Patas de Perro
By: Kida Luna
Cap. 9: Cuéntame, ¿a qué sabe la felicidad?
Dedicatoria: A Glaring Ryu, que por si algún día tienes dudas y temores, no olvides que siempre habrá respuestas y fuerzas para hacerles frente. Y cuando consigas vencerlos, recuerda todo lo que te han enseñado, y sé feliz con ello.
Campaña: Di NO al plagio. Di SÍ a la libertad de expresión. Gracias. El valor de un escrito del corazón viene del mismo, he ahí lo doloroso de que te lo arranquen.
Era medianoche y aún no había podido conciliar el sueño. Sus ojos perseguían el juego de sombras que se retorcía en las paredes oscuras y blancas, sus oídos auscultaban el arrullante y pacífico sonido de la lluvia al caer.
Y a pesar de todo, no tenía frío.
Había una soledad extraña en el ambiente, una que pensó no volvería a sentir jamás. Ese sentimiento de que no hay nadie más contigo en el pequeño e insignificante espacio donde te encuentras, y sin embargo, es una soledad que te invita a reflexionar sobre tantas cosas.
Un silencio que todos necesitamos más de una vez en la vida. Porque es en esos momentos, cuando tu mente y tu corazón se fusionan en uno solo, que uno es capaz de descubrir una verdad oculta y maravillosa.
Sea para bien, sea para mal.
Pero por un breve segundo, es como si todo cobrara sentido a pesar de que no puedes comprenderlo por completo. Porque de alguna forma, sabes que nada malo puede pasarte.
Tienes todo el tiempo para sentirte seguro, sólo por un breve segundo. Y sabes que eso es más que suficiente.
-"¿Por qué?" –susurró elevando su pata derecha.
Un relámpago alumbró la sala, patas de perro ni siquiera se mosqueó, permaneciendo acostado en el sillón con una manta encima. Admirando su propia garra.
Después la bajó y volteó hacia la derecha, observando un platón redondo sobre el taburete. Estaba lleno de agua y suavizante, y en una de las esquinas podía vislumbrar una de las puntas rojas de su paliacate.
Yami no entendía por qué se molestaban en hacer todo eso por él.
Sin embargo, le agradaba que le prestasen atención, así que dando media vuelta se acomodó y apretó la manta entre sus patitas. Era hora de descansar.
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-"Lo siento…"
-"Yo también."
Los ojos tristes y esmeraldas se tropezaron con otros de igual color, totalmente devastados. Se levantó a duras penas y entre la protección de las sombras, Kuroki chocó suavemente su frente con la de la persona que todo ese tiempo había cuidado de él y de sus compañeros.
Duke sujetó su gran hocico y lloró, su cuerpo temblando mientras los gentiles relinchos del caballo intentaban calmarle. Se separó y volteó a su alrededor.
Los perros le miraban acongojados, asomando sus caritas uno sobre otro por entre los barrotes de las jaulas. Las panteras y los tigres se mantenían agazapados en el suelo.
Las llamas contemplándolo con pena. Algunas hienas soltando unas risas muertas, revolviéndose en su paja seca y dura, como perdidas.
Y una jaula vacía al fondo, con la rejilla abierta y oxidada. Vacía.
Duke bajó la mirada al suelo y acarició por última vez al equino. Tomó su abrigo de un perchero que había allí y salió; tragó fuerte y cerró los ojos, caminando hacia el carrito de afuera de la gran carpa de colores.
Y cuando los abrió, Duke cayó de rodillas sobre el lodo, la garganta doliéndole y el corazón quebrándosele en mil pedazos, como cuando enorme piedra rompe un cristal.
¡CRASH!
El relámpago alumbró por completo el carrito desocupado, la puertecilla chirriando hacia delante y hacia atrás, siendo jugueteada por el hosco viento. El viejo candado roto y hundiéndose entre un pequeño riachuelo sucio que la lluvia había formado.
Y allí, mojándose por la tormenta, Duke descubrió que había perdido a su amigo patas de perro.
Sollozó.
Porque tal vez, el niño no había podido soportar más…
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-"¿Cómo te sientes?"
Abrió los párpados con pereza, intentando enfocar a la persona enfrente suyo. La imagen desconocida de un niño de alborotados cabellos negros y ojos grises lo asustó demasiado, haciéndolo caerse del sillón.
-"¡Estás bien!"
Sacudió la cabeza, la manta con la que había dormido descansando sobre sus patas.
-"Mokuba, ¡ven acá! No seas impertinente."
-"No trataba de serlo, hermano" –suspiró ante el regaño.
