su madre. Lo miras fijamente y le sonríes. Teddy te devuelve la sonrisa y cambia su cabello a un rosa chicle que tú conoces muy bien.
Y ahora estás completamente seguro que sí, definitivamente también es hijo de Nymphadora Tonks.
N/A: ¡Taran! Y Bianca regresó :D. Bueno, pues ya terminé la escuela y estoy de vacaciones hasta Febrero ¡eh! Lo cual significa que van a tener sus viñetas puntuales y trataré de escribir muchos capítulos para luego no hacerlos esperar :)
No saben lo que me costó esta viñeta. Para empezar, cuando comencé, la idea era totalmente distinta y no encontraba manera de acabarla; al final me harté y borré todo lo que llevaba. Leí el epílogo de Deathly Hallows (cosa que acostumbro a hacer para buscar inspiración) y se me prendió el foco para esta idea. Espero que la hayan disfrutado y que no hayan llorado como yo hice (lo juro, jamás superaré la muerte de Remus y Tonks).
Que pasen una estupenda Navidad, que coman mucho, que nunca les falte amor en sus vidas y que sean felices hoy y siempre.
¡Nos vemos en la viñeta especial de Año Nuevo!
Atte. Bianca
