aqui esta el nuevo capitulo!! es bastante largo, Ginny sale mas de lo que es mi costumbre y he cumplido el plazo de una semana!! nos vamos acercando al final de lo que tengo escrito, asi que a partir de ahora voi a tardar mas en actualizar mi fic.

sol: ami tambien me costo mucho descubrir como se subian los fics. Desde tu cuenta, tienes que metrte en documents, y una vez alli le das a examinar, seleccionas el fic, y lo subes. Luego en stories le das a crear una nueva historia a partir del texto subido en documents. Espero habertelo explicado bien y que me entiendas


8. La primera mañana sin guerra

A la mañana siguiente, todos se fueron despertando poco a poco, más temprano de lo que les gustaría, porque, como dijo la profesora McGonagall mas tarde, "Esta habitación no fue hecha para ser un dormitorio, ¡con tanta luz es imposible dormir! A veces maldigo este techo". Y es que, aunque eran las once de la mañana, en realidad apenas habían dormido.

Pero como había gente que aún descansaba en un sueño inquieto, la profesora pidió a los elfos domésticos que pusieran el pequeño almuerzo en una de las grandes mesas, que estaba en una esquina de la gran estancia.

Harry fue uno de los que primero se despertó, después de una noche de sueño agitado, deseando esa poción que hacía tiempo le había dado madame Pomfrey, que quitaba los sueños...y las pesadillas. Tuvo que quedarse un buen rato en el saco, fingiendo estar dormido hasta que se aseguró de que el almuerzo estaba en la mesa, pues sino, hubiera tenido que entablar conversación con alguna de la docena de personas que lo miraban casi embobados desde los bancos de la mesa.

El chico se levantó, intentando esquivar la mirada de esos alumnos y padres, que, por fortuna, parecían estar diciéndoles a sus hijos que no lo observaran. Iba tan concentrado en mirar hacia el cielo medio nublado todavía que se veía a través del techo, que se desvió del camino, y pisó algo. Saltando hacia un lado, miró qué era, y vio con horror que estaba en el extremo inferior del saco de Ginny, y que le había pisado un pie.

La pelirroja se incorporó sobresaltada. Primero se miró el pie, y luego a Harry, que estaba junto a él, muy colorado, diciéndole:

-Yo...lo siento. Iba hacia la mesa, y te he pisado sin querer. Perdona.

La joven Weasley miró hacia la mesa, en la que distinguió una gran fuente de sandwiches que le apetecían bastante. Sonriendo, le dijo al moreno:

-No te preocupes, no pasa nada. De todas formas, tengo muchísimo hambre, y debe de ser muy tarde ya. Has sido un buen despertador. Espérame, por favor.

Harry esperó, mirando hacia otro sitio mientras la chica se levantaba y se ponía unas deportivas que había dejado junto a su saco. Fijó la vista en Ron y Hermione, a menos de un metro allí, y se dio cuenta de que estaban cogidos de la mano.

-Que monos, ¿no?-rió Ginny en voz baja dándose cuenta de lo que miraba Harry.

Volviendo la vista, el chico murmuró:

-Supongo.

Los dos se dirigieron hacia la mesa. La pelirroja se atusó un poco el pelo, aunque su brillante melena roja no estaba despeinada, sino lisa y brillante, como siempre. Esto hizo que una ráfaga de ese perfume floral que tanto le gustaba a Harry volara hacia él, y le hiciera recordarse que debía esperar un poco más para besarla.

Al llegar a la mesa, los dos se sentaron uno al lado de otro, algo alejados de un buen grupo de admiradores que había más a la derecha. Harry ofreció café a Ginny, que lo rechazó, diciendo que, como no había dormido demasiado, le gustaría volver a hacerlo un poco mas tarde, y se sirvió un gran vaso de zumo de calabaza, mientras que el chico sí que tomaba un café. No hablaron casi nada. Ginny hizo algunos comentarios sueltos sobre el tiempo, a los que Harry contestó con un movimiento de cabeza o un breve murmullo. La única esperanza de Harry consistía en que Ron y Hermione se despertaran, y le libraran de la incómoda sensación que tenía en el estómago al estar con Ginny, sin poder decirle nada, queriendo decir tantas cosas.

