Patas de Perro
By: Kida Luna
Cap. 15: La sombra de un monstruo…
Dedicatoria: A Glaring Ryu. Existen ocasiones en nuestra vida que pueden sacar lo peor de nosotros y hacernos sufrir de manera terrible. Si en algún momento sientes esa oscuridad acercarse, recuerda a las personas que te comparten su luz. Y recuérdame a mí también, que aunque el tiempo pase, yo seguiré siendo tu amiga.
Campaña: Di NO al plagio. Di SÍ a la libertad de expresión. Gracias. El valor de un escrito del corazón viene del mismo, he ahí lo doloroso de que te lo arranquen.
Tomó la tetera y llenó su tacita de té, al último. Repasó con la mirada a todos los que se hallaban sentados en su sala, esperando. Sonrió con cansancio y cerró los ojos.
Y empezó a recordar…
"¡Kiri, regresa aquí!"
El lobo grisáceo desconoció sus llamados, olfateando entre el pasto y los arbustos animadamente. De repente, su hocico se topó contra un bulto, provocándole soltar un gemido de dolor mientras se sobaba con una pata la nariz.
Sacudió la cabeza e inspeccionó el nuevo objeto de su interés.
"¿Qué es eso?"
Las manos grandes y arrugadas de una persona apartaron a la criatura para darle vuelta a la figura que tanto había estado curioseando.
"Oh por Dios, es un niño…"
Con un grito ahogado de sorpresa, se dio cuenta que no sólo era un infante, sino que también tenía patas de perro…
-"Cuando lo encontré, Yami no recordaba absolutamente nada, a duras penas y logró decirme su nombre. Lo traje a mi casa y lo curé, desde entonces ha estado viviendo con nosotros como mi nieto" –una triste sonrisa trazó su rostro mientras bebía un poco de su té.
"¿Puedes entenderlo?"
"Claro, entiendo lo que dicen los animales. Y Kiri dice que está muy feliz porque te siente más contento ahora."
"Ya veo…"
"Solomón, ¿quién soy en realidad?"
El hombre mayor se agachó y le abrazó afectuosamente, revolviendo sus cabellos y captando la atención de aquellas joyas escarlata.
"Eres… mm, ¿mi nieto?"
"¿Entonces serás mi abuelo?"
"Si tú quieres."
Vio al niño ladear su cabeza, examinándolo cuidadosamente antes de rodear su cuello con sus patitas.
"¡Qué bien! ¡Seremos una bonita familia, abuelo!"
-"Pero el dilema de sus patas llamaría mucho la atención, por eso es que me encargué de preparar unas botas y guantes adecuados para cubrirlas. A nosotros no nos molesta en absoluto, sin embargo, no queríamos que la gente cercana al pueblo empezase a decir cosas."
-"Por eso nadie nos decía nada cuando mencionábamos las patas de perro. ¡Nunca las habían visto!"
-"¿Y qué pasó después?" –preguntó Kaiba, ignorando el comentario del rubio.
-"Yami era sólo un niño, necesitaba estar con gente de su edad, por supuesto…"
"¿Eres de por aquí? Nunca te había visto antes… ¡tienes unos bonitos ojos!"
"Gracias."
"¿Quieres jugar con nosotros?"
"¡Va a ser muy divertido, anda!"
"¡Por supuesto!"
-"Algunos cuantos niños alcanzaron a ver debajo de sus guantes o de sus botas, pero para ellos sólo era algo gracioso y sin importancia. Adoraban a Yami, era como el hermanito mayor que todos querían."
Ante esas palabras, Yugi no pudo reprimir lanzarle una mirada al castaño, identificando el sentimiento de los otros infantes con el que Mokuba debía de sentir cada vez que miraba al ojiazul.
-"No hubo problema alguno, mi nieto era muy feliz entre la gente del pueblo."
-"Pero estuvimos intentando localizarlo, ¿cómo es que…?"
