Capitulo 3: Miradas

Akane no dejaba de mirarse al espejo de su habitación. Inconscientemente se llevó una mano a uno de sus mechones.

No tendría que darle tanta importancia… ¿o si?´´ giró su cabezo levemente para observar otro ángulo de su largo cabello. Desde niña siempre quiso llevar el cabello largo como su madre, pero ahora un extraño y nuevo sentimiento le empujaba el deseo de llevarlo corto.

Es prácticamente imposible que vuelvas a verlo Akane, ¿Por qué te preocupa tanto lo que opine?´´

Flashback

No podía quitar su vista de esa mirada azulina hipnotizante. Parecía que todo su alrededor se había desvanecido, solo estaba ellos. Su cabello oscuro como la noche, atrapado en una trenza en la base de su nuca. Unos enormes mechones asomando por su frente, algunos cubriendo sus ojos. Su mandíbula cuadrada, sus líneas masculinas. Era realmente un espectáculo a la vista.

- ¡Ranma! – gritó un joven que corría hacia ellos, vestido con el mismo atuendo que el joven con el que acaba de colisionar, de anteojos y cabello negro. Akane volvió su vista al trabajador ojiazul que seguía sentado en el piso, observándola desde abajo, junto a las cajas, ahora repartidas a su merced alrededor de ellos.

Ranma…´´ pensó Akane para sus adentros, dándole un nombre a esa atrapadora mirada.

- ¡Akane! ¿Qué pasó? ¿Estas bien? – Ryoga se apresuraba desde las escaleras hacia donde se encontraban. Ranma le echó una mirada fugas para luego volver su vista hacia Akane, con rostro inexpresivo. Se puso de pié. Akane observaba sus movimientos hasta que se irguió y consiguió una altura hasta una cabeza por encima de ella. La observó desde su metro ochenta y siete de alto, y le regaló una media sonrisa.

- Quizás el cabello corto te quedaría mejor. – su voz era grave, pero suave. Imponente, pero agradable al oído. – Y quizás ayudaría a que nuestro próximo encuentro no sea un accidente. – finalizó manteniendo la media sonrisa. Akane sintió un escalofrío que le recorrió la espalda hasta erizarle los pelos de la nuca. El calor comenzaba a subirle a las mejillas.

Sintió unas manos que la tomaban por los brazos, acogiéndola.

- ¿Estas bien? – repitió un preocupado Ryoga, que observaba a Ranma de arriba abajo, para luego concentrarse en su prometida. Akane le devolvió la mirada por unos segundos, como si no entendiera lo que decía.

- Si… si, estoy bien. – dijo en un tono de voz casi inaudible. En ese momento, llegó el otro joven que había llamado a Ranma desde lejos. Luego de comprobar que su amigo estaba bien, la observó a ella. – Disculpa, no pude verte. ¿Puedo ayudarte con esto? – preguntó Akane, soltándose del agarre de Ryoga y dirigiéndose a las cajas.

- No, no, no te preocupes. – se apresuró Ranma a recogerlas, su amigo lo imitó. – Además… - dudó un poco en continuar, la observó erguido cargando dos cajas a la vez. – quiero evitar más accidentes, y ese cabello largo te entorpece más de lo permitido. – finalizó con su media sonrisa, para luego marcharse hacia el interior del barco cargando las cajas, seguido de su amigo, que cargaba el otro par.

Akane y Ryoga se quedaron parados observándolos irse, mientras procesaban en sus cabezas la indirecta que les había lanzado.

Así que me tiene de torpe, el muy cretino.´´ pensó Akane ofendida, mientras lo observaba a lo lejos con los labios fruncidos. Ranma…´´

Akane se encontraba en el umbral de la sala, observando a Kasumi sentada junto a Yotaro, el cual hacía unos cálculos matemáticos. La mayor de las Tendo alzó la vista a la recién llegada, la cual la miraba sin mirar, con la vista más perdida que fija.

