9. La Madriguera
La llegada a la Madriguera fue algo triste: nada mas llegar, la señora Weasley se echó a llorar de nuevo. Su familia intentó abrazarla pero ella extendió los brazos, conteniendo los sollozos y gimiendo:
-¡No, no! Tenemos...tenemos que hacer algunas cosas, ¿vale? La-La casa está sucísima, tenemos-tenemos que...
-Déjalo, Molly-dijo el señor Weasley mirando con ojos tristes a su mujer-Ya lo digo yo. Sé que no estamos en un buen momento, chicos, pero hay que hacer un poco habitable la casa, ¿de acuerdo? Podéis usar magia...Ginny, tú tambien. No te enviarán ninguna carta en el estado en que está el país en estos momentos.
Arrastrando los pies y sin decir una palabra, todos se internaron en la casa y sacaron sus varitas. Harry oyó como, todavía en el jardín, el señor Weasley le decía a su esposa:
-Molly, si estás mal...de verdad que yo y los niños podemos...
-¿Cómo crees que están ellos, Arthur? Están igual, y van a limpiar, ¿qué ejemplo daría yo? Soy la madre, al fin y al cabo. Ahora no hay tiempo para lamentaciones. Debemos hacer un último esfuerzo antes de...de permitirnos el lujo de derrumbarnos.
La jornada de limpieza se prolongó durante casi todo lo que quedaba de mañana.
Para Harry, la Madriguera era su segundo hogar, después de Hogwarts, y siempre le había encantado estar allí, pero ahora se le hacía muy duro recorrer sus pasillos, recordando tantos momentos en los que Fred, Tonks, Lupin, y Moody los habían recorrido así mismo, cuando aquello era el cuartel general de la Orden del Fénix. Pero sabía que aún más lo era para los Weasley, así que, cuando se cruzaba con la señora Weasley, a la que no dejaban de caerle lágrimas, pero que no emitía ni un sonido mientras limpiaba con varita experta, a George, que a veces se apoyaba contra la pared y se quedaba unos minutos así, con las manos en la cara, o a cualquier otro miembro destrozado de la familia pelirroja, él solo bajaba la mirada, para que no vieran que él tambien tenía los ojos bañados en pena. Sentía que, al lado de todo el dolor de los Weasley, él no tenía derecho siquiera a llorar, pero no podía evitarlo, al igual que tampoco Hermione.
Ella sentía lo mismo. Eran dos extraños en medio del profundo dolor de una familia muy unida, pero de los que le era imposible solidarizarse, pues sentían el dolor como propio. Pero además de todo eso, el chico no podía evitar pensar que él tenía algo de culpa, si se hubiera enfrentado desde el principio a Voldemort...
Harry se dio cuenta de que la que había sido la habitación de los gemelos estaba aún sin limpiar, y que, al parecer, todos lo miembros de la familia la evitaban, podía ser que de forma inconsciente, o tal vez, directamente, pero nadie quería aventurarse en ella, pensando en que la remota presencia de Fred les rompería el corazón en aquella estancia que había pertenecido al gemelo.
Harry suspiró y entró. Apenas había empezado la tarea de limpieza con su varita recien reparada cuando la señora Weasley entró en el cuarto, sollozando a gritos, y cerrando la puerta tras de sí. No lo había visto: tenía los ojos demasiado hinchados y rojos.
La mujer se encogió junto a la puerta. Harry la miró horrorizado: ¿qué podía él hacer ahora?
-Señora Weasley, yo...-balbuceó el chico, y se arrepintió al instante de haber hablado, cuando la mujer lo miró con esa expresión...
-¡Harry! No-no sabía que estabas aquí, lo siento, lo siento tanto...-dijo la señora Weasley, intentando secarse la cara, pero sin poder dejar de llorar.
-No, yo lo siento, de verdad...-murmuró el chico. Antes de que se diera cuenta, la madre de su mejor amigo estaba abrazándolo más fuerte que nunca, y diciendo entre sollozos:
-¡Oh, Harry! Imagino...imagino cómo te debes sentir. Escúchame, escúchame bien lo que te digo: eres una de las mejores personas que conozco, ¿de acuerdo? Tú no tienes ninguna culpa de lo que ha pasado, ninguna, ¿me oyes? Nadie te responsabiliza absolutamente de nada, es más, todos nosotros y todo el mundo mágico te lo agradece. No se qué habría sido sin ti...
