Capítulo 4: ¡Todos a bordo!

Ranma suspiró sonoramente, al mismo tiempo que se dejaba caer contra la pared del enorme galpón. Al fin había terminado con el trabajo extra que su jefe le había asignado, después de haberlo encontrado deambulando por el puerto hacía tres días. Había pasado parte del día anterior, y toda la tarde el corriente, clasificando las sogas por su grosor y calidad. Acomodando los mástiles de los barcos pesqueros. Administrando y cargando el alimento del buque hasta la bodega de la cocina, la cual no quedaba nada cerca de la zona de embargue.

Terminó justo a tiempo, ya que ya estaba anocheciendo y el buque zarparía al día siguiente.

Se dejó deslizar contra la pared hasta quedar sentado en el suelo, echó un vistazo a lo ancho del galpón. Nadie. Le parecía extraño que aún Mousse y Ukyo no hubieran salido de la oficina del jefe. Hacía como media hora que los había llamado a ambos, diciendo que tenía algo importante y muy urgente que informarles. Quizá un nuevo trabajo, del que Ranma no podría formar parte por su conducta hacía tres días.

Alzó la vista hacia el techo de chapa. Hacía casi una semana que había visto a la menor de las Tendo, y la recordaba como si su rostro estuviera impreso en su retina. Al día siguiente zarparía el buque, con ella en él. Ranma no sabía cuando volvería. Ni siquiera si volvería. Eso lo tenía realmente inquieto y de mal humor.

Inquieto por haber trabajado tanto en aquel buque, en el que nunca viajará. Inquieto por la abstinencia de no haberla visto otra vez. Mal humorado por la simple idea de que se iría, y también por la posibilidad de que no la vería irse. Mal humorado porque no sabía desde cuando él era de esas personas que se enamoran a primera vista.

¿Enamorado? ¿Él? Había llegado a esa conclusión, cuando en los últimos días, se había descubierto más de tres veces al día, pensando en ella. Frunció el entrecejo, molesto consigo mismo.

Eso te pasa por apuntar a lo inalcanzable. Pensó, mientras recordaba las palabras de Hiroshi y Daisuke, al día siguiente que la había conocido. ¿Porqué diablos siento que me es inevitable pensar en ella? No hizo y dijo nada para que mi cabeza se volviera tan adicta a su persona. Pateó vagamente un trozo de madera que tenía frente a él, el cual se perdió entre el montón de sogas que había acomodado. Debería olvidarme de ese encuentro, de todas formas, después de mañana, tengo la certeza de que no estará en todo Japón. Extrañamente, ese pensamiento vino acompañado de una pequeña punzada en el estómago. La pura realidad. Ya, decidido. Se levantó de un saltó, e infló el pecho, seguro. Este recuerdo enfermizo de ella, desaparecerá en unos días. No será la primera vez que me suceda. Eso último le dio fuerzas. Tropezón no es caída.

Se dirigió hacia el enorme afiche de actividades, y lo ojeó distraídamente. Pero buscando solo una cosa. Hora de zarpe: 15:00 hs. Y el pecho se le desinfló de repente. Era increíble lo que una tonta mirada, de un encuentro accidental, había logrado en él. Sus cambios anímicos eran muy frecuentes, cuando descubría algo que se relacionara con ella. Aunque vagamente.

- … aún sigo sin entender. ¿Por qué diablos debo usar esas vestimentas? – la voz molesta de Ukyo resonó en las paredes del galpón. Ranma volteó, Ukyo y Mousse ingresaban con algunos otros trabajadores al galpón, hablando entre ellos.

- Quizás supo imaginarte con trajes ajustados, y le agradó. – contestó Mousse distraídamente. Seguidamente, Ukyo trataba de ahorcarlos con una soga del montón.

Ranma sonrió ante la escena y se acercó a ellos.

- Si fuera lucha libre, apostaría todos mis ahorros a Ukyo. – dijo atrayendo la atención de ambos. Mousse le dirigió una cara de enojo, la cual Ranma ignoró completamente. - ¿De qué hablaron con el jefe? Los retuvo más de una hora allí dentro. – lo último lo dijo con un deje de enojo.

