Patas de Perro
By: Kida Luna
Cap. 2: Quiero… luchar por un sueño… ¿me ayudarás?
Dedicatoria: A Glaring Ryu, porque a cada hora y a cada momento de tu existencia, no olvides a las amigas que te quieren, que las amistades y las estrellas a las distancias acortan.
-"Lo que hiciste estuvo muy mal, 'Kura" –le reprochaban.
-"Hn" –contestó, aparentando no darle importancia al asunto.
Iban de regreso a casa, los egipcios ya se habían retirado a la propia. Y todo porque los cielos amenazaban con su esplendoroso poderío. Ya se empezaban a extrañar las sofocantes tardes de verano…
-"Bakura, hazme caso."
-"¿Sí?"
-"Cínico –el aludido bufó-, sabes de lo que estoy hablando."
-"Sí, sí, estuvo mal, Ryou –volteó a su derecha, bajando levemente la mirada-. De todas formas no creo verlo de nuevo."
-"¿Dijiste algo?"
-"No, yo… ¡agh!" –por no ver al frente terminó chocando con alguien, un mohín de disgusto se dibujó en su rostro al sentir un fétido olor.
-"Estúpido niño, ¡por qué… no te fijas!" –vociferó un hombre un poco más alto que él, mientras trataba de no caerse.
Ebrios… ¡lo único que le faltaba!
-"Porque no prefiero rebajar mi dignidad a observar escorias como tú, imbécil" –replicó, entrecerrando sus ojos con desdén.
El pelinegro no dijo nada y los pasó de largo. Lo más probable era que las cantidades de alcohol en su organismo le hayan atrofiado también su oído.
-"Vámonos, Ryou."
" – " – "
-"¡Atrápenlos que no escapen!" –bramó una voz ronca, parecía ser el líder o algo así. Un brillo de avaricia esmeralda bamboleó en sus ojos.
Un par de ópalos purpúreos miraban de un lado a otro, con miedo, con desesperación, buscaban una salida. ¡Ya, ya! La necesitaba tanto y esos campos plateados sobre su cabeza no le ayudaban mucho al empañar su vista y dificultar su huida.
-"¡Rodeen el bosque! Tú, tú y tú, ¡ciérrenle el camino, ya! –gritó el jefe de los cazadores, sus ojos, grises, profesaban la muerte.
Dio una vuelta por un árbol, y otra, y otra, el lodo ya había manchado sus hermosas patas caninas. Giró la cabeza hacia atrás, podía oír sus pisadas acercarse; olía la pólvora del despiadado dragón de metal que expedía bolas de fuego, aquella que los humanos siempre llevaban cargando en sus manos.
¡BANG!
Un aullido de dolor resonó por entre los árboles, obligando a los cuervos alejarse volando con su típico cacareo lúgubre. Regresó al instante y miró con espanto a su cachorro blanquecino, acostado en el suelo y con la sangre derramándose por toda su pequeña carita. ¡La paradoja de los perros que sólo ven la sangre negra!
Lamió su rostro, y entonces observó a sus otros dos lobatos acercándose a gachas, chillando, al lado de su hermano. Continuó lamiendo su cara, hasta que esta cayó con un golpe seco a la tierra fértil y húmeda.
¡Levántate! Ladraba, en un lenguaje perdido que los humanos sabían en un pasado, pero que ahora han olvidado, sólo ya entendible por las criaturas. Sus ladridos eran lastimosos, patéticos y débiles.
Un segundo disparo se dejó oír, y con pesar ladró algo rápido y salió corriendo, con los otros dos cachorrillos atrás suyo.
¡GRRRAAAUUU!
Una enorme cadena salida de la nada se apresó en su cuello, y fue jalada con tan brutal fuerza que la derribó en la tierra. Se paró con rapidez, vio al hombre que sostenía su condena y se lanzó.