El niño se alejó hasta donde el más alto estaba. Cuando Yami lo miró, se hizo para atrás, poniendo por instinto una 'mano' en su cara, para protegerse. El castaño rió un poco.
-"Creo que sí me recuerdas."
-"¡Seto! –le golpeó amistosamente el menor- ¡Lo estás asustando!"
Y corrió al lado del híbrido, agachándose a su lado y dándole un efusivo abrazo.
-"¡Hola! –saludó alegre, separándose- Mi nombre es Mokuba Kaiba, y ese de allá es mi hermano. No te preocupes, luce feroz y gruñón."
-"¡Mokuba!"
-"Pero no te hará nada, jajaja. ¡Yo estoy para defenderte!" –se golpeó el pecho con satisfacción.
Seto Kaiba pasó una mano por su frente, apartando su flequillo y suspirando en resignación. Acercándose a ambos, Kaiba también se sentó en el suelo, poniéndose a su nivel.
Entonces, extendió una mano.
-"Lamento lo ocurrido –dijo con mirada seria, su voz sonando sincera-. Todos podemos equivocarnos, ¿cierto?"
Patas de perro alzó el ceño, desconfiado, pero animado por los suaves empujones y alegres palabras de Mokuba, aceptó el gesto. Kaiba le sonrió, muy a su manera, cortés y sin perder nunca la formalidad.
-"Bien, me alegra ver que estemos en buenos términos –comentó poniéndose de pie-. Iré a hablar con los fantasmas de la casa, espero que el enano de mi hermano no te cause muchos problemas."
-"¡Ogro!" –le sacó la lengua el aludido.
-"Y así me quieres" –sonrió burlón, dirigiéndose a la cocina.
El pelirrojo no había entendido muy bien ese tipo de relación que los hermanos Kaiba llevaban, donde los insultos y las sonrisas eran algo que iban acompañados uno al lado de otro.
Pero no tuvo tiempo de pensar en ellos cuando sintió un jalón en su camisa.
-"Vamos a jugar, ¿quieres?"
Yami tan sólo asintió ante la sonrisa de Mokuba, quien se levantaba de inmediato y corría hacia el sofá donde hacía minutos atrás, él había estado durmiendo.
Abrió su mochila y empezó a buscar algo en su interior. Los ojos escarlatas le miraron con confusión.
-"¿Te agrada el domino?" –sonrió, mostrando una caja larga y verde limón en una de sus manos.
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¡Ding! ¡Dong!
-"¡Ya voy!"
¡Ding! ¡Dong! ¡Ding! ¡Dong! ¡Ding! ¡Dong! ¡Ding! ¡Dong!
El peliblanco mayor lo pasó de largo y le ganó en abrirle la puerta, una mueca de disgusto en su rostro.
-"¡Deja de estar fastidiando, maldito moreno del demonio!"
Marik se rió, cubriendo su boca con una mano.
-"Vaya, vaya, ¿a qué ladrón tenemos aquí?" –se mofó.
Y Bakura estuvo a punto de azotarle la puerta a él y a sus otros acompañantes, cuando Ryou muy amablemente se interpuso, riendo nervioso.
-"Pasen, por favor, jeje."
-"Gracias Ryou, es bueno ver que hay gente con cordura aquí."
-"¡FUERA!"
-"¡Bakura! –regañó- ¿Podrías comportarte?"
-"Sí, ¿podrías comportarte?" –fingió imitar la voz de Ryou.
Y antes de que Marik pudiera echarse a reír otra vez, una mano en su oreja lo jaló hacia dentro.
-"¡Malik, suéltame!"
-"Un día de estos harás que nos corran de aquí."
Ryou cerró la puerta, riendo un poco. Dio media vuelta para dirigirse a la cocina con los demás, cuando vio cómo Yugi se desviaba para ir hacia donde estaban los otros dos niños.
El pelirrojo tan sólo volteo a verlo para dedicarle una sonrisa, haciéndole entender que luego se reuniría con ellos.
-"Y luego mueves esta ficha hacia acá, así, ¿ves?"
El otro asintió, imitando las acciones del pelinegro. Pronto, vislumbró a alguien parecido a él acercarse.
-"Hola, soy Yugi, ¿me recuerdas?"
Patas de perro escondió sus 'manos' detrás de su espalda y bajando la cabeza, asintió débilmente, sintiéndose culpable por haber roto el juguete del pelirrojo tiempo atrás.
-"Ah, creo que sí –rió nervioso-. ¿Importa si me uno?"
Mokuba gritó alegre y afirmó por ambos, dándole espacio a Yugi para sentarse junto a ellos. Yami tan sólo observó con cuidado cada uno de los movimientos que el nuevo jugador hacía.