Pero sus dos amigos seguían dormidos, juntitos y con las manos cogidas, y la pelirroja le preguntó, mirándolo muy fijamente, si le apetecía dar un paseo por los terrenos.

Al principio el chico estuvo a punto de decir que no, pero, por otra parte, tampoco tenía nada que hacer en Gran Comedor, únicamente esquivar al grupo de personas que estaban sentadas a un par de metros de él mirándolo embobados. Además, le apetecía hablar un rato con Ginny, pues tenían muchas cosas que contarse, de todo el tiempo que hacía que no se veían. Sólo iba a dar un paseo con una amiga, tampoco tenía por qué pasar nada, ¿no?

El moreno echó un último vistazo a sus dos amigos, que no parecía que fueran a salir en poco tiempo del reino de los sueños, y contestó que sí a la pelirroja.

Así que los dos salieron por la puerta principal, ignorando la exclamación de sorpresa del grupito de curiosos de la mesa, pues todos tenían entendido que "Potter había cortado hacia mucho con la hermana pequeña de sus mejor amigo", incluso los padres.

Fuera ya habían desaparecido las nubes de la mañana, y como había aventurado Ginny, hacía un día espléndido, incluso algo caluroso. Fueron andando hacia el lago casi sin darse cuenta, y cuando estuvieron junto al gran sauce en el que solían sentarse, Harry dijo por fin, sentándose en su raíz de siempre:

-Bueno, ¿me vas a contar la arriesgada vida que has llevado en el colegio este último año?

La chica sonrió, mirando al lago, y dijo:

-No fue ni mucho menos más arriesgada que la vuestra.

-Seguro que lo suficiente para preocuparse.

-Me hubiera gustado que hubiera sido mucho más peligroso...yendo con vosotros, contigo.

Harry suspiró:

-Sabes que no podía ser.

-Sí, lo sé, aunque no lo comprenda-dijo Ginny, sin dejar de mirar la ondeada superficie del lago.

-¿Me lo vas a contar?-preguntó Harry después de unos segundos en los que la pelirroja se quedó callada.

Por fin, la chica lo miró:

-Por supuesto. Para que sepas que aunque no luché junto a ti, sí que luché por ti.

-Eso ya lo se...-empezó a decir el chico, pero al ver la cara seria de Ginny, calló, y ella empezó a contarle todo lo que había pasado en Hogwarts, todas las trastadas que les habían echo a los profesores aliados a Snape, como iba creciendo la Sala de los Menesteres, los castigos que les habían impuesto cuando los pillaban, y cuando finalmente ella se había tenido que quedar en casa de su tía Muriel.

Harry le contó después algunos detalles muy personales que había quitado de la historia que había contado en público.

Luego, los dos se quedaron sin saber que decir, hasta que, casi al mismo tiempo, los dos propusieron que volvieran al Gran Comedor, puesto que podrían estar buscándolos.

Andando en silencio por los terrenos del colegio, la verdad es que los dos se sentían algo decepcionados porque no hubiera pasado nada.

"¿Qué esperabas?" se preguntaba Ginny. "¿Qué te besara, te dijera que te quiere y novios otra vez, como en los cuentos? Pues no, esto no es tan sencillo. Además, Harry no es tan lanzado. Haberle dado alguna pista, eso es lo que tendrías que haber hecho, pava. Pero ya es demasiado tarde. Dentro de nada estarás con tus padres delante".

"Bueno, en realidad has conseguido lo que querías, ¿no? Hablar un rato con Ginny, enterarte de lo que ha vivido en este tiempo" se decía Harry. "¿O esque esperabas algo mas? ¡NO, no y no! Se supone que tienes que esperar".

Siguieron caminando.

OoOoOoOoOoOoO

Hermione y Ron aún no se habían despertado. Algunos alumnos que pasaban por delante miraban sus manos entrelazadas, unos con sorpresa, otros con ternura, con un "siempre lo supe", con un "yo pensaba que quería a Potter", Lavender llorando... Pero los Weasley, (excepto George) no parecían haberse dado cuenta.

