Patas de Perro

By: Kida Luna

Cap. 14: ¿Dónde está la esperanza?

Dedicatoria: A Glaring Ryu. Mira siempre hacia delante, con la frente bien en alto. Ten en una mano a tus amigos, y préstate a cuidarlos; ten en la otra a tus enemigos, y aprende de ellos lo más que puedas. Entonces, al juntar ambas palmas, se encenderá la luz que te revelará el verdadero camino.

Campaña: Di NO al plagio. Di SÍ a la libertad de expresión. Gracias. El valor de un escrito del corazón viene del mismo, he ahí lo doloroso de que te lo arranquen.

-"¡Bien hecho! Gracias a ti, ¡estoy envuelto en este maldito problema!"

-"A mí no me eches la culpa –intentó hacer funcionar el encendedor para prender su cigarro-. Pudiste haber intentado capturarlo cuando hubiese menos luz de día, ¿sabes?"

El otro gruñó, sumamente enfadado como para ponerse a escuchar razones en ese momento.

-"Ese fenómeno me está trayendo bastantes problemas… -rió con ironía-… y no puedo creer que después de todo este tiempo no haya podido encontrar ni un desgraciado rastro de él…"

Kyoku le observó con sus ojos oscuros, realmente se la habían pasado recorriendo la enorme planicie que estaba lejos de Ciudad Domino. El lugar era gigantesco, sino fuera porque su compañero le estaba pagando una buena suma de dinero, ni siquiera se molestaría en estar parado allí, entre tanto árbol y tierra.

-"Necesito encontrarlo."

-"Y lo haremos –guardó su encendedor y lanzó el cigarrillo al suelo, pisoteándolo, harto de tratar de encenderlo-. Encontraremos al bueno para nada de mi hijo, ¿qué tan difícil puede ser hallar a un mocoso, Jigoku?"

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-"¿Aquí?"

-"Mhp –asintió-, aquí."

Se agachó, tratando de inspeccionar lo mejor posible el lugar que Duke Deblin le señalaba con el dedo. Apenas había logrado darse de alta lo primero que Bakura hizo fue salir directo hacia el lugar donde había ocurrido el accidente.

Todos sus amigos, excepto Ryou y los morenos, le habían acompañado, acordando que lo mejor sería separarse para tener mejores resultados. A pesar de que el tiempo ya había transcurrido desde aquel día, el albino se negó a quedarse de brazos cruzados.

Y ahora se encontraba allí, junto a Duke y a Tsuki, justo en el sitio donde el pañuelo de Yami había sido descubierto.

La criatura olfateó con cuidado las ramas adheridas al pie de la montaña, para después continuar su rastro en el suelo, avanzando por aquí y por allá mientras los otros dos le seguían de cerca.

-"¿Cómo estás?"

-"Bien –frunció el ceño-, no sé por qué se molestan en preguntármelo tantas veces."

-"Eres nuestro amigo –alzó los hombros-, si nosotros no nos preocupamos por ti, ¿entonces quién?"

El albino no dijo nada, sólo suspiró. Levantó la mirada para contemplar el cielo, siendo traviesamente cubierto por las copas de los árboles y adornado con el simpático cantar de los pájaros.

Bajó la vista al suelo tapizado de hojas verdes y de flores, la primavera ya estaba haciendo su entrada.

Se culpó a sí mismo, tal y como venía estado haciendo desde que despertase, por no haber podido proteger a patas de perro. Haberlo sacado de aquella jaula para dejar que la misma persona que lo había puesto allí, lo atrapase para regresarlo al infierno del que tanto había querido el ladrón sacarlo.

¿Qué estaría haciendo?

¿Estaría bien?

¿Lo extrañaría?

Bakura esperaba que sí.

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-"¿Dónde está Kiri?"

-"Salió a cazar un rato."

-"Oh…"

-"¿Quieres ayudarme a reparar el hueco del techo? No queremos que la lluvia nos agarre por sorpresa, ¿eh?"

-"De acuerdo, ¡allá voy, abuelo!"

El anciano rió divertido, sosteniéndose su panza con sus manos mientras veía a su nieto empezar a jalar una escalerilla. Lo ayudó a apoyarla contra la cabaña, dejando subir por los peldaños al pequeño primero.

Una vez arriba, el mayor tomó unas cuantas tablas, un martillo y le pasó la caja de clavos al niño.

