Patas de Perro
By: Kida Luna
Cap. 4: El hombre y la bestia, uno manda y otro obedece…
Dedicatoria: A Glaring Ryu, porque no importa cuántas veces la vida te golpee y cuántas vendas hagan el intento de protegerte, ser tú misma y levantarte es la más hermosa cualidad que posee el ser humano. Hay que izar la bandera, caminar con miedo y con coraje, ¡hay que vencer a los fantasmas de frente!
Campaña: ¡TODOS CONTRA EL PLAGIO! Kida Luna a la Vanguardia, si se une en los próximos 50 minutos le daremos una playera, así que si ven un plagio, ¡denúncielo! El valor de un escrito del corazón viene del mismo, he ahí lo doloroso de que te lo arranquen.
Los días y las semanas pasaron volando hasta que un mes se cumplió. Durante ese lapso el canito se dio cuenta de muchas cosas, comprendió que debía de obedecer a Jigoku o sino sería castigado.
Los primeros días fueron horribles y hasta se le antojaron eternos, cada vez que fallaba una rutina se quedaba uno o dos días sin comer, era golpeado con la fusta o encerrado en su jaula con la oscuridad de la bodega como única compañera y confidente de sus sollozos.
"…pero así se tratan a los animales para que aprendan lo que deben o no deben de hacer…"
Ésa era la constante frase deprimente que siempre se repetía cuando era maltratado. Sentía que no podía hacer nada bien, que las palabras de ese señor eran certeras y que el mundo se reía a sus espaldas muy descaradamente.
Los cambios en la vida en ocasiones eran buenos, pero en ocasiones duelen mucho y nos hacen ver el mundo de una forma distinta. Así se sentía Yami. El mundo ya no era lindo y vasto. Ya no lo sentía alrededor suyo o bajo sus patas para admirarlo.
La vida lo aplastaba como un humano aplastaba a una cucaracha.
Su prueba más dura era si podría continuar adelante o entregarse a la extinción, porque las especies más débiles no tenían cabida en este universo. Las alas de la muerte lo abrigaban y se acercaban demasiado para su gusto.
Tsuki siempre observaba las barbaries de las que él era víctima y no hacía nada, porque si hacía algo, por más mínimo que fuese, le iría peor al pequeño y cansado híbrido. Aunque le doliese verlo ser sometido, ella era sólo una criatura contra el poder del demonio humano.
Y el demonio humano es el depredador más astuto y atemorizante que los dioses hubieran creado. El monstruo perfecto, el ángel y el demonio siendo uno solo.
Podrá no poseer garras y piel, pero su ingenio es tanto que puede robar las de otros seres o fabricar los instrumentos más atroces que siquiera en la imaginación pudiesen existir.
Para Yami no todo era tan malo, porque pudo conocer a una nueva familia. Sí, ya no estaba tan solo. Una noche de agosto, mientras la luna llena adornaba el cielo nocturno, conoció lo que era la tristeza de un deseo truncado; pensó entonces que la gente se dejaba caer tan fácilmente, o tal vez, no los dejaban levantarse. Pero él también era así, qué triste pero verdadero pensamiento.
-"Llevas mucho tiempo trabajando aquí, Duke, ¿cuánto?" -preguntó la voz infantil en un intento por conocer más a su amigo ojiverde.
-"7 meses, pequeño, 7 largos meses" –suspiró sacando dos manzanas del bolsillo de su pantalón y le pasó una al pelirrojo.
-"Pero, ¿cómo llegaste aquí?" –volvió a preguntar con inocencia mientras tomaba la rojiza fruta.
El pelinegro agachó la cabeza y observó sus manos sobre las piernas, sosteniendo la manzana. Su mundo se reducía a un pequeño y sofocante circo. Todo su mundo… qué horrible mundo…
-"Yo quería ser parte del espectáculo, ¿sabes? Quería saber qué sentían los acróbatas en el aire, el domador ante el león, el malabarista con las varas de fuego; saber qué se sentía hacer a los niños reír y si era tan bonito recibir aplausos como todos dicen –por unos momentos sus ojos brillaron y sonrió levemente, imaginándose todas esas maravillosas sensaciones-. Así que viajé desde muy lejos hasta Domino, tardé un año entero en venir hasta aquí –entonces su faz se tornó deprimente y frunció el ceño-; y en vez de cumplir mi sueño me volví un cuidador de animales. Eso no me molesta, pero no era lo que yo quería. Todo un año de trabajo a la basura."
