Patas de Perro
By: Kida Luna
Cap. 3: Abre los ojos, no estás atrapado…
Dedicatoria: A Glaring Ryu, para que conozcas que hay más de una manera de agradar al alma y enriquecer el corazón, porque hay miles de formas para quedar atrapada… pero siempre habrá corazones que te ofrezcan más de una manera de dejarte encantada.
Campaña: ¡TODOS CONTRA EL PLAGIO! Kida Luna a la Vanguardia, si se une en los próximos 50 minutos le daremos una playera, así que si ven un plagio, ¡denúncielo! El valor de un escrito del corazón viene del mismo, he ahí lo doloroso de que te lo arranquen.
-"¿Crees que las personas podamos ser tan malas?" –habló suavemente una voz, con los ojos perdidos en algún lugar lejano a la cálida sala en la que se encontraba.
Se quedó mirando a su interlocutor, preguntándose el por qué de aquella extraña pregunta. Luego, miró su taza de café humeante en la mesa.
-"No lo sé, los humanos no somos perfectos… -su voz salió como un susurro, sedoso y apacible, parpadeó un par de veces con tranquilidad y prosiguió-. Supongo, que es muy difícil cuando el miedo nos susurra al oído, ¿no crees?"
-"Pienso que tal vez, los humanos tenemos esa tendencia a dañar para sentirnos superiores, porque… tenemos miedo. Y mira que somos nosotros mismos quienes nos encerramos en nuestra propia cajita de Pandora" –sus labios dibujaron una sonrisa triste, melancólica y pensativa.
-"Eso es cruel."
-"Pero verdadero, ¿no es así?"
¡CRASH!
Un relámpago iluminó la estancia, vislumbrando a los dos acompañantes, sentados uno frente al otro en los cómodos sofás rojo oscuro, separados apenas por una mesita de cristal con dos tazas de porcelana. Se encontraban en la casa de Ryou.
-"¿En qué piensas, Yugi?" –sus palabras se dirigían al más pequeño, pero su mirada estaba fija en su taza de café. Decidió que era demasiado pronto para tomarla.
A veces, es mejor dejar que las cosas se enfríen. El impulso puede resultar de vez en cuando amargo y quemante. Como una taza de café. Como una flecha envenenada en una armadura frágil…
-"Patas de perro…"
-"¿Perdón?"
-"Patas de perro –insistió para que el otro escuchase bien-, hoy vi en el parque a un niño muy parecido a mí, que tenía…"
-"Patas de perro" –completó.
El gesto del tricolor se volvió fatigado.
-"Sí, bueno, quise jugar con él, con mi pelota, pero la rompió sin querer. Y bueno, luego vino Joey y Seto se enojó y… ya te imaginarás…" –terminó con un suspiro.
-"Piedras, ¿eh? –adivinó, cerrando y recordando los sucesos de la tarde- Sí, yo también lo vi, pero Bakura y Marik lo ahuyentaron… ya te imaginarás."
El más pequeño desvió su mirada a la ventana.
-"¿Tú crees que él esté bien? –murmuró apenas perceptiblemente-. La tormenta está empeorando, Ryou."
-"Yo sé que las personas podemos ser muy ciegas, Yugi. Y debo decir, con ironía, que desgraciadamente hay cosas que los ciegos ven antes que nosotros".
Un segundo relámpago iluminó la estancia, como queriéndole dar la razón al albino. Dichoso el cielo, porque lo ve todo y enjuaga lo impuro con sus lágrimas, realmente dichoso…
-"¿Por qué Ryou? ¿Por qué no podemos actuar como seres conscientes? Se supone que el ser humano es un ser con sentimientos, ¿no es eso lo mismo que dice su nombre? ¿Ser humano?"
-"Tú lo dijiste, nos encanta vivir en nuestra caja de Pandora –tomó el asa de su tacita y admiró los adornos de labradores rojos y rottweilers que se cernían alrededor de la misma, se la llevó a los labios y sin beber ni una sola gota, continuó hablando-. Así ha sido desde el principio de los tiempos, con los mismos cielos, las mismas estrellas, las mismas tierras y al parecer, las mismas crueldades" –agregó tomando un sorbo.
-"Lo dices como si esto hubiera empezado desde hace mucho y no tuviera solución" –suspiró agachando la cabeza.
El pelirrojo miró su tacita aún yaciente sobre la mesa, admirando las formas extrañas y peculiares que el líquido formaba, destruía y mezclaba. Le parecía tan semejante a la vida. A los humanos.