Cuando la señora Weasley estaba terminando de desayunar junto con el gemelo que quedaba dijo:

-¿Dónde están Harry y Ginny, hijo?

-No se. Supongo que habrán salido a dar un paseo, o a andar por ahí-contestó algo incómodo.

Luego, la mujer miró por el Gran Salón para buscar al resto de personas que ella consideraba a su cargo. Percy estaba hablando con un grupo de antiguos compañeros que habían ido a la escuela en su época, Arthur con padres del ministerio, Bill presentaba, (aunque ya la conocieran de vista por el Torneo) a su esposa a algunos de sus amigos. Y faltaban... Ron y Hermione. Con un breve vistazo, comprobó que los dos estaban aún en la ya reducida zona de personas que aún dormían. Tal vez ni se dio cuenta de que estaban más juntos de lo normal, y, a aquella distancia y con los ojos hinchados de tanto llorar, por supuesto tampoco pudo saber que estaban cogidos de la mano. Suspirando, la señora Weasley dijo:

-Será mejor que vaya a despertar a Ron y Hermione. Dentro de no mucho tendremos que volver a casa, y ellos aún ni han desayunado.

Y se levantó para hacer lo que acababa de decir. Pero George se dio cuenta de que debía hacer algo, pues no estaba seguro de que el pequeño Ronnie quisiera escuchar la charla que les había soltado mamá a todos los hermanos al enterarse de la existencia de una novia. Para él y para Fred había sido demasiado tarde, pero podía ser que el pequeño Ron no tuviera que oír los planes de boda de mamá...con su novia delante.

Así que se levantó él también rápidamente mientras le decía a su madre:

-Termina el almuerzo, mamá. Ya voy yo.

Y echó a correr hacia la melena pelirroja y la melena castaña que se veían medio confundidas a unos siete metros de allí.

La señora Weasley suspiró, mientras se sentaba de nuevo, y pensó "Pobre. Lo de Fred le ha tenido que afectar de verdad, mucho más de lo que yo creía." Y las lágrimas volvieron a aflorarle a los ojos.

George se arrodilló en medio de los dos jóvenes y los zarandeó por un hombro a cada uno. Ron, que estaba vuelto hacia Hermione, se movió hasta ponerse boca arriba, pero sin soltar en absoluto la mano de la chica, es más, se la apretó con más fuerza. Hermione solo movió un poco la cabeza y encogió las piernas.

George se dijo que tenía que pasar al plan B, por el bien de todos, y...¿por qué no? Para divertirse un poquitín. Le hacía falta, la verdad. Además, Fred jamás le perdonaría que dejara escapar una ocasión como aquella. Poniendo su mejor voz aguda, imitándo a su madre exclamó:

-¡Oh! ¡¿Pero qué es esto?! ¡Qué boniiiiiiiiiiito! ¡¿Por qué no me lo dijisteis antes?! ¡Oh, mi Ronnie y mi queridísima Hermione! ¡Sieeeeeeempre lo supe! ¡Sí, sí, desde el principio!

Los dos se sobresaltaron mucho, y se incorporaron rápidamente, pero como estaban tan juntos se chocaron las cabezas.

-¡Au!

Frotándose la cabeza, Ron, al darse cuenta de que no era su madre, como ambos habían pensado en un primer momento, le dio un fuerte empujón a George, y poniéndose muy rojo dijo:

-¡Eres un idiota!

Hermione no sabía qué decir, se sonrojó un poco, pero no estaba segura de si debía apartar la mano de la de Ron o si ya era demasiado tarde.

George, que había recuperado el equilibrio antes de caer, al ver el apuro de Hermione, dijo con la voz ahogada por la momentánea risa que había experimentado hacía unos segundos, pero que ya desaparecía:

-Tranquilos, era solo para despertaros. Mamá quiere que desayunéis ya, porque dentro de poco tendremos que volver. No le he dicho nada de eso-dijo echando un vistazo a las manos, que seguían inconscientemente entrelazadas-No os aconsejo que le dejéis averiguarlo.