Y poco a poco olvidó los viejos incidentes, dejando al pequeño pelirrojo que le hablase y le diese algunas instrucciones del juego. Ciertamente, estaba pasando un rato agradable.
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Los días fueron pasando lentamente al compás que un cambio se desarrollaba, como la flor que abre sus pétalos con pereza, dentro de patas de perro.
Descubrió otra faceta en aquellas personas que anteriormente le hubiesen repudiado. Conoció la rutina diaria de Ryou, la limpieza que se esforzaba en darle a su casa día a día, la comida preparada, con ese olor delicioso y ese sabor casero que hace mucho él no probaba.
Los momentos que ambos peliblancos compartían con él, aunque Yami casi no hablase, pero sí que se entretenía escuchando las palabras animadas del albino menor y los gestos graciosos y enojados con los que respondía el mayor.
Luego venían las noches, con las tazas de café o de chocolate caliente, y las galletitas que el ladrón siempre salía a comprar para los tres.
En esos momentos, el híbrido sintió que formaba parte de una familia, tal vez no del todo, pero sabía que aunque no pudiese expresarse por completo, el ya había encajado ahí.
Y entonces, se preguntaba qué habría sido de sus amigos en el circo, ¿se acordarían de él? ¿Y qué hay de Tsuki?
El niño pensó que quizás estaría en el cielo, al lado de su madre, vigilándolo como siempre solía hacer. Se preguntó, en algún rincón de su mente, si algún día regresaría a ese lugar de colores, sin sentir la tristeza ni la melancolía que impregnaba el ambiente.
Quiso saber también cómo se encontraría Kuroki, o las llamas que habían resultado heridas. Y en un último pensamiento, se abrazó a sí mismo, temblando.
No queriendo traer a su mente la reacción que su captor en aquel sitio tendría al no haberlo encontrado allí, la mañana siguiente al día en que la loba muriera…
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-"¡Qué estás haciendo!"
-"¡No puede salir, aún no se ha recuperado!"
-"¡Me importa un demonio eso, si no sale, QUE SE VAYA!"
¡SLAP!
El látigo hizo que tanto el cuidador como el animal retrocedieran. El rostro de Jigoku, transfigurado por la ira de perder a su fuente de dinero y fama, estaba totalmente desesperado por recuperar a su público.
Lanzaba improperios al aire y forzaba a las criaturas hasta el límite en cada espectáculo que ofrecía. Los animales, rápidamente, empezaban a perder su condición y fuerzas.
Pero Duke seguía rehusándose a permitir al dueño hacer uso de su amigo el equino, cuya salud aún no era lo suficientemente estable, y menos con el trato que estaba seguro el peliplateado le daría apenas entrase a escena.
-"¡¿Qué está mal con todos ustedes?!"
¡SLAP! ¡SLAP!
Algunos acróbatas negaron con la cabeza, tirando al suelo sus aros de colores y abandonando el circo. Para siempre.
La domadora se agachó y abrazó a su pantera, quien emitió un débil maullido, no teniendo la capacidad de ponerse de pie. La mirada furiosa pasó entonces hacia los monos, los cuales alzaron sus hocicos redondeados para observarle con tristeza.
Los dientes fueron machacados con rabia y el látigo comenzó a pasearse por todas las jaulas, provocando gruñidos, aullidos y chillidos de terror.
-"¡Acaso tengo que hacerlo todo yo!" –gritó fuertemente.
Unas hienas rieron, burlonas, incitando que el látigo diera ferozmente contra su jaula, haciendo que esta rodará por los suelos mientras los cánidos ladraban con susto.
-"No sé que vayas a hacer –siseó con amenaza-, pero ellos son tu responsabilidad. Así que, o salen a entretener a la gente, ¡O TÚ Y ELLOS SE LARGAN DE AQUÍ!"
¡SLAP!
Con un último golpe, dio media vuelta y se marchó.
Duke Deblin abrió sus ojos verdes, contemplando al resto de los animales –y a unos cuantos compañeros del circo- devolverle la mirada, azorados y confundidos.
Y bajó la cabeza, pretendiendo encontrar una solución que no existía, porque la respuesta ya era conocida por todos:
Ellos no aguantarían por mucho tiempo.
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El reloj marcaba la medianoche de nuevo. Eran mediados de septiembre y la lluvia cada vez se transformaba en un rocío más manso.
Se revolvió sobre el sillón y apretujó un poco la manta contra sí, percibiendo la calma a su alrededor, como un suave arrullo. Ahora, no había nada que temer.
Y ese hecho, era precisamente lo que asustaba a Yami.