- ¡Ranma! – Ukyo se veía sorprendida de verlo, dejó las sogas, pasó sobre Mousse, sin olvidar pisarlo, y se acercó a él. – Casi lo olvido, también quiere hablar contigo. – agregó sonriendo. Ranma sintió sorpresa y algo de preocupación.

- ¿No te dijo sobre qué? – preguntó atento a su respuesta. Ukyo perdió la vista en el techo de chapa del galpón, pensativa.

- No. – dijo al rato. – No nos dijo nada, solo que fueras a verlo, que quiere hablarte. – finalizó mirándolo sonriente.

- En ese caso, vuelvo en un momento. – se dirigió a la salida del galpón, en dirección al despacho de su jefe. Sin evitar pisar de Mousse tampoco. – Si quiere los alcanzo en el Fishermen Bar. – agregó sin voltearse y saludando con la mano sobre su hombro.

La brisa era un poco más fresca a esas horas, Ranma no estaba acostumbrado a quedarse a tan altas horas en el puerto. Mientras cruzaba la plataforma, no pudo evitar girar la cabeza y echarle un vistazo al buque, o la parte visible desde ese ángulo. Se veía un poco más pequeño por la oscuridad, y la luz de la luna le daba un toque fantasmagórico en su blanco. Se preguntó que tan rápido iría en mar abierto. Agitó la cabeza ante esa pregunta insólita y absurda que se había plasmado en su cabeza, y apresuró el paso.

A los pocos segundos, estaba tocando la puerta del despacho de su jefe. Al escuchar el permiso para entrar, abrió la puerta. No era un despacho de grandes dimensiones, más bien pequeño y con una pequeña ventana en una esquina. De las paredes colgaban cuadros de barcos, y algunas medallas de capitán, algunas anclas finalizaban la decoración algo tosca de ese pequeño habitáculo con olor a pescado.

- Saotome… - dijo distraídamente el hombre corpulento detrás del escritorio, mientras ojeaba un papel. Alzó la vista y miró a Ranma de arriba abajo. – El bacán Saotome… - dijo dejándose caer lentamente sobre el respaldo del sillón y sonriendo de lado.

Ranma frunció el entrecejo, sabía que se refería al encuentro de hacía tres días, y temió lo peor.

- Señor, sabe bien que nunca he desobedecido ninguna de sus órdenes. – se apresuró a saltar a la defensa. Por un solo encuentro, no podría despedirlo, además, había ocultado vagamente la verdad, diciendo que había ido a buscar un vaso de agua. – No estaba vagando por el puerto, había ido a buscar… - fue interrumpido.

- No me interesa lo que hayas ido a buscar. – su voz sonaba potente entre esas cuatro paredes, se inclinó sobre el escritorio con rostro inexpresivo. – ¿Acaso estabas cargando sogas? – preguntó.

- No. – respondió dudoso Ranma.

- ¿Se te había perdido un mástil? – preguntó inalterable.

- No. – respondió al rato, más dudoso aún por la pregunta.

- ¿Equivocaste la dirección del buque en reparación? – no se distinguía el sarcasmo de la seriedad.

- No. – volvió a responder, ya algo molesto por la forma de divertirse de su jefe.

- Entonces no estabas trabajando. – finalizó tomando el papel frente a él y doblándolo cuidadosamente. Ranma no respondió nada. - ¿Tu qué dices? – le preguntó echándole una rápida ojeada, y volviendo al papel.

- Pues… - Quieres que te diga que si, y no lo haré. Pensó Ranma orgulloso. El jefe alzó una ceja, expectante. Ya estaba embarrado hasta las rodillas, un poco más no haría nada. Todo por defender su orgullo. – Sería más fácil trabajar con agua potable a mano, señor. – Listo, ya no había vuelta atrás. Enfrentó la mirada sorprendida y enfadada de su, momentáneamente, jefe. Podría encontrar trabajo en el Bar, con su hermana, algo seguro, no sufriría hambre. Silencio. Ranma comenzó a impacientarse pero no lo expresó ni en su mirada, ni en su postura.

Repentinamente, el hombre corpulento comenzó a descostillarse de la risa detrás de su escritorio. Ranma alzó ambas cejas ante la reacción, pero se mantuvo serio. ¿Le estaba jugando una broma?

