Patas de Perro

By: Kida Luna

Cap. 1: Y si tengo miedo… ¿eso es malo?

Dedicatoria: A Glaring Ryu, que todos los días de tu vida sepan a Odisea, que yo sea tu espada y este, mi regalo, tu escudo, que te cubra de las sombras de bestias y mitigue sus presencias. ¡Qué todos los días te sepan a Odisea!

¡CRACH!

Un chasquido se dejó escuchar para después seguirle un alarido de dolor. Apartó con rapidez su mano y se incorporó al instante; el animal le había mordido y sus colmillos quedaban marcados en su piel ligeramente bronceada. Una gota de sangre empezaba a manchar la tez alrededor de las dentadas.

Al alzar la vista, lo divisó parado en cuatro patas. Gruñendo. Las patas delanteras ligeramente hundidas en forma de "L", llegando a parecer una curva; una pata más adelante que la otra. Típica posición defensiva de un perro que se siente amenazado.

-"Yami, no les hagas caso, no saben lo que dicen" –explicaba con suavidad y miedo al mismo tiempo.

-"¡Haagg!" –colocó su pata derecha en la cara, cubriéndose, mientras dejaba a la otra resbalarse un poco hacia el frente por la falta de equilibrio.

-"Fuera de aquí, ¡fenómeno!" –despreció el oji-miel, y copiando la actitud de su compañero, tomó varias piedras a sus pies y las arrojó hacia aquel niño.

-"Ya no eres tan valiente, ¿no?" –chasqueó, haciendo gala de su sonrisa presuntuosa el ojiazul.

Se irguió, tapándose ahora con ambas patas, entreabrió con renuencia un ojo y lo cerró rápidamente al sentir un bólido duro contra su estómago. Salió corriendo. Con el mismo estilo de un perro, pero el corazón magullado de un humano.

Cuando dejó de oír los gritos de esos niños detuvo su carrera. Cerca de ahí había una fuente con un gran manzano cerca de ella, necesitaba pensar un poco.

" – " – "

-"¡Ha, ha, ha!" –respiraba con dificultad, su corazón no recibía oxígeno por más que intentaba aspirar, algo andaba mal.

-"¿Cómo te sientes? Oh, por Dios, respira, ¡maldita sea! Hay que llamar a una ambulancia, ¡dónde este ese mocoso estúpido!"

-"No… lo llames… así" –articulaba con esfuerzo la mujer tendida en la cama.

-"¿Y cómo quieres que no lo haga? Es un error, un monstruo, ese hijo no es mío ¡y ni siquiera puede ser útil para algo!"

-"Yami…"

-"¡Deberíamos haberlo vendido a un circo de fenómenos o algo así!" –vociferaba un hombre de cabellera negra a la pelirroja.

-"…es… especial…"

-"Es un error" –cortó con rencor.

-"………"

-"¿Lo ves? Tengo razón, tu silencio me apoya…" –se dirigió hacia el lecho con pasos tambaleantes e inseguros, se estaba mareando.

Acarició la frente de su esposa y apartó los mechones rubios que caían en su rostro, cual ligeras hojas de otoño. Se detuvo. La faz femenina era pacífica y sus ojos cerrados eran la más clara muestra de ello, por eso no había respondido…

-"¿Mizu? –tragó saliva- ¿Mizu-chan?" –susurró con voz quebrada.

…porque los muertos no hablan.

Soltó la botella que mantenía en su otra mano, dejando flotar en el aire, por segundos, miles de pequeños destellos cristalinos. Lloró, lloró y sus lágrimas patinaron por el trozo más largo de vidrio que permanecía aunado a la base de la botella. Muestra irrevocable de tan nocivo vicio por el alcohol.

Era asmática, semanas antes su condición había empeorado. Recordaba claramente la lluvia de ayer y cómo su esposa había salido por su hijo, al entrar su mirada denotaba cansancio; se río de sí mismo, lo ebrio no le dejaba percatarse de muchas cosas a su alrededor. "Maldita memoria", musitó con una risa maníaca y miserable.

