Capitulo 2: Entre obligaciones, promesas y encuentros.
La tarde transcurría con tranquilidad y en los rostros de la gente se podía observar la alegría de sentir el verano tan cercano. En la mansión Hibiki, sin embargo, no se respiraban los mismos aires. Konatsu se encontraba en su despacho a semioscuras y murmurando cosas hacia un tubo de teléfono.
- Puedo asegurarle señor que éste medio de transporte es por demás seguro. – dijo mientras apoyaba el codo de su mano libre en el escritorio y su cabeza en su mano, masajeándose la sien. – Si usted lo desea, viajaré personalmente para corroborar que llegue a destino seguro. – silencio en toda la habitación mientras escuchaba atentamente a su interlocutor a través del teléfono. – Señor… ¿puedo tomar su palabra de que este será el último traslado a mi cargo? – silencio, el rostro de Konatsu reflejó impaciencia. – Pero… ¡usted me dijo que después de este traslado me permitiría verlos! – comenzaba a subir el todo de voz, la mano que tenía libre se apretó en un puño sobre la mesa. – Acaso… - pausa. – ¿Acaso esta jugando conmigo señor Kuno? – silencio, enojo en sus facciones. – Dijo que los liberaría, ¡que ésta sería la última vez! – pausa, golpeó fuertemente el escritorio con su puño. – Escúcheme… - bajó la voz y le agregó un tono amenazador. – Sé donde encontrarlo, podría arrepentirme y reportarlo a usted y a toda su maldita empresa. – pausa, su rostro se relajó un poco, dejando paso a la preocupación. – Pero… señor… ¿señor? – golpeó con furia el tubo en el aparato. Enterró su rostro en ambas manos reprimiendo un grito de enojo.
De repente se abre la puerta, Konatsu se acomoda rápidamente y se apoya en el respaldo de su sillón. La cabeza de Ryoga asomó por detrás de la puerta y luego terminó de abrirla por completo, inspeccionando la habitación.
- Me pareció escuchar un golpe. – dijo como explicando su entrada al despacho.
- Se me cayó el pisapapeles, no es nada. – dijo Konatsu distraídamente buscando algo en el cajón del escritorio. Ryoga miró sobre el escritorio donde no había ningún pisapapeles, miró hacia la biblioteca a su izquierda y ahí estaba, sosteniendo un par de libros, algo empolvado, como si no se hubiera usado hace tiempo. Miró a su hermano mayor, aún concentrado buscando algo en el cajón.
- Bien… - dijo dudando un poco. – Supongo que iré por Akane y luego iremos al parque a dar un paseo. – Konatsu se limitó a asentir aún concentrado en algo inexistente en su cajón. – Solo pensé que debía avisarte. – Su hermano mayor hizo un sonido ronco de afirmación, luego de observarlo unos segundos más, Ryoga cerró la puerta y se marchó.
Dejó de revolver su ya desordenado cajón, se deslizó sobre su sillón y alzó la vista hacia el oscuro techo de su despacho, lanzando un largo suspiro.
- Diablos… - susurró sin mirar nada en particular.
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Unas horas después, en el parque más grande de la ciudad, podía encontrarse a una pareja joven caminando por los caminos de cerezos. Él llevaba un traje negro y una corbata amarilla, ella un kimono negro con pétalos rojos, su largo cabello enlazado con un lazo color rojo, como los pétalos de su vestimenta. Su caminar era calmo, indefinido, demasiado tranquilo para dos jóvenes que rondaban los 20 años. La joven se detuvo y observó el enorme cerezo junto a ella, sus flores ya estaban abiertas y una cálida brisa bailaba entre sus pétalos. No pudo reprimir una sonrisa de tranquilidad. Ryoga estaba embobado con ella, sus facciones eran tan hermosas, sus ojos tan profundos, sus labios tan suaves. Sentía su pecho estallar al verla sonreír así, tan despreocupada, a su lado. Su leve sonrojo fue tomado desprevenido cuando Akane dirigió su mirada hacia él al sentirse observada. Ryoga apartó la mirada dirigiéndola hacia los altos del cerezo.
