Patas de Perro
By: Kida Luna
Cap. 12: Cuando el pasado te busca…
Dedicatoria: Para mi amiga Glaring Ryu. Hay cosas que siempre permanecerán en el cajón de nuestros recuerdos, buenas o malas; no obstante, si tomas un pañuelo, agua y ganas, y limpias algunas cuantas, puede que te tropieces con un viejo tesoro capaz de hacerte sonreír.
Campaña: Di NO al plagio. Di SÍ a la libertad de expresión. Gracias. El valor de un escrito del corazón viene del mismo, he ahí lo doloroso de que te lo arranquen.
Cerró sus ojos con satisfacción y orgullo. Una brillante sonrisa se dibujó en sus labios al momento en que sus pupilas esmeraldas se abrían y se dirigían al extenso público sentado en las gradas. Expectante.
Y por primera vez, se dedicó a hacer su sueño realidad.
-"¡Que empiece la función!"
Los rugidos de los felinos, las voces alegres de los acróbatas o de los domadores entrando a escena. Kuroki Kaze bordeando toda la pista mientras trotaba y hacía sus hazañas.
Aros de fuego, serpentinas, reflectores, globos… y aplausos. Muchos aplausos y vitoreos.
Sonrisas infantiles por doquier. Y por supuesto, esto incluía a todos aquellos que formaban parte del circo también.
El circo Sueños y Deseos, cuyas letras chispeaban más que nunca y cuyas luces iluminaban las afueras de la ciudad con un brillo mágico e incandescente. La casa de atracciones que se situaba entre las más grandes y mejores del mundo.
-"¡Este va a ser el mejor espectáculo de todos!"
La voz sonó desbordante de alegría, una cuyo dueño, tanto del circo como de las palabras enunciadas, era: Duke Deblin.
" – " – "
Las risas estallaron rápidamente, provocando el ceño fruncido de Mokuba Kaiba, quien no entendía qué tenía de gracioso que la pelota se le hubiese estampado en la cara.
Así que en compensación, su lindo hermano mayor que buscaba protegerlo, le devolvió el inocente pelotazo a Marik. Por supuesto, de manera amistosa.
-"¡Viejo! ¡Eso te va a dejar un ojo morado!" –se rió fuertemente Joey Wheeler.
-"¡Oh, ya cállate perro!"
Pronto, el juego de la pelota volvió a iniciar, pasando a manos de Ryou quien intentaba por todos los medios –aclarando que el deporte no era lo suyo- pasarle el balón a su compañero Malik.
Hasta el momento en que Seto Kaiba con sus casi dos metros de altura le arrebató dicho objeto mientras pasaba tranquilamente a su lado.
-"¡Muy bien, hermano! ¡Quién necesita crecer si estás en su equipo!"
El castaño frunció el ceño pero dijo nada, fulminando con la mirada a aquel que se atreviese a soltar un solo ruido semejante al de una risa hacia su persona.
Yami rió bajito, estando a salvo de la furia del ojiazul gracias a que se encontraba comiendo un helado en la cafetería cerca de allí, donde podía verlos y oírlos a la perfección.
-"Creo que no fue muy buena idea dejar a Ryou junto al perro y a la sombra inocente."
-"No creo que eso les importe" –contestó el pequeño con una larga sonrisa, dándole una cucharada más al postre enfrente suyo.
Bakura no respondió, suspirando y dedicándose a lamer su cono de helado. Y hubiera continuado así de no ser por la insistente mirada del menor que no dejaba de seguir cada uno de sus movimientos.
Así que con su tercera lamida, el ladrón finalmente apartó el dulce y apoyó su rostro en su palma derecha.
-"¿Qué pasa?"
-"¿Por qué lo sientes?"
El albino entrecerró sus ojos, desviando la mirada hacia la mesita blanca sobre la que se hallaban teniendo su dulce comida. Entonces, unos deditos más chicos que los suyos, cálidos y que hasta le provocaban unas cuantas cosquillas, le tomaron suavemente.
Las pupilas amatistas le contemplaron con gentileza e inocencia. El ladrón sabía que el niño se refería a las palabras que le había dicho la noche anterior, antes de haberlo besado.