-"Este lugar es muy grande, aún nosotros que somos de por aquí no conocemos más que una pequeña parte" –le explicó a Duke Deblin.
-"Ese día en la montaña, cuando Yami cayó del auto y yo salté…" –su mirada se enfocó en el líquido humeante entre sus manos.
"Debió golpearse muy fuerte –agregó, todavía con su leve sonrisa en el rostro-, ya que parece que perdió la memoria desde aquel momento. ¿Cómo es que ustedes lo conocen?"
Esta vez fue el turno de Solomón de conocer las historias de cada uno.
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-"Entonces, ¿te gusta mucho este lugar?"
El pelirrojo asintió, acariciando el lomo de Tsuki, quien aunque se mantenía callada, parecía muy cómoda su lado.
-"Y… um, Yami, mírame a la cara –el aludido le hizo caso-, ¿no me reconoces?"
-"Lo siento, pero no sé quién eres."
Mokuba Kaiba suspiró, realmente patas de perro se había ganado un profundo aprecio de su parte cuando comenzó a tratarlo. Esto era muy injusto, su propio amigo no lo recordaba en absoluto.
De repente, la risa de Yami mientras Kiri lo empujaba al suelo para lamerle el rostro distrajo al otro niño de sus pensamientos. El pelinegro lanzó una mirada fugaz a la cabaña y luego a su compañerito.
-"Yami" –llamó.
-"Dime, Mokuba."
-"¿Eres feliz aquí?"
-"Muchísimo –rió, apartando suavemente el hocico del lobo gris-, ¿por qué lo preguntas?"
-"No… por nada…"
Y le sonrió. Una sonrisa mitad alegría y mitad tristeza, porque más que perder a su amigo, le dolía más arrebatarle la felicidad que ahora tenía en su vida.
Donde todas las cosas malas del pasado, jamás habían existido…
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Ya había anochecido para cuando todos estaban al tanto de la situación. Solomón salió para llamar a su nieto y a sus compañeritos de juego a ingresar en la casa.
Invitó a sus invitados a pasar el resto de la noche allí, ya que a esas horas el bosque podía volverse muy peligroso. Así que ellos aceptaron, no denegando la oferta a pesar de que el anciano sólo tenía para prestarles su sala para descansar.
Las luces fueron apagadas y los pensamientos de cada uno asaltaron sus mentes.
-"Oigan, me agrada ver a Yami de nuevo, en serio –fue Joey el primero en hablar, colocando sus brazos detrás de su cabeza, sobre el mango del sillón en el que se encontraba acostado-. ¿Pero qué vamos a hacer ahora?"
-"Bueno –retomó la palabra Duke, recostándose de lado para mirar al resto-, hemos venido desde muy lejos y nos hemos esforzado mucho buscándolo. Pienso que es hora de que regrese a su verdadera casa, ¿no?"
-"Abre los ojos Deblin, el niño ya ni siquiera nos reconoce. ¿Acaso crees que aceptaría irse con unos completos desconocidos a un lugar donde él cree jamás haber estado?"
Nadie dijo nada. Tenía razón. Patas de perro no los recordaba para nada, llevárselo con ellos sólo lograría alarmarlo. Suspiros y quejidos de decepción llenaron la salita mientras el crepitar del fuego de la chimenea les acompañaba.
-"Seto está en lo cierto –dijo Mokuba, asomándose a un lado de su hermano para asegurarse que los demás le estuviesen escuchando-. De todos modos, Yami está muy feliz aquí –mordió sus labios-, odiaría verlo triste si lo apartamos de este lugar cuando es obvio que él no quiere eso…"
Los chicos se reacomodaron en sus sillones, dando por terminada la charla para ponerse a pensar en qué era lo que deberían hacer.
Las horas pasaron lentamente hasta que finalmente el sueño venció a todos, excepto a cierto ladrón que se puso de pie. Con cuidado de no levantar a nadie se dirigió a la puerta, abriéndola y cerrándola con el menor ruido posible.