-"De verdad, que hay ocasiones en las que no entiendo si simplemente nacemos así, o algo le pasa a nuestras mentes. No sé porque tanta afición a causar dolor…"
-"¿Causar dolor? Eso ni siquiera puede considerarse."
-"Pero se hace, es algo así como un equilibrio".
-"¿Equilibrio? ¡A eso no se le puede llamar equilibrio! –se detuvo unos instantes, reparando en que había sobresaltado a su invitado, y se había levantado bruscamente. Se acomodó uno de sus mechones y se sentó de nuevo- Lo siento Yugi, pero si ese es nuestro equilibrio, la oscuridad está mucho peor."
-"Lo sé. Me pregunto por qué hemos llegado hasta aquí, es demasiado, no lo vemos, y nos estamos acabando. Es horrible, y las personas o no se dan cuenta –tragó saliva- o no quieren hacerlo. Yo no quiero ser así, Ryou… no quiero".
Hubo un momento de silencio y lo único que se oía eran sus respiraciones. La lluvia arreció más y las ventanas parecían querer salirse de sus marcos, asustadas.
-"¿Cómo pasó esto?" –soltó el pelirrojo.
-"Porque las personas podemos ser a veces tan malas" –murmuró pasito y dio otro sorbo, saboreando la bebida con delicadeza y mesura.
Una noche de tormenta era muy fría y agradecía, en esos momentos, tener una casa a la cual llamar hogar. Volvió a colocar la pieza de porcelana en la mesita de cristal.
Decidió que ya lo había dejado enfriar bastante.
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-"¡Malik está idiota! ¡Mira que mandar a su divina oscuridad a mojarse bajo la lluvia por un estúpido café! –alzó un poco la bolsa y sacó el pequeño frasco con diminutos granitos terrosos- Por ti estoy sufriendo… para qué gasto saliva tú ni me puedes insultar."
Volvió a guardar el frasco en la bolsa blanca y la dejó caer para sujetarla por las asas. Llevaba un paraguas negro con una especie de estrella roja encima, cuyas puntas se extendían por todo el ancho de la sombrilla. A Marik le encantaba ese paraguas porque la estrella parecía ser de sangre.
Aunque Malik le dijese en más de una ocasión que eso era estúpido.
¡CRASH!
-"Me pregunto por qué Malik no habrá querido que me la llevara en plena tormenta, bueno, ¿qué podría pasarme? Los rayos no caen en los paraguas."
Y que también era un idiota. Ah, sí, su relación era muy sincera.
-"¡Ah! Disculpa lo…"
-"Maldito niño, ¡fíjate por dónde caminas!" –gritó el extraño que había tirado al suelo.
El moreno le ofreció una mano para ayudarlo, la cual fue rechazada de un manotazo. Iba a decir algo cuando notó que el tipo olía alcohol. De pronto le pareció que aquel sujeto alargaba la punta de su gabardina negra, como queriendo ocultar algo.
Y siguió de largo.
Parpadeó confundido, la lluvia le estaba haciendo daño. Sujetó con fuerza su paraguas y entonces, de un vistazo al suelo, notó algo realmente peculiar. Y pequeño.
Volteó a todos lados como si alguien fuese a aparecer por reclamarlo. Pero nadie apareció. Se rascó la cabeza y se agachó para ver un poco más de cerca. Una hojita.
Una hojita verde, fresca, y con unas goticas recorriéndole.
-"Esto, para que veas Malik, sí es estúpido".
No supo por qué, tal vez la lluvia sí le estaba dañando el cerebro o tal vez no. De todos modos, tomó la hojita entre sus dedos y la guardó en el bolsillo de su chaqueta canela. Después de todo, las estupideces son mejores cuando se comparten.
Aunque nunca sepas qué te pueden traer.
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-"¿Bakura?" –dijo confundido su hikari.
-"Sí, ¿por qué no está?" –preguntaba Yugi.
-"Ya sabes cómo es Bakura, todo un psicópata maniático."
-"¡Joey!" –exclamaron ambos al unísono.
El aludido sonrió, cerró la puerta y se acercó a ambos. Se sentó al lado de Ryou y pasó su mano por su cabello, el cual tiró unas gotas de agua por lo húmedo que estaba debido al torreón de los cielos.
-"¿Qué haces aquí?"
-"Hola Yugi, yo también te quiero. Pero bueno, ¿no te dijo Ryou que vendría?"
-"Mmm… no, no me dijo" –añadió con mirada acusadora.