- Akane, estaba por ir a buscarte. – dijo con su calma sonrisa. – En unas horas llegaran las invitadas, sería mejor que te cambiaras. – Akane la observó unos segundo, pensando en lo que acababa de decirle.

Cuando comprendió donde estaba y lo que acababa de informarle Kasumi, se sorprendió de todo lo que había hecho mientras divagaba en sus recuerdos de la mañana del día anterior. Sintió el frió metal de una tijera en sus manos. Inconscientemente quería hacerlo. Dudosa, alzó su mano izquierda que llevaba el instrumento.

- Kasumi… - su voz sonaba tímida. Su hermana la observó con curiosidad. - ¿Podrías… cortarme el cabello? – finalizó con una sonrisa lo más dulce que pudo. - ¿Por favor? – agregó al ver que Kasumi no reaccionaba a su pedido.

- Pero Akane… - no podía faltar el comentario de extrañeza ante su repentina decisión de cambiar su aspecto. – siempre quisiste llevar el cabello largo. – pareciera que uno no puede cambiar de opinión así como así.

- Si, pero… - se encogió de hombros, desviando la mirada tímidamente hacia la derecha. – creo que me da una apariencia de niña. Y ya no soy ninguna niña. – dijo volviendo a fijar la vista en los ojos almendra de Kasumi. Ella sonrió.

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- ¡Al fin! – exclamó Mousse, mientras se sentaba sobre la madera recién lustrada de la borda. Ranma dejó escapar un sonoro suspiro y se recargó en la enorme ancla de proa. Ambos jóvenes habían trabajado toda la tarde sacándole brillo a todo el piso de madera del crucero. Transpirando bajo el sol primaveral. – Si ahora nos mandan a limpiar los vidrios de todo el barco, renuncio definitivamente. – anunció Mousse dejándose caer de espaldas sobre la proa.

Ranma sonrió de forma amistosa ante la actitud de vagancia de su amigo. Volteó enfrentando la salida del puerto hacia mar abierto. La brisa comenzó a acariciarle el rostro. Era un hermoso día. Sin embargo, nuestro trabajador ojiazul estaba demasiado pensativo, para disfrutar de tal día. Desde el incidente de la mañana del día anterior, tenía sus pensamiento ocupados únicamente con aquella hermosa mirada almendrada.

Flashback

Se encontraba anonadado observando ese nuevo y hermoso se le había cruzado en su vida de forma accidental. Su rostro era increíblemente pasivo, sus labios tentadores, y su pequeña nariz decorando un rostro angelical. Sintió su corazón acelerarse y galopar contra su pecho. Echó un rápido vistazo a su vestimenta. Era de clase acomodada, no había ninguna duda. Le llamó la atención lo brillante y sedoso que se veía su cabello, y sintió un curioso deseo por tocarlo. La voz de Mousse a lo lejos, lo despertó de su atontamiento.

- ¡Ranma! – Mousse, oportuno como siempre. Su contacto visual se rompió, cuando ella volteó a observar a quien lo llamaba. Luego, para la alegría de Ranma, regresó si mirada a él, como si nunca la hubiera apartado.

- ¡Akane! ¿Qué paso? ¿Estas bien? – voz intrusa a sus espaldas. Volteó a ver quien llamaba a la dama de la mirada hipnotizante. Un joven, de aproximadamente su misma edad, se acercaba a toda prisa con la vista fija en ella.

Akane…´´ y grabó con fuego su nombre en su cabeza. Fue entonces cuando descubrió que seguía sentado en el suelo, desde el impacto. Se apresuró a ponerse de pié. Al erguirse completamente, descubrió su tierna y cómoda altura. Ideal para la suya. Ahora la observaba de lo alto, y la veía tiernamente aniñada. El cabello largo le daba un toque infantil a su rostro de mujer. Quizás con cabello corto… no le costó imaginársela. Sonrió al hacerlo.

