Patas de Perro
By: Kida Luna
Cap. 6: ¿Y cuándo el sol se oculte?
Dedicatoria: A mí queridísima amiga Glaring Ryu, que la extraño horrores y le deseo lo mejor en todos y cada uno de sus días, para que su sonrisa nunca se apague. No estás sola compañera, no mientras yo esté aquí. Aunque haya muchos caminos, pocos tienen verdaderos jardines.
Campaña: ¡TODOS CONTRA EL PLAGIO! Kida Luna a la Vanguardia, si se une en los próximos 50 minutos le daremos una playera, así que si ven un plagio, ¡denúncielo! El valor de un escrito del corazón viene del mismo, he ahí lo doloroso de que te lo arranquen.
La decepción de haber fallado y haber realizado tan cruento y craso error le remordía la conciencia. Le carcomía el corazón.
Dolía.
Era horrible y quiso llorar. Sólo derramó dos lágrimas. Dos lágrimas que mojaron el pelaje blanquecino de Tsuki, quien tan sólo agachó levemente sus orejas, triste por aquella criatura de gran semejanza con ella.
El niño sufría, sufrir –porque también ya lo había vivido- era pesado, triste y mataba la sonrisa en los ojos. Aniquilaba ese brillo ingenuo y cálido. Apoyó su cabeza en el cuello del niño y gimió bajito, lamentándose por él.
No era capaz de entender cómo los sueños podían crearse fácilmente y ser enjaulados de igual manera, no comprendía por qué alguien con tales dones y tan bello corazón era aplastado por todos. Cuando alguien le decía la palabra "humanidad" ella no pensaba en humano, pensaba en desdicha y odio.
Porque eso le habían demostrado.
-"No llores, no quiero que llores porque entonces yo también lo haré pequeño –gimió de nuevo, abriendo el hocico sutilmente-. ¿Por qué habrías de llorar?"
-"Soy un juego –hipó-. Soy un juego que la gente debe pagar para burlarse, su juguete… y los juguetes se rompen…"
-"No. Tú no. Eres…"
-"La atracción especial hasta que el telón caiga" –interrumpió, sollozando.
La lupina no dijo nada, ¿qué se podía decir en esos momentos? Las palabras no eran tan útiles entonces, al menos no las consoladoras.
El lenguaje universal del que el niño era venturoso de poseer no servía para nada. Falible y caduco en esos momentos.
El no uno ni lo otro se dispuso a marcharse a ver cómo estaban sus compañeros; sin embargo, una bandada de niños y muchachos mayores que él –tanto en edad, como en estatura-, lo rodearon.
-"¡Jajaja, miren, ¡un fenómeno!" –balbuceó un chico regordete con cara de estúpido.
-"¿Qué pasa, perro? ¿No sabes ladrar?" –secundó otro niño.
-"Lárguense de aquí…"
-"Oh, oh, cuidado, ¡el monstruo se va a transformar!" -exclamó el más alto y flacucho de todos, riendo.
-"Grr… ¡idiota!" –el pelirrojo se lanzó contra el niño que lo había provocado y le dio un puñetazo en la cara. Cuando le iba a dar otro, los demás lo sujetaron.
Yami forcejeó.
Con una fuerza descomunal para un niño de 12 años, se zafó y dio a zarpas y dentadas. A diestra y siniestra, atacando, entonces, el niño al que había golpeado lo alzó del cuello de su playera negra deslavada. Y le miró feo.
Con odio y con desprecio.
-"Eres un cabrón" –siseó jalando suavemente del paliacate rojo, olía a manzanas.
-"………"
Yami tembló ligeramente y quiso alejar de un manotazo aquel toque indeseado de su pañuelo. El niño abusivo sonrió al darse cuenta donde estaba puesta la vista de su diversión; estrujó la puntita del pañuelo entre sus dedos y le murmuró:
-"Creo que esto va más conmigo que contigo."
¡GRRRUUAAARR!
Con un gruñido feroz y temible, Tsuki mostró sus colmillos, gruñendo amenazadoramente a la par que sus dientes tiritaban un poco. El 'fenómeno' cayó al suelo de sentón. Todos los niños salieron corriendo, todos excepto el que había sostenido al objeto de sus burlas.
¡SLAP!
-"¡¿Qué está pasando aquí?!" –la pregunta seguida del azote a la arena.