Y como todo alcohólico que perdió lo único que lo ataba a la cordura, vislumbró a un inocente como el verdugo de su desgracia. Debía desquitarse, condenar al culpable. Sí, eso era, condenarlo. Si el sufría, todos debían sufrir.

Su cólera ya tenía dueño y nombre grabados en fuego en su enfermiza mente. Sus ojos brillaron y sus carcajadas fueron dignas de compararse con las de las hienas. Hambrientas y despiadadas.

"Yami" -era todo lo que su instinto animal podía formular.

" – " – "

En su caminar, un escalofrío le sacudió todos sus sentidos. Sus ojos se abrieron desmesuradamente hasta nublárseles al instante, y sintió una daga clavarse en su corazón.

Cayó al suelo al perder el equilibrio de sus pasos, se medio levantó dejando las puntas de sus cabellos tocar apenas la hierba bajo suyo mientras su respiración se normalizaba.

Zarandeó su cabeza y retomó su camino, percibiendo la brisa fresca y peculiar que le daba de lleno. Era raro… se sentía como si alguien tratará de reconfortarle con pequeñas caricias en su cabeza y espalda.

Nunca pensó que el viento tuviera tan fino y sublime toque, se le hacía tan familiar…

Se acercó a la fuente y parándose en ambas patas, abrió la pequeña llavecita de plata. Introdujo sus patas delanteras en el agua, masajeándolas una con la otra, y luego cerró el grifo, mientras veía como el agua se extinguía hasta quedar un chorrito del líquido que había usado para lavarse. Se apartó de ahí, adoptando esta vez el caminar de los humanos.

-"Ya es algo tarde –murmuró al tener al gran manzano al frente suyo. Casi daban las tres, pronto le daría hambre-. No te molesta si tomo una, ¿cierto?" –expresó entre risas infantiles mientras comenzaba a trepar el frondoso árbol. Le gustaba ese lugar, le gustaba ese árbol y sobre todo sus manzanas; escondido en él, el mundo parecía ser muy distante y chiquito a sus ojos, parecía demasiado… bueno…

Lástima que sólo era temporal la sensación, qué lástima.

Unos tres metros arriba, se deslizó al final de una de tantas ramas y arrancó una jugosa manzana roja que aún portaba las gotas de lluvia que habían acaecido ayer en la noche. Se sentó cruzando las patas y limpió el fruto con una de sus 'manos', para después, dar un gran mordisco.

¡CRASH!

¡Tipppppp! ¡Tipppp! ¡Tipppp!

De repente, la alarma de un automóvil –un stratus carmín-, empezó a tintinear pertinazmente al ser atravesado el vidrio frontal por un balón de básquetbol.

El pequeño distrajo un momento su atención de la manzana para centrarla en unas cuadras más adelante, en una esquina. Un hombre de unos 40 años, canoso, gritaba frenéticamente varios improperios al aire.

Al parecer iban dirigidos a alguien, o tal vez el señor sólo estaba muy enojado, pensó, sin darle importancia al asunto. Y dio otro mordisco.

-"¡Jajaja! ¡Viste la cara del tipo!"

-"Creo que esta vez si te pasaste de la raya…" –comentaba algo preocupado un moreno.

-"No digas tonterías, se lo merecía" –le reprochaba otro moreno con uno o dos años mayor que el otro, defendiendo a su amigo.

Ladeó la cabeza en un gesto canino. Se quedó observando al cuarteto de jóvenes, parecían tener alrededor de 15 años; se acercaron al gran manzano y se sentaron en un ángulo que dejaba al niño patas de perro un poco por sobre sus cabezas, lo suficiente para no ser descubierto aún sin proponérselo.