- Quizás el cabello corto te quedaría mejor. – Y se atrevió. - Y quizás ayudaría a que nuestro próximo encuentro no sea un accidente. - Idiota… como si viviera a la vuelta de tu casa.´´ se golpeó mentalmente. Sonrió aún más al notar un sonrojo infantil en sus mejillas. Y el intruso llegó a la escena, colocando ambas manos sin titubear sobre los brazos de ella. Ranma gruñó hacia sus adentros.

- ¿Estas bien? – volvió a preguntarle. Le lanzó una mirada de superioridad, observando su vestimenta, y luego dedicó sus ojos a ella. ¿Hermano quizás? Ella le devolvió la mirada, sorprendida.

- Si… si, estoy bien. – lo había dicho con un tono casi inaudible, pero Ranma pudo detectar inmediatamente esa voz agradable, tranquilizadora, cautivadora de ella. Sólo de ella. Mousse se agregó a la escena para comprobar el estado de ambos. Pero, al parecer, le atrajo más ella que su amigo de la infancia. – Disculpa, no pude verte. ¿Puedo ayudarte con esto? – le agradó volver a escucharla, y comprobar que su voz era realmente relajante. Observó con cierto agrado, como se las arregló para soltarse del agarre del intruso. Definitivamente, un hermano sobre protector. Observó como se dirigía hacia las cajas y se apresuró a adelantarse.

- No, no, no te preocupes. – se dirigió rápidamente hacia las cajas, y le lanzó una mirada a Mousse para que lo imitara. Dile algo… no te vayas sin volverla a ver.´´ escuchaba a su mente exigirle cosas a su cuerpo. ¡Y su cuerpo respondía por si solo! Se irguió cargando las cajas. – Además… - ¿Se enojara? Qué más da… no sabes si la volverás a ver jamás.´´- quiero evitar más accidentes, y ese cabello largo te entorpece más de lo permitido. – mantuvo la media sonrisa, más por que no tenía control sobre sus acciones que por voluntad propia. Volteó y se marchó, seguido por Mousse.

Idiota…´´ se maldijo. Sentía una fuerza interna que lo empujaba para que volteara a verla nuevamente, pero hizo caso omiso a su nuevo yo, recientemente despertado. Realmente no le agradaba su personalidad involuntaria. Y agradeció la posibilidad de no volver a verla, sino pasaría más momentos de perdida de autocontrol.

Sintió un fuertísimo aroma a cera de madera, y su cabeza sorprendentemente pesada. Al entornar los ojos, descubrió algunos mechones de trapeador que se asomaban por su frente. Maldito Mousse.

- ¡Mousse! – volteó rápidamente tomando el trapeador por el palo, dejando a un Mousse sorprendido ante la repentina reacción. - ¡¿Porqué siempre soy yo el que paga tu aburrimiento?! – lo amenazó con el palo de trapeador, mientras el joven de ojos verdes retrocedía. - ¡Ve y diviértete tirándote por la borda! Así podrías dejarme en paz. – y sin más, pasó junto a él, dirigiéndose hacia el interior de la cabina de capitán. Descubrieron que allí había unas escaleras que llevaban a la zona de embargue de forma más directa.

Mousse lo observó irse y frunció los labios con decepción.

- Que aburrido eres Ranma. – estiró las brazos sobre su cabeza, luego enlazó sus manos detrás de su nuca. – Estas hecho todo un cob… - cuando su boca moduló la letra 'a', adquirió la apertura suficiente para recibir media trapeador dentro de ella. Con algo de desesperación se lo sacó de la boca, y comenzó a escupir los restos que habían ingresado a su boca.

Al alzar la vista para lanzarle improperios a su amigo, recibió un segundo trapeador en medio de la frente.

- ¡No escupas en el suelo recién encerado, tarado! – la voz de Ranma se oía lejana, pero, al parecer, siempre estaba atento.

Mousse cayó de espaldas al suelo completamente noqueado.

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- Creo que ya está. – Akane no se atrevía a voltear a ver su reflejo, cuando lo hizo hacía diez minutos, el reflejo de Nabiki con pelo oscuro le devolvía la mirada. Por lo que le pidió a Kasumi que siguiera cortando, eliminando todo indicio que la asemejara a su hermana.