-"Se me olvidó con todo este asunto Yugi, verás íbamos a salir hoy pero, bueno –comentó mirando hacia la ventana-, la lluvia llegó de improvisto."
-"¿Y de qué hablaban?"
-"De Yami."
El rubio se puso serio unos momentos. Después miró a ambos con pena.
-"El niño con patas de perro, Joey –suspiró el más pequeño-. Parece que…"
-"Ah, ¿el que rompió tu juguete y le di su merecido?"
-"¡Joey! ¿Cómo puedes decir eso? ¡No tenía la culpa! –le regañó Ryou- ¿Acaso tú viste como rompía la pelota a propósito?"
-"Pues… no, pero…"
Y alguien dijo una vez: "Que el que esté libre de pecado, ¡tire la primera piedra!"
Y si no lo estás, no juzgues sólo por juzgar, o el emblema de la culpa cubrirá tu rostro y manchará tu alma. Matará tu corazón sin que te des tu cuenta. Y lo peor que te puede pasar… es perder tu corazón.
-"¿Y no escuchaste cuando se disculpó?" –esta vez, atacó Yugi.
-"Es que… -balbuceó-… bueno, ¡no es mi culpa! –agachó la cabeza apenado- Debí de haberlo pensado mejor, ¿cierto?"
-"Sí" –respondió el albino.
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-"¿Es él?" –era una voz ronca y cavernosa, tosca como nunca antes sus orejas habían escuchado.
-"No encontrarás otro igual, Jigoku (1) –oyó la voz de su padre, y enseguida, el sonido de un fajo de billetes, siendo agitado por una de sus esquinas-. No te arrepentirás".
Dio un paso hacia atrás y movió sus orejas bien alto, para poder captarlo todo. Aquella conversación no le gustaba y mucho menos aquel sujeto. Desafortunadamente, las pisadas de su padre se alejaban, chapoteando contra el agua y el lodo que había en la tierra.
Lo único que recordaba era que habían caminado por mucho tiempo y sus pies dolían. Y por momentos, sintíose presa del miedo y del pavor, manjar de la zozobra y aperitivo de la tristeza. Pero se mantuvo en pie, firme.
Y la venda de los ojos se soltó frágil, cayendo desvalida sobre su cuello. A esa le siguió la mordaza en la boca. Entonces lo vio, parado frente a él, con sus largos cabellos de plata y sus ojos esmeraldas, dos pardos que reflejaban la envidia y avaricia de un demonio corroído. Yami supo que su vida no sería la misma.
Y en su interior, sollozó a su madre, pidiendo fuerzas para soportar lo que vendría. Pidiendo compañía…
-"Escúchame bien bestia, harás lo que yo te diga…"
-"Yami, podré haberle sido vendido, pero mi nombre es Yami."
-"Yami… -siseó con rabia-… eres mío y te llamaré como se me pegué la gana bestia, ¿me oíste?"
¡SLAP!
La fusta contra el suelo y Yami se sobresaltó. Fijó sus amatistas en los pardos y comprendió el mensaje. Querían domar a la bestia.
-"Aprenderás todo lo que necesites y serás mi atracción principal, pero –se acercó a su rostro y tomó entre sus manos su mentón-, por cada error que cometas, te haré sufrir como la inmundicia de animal que eres" –susurró.
Se incorporó y lo tomó bruscamente de uno de sus brazos, introduciéndolo dentro de la gigantesca carpa de colores. El pelirrojo observó hacia todos lados, un enorme círculo en el centro y varios asientos alrededor, aros, arena y una pista.
Un circo.
Un lugar que usurparía su hogar por mientras, hasta que hallase una salida. O muriera tras sus mantos.
Fue guiado hacia un apartado hasta el fondo, a mano derecha. Y delante suyo se alzaba una enorme puerta de roble rojo, una puerta que por alguna razón no le agradó para nada.
-"Dormirás atrás, en el refugio junto con los animales" –rápidamente le quitó las esposas, y con la misma rapidez con que abrió la puerta, se la azotó en su cara.
Los cerrojos se accionaron y dieron una pequeña vuelta, estaba encerrado.
-"Como un animal…" –susurró pasito.
Contempló sus alrededores y observó animales enjaulados, atrapados; desde enormes elefantes hasta diminutos caninos, rostros recluidos y sonrisas prisioneras. Y no soportó la idea que se formaba en su mente.
¿Él se acostumbraría a levantarse allí, a medianoche a causa de los truenos, solo y tembloroso, tras unas rejas de metal mustias y tristes, opacas?