Y por eso, por eso Bakura se sentía fatal. Probablemente Yami lo mirase como la figura de un padre, ¿cómo había podido traicionar su confianza de esa manera?
Después de haber sido maltratado y llevado a tales extremos, era normal que el pelirrojo le sonriera como si en realidad nada hubiese pasado. No podía hacerlo. El ladrón que tenía dentro le suplicaba que le dejase salir para aferrarse al pequeño que en una noche de lluvia, él había liberado de aquel circo de mala muerte.
Entonces, el peliblanco decía que no. Le negaba una y otra vez, se negaba a escuchar su corazón por miedo de romper uno más pequeño y frágil.
-"¿Por qué lo sientes…?" –volvió a decir.
-"Porque está mal" –su sonrisa se empapó de tristeza.
Patas de perro, nuevamente, no captó el verdadero significado detrás de esa oración. Así que dándose cuenta de que intentando descifrar a Bakura no conseguiría nada, se bajó de su asiento y corrió a abrazarlo.
Lo abrazó lo más fuerte y cuidadoso que pudo.
-"Pero no me hace sentir mal a mí…"
El murmullo alcanzó los oídos del mayor, quien se encontraba absorto por la repentina muestra de afecto. Lentamente, los brazos del ladrón le envolvieron, permitiendo su rostro hundirse en la melena tricolor, respirando la esencia pura que el pequeño desprendía.
-"Sigues siendo sólo un niño, después de todo."
" – " – "
Su olfato se movió graciosamente mientras despegaba el hocico del pavimento, volteando a ver a la persona a su lado una vez que esta hubiese dicho su nombre.
-"Hey, todavía tenemos que comprar más cosas. No puedes estar divagando por allí" –regañó un poco, tensando la correa para hacerse notar.
Un ligero gruñido salió por respuesta al momento en que los ojos rodaron, algo mosqueados por la interrupción. Un sonido hizo que sus orejas revolotearan vigorosamente mientras alzaba una de sus patas delanteras.
-"¡¿Me estás escuchando?!"
Ladró fuertemente y salió corriendo, a punto de tirar a la persona que le acompañaba junto con todas las compras que ya habían hecho. Los gritos porque se detuviera o aminorara el paso no cesaron, pero la excitación era tanta que fácilmente los pasó por alto.
El ruido de sus patas chocando contra la banqueta cuando doblaban una esquina, su respiración inundando sus oídos, su lengua seca y su corazón latiendo velozmente, como si quisiese escapar y abrir sus alas.
De repente, se paró. Sus ojos fijos en la figura al frente, la cola ondeándose de un lado a otro y no pudiendo soportar toda la emoción en su interior, lanzó un poderoso aullido.
Abalanzándose contra su objetivo.
-"¡REGRESA!"
" – " – "
No supo cuánto tiempo estuvieron así, pero el sentimiento que se metía sin permiso en su corazón le era muy agradable. Se separó, riendo un poco, aún sin soltar la mano del otro.
-"Tu helado se está derritiendo" –se burló entre risillas.
Bakura dejó salir un gritito para enfocarse a lamer rápidamente la parte que estaba a punto de caer contra el piso. Iba a reclamarle al pequeño cuando un alarido casi lo hace caer de su silla.
-"¡REGRESA!"
Apenas dobló la cabeza para observar el por qué de tanto alboroto cuando vio una masa fugaz taclear a Yami al suelo. Se paró de inmediato, asustado y decidido a quitar a golpes lo que sea que le hubiese caído encimo al canino.
Hasta que patas de perro empezó a reír sin control.
-"¡No puedo creerlo! –dijo entre carcajadas- ¡Estás aquí! ¡Estás aquí! ¡Te extrañé tanto!"
Un ladrido alegre fue su respuesta, siendo el animal sujetado por el estómago e izado en el aire para apartarlo del niño.
-"¡No puedes hacer eso! –reprochó enojado y se dirigió hacia el pequeño, dispuesto a disculparse- Discul…"
Su voz se atoró en su garganta. Volteó a ver a la criatura parada a un lado suyo, todavía aleteando su cola, y después al pelirrojo sentado en el piso. Gritó muy entusiasmado antes de lanzarse a abrazar al híbrido y cargarlo entre sus brazos.