-"¿Y por qué no seguiste luchando?"
-"Porque era estúpido."
-"¿Quién te dijo que los sueños eran estúpidos?"
-"Jigoku. Él siempre me decía que nunca llegaría a nada, todos me lo decían, nadie cree en mí Yami y eso duele –ahogó un sollozo en su garganta y prosiguió-. La mente humana es tan voluble a crear sus propias utopías" –susurró inexpresivamente.
-"¿Y tú les crees?"
-"No sé. ¿Tú tienes un sueño?"
-"Encajar… en este mundo…" –contestó lentamente, mirándolo con sus infantiles ojos.
-"Pero es un sueño Yami, los sueños no son reales. Son… estúpidos…" –titubeó las últimas dos palabras sin creerlo del todo.
-"Pues si eso es ser estúpido yo quiero serlo –añadió devolviendo la mirada a sus piececitos, meciéndose en el aire debido a la banca muy alta sobre la que estaban-. No sé qué tanto te habrá dicho ese señor o esas personas, sólo te diré que yo sí creo en ti. Sin embargo, tú estás dejando que tu sueño se muera y cuando eso pase, ya no podrás recuperarlo. ¿No lo sientes?"
-"¿Sentir qué?" –preguntó confundido.
-"Tu sueño, ¿no lo sientes?"
-"¿Cómo?"
El viento sopló suavemente removiendo unas cuantas hojas de los árboles cercanos a ambos interlocutores. Ya faltaba poco para el otoño y las hojas pronto comenzarían a caer.
-"Por tu corazón. Mizu-chan siempre me decía que el corazón no sólo alberga sentimientos sino sueños también, se alimenta de ambos. Siempre que había noches de tormenta, me abrazaba y me decía que me estaba dejando devorar por el miedo; eso es malo, pero yo le temo a las tormentas."
-"¿Y eso qué tiene que ver?"
-"Que no por eso, porque el miedo me obligase, abandoné lo que me hacía sentir bien, pero el temor es algo con lo que siempre se vive –se detuvo para dar una primera mordida a su manzana-. No te digo que soy muy feliz, pero, la realidad siempre se crea a partir de los sueños. Y la realidad no siempre suele ser estúpida."
-"Me hubiera gustado conocer a tu madre –musitó suavemente-. Yo creo que sí puedes encajar en este mundo Yami, después de todo, ya encajaste aquí" –comentó con seguridad.
-"Soy diferente."
-"No eres diferente… eres especial."
-"Mizu-chan me decía lo mismo" –rió bajito y una sonrisa leve se posó en sus labios.
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-"He estado pensando… que deberíamos pasar más tiempo juntos…" –susurró pensativo.
-"Pero pasamos mucho tiempo juntos" –respondió confundido.
-"Sí, yo sé, pero deberíamos salir un poco más, ¿no crees?"
-"Si tú lo dices."
-"¡Ah! ¡Sabía que lo entenderías! Genial, ¡entonces alístate!"
-"¿Qué? ¡De qué rayos hablas!"
-"Vamos al circo, ¿no es estupendo?"
Marik se dio un manotazo en la frente mientras su conciencia le metía una bofetada mental. Tenía la boca DEMASIADA grande. Lo que pasaba por no opinar.
-"¿Tú irás al circo?"
-"Sí."
-"¿Yo iré al circo?"
-"Si no quieres quedarte varado en la calle, sí."
-"Al menos la calle no sabe chantajear" –murmuró entre dientes.
-"¿Qué dijiste?"
-"Que iremos al circo" –fue la sonrisa más fingida que tuvo que hacer en toda su vida.
Y eso ya es decir mucho, por desgracia, las llaves de la casa estaban en posesión de su impetuosa pareja.
-"¿Ves que no es tan malo?"
-"Odio el circo…" –siseó.
-"¡Ni siquiera lo has visto!"