Le dieron curiosidad los extraños, aunque a pesar de todo no se acercaría a ellos, pero tampoco se alejaría. Se podría entretener un rato oyéndolos y cuando se aburriese podría irse a casa; decidido, dio otro mordisco a su manzana, era una lástima, una mordida más y tendría que buscar otra.

-"Aún no entiendo por qué hicimos eso, ¿acaso fue porque te regañó ese maestro o algo así?" –inquirió, permitiéndole a su compañero admirar su reflejo en las orbes trigueñas que parecían danzar entre cetrinos.

-"Mmm…" –dudaba entre si decirle la verdad o no.

¿Verdades o mentiras? ¿Pero no hay quién dijo una vez que a veces la verdad daña más que la mentira? ¿Y cuándo está última se vuelve tan colosal, que es capaz de destruir la confianza de los demás, o peor aún, autodestruirnos a nosotros mismos?

-"Deberíamos decirles de una vez…" –argumentó el mayor de los morenos.

-"¿Decirnos qué? –su voz empezaba a sonar desesperada- Nos están asustando, ya hemos hecho esto varias veces y siempre terminan diciéndonos cosas como 'es pura diversión', 'hay que matar el aburrimiento', '¿por qué no?', ¡nunca nos dicen la verdad! ¿Qué es lo que tanto ocultan, Bakura?"

Volteó a mirar al dueño de esas palabras, y con sus ojos castaños y tristes, decidió aclarar de una vez por todas el asunto.

-"Porque es un maldito, Ryou" –masculló con odio, y en una fracción de segundo, sus ojos melancólicos pasaron a irradiar ira.

-"¿Nunca se preguntaron cómo fue qué Bakura le agarró un inmenso odio?"

-"Pero Marik, creí que lo hacía porque él siempre lo llevaba a la dirección o le daba problemas, ¿no?" –agregaba su hikari.

-"Sí, sí, en parte es cierto, sin embargo… haa –suspiró-, ustedes saben que en estos barrios la policía no se interesa ni en lo más mínimo a venir por aquí. Y pues, por eso mismo las escuelas son… -vaciló un poco en decirlo-… peligrosas."

-"No entiendo" –pronunciaba el albino menor.

Se recostó en la rama, apoyando con cuidado sus patas en la madera para escuchar mejor la conversación. Estiró una pata y arrancó otra manzana. La otra ya se le había acabado.

-"Ryou, ¿recuerdas la segunda semana de clases? ¿Cuándo salí a mitad de ellas con Marik a mi lado, sin razón aparente?" –cerró los ojos y recostó su espalda en el árbol.

-"Sí, no me explicaste muy bien. Creo que te sentías mal o algo así, ¿o me equivoco?"

-"Sí, y no –continuó el otro yami, provocando que ambos menores les observarán con desconcierto-. ¿Cómo te sentirías si alguien quiere que seas su juguete?"

La manzana se resbaló de su pata, rebotando un poco y deteniéndose a escasos centímetros de donde se encontraba. Se arrastró un poco, y al tomarla con su pata la madera muerta se rompió, y ésta junto con la fruta quedó atascada en el hueco de la rama; intentó zarandear su brazo para liberarse y debido a esto, no oyó el resto de la charla.

-"¿Te golpeó?" –interrogó con miedo al dueño de la sortija.

-"No, Ryou, el muy bastardo quiso propasarse es todo, no te preocupes. No lo logró" –añadió con los ojos aún cerrados.

-"¿Por qué no dijeron nada?"

-"¿Y quién iba a creernos? El viejo solamente busca la manera de conseguir lo que quiere Malik, no es tan fácil, sobre todo cuando no tienes apoyo –sonrió con ironía-. Y eso que Bakura no es el único" –explicó su contraparte.

¡CRACK!

-"¡Qué demo…!" –las palabras del albino mayor fueron cortadas.