- Eres… eres… - intentaba hablar entre carcajadas y sosteniendo con una mano su estómago. – ¡eres genial!… - gritó seguido de carcajadas más sonoras y golpeando a puño cerrado el escritorio. Ranma frunció el ceño y se dispuso a marcharse. Lo último que esperaba era que se burlaran de él. - ¡Espera! – Y se oyó una voz seria y áspera entre el repentino silencio. Ranma volvió a voltear.

- Señor. – respondió volteando y enfrentándolo nuevamente. Se enfrentaron con las miradas por unos segundos. Ranma no se dejaría pisar el orgullo, y su jefe quería pisarlo literalmente. Suspiró sonoramente y prosiguió a guardar el documento frente a él en un sobre blanco.

- Entrégale esto a tu hermana. – dijo extendiéndole la mano con el sobre y dibujando una sonrisa de lado. Al rato agregó. – Espero verte mañana 8 am, trae buena vestimenta para despedir el buque cuando zarpe. – Giró su sillón reclinable hacia un lado, enfrentando una pared que tenía un dilema de marinero encuadrado. Ranma volteó y se dispuso a irse definitivamente. – Y Saotome! – Se detuvo y lo observó sobre el hombro, sin voltear y sin cambiar su expresión de enfado. – Recuerda traer agua potable. – Y prosiguió a reír a carcajadas como hacía unos momentos. Ranma se marchó con un portazo que no logró amortiguar las risotadas de su jefe.

Llegó rápido a Fishermen Bar debido a los trancos largo que pronunciaba mientras caminaba, a causa de su enfado. Maldita bola de músculos, de ahora en más me exigirá más que antes y además se dará el lujo de burlarse de mi. Abrió la puerta agresivamente y la cerró de forma sonora, tal como había hecho al dejar el despacho de su jefe. Las únicas personas que se encontraban en el Bar a esa hora, voltearon a verlo extrañados.

- ¿Qué sucede, Ranma? – preguntó Ukyo, observándolo y haciéndose a un lado para que se sentara junto a ella en el sillón. - ¿Tienes más horas extra? – preguntó insistente. Ranma la observó conservando su gesto de enfado, giró rápidamente su mirada hacia su hermana sentada frente a él y le extendió su mano con el sobre de manera brusca. Ranko parpadeó repetidamente y lo tomó desconcertada.

- De mi jefe para ti. – gruñó, dirigiendo la mirada hacia la cocina, vigilando que su cena estuviera en proceso. Ranko abrió el sobre y extendió la carta documento. Mousse se inclinó junto a Ranko para leerla. Ukyo regresó su mirada a Ranma, interrogante.

- ¿Por qué el mal humor? – preguntó suavemente, para no incrementar su enfado. Ranma respondió con un bufido, extendiendo sus brazos detrás sobre él, y colocando ambas palmas en su nuca.

- No me dejará en paz, hasta que vuelva a ganar su confianza. – respondió distendiendo un poco el mal humor.

- ¿Vuelva a ganar, dijiste? – Ukyo alzó una ceja y dibujó una media sonrisa, divertida. – Nunca tuviste su confianza, Ranma, siempre estuviste bajo la mira. – No pudo reprimir una risita, lo cual regresó el enfado en Ranma.

- ¡No puede ser! – la expresión de sorpresa de Ranko ahogó la respuesta obscena de Ranma ante la burla de su amiga. Ambos voltearon hacia ella. La joven pelirroja alzó la vista exitada y sorprendida a la vez. – ¡Voy a viajar en el Queen Mary como camarera y supervisora! – dijo a los gritos y dando saltitos en su asiento. Antes de que Ranma pudiera comentar al respecto, Ukyo se adelantó.

- ¡Genial! Viajaremos juntos. – exclamó al mismo tiempo que Mousse asentía con una enorme sonrisa. – Mousse será supervisor de carga y yo supervisora de limpieza. – ambas chicas se tomaron de las manos emocionadas, riendo como niñas.

Ranma se sentía como en otra realidad, o le estaban jugando una broma su propio grupo de amigos, o era la mejor manera de su jefe de vengarse por su conducta. Mousse volteó a verlo y se encontró con su amigo completamente ido y ... ¿frustrado?.