Otra cadena, esta vez salida del lado derecho, se enredó también en su cuello, dejándole parada en dos patas a punto de atacar a su oponente. El hombre que recién aparecía rió a sueltas con burla y jaló la cadena con fuerza, haciéndola caer esta vez boca arriba, de nuevo, contra el suelo macizo.
Se volvió a parar otra vez, y otra vez otra cadena se enredó en su cuello. Junto a esta, otras más. Eran como cinco o seis.
-"¿Qué hacemos con los lobatos?" –preguntó uno de los cazadores.
-"Son muy pequeños, no me sirven ni para un abrigo. Caballeros, ya saben qué hacer" –terminó con la sorna irradiando en su ancha sonrisa, el esmeraldas.
Le colocaron un bozal, la metieron a la jaula y aventaron esta última a un enorme camión de cargas. Cerraron las puertas y todo quedó oscuro. Excepto… el sonido…
¡BANG! ¡BANG!
La pesada máquina arrancó hacia un lugar lejano de los bosques y un chillido emergió de entre las sombras, llamando a los que nunca podrían volver a su lado.
Un estruendo sordo y el albor refulgente irrumpieron por todo el valle, alimentando aún más la desdicha de la bestia encerrada tras las rejas y apresada en cadenas. Su instinto sólo maquinaba una cosa: Ya nunca podría regresar allí.
Nunca.
Bajó la cabeza, y en su corazón de animal herido se preguntó cuáles eran las razones que dan derecho a matar…
" – " – "
¿Si te dedicases al mundo del espectáculo, serías feliz? Es decir, los aplausos, vitoreos, las risas infantiles… ¿serías feliz?
Todo un mundo de luces para ti, todo un presente de actos extravagantes para ellos. Tan fácil cómo hacer saltar a un perro a través de un aro de fuego, o tan difícil cómo saltar vallas de cabeza, apoyándote con las manos en el lomo del tigre danzante. Las fieras parecieran tan mansas entonces…
Si fueras parte de eso, ¿serías feliz?
-"A veces pienso que mi sueño es algo estúpido, no sé en qué pensaba…" –suspiraba un pelinegro mientras cepillaba el delicado pelaje del caballo azabache con una extraña mancha blanca en su cabeza, y otra en su pecho, en forma de estrella. Estaban debajo de una especie de lona de variados colores.
-"Yo tampoco sé que en qué pensaba al dejarme vencer tan fácil. Irme y dejarte aquí con los demás, ¿sería egoísta de mi parte?" –trataba de decir el equino en un respiro ruidoso, muy típico de los caballos.
-"Desde niño siempre me emocionaba la idea de formar parte de la pista, y ahora estoy aquí, encargándome de los animales."
-"Sí, sería egoísta."
-"Cómo te envidio, tú no tienes que soportar esto –lo meditó un segundo y cambió sus palabras-. Tienes que soportar más, o menos que yo."
-"Fue nuestra elección, supongo" –intentó comunicarse de nuevo, con la triste mirada característica de los animales.
-"¿Es malo soñar demasiado?"
-"Sólo si no ves las trampas."
-"No sé qué fue lo que pasó."
-"Yo tampoco".
-"Me preguntó si todos cometemos errores."
-"Sino fuera así, no estaríamos aquí."
-"¿Sabes? –comentó, acariciando el flequillo del animal- Es extraño que tú y yo hablemos, aún si no nos entendemos muy bien."
-"Yo no necesito palabras para entenderte, ni tú a mí. Nadie las necesita, pero eso es algo que tristemente ustedes los humanos olvidan con facilidad."
-"Qué sueño tan estúpido, no sé en qué pensaba…"
-"En ser feliz…"
" – " – "
-"¡Haagg!" –gritó al sentirse jalado de repente por el cuello de su camiseta.
El golpe que recibió al estamparse contra la puerta lo dejó un poco aturdido, le tomó unos segundos poder recuperar sus sentidos. Una vez hecho, enfocó a la persona frente a él.