-"No vayas a meter la mano –advirtió, aceptando una las tachuelas para iniciar a golpear-, ¿no querrás quedarte sin dedos, verdad?

-"¡Abuelo! –bufó enojado, metiendo el guante negro de piel que resguardaba su manita en la cajita que le había sido conferida- No soy un niño."

-"Claro que sí –martilleaba y reía-, ¡eres mi nieto!"

El pequeño infló los cachetes con molestia, dejando escapar el aire para después sonreír. Dentro de dos o tres horas sería mediodía, así que tenían un buen rato libre para pasarla juntos.

Los ojos rojos admiraron el cielo azul encima de ambos y las nubes esponjosas, con sus chistosas formas que no tenían sentido alguno, pero que le brindaban un cierto placer al observarlas.

-"Deja de fantasear –revolvió sus cabellos con cariño-, anda, yo sólo no puedo hacer este trabajo, Yami."

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Un aullido resonó y las aves volaron inmediatamente hacia el cielo, graznando en tono de espanto. Los tres voltearon la cabeza hacia el firmamento, y en un súbito movimiento, fue Tsuki la primera que recuperó sus sentidos para emprender una carrera veloz.

Sus patas pronto enmarcaron la tierra debajo de ellas mientras ignoraba los llamados de los chicos que corrían detrás suyo, intentando mantenerle el paso.

Estuvo un rato así, escuchando los aullidos y dejándose guiar por sus instintos. Finalmente, se detuvo en un pequeño espacio abierto, rodeado de una cantidad ligeramente excesiva de árboles.

Dio vueltas en su mismo lugar, las orejas en alto y las patas derechas y firmes por si en algún momento tenía que hacer uso de estas. Algo pasó rápidamente entre los troncos de madera, jugueteando con los arbustos y alborotando en el aire las hojas caídas.

Su mirada violeta quiso seguirle…

¡WRAF!

¡AUUUUU!

Un bólido enorme enterró sus dientes en uno de sus costados mientras la derribaba directo al suelo. El chillido de Tsuki fue tremendo, alcanzando a alarmar a Duke, quien le reconoció de inmediato.

Encogió sus patas blancas y las estiró de golpe, apartando al otro animal. Se agazapó y en el siguiente segundo se abalanzó sobre él. Rodaron en la tierra varias veces hasta que una mordida en la oreja hizo a la loba aullar de dolor.

Aprovechando el descuido, las otras patas parecidas a las suyas, con un leve toque grisáceo, la empujaron contra el suelo. El polvo se alzó en una efímera danza mientras las respiraciones de ambas criaturas era el único sonido que predominaba en esa parte del bosque.

Los colmillos color crema se mostraron y la saliva cayó sutilmente hacia la superficie terrosa al lado de su cabeza. Con un feroz gruñido atacó, deseando romper en dos el cuello de la intrusa.

-"¡LEVÁNTATE!"

El ladrido fue alto y ensordecedor. Las pupilas violetas se cerraron fuertemente.

-"¡Tsuki!"

-"¡No te muevas!"

El brazo de Bakura se interpuso, evitando que el pelinegro fuese a cometer una estupidez que pusiera sus vidas en peligro.

"¡Levántate!"

Con esas palabras, su cuerpo pareció congelarse en el tiempo.

Tsuki abrió sus ojos, las dudas carcomiendo su ser, para observar al otro lobo encima suyo, con las mandíbulas rozando peligrosamente su garganta. Examinó su rostro, un ojo morado la veía atentamente, como esperando algo.

Y desviando su mirada hacia el ojo izquierdo, notó una cicatriz en forma de x que le ocultaba por completo este último. La criatura se apartó, dejándole levantarse.

Su pelaje era una mezcla entre los colores blanco y gris. Su tamaño apenas y le sobrepasaba por unos cuantos centímetros.

Le vio juntar sus cuatro patas, como si estuviera terriblemente avergonzado, y mientras hundía sus orejas para atrás, la loba abrió sus fauces en expectación, olfateando un poco el aire.

Un olor familiar llegó a su nariz. El otro lupino agachó la cabeza y gimió, meneando la cola despacio, esperando por una respuesta.

-"Madre…"

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-"Vaya, tienen que admitir que aunque esté lugar este en medio de la nada, ¡se ve fantástico!"

-"No es que esté de acuerdo con el perro –intervino Seto Kaiba-, ¿pero cómo es nunca supimos de este sitio?"