Y, simplemente, siguió llorando, hasta que, de improviso, George apareció en la puerta, y su madre corrió hacia él, soltándo a Harry, quien salió silenciosamente y con los ojos más húmedos que nunca.
Cuando el tiempo de limpieza terminó, el señor Weasley murmuró que iba al pueblo a comprar alimentos, y Bill lo acompañó.
Todos los demás escogieron otras tareas, ya fuera observar cualquier punto de la pared con aire perdido, estar simplemente abrazados unos a otros o esconderse en una habitación para llorar a solas. Y otros no sabían ni siquiera qué hacer.
Ron era una de ellos. Sin poder evitar las lágrimas, había limpiado la casa como todos los demás, con todo el ahínco que pudo, como si eso sirviera de algo.
Y ahora estaba tumbado, sólo en su habitación, contemplando por entre las lágrimas el atardecer desde su ventana. En ese momento estaba oyendo un ruido. Era la puerta de su cuarto abriéndose, pero no quería mirar, temiendo cualquier presencia humana. Así que se mantuvo así, con la vista fija en el paisaje. La habitación estaba en penumbra, así que quizás quien quiera que fuese pensaría que estaba dormido, y lo dejaría en paz. La puerta se había abierto, sin duda, pues incluso entraba un débil resplandor por el hueco, pero nadie entraba, ni hablaba, y si se había ido, realmente era muy silencioso, y además no había cerrado la puerta.
Cuando pasó un rato sin que pasara nada, Ron casi se había olvidado del visitante a su habitación, así que, como le dolían todos los músculos de estar tanto tiempo en la misma posición, tan rígido, se levantó y se apoyó en la ventana. A través de ella se veía el claro del bosque donde tantos veranos había jugado al quidditch con sus hermanos, y con Fred... Recordó mil anécdotas, desde cuando se rompió una pierna en ese mismo lugar por culpa precisamente del gemelo hasta el primer tanto que había conseguido pararle a su hermano.
De repente, se oyó una voz desde la puerta. Ron se estremeció al reconocerla: era quien él creía, Hermione...
-Ron...-es lo único que dijo la chica, en voz muy suave y baja.
Vale, ahora, no podía fingir que estaba dormido. Y no es que no quisisera verla... la quería, y por fin, ahora podía tenerla en sus brazos siempre que quisiese, pero él mismo se maravillaba de lo "sereno" que había conseguido estar la noche pasada con ella, a pesar de los acontecimientos, y temía no poder mostrarse esa noche igual. Al llegar a La Madriguera, todo el peso de la muerte de Fred se le había caído encima, lo había asimilado del todo en sólo unos segundos, y había sentido mucho más dolor del que creyó poder sentir, más incluso que en el momento en que vio su triste sonrisa muerta... Había estado casi todo el día evitando a la chica, y también tenía miedo de que ésta le pidiera explicaciones. No quería que Hermione pensara que ya estaba todo pasado, que todo el dolor se había acabado, que podían hacer una vida de pareja normal por fin, después de tantos años sin poder llegar a ser del todo adolescentes normales, dentro de lo que cabía el concepto "normales" en un par de magos. Porque, aunque a él le gustaría que así fuese, él no podía soportarlo, no todavía, con todo tan reciente.
Así que se dispuso a darse la vuelta para decirselo, que la quería pero que no se sentía con fuerzas para darle ni un beso más, no todavía.
-Hermione...-dijo con la voz temblándole más de lo que quisiera.
-Ron... te he traído unas cosas tuyas, ya sabes, ropa y eso, de mi bolso... Pero te lo puedo dejar aquí, en la cama, y los colocas luego, si ahora te encuentras mal. Te puedo traer lo demás más tarde, por la mañana, o cuando sea, no pasa nada.
