Patas de Perro
By: Kida Luna
Cap. 13: Fíjate bien antes de abrir la puerta…
Dedicatoria: A Glaring Ryu. Para que cuando algún día sientas que ya no puedes más, te acuerdes de levantar tu mano y alzar la mirada, para que puedas ver a todas las personas que te ofrecen su apoyo y amistad. Y cuando lo hayas hecho, permíteles que te ayuden a ponerte de pie.
Campaña: Di NO al plagio. Di SÍ a la libertad de expresión. Gracias. El valor de un escrito del corazón viene del mismo, he ahí lo doloroso de que te lo arranquen.
-"¡Bakura!"
El aludido enfocó su vista rápidamente en el pelinegro que se acercaba hacia él a veloces pasos. Lo vio detenerse enfrente suyo, mientras se doblaba y se apoyaba sobre sus rodillas, tratando de recuperar al aire perdido.
El rostro preocupado de Duke Deblin le miró.
-"Por favor, dime qué viniste acompañado" –sus palabras fueron una súplica.
-"Vine con Yami, pero…"
Tsuki lanzó un ladrido antes de empezar a correr con todas sus fuerzas, metiéndose en la calle llena de automóviles.
-"¿Tienes carro?"
El albino asintió, sintiendo de pronto cómo el otro lo jalaba del brazo con rapidez. En unos segundos se encontró así mismo conduciendo, intentando no perder de vista a la lupina que todavía seguía con su carrera.
-"¿Qué está pasando?"
-"Veníamos a encontrarnos con ustedes, vi a Yami esperándonos, y al siguiente momento… -tragó saliva-… alguien se lo llevó…"
El ladrón apretó los dientes, pisando el acelerador y evadiendo los coches que aparecían lo mejor que podía. Estuvieron así como media hora, poco a poco la autopista iba quedando vacía, y al fin, logró identificar lo que la loba perseguía con tanta ansia.
Ciudad Domino quedó atrás por completo en el instante en que el automóvil negro se desvió de la carretera y se dirigió hacia un camino rocoso. Minutos después, entró por una delgada ladera con espacio suficiente para dar paso a un solo vehículo.
Cuando el sendero empezó a volverse empinado, Tsuki se apartó, saltando sobre unas rocas y perdiéndose entre el bosque espeso que la montaña iba mostrando cada vez más.
-"¡Está tomando el camino equivocado!" –gritó Duke, viéndola desaparecer de su campo visión.
A Bakura no le importó en absoluto si la loba tomaba el correcto o no. Apretó aún más el acelerador, consiguiendo apenas acercarse lo suficiente; sus pupilas cafés buscaron localizar a Yami por la ventana trasera, pero no lograba atisbar nada.
-"¡Hey! ¡Detenga el maldito carro!"
" – " – "
La voz de Bakura llegó a sus oídos. Intentó gritar lo más fuerte que pudo, zarandeando fuertemente su cabeza hasta que el saco en esta cayó al suelo del coche.
Luego de varios golpes por la velocidad a la que iban, Yami consiguió asomarse por la ventanilla de atrás. Una sonrisa de alivio se dibujó en su rostro al ver a sus dos amigos seguirlo de cerca.
Y gritó con todas sus fuerzas.
A pesar de que el sonido no había logrado salir del vehículo, Bakura no necesitó pensarlo mucho para saber que lo había llamado a él. De repente, el desconocido conductor se viró hacia atrás, empujando con una de sus manos a Yami, haciéndolo caer contra su asiento.
Patas de perro estuvo a punto de reclamar, cuando dos ojos pardos paralizaron su ser de un solo golpe. Su cuerpo tembló, su corazón se cimbró de miedo y sus ojos se cerraron rápidamente.
Se encogió en su asiento.
Y pidió en silencio que alguien lo alejara de esa temible persona…
" – " – "
-"¡ALTO!"
-"¡Bakura, el volante!"
A regañadientes el albino metió la cabeza dentro del automóvil, y viendo su oportunidad en la vuelta que se abría más adelante, se apresuró aún más para alcanzarlos.