El pueblo algo rústico y simple, parecía más bien un enorme mercado donde la gente iba y venía, varios puestos de colores vistosos aparecían por doquier y los niños corrían por todos lados, jugando o riendo.

A primera vista, se distinguía que toda la gente allí era de clase humilde. Hogareña y bondadosa.

-"¡Hermano! –jaló sus ropas- ¡Tal vez ellos sepan algo de Yami!"

Yugi asintió ante la idea de Mokuba mientras los cuatro se dirigían a hacer un par de preguntas a los habitantes de ese pintoresco lugar. Se pasaron un buen rato interrogando a las personas que pasaban por allí.

Pero todo lo que recibían eran sonrisas de disculpa y sacudidas de cabeza. Nadie había visto nunca a un niño con patas de perro.

-"Comienzo a pensar que nos creen un par de locos" –opinó el rubio.

Una pelota cayó a los pies del Kaiba menor, quien la tomó entre sus manos y corrió hacia donde había un grupo de niños. Aprovechando la ocasión, preguntó si alguno de ellos había visto a su amigo perdido.

-"¿Con patas de perro?" –repitió un niño, confundido.

-"Sí, sí, ah –se rascó la cabeza-, ya sé que suena absurdo, pero es verdad…"

-"Yo nunca he visto a nadie así" –comentó otro.

-"Oh, bueno, es casi de mi tamaño, supongo –rió nervioso ante todas las miradas puestas en él-. Tiene cabello rojo, negro y creo que unos pocos mechones rubios. Ah, ¡y sus ojos son rojos!"

La mayoría de los niños rieron, creyendo que lo que el pelinegro les contaba había sido un buen chiste. Mokuba suspiró rendido, y entonces, una pequeña niña de cabello corto y rubio dio un paso al frente.

-"¿Cabello raro? ¿Como en puntas?" –enfatizó sus dudas poniendo las manos sobre su cabeza y moviéndolas arriba abajo.

-"Sí… con ojos rojos…" –repitió cansado.

-"Yo conozco a alguien así" –contestó sonriendo y apretando el oso de peluche que llevaba en sus brazos.

-"¡¿E-En serio?! ¿Y qué hay de las patas de perro? ¿Tiene patas de perro?"

-"¡Wow, wow! ¡Alto, pequeño Moki! Estás espantando a la niña –rió Joey de buena gana-. Discúlpalo, nosotros sólo queremos hallar a nuestro amigo."

-"Mmm –posó un dedo en sus labios-, yo conozco a alguien que se ve tal y como él lo describió –mencionó señalando a Mokuba-. Pero no tiene patas de perro" –negó con la cabeza.

-"¿Saben? No crea que sea él entonces…" –terció Yugi.

-"No, espera un momento –el castaño le interrumpió-. ¿Podrías decirnos en dónde lo has visto?"

La niña dirigió su vista hacia lo lejos, donde la montaña se alzaba y las extensiones de árboles lo cubrían todo.

-"Mamá a veces me lleva a jugar con él. Está en el bosque, siguiendo el camino río arriba podrán encontrar una cabaña; vive junto a su abuelito Solomón."

Los cuatro se miraron entre sí seriamente antes de asentir y dar media vuelta, debían de investigar si la persona a la que la niña se refería, era él mismo Yami al que ellos estaban buscando.

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¡ARF! ARF!

-"¡Él sabe dónde está Yami!"

Duke Deblin se arrodilló en una pierna, sujetando con sus manos el rostro de Tsuki, quien no dejaba de ladrarle.

-"De acuerdo –suspiró entrecerrando los ojos-, ahora dímelo de forma que pueda entenderlo" –rió nervioso.

¡WRAF!

-"¡Hey! Yo no soy el que habla con los animales –frunció el ceño-, ¡y deja de ladrarme así! Me estás escupiendo…"

La loba rodó sus ojos con exasperación y haciéndose hacia delante, empujó con su hocico al pelinegro, haciéndolo caer sentado al suelo. Antes de que Duke pudiese siquiera reclamar, ambos lupinos habían echado a correr entre los árboles.

-"Creo que quieren que los sigamos" –susurró Bakura, comenzando a perseguirlos.

-"Pudo haber tenido más tacto al decírmelo."

El ojiverde suspiró y se puso de pie, sacudiendo el polvo de sus ropas para después emprender la marcha también.