-"¡Kyoku!"
Se alegró de reconocer el rostro de su padre, si su complejo de perro incluyese una graciosa colita, sin duda la estaría moviendo. Por unos momentos se había asustado ante el sólo hecho de pensar en un extraño en su casa.
-"Monstruo."
-"¿Kyoku? No entiendo por qué me dices eso" –profirió con dolor.
-"Porque tú la mataste, ¡por tu culpa no está aquí conmigo! Pero no te preocupes, hijo…"
Su voz hacía honores a su nombre, Kyoku era la melodía en sí. La música que ahuyenta a la luz e invita a bailar a las sombras del abismo, ¡si los dijins, demonios del desierto, oyesen su llamado de seguro ya estaría su alma condenada!
-"No te me acerques" –argumentó entre asustado y alerta.
-"¿No le das un abrazo a tu padre, hijo?" –fingió con voz dolida, mientras colocaba sus manos detrás de su espalda. Levantó un poco su gabardina de cuero, de un café muy claro, y sacó levemente un objeto de metal, pequeño y tintineante.
-"Hace unos momentos me llamaste monstruo" –renegó, con los oídos alerta, pues creyó escuchar algo.
-"No, no, no –negó moviendo la cabeza a los lados, suspirando-. ¿No confías en mí, Yami? –habló suavemente.
Un escalofrío recorrió el cuerpo entero del pelirrojo, y sin desearlo entreabrió un poco sus labios, mostrando unos finos colmillos. ¿Era acaso eso un juego? ¿Le parecía divertido? ¿Cree que lo disfrutaba? ¡Pues claro que no, le dolía! Monstruo…
¡Usemos la balanza de Anubis! Si en una escudilla colocamos la muerte de una madre y, en la otra, las palabras de su padre, ¿cuál será la más pesada? Si una es más pesada, ¿eso hace a la otra ligera? ¿Y si quedan en perfecto equilibrio?
¿Y a eso se le puede llamar perfecto equilibrio?
-"Es sólo que… me duele…" –el niño vio la angustia en los ojos oscuros de su progenitor, y no supo qué hacer o decir.
Pronto, sintió unos brazos rodearle la espalda. Se quedó inmóvil, atónito. Segundos después reaccionó y quiso devolverle el abrazo.
-"¡Kyoku! Por un momento pensé que… -de repente calló sus palabras, no podía abrazarlo, algo se lo impedía, ¿qué rayos estaba pasando?-… mis manos, ¡no puedo moverlas! –se limitó a decir, desesperado- Kyoku, ¡ayúdame!"
-"Un buen hijo busca el bienestar de su padre, ¿cierto?" –susurró en su oído, para después separarse del niño.
Le vio erguirse, arrogante. Quiso pararse pero el dilema de las manos le hizo tambalearse un poco; al final, logró colocarse de pie. Intentó separar sus manos tras su espalda, no obstante, un chirrido de metal le llenó de espanto los ojos.
-"¡¿Q-Qué me pusiste?!" –balbuceó con voz quebrada.
-"Tan sólo me aseguro de que me sirvas bien. Ya que tanto te gusta pavonearte por las calles, les demostrarás tus 'cualidades' a las personas. Un fenómeno debe estar con otros fenómenos."
-"¡No me iré de aquí!"
-"¿Perdón? –preguntó con burla, soltando una enorme carcajada- Aparte de monstruo, tarado. Qué asco que seas mi hijo".
-"Grrr… Kyoku, ¡quítame esto!" –demandó furioso.
El hombre bufó, tiró al canino al suelo y rápidamente le colocó otro par de esposas en las piernas. Lo suficientemente largas para que caminase, y cortas para que no pudiese huir.
-"Ahh –suspiró-, al fin podré librarme de ti, no sabes cuánta vergüenza me das pedazo de…¡agh!" –se quejó al sentir un colmillazo en su mejilla derecha, cerca de su ojo.