- Oye Ranma... – trató de hablar por encima de los gritos de Ukyo y Ranko. - ¿A ti qué te asignaron? – preguntó sonriente. Ranma tardó en volver en si, y volteó la cabeza hacia la cocina nuevamente.

- Nada, no voy a ir. – dijo en un tono casi inaudible y enfadado.

- ¿Qué cosa? – Mousse se inclinó sobre la mesa para escuchar. – Ya cállense, parecen chicuelas de cinco años. – reprimió a las jóvenes amigas que obedecieron y dirigieron su mirada a Ranma expectantes y sonrientes. - ¿Cómo has dicho? – volvió a insistir Mousse.

Gruñó – Que no voy a viajar. – dijo con voz tranquila. Era de esperarse la reacción. Comenzaron con las preguntas del porqué, el cómo, y qué, seguido de comentarios, e incluso insultos al jefe, y por último planes de cómo hacerlo cambiar de opinión. – Ya basta. – dijo alzando la voz para que lo oyeran. – No voy a viajar y punto, es inútil que intenten hacerlo cambiar de opinión, es obvio que me atraparía el guardia cuando intente colarme entre la tripulación, y es suicida encerrarme en una caja de embargue. – Suspiró cansado, frustrado y aún enfadado. – Éste es el castigo ideal por mi mala conducta. – agregó sonriendo de lado. – Además de las malditas horas extras que debo cumplir a partir de mañana. – ése último comentario lo llevó a fruncir el seño nuevamente.

- Ranma.. – lo llamó Ukyo tiernamente. – Tu podrías ser mejor supervisor que cualquiera de nosotros. Debe haber alguna forma de que puedas viajar también. – dirigió una mirada a los otros dos presentes que asintieron inmediatamente. – No puedes quedarte solo por tanto tiempo. – agregó buscando la mirada de Ranma, la cual estaba fija en la mesa.

En ese momento llegó la comida, perfecto, ahora tenía algo con qué entretenerse.

- Ya estoy grande Ukyo, puedo quedarme solo. – bufó, y prosiguió a devorar la hamburguesa. Los otros tres presentes lo observaron extrañados y algo tristes pero lo imitaron y comenzaron a comer. Fue la primera cena en la que nadie pronunció palabra, y sería la última hasta quién sabe cuando.

Ella viajará. Mis amigos viajarán. Ese maldito barco se llevará todo lo que tengo. Ahora mucho menos puedo dejar de pensar en ella. Diablos...

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Finalmente, el día había llegado. Akane echó un vistazo a su alrededor en su cuarto. Tenía tres maletas de ropa, aún no sabían cuanto tiempo estarían en China, por lo que llevaba suficiente como para un mes, y cambiando de atuendo dos veces por día, más tres pijamas diferentes.

El buque zarparía a las tres de la tarde. Puntual, dijeron. Por lo que todavía no eran las dos de la tarde, y toda la familia Tendo, los hermanos Hibiki y el resto de la compañía ya tenían todo el equipaje listo. Akane suspiró nerviosa y volteó a verse en el espejo, se observó usando el mismo atuendo que la vez que fue al puerto, la vez que lo vio a él. Sonrió. Decidió vestirse igual, de modo que le fuera fácil reconocerla. Que idiota, como si me recordara. Se golpeó mentalmente. Esos ojos deben tener alguien a quien mirar, y no soy yo. Giró sobre su eje mirando su reflejo. Sin embargo me gusta pensar que si lo soy. Sonrió de forma infantil y se dispuso a salir de su habitación.

La casa entera era una revolución; Nabiki caminaba a paso agitado desde su cuarto a la oficina de su padre llevando papeles, para luego de unos minutos regresar a su cuarto igual de apurada, Kasumi estaba aturdida armando las maletas de su marido, su hijo y, por supuesto, la suya, el señor Tendo ni siquiera había salido de su oficina para desayunar, Akari buscaba desesperada a P – chan, el cual tenía la costumbre de desaparecer en los momentos mas oportunos. Los hermanos Hibiki no habían aparecido aún, habían quedado en llegar cerca del medio día para ayudar con las maletas y llegar, obviamente, puntuales.