El tricolor no sabía de dónde había salido el peliplateado, pero presentía que aquello no era bueno. Jigoku observó al niño flaco como una aguja y se sorprendió de la palidez de su rostro; rápidamente asumió que todo era culpa del desastre de animal que tenía por personaje principal.
El hombre le gritó unas cosas al flaco con ira y este último salió corriendo, recobrando la noción del tiempo y la fuerza de sus piernas.
-"¿Qué demonios pretendías hacer? ¿Asustar al público?" –musitó cargado de veneno.
Yami negó tímidamente.
-"Sabes que no toleraré semejante estupideces" –espetó halándolo del brazo para levantarlo del suelo.
Esta vez, Yami asintió.
Se mordió los labios. Tsuki no despegó los ojos de ambos, arrepentida de haber hecho tanto escándalo.
" – " – "
-"………"
-"Te dije que odiaba esas cosas."
-"Fue horrible."
El mayor metió las manos en su chaqueta canela y frotó entre sus dedos la pequeña hoja que había recogido hace tiempo. Nunca le había comentado nada a Malik ni a sus amigos, simplemente no sabía qué decir.
-"Me dio lástima el caballo" –comentó su hikari.
-"Deberían clausurar ese circo, es tan…" –dijo al aire con una mueca de disgusto.
-"Marik" –llamó su hikari.
El aludido se detuvo y viró para atrás, quedando frente a frente ambos morenos. Malik suspiró con pesadez y levantó la mirada con unos ojos llenos de compasión y tristeza mezclada.
-"Lo viste."
-"………" –Marik no dijo nada, pero su mirada seguía seria.
-"Sí, yo también lo vi –resopló observando el cielo oscuro con sus huéspedes grises allí arriba, las cuales siempre habían estado presentes durante esos tres meses-. Me refiero a Patas de Perro" –susurró, aunque sabía que eso era innecesario.
Marik sabía de qué hablaba.
-"Vamos a casa de Ryou" –mencionó el más alto y ambos continuaron caminando a través de las frías calles.
Pronto se dieron cuenta que de "Sueño y Deseos", sólo el nombre era lo único que tenía el circo. Alguien se devoraba las ilusiones de todos a su alrededor, como si fuese un agujero negro.
Y los agujeros negros eran impredecibles.
" – " – "
Se mantuvo rígido, con el dolor recorriéndole sus manos felpudas. Abrió un ojo para atisbar algo y lo cerró casi al instante, temeroso. Un diminuto gruñido se oía por parte de la lucana, parada en sus cuatro patas, con una quietud que parecía punzarle en el alma.
¡SLAP!
Jigoku alzó el látigo por tercera vez y este dio contra el pelaje enmarañado de las manos manchadas de sangre seca y de sangre fresca; Yami tembló un poco, de nuevo, reaccionando al golpe.
Pese al dolor, mantuvo ambas patas levantadas al frente, sin abrir los ojos en cada estocada. Los gruñidos de Tsuki se intensificaron un poco más.
-"No, no lo hagas… estoy bien…" –expresó en un imperceptible gemido a los oídos del ojos pardos.
-"Se ha pasado del límite, ¡tus manos están llenas de sangre! ¡Eso no es estar bien!" –gimió bajito y con ojos desesperados.
¡¡¡SLAP!!!
La fusta dio contra el pequeño niño, lanzándolo contra la pared, para después enrollarse con elegancia en manos de su dueño.
El animal ladró, sin soportar más castigos ni más tiempo, y se lanzó sobre el peliplateado; mordió la fusta, la hizo a un lado y clavó sus finos colmillos en la carne fresca. El pardos gritó. Al instante dos hombres fornidos se acercaron prestamente y tomaron de forma brusca a la loba por el vientre y por el cuello.
-"¡Mandita loba! Grr, ya me harté de ti…" –chasqueó los dedos y aquellos hombres le colocaron cadenas largas, grandes y pesadas a la lupina. Tenía grilletes en el cuello y en las patas.
Jigoku caminó hacia el otro lado de la pista central, se detuvo enfrente de una jaula enorme –que aún no había sido retirada- y sonrió con perversidad. Se viró hacia sus colegas y liberó una sentencia de sus labios.
-"Enciérrenla."
Pero tan sencilla palabra no acababa ahí. Los hombres se miraron, dudando. No obstante, su jefe era muy intimidante y no querían meterse en problemas con él; se compadecieron de la criatura y con lástima, la cargaron hacia el lugar indicado.
--"No, no, Jigoku-san (1), ¡por favor!" –chilló aferrándose de la gabardina verde oscuro de su verdugo y sollozó, ganándose un manotazo de parte del mayor.