-"Lo sé, y cuando eso pase será peor, Malik."
-"Te amo."
-"Yo también me amo –sonrió con presunción-. ¡Espera! ¡No es cierto! ¡Sí te amo!"
¡SLAM!
"¿Malik? ¿Me puedes abrir la puerta? –sollozó- Bueno, ¿qué tal un abriguito? Hace mucho frío acá fuera -silencio-. ¡Qué cruel eres!"
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Existían toda clase de personas en este mundo: las personas amables, las personas tristes, las personas con miedo, las personas enamoradas, las personas que tienen odio, las personas que son demonios, las personas que son ángeles, las personas con sueños y las personas que no saben que son personas y se dejan desfallecer lenta y deprimentemente.
Así que Yami pensó que para seguir adelante, todos utilizaban una fórmula. Dos claves. Quizás: El sueño y el amor.
¿Pero qué pasaba si el sueño se fundía con el amor? ¿Era posible? ¿Cuáles eran sus consecuencias? ¿Eran válidos esos dos elementos para alguien como él que no es un ser humano?
El amor era la bestia más pura y maldita, antídoto contra el peor sufrimiento y veneno para la mejor de las alegrías. Con el sueño era casi igual, habían dos caminos: Logro y frustración.
Pero si no existiera la frustración, el triunfo no valdría nada. La pasión de lo desconocido y de la lucha se esfumaría; y en su lugar, todo sería muy monótono y repetitivo, una cadena con las mismas piezas por doquier.
O eso fue lo que interpretó hace tiempo de Kuroki Kaze.
-"¿Eres un caballo salvaje?" –un trueno resonó con fuerza y el destello del relámpago se vislumbró por la parte de abajo de los tablones de madera rojos mientras un pedazo de la lona se dejaba ver, meciéndose por el viento de afuera.
El frío comenzaba a colarse, así que el pequeño se agazapó en su jaula a un lado de Tsuki, quien ya se encontraba durmiendo. La lluvia de la medianoche era tranquila y los ojos verdes del caballo brillaban en la oscuridad de su jaula.
-"No. Era un caballo de carreras" –movió su pata como si estuviera rascando el suelo, quebrando un poco el heno bajo sus grandes cascos.
-"¿Y eso qué es? ¿Era divertido?" –él nunca había oído sobre caballos de carreras, así que supuso que tal vez era un juego sólo para equinos.
-"Te encierran en un cubículo, un espacio en el que apenas y te sirve la respiración, y entonces, la gente comienza a gritar. A tu lado hay más caballos, diez quizás –resopló con su enorme hocico-. El bullicio es horrible y te asusta porque tú no puedes entender todo lo que ellos dicen, te pones nervioso, como que te atontas y sientes que los oídos te explotan al escuchar el disparo tan cerca de ti."
-"¿Les disparan?"
-"No, esa es la señal para correr pero, da miedo escucharla, como si de un sólo vuelco el estómago se te subiera a la garganta. Todos los jinetes, los humanos en nuestros lomos –aclaró al pequeño-, llevan una vara con la cual golpearte."
-"Eso… ya no suena muy divertido…"
-"No todo es como uno quisiera."
-"¿Y por qué lo permiten?"
-"Porque ellos son más poderosos que tú, ellos hablan y tú obedeces. Ellos tienen el poder –parpadeó un poco, tranquilo, y prosiguió-; te golpean a los costados para que corras más rápido, el caballo más rápido es el mejor, suelen decir. Pero es difícil cuando sientes que se te va el aire y el polvo te entra en los ojos, arde. Da terror el perder el camino y que todos te pisoteen."
-"Pero son caballos de carreras, ¿no saben cómo correr?"
-"Es que a mí nunca me entrenaron, mi dueño me arruinó en una y otra apuesta, ya sabes lo que dicen: Poderoso caballero es Don Dinero –resopló de nuevo, en un tono bajo y cansado-. Cuando yo ya no pude correr más, decidió abandonarme en el bosque, ese que esta a unas horas de aquí –alzó el cuello, mirándole con sus ojos enormes y oscilantes-, el olor a sangre atrajo a los chacales, por fortuna, Duke me encontró agonizando y los alejó. "
-"¿Y él te salvó la vida?"