Akane suspiró agotada, no sabía si este viaje realmente cumpliría el objetivo que su padre buscaba; integración y relajación en familia. Observándolo desde su posición, en aquella hora pico de la casa, dudaba sobremanera. Entre el bullicio pudo escuchar la voz de su hermana mayor llamándola desde la puerta de su cuarto. Cuando entró a la habitación tuvo la sensación de entrar en una tienda de ropa; columnas de ropa apiladas sobre cualquier superficie, ordenados por color y clasificados en "Padre" e "Hijo", las tres maletas sobre la cama tenian la ropa íntima de cada uno mas sus pijamas, en maletas separadas. Las demás, estaban dispersas en el suelo, vacías. Mucho trabajo por hacer.

- Akane, ¿podrías? – preguntó con gesto suplicante su cansada hermana. Akane suspiró sonriente, a veces su hermana se planeaba hacer tareas que ni ella podía completar. Espíritu de madre. Pensó Akane enternecida.

- Por supuesto Kasumi, ya terminé con lo mío. – contestó, para luego dirigirse hacia los pilones de ropa.

Casi una hora después, las hermanas Tendo habían logrado ordenar la ropa en su maleta correspondiente y ordenado la ropa que Kasumi decidió no llevar, en el armario. En ese momento entra a los saltitos, un alegre Yotaro.

- ¡Hola, tía Akane! – la saludó con una gran sonrisa al notar su presencia. Cargaba un juego de ajedrez, un rombo, y un Shogi. Al llegar frente a su madre se detiene y observa las maletas ya cerradas y listas. – Mami... – dijo tímidamente, Kasumi lo observó y le regaló una tierna sonrisa. Yotaro alzó lo que traía para que su madre lo observara. - ¿puedo llevarlos? – preguntó inocentemente. Kasumi dejó escapar un largo suspiro, mientras volteaba a observar las maletas, en cual de ella habría espacio para los juegos de su hijo.

El inconfundible sonido de las puertas principales al abrirse, atrajo la atención de las hermanas Tendo.

- Konatsu y Ryoga han llegado. – anunció Akane mientras se dirigía hacia la puerta de la habitación. Al salir al pasillo, se encontró con el resto de la familia movilizándose hacia las escaleras cargando maletas y demás cosas. - ¿Ya nos vamos? – preguntó asombrada Akane.

- Cuanto más temprano salgamos, más temprano llegaremos. – Akane reconoció la vos de su prometido, volteó hacia las escaleras para encontrarlo alcanzando el último escalón de un brinco. – Eso significa, que no habrá gente que nos retrace para subir a bordo. – se acercó a ella con un andar tranquilo, sonriente, vistiendo un traje azul oscuro muy elegante. – Buenos días, preciosa. – saludó casi en un susurro antes de darle un rápido beso en los labios. Aún le causaba vergüenza besarla frente a miembros de la familia, aún cuando éstos los ignoraban. – Buenos días, señor Tendo. – se irguió rápidamente cuando visualizó a Soun dirigirse hacia las escaleras, leyendo muy concentrado unos papeles.

- Buenos días, Ryoga. – saludó distraídamente. Pasó junto a ellos casi ignorándolos.

- Los autos ya se encuentran afuera, los conductores se encargaran de cargar el equipaje. – le informó entusiasmado e inflando el pecho orgulloso.

- Perfecto... – contestó Soun sin darle mucha importancia, bajando los primeros escalones de la ancha escalera.

Ryoga volteó nuevamente hacia Akane con una alegre sonrisa en su rostro. Akane sintió algo tibio en su pecho al ver su cálida sonrisa, se veía realmente atractivo vestido asi.

- ¿Tu equipaje? – preguntó despertándola de su atontamiento.

Unos minutos después ya tenían todas las maletas cargadas en los autos, y con unas últimas instrucciones a los sirvientes que serían los únicos habitantes de la enorme casa, la familia Tendo junto con los hermanos Hibiki se dispusieron a dividirse entre los autos disponibles. Akane se preguntaba si Shampoo, sus hermanas, su abuela y toda su servidumbre ya se encontrarían en el puerto. Seguro planeaban una entrada con todas las luces para atraer la atención, como tanto que le gustaba a la hermosa joven china. Al recordar la imagen del escenario del puerto, un recuerdo regresó fugazmente a su mente: el recuerdo de una mirada zafirina le erizó los pelos de la piel. ¿Cómo podía haber olvidado lo que la mantenía tan nerviosa? ¿Estará trabajando?. Sintió que sus manos comenzaban a sudar, que su estómago se inflaba de mariposas. Por Dios, por favor, déjame verlo una vez más. Pensó ansiosa mientras se mordía el labio inferior.