Los coches quedaron entonces par a par, los alaridos del peliblanco continuaron siendo ignorados. Y fue allí cuando Duke Deblin abrió los ojos espantado, reconociendo al antiguo dueño del circo como la persona que trataba de secuestrar al híbrido.
-"Toma el volante."
-"¡¿Qué?!"
-"¡Toma el maldito volante!"
El pelinegro hizo lo pedido, estirándose desde su asiento. El ladrón abrió la puerta del auto, colocando una mano en esta para evitar que el viento la hiciera cerrarse.
Se inclinó un poco hacia fuera y llamó a patas de perro. Esta vez, los aullidos de este último sí fueron escuchados.
-"¡YAMI!"
-"¡Es mío!"
-"¡Él no te pertenece, imbécil!"
-"¡FUERA DE MI CAMINO!"
Jigoku dio la vuelta al volante y estrelló su carro contra el auto, Duke vio con terror cómo el camino empezaba a cerrarse una vez más. Todo mundo empezó a gritar, la velocidad fue incrementada, los golpes eran más duros y finalmente…
Finalmente, un aullido invadió el lugar. Los ojos esmeraldas de Jigoku se elevaron…
¡CRASH!
-"¡AGH!"
El sonido del capote aplastándose y el parabrisas siendo hecho pedazos, las mordidas pretendiendo alcanzarle. Unas garras rozaron su rostro, dando la sensación de un calor insoportable en el mismo.
Giró el volante a todo lo que daba y el auto dio vueltas. Las fauces de la loba se cerraron en su brazo derecho y él pisó el acelerador; la parte trasera pareció hundirse en la tierra.
Entonces, le sujetó de la cabeza blanca y de un puñetazo envió al animal a la tierra rocosa.
Jigoku rió fuertemente y su pie abandonó el acelerador.
En ese momento, cuando el auto se levantó por completo y empezó a resbalarse, se dio cuenta que no se estaban hundiendo en la tierra.
Estaban cayendo al vacío.
Su cuerpo fue despegado violentamente del asiento para chocar contra el techo del automóvil que no paraba de dar vueltas en el aire. La gravedad se hizo increíblemente poderosa y patas de perro sintió cómo su cuerpo era halado hacia el exterior.
Terminó de romper el parabrisas, los vidrios filosos cortaron la piel de sus muñecas, deshaciendo igualmente el nudo que les sostenía mientras su cuerpo era expedido del vehículo.
-"¡NO!"
-"¡BAKURA, NO LO HAGAS!"
El ladrón saltó. Estiró una de sus manos, queriendo alcanzar a patas de perro y evitar que se alejara de su lado. Sus labios dejaron escapar su nombre en una especie de ruego desesperado.
Yami abrió sus ojos escarlatas y alargó su pata también, por un breve segundo las puntas de sus dedos se rozaron.
Bakura quiso salvarlo.
Entonces… patas de perro quedó fuera de su alcance…
Sintió como si algo lo golpease duramente. Sus cincos sentidos se desconectaron de un solo golpe.
Y en ese preciso momento, todo se oscureció…
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-"¡Damas y caballeros, que empiece el espectáculo!"
El publicó le ovacionó al instante y los chillidos de emoción no se hicieron esperar. Los actos comenzaron uno por uno, hechizando a todos y prendiendo sonrisas en las caritas de los niños.
La función había sido igual de exitosa que las anteriores.
En cuanto por fin llegó el momento en que las luces fueran apagadas, suspiró con cansancio y se dirigió a la bodega.
-"¿Todo bien?" –acarició el largo hocico del caballo, quien tan sólo resopló en respuesta.
-"¿Nada aún?"
-"No… pero no vamos a darnos por vencidos."
-"¿Cuánto más, Tsuki?"
-"Cuanto sea necesario…"
El collar en su cuello fue abrochado y el pelinegro jaló de la correa amablemente, indicándole que ya debían de partir. Dando las buenas noches, cada uno a su manera, abandonaron el circo.
Las letras del lugar permanecían apagadas mientras la noche se extendía por todos lados, ni la luna ni las estrellas la acompañaban ese día.
Duke Deblin escondió las manos en sus bolsillos y empezó a caminar despacio, el animal a su lado cojeando un poco, debido a algunas cortaduras frescas que trazaban lo largo de sus patas.
