Patas de Perro
By: Kida Luna
Cap. 7: Las estrellas saldrán…
Dedicatoria: Para Glaring Ryu, porque no importa qué tan viejo y gastado esté el puente de la vida, crúzalo una y otra vez, y si se llega a caer en algún momento: Yo estaré ahí con una paleta para reconstruir en la mano, y la alegría de ayudarte a levantarlo en la otra.
Campaña: Di NO al plagio. Di SÍ a la libertad de expresión. Gracias. El valor de un escrito del corazón viene del mismo, he ahí lo doloroso de que te lo arranquen.
Pero antes de salir, Patas de Perro pensó que sería bueno mirar aquellos cálidos ojos por última vez.
"Me había prometido sacarte de esta jaula, y ahora moriré en ella…" –los melancólicos orbes le observaban, escondidas y apenas visibles entre las patas claras y obscuras, en tan raro contraste y sangriento fondo.
-"........."
-"Me queda el consuelo de que tal vez pueda reunirme con ellos."
-"Voy a extrañarte…"
-"Lo sé, yo también te extrañaré mucho. Gracias por no dejarme morir antes de tiempo."
-"No sé que decir y el tiempo se me acaba."
-"Adiós."
-"Adiós."
Nunca se había sentido tan feo una despedida…
Lo primero que pasó por su cabeza fue la desesperación, una desesperación capaz de congelar sus sentidos: Se había quedado solo.
Solo en un gigantesco circo de muerte.
Kuroki estaba herido, Duke abatido y su querida amiga probablemente se hallaba muerta. Muerta…
Jigoku le arrastró fuera de la carpa y le encerró en una vieja jaula a modo de carro, a la intemperie; el hombre le miró con desdeña y escupió su rostro, burlonamente, después acomodó su abrigo y se alejó con lentitud.
Patas de perro tan sólo agachó la cabeza y empezó a llorar con un dolor que había cargado durantes sus 12 lozanos años. Todo a su alrededor se hallaba impregnado con el olor a muerte, o es que así debía de ser; las lágrimas empaparon sus ojos vino y los sollozos apagados salieron de su boquita, ese amargo sabor a sangre no se había ido. Nunca se había ido.
Temblaba.
¡CRASH!
Un trueno explotó y rápidamente la lluvia se desató sin piedad. El pobre techo agujereado no protegió al canito y la poca paja en la superficie de la jaula no ayudaba demasiado a proporcionar calor.
Tenía miedo.
Le asustaban las tormentas.
Le aterraba el circo.
Vio su reflejo en los nimios charcos que se fueron formando en el interior de la tétrica caja de metal, pero todo lo veía de color rojo.
Color sangre: El único color que tiene vida.
Tomó rabiosamente el agua entre sus patas y se la arrojó al rostro, sin dejar de llorar, porque quería borrar cualquier rastro de muerte con restregones fuertes e inservibles. Con impotencias. Con manos tan laceradas y que ardían al contacto del fluido… ardían…
Su propia imagen le inspiraba temor.
No pudo limpiarse por completo.
Y quiso gritar de frustración, sin embargo, fue cuestión de minutos para que se quedara plenamente quieto, vacío, con la mirada en la nada.
Pero, ¿qué era la nada?
¿Acaso existía? ¿Qué no el mismo nombre decía que era "nada"? Y aún así, ¿por qué? ¿Por qué dolía tanto?
¡BANG!
Un relámpago alumbró el lugar y Yami Mutou ya no prestó atención al disparo proveniente del interior de la carpa del circo.
-"¡¿Qué fue eso?!" -exclamó el dueño de la atracción del pueblo corriendo de regreso, sus pasos chapoteando entre el fango de la tierra.
" – " – "
El disparó le zumbó en sus oídos y sostuvo entre sus manos, con una desgarradora fuerza, al dragón de fierro que había disparado momentos atrás. Dos bolas de fuego sin licencia a matar.
Apretó los ojos y ahogó los sollozos. Oh, las consecuencias de sus actos…
Con ojos llorosos atisbó a su jefe acercársele con una expresión de enfado. El pelinegro cayó de rodillas, sosteniéndose la cabeza. Esperaba que Yami le perdonara por lo que había hecho.
Asesino.
¿Lo llamaría así? ¿Lo odiaría? No… él no era un asesino… no un asesino de sueños…
-"Yo…" –tragó saliva y el nudo en su garganta le impidió hablar.
…le maté…
El de ojos pardos y esmeraldas miró la jaula con cuidado: Los leones comían retazos de carne roja y por todas partes colgaba el brillante pelaje blanco manchado con puntos rojos.
-"Mataste a la loba –soltó fríamente-, ya era hora de que hicieras algo útil, un animal como ese se reemplaza fácilmente" –añadió con soberbia.
Mas para el cuidador, una vida no podía suplir a otra.
-"¿Qué le voy a decir al híbrido?" –susurró ahogado en llanto.
-"La verdad, ¡será algo bueno para reírse en su cara!" –soltó con media sonrisa.