En la entrada de la cabaña, al lado de las mecedoras, vio cómo los dos lobos blancos le observaron desde el suelo de madera, prestándole siquiera atención.
Bajó los tres escalones y dio la vuelta a la casa, sentándose enfrente del delgado riachuelo y abrazando sus piernas. Bakura miró el cielo negro junto a su infinidad de estrellas, que a diferencia de la ciudad, aquí se podían ver perfectamente.
Admiró su reflejo en el agua, viendo a un ladrón triste y solitario devolverle la afligida mirada.
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-"Pensé…"
-"Pensaste mal –rió entre gruñidos-. ¿Recuerdas ese día en el bosque?"
-"Claro que lo recuerdo. Ellos te dispararon."
-"Sí, así fue."
La loba alzó la cabeza para observarle, pero Kiri se mantuvo con la suya pegada a la superficie leñosa. Le miró de reojo, con su ojo izquierdo, y sonrió.
-"Está bien."
-"Debí haber regresado."
-"Y si lo hubieras hecho, yo habría muerto también."
La brisa fresca sopló sus rostros, jugueteando con los pelajes y provocando que las orejas revolotearan en incomodidad. Los ojos morados se cerraron, sintiendo una profunda tranquilidad.
-"Fue la lechuza de mi amo la que lo guió hasta mí. Recuerdo que dijo que estaba perdiendo mucha sangre, así que me llevó con él y me cuidó. Perdí un ojo aquel día, pero no me importó después; aunque no volví a saber de ti, mi amo me hizo parte de su familia –soltó un pequeño gemido, elevando la vista al árbol enfrente de ambos-. Supongo que le debo mi vida al búho."
Tsuki le siguió la mirada hasta topar con el ave un poco regordete durmiendo sobre una de las ramas más altas. Un chillido de sorpresa salió de su hocico mientras sus ojos no se despegaban del animal volador.
-"¿Qué pasa?"
-"Le he visto antes, cerca del circo –volteó a ver su hijo de inmediato-. Estaba ahí, me miró y después se fue volando."
-"¿En serio? Es un ave de pocas palabras –pareció reír suavemente-. ¿Madre?"
-"Dime."
-"¿Se van a llevar al niño?"
Por primera vez en toda la conversación, Kiri levantó la cabeza, contemplándola con ojos sumamente preocupados y temblorosos. Tsuki abrió el hocico, pero volvió a cerrarlo sin decir nada.
-"Me agrada el niño, por mí no hay mucho problema si él se va pero… -pegó de nuevo el hocico al suelo, apartando la mirada-… le van a destrozar el corazón a mi amo si hacen eso…"
La loba agachó la cabeza y se acurrucó a un lado de su cachorro ya crecido, sus ojos fijos en el cielo nocturno. Cerró los párpados, no quería abandonar a ninguno de sus dos hijos.
Desgraciadamente, esa decisión ya no dependía de ella.
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Se frotó sus brazos y sopló un poco, observando su aliento tomar formas extrañas enfrente suyo, antes de desvanecerse.
-"¿Estás bien? Hace mucho frío acá afuera sino vienes bien abrigado."
El albino se sobresaltó de inmediato, bajando la mirada hacia su izquierda para descubrir a quién le pertenecía aquella voz.
-"¿Tampoco podías dormir?"
Los redondos ojos rojos le observaron con inocencia. Patas de perro se hallaba sentado a su lado, con un esponjado abrigo negro que lo hacía lucir gracioso y hasta un poco inflado.
Bakura asintió a la pregunta del pequeño, volviendo la vista al riachuelo.
-"¿De dónde vienen? Nunca los había visto por aquí antes."
-"De muy lejos."
-"Ah… ¿y cómo es allá?"
-"Pues –hizo una pausa-, para la mayoría es un lugar muy ruidoso pero agradable. Para mí es