Se paró, pasó su mano por su rostro y luego contempló la sangre en esta. Eso dejaría una cicatriz en su ojo derecho. Rabió, tomó al niño de los cabellos obligándolo a ponerse de pie, le amordazó la boca con fuerza y le cubrió los ojos con otro pañuelo.
Luego, lo tomó por los hombros y lo aventó contra la pared opuesta, muy cerca de la cama. El niño se volvió a incorporar, tragándose todos los quejidos de dolor; el tambaleo provocó un pequeño ruido, agudo y fino, que terminó con un chasquido sordo en las botas negras de Kyoku.
Miró hacia abajo, tomó la manzana y la admiró por unos segundos. El silencio en la habitación confundió un poco al pequeño, pero sus oídos indicaban que su captor aún seguía ahí. Y su olfato, raudo, detectó un pequeño aroma muy conocido para él.
"Manzanas…" –fue el murmullo escuchado por padre e hijo. La apretó en sus manos, recordando como todos los días su mujer solía disfrutar de la diminuta fruta, sólo por el hecho de ser un obsequio de su hijo. Se mordió los labios y guardó la esfera escarlata en el bolsillo de su elegante gabán.
Un elegante gabán siendo usado por un hombre desaliñado y andrajoso, que mezcla tan más equívoca.
Jaló al amatistas por su brazo y dentro de poco, el azote de la puerta principal de la casita con el techo de lámina se dejó oír. Un atroz trueno estalló sobre ellos, haciendo al menor estremecerse por completo.
Su corazón se encogió, y sólo entonces, la balanza se bamboleó cayendo violentamente al suelo. Era demasiado peso para tan fina pieza de joyería, pero tan tremendo y delicioso banquete para el Dios Seth, hacedor de la Muerte…
Continuará…
Respondiendo a ff . net y amor yaoi:
Hisaki Raiden: No me acuerdo de tu nuevo nick T-T Lo sé, pero todos somos unas bestias, ¡gruar! ¿Crees que es una de esas parejas? No sé, pero con la re-edición ya la puse XDD Las metáforas son buenas. Y claro que uiero chatear contigo, ¿y por qué dicen eso de Malik? Gracias por el comentario, se cuidan mucho, y Yami hisaki, si no quiere ir, déjala. ¿En qué te afecta? XDDD
Yura: ¿Pobre Yami? ¿Por qué pobre Yami? ¿Por qué no pobre Luna que está en sus finales y no ha dormido bien? T-T Bueno, lo de mejorar, um… Rex busca en el diccionario qué es eso, ¿vale? –gruñido- ¡Hazlo! –gruñido- Muchas gracias por tu review y ojala te haya complacido este capítulo, disculpa la espera :)
Randa1: ¿Por qué yo? ¿Randa no has oído por eso que la tierra sólo tiene una Luna? No puedes hacerme eso ¬¬U ¡Además yo tengo a Rex! –gruñido de hastío- ¡Además tú has hecho cosas peores! –creo…- Ah, sí, aquí la actualización. Desgraciado Yami mira lo que causas XDDD
Yakumo: De hecho mi dolor de cabeza era ya natural, y estaba en una biblioteca pública haciendo un trabajo. Bueno el hecho es que este fic está muy influenciado por la reflexión, y no es triste, sólo que Yami es un desgraciado –mirada fea de Yami-. Bueeeeno… ejem, tiene mala suerte, es todo. Ya actualicé Yaki-chan a ver qué tal te parece, ¡gracias por el review amiga!
¡Quiero ir a la quinta Grijalva! Como es Navidad, la han adornado con luces y… parece todo una feria, bien hermoso el lugar. ¡Y no he ido!
Rex- A Luna le encantan las luces de colores.
A ver cuándo caigo por allá. Nos despedimos, ¡muchos saludos a todos y gracias por leer! :)
Kida Luna & Rex.