-"¡YAMI!"
-"¡Duke! ¡Tú también has venido!"
¡WRAF!
-"Oh, por Dios, ¡oh, por Dios! ¡Dónde te habías metido! –se aferró a él- Pensé que algo malo había pasado y te habías ido ¡y que ya no te volveríamos a ver! Cielos… creo que voy a llorar de alegría…"
-"¿Puedes bajarme? –preguntó divertido- Tsuki también quiere saludarme."
-"Claro, ahora entiendo por qué casi me embarra en toda la avenida –rió apenado-. ¡Debiste habérmelo dicho!"
-"¡Como si hubieras podido entenderme!"
Yami rió de nuevo ante el ladrido, rodeando con sus brazos a la loba blanca que había marcado su vida y lo había cuidado tanto. Un par de lamidas en el rostro y comentarios entusiasmados después, se encargó de explicarle las cosas al ladrón que los contemplaba con clara confusión.
-"Hola, mi nombre es Duke Deblin –el peliblanco estrechó la mano ofrecida-, realmente nosotros dos queremos agradecer todo lo que han hecho por nuestro híbrido."
-"Ustedes, ¿son de aquel circo, no?"
-"Sí, allí nos conocimos, es una larga historia –se rascó la cabeza-. Lo bueno es que, ahora ese lugar está en nuestras manos, ¿no es así, Tsuki?"
¡WRAF!
-"Dice que está de acuerdo."
-"Ya sé que lo dice Yami, eso hasta yo puedo entenderlo, no necesito que me hagas de traductor –se burló, acariciándole la cabeza-. Las cosas están mejorando mucho allá."
-"Y… ¿Jigoku?"
Bakura pudo sentir la tensión que se creó en el ambiente a la sola mención de aquel nombre. Los ojos que oscilaban con miedo del pequeño, la expresión seria del tal Duke y el apenas audible gruñido por parte de la loba.
Se preguntó quién era tal personaje. De seguro, nadie bueno que recordar.
-"Se ha ido –una sonrisa de alivio se posó en sus labios-, nosotros decidimos que ya había sido demasiado, que teníamos que confrontarlo. Afortunadamente, todo salió bien, aunque no he sabido de él en estos días."
-"¿Y qué pasó con el circo?"
-"Mejor que nunca. Duke es el dueño, ¿sabes?"
Yami miró asombrado a su vieja amiga, para después posar sus pupilas perplejas en el pelinegro.
-"Hey, ¡yo quería darle la noticia!"
La loba abrió el hocico, dejando su lengua caer, como si se estuviera riendo de quien era su cuidador. Duke negó varias veces con la cabeza, la sonrisa todavía sin abandonar sus labios.
-"¿Qué noticia?" –preguntó Bakura, quien seguía sin entender la mitad de la conversación.
-"Oh, cierto. Actualmente soy el dueño del circo –los orbes esmeraldas brillaron de emoción-, me refería a eso. Pero Tsuki echó a perder la sorpresa, ya sabes."
Al ver que el albino en efecto, no sabía, Duke se decidió a explicarle.
-"Yami puede hablar con los animales, ¿qué no te lo dijo?"
El ladrón volteó a ver al aludido, quien sonrió avergonzado al haber olvidado ese pequeño detalle. Prefiriendo no profundizar en ello, evadió aquella pregunta con otra.
-"Ustedes, ¿van a llevárselo?"
Todos guardaron silencio, oyéndose a lo lejos las voces de sus compañeros que continuaban con su juego de pelota. Tsuki alzó la vista para ver al niño, no emitiendo ni un solo pensamiento por ser interpretado.
Duke también fijó la mirada en Yami.
-"El circo es diferente ahora, niño –habló despacio-, y ciertamente, muchos te extrañamos. Sino quieres regresar podemos entenderlo, puede que la vida del espectáculo no sea para ti. Además, siempre podemos visitarnos el uno al otro, ¿no?"