Y sin decir nada más, se levantó y se fue hacia su madre. Cuando pasara un tiempo, ya le seguiría tomando el pelo al pequeño Ronnie. Ahora no estaba de humor para ello.

Ron y Hermione se miraron todavía un poco colorados.

-Mmm..¿Te he hecho daño? Ya sabes, cuando no hemos chocado.-dijo Ron, pues no sabía que decir.

-Sólo un poco, ya casi ni lo noto. ¿Y tú?

-No, yo tampoco.

Lentamente, Hermione se levantó, para lo que se tuvieron que soltar las manos, por supuesto. La verdad es que les costó, pues después de toda la noche, estaban algo sudadas, y medio pegadas la una a la otra. La chica enrolló su saco mientras Ron se desperezaba un poco, y bostezaba, y mientras Hermione se hacía un coleta, el pelirrojo hizo lo mismo.

Mientras se dirigían hacia la mesa no dijeron nada. Al llegar, se sentaron uno al lado del otro, junto a la señora Weasley, que los miró de arriba abajo y les preguntó suavemente cómo estaban y como habían dormido.

-Supongo que bien-murmuraron los dos.

Al cabo de un par de minutos la señora Weasley se levantó, pues había terminado, y justo cuando Hermione decía "¿Dónde están Ginny y Ha...?" estos dos aparecieron por la puerta.

Ron y Hermione los miraron medio asombrados.

-¿Crees que ellos ya...?-empezó a preguntarle Ron.

-¡Chist, que ya casi están aquí!

Al ver a Hermione callar a Ron desde lejos, Ginny se dio cuenta al instante de lo que esos dos se pensaban. Que habían vuelto.

Harry, al lado suyo, también se dio cuenta horrorizado de lo que parecía, y no sabía si alegrarse o entristecerse de haber hablado la noche anterior con Ron de eso: alegrarse porque podía ser que si Ron los viera así de sopetón si saber nada, no se contuviera y le pegara a Harry una buena bofetada, cosa que ahora por lo menos sabía no iba a ocurrir, y entristecerse porque ahora que su amigo sabía que tenía planes con su hermana, podía pensar que los había adelantado. Se le revolvió el estómago al pensar la incómoda situación que experimentaría si Ron o Hermione hacían algún comentario sobre ellos dos.

Sin decir nada, los dos recién llegados se sentaron enfrente de una muy quieta Hermione, que miraba fijamente a Ginny para descifrar en su expresión lo que había pasado, y un muy inquieto Ron, que casi daba botes en su sitio, hasta que al final dijo:

-¿Habéis...?

Ginny reaccionó con los reflejos propios de una verdadera jugadora de quidditch: extendiendo mucho la mano, le metió a su hermano en la boca lo primero que pilló, que era un pastelillo lleno de nata.

Ron se quedó parado un momento, con la boca abierta de par, con toda la nata pegada al borde de la boca. Luego, con un brusco movimiento, el pastelito se le atragantó en la garganta, y consiguió tragárselo, pero se puso a toser fuertemente.

Hermione le dio fuertes palmadas en la espalda, mientras miraba a Ginny con cara de "¿pero que leches haces?". Harry también se levantó e intentó que su amigo dejara de toser. Entonces, como el moreno no estaba mirando y Ron parecía demasiado ocupado ahogándose, Ginny articuló exageradamente la boca diciéndole a Hermione, que aún la miraba aunque al mismo tiempo ayudaba a Ron, "¡¡Harry y yo no estamos juntos, no!!". Hermione, incrédula, repitió sin hablar tampoco "No", negando con la cabeza, y dejando de golpear la espalda del pelirrojo.

Pero los dos chicos la miraron suplicantes, y ella siguió dándole manotazos a Ron en la espalda, hasta que por fin paró de toser, con una gran aspiración de aire.

Harry se volvió a sentar en su sitio, y Ron se dispuso a hablar, con la mano todavía en el pecho.