-"Da gracias, monstruo, que por ser mi atracción principal no te pasará lo mismo" –increpó con desprecio ante las quebradizas órbitas del cachorro.
El chirrido de metal se auscultó al ser abierta la jaula, arrojaron a la criatura al interior con prisa, el mismo chirrido volvió a escucharse. La jaula estaba cerrada. Por desgracia, Tsuki no era la única criatura allí dentro.
¡GRROOAAARRR! ¡GRROOAAARRR! ¡GRROOAAARRR!
Tres rugidos emanaron de la celda: poderosos, intimidantes y hambrientos. Una pata canela se asomó saliendo de la oscuridad, seguida de otras dos sombras que apenas y se perfilaban entre la espesa negrura. Sólo un trío de ojos con escalofriantes centellas resaltaban por encima de todo lo demás.
Al final, las tres imponentes melenas ondearon al compás de los pasos felinos…
" – " – "
-"Buenas noches…"
-"A un lado perro, estorbas la entrada" –se burló el moreno.
-"¡OYE! Encima que vengo a abrirte la puerta, ¡condenado egipcio desgraciado del…!"
-"Hola Joey" –saludó gentilmente el otro moreno.
-"¿Ah? Hola Malik –sonrió-. Tu yami es un…"
Las palabras quedaron detenidas ante las risitas de Ryou y Malik, este último se dirigió hasta su contraparte y lo regañó por tratar –siempre- de esa manera al pobre rubio. Marik tan sólo se encogió de hombros.
Cada pareja tomó asiento en la salita del albino, separados por la bajita mesa de cristal. Nadie dijo nada, como si todos se hubieran puesto de acuerdo en guardar un silencio acogedor; sabían, por las expresivas pupilas, que se trataba de algo importante.
-"Vimos al niño con patas de perro."
Ryou parpadeó sorprendido y se hizo hacia delante en el sofá rojo oscuro, corroborando lo que había escuchado en las facciones de ambos morenos. El ojimiel cayó en la cuenta de adónde iba la cosa y puso atención.
-"¿Dónde?" –la lacónica pregunta del peliblanco.
-"En el circo."
Ryou ató cabos rápidamente y se cuestionó si era el mismo circo al que Bakura había salido en la tarde. Después de todo, el ladrón aún no regresaba a casa.
-"¿Cómo se llamaba el circo, Malik?"
Todos se extrañaron ante la pregunta, empero, nadie interrumpió la duda expresada por el de ojos chocolate.
-"Sueños y Deseos."
-"Lo supuse" –suspiró resignado, hundiéndose en el sillón.
Las miradas inquisidoras no se hicieron esperar y el viento golpeó furioso las ventanas. El peliblanco tomó aire y eligió bien sus palabras, de modo que tanto él como los demás pudieran comprender la verdadera razón de un ladrón discreto y encerrado cual rosa en un jardín.
-"Bakura fue a buscarlo."
-"¡¿Qué?!" –fue el grito de Joseph.
-"¿Por qué?"
-"Marik, él que me parezca a Bakura no dice que soy el mismo –contestó suavemente-. Así que te pediré que no me preguntes cosas que no sé."
" – " – "
Las orejas se alertaron y el olfato se activó al instante. El vaho saliendo de las redondeadas narices, el olor a carne putrefacta y el peso de las patas rascando el suelo de paja.
Y esos ojos asesinos donde su imagen se reflejaba.
Un escalofrío la cubrió por completo y rápidamente envió descargas de electricidad, de alerta. Demasiada tensión. Demasiados límites. Demasiadas muertes…
Y tan poca luz en la inmensa sombra de la vida.
Uno de los leones trotó a la esquina opuesta, saltando sutilmente, rugiendo y revelando tan deformes y puntiagudos filamentos ambarinos. Sin perder tiempo, la loba caminó hacia el centro, alejándose de él.
En perfecta estrategia de asesinos en carne, los tres felinos le rodearon. La mirada gatuna parecía hipnotizar sus bellísimas irises moradas hasta el punto en que daba la impresión de estar seducida por tan primorosas y engatusantes pupilas, que la hacían mover tenuemente la cabeza a los lados, sin dejar de contemplarlos ni un sólo minuto. Seguía rodeada, pero los felinos se rehusaban a mantenerse en un único lugar, era el círculo danzante del ritual de la muerte.
-"¡DESPIERTA!"