Varias hojas y pedazos de madera comenzaron a caer, por lo que sin esperar se pusieron de pie, y apartándose un poco del árbol, miraron hacia arriba, donde un ajetreo de ramas no permitía ver nada sospechoso que pudiera provocar aquello.

Con un gritito –extrañamente parecido a un aullido-, una sombra se desplomó entre la pila de hojas y ramas caídas en el pasto. Alzó la cabeza, dejándose ver y respirando más calmado, se percató de que lo estaban mirando. Microsegundos después, algo rojo y pequeño rebotó en el suelo, justo enfrente suyo.

Gruñó, tal vez era mejor dejar de comer tantas manzanas…

-"¡Qué crees qué haces! ¡Tú… especie de coyote o lo que seas!"

-"¡Marik!" –regañaba su aibou (1).

-"¿Ya no se puede tener un poco de privacidad? ¡Largo de aquí!" –el amatistas gruñó en desacuerdo, mostrando sus colmillos.

-"¿Acaso estás sordo?" –e imitando el acto de hace unas horas atrás, el yami egipcio cogió unas cuantas piedras y comenzó a lanzarlas, a lo cual falló con una pésima puntería.

En realidad, no era pésima puntería sino una extraordinaria y magnífica velocidad, como la de un zorro. Enojado, frunció el ceño y decidió tomar también una piedra y arrojarla hacia ellos, con la diferencia que fallaría a propósito, sólo quería que lo dejasen en paz.

-"Estúpido animal, ¡fíjate en lo que haces!" –levantó una gran piedra y la arrojó.

-"¡Bakura!"

¡Wraaau!

Cayó al piso, sujetándose su ojo izquierdo.

-"No eres más que un maldito monstruo…" –refunfuñó lo suficientemente alto para que le escuchase. Le vio apoyarse en sus cuartos delanteros y entrelazaron miradas, se mordió ligeramente los labios; por unos segundos lamentó haber actuado así, el niño no tenía la culpa.

Sus ojos rojos le miraban con fiereza y una mezcla entre la resignación y la tristeza. Le había dicho cosas horribles, muy horribles para cualquier persona o animal, pero horribles al fin y al cabo.

Los cerró enojado, sin embargo no sabía si ese enojo iba dirigido a ellos o hacia él mismo. Y contrario a lo que Bakura esperaba, salto hacia delante como agarrando algo que no pudo alcanzar a vislumbrar, debido a la agilidad con que fue guardado; dio la vuelta y salió corriendo lejos de allí como un cachorro subyugado que se tragaba todos sus corajes, alborotando en su impulso el pilar de verdes y cafés entre el que había estado. Y una vez más, el viento, como siempre, recogía con ternura los delicados pétalos esmeraldas.

¿Qué es lo que había hecho? ¿Y así se quejaba de la injusticia? Una media sonrisa irónica se dibujó en sus labios. Sí, era un maldito monstruo.

-"¡Regresa! ¡Bakura no quiso decir eso, por favor! –clamaba su hikari con las manos al lado de sus labios, para que aún a la distancia pudiese escucharle- Bakura, Marik, ¡miren lo que han hecho!"

Bakura… era un nombre muy extraño…

Aquel nombre fue lo único que alcanzó a distinguir vagamente en la lejanía, pero eso ya no importaba. Era tarde. Debía regresar a casa o su madre se preocuparía por él, y no quería causarle problemas.

-"Mizu-chan…" –musitó bajito, con una sonrisa triste al recordar lo que su madre le dijese ayer en la tarde. Prefería llamarle así, Mizu-chan, después de todo se oía más lindo que madre, al menos para él.

A veces decimos y pensamos algo, o en alguien. Si esa persona ya no está aquí en cuerpo aunque no lo sepamos, ¿puede oírnos?

¿Realmente puede hacerlo?