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No pudo contener un sonoro bostezo, que ocultó vagamente con una mano. No quería que le lanzaran un pescado o algún trapo sucio por no tener unos mínimos modales. Observó a su alrededor y luego sus manos. Le ardían levemente debido a la lija que estaba usando para los mástiles. Llevaba tres largas horas en ese trabajo. Luego tendría que limpiarles el polvo y pintarlas con barniz, trabajo que le llevaría todo el día probablemente. Alzó su mirada hacia el mar, y se encontró con el imponente barco blanco, y sintió una incómoda punzada en el estómago. Se puso de pié lentamente, se sacudió el polvo de su uniforme y luego se irguió con las manos en los bolsillos. Suspiró pausadamente. No sabía que sentir, podía identificar hasta frustración en algún rincón de su cabeza, pero se mezclada con el enojo y la tristeza. Ahí donde estaba se quedaría. Divisó a una alegre y saltarina Ranko dirigirse hacia él con su uniforme negro y entallado.

- ¡Voy a extrañarte hermano! – gritó entre triste y alegre mientras brincaba y se abrazaba a su cuellos. Ranma se tambaleó, y le devolvió el abrazo. – Prometo que te escribiremos cuando estemos en China, - dijo aflojando el abrazo, y apartándose para mirarlo a los ojos. Ranma vio los ojos azules de su hermana destellar de nostalgia. - trataremos de regresar lo antes posible, en cualquier navío. – agregó con la voz apagada. Ranma la apartó tiernamente.

- No te preocupes por mi, pequeña pelirroja. – bromeó con una sonrisa, a lo que Ranko le sonrió en respuesta. – Vayan y disfruten el viaje, puede que sea su única oportunidad. – agregó volviendo a observar el barco. Su visión fue entorpecida por una larga melena castaña que le inundó el rostro, cayendo de espaldas debido a la presión del cuerpo de Ukyo.

- ¡Ranma, voy a extrañarte tanto! – sollozó abrazándolo hasta ahorcarlo.

- Bah, que cursilería. – murmuró Mousse al alcanzarlos, su uniforme era muy elegante, Ranma se sorprendió de lo bien que lo hacía lucir. - ¡Por favor, espera a que regresemos! – gritó Ukyo directamente en su oído. Ranma luchó por deshacerse del fuerte agarre de Ukyo y poder respirar.

- ¿A dónde pretendes que vaya? – preguntó cuando tuvo su primera bocanada de aire.

Oyeron un silbido a lo lejos, el llamado a bordo del personal. Los tres amigos voltearon hacia Ranma que aún se encontraba sentado en el piso. No le agradó nada la mirada que sus amigos dirigían hacia él. Le tenían pena, pena por quedarse solo, trabajando horas extra y durmiendo completamente solo por primera vez. Se puso de pié rápidamente y les regaló la mejor de sus sonrisas.

- Hey. – les dijo amortiguando una risita. – No es la muerte de nadie. – Silencio. – Vamos, váyanse antes de que los mande volando. – les reprendió divertido con las manos en la cintura. Sus amigos le sonrieron.

- Sé que te haré mucha falta. – dijo Mousse extendiéndole una mano en forma de saludo. – Regresaré pronto, no desesperes. – agregó riendo. Ranma le tendió la mano sonriente.

- Cuídate, por favor. – le rogó su hermana, luego le dio un dulce beso en la mejilla.

- Me harás mucha falta. – susurró Ukyo, y para sorpresa de Ranma, le dio un rápido beso en los labios.

Los tres voltearon y se dirigieron al barco. Ranma sintió su estómago encogerse al verlos irse. Repentinamente, sintió la desesperación invadirlo y las rodillas le flaquearon. Con la vista algo nublada pudo llegar al baño. Se cargó con sus brazos sobre el lavabo, sintiendo sus entrañar removerse y la horrible necesidad de devolver. Alzó la vista para verse reflejado en el espejo sucio frente a él. ¿Desde cuándo eres tan débil? ¿Tan sentimental?. Le mojó la cara con agua fría, y vio como su palidez se iba. Suspiró avergonzado de su flaqueza. Fue cuando oyó "ese" desagradable sonido de líquido volcándose a sus espaldas. Volteó sorprendido y algo asqueado por la imagen que esperaba encontrar. Provenía de uno de los cubículos.