El chico se quedó alucinado, pero volvió a intentar hablar. Cuando ella se acercó a su cama para colocar un montoncito de calcetines y ya se disponía a irse rápidamente, le dijo:
-Hermione, yo... hoy no...
-Ron, por favor, no tienes que decir nada, ¿vale? No te preocupes.
Pero el pelirrojo había notado que las últimas sílabas habían sonado algo ahogadas por un sollozo. La llamó cuando ya se encontraba en la puerta, hasta la que había andadao a paso muy rápido.
-Di-dime-contestó ella pasándose rápidamente las manos por los ojos.
-¿Estás llorando?-preguntó dubitativo acercándose unos pasos a ella.
Hermione no lo pudo evitar, rompió a llorar, y Ron sintió de repente un tremendo instinto protector. Necesitaba consolarla, abrazarla... Eso hizo. La chica, dijo entre sollozos:
-Lo siento tan-tanto, Ron, de verdad que no quería ponerme así... Pero yo también apreciaba mucho a Fred, y a Tonks y a Lupin... y entiendo que para ti tiene que ser más duro todavía, porque, bueno, es tu hermano... y no te preocupes por mi, no pienso agobiarte ni... obligarte a nada conmigo hasta que tú... y yo misma tambien no nos sintamos con fuerzas...
Sin darse casi cuenta, Ron había guiado a la chica hasta su cama, y se habían sentado en ella, pero él no la soltaba por nada. Tampoco se acordaba de cuando había empezado a llorar también, pero la cosa es que lo había hecho. Y ahora, lo único que hacía aparte de seguir abrazando con fuerza a Hermione, era darse cuenta de que tenía entre los brazos a la chica más maravillosa que existía en el mundo.
Al cabo de un rato Hermione dijo con la voz más calmada:
-Ron... yo no quiero molestarte, ni que te apenes por mi. Tienes todo el derecho del mundo a sentir una pena propia. Si quieres estar sólo, dímelo y me iré. Te juro que no me enfadaré ni me ofenderé ni nada de eso, lo comprendo perfectamente... pero si quieres que me quede, te aseguro que también me quedaré.
En ese mismo momento fue cuando Ron se dio cuenta de que se había equivocado: sí que tenía fuerzas para darle un beso más a Hermione. Uno, mil e infinitos.
Poco a poco acercó su cara a la suya y probó sólo superficialmente esos labios que conocía desde tan poco tiempo, pero que estaba dispuesto a hacer suyos con el tiempo, pero no esa noche. Porque esa noche sólo la besó lento y dulce, para que a ella no le quedara ninguna duda de que no quería que se marchase, sino que la necesitaba a su lado aquella noche, al igual que la anterior, y probablemente también igual que la siguiente.
Hermione, sorpendida al principio, le devolvió el beso casi con timidez. Y así siguieron, entre besos suaves y lágrimas, sin acordarse Ron ni por un momento de aquella vez tan lejana, cuando su mejor amigo le había contado su experiencia del primer beso, en el que ella había estado llorando. Y él se había extrañado mucho, ¿quién podía llorar mientras lo estaban besando? Nadie normal, pensaba él. Se suponía que los besos eran... de lo mejor que había en esta vida, y más aún si son de la persona que quieres. Por lo tanto, era imposible llorar, el máximo agente de la tristeza, mientras te estaba ocurriendo algo tan maravilloso como es un beso. Pero ahora se daba cuenta de que no era así, porque ya no tenía el mismo nivel emocional que una cucharadita del té. Ahora sabía que se podían sentir muchas cosas a la vez, en el interior. Y él ahora sentía una pena enorme por las recientes pérdidas sufridas, pero también sentía un amor tan grande que no tenía nada que envidiar a la tristeza, y era amor por la persona que, precisamente, estaba besando, a la que acababa de conseguir. Así pues, estaba claro: se podía ser feliz e infeliz al mismo tiempo, y él lo era en esos momentos.