¿Cuánto duraría toda esa paz antes de esfumarse? Él no lo sabía. Y por supuesto, tampoco quería que eso pasase. Suspiró. Nunca había tenido una vida así, porque siempre le era arrebatada, por eso la idea de que esto no sería para siempre no paraba de rondarle por la cabeza.
Dio media vuelta, encarando el respaldo del sofá, y pasó una de sus patas por su cuello, deleitándose con la sutil textura de su pañuelo. Sonrió. Sus ojos rojos bajaron para examinarlo, brillando entre la oscuridad de la sala.
Podía sentir las costuras con sus dedos redondos y caninos, avistar los parches de tela, cuyos tonos rojizos diferían uno de otro, con los que habían sido rellenados los huecos; y claro, igual podía atrapar la esencia de manzanas que desprendía.
Limpio y suave.
No era el mismo paliacate de antes, pero sabía que Bakura había hecho todo lo posible por enmendarlo y entregárselo tal y como alguna vez fue. Y no había fallado. Realmente había rescatado la única pizca de felicidad que conservaba de su pasado.
En verdad, Bakura era un ladrón especial, porque fue capaz de atrapar la alegría que le proporcionaba el único tesoro de su niñez.
Y sólo por ello, Yami le estaba muy agradecido.
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Interminables luces de colores iluminaron el oscuro lugar, lejos de la ciudad. El sonido característico del circo cantó por todos lados mientras en su interior sólo reinaba el silencio.
Las grandes letras en neón centellearon, soltando chispas.
Sueños y Deseos.
Adentro de la inmensa carpa las sombras engullían todo, devorando hasta el más mínimo resquicio de luz.
En la bodega donde estaban los animales, un fuerte resoplido se escuchó. La cabeza con el largo hocico negro fue levantada, olfateando el aire raro y abismal que se cernía sobre todos.
Las hienas se revolvieron inquietas en su jaula, asomándose por los barrotes ante la mirada verde y seria del caballo, quien habían pensado dormitaba.
-"¿Es cierto?"
Ninguna respuesta vino, por lo que volvió a bajar la cabeza, colocándola sobre sus patas delanteras. Sin embargo, sus ojos no se cerraron, la vista todavía fija en la oscuridad del lugar.
La pantera movió sus orejas, despertada por el balbuceo de las hienas. Sus pupilas mieles se abrieron, revelando esa mirada felina y elegante.
-"¿Es cierto qué?"
Respondió desde su jaula, fijando su vista en el caballo negro, logrando ubicarlo gracias a sus facultades nocturnas.
-"Ya viene."
-"¿Nuestra muerte, ya viene? No tienes que decir cosas que ya todos aquí sabemos a la perfección –maulló bajito-. En vez de eso, deberías hacer lo que yo y pensar que harás una vez que estés fuera de esta jaula."
Nadie dijo nada, las pocas criaturas que oían la conversación no se atrevieron a refutar lo que la felina había dicho. Pues ciertamente, tenía la razón.
-"A mí me gusta el circo."
El caballo y la pantera voltearon hacia otra jaula, donde un cachorrillo se asomaba, moviendo la cola.
-"A mí me gusta el circo –repitió-, pero no me agrada ese señor."
-"Que no te escuche –rió la pantera con ironía-, que no te escuche o te echará más pronto que a nosotros a la calle."
-"¿Y cuál es el punto? –aulló el que parecía ser el hermano mayor- Ni tú ni yo soportaremos a este paso –bufó-. Considérate afortunada si sales de aquí con vida o con fuerzas."
Kuroki Kaze cerró sus pesados párpados, notando cómo todos empezaban a callarse, ya fuese para dormir o para lamentarse en sus celdas. Y nuevamente, como si nadie hubiera dicho nada, él repitió:
-"Ya viene..."
La pantera sonrió un poco, dejándose de llevar por el espíritu del equino. Imaginando, que tal vez, sólo por esa noche, no había nada allá afuera que amenazara su existencia.
No había dolores ni tristeza, no había gritos ni reclamos. Tan sólo flotaba el silencio en esa simple y pobre bodega, donde todos descansaban para intentar continuar con sus vidas lo más que les fuera posible.
Y sólo por esa noche, se dio el lujo de pensar que todos allí, dormían felizmente. Deseando que no hubiera un mañana al cual despertar.
Continuará…
Un paso más, como lo prometí, ¡hey, estoy hablando en serio! De verdad planeo seguir con esta historia hasta llegar a su fin :)
Rex- Ya vamos adelante de la mitad y ya todo está trazado. Supongo…
¡Saludos a todos y gracias por leer! Que tengan un bonito Año Nuevo.
Rex- Nos estamos leyendo :)
Kida Luna & Rex.