Atrapado. Estaba atrapado y deseaba huir. Tenía miedo.
Todos los humanos se encierran en sus cajas de Pandora y liberan las horribles plagas en su interior, tan horribles que destruyen los cielos y desgarran los corazones; aún peor que las plagas egipcias, porque el dolor del cuerpo nunca se compara al del alma.
Y el alma, queda presa en la oscuridad.
-"Mizu-chan…" –fue el sonido apagado, contrastando con sus pisadas suaves y pesadas.
Avistó una jaula, la más lejana y solitaria de todas, cubierta en plenas sombras. Pero la única abierta. Jaló la reja, entró, y la cerró, con el chirrido exasperante del oxidado metal. Acomodó un poco de paja y se acostó sobre ella.
Allí acostado, se percató de dos ojos púrpuras.
Y su reflejo en ellas fue lo que más le asustó. Cerró sus ojos y cubrió su cabeza con sus manos, sintiendo la respiración de aquel ser acercarse cada vez más.
Lanzó un chillido y se enroscó lo más que pudo. Tenía miedo.
Y el miedo es capaz de paralizar hasta el Dios más poderoso.
-"Auxilio…"
La pequeña de luz de la luna llena fue cubierta por aquella silueta. Apretó más sus ojos y sintió las garras sobre sus brazos, tan parecidas a las suyas, pero más grandes.
Sin aguantar más, abrió los ojos y chocó miradas. Deseó morirse en aquel momento.
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-"¡Ya llegué!" –gritó con enjundia.
El pelinegro abrió la bodega y fue directo hacia la jaula con los perros, collies blancos y negros. Abrió la puertecilla metálica y los cánidos le rodearon, saltaron levemente en sus lugares, dieron vueltas en círculos y volvieron a saltar. Ladrando. Alegres.
-"¡Jajaja! Bien, vamos chicos, es hora de que se preparen todos –comentó aún conservando su amplia sonrisa. Entonces, un relincho ruidoso le llamó la atención-. Oh, buenos días Kuroki, ¿cómo estás? –habló frotando la cabeza del potro- ¿Pasa algo malo? Oye… ¿qué es lo que estás mirando?"
Vislumbró una jaula vieja y oxidada, algo carcomida por el tiempo pero aún utilizable. No había nada interesante en ella, excepto por el hecho de que ahí se encontraba…
-"¿Qué es eso?" –sus pensamientos cambiaron de repente al ver un bulto entre la paja. Se acercó, empujó la puertecita de metal y removió unas cuantas hebras leonadas.
El 'bulto' respiraba. Lo sabía por el movimiento y sonido quedito que hacía.
El niño abrió un ojo de repente ante el toque, se alzó y dio un paso hacia atrás, gruñendo. El oji-verde notó que estaba parado en cuatro patas. Y no sólo eso, ¡tenía patas de perro!
-"Oh, Dios… -un segundo gruñido, más agudo, suave, y algo demandante se dejó oír del otro lado de la celda-… ¿Tsuki? (2)"
La criatura le observó con ojos serios y enigmáticos.
-"¡Tsuki! Oh, niño, ¡¿te encuentras bien?! –volteó a mirar de nuevo al animal- No… no le hiciste nada, ¿verdad?" –sus ojos evidenciaban angustia.
La bestia lanzó una especie de gruñido amable, y se recostó, sin perderles de vista.
-"¿T-Tsuki?" –repitió confundido el canino.
-"¿Eh? Ah, sí, Tsuki, espero que no te haya hecho nada."
-"No, sólo… me asusté al verla."
-"Oh, suele pasar –suspiró aliviado-. Mmm… oye niño. Siempre, bueno… -¿sería respetuoso preguntar aquello que tenía en la punta de la lengua?- siempre… ¿siempre has tenido…?"
-"Ah, mis patas –añadió mirando sus extremidades-. Sí… es que yo soy… diferente…"
-"¿Pero qué haces tú aquí?"
-"Kyoku me vendió" –apenas fue un hilillo de voz.
-"¿Quién?"
-"Mi padre… mi padre me vendió al circo."
La lobezna prístina se paró y recostó su cuerpo contra el pequeño. Eran tan parecidos. Después de todo, ambos tenían patas de perro.
Y le recordaba tanto a sus cachorros…
-"Lo siento –un relincho interrumpió la conversación-. Ah, claro, él es Kuroki Kaze (3), nuestro caballo estrella. A decir verdad, nuestro único caballo" –dijo en voz alta, meditándolo mejor.