-"Sí, pero también porque yo quería vivir."
-"Sin embargo, era una vida triste, ¿no hubiera sido mejor dejarse morir?" –susurró levemente.
-"Entonces no me habrías conocido y ahora estarías despierto, temiéndole a la lluvia –relinchó suavemente, dio una vuelta en su lugar y se echó sobre la paja-. Cuando tenga que irme, me iré. Empero, eso no quiere decir que te abandonaré a ti y a otros a su suerte."
Recostó su cabeza sobre sus patas delanteras y cerró sus ojos.
-"El que quiera morir que muera, pero que tenga en cuenta que a quienes pudo ayudar en un futuro los defraudó y los mató, qué digno asesino. La Muerte existe para que la Vida se creé, nunca lo olvides Yami" –musitó por último y se durmió.
La Muerte siempre impulsaba a hacer lo mejor en nuestras vidas. Así que el pequeño se quedó observando al caballo de carreras –ahora caballo de circo- que dormía y exhalaba, inhalando aire por su gran hocico, junto al compás rítmico de su estómago. No sabía cuántos años le quedaban de vida a la criatura, pero lo que sí sabía, es que continuaba galopando en los carriles del maltrato y la desdicha.
Lo admiró y deseó no ser el único que pudiese entenderlo.
Su concepto de la Muerte cambió, porque no era la bestia tan escalofriante que todos creían que era. Y sin darse cuenta, se fue quedando dormido entre sus divagaciones, era demasiado tarde para atenderlas a todas.
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-"Sueños y Deseos."
-"¿De qué rayos hablas, Ryou?" -preguntó su contraparte.
-"De Sueño y Deseos, es el nombre de un circo en las afueras de la ciudad, parece muy bueno –colocó un dedo en sus labios, pensativo-. Tal vez deberíamos ir…"
-"Eso es estúpido" –refunfuñó el otro.
-"Oh, vamos Bakura, no puede ser tan malo" -el yami gruñó y le miró fríamente.
Oh, oh, Bakura se estaba enojando. Y un Bakura enojado es muy peligroso, claro que Ryou apreciaba mucho a Bakura por ser Bakura.
-"Menos mal que no se parece a Tea… brrr…" –murmuró frotando sus brazos como si en realidad tuviese escalofríos.
El mayor frunció el ceño pero se quedó callado, esperando un comentario por parte de su hikari.
-"No entiendo por qué no te agradan los circos."
-"Ya te lo dije Ryou, son estúpidos y sólo te hacen gastar dinero."
-"Un poco de diversión no vendría nada mal."
El dueño de la sortija frunció el ceño y tomó el periódico que su hikari hubiese dejado en la mesa del comedor momentos atrás. Lo desdobló y comenzó a leerlo con rapidez.
-"Claro, no tienes porque enfadarte tampoco, no es bueno para la salud" –sonrió.
De pronto, no pudo parpadear ni respirar. ¿Había leído lo que creía que había leído? ¿Podía ser posible?
-"¿Bakura? ¿Qué sucede? Me estás asustando" –acotó al ver la expresión de su compañero.
-"Ryou, alístate, iremos a ese circo" –ordenó aventando el periódico a la mesa y levantándose de la misma.
-"No."
-"¿No? Ryou déjate de estupideces."
-"Es que… no puedo –balbuceó-. Hoy iba a salir con Joey y pues… lo siento 'Kura, pero podemos ir otro día si quieres" –se disculpó con una sonrisa tímida.
-"Ah, sí, el perro, lo había olvidado" –agregó rodando los ojos.
-"'Kura no le digas así, bueno, mejor me voy. Y no te preocupes, el circo no se irá" –gritó desde la puerta de entrada para después cerrarla.
El albino recordó cómo es que su hikari y el perro habían llegado a ser pareja. Había sido en Ciudad Batallas, cuando Namu o Malik o Marik, cualquiera de todas las retorcidas personalidades del moreno llevaba a su hikari consigo, porque según él, se había lastimado el brazo.
-"Aunque parte de eso sí fue culpa mía, sólo parte de eso" –se excusó recordando los hechos.