Su corazón se sobresaltó ante semejante ladrido y entonces, desvió la vista sin perder tiempo y recuperó la conciencia. Aún así, era tarde.
¡GRROOAAARRR!
¡AUUUUUUU!
Las imponentes garras la aventaron al suelo. Sintió el aliento de aquel cuerpo pesado sobre sí misma y el ardor quemante del zarpazo recibido. La criatura canela levantó su pata, ensanchando sus garfios, pero un coletazo blanco le hizo fallar en su blanco, dando un bramido de furia.
Tsuki se incorporó con rapidez y corrió. Viró y uno de los leones tomó un extremo de la cadena y se azotó con todo contra los barrotes. La cánida soltó un chillido al sentir el impulso brutal aplicado en su cuello y dar contra las ásperas varillas de metal.
De repente, el tercer león que era de piel oscura y melena negra, se lanzó en el aire con un gruñido aterrador, extendiendo garras y abriendo mandíbulas.
-"¡LEVÁNTATE!"
¡Levántate!
¡GRRRAAAUUU!
"¿Qué hacemos con los lobatos?"
"Son muy pequeños, no me sirven ni para un abrigo. Caballeros, ya saben qué hacer."
"¡Atrápenlos que no escapen!"
¡BANG! ¡BANG!
Las pupilas violetas se abrieron desmesuradamente, y agachándose, esquivó al sicario oscuro. Después, jadeó agitada y su corazón se hizo chiquito al reconocer tan simple palabra como la más apocalíptica reminiscencia.
¡Levántate!
La diferencia radicaba en que ella sí lo había hecho. Cuántas sensaciones podían transmitir un millón de imágenes por segundo…
Su instinto le hizo levantar las facciones bañadas en nieve y descubrió al fin de dónde provenían aquellos rezagados y pobres gimoteos. El pequeño sollozaba como un cachorro y se asía a la tormenta encerrada en tan espaciosa y dolorosa cajita de metal.
Era insoportable, no obstante, no permitiría perder a otro de sus cachorros, no sin antes luchar por protegerlo. Se rehusaba a abandonarlo. Perder no era una opción, aunque tal vez la muerte tatuada con su nombre, sí.
-"¡NO!"
Un ruido sordo seguido de unos mortales aullidos, producto de la carne al ser contactada y atravesada por los colmillos. Había sido noqueada por el león oscuro, el más grande y atroz de los tres, y una vez en el suelo, su cazador no esperó momento.
Lanzó un aullido terrible la prístina lupina y movió sus cuatro patas intentando quitárselo de encima, mas el león era más fuerte. El felino sobrepasaba en gran medida a la cánida, ¡quien oyera hablar de felinos humillando a cánidos! Aún así, Anubis no parecía estar de su lado, y ella no sabía si el Dios Chacal se preocuparía un poco por su hija.
-"Tú, niño, ¡largo de aquí!" –le habló con desdeña al infante lloroso. Su rostro se contrarió al verle arrebatarle las llaves oxidadas y abrir el cerrojo de la jaula para introducirse en ella.
-"¡No! ¡Déjala! ¡Déjala, te digo!" –rugía en una especie de sonido sólo audible para los animales, como suspiros que se lleva el viento.
Se aferró a la espalda del león, entonces, los otros felinos llegaron y uno de ellos lo apartó de un golpe con su pata delantera. Cayó bruscamente sobre la tersa paja y se acarició la mejilla amoratada; sus ópalos amatistas temblaron al vislumbrar alzarse sobre sí, imponentes, a los duales reyes de la selva.
¡Magnánimos los reyes de la selva! ¿Tan magnánimos como para aplaudirles por tal acto? Mas eran animales, y los animales necesitan… comer…
¡GROAAARR!
La loba blanca mordió el cuello del mercenario de la noche, liberándose de él, de nuevo, y se interpuso con premura ante su aliado y sus enemigos.
-"Vete" –su costado derecho sangraba y la sangre teñía de rojo los pedacitos de hojarascas doradas bajo sus hermosas patas blancas.
-"Vas a morir, Tsuki-chan (2) debe quedarse conmigo, ella no morir…" –lloriqueó.
"He dicho, ¡vete!" –ladró con frialdad, y el niño, tan sólo agachó la cabeza.
-"Por favor… yo sólo… ¡deténganse!"
Las palabras murieron en su boca al verla arremetida por el titánico gato lóbrego; Yami se lanzó otra vez al lomo de éste y clavó garras y colmillos de leche a tan hosco animal, sintiendo el lomo gatuno bajarse más y a sus colmillos causar más fricción. Más profundo.