En ese momento se abrió la puerta de la sala y la menor de las Tendo entró por ella.

- Kasumi, ¿has visto a P – chan? – Akari se quedó rígida al ver a su hermana y su nuevo corte de cabello. Lentamente, se dibujó una amplia sonrisa en su rostro. - ¡Wow! ¡Akane! Eso si que es un cambio. – aún sonriente se acercó a sus hermanas.

Temerosa, Akane volteó lentamente a ver su reflejo. Cierto, era un cambio muy grande. Se llevó una mano a su cuello, ahora desnudo. Luego la deslizó hacia arriba, hasta introducir sus dedos entre los cortos mechones de su nuca. Le sorprendió mucho como el cabello podía cambiar la apariencia de las personas. Una mujer hermosa le devolvía la mirada en el espejo, con una amplia sonrisa. Le gustaba. O lo más importante… le gustará.

- Me parece que te queda perfecto. – el amable comentario de Akari la atrajo a la realidad, antes de que disparar a zambullirse en aquellos ojos azules del día anterior. – Lo hiciste muy bien Kasumi. – la aludida sonrió en forma de agradecimiento al cumplido.

Cuando la mayor de las Tendo terminó de limpiar los restos de cabello esparcido por el suelo, dirigió su mirada a su hermana menor.

- Akari, ¿preguntabas donde estaba tu mascota? – Akari la miró por unos segundos por sobre los libros de Yotaro.

- No lo encuentro por ningún lado. – dijo tras afirmarle a su hermana. Akane volteó y se dirigió hacia la puerta, dispuesta a subir a su habitación y prepararse para la reunión de esa tarde. De repente, recordó algo, y se detuvo con la mano en el picaporte.

- Puede que se encuentre en el armario de mamá. – dijo volteando a ver a Akari, la cual le devolvió una mirada de incredulidad. – Suele meterse ahí, parece que la ropa le hace sentir acogido. – informó, encogiéndose de hombros sin darle mucha importancia.

- Gracias. – Akari le sonrió en agradecimiento. – Ahora iré a buscar por ahí. – luego dirigió su vista a los cálculos que realizaba su sobrino.

- Akari, no te entretengas tanto, debes prepararte, en una hora llegarán todas. – le recordó Kasumi. Akane se limitó a retirarse.

Vendrían sus amigas a pasar la tarde con ella, a charlar de bodas, hambres, y seguramente, del viaje que habían aceptado la noche anterior, durante la cena. Aún recordaba la cara de entusiasmo de Nabiki y su padre cuando se sentaron a la mesa, luego de hacer las cuentas de cuanto costarían unos días de vacaciones en China. Akane no sintió tanto entusiasmo, todavía no sabía como reaccionaría su estómago antes una semana y 2 días sobre una superficie flotante.

Esperaba ver la cara de incredulidad de su amiga Shampoo. Seguramente, haría lo imposible para poder viajar también con ellos. Tenía esa manía de su abuela de no dejarse superar por nadie. Cualquier lujo que se diera alguien, ella debía dárselo por igual. Obviamente, arrastrando a sus hermanas gemelas menores, Rinrin y Ranran. Seguro sus amigas, Sayuri y Yuca estarían más entusiasmadas que cualquiera. Quizás aparecerían Asami y Hiroko, aunque hacía casi un año que no sabía nada de ellas desde que se mudaron a Kyoto. Mariko ya afirmó que vendría, hacía una semana que habían competido en el campeonato nacional de animadoras, y terminaron campeonas. Por lo que había propuesto unas relajantes vacaciones al equipo.

Akane suspiró mientras se observaba al espejo. Un vestido sencillo, azul tenue, con escote cuadrado. Lo más indicado sería vestir un kimono, pero quería sentirse cómoda con sus amigas, tampoco se reunían a firmar contratos. Giró levemente la cabeza hacia su izquierda, observando otro ángulo de su cuello descubierto. Le agradaba bastante. Sonrió inconscientemente cuando recordó aquél joven que la había arrastrado a tal osadía de cortarse el cabello.