Era un hombre atractivo, no podía negarlo, también era muy dulce con ella, siempre estaba atento a sus necesidades. Podía asegurar que Ryoga la apreciaba, más allá de la estúpida obligación de unir dos empresas potenciales que había caído sobre sus hombros, cuando su hermano mayor no tuvo más tiempo que para los papeles y las órdenes. Eran tan diferentes entre esos dos hermanos, Konatsu estaba pendiente de las necesidades humanas, tener dinero para que, en momentos de escasez, pudieran acudir a un fondo para alimentarse, para alojarse en algún lugar, pero siempre llevando sus pronósticos a un extremo prácticamente imposible, ¿qué podía llegar a hundir una empresa tan solicitada como la de transporte marítimo? Mucho más teniendo afiliados en todos los continentes.
En cambio, Ryoga era todo lo opuesto. Era sentimental, atento, el dinero era lo que menos le importaba, él quería conseguir los bienes sentimentales antes que materiales. Amar y ser amado. Tener una familia y serle fiel. Quizás, lo que Ryoga buscaba en ella, era esa compañera fiel que lo amara sin importar las circunstancias, de entregar todo a desconocidos si era necesario, y aceptar todo lo que le entregaran con profundo respeto.
Akane miró un banco, que no se encontraba muy lejos de ellos, entre dos cerezos, al costado del camino.
- ¿Nos sentamos? – le preguntó amablemente, atrayendo su atención. Ryoga la observó unos instantes, escaneando cada centímetro de su rostro en esa expresión de amabilidad y esa sonrisa encantadora. Asintió y se encaminó hacia el asiento una vez que Akane caminó hasta quedar a su lado. Quizás sea él el que me enseñe a amar...´ pensó ella mirándolo de reojo. Entregar todo sin condiciones.´ Extrañamente a sus amigas, Akane nunca había sentido gran atracción por ningún hombre en particular, simplemente, porque todos los que había conocido fueron por contacto de su padre. Siempre habían conocido su fortuna antes que su persona. Ryoga no era la excepción, pero si era diferente al resto, se salía completamente de las líneas de un prototipo de hombre adinerado. Tenía sentimientos en todo lo que hacía.
- Akane… - su nombre fue como un susurro, Ryoga mantenía la vista fija en una tierna flor blanca del suelo, que se balanceaba con la brisa frente a él. Akane notó una sonrisa irónica en sus labios. – Quería preguntarte… ¿qué es lo que tú realmente sientes? – Akane se sorprendió ante aquella pregunta, siguió su mirada hasta la hermosa flor frente a ellos. Él continuó. – Porque, yo he expresado mi deseo de casarme contigo a tu padre. – Ella guardaba silencio, escuchando con el rostro relajado. – Todo ha continuado, el vestido, el conteo de los invitados. Pero no sé que es lo que tú realmente deseas. – Inclinó su cuerpo hacia adelante apoyando sus codos en sus piernas. Giró su cabeza hacia Akane. Ella sintió un leve calor interior al verlo tan atractivo en esa posición, con esa mirada comprensiva. – La fecha aún no ha sido fijada, los votos no han sido escritos… Puedes arrepentirse, ¿sabes? – Akane no encontró ningún dolor en esas palabras, las decía de la forma más tranquila posible. Si ella daba un paso atrás, él lo entendería y lo aceptaría. Se sintió conmovida como hacía tiempo no se sentía.
Y sintió una profunda admiración hacia ese joven muchacho, aceptaría su rechazo si ella se dignaba a expresarlo. No quería perderla por no seguir la voluntad de ella, quería que la muerte los separara a su debido tiempo, amándola y atendiéndola hasta que llegara ese impostergable día.
- El tiempo dirá si ambos miramos hacia la misma dirección. – dijo tiernamente observando ese rostro masculino. Se inclinó hacia delante y posó su mano sobre las de él. – Ryoga Hibiki, acepto ser tu esposa. – Ryoga se irguió sorprendido, sus oídos le debían estar jugando una mala pasada. ¿Lo estaba aceptando? Quizás era demasiado perfecto para ser verdad. Akane le regaló una profunda sonrisa.