- ¿Te encuentras bien? – Preguntó acercando su oído a la puerta. No obtuvo más respuesta que más sonido de líquido y toses ahogadas. – Oye, no debes desayunar pescado del Fishermen's Bar, lo preparan muy mal. – comentó a modo de broma. Al no tener más respuesta, abrió tímidamente la puerta. Un hombre se encontraba arrodillado frente al inodoro, inmóvil. Ranma podía divisar su nuca pálida y sudada. El aroma fétido y penetrante lo empujó hacia atrás y lo obligó a taparse la nariz con la mano. – ¡Oiga! ¿Qué diablos come usted? ¿Soquetes extra sudados? – fue entonces cuando el hombre se desvaneció. Rápidamente Ranma acudió a levantarlo y acostarlo boca arriba en el suelo del baño, estaba horrorosamente pálido. En cuestión de segundos, estaban Hiroshi y Daisuke junto a Ranma rodeando al hombre moribundo, tapándose la nariz con sus manos o pañuelos.

- Pobre hombre, ¿qué creen que haya comido para que lo descomponga de esa forma? – preguntó Hiroshi conteniendo las arcandas.

- Me pregunto exactamente lo mismo. – murmuró Ranma echando por primera vez una mirada al cubículo donde estaba el pobre hombre. Fue cuando vio por primera vez una pequeña maleta. Ignorando su sentido del olfato, fue a buscarla y la trajo junto al hombre que seguía igual de pálido.

- Deberíamos buscar ayuda profesional, éste hombre no se ve nada bien. – comentó Daisuke arrodillándose para tocar su pálida y sudorosa frente. Ranma, vencido por su curiosidad abrió la maleta y se encontró con un traje impecable, blanco con detalles en dorado. Alzó la chaqueta para observarla mejor, cuando escuchó que sus amigos ahogaban un grito. Ranma los observó extrañado.

- ¡Supervisor de seguridad a bordo! – dijo nervioso Hiroshi mirando el uniforme y al hombre varias veces.

- ¿Qué? – Ranma volteó la chaqueta, llevaba la identificación: "Damatto Hiko, Supervisor de seguridad a bordo". Observó atónito al hombre en el suelo. - ¿A él lo nombraron supervisor? ¿Con ese estómago flojo? – era increíble las estupideces que hacían allá arriba, a veces.

Ranma sintió su corazón galopar contra su pecho cuando tomó conciencia de su situación, y sintió hasta deseo de besar a ese pobre hombre. Se puso de pié como un rayo y comenzó a quitarse su uniforme sucio y a vestirse con el elegante uniforme. Milagrosamente era su talla. Hiroshi y Daisuke lo miraban atónitos.

- ¿Eres consciente de lo que haces? – le pregunto Daisuke como si estuviera tratando con un demente. – Puedes terminar encarcelado por esto. – agregó preocupado.

- No sucederá. – dijo excitado mientras se lavaba la cara y se mojaba el pelo para arreglarse mejor la trenza e intentar dominar sus mechones rebeldes. – Porque ustedes no dirán nada. – dijo volteando mirándolos de forma amenazadora. Sus dos amigos intercambiaron miradas confundidos.

Con una última mirada en el espejo, Ranma no se reconoció, se veía muy arreglado y peinado. Infló el pecho y se dispuso a salir del baño, camino al enorme buque blanco que esperaba su presencia a abordo. O, en realidad, la presencia de Hiko Damatto.

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Queridos Lectores,

Mil disculpas por el retrazo! No estuve en mi casa, y tampoco con una computadora a mano, pero muy entusiasmada les regalo un capitulo especialmente largo para remediar mi larga ausencia. Espero poder actualizar pronto nuevamente, ya que voy a volver a irme de mi ciudad pronto.

Gracias por la paciencia, y espero que lo hayan disfrutado!

Saludos,

Lily.