Ranma…´´ sonrió ampliamente a su reflejo. Volteó y se dispuso a marcharse, todavía debía ayudar en los preparativos para el encuentro entre amigas.

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Caminaba distraídamente observando el cielo, con las manos en los bolsillos. No quería cruzarse con su jefe para que le diera alguna otra labor, pero tampoco parecía intentar escabullirse. Cuando volvió de su ensimismamiento con un par de ojos color avellana, se encontraba frente a la boletería del puerto. Dibujó una media sonrisa. No le vendría nada mal entretenerse un poco molestando a sus amigos. Con decisión se adentró en el pequeño complejo.

- Miren quién se dignó a aparecer… - esa voz y ese comentario a su llegada, no podía ser de nadie mas que de Daisuke. Giró su cabeza al rincón de donde había provenido y casi se cae de la sorpresa. Sus dos amigos, Daisuke y Hiroshi estaban tranquilamente jugando a las cartas sobre el mostrador, tomando cada uno de una taza humeante.

- ¡Sinvergüenzas! ¡Están trabajando! – los reprendió de forma divertida, al mismo tiempo que se le arrimaba al mostrador, cuando llego se inclinó y se apoyó sobre sus brazos cruzados.

- Tu también estás trabajando… - comentó Hiroshi mientras lanzaba una moneda al monto de la apuesta y levantaba otra carta del montón. Seguidamente su rostro se tornó levemente azul. No era su día de suerte para apostar.

- ¡Pierna! – gritó alegre Daisuke, lanzando las cartas sobre el mostrador. Hiroshi las miró incrédulo, mientras su oponente se llevaba el pozo de apuesta.

- ¿Qué hay de nuevo? – preguntó un alegre Daisuke, dirigiéndose a Ranma, mientras guardaba las monedas en su bolsillo. - ¿No tienes nada que hacer en ese enorme barco? – agregó indicando con la cabeza el crucero, sin mucho interés.

- Supongo que si… - contesto Ranma distraídamente echándole un vistazo a las notas que colgaban del mostrador, y a los costados del mismo. Muchas indicaban horarios de atención para aquellos que quisieran comprar sus lugares en el lujoso transporte. – Pero ya estoy cansado de limpiar cojines en los cuales nunca voy a sentarme. – agregó con un bufido, apoyando su mejilla en su mano derecha. – ¿Ya han vendido pasajes? – preguntó tratando de abordar un tema más interesante que su trabajo.

- Mmm… - Hiroshi adoptó una postura pensativa. – pues, algo, si… - dijo sin mucho interés observando el temo. – El día de ayer hemos vendido un buen número. Al parecer una familia se puso de acuerdo en viajar en el buque, luego de haberle dado un vistazo. – agregó recordando todos los permisos que tuvo que pedir para que pudieran abordar a la nave en pleno alistamiento.

- ¿Una familia que le echó un vistazo? – de repente a Ranma lo inundó un gran interés. Unos ojos atrapadores cruzaron su mente de forma fugaz.

- Si, un hombre con sus cuatro hijas, y al parecer acompañados con tres hombres más. – informó Daisuke, haciendo un pequeño esfuerzo por recordar. Ranma sintió que su corazón hacía un malabar en su pecho. El barco en el que él trabajaba, sería abordado por ella. Los cojines que limpiaba, serían usados por ella. Por Akane.

- ¿Y sabes que relación tenían esos hombres con las hijas? – trató de sonar lo más desinteresado posible, pero le pareció que había fallado. Hiroshi lo miró picadamente, y dibujó una media sonrisa. - ¡¿Qué?! – le preguntó Ranma con impaciencia.

- Ranma… - Hiroshi acercó su rostro al de su amigo, sus ojos tenían un dejo de… ¿lujuria? – le has echado un ojo a una de ellas ¿no? – se irguió, alzando la mirada al techo, pensativo. – Las dos más jóvenes realmente eran hermosas. – afirmó sonriendo de medio lado.