El viento frío ya empezaba a despertar, anunciando la venida del invierno.
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El ulular de la lechuza hizo eco por el bosque que sobrevolaba. Unas patas corrieron furiosas, debajo del animal volador, bordeando árboles y dando vueltas por aquí y por allá.
Cuando el búho se posó sobre la rama de un árbol a la orilla de un lago, la criatura hundió su hocico en el agua y atrapó un pez entre sus mandíbulas.
Su vista se fijó de inmediato en el ave, quien salió volando al instante.
Agachó la cabeza y empezó a correr de nuevo, siguiéndole. Poco después el paisaje de un montón de árboles cambió, abriéndole paso a la imagen de una humilde cabaña oculta en tan pacífico lugar.
Se acercó trotando, chapoteando sobre el riachuelo que lo separaba de aquella casa. Tiró su comida al suelo y se sentó, sacando la lengua mientras una mano acariciaba su cabeza.
Sus ojos morados se elevaron para encontrar el rostro bondadoso y alegre de su amo. El anciano se agachó sobre una rodilla y recogió el pescado que su querida mascota había traído.
-"Buen trabajo, Kiri (1)" –le sonrió.
El lobo tan sólo ladró, contento de haberse ganado las felicitaciones de su dueño. Al verlo retirarse para encender una fogata, una de sus patas traseras se dedicó a rascarle detrás de la oreja.
Masticó un poco, haciendo graciosos sonidos y luego se paró para acercarse cerca del anciano que ya colocaba su pescado cerca del fuego, sostenido por una estaca para que pudiera empezar a asarse.
Alzó sus orejas, expectante.
-"Espera a que esté listo o te quemarás" –le advirtió, enfatizando sus palabras al levantar su dedo índice.
El animal emitió un tenue aullido.
-"Iré adentro un rato –avisó, dando media vuelta-, no molestes a mi lechuza, ¿de acuerdo, Kiri? No quiero que hagan escándalo."
El lupino ladeó su cabeza y le vio entrar a la cabaña. Se echó frente a la fogata, siendo su rostro iluminado por las llamas amarillentas y anaranjadas que no dejaban de retorcerse.
Una mano suave descansó sobre su lomo, así que moviendo su cola hacia el otro lado, Kiri cerró sus ojos morados y se permitió ser mimado. Los dedos acariciaron su pelaje blanco con sutileza y lentitud.
-"Eso se siente bien."
-"¿Verdad que sí?" –rió bajito.
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Su cabeza empezó a dolerle, su cuerpo se retorció en dolor cuando intentó hacer un solo movimiento. Sus párpados se abrieron con dificultad y la luz le cegó.
Los cerró de inmediato. Colocó una mano en su frente para hacerse sombra y se atrevió a abrirlos de nuevo.
¿Qué había sucedido?
Cuando su vista comenzó a dejar de ser borrosa, detectó la intravenosa que estaba atada a la muñeca que mantenía levantada.
"¡NO!"
"¡BAKURA, NO LO HAGAS!"
Los recuerdos se arremolinaron en su mente bruscamente y un quejido de dolor abandonó su garganta seca. Se levantó un poco, sosteniéndose fuertemente la cabeza en un intento por aminorar todo su dolor.
-"¿Bakura?"
Entrecerró sus ojos, dirigiéndolos hacia la persona que lo tomaba de los hombros. Pasaron unos segundos antes de darse cuenta que esa figura se parecía mucho a él…
-"¡Bakura! –su grito casi le perforó los oídos- ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien? ¿Te duele algo?"
-"Ryou…" –articuló con dificultad.
-"¿Sí? Dime."
-"Cállate…"
-"Oh, lo siento…" –rió apenado, regresando a la silla en donde al parecer, había estado vigilándolo.
La mirada marrón recorrió el espacio en el que se encontraba. Paredes blancas, máquinas y aparatos médicos; después, se vio a sí mismo vestido con una bata azul, una venda cubriendo su frente y algunas otras esparcidas en su cuerpo.
Observó a Ryou ponerse de pie para salir y llamar a lo que él suponía sería un doctor. El hombre en traje blanco ingresó a la habitación, mirándolo con enorme asombro.