Tiempo.´ pensó ella. Quizás estoy parada frente a las puertas de un futuro eternamente feliz con él… Sólo que no puedo verlas.´ alzó la vista, la brisa había dejado de ser amistosa y revolvía algo violento las ramas, provocando una lluvia de pétalos rosados. Quizás sea Ryoga el que me ayudará a abrir los ojos para verlas y cruzarlas.´ sintió como apretaba su mano de forma tierna y ella respondió al gesto de la misma forma.
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Ya estaba casi todo el cielo oscuro, y los trabajadores del puerto comenzaban a retirarse a sus casas, debido a que ellos solo podían trabajar con la luz del día. Se podía escuchar a algunos de ellos saludándose y enviando saludos al resto de su familia.
- ¡Nos veremos mañana Ranma, Mousse! – saludó un hombre fornido de cabellos oscuros y ojos pequeños.
- Hasta mañana. – saludaron ambos jóvenes mientras cargaban un montón de redes entre ambos y las entraban al galpón.
- Ukyo, ¿Dónde van éstas? – preguntó Ranma mientras miraba a la joven que se encontraba moviendo de lugar algunas maderas para construir barcas. Ella observó lo que llevaban mientras cargaba dos maderas largas.
- En aquél rincón, dentro de esa caja…. No esa no, la de al lado. – dijo mientras dirigía a los ya cansados trabajadores. Con un ruido sordo cayeron las redes dentro de la enorme caja de madera. Ambos se miraron y lanzaron un sonoro suspiro. Ukyo regresó a su tarea, la cual ya finalizaba con 5 piezas más para movilizar.
Mousse se dejó caer en lo que parecía un montículo de velas dobladas, mientras Ranma se dirigía al enorme almanaque de la pared, donde se asignaban todas las actividades de los días de trabajo.
- ¡Mousse! ¡Estuve 3 horas doblando todo eso! – lo reprimió Ukyo, causando que se levante rápidamente disculpándose. Ranma buscaba con los ojos el siguiente día y las anotaciones que habían garabateado. Arribo del Queen Mary para servicios y alistamiento. Horarios de trabajo de 8:00 a 20:00. Horario estimado de atraque 5:00´´. Otra vez el abuso de esfuerzo físico trabajando 12 horas limpiando un barco en el cual ninguno de ellos se subiría jamás.
- ¿Cuáles son las actividades de mañana Ranma? – preguntó Ukyo sacudiéndose el polvo y las astillas de su traje y bajándose las mangas antes arremangadas. Mousse volteó hacia Ranma esperando su respuesta.
- Parece que durante la madrugada atraca el Queen Mary. Mañana empieza el servicio de limpieza y control. Parece que viajará pronto. – comentó sin mucha importancia y volteando para retirarse del depósito hacia el Fishermen Bar´.
- Esos barcos son un sueño. – comentó Ukyo uniéndose junto a Mousse a la caminata con Ranma. Sus ojos estaban brillosos, mientras soñaba un viaje imposiblemente costoso en ese buque de turismo primera clase. – Daría cualquier cosa por viajar en él, aunque sea de mucama. – Ranma echó un bufido ante ese sueño ridículo de Ukyo.
Mujeres.´ pensó, llevándose las manos detrás de la cabeza, expandiendo su tórax.
- Podríamos… - hablo un tímido Mousse mirando hacia delante inexpresivo, el bar no quedaba nada lejos, por lo que ya podía divisarse. Ranma le lanzó una mirada interrogante, preguntándose que idea alocada arrojaría esta vez. – Podríamos colarnos en la parte de embargue, e irnos a donde sea que vaya. – La joven pareja lo observó con algo de diversión en sus rostro ante la incoherente idea. Mousse los observó algo ofendido y como para defender su idea agregó. – Es prácticamente seguro que se dirige a China. Es mi oportunidad de regresar a mi hogar. – Volvió su mirada al frente. – Al fin y al cabo, mi esperanza de venir a buscar un futuro prometedor aquí resulto ser un total fracaso. – Los otros dos no supieron que decir, esas palabras se notaban dolidas.
Llegaron al bar donde trabajaba Ranko y entraron. Solo había un hombre tomando un café y leyendo el diario, detrás del mostrador, un hombre gordo y grande limpiaba la mesada de la pequeña ventanita que separaba la cocina del mostrador, que servía para entregar los alimentos. Asomó su gorda cabeza por la ventanilla y sonrió a los recién llegados.