Un flashazo de luz inundó la vereda que se extendía entre las extensas y desgastadas calles de la injuria. Cerró las ovaladas amatistas ante el lumbreo provocado por los cielos; al instante, un poderoso choque entre nubes desgarró la paz del ambiente, causando que el mini-híbrido diera un alto tajante a su camino, asustado. Se encorvó hacia atrás y volteó hacia arriba, allí y con todo su esplendor y grandeza escalofriante, el manto se tornaba de un grisáceo espeso, consintiéndole el paso a los nubarrones que empezaban, sin demora, a unirse en una melodía de bandas.

Vio el brillo tintineante entre las esponjas de algodón y junto a ellas oyó los leves susurros que estas provocaban, se acurrucó hacia atrás un poco, aún en la misma posición, intimidado por el enorme tamaño de la tormenta por encima suyo. Era tan pequeño, que no alcanzaba a comprender aún, que lo más valioso y caro, viene en envases pequeños…

¡Qué hermosa y fulminante lo dantesco que la magia de la naturaleza era capaz de crear, a tal grado que cualquiera se sentía minúsculo ante su presencia! Dádiva de alegrías y agasajo de temores en tan exquisito espectáculo combinado, creado con tal sinfonía y detalle, como sólo un Dios podría ser capaz de hacerlo.

Pequeñísimo. Sí, así era como se sentía. Colocó una pata adelante, mientras hundía su lomo con miedo, como si fuese una fiera la que ocupase el lugar de los cielos y le viera, desde unos centímetros, con inquina. Luego, colocó la otra pata adelante, arrastrando las traseras en una perfecta imitación de un cachorro que huía de forma sigilosa y aterrada.

¡CRASH!

Un intenso trueno resonó con furia, de repente las lágrimas se permitieron caer sobre la vida de las personas, sin nada más que les retuviera.

Dio un salto y salió disparado en dirección hacia su casa. Giraba su cabeza a los lados, y dignos de hacerse aclamar sus segundas sombras, los relámpagos le perseguían con renuencia. Hacia cualquier parte que virase, las purpúreas serpientes eléctricas surcaban libres en sus vuelos.

¡SPLASH!

Finalmente, en su descuido, cayó en un charco de agua. Se levantó y sacudió como un perro cualquiera lo haría -sin pena, ni vergüenza-. Sus cabellos quedaron un tanto enmarañados por el chapuzón y los pedacitos de lodo habían quedado prendados tanto de ellos, como de sus oscilantes mechones rubios, que se movían al compás del tremendo ventarrón que azotaba con crueldad las casitas frágiles, desprovistas de un techo y muros lo suficientemente resistentes.

Continuó su carrera con las mismas agitaciones de antes, que iban ya en aumento debido a que todo a su paso parecía desierto. ¿Qué era el único afuera en medio de aquella tormenta?

Dobló en una esquina donde casi se resbala, recuperando el control a tiempo prosiguió recto, unas dos o tres cuadras más. Ya podía verla.

Pequeña, acogedora y humilde. Sí, su casa, no podía equivocarse. Se paró y tomó el pomo de la ya de por sí, apolillada puerta; por inercia cerró una de sus patas en puño y la posó sobre su corazón.

Estaba alegre de haber llegado, pese a que estuviera todo empapado y enlodado, aunque… no sabía por qué, pero su hogar se sentía más… vacío…

Sacudió por segunda vez en el día su cabeza, dejando a sus mechones balancearse frente a su carita un poco sucia. Necesitaba dejar de pensar en cosas extrañas.

-"¡Mizu-chan!" –exclamó en un murmullo de felicidad, abriendo después, al fin, la entrada a su tan anhelado destino.

O a la más infame de todos los avernos.

La cerró tras de sí, y al no haber nadie en la pequeña sala, se dirigió al cuarto de su madre. Entró. No sabía dónde estaba su padre, tal vez tomando o algo así, de todas formas eso no importaba mucho.

Se acercó a una de las orillas del lecho blanco donde dormía, le tomó la mano derecha y sacando de entre sus pantalones azules y deslavados por el tiempo, colocó una bolita chiquita y roja entre sus dedos y le cerró su mano, sin dejar de sostener esta misma.