Ron se quedó dormido en el regazo de Hermione, que no pensó ni un momento en irse ni en intentar ponerse en una posición más cómoda. La chica medio durmió medio soñó despierta creyendo que estaba dormida de verdad. Y a veces se despertaba sobresaltada, doliéndole todo el cuerpo, peo lo único que hacía era quitarle las lágrimas casi secas a Ron, y acariciarle el pelo y la cara y volverse a dormir, pensando que no pasaba nada, pues Ron estaba allí, con ella, entre sus manos.
Ninguno se despertó cuando Ginny entró en la habitación casi una hora más tarde, para anunciar que la cena estaba lista. Al verlos, se le escapó una pequeña sonrisilla que no contrastaba muy bien con sus ojos enrojecidos. Al menos alguien era parcialmente feliz, en ese momento, en esa casa.
Bajó a la cocina y le explicó brevemente a su madre que Ron y Hermione estaban durmiendo y que no le había parecido bien despertarlos. La señora Weasley estuvo de acuerdo con ello, y no hizo ninguna pregunta al respecto.
Cenaron en silencio, y cuando terminaron de recogerlo todo, cada uno se puso en camino hacia sus habitaciones. Antes de eso, Bill y Fleur se despidieron, pues no había suficiente sitio en La Madriguera, e iban a aparecerse en su casa. Charlie también se iba con ellos. Percy, sin embargo, decidió quedarse, y dormir en la que había sido la cama de Fred, junto a George.
Ginny cogió a Harry cuando éste subía las escaleras, y le dijo:
-Ron y Hermione están en tu habitación. Sólo ocupan una cama, pero si te sientes incómodo, puedes venir a mi cuarto si quieres. La cama que iba a ser para Hermione ya está sacada.
-Ah, de acuerdo. Voy a cambiarme y ahora iré. Gracias, Ginny- dijo Harry en un tono un poco inseguro.
Evitando mirar a sus dos mejores amigo en la cama de al lado, Harry cogió su pijama de encima de la suya, donde Hermione se lo había colocado después de sacarlo de su "pequeño" bolso. El chico se cambió rápidamente en el baño y se encaminó sigiloso a la habitación de Ginny. Rezó para que los Weasley estuvieran todos en sus camas, pues, ¿qué pensarían si lo vieran entrando en la habitación de su hija menor en una noche como aquella, además? No se encontró a nadie, así que entró.
Ginny ya estaba acostada, mirando al lado contrario de la puerta, así que Harry, un poco decepcionado sin saber muy bien por qué, se metió en la cama de al lado. Ninguno de los dos dijo una palabra.
Harry no durmió muy bien aquella noche, pero lo peor de todo fue ver el cuerpo de Ginny convulsionándose durante horas por el silencioso llanto sin poder levantarse y abrazarla para consolarla.
Es un capitulo cortito, lo sé, pero me ha quedado justo como quería. Ha sido un verdadero cambio radical repsecto al que reemplaza no? La verdad esque hasta a mi me gusta mas así, aunque espero no haber sido demasiado cursi. Quiero que entendais bien que ellos se queria, pero Ron no creia tener fuerzas para llevar una relacion normal con ella, pero Hermione no tenia la culpa, simplemente, son de esos momentos en los que no tienes ganas de nada, solo de echarte a llorar. ÉL, ademas dçpensaba que Hermione pretenderia que estuvieran todo el rato besandose, haciendose mimitos... al estilo Lav-Lav, vamos, justo en esos momentos tan duros para el. Pero Hermione lo comprendia todo perfectamente... solo habia ido a dejarle unas cosas en la habitacion.
Espero traeros el próximo pronto, peor no puedo prometer nada, pues ya empiezan las clases otra vez, y no sé como me vere de ocupada estos proximos dias.
Por cierto, no se si al reemplazar el capitulo los que tengan mi fic en alerta lo leeran, peor espero que si, porque no quiero que cuando suba el proximo, la gente se haya perdido.
Otra cosa mas, no he tenido tiempo para felicitaros la Navidad, ni el año nuevo ni nada, pero lo hago ahora, lo siento. Muchas gracias a todos los reviews comprensivos que he recibido, especialmente a cristi_RHr_forever, que incluso me dejo un review de felicitacion el dia de año nuevo. :)
Eso es todo.
Besoteees! :D