El equino movió la cabeza hacia arriba y hacia abajo, en un saludo que extrañamente el canino comprendió. Le estaba dando la bienvenida. Y el caballo no pudo sentirse más que orgulloso de que sus acciones fueran comprendidas.
Aunque para el pelinegro no fuese más que un asentimiento de cabeza, Kuroki sabía que Yami había podido interpretar sus movimientos. Y le fascinó saber que los humanos, o los híbridos, aún podían conservar aquel lenguaje antiguo y ancestral.
El lenguaje, regalo y derivado de los Dioses.
Tsuki colocó su cabeza por debajo de su pata, dándole una caricia a su nuevo acogido. Y sus orbes, hermosas y con un brillo especial, le contemplaron como la más bella criatura contempla a los corazones.
Con amor.
Yami recordó entonces porque en el primer momento de entrelazar sus ópalos con los de la criatura, se había quedado estupefacto. Eran un par de óvalos violetas.
Como los de su madre.
-"Me llamo Duke Deblin, ¿cuál es tu nombre, híbrido?"
-"¿Híbrido?"
-"Sí, híbrido, porque no eres ni lo uno ni lo otro, no humano, no perro."
-"¿Es un insulto?"
-"En mi caso, no, pero es mi forma de llamarte" –le sonrió con gentileza y el canino se sintió mejor. Su corazón ya no dolía tanto porque no estaba solo.
Tenía, quizás, una nueva familia.
-"Yami… me llamo Yami."
-"Bueno Yami, pronto será hora de la función, así que mejor te ayudo a practicar una rutina fácil y rápida" –terminó saliendo de la bodega, dejándole la puerta abierta para que lo siguiera.
Esa, y muchas más puertas abiertas. Más de las podría desear en aquel momento el oji-lila. Sonrió y agradeció en silencio a su madre, por creer en él.
Oyó un cote y vio a Kuroki en el marco del roble rojo, con la pezuña alzada por haber dado un golpecito al suelo. Y recordó lo que la criatura le había dicho, recordó su interpretación.
Y su sonrisa se alargó un poco mientras acompañaba al equino hacia la pista.
Yami comenzaba una nueva vida. Y tal vez, esta no sería tan mala.
-"Bienvenido, cachorro humano… serás diferente, pero diferentemente especial…"
Continuará…
(1) Jigoku: Infierno.
(2) Tsuki: Luna.
(3) Kuroki Kaze: Viento negro.
No sé si ya lo había mencionado, pero de todos modos por si las dudas:
Mizu: Agua.
Kyoku: Melodía o música.
Rex- Em… todos a favor de matar a Kida ¬¬
Ff . net:
Hisaki Raiden: Bueno, Yami Hisaki ya sabes quién es el chico del circo -"un siglo después", se oye a lo lejos- ¡Hey, hey! ¡Tengo que innovar Rex! Y sí, me alegra que ya no le temas a las metáforas, porque aquí hay más XDD ¡Cómo que aislado! Sí le voy a continuar. -"A poquito… a poquito…"- ¡LARGO REX! Se cuidan ustedes también, y sí me fue bien en la escuela. ¡Gracias por el review! Espero y disfruten este capítulo.
Amor Yaoi:
Randa1: Rex, Rex, ¡no te vayas! ¡TE QUIERO!
Rex- Ahora sí me quiere ¬¬
¡KIBA! -reaccionando- ¡Rayos! –se tira a una trinchera- Randa, ¡llamaré a Derechos Humanos! ¡No es mi culpa que Yami tenga tanta mala suerte! Además, lo que no lo maté lo hará más fuerte…
Rex- Adiós Randa, gracias por el comentario, te cuidas y ojala te guste la actualización.
Pues yo no, ¡te mandaré a mi abogado!
Yakumo: ¡Yaki-chan! Hola, ¿triste?
Rex- Yo diría explotado.
No, sólo es triste. Y la pareja ya ha sido anunciada.
Rex- Y a ti quién te invito Kurama ¬¬ Yaki, me cae mejor Anecuze.
Se cuidan y aquí esta la actualización. Besos a ustedes también, ¡mua!
Rex- Bueno, yo espero, que presionan más a Kida para continuar.
¿Alguien quiere adoptar un bonito lobo humano, negro y de ojos verdes?
Rex- ¡No puedes hacer eso!
Ah, detalles, detalles... me despido de ustedes gente, los quiero mucho, ¡besos! Y recuerden, las Kidas estamos en extinción.
Rex- Gracias a Randa ya sabemos por qué XDDD
Kida Luna & Rex.