Jigoku salió indiferente de allí, sin voltear a ver al cánido enjaulado, y se perdió entre la oscuridad de la noche.
" – " – "
-"Tsuki" –zumbó el nombre en su mente.
Sus enormes ópalos esmeraldas se abrieron ante la oscuridad de la bodega mientras a lo lejos escuchó el rugir de los leones. Se levantó como pudo, relinchando de dolor y caminó muy despacio hacia la puerta rojiza.
El olor a roble viejo inundó su olfato.
Los cascos de sus patas tenían raspones y el más leve contacto con el piso le escocía. Cuando llegó a su objetivo, Kuroki Kaze miró a través del rabillo de la puerta y lo que vio, fue terrible para su corazón.
A lo lejos, su cuidador se mantenía de rodillas sosteniendo una escopeta entre sus brazos, más allá podía vislumbrar a los grandes felinos pelear por la comida.
Un relincho de sorpresa salió de su hocico al ver el pelaje blanco hecho jirones. Se alejó de la puerta y negó dando fuertes resoplidos. Cerró los ojos y las lágrimas salinas resbalaron por sus oscuras mejillas equinas.
-"En paz descanses" –sollozó.
" – " – "
"Sueños y Deseos…"
Debía llegar cuanto antes.
"Mitad humana…"
Tenía que, tenía que, su alma lo gritaba: ¡Se acaba el tiempo! ¡Se acaba el tiempo!
-"Lo veo –jadeó, deteniéndose sobre una colina-, el circo…" –musitó inaudiblemente, sintiendo el aire frío calarle la piel.
Corrió lo más rápido que sus fuerzas restantes le permitían y finalmente lo encontró allí. Encerrado en una jaula sucia y con su alma atada al espectacular pandemónium.
Algo estaba mal.
Se detuvo a unos cuantos pasos del lugar, espantado e intentando recuperar el aliento perdido en toda su carrera. Se sostuvo de golpe de los barrotes y no supo exactamente qué le dijo, pero comenzó a gritarle lleno de preocupación.
Estaba en frenesí, el pequeño estaba bañado en sangre; pronto empezó a calmarse y notó el silencio del otro, profundo y lastimero.
Como un auxilio que no tiene voz.
-"¿Qué pasa?"
-"………"
La sangre, por lo menos no la mayoría, era suya. Eso tranquilizó un poco al albino, intentó forzar la jaula pero fue en vano, maldijo por lo bajo y se alejó unos pasos, buscando algo.
¿Qué podía estar pasando en la mente de Yami?
Parecía congelado por fuera y por dentro. Un remolino de emociones que remontan a un origen tan tormentoso. Él odiaba recordar…
…porque dolía tanto…
- - - -
"¡Miren! ¡Miren chicos, un fenómeno!"
"¿Y puede ladrar?"
"¡No tiene manos, no tiene manos!"
"¿Ladrar? ¿Yo?"
"¿Eres un monstruo? ¡Monstruo, monstruo, monstruo!"
"¡Sí, eso es! ¡Amigo, ¡pero qué vergüenza! Qué feo…"
"¿Qué es un monstruo?"
- - - -
"¿Sucede algo malo?"
"Mamá, ¿por qué no tengo manos?"
"No las necesitas cariño, eres especial."
"¿Soy un monstruo?"
"…Yami…"
"¿Qué es eso mamá?"
- - - -
"Nadie te puede hacer sentir menos, sin que tú se los permitas."
"¿Ni siquiera mi padre?"
"Ni siquiera yo que soy tu madre. Sólo tú, jamás lo olvides."
- - - -
"No puedo… quiero llorar…"
- - - -
-"¡REACCIONA!" –soltó frustrado el albino, con un terrible azote a la jaula.
Gruñó, maldijo, quería llorar. ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Ni siquiera lo conocía, por qué demonios iba a llorar por un chiquillo al que no conocía!
Rayos, se estaba ablandando demasiado.
-"Te sacaré de aquí" –espetó seguro.
Tomó una fría piedra manchada de lodo y comenzó a golpetear con fuerza el candado. Pasaron 10 minutos en los que las manos pálidas se dañaron con raspones y heridas, y entonces, el dispositivo cedió cayendo a trancazos al suelo húmedo.
-"Toma mi mano… -silencio-… ¡toma mi mano, vamos! –al no obtener respuesta, su rostro se contorsionó en angustia- Por favor, sólo tómala, ¡¿no entiendes que quiero ayudarte?!"
Mordió sus labios mientras sus ojos suplicaban callados, ¿por qué no quería irse? No podía ser demasiado tarde, no podía haber llegado tan tarde. ¡No! ¡No!
El niño alzó el rostro que se había mantenido caído todo ese tiempo y sus ojos, con la nada atemorizante ocupando cada rincón de ellos, le enfocaron indistintamente, sin vida.
Pasó su dedo índice por la herida de su brazo izquierdo y bajando la vista, escribió lentamente con su propia sangre su nombre:
M O N S T R U O
- - - -
"Y Monstruo será tu nombre…"
"Papá, ¿por qué?"