Detrás de su hikari vio ingresar al perro de Wheeler, Seto Kaiba y a Malik. Los tres, al igual que el galeno, le admiraban como si fuese una especia de bicho raro.
El médico dijo unas cuantas cosas que él ni siquiera se prestó la molestia de atender, ¡y cómo rayos esperaban que lo hiciera si nadie le explicaba nada! Después de revisar que todo estuviera en orden, fueron dejados solos.
-"¿Quiere alguien decirme por qué me ven como si fuera un muerto hablando?" –indagó, apoyando sus codos sobre la camilla en la que estaba.
-"Bueno viejo, tal vez es porque sí… ¡auch!"
Un codazo de parte del moreno hizo que el rubio cortase sus palabras, sobándose las costillas mientras le enviaba una mirada de reproche al egipcio.
-"Bakura, ¿cómo te sientes?" –retomó la palabra el castaño.
-"Bien, creo –contestó confundido-. ¿Dónde está Yami?"
En vista de que la respuesta no llegaba y el tiempo seguía corriendo, el ladrón volteó a ver a Seto Kaiba, reformulando su pregunta.
-"Está perdido –Ryou le miró con el ceño fruncido-. ¿Qué? De todas maneras iba a enterarse, esconderle lo que ha ocurrido desde que perdió la conciencia no va a ayudar en nada."
-"¿La conciencia?"
El albino esta vez se giró para ver a Ryou. ¿Acaso había escuchado bien? Joey Wheeler se pasó una mano detrás de sus cabellos, nervioso, mientras Malik no dejaba de retorcerse las manos.
-"Ryou, ¿qué quiso decir Kaiba con eso?" –la pregunta fue hecha con una calma pasmosa.
Al ver que su pareja tan sólo agachaba la cabeza al suelo, ocultando sus manos tras su espalda y probablemente, sintiéndose muy culpable como para responder, decidió contestar por él.
-"Sufriste una caída muy severa, Duke fue quien te trajo al hospital, sangrabas demasiado. Intentamos buscar a Yami por todos los medios, pero aparte de ti, ni nosotros ni las autoridades pudieron localizarlo a él ni a la persona que había intentado secuestrarlo. Fuiste el único cuerpo encontrado, viejo, y eso que costó mucho trabajo ubicarte."
El rostro desorientado de Bakura aún no había desaparecido. Entonces, ¿Yami estaba perdido? ¿Y qué demonios hacían allí perdiendo el tiempo? ¡Debían de ir a buscarlo!"
-"Tenemos que hallarlo" –hizo las sábanas a un lado y estuvo a punto de pararse, de no ser porque un mareo y las manos de Ryou se lo impidieron.
-"Ya lo intentamos –al fin habló Malik-, ya lo intentamos, pero…" –su mirada se desvió hacia Ryou.
-"Sólo encontramos esto."
El albino le extendió un pañuelo. Bakura lo reconoció de inmediato, era el paliacate que él mismo había arreglado para el niño, ese que siempre había estado atado alrededor de su cuello.
-"Estaba atrapado en una de las ramas bajas de la pendiente" –comentó su hikari con pesar, bajando la mirada al suelo.
-"¿Cuánto?"
-"¿Eh?" –parpadeó confuso.
-"¿Cuánto tiempo llevo aquí?"
La expresión de Ryou pasó a ser una de clara preocupación, y el ladrón supo que se estaba debatiendo entre sí debía decirle la respuesta o no. La mano de Joey Wheeler en su hombro le animó para que le dijese la verdad.
El ladrón contuvo la respiración.
-"5 meses. Estabas en coma, Bakura, la verdad es que no pensábamos que fueses a despertar tan pronto…"
Estrujó el pañuelo entre sus manos y apretó sus dientes.
Al final, no había podido rescatar a patas de perro.
Continuará…
(1) Kiri: Niebla.
Vaya, siento que acabo de dar un buen giro, probablemente en poco tiempo. Espero que aún así haya quedado bien.
Agradezco la atención prestada y espero que estén disfrutando de la historia. Sin más, me despido, y que pasen un buen día.
Kida Luna.