Ginny pensó que resultaría demasiado sospechoso meterle otro pastelito, así que pensó muy angustiada "Vamos, Hermione, una vez me contaste que la gente no tenía telepatía porque no usaban del todo su cerebro, ¡pero tú si lo haces! ¡Haz algo, Ron no debe hablar! ¡Ron no debe hablar!".

La pelirroja nunca supo si su amiga de verdad había recibido el mensaje telepático, pero la cosa es que cuando Ron empezó a decir "Sólo os preguntaba sí..." la castaña hizo algo.

Si aquello hubiera pasado hacía, quizás, tan solo una semana, Hermione probablemente le habría dado a Ron un codazo en las costillas. Pero ahora tenía otros métodos, mas eficaces, creíbles, y, por qué no decirlo, placenteros: la chica le cogió la cara a Ron y lo besó.

Harry miró hacia otro lado, y Ginny al principio se quedó con cara un poco de "quefuertequefuertequefuerte", pero luego procuró mirar hacia otro lado, y rezando para que el beso de Hermione le quitara las ganas a su hermano de seguir hablando.

Después de pocos segundos, la castaña se separó, y miró hacia su plato, intentando ocultar su cara, que estaba roja perdida. Ron, que tampoco se quedaba corto, dijo con voz ronca:

-Emmm...escuchad, que yo decía que...

Esta vez atacó Harry. Le dio una buena patada en la espinilla por debajo de la mesa, que hizo dar una gran exclamación de dolor a Ron. En cuanto se recuperó, el pelirrojo dijo mientras encogía las piernas y extendía los brazos para que ninguno le hiciera nada:

-¡Decía que si ya habíais almorzado!

Los otros tres, que ya habían tomado posiciones de ataque, (Ginny ya tenía otro pastelito en la mano, Harry estiraba las piernas en busca de las de Ron y Hermione había acercado mucho su cara a la del pelirrojo), se relajaron y volvieron a sentarse de forma normal, y no retorcidos sobre los asientos, como estaban. Harry murmuró un sí.

Ron suspiró aliviado, pues el último minuto había estado cargado de emociones para él, todas horribles. Bueno, excepto el beso, claro.

La señora Weasley se acercó entonces a los cuatro jóvenes, y miró de forma aprobatoria como los platos de Ron y Hermione estaban casi vacíos:

-Bien, terminaos pronto lo que os queda, ¿vale? Nos tendremos que ir enseguida.

-¿¡Ya!? ¿¡Tan pronto!?-dijo Ginny.

-¿No podemos ayudar en nada?-preguntó Harry.

La señora Weasley rió sin ganas, y dijo suavemente:

-No, cielo. La profesora McGonagall ya se ha puesto de acuerdo con Kingsley, que va a ser el ministro en funciones. Ya han encargado a unos magos especializados en estas cosas. Así que nos iremos. No tardéis mucho, ya sabéis.

Pero antes de que la señora Weasley se fuera, Hermione, que había parecido dudosa el tiempo que la mujer les había estado hablando, se levantó, y dijo:

-Señora Weasley, creo que por sus palabras usted piensa que iré a la Madriguera, pero no es así.

-¡¿Qué?!-preguntaron al mismo tiempo Ron y Ginny.

La mujer pelirroja suspiró, y les dijo a sus hijos:

-Bueno, chicos, tranquilos. Hermione lleva mucho tiempo sin ver a sus padres, y sus padres mucho tiempo sin saber de ella. Querrán verse. Aún así, ya sabes que puedes venir a visitarnos cuando quieras. Avísame cuando te vayas a ir para despedirme, querida.

La chica volvió a sentarse, y Ron le dijo en lo que pretendía ser voz baja, pero que por la exaltación le salió bastante alta:

-¿Cómo vas a irte en estos días tú sola a tu casa?

La señora Weasley, que no se había ido del todo, lo escuchó, y se dio la vuelta muy lentamente:

-¿Cómo que sola?

Hermione le dirigió una mirada asesina al pelirrojo que se sentaba a su lado, y después miró a la madre de éste, que repitió, más seriamente todavía:

-¿Cómo que sola?

La castaña se encogió de hombros, sin lograr encontrar una excusa adecuada. Con un aire todavía más duro, pero que pretendía ser casual dijo la señora Weasley:

-Hermione, ¿dónde están exactamente a tus padres?