En cuestión de minutos, el paraje de árboles descendió increíblemente hasta convertirse en un claro. Pisotearon un pequeño riachuelo que estaba en el camino, y por fin, observaron cómo ambos caninos se detenían.

Enfrente de una cabaña.

El lobo gris lanzó un ladrido, con la lengua de fuera en un gesto de emoción.

-"¡Kiri!"

El enorme animal corrió hacia el anciano y le abrazó por la cintura con sus patas delanteras, las traseras apoyadas en la tierra y la cola agitándose furiosamente. Luego, volteó hacia atrás, mirando a Tsuki.

-"Él es mi amo, dentro poco también verás al niño."

Un pequeño bajaba de una escalera, sacudiendo sus manos y caminando en dirección hacia Solomón y Kiri. Las miradas de todos los nuevos visitantes se abrieron con sorpresa y una alegría tan grande que casi parecía imposible de contener.

Pero fue Bakura quien se movió rápidamente, pasando sus brazos alrededor de la persona que había extrañado bastante.

-"¡Yami!" –gimió casi en un sollozo.

Duke y Tsuki se acercaron, esta última bajando la cabeza y sacando lengua, sacudiendo su cola también.

Sin embargo, el peliblanco sintió el cuerpo al que estaba aferrado temblar, se separó un poco, confundido, contemplando a un pequeño que le miraba con miedo e incertidumbre.

Yami se alejó rápidamente del albino, corriendo a ocultarse detrás de la figura de su abuelo.

Los ojos cafés de Bakura le vieron con consternación, ¿por qué huía de él? No iba a hacerle daño, no había motivo alguno porque le temiese de esa manera, entonces, ¿por qué?

El anciano posó una mano sobre los cabellos del niño, pasando su vista en cada uno de los desconocidos.

-"¿Quién –susurró asustado, asomando la cabeza detrás de a quien consideraba su única familia-, quiénes son ustedes?"

Bakura se quedó en el suelo, anonadado. Agachó la cabeza y tuvo ganas de meterle un puñetazo a la tierra seca, pero se contuvo.

Se contuvo porque su corazón de rosa blanca le decía que no debía ser débil, aunque el jardín en el que estuviese floreciendo, lo estuviese matando en esos precisos momentos…

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-"¡Duke!"

El pelinegro volteó rápidamente hacia la persona que había dicho su nombre. Pronto vio aparecer a sus otros cuatro amigos, quienes se detuvieron y observaron la escena que se estaba desarrollando.

Joey miró a Yami y después miró a Bakura. Y hubiese gritado de la emoción, de no ser porque el peliblanco se mantenía arrodillado en el suelo mientras su pequeño amiguito parecía esconderse de la vista de todos.

-"¿Quiere alguien decirme qué demonios está pasando aquí?"

Seto Kaiba dio un paso al frente, desafiando con la mirada al anciano. Kiri se colocó delante de su dueño, empezando a emitir un ligero gruñido amenazador.

-"Yami, ¿por qué no vas a jugar un rato con Kiri y su amiguita, eh?"

Solomón se agachó y empujó al niño hacia el riachuelo, indicándoles a los dos lobos que le hicieran compañía. Mokuba fue también, no sin antes pedirle a su hermano que lo pusiera al tanto después.

Una vez que su nieto hubiese obedecido, se levantó, y con mirada seria pronunció las siguientes palabras:

-"Creo que tenemos muchas cosas de que charlar."

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Bajó los binoculares, limpiándolos con su camisa y pasándoselos a su compañero, quien de inmediato enfocó a Yami.

-"Te lo dije, lo encontraríamos" –se estiró discretamente, recostándose sobre los arbustos que les servían de camuflaje.

-"Quién diría que sus ruidosos amigos nos iban a traer hasta aquí."

-"No podemos hacer nada ahora, tendremos que esperar."

Jigoku asintió ante las palabras de su compañero, dibujando una sonrisa siniestra en sus labios mientras continuaba observando a su principal atracción y fuente de dinero.

Se dio media vuelta también, dejando los binoculares en el suelo y tomando un descanso.

Dedicándose a saborear su dulce venganza…

Continuará…

Cielos, ya vamos en la recta final. Espero que la lectura les esté agradando y que la historia se vaya desenvolviendo bien.

Saludos y muchas gracias por leer :)

Kida Luna.