- ¡Hey! Ya era hora que llegaran, tengo un menú completo de pescado para ofrecerles como cena! – saludó alegremente y luego desapareciendo tras la ventanilla, yendo a buscar los platos.
- Gracias Ryo. – dijo Ranma en voz alta para que lo escuchara, tras una rápida mirada a sus amigos. – Solo comeremos unas hamburguesas. – rechazando el ofrecimiento que todas las noches les hacía el cocinero. Ya tenían hasta escamas de trabajar en el puerto, ¿quién querría comer pescado?
Ranko apareció por un costado del mostrador justo cuando los tres amigos tomaban asiento en una mesa.
- ¡Hola! – saludó amistosamente acercándose a ellos. - ¿Qué tal el día de trabajo hoy? – recibió varias respuestas simultáneas pero todas afirmando que había sido un día como cualquier otro. – Entonces, ¿hamburguesas? – preguntó mirando de forma alternada las tres caras, que asintieron. – Bien, en un segundo se las traigo. – dijo siguiendo juguetonamente el protocolo de mesera, luego desapareció detrás del mostrador. Se la pudo escuchar pidiendo hamburguesas a Ryo. Luego regresó con cuatro gaseosas que destapó sobre la mesa.
Hubo silencio en la mesa hasta que llegaron las hamburguesas, cada uno pensando en lo suyo, quizás repasando el día de trabajo, quizás muy cansados para comentar algo, quizás… imaginando su propio viaje en ese enorme barco, que estaría por atracar en el puerto horas después.
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Akane suspiró mientras se miraba al espejo y se peinaba el largo cabello. Había sido una tarde agradable después de todo, Ryoga y ella habían platicado de todo menos de trabajo o matrimonio, fue así como descubrieron que tenían ciertos gustos en común.
Supongo que no será tan difícil aprender a amarlo después de todo.´ pensó sonriendo mientras recordaba la agradable carcajada que había provocado en Ryoga cuando le comentó de su miedo por las películas de terror, al igual que por las ratas y los sapos.
Unos leves golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos.
- Adelante. – dijo mientras dejaba el cepillo sobre la cómoda y observaba por medio del reflejo del espejo a quien entraba en su cuarto a sus espaldas. Se sorprendió a encontrar a Ryoga, el cual la había dejado en su casa y se había marchado a la suya. – Ryoga… - no pudo ocultar su sorpresa mientras volteaba para verlo a la cara. - ¿Qué sucede? Pensé que te habías marchado a tu casa. – Akane reparó en su atuendo, ya tenía el pijama puesto y sobre el mismo una bata de una tela semitransparente, hacía más el papel de decoración que de cubierta a su pijama de tirantes y extremadamente corto. Se sonrojó levemente, esperando que Ryoga no hiciera comentario al respecto. Pero se veía decidido y caminó hasta queda junto a ella. La observó desde su altura, ya que la joven estaba sentada en un pequeño banquito.
- Traje algo para ti. – dijo sensualmente, mientras se metía la mano en el bolsillo y extraía una pequeña cajita negra, aterciopelada. Akane no pudo reprimir un respingo de sorpresa ante lo que podía encontrar cuando abriera la caja. Ryoga se arrodilló para quedar un poco más abajo que ella. – Supongo que con esto sellamos de forma oficial nuestro compromiso. – efectivamente, dentro había una delicado anillo dorado con un diamante celeste incrustado en el medio.
- Oh, Dios mío. – Susurró Akane inconscientemente, mientras se llevaba una mano al pecho y observaba atónita a su prometido. Ryoga sonrió satisfecho con esa reacción. – Ryoga… esto es… esto es demasiado, creí que con algo sencillo sería más que suficiente. – Ryoga sonrió aún más y quitó el anillo de la cajita, dispuesto a ponérselo en su largo dedo anular.
- Akane… - dijo mientras la observaba tiernamente. – no me importa el precio que deba pagar. – Akane sentía el frío metal ascender por su dedo, pero no rompió su contacto visual con él. – Ya no me importa el dinero que gaste. – el anillo llegó a la unión del dedo con el resto de la mano. Encajaba perfectamente. Lo sintió pesado. – Lo que el dinero no puede pagar, esta aquí, frente a mí. – besó la mano en donde colocó el anillo. – Ábreme tu corazón Akane, por favor. – susurró en forma de ruego, mirándola profundamente.