La chica suspiró y se lo contó todo, de principio a fin. La señora Weasley no cambió su expresión, hasta que Hermione dejó de hablar. Entonces, la mujer la cogió de la mano y la hizo levantarse. La chica se esperaba una buena reprimenda, como las que había visto que les echaba a los gemelos, pero, de repente, la señora Weasley se echó a llorar, abrazándola, y diciendo entre sollozos:

-¡Oh, es terrible que hayas tenido que recurrir a eso para protegerlos! ¡Australia! Pero-pero no te preocupes, te vendrás a mi casa, ¿vale? Y-y cuando las cosas se calmen un poco...tan solo una semana como mucho, tranquila, te ayudaremos to-todo lo posible para encontrarlos. ¡Oh, dios mío, que triste te debes sentir!

Ron y Ginny estaban alucinados de la exagerada reacción de su madre en un momento, pero no dijeron nada, aunque estaban un poco avergonzados.

-Pero...no quiero molestar-murmuraba Hermione, que también había empezado a sollozar.

-¡Nunca molestas, querida! ¡Eres tan servicial, y educada, y...! ¡Y amiga de mis hijos! ¡Y yo y Arthur te queremos muchísimo! ¡Vamos, quédate!

Después de unos momentos, la chica murmuró:

-De-de acuerdo.

Aún pasaron un minuto y poco hasta que la señora Weasley se separó de Hermione. Ambas se secaron las lágrimas, y la más joven se sentó de nuevo en su sitio. La mujer sonrió tristemente, sin saber ni lo que hacía, revolvió el pelo de Harry con cariño, y acarició también a sus dos hijos, y con una última mirada a Hermione, se fue.

Ninguno sabía muy bien que decir. La castaña se limpiaba las lágrimas, parecía mucho más tranquila, y no miraba ni a Ron ni a Ginny, lo que no era muy difícil, pues los dos pelirrojos también lo evitaban, sin saber si tenían que sentirse avergonzados, divertidos, felices o enternecidos.

Al cabo de unos diez minutos, en los que estuvieron charlando en la mesa entre ellos y con la gente que se les acercaba para despedirse, Percy se acercó a ellos para decirles que se iban ya.

-Pero si el tren sale dentro de media hora-objetó Ginny.

-No vamos a ir en tren-aclaró Percy-Nos apareceremos.

-¡Oh, entonces voy a despedirme! ¡No os vayáis sin mi!-dijo la pelirroja, echando a correr hacia Luna Lovegood, que estaba sola en medio de la sala mirando hacia el techo.

Los otros tres se dieron un paseo por la sala, despidiéndose de Neville, que hablaba animadamente con Hannah Abbott, de Ernie McMillan, que los miraba a estos dos últimos con algo de rencor, de Dean Thomas, Seamus Finnigan, Parvati y Padma Patil e incluso de Lavender Brown, que montó una pequeña escena dramática que debió de considerar muy conmovedora, pero que a Ron y Hermione no les hizo ninguna gracia.

Cinco minutos más tarde, fueron a la puerta del Gran Comedor, donde estaban los señores Weasley con la profesora McGonagall, que se despidió de ellos diciéndoles que se verían pronto, pero que se tenía que ir a anunciar a los estudiantes y padres que empezaran a prepararse para irse.

En poco tiempo, la gran familia y los dos acompañantes, que casi formaban ya parte de la misma estuvieron al otro lado de la reja coronada por los cerdos alados, y se desaparecieron hacia La Madriguera, en la primera mañana sin guerra desde hacía bastante tiempo.


bueno que tal? espero reviews, de verdad!

tengo que advertir de que el proximo cap es bastante diferente. hasta ahora he segudio una linea muy jk rowling, pero el proximo es mas de mi imaginacion. en ese cap si que voy a necesitar muchas opiniones, pues si veo que no os convence mucho el nuevo argumento, estoy dispuesta a escribir otro cap y sustituirlo por el.

ya lo sabeis, gracias por vuestras opiniones! besoteS!