Al parecer algo en el perro había reaccionado al ver a Ryou herido. O él que sabía. Claro que, de todas las personas en el dichoso torneo, ¡tenía que ser el perro! Tan siquiera que hubiera sido Kaiba.
-"Pensándolo bien, Wheeler no es tan fastidioso."
Luego de un pequeño recordatorio, subió las escaleras y se dirigió a su habitación. Se alistó con unos jeans y camisa oscuros, y se puso un abrigo color espuma encima.
Cerró los ojos y repasó mentalmente la diminuta y singular nota en negritas que había leído en el periódico. Aquel anuncio. Demasiado para una simple casualidad.
"El dueño del circo 'Sueños y Deseos', el señor Jigoku, afirma tener en su adquisición algo simplemente magnífico e irrepetible. Las personas se han quedado boquiabiertas ante tal descubrimiento.
No por nada es dueño de uno de los circos más grandes y exitosos que viajan alrededor del país. Sus propios clientes aseguran no haber visto nunca antes nada semejante. En sus propias palabras, esto fue lo que nos dijo nuestro tan afamado personaje:
Es algo único, incomparable. ¡Nunca verán algo así en otro lado! Mitad uno, mitad otro. Una criatura nunca antes vista por los seres humanos, una criatura que es animal y humana a la vez…"
Eso bastó para remover algo en su interior.
-"Bien… veamos entonces, a la octava maravilla del mundo…" –su voz fue… determinante.
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Otoño.
Época de cambios.
Tiempo de que lo viejo muera para que lo nuevo nazca…
Las hojas de los árboles iban adquiriendo los típicos tonos amarillentos y marrones, las hojas se mecían en una juguetona danza mientras eran arrancadas y depositadas suavemente sobre los suelos y las aguas.
Entonces se dedicaban a admirar todo a su alrededor desde otro punto de vista. Uno más bajo y menos alto.
Sonreían y cerraban sus ojos con tranquilidad mientras la palidez se apoderaba de su ser entero. Y morían con la misma inocente sonrisa. Se arrugaban y crujían al ser jaladas por la corriente o por el viento, finalmente habían cumplido su parte en este mundo, y a pesar de ser pisoteadas, sabían que su existencia fue plena…
…porque ya no volverían a nacer…
Sí, otoño era la época de la muerte y la vida, tanto para hojas, como para los seres humanos.
Continuará…
Ff . net:
Clumsykitty: Porque si NO actualizo NO me dejas en paz . Jajaja, no es cierto, cómo crees. Bueno, aún no sé cómo puedes llorar con este fic, al menos en mi opinión lo leo y releo y ni una de cocodrilo; sí, ya vi tu review, gracias por eso y por todo lo demás, tú sabes, andarme soportando mis caídas. Y bueno, ahí vamos por el camino, espero no salirme y perderme, ¡saludos! :)
Amor Yaoi:
Fleir: No, lamento la confusión pero Joey no es el que tiene las patas de perro. No sabía que leyeras mis fics, ¿en serio está cambiando mi estilo? Trataré de hacerlo más entendible, ¿sí? Y bueno, sí, quizás he cambiado, pero también depende de mi estado de ánimo. Lamento que lo de Joey te desilusione, pero en este caso no le tocó el protagónico, y sí, yo sé que Joey es bueno y todo, pero en este caso es diferente al principio. Y no hay un Seto x Joey, Joey ya tiene otra pareja como habrás leído más arriba, así que ahí sí te fallé nena, de verás lo siento pero al menos en "Sacrifice" si están los dos juntos. Muchas gracias por tu review y tu tiempo, y me alegra que me cuentes tus dudas, si sigues leyendo espero que lo disfrutes. ¡Saludos!
Muchas gracias a todos por su atención, quiero recordarles que este fic en particular es reflexivo :)
Rex- Así que también va dirigido a ustedes, los lectores.
En esta ocasión, fue más reflexión, últimamente no han sido mis mejores días así que he tenido para pensar mucho.
Rex- De nueva cuenta, nos despedimos, ¡se cuidan!
¡Y gracias por leer!
Kida Luna & Rex.