- Oye, amigo… - Daisuke ignoró la actitud libidinosa de su compañero de trabajo, y trató de llamar la atención de Ranma. – No te ilusiones mucho, son de la clase alta. Las hijas del señor Soun Tendo. ¿comprendes? – agregó mirando a Ranma con un dejo de preocupación.

Ranma sonrió de medio lado con superioridad.

- Eso es lo que tu crees. – contuvo la risa. – Tuve contacto con una de ella, y me parece que se mostró muy interesada conmigo. – agregó sin mostrar mucho interés.

Contuvo la risa al ver la expresión de incredulidad y sorpresa que mostraban sus dos amigos. Divertido, volteó enlazando sus manos detrás de su nuca, dispuesto a retirarse.

- ¡Oye! ¡Espera! – Ranma volteó lentamente. Ambos lo miraban con interés. – Enséñanos como lo haces. – Soltó una sonora carcajada y se marchó del pequeño complejo, sonriente.

Estiró los brazos sobre su cabeza, y los bajo lentamente, observando el buque en toda su grandeza. Había trabajadores que iban y venían. Cargando cosas, indicando. Pudo divisar a Ukyo dándole indicaciones a un trabajador que revisaba las cuerdas, trepado al techo del cubículo del capitán. Suspiró.

Akane Tendo…´´ pensó sonriente. De modo que viajas a China… ´´ el estómago se le encogió levemente. será mejor que regreses. ´´ pensó afianzando su sonrisa. A los segundo se le esfumó, cuando divisó a su jefe caminando, a paso apresurado, hacia él. Ups, problemas.

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Akane ayudaba a su sirvienta Anna, junto a Kasumi a recoger los platos. Había sido una tarde muy agradable junto a sus amigas. Siempre le subía el ánimo juntarse con ellas. Como era de esperarse, Shampoo viajará con su abuela y sus hermanas en el barco, de modo que arreglaron en tener habitaciones cercanas. Le agradó la noticia de que Asami y Hiroko, volverían a la ciudad el año siguiente, de modo que habían regresado a elegir un hogar. Mariko seguía entusiasta como siempre, y consideró agradable la idea de viajar en el crucero.

Sin embargo, todas encontraron mucho más entusiasta, la idea de que Akane se había comprometido con Ryoga. Obviamente, corrieron a su cuarto cuando mencionó que ya tenía el vestido. Hablaron de arreglos, vestidos que cada una usarían, lugar y fecha ideal. No faltó tampoco la idea de la luna de miel en algún lugar paradisíaco.

Ryoga y Konatsu se habían presentado entrada la tarde, pero solo era por cuestiones que debían resolver con su padre. Akane no pudo evitar ruborizarse, cuando Ryoga la saludo con el debido beso en los labios. A lo que todas las mujeres presentes gritaron con entusiasmo.

Extrañamente, se sentía muy cansada. Cuando estuvo en su habitación, con el pijama de tirantes puesto, se sentó en la cama. No pensó en la boda, tampoco en el vestido. No le entusiasmaba el viaje en aquella lujosa nave. Sintió su corazón acalorado cuando pensó en la idea de cruzarse de nuevo con aquella mirada azulina, el día que abordara el buque.

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Bueeeeno... nuestros personajes se quedaron muy pensativos luego de su encuentro.

Espero les entusiasme este capitulo tanto como a mi. Aunque podría haber empezado directamente con el segundo encuentro, pero quise darle un poco de ansiedad.

Aviso que quizás los pensamientos que estan indicados con ...´´, tengan solamente los finales, trato de corregirlo, pero me vuelven a desaparecer cuando subo el cap ¬¬.

Ya voy a tratar de solucionarlo, mientras tanto, mil gracias por leer, y por los reviews, son muy halagadores y me ayudan mucho en progresar.

Acepto tanto criticas, sugerencias, cualquier cosa para progresar. Quiero perfeccionar mi escritura, para que ustedes disfruten en la lectura.

Gracias por su tiempo,

Lily.