Por primera vez Akane sentía su corazón derretirse. Era tan dulce, tan atento, y estaba tan enamorado. Y sintió envidia, por no sentir lo mismo en respuesta. Se limitó a sonreírle tímidamente, depositó un tierno y tranquilo beso en sus labios como afirmación. Sus labios eran cálidos y ásperos. Al retirarse se encontró con un Ryoga petrificado. Definitivamente no se lo esperaba. Al recuperar la conciencia le sonrió muy dulcemente.
- Que descanses, Akane. – dijo casi en un susurro, y se dirigió a la puerta. Akane lo observó en su andar.
- Hasta mañana, Ryoga. – respondió suavemente, cuando él alcanzó la puerta. Luego de abrirla, volteó para regalarle una última sonrisa y se marchó, cerrándola tras de sí.
Akane volteó, observó su reflejo en el espejo y dejó escapar un sonoro suspiro. Dirigió una mirada a su dedo anular de la mano izquierda. Extrañamente, ese anillo pesaba más de lo que cualquier anillo pesaría.
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En una de las mesas del Fishermen Bar´, se encontraba un grupo de amigos hablando animados. Los temas de conversación eran muy variados, desde recuerdos de la infancia hasta proyectos de vida, objetivos e incluso sueños. Se produjo una sonora carcajada general cuando Ryo dijo que quería ser piloto de la armada, a lo que Mousse respondió con un comentario, algo así como que, primero debía inventar aviones de carga y luego lo llamarían.
Las carcajadas dieron paso a sonrisas somnolientas en sus caras.
- Supongo que ya es hora de ir a casa. – dijo Ranko mientras estiraba sus brazos sobre su cabeza. – Mañana deben levantarse muy temprano. – agregó dirigiendo una mirada a Mousse, Ranma y Ukyo.
- Cierto. – susurró Ukyo. Dejó escapar un largo suspiro, para luego levantarse e indicarle con la mirada al resto que la imitara.
- ¡ah! Rayos… - maldijo Mousse a nadie en particular, mientras se levantaba perezosamente. – Lo mejor que puedo hacer mañana es reportarme enfermo. – emprendieron el camino a la salida del local, luego de saludar a Ryo.
- Y de esa forma te darán horas extra la próxima semana. – le recordó Ranma. Alo que Mousse respondió con una mueca. – Vamos, es sólo mañana. – Finalizó con un tono más animado, palmeado la espalda de su amigo.
Unos metros después Mousse abandonó al grupo, al doblar en una esquina y entrar a un edificio viejo. El resto siguió en silencio. Al llegar al departamento, se asignaron turnos para la ducha y luego, sin más, se acostaron a descansar, esperando que no llegara el día siguiente.
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- …ane. Akane… Akane, vamos despierta. – Sintió un leve bamboleo de sus hombros. Al abrir los ojos, se encontró con la eternamente amable sonrisa de su hermana Kasumi. Echó un vistazo al reloj justo a su cama. Las 8:03 de la mañana.
- Kasumi, es muy temprano. – su tono era muy bajo, y se oía amortiguada al ocultar la cara en su almohada. – Si van a desayunar tan temprano, no me esperen en la mesa hasta el almuerzo. – concluyó, esperando que Kasumi se marchara y la dejara escapar nuevamente a su mundo perfecto, el de los sueños. Kasumi sonrió enternecida.
- Ryoga y Konatsu están abajo, esperándonos a todos. – Akane levantó despegó la cabeza de la almohada y miró a Kasumi, como si no entendiera lo que decía. – Dicen que nos quieren llevar a un lugar muy hermoso. – finalizó en forma de explicación.
Akane soltó un leve bufido y se levantó de la cama, dispuesta a vestirse y bajar en cuanto estuviera lista.
- Les diré que te estás preparando. – Kasumi se puso de pie y se dirigió a la puerta, la cual cerró detrás de ella.