-"Sé que te encantan" –habló con ternura, admirando los finos dedos sujetar la jugosa fruta, y recordó que desde que tuvo facilidad de trepar árboles años atrás, siempre llegaba a casa con una manzana repitiendo la misma frase.

-"………"

Ladeó la cabeza al no escuchar respuesta, lo mejor sería no despertarla, debía de encontrarse cansada.

Apartó los mechones del rostro femenino en una caricia y se separó de ella, soltándole la mano. Al hacerlo, la manzana rodó por el suelo. Se agachó y la tomó entre sus patas, luego reparó en que la palma de su mano guindaba del borde de la cama.

Volvió a depositar la fruta en el mismo lugar y nuevamente, esta volvió a rodar por lo suelos, tercamente. Frunció el ceño, asió su mano permitiendo esta vez el contacto de sus palmas, y como si hubiera visto un fantasma, la soltó al instante, alejándose. Por tercera vez, la manzana rodó hacia el mismo destino que antes, sólo que en esta ocasión era el niño quien mantenía la mano abierta, dejándole irse.

Frío… su piel estaba fría…

De pronto había palidecido, y con la misma rapidez que se había apartado del cuerpo inerte, se abalanzó sobre este mismo, abrazándole.

Sus sollozos se hicieron presentes, pero pronto los calló. Se subió por completo a la cama y se escurrió entre sus brazos, no quería estar solo; su respiración se normalizó poco a poco, y sólo entonces Morfeo reclamó su ser en la entrada de un mundo efímero y placentero.

El mundo de los sueños...

Continuará…

(1) Aibou: Compañero, tanto en sentido de familiaridad, como en sentido de pareja, todo depende del contexto.

Bien, ahora sí, la actualización que ojala y la hayan disfrutado

KaedeSakuragi: ¡Esta campaña necesita playeras mujer! ¡Jajaja! Si es de angst y ya actualicé, ¡saludos a ti también y gracias por el review!

Ana Ryu: Mujer, ¡por supuesto que eres mi amiga! ¿Me viste crecer, no? Y nunca me abandonaste, fuiste y eres una gran amiga y eso significa demasiado para mí. Esto es lo mínimo que puedo hacer para agradecerte. Sobre lo de animal interno, sí tienes razón, profundice mucho en eso y no me había dado cuenta XDD Ya le verás forma y ahora que lo pienso, Versus y Patas de Perro van más o menos a reflexiones, ¿no? ¿Las parejas? Sí, cosa rara –mirada asesina de Rex- de cariño, ¡yo también lo digo de cariño! Ejem, saludos, abrazos, ¡te cuidas! Te quiero mucho Ryu-chan y me alegra verte feliz, ¡ojala te esté gustando tu regalo!

Senshi Hisaki Raiden: Rei-chan, tu yami siempre se confunde, ha de estar mal del cerebro. Sí, me imaginé que muchos pensarían que era Joey, pero no lo es. Son cuatro patas pero, son las manos y los pies, chequen que en ningún momento estoy diciendo piernas o brazos. Vamos mujer, ¡carbura! A ese par lo bestia no se les va ni con un baño, ¡jajaja! Ya me llevo tu capítulo no te preocupes, espera mi comentario :) Y te agradezco el tuyo, se me cuidan mucho, ¿vale?

ACLARACIÓN: El título Patas de Perro y el hecho de que el personaje principal tenga patas de perro (oh rayos, eso sonó redundante), es basado en el libro con el mismo nombre. La trama es mía porque, en realidad ni tuve el libro por más de unos segundos gracias a un dolor de cabeza. ¡Gracias por su atención prestada!

Mil gracias lectores, actualización dentro de dos semanas, ¡se cuidan!

Rex- Esperamos sus críticas y/o comentarios.

Kida Luna & Rex.