La sonrisa de patas de perro fue grande, por eso abrazó de inmediato a su compañero de antaño. Charlaron si al caso un rato más y después se despidieron, prometiéndose volver a reunirse pronto.
Sin embargo, para Yami no pasó desapercibido el cambio en los ánimos de su amigo. Duke Deblin se veía radiante y alegre, como jamás antes lo había visto. Y allí, contemplando cómo él se alejaba con las bolsas de compras en una mano y la correa de Tsuki en la otra, se alegró tanto.
Regresaban al circo. Y esta vez, regresaban por voluntad propia, porque finalmente, era el hogar que tanto habían estado buscando.
El sitio donde los Sueños y los Deseos, ya empezaban a existir…
" – " – "
Los ojos oscuros se desviaron hacia el móvil en su mano mientras sus dedos velozmente marcaban un número. Dieron tres tonos antes de que alguien contestase.
-"Es seguro, debe vivir en los alrededores."
-"………"
-"Espero que sepas que esta información no es gratis."
-"………"
-"Yo te lo vendí. Si tú lo perdiste, es tu problema. ¿Quieres recuperarlo o no?"
-"………"
-"Bien. Anotaré las calles, pero a partir de ahí, estarás solo. Yo no quiero meterme en problemas con tantos mocosos rondándole."
-"………"
-"Cómo, es asunto tuyo."
-"………"
-"Mi trabajo sólo es decirte dónde encontrar a Patas de Perro. Y ahora que lo sabes, he cumplido" –cerró el móvil y finalizó la conversación.
Metió el aparato en los bolsillos de su gastada gabardina y se alejó del parque, caminando hacia ningún lugar en específico mientras su sonrisa chueca se hacía presente.
Iba a recibir una buena paga.
" – " – "
Aspiró el viento alegremente y estiró sus brazos. Bakura se paró a un lado suyo, buscando una mesa desocupada en la cafetería al aire libre donde se encontraban.
Dentro de poco comenzaría el mes de octubre, las hojas de los árboles ya estaban comenzando a cambiar de color y a caerse. Una brisa ligeramente fría se dejaba sentir, avisando que el invierno estaría en entrada en unos cuantos días.
El peliblando se acercó a la ventanilla para ser atendido y ordenar algo de comida, en tanto Yami tomaba asiento y esperaba a que sus dos viejos amigos del circo arribaran.
Era una lástima que Kuroki fuese demasiado grande para ir también, pero algún día lo visitaría en el circo, tenía tantas ganas de verlo.
Un gruñido llamó su atención, haciendo que se colocara de pie y saliera corriendo calle abajo, esperando a ver las figuras de Duke y de Tsuki aparecer ante sus ojos.
Vio a la loba correr, todavía lejos, ladrando para hacerse escuchar. Patas de perro alzó una de sus 'manos' a modo de saludo y abrió la boca para decir algo. Sin embargo, ni un solo sonido salió.
Toda su visión se volvió negra en un segundo mientras sentía que era jalado y arrojado sobre alguna especie de superficie suave. Oyó la puerta de un auto cerrarse al tiempo que el motor del mismo era encendido. Quiso gritar, pero el saco en su cabeza ahogaba sus chillidos.
Sus patas delanteras y traseras fueron amarradas, evitando toda maniobra de escape. Pronto, logró percibir la sensación de que se estaban moviendo.
Cerró sus ojos con fuerza, luchando, deseando conseguir la libertad que hace poco había reencontrado.
" – " – "
Sujetó la bandeja entre sus manos y le pagó a la cajera, dando media vuelta para regresar a la mesa que él y Yami habían escogido.
Colocó la comida allí, extrañado al no ver al niño esperándolo.
Dio unos cuantos pasos para asomarse a la calle adjunta, notando que aunque había personas subiendo y bajando, el pelirrojo no era ninguna de ellas. Observó los alrededores, en vano.
Bakura gritó su nombre.
Y nadie respondió.
Continuará…
Calculo que quedan unos dos o tres capítulos para que esta historia termine. Gracias por la atención prestada. Saludos y que pasen un bonito día :)
Kida Luna.