Y ahora que será lo que piensan mostrarnos.´ pensó Akane, mientras ojeaba todos los atuendos disponibles en su armario. Echó un vistazo por la ventana. Soleado con un poco de viento. ¿Qué será lo que no puede esperar unas horas más?´ Se preguntó mientras tomaba un largo vestido inglés, color verde pálido. Era entallado hasta la mitad del estómago, luego caía libre y abierto hasta la mitad de sus pantorrillas. No era ni muy casual, ni muy formal. Eso lo decidirían los accesorios que lo acompañarían. Cuando estuvo lista, se echó un vistazo en el espejo, satisfecha, se dirigió escaleras abajo. Ese día se dejaría el largo cabello suelto, hacía un par de días que no lo llevaba así.
Al llegar a la planta baja, se encontró con el resto de su familia, sentados a la gran mesa del comedor. Todos voltearon a verla en su llegada, Ryoga se puso de pié.
- Bien, - dijo Soun, entusiasmado. – Ya estamos todos, Podemos ir ya. – Todos se levantaron sin prisa de la mesa, al escuchar al señor Tendo. Sin entender absolutamente nada, Akane se apartó de la puerta para que salieran todos, y espero a que Ryoga se pusiera a la par de ella.
- ¿A dónde es que vamos tan temprano? – le preguntó Akane, con el tono algo bajo. Ryoga le sonrió.
- En la madrugada, atracó en nuestro puerto uno de los buques vacacionales más lujosos. – explicó mientras le pasaba un brazo por la espalda y seguían al resto de la familia, hacia la salida de la casa. – Es uno de nuestros más impotentes transportes. No ha tocado Japón desde hace más de 3 años, y Konatsu a tenido la genial idea de ir a echarle un vistazo. – concluyó esperando que Akane muestre entusiasmos, pero seguía con un rostro inexpresivo. – Por cierto, - agregó susurrándole al oído. – estás hermosa. – y le besó tiernamente la sien. Esa acción quitó a Akane de su ensimismamiento.
- Pero, ¿qué tiene de urgente un buque, que no puede esperar hasta más tarde? – preguntó Akane mirando hacia nada en particular, frunciendo levemente el ceño. Ryoga la miraba pensativo, como tratando de formar una respuesta, que sea lo suficientemente convincente, de modo que no lleve a Akane a hacer alguna pregunta más.
- Existe la posibilidad… - dijo dudoso, deteniéndose en las puertas de la casa. Bajó el tono de voz, y acercando su rostro al de Akane. – Existe la posibilidad, de que podamos formar parte de la tripulación del próximo viaje. – Akane sintió una chispa de entusiasmo. Seguro que viajar en un enorme barco, super lujoso, no es algo que se hace todos los días. – A modo de vacaciones. – concluyó Ryoga sonriendo de costado.
- Es una idea genial. – dijo Akane sonriendo. Sería una posibilidad de unir más a la familia, y pasar unos buenos días juntos, relajados. Además de que sería perfecta oportunidad para su padre, de olvidarse por completo de su ajetreado trabajo.
- No es seguro, es lo que vamos a comprobar ahora, cuando encontremos al capitán. – dijo Ryoga dirigiéndose a uno de los autos y abriéndole la puerta.
- Gracias. – dijo divertida Akane, y se metió en el auto, seguida por Ryoga y Konatsu. En otros dos autos, se repartía el resto de la familia.
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Un enorme bostezo provocó que Ranma abriera la boca, a modo de hipopótamo. Segundo luego de cerrarla, con cara somnolienta, recibió un trapo sucio en la cara.
- ¡Grosero! ¡Tápate la boca cuando haces eso! – le reprimió Ukyo. – Por poco y podía ver tu desayuno. – volteó y volvió a su tarea. Estaba limpiando el ancla del Queen Mary. Supuestamente, Ranma la estaba ayudando, pero ese tipo de asignaciones le aburrían. Sostenía machistamente, que las mujeres eran las que habían nacido para eso, él no iba a desperdiciar su tiempo en cocinar, lavar o limpiar.
- Ukyo, nos conocemos de niños. – dijo tomando el trapo, había quedado reposado en su pecho, debido a su posición inclinada, acostado hacia atrás. – Pero tuviste la consideración de lanzármelo cuando tenía la boca ya cerrada. Gracias. – dijo con una sonrisa y lanzando el pedazo de tela al montón que tenía al lado, todos manchados de color negro y marrón. Se sentó en forma de indio, y apoyó su mentón en su brazo, y a su vez, el brazo en su pierna. – Ayer Mousse me tiró un pescado, y llevaba la boca abierta. – hizo una mueca de asco. A lo que Ukyo rió. – Estuve hasta tarde escupiendo escamas. – concluyó mirando el cielo con gesto enfadado.