"¡Kyoku! ¡Aléjate de él!"
- - - -
¡CRASH!
El ladrón negó frenéticamente con la cabeza mientras un relámpago alumbraba fugaz la estancia, lo contempló consternado. ¿Qué hacer?
-"No, no eres un monstruo. ¡Yo estaba equivocado! ¡NO LO ERES!
- - - -
-"Estúpido animal, ¡fíjate en lo que haces!" –levantó una gran piedra y la arrojó.
-"¡Bakura!"
¡Wraaau!
Cayó al piso, sujetándose su ojo izquierdo.
-"No eres más que un maldito monstruo…" –refunfuñó lo suficientemente alto para que le escuchase.
- - -
Los ojos amatistas se entrecerraron y pronto el odio se apoderó de ellos. Esas gemas hermosas se destrozaron ferozmente.
"…vete…" –siseó en una mezcla de frialdad y tristeza, pero sonando firme.
"No" –contestó rotundo.
-"Vete, vete. ¡Vete! ¡Comprende de una maldita vez! ¡Este es el circo y yo soy su maldita atracción principal, ACÉPTALO PORQUE YO YA LO HICE! ¡LARGO!"
-"¡NUNCA! ¡No eres una simple marioneta, demonios!"
-"¡¿Qué sabes tú que me arrojaste piedras?!"
El ambiente se tensó y Bakura no supo qué contestar. Era verdad, él lo había lastimado, el pequeño estaba bien si lo odiaba. El peliblanco sintió algo hundirse en su pecho, algo demasiado pesado.
Cuando vio al pelirrojo, vio a un niño con un enorme llanto y coraje contenidos. Por qué las personas no podían dejar de lastimar…
-"Sé que eres diferente, eso te hace especial…"
-"¿Por qué? ¿Por qué todos me engañan con eso? –sollozó- ¿Qué es lo que quieren de mí? ¡¿Qué quieres?! Por favor vete, márchate, por favor…"
-"Hasta que la luz venga y mi sombra no sea más que una mancha por desaparecer, hasta entonces, no me verás más."
-"No lo entiendes –susurró-, estoy tan… cansado…"
Fue el murmullo de sus últimas palabras antes de caer agotado sobre la rígida superficie de metal frío y con escasa paja. Un trueno pareció enmudecer todos los sonidos de la noche por unos cuantos segundos; después, la tormenta se intensificó, trayendo consigo tremendos vendavales que vapuleaban los árboles sin piedad.
Bakura se quitó el abrigo blanco que traía encima y con sumo cuidado, lo colocó alrededor de patas de perro. Lo sacó de aquella jaula podrida y lo cargó entre sus brazos.
Lo sintió temblar, y no supo definir si era por el frío o por todas las cosas malas que le habían sucedido.
Levantó la vista hacia el circo y con una última mirada de pesadumbre, dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso a casa. Cubrió al híbrido de la lluvia lo más que le fuera posible y pensó, si estaba haciendo lo correcto.
Por qué las personas no podían dejar de lastimar…
…porque no podían evitarlo, y previendo eso, todos los seres humanos nacimos también con el poder de curar…
-"Perdón."
Musitó el albino arrepentido.
-"Perdón, no te mereces esta pena."
" – " – "
-"Tranquilízate, no has despegado la vista de la ventana desde que llegamos."
-"Lo sé Joey, es que aún no sé nada de Bakura y ya pasaron muchas horas. Ya anocheció y la lluvia sólo empeora" –respondió afligido.
-"Es cierto, pero ten fe, sabes que estamos hablando de Bakura, es duro de roer, Ryou" –sonrió.
-"Gracias."
-"Ahí viene, y no viene solo…"
Ante las palabras de Marik, todos se pararon al instante y se dirigieron hacia donde él estaba, echando un vistazo por la ventana. Y en efecto, la figura del ladrón se abría paso entre la lluvia y la oscuridad.
La figura del ladrón Bakura y su valioso robo: un pequeño niño con patas de perro.
Continuará…
Eso de "continuará", presiento que me hará ganarme la guillotina por tanto tiempo perdido. Lamento las molestias a las personitas que leían la historia, ya sé que soy muy impuntual.
Clumsykitty: A ti ni te miro porque no te esperaste, ibas a darle el ojo al pre-estreno XD Y sí, ya releyéndolo me di cuenta que sí está triste; la cosa mejorará ahora, mas ahora no es un siempre ;)
Randa1: Si tú querías matarme si escribía, no quiero pensar ahora que no escribo que harás. Rex anda cansado y él no hace nada sin antes consultarme Randita :)
Yuni: Dios mío, Año nuevo y Navidad, ¡sí que me tomé mi tempo! Cierto, me debes el concierto tanto como yo debo terminar esta historia, cielos. Gracias Yuni, por siempre andar leyéndome :)
Capítulo nuevo y bueno, no olviden sonreír criaturas, que aún a la persona más triste le agrada que le dediquen una sonrisa :)
Rex les manda saludos a todos.
¡Nos vemos!
Kida Luna.