Y la carne roja relució entre tan fino pelaje prístino, la antigua herida fue sacudida por el hambre de la bestia una vez más.
En aquel momento, el cachorrillo patas de perro intentó morderle el cuello, mientras la cola de crines pardas se movía tambaleante, apaleándole, tratando de hacerle caer.
La bestia soltó a su presa, chasqueando sus mandíbulas, relamiéndose y saboreando el deleitable gusto metálico que aquel líquido rojizo hechizaba a sus paladares. La lobezna se paró apenas leves centímetros de las hebras leonadas, semiarrastrándose, cuando una tercera estocada le dio justo en el lomo.
La sangre manchó el rostro y las ropas del híbrido, quien cerró sus orbes ante la visión rojiza y ahogó ruidosos llantos en la piel de su adversario. Enterrando más sus diminutos dientecillos.
Dios… dolía tanto…
De repente, un súbito sobresalto y se dio cuenta de que su protectora, aún en el suelo, se asía de cuchilladas a una de las patas del león. Sus ojos empapados de niño le buscaron y aquellos púrpura le sonrieron con tristeza.
-"No se suponía que fuera así…" –le decía entre el silencio del tiempo congelado, segundos regalados que lo decían todo y apuñalaban al instante después. Matando al alma. Destruyendo cual tormenta todo a su paso.
El tricolor no entendió sus palabras hasta que percibió que era brutalmente jalado de sus ropas y tenía frente a sí al causante de tan mortales heridas. De cuerpo y alma.
La cara malévola de su demonio personal, la de ese ser que le inflingía tanta pena y tanto dolor.
Un paso o dos, podían destruir lo más preciado para alguien. Sí, era cierto que, las chiquitas y valiosas cosas de la vida venían envueltas en envases pequeños; y aún así, habían envases que no debiendo ser destapados, lo eran, y la locura y destrucción que alguna vez liberase Pandora sobre nuestro mundo, volvía a ser resucitada.
¡GRROOAAARRR! ¡GRROOAAARRR! ¡GRROOAAARRR!
Los tres reyes cubrieron su banquete entre rugidos y colas oscilantes.
-"Maldito niño, sólo porque te necesito para hacer dinero no estás muerto. Deberías de agradecérmelo" –refunfuñó, arrastrándolo fuera de las carpas de colores.
Pero antes de salir, Patas de Perro pensó que sería bueno mirar aquellos cálidos ojos por última vez.
"Me había prometido sacarte de esta jaula, y ahora moriré en ella…" –los melancólicos orbes le observaban, escondidas y apenas visibles entre las patas claras y obscuras, en tan raro contraste y sangriento fondo.
-"........."
-"Me queda el consuelo de que tal vez pueda reunirme con ellos."
-"Voy a extrañarte…"
-"Lo sé, yo también te extrañaré mucho. Gracias por no dejarme morir antes de tiempo."
-"No sé que decir y el tiempo se me acaba."
-"Adiós."
-"Adiós."
Continuará…
(1) Jigoku-san: Señor Jigoku. Usado como un sufijo de respeto.
(2) Tsuki-chan: Lunita. Usando como un diminutivo.
Clumsykitty: Pues sí he tardado, excusas tendré muchas pero no tengo ganas de hacer el cuento. ¿Angustiantes? ¡Culpa de Pandora! XD Espérate, lo de devil ¿es a mí? Pues no, mis manos siguen igual X3 Me da risa porque te estoy contestando mientras chateamos XD ¡Gracias por el comentario! ¡Woof!
Ryu: Se cortó el review, pero no importa Ryu-chan, de verás. Yo sé que estás muy ocupada y además este es un regalo para ti, no una obligación. Me basta con saberte bien, espero que estés descansando cómo se debe; ¿te digo algo? Extraño los viejos tiempos, cuando íbamos creciendo las dos juntas. Me alegra saber de ti, a ver cuándo me tocas una canción de guitarra, ¿eh? Cuídate mucho, no te olvides de tu guerrera y cosa rara que también te manda saludos. Besos, ¡mua! ¡Tú puedes Ryu!
Bueno, me tardé un diluvio.
Rex- Mejor no lo pude haber dicho yo.
Mil perdones y aquí esta el siguiente capítulo, y em, si el fic lo sienten triste, es que así es la temática, por ahora.
Rex- ¡Saludos!
Kida Luna & Rex.