El barco era realmente enorme y muy lujoso. Alfombrado en toda la parte interna, y en la cubierta, la madera estaba enserada, tan así que podías reflejarte en ella. Por todos lados podía observarse a trabajadores yendo y viniendo, cargando cosas, limpiando, ojeando planos, corrigiendo ejes. Verdaderamente, era un enorme trabajo en si.
- ¡Saotome! – se escuchó una voz gruesa llamar desde la plataforma, con un alta voz. Ranma se asomó por la baranda de la cubierta de popa, donde estaba con Ukyo. - ¡¿Dónde estás Saotome?! ¡Tengo un trabajo para ti! – concluyó el hombre fornido, caminando hacia la zona de carga del barco, ojeando unas planillas.
- ¡En seguida bajo, señor! – gritó Ranma dirigiéndose al trote hacia el interior del barco, donde encontraría las escaleras y bajaría los tres pisos hasta la zona de embargue. Al llegar se acercó a su jefe. – Sí, señor Gensai. – dijo, indicando que estaba allí. Gensai volteó y lo observó.
- Si, Saotome, - observó las planillas. – necesito que subas a cubierta aquellas cajas, - dijo señalándolas. No eran grandes, pero se veían pesadas. – con sumo cuidado, son los repuesto para el mecanismo de orientación del barco. Frágiles, y MUY costosos. – agregó fulminando a Ranma con la mirada.
- De acuerdo… - susurró Ranma mientras lo veía marcharse, con ese caminar brusco, entorpecido por tanto músculo. Lo imitó burlonamente por unos segundos. Luego volteó y se dispuso a levantar y llevar esas cajas. Esperaba no tener que hacer tantos viajes.
A unos metros, llegaban tres autos lujosos al puerto. La familia Tendo y los hermanos Hibiki se bajaron de ellos. Las cuatro hermanas Tendo quedaron embobadas, y miraban con la boca abierta el imponente Queen Mary. Ryoga sonrió ante esa reacción, y detuvo su vista en la pequeña Akari. Después de Akane, era con las que más amistad tenía. Ahora podía decirse que era con la que tenía mayor amistad, debido a que a él y a Akane los unía otro compromiso más fuerte. Akari le dirigió una mirada y no pudo evitar sonrojarse, desviando la mirada hacia el lado opuesto a Ryoga.
- Que increíble… - alcanzó a decir Soun, mientras caminaba en un semitranse hacia el buque.
- Tenemos permiso de subir a echar un vistazo. – anunció Konatsu. – Tómense su tiempo. – agregó sonriendo.
Caminaron lentamente, casi con respeto, hacia ese pequeño trasatlántico, enorme barco de carga, lujoso trasporte veraniego. Akane sintió curiosidad por verlo de frente, por lo que caminó por la plataforma hasta quedar enfrentando la proa del barco. Definitivamente era una imagen de obra de arte.
- Imponente ¿no? – un robusto hombre, de grandes músculos y ojos pequeños, se paró a su lado, compartiendo su vista panorámica. Llevaba algunas planillas en la mano, y su ropa manchada, indicaba que trabajaba en el puerto. Akane dirigió nuevamente su vista hacia la proa del barco.
- Es hermoso. – dijo en voz baja. – Es increíble creer que el ser humano puede crear éstas cosas. – dijo mientras se llevaba una mano al cabello, el viento soplaba más fuerte en el puerto.
- Pero así como crea estas cosas tan impresionantes. – dijo el hombre mirándola amablemente. – Puede destruirlas. – miró sus planillas y se retiró dejando a una pensante Akane.
- ¡Akane! – Nabiki la saludaba desde estribor. - ¡Sube a ver esto, nu… nártelo! – Sus gritos eran tapados entre el sonido de martillos, y otros artefactos que estaban usando para reparar el barco. Sin más, Akane se dispuso a entrar al barco. Su pelo se había vuelto realmente molesto.
Se dirigió hacía la zona de embargue, por donde supuso que había entrado su familia. Estaba subiendo por la enorme y resistente tabla de madera, que conectaba el barco con la plataforma. Circulaban muchos trabajadores por allí, algunos la miraban extrañados. De repente una fuerte ventisca, provocó que su cabello se dirigiera a su cara, impidiéndole ver hacia donde iba, aún así siguió su paso, convencida de que la esquivarían. Cuando, sin siquiera preverlo, sintió que chocaba contra algo extremadamente duro, y perdió el equilibrio. Se oyó un fuerte golpe de que algo pesado caía sobre la madera, provocando un fuerte temblor. Akane cayó sentada, y supuso que el individuo con el que chocó, también lo hizo.
- Lo siento, disculpe. – se disculpó Akane, apartando violentamente su cabello de su rastro, y poniéndose de pié para tratar de ayudar. – Disculpe, no podía ver porque mi cabello estab… - sintió que sus palabras abandonaban su boca, cuando se sintió perderse en dos ojos azul profundo.
Ranma alzó la vista, acomodando los acontecimientos de lo ocurrido, en su cabeza. Cuando se encontró con unos enormes y brillantes ojos avellana. La rabia que había acumulado en tiempo récord, quedó completamente olvidada en algún rincón de su conciencia. Su cabello largo bailaba con el fuerte viento, su vestido reflejaba los rayos del fuerte sol, tenía una figura delicadamente definida. Era realmente linda. Por su parte, Akane no podía caer en la realidad, sentía que esos ojos tan profundos le habían robado una parte de ella. Su rostro era muy armónico, atractivo. Su atuendo de trabajo estaba arremangado y algo abierto en la parte de adelante. Podía verse los bien definidos músculos, pero Akane solo reparaba en esos ojos azul profundo.
A unos pocos metros, el estruendo había llamado la atención de Mousse y otro trabajador.
- Diablos… - susurró, mientras dejaba las sogas que cargaba y se dirigía apresuradamente hacia la escena. Por como es Ranma, no va a tirarle rosas por esto.´ pensó apresurando la marcha.
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Perdón por haberlo hecho tan largo, pero no podía terminar el segundo capítulo sin el encuentro de Ranma y Akane.
El fic, es fundamentalmente de RxA, pero voy a tratar de presentar a todos los personajes de la serie (seguro alguno me voy a saltear), y voy a formar todas las parejas, algunas le van a sorprender, pero coinciden con la serie.
Primero que nada, mil gracias por los reviews, de verdad que me ayudan mucho.
Musa de Cristal: Al final, te dejé lo que esperabas, que se conocieran, espero que te agrade la forma en que arreglé el encuentro, aunque haya dejado con la intriga de cómo sigue, jejeje.
Con respecto a tus recomendaciones, las escenas las había separado en Word por una línea, pero en FF no apareció, por eso ocurrió un poco de confusión. Pido disculpas por no haber revisado eso. De todas formas, gracias a tu detalle, ya tengo ese capítulo corregido.
Es cierto que tengo que corregir la ortografía a veces y la redacción, me ocurre cuando estoy en una escena que estoy ansiosa por terminar, y la mala costumbre del Messenger me hace saltear algunas comas y acentos.
Gracias de nuevo por percatarte de eso.
Katherine-saotome-tendo: Cierto, debo admitir que a mi también me gusta Akane con el pelo corto, tengo ya previsto que se lo va a cortar, ya verás.
Repito lo que le dije a Musa de Cristal, sobre la ortografía y la redacción. Quizás también, por ser tan detallista se me pasan por alto esos detalles. Además del entusiasmo por terminar una escena que me tiene ansiosa por concluir.
En éste capítulo tuve en cuenta lo de los signos de puntuación y redacción. Espero haber llenado esos baches con éste capítulo.
Gracias por la vista buena, ahora siento que escribo más segura.
También les agradezco infinitamente a Encadenada y a Naoko Tendo, por haberse tomado el tiempo de leer mi fic, que sinceramente, no es nada corto, por eso no le puse Introducción como título.
Gracias por su paciencia, realmente me encanta leer sus reviews, me motivan mucho.
Saludos y disfruten este nuevo capítulo!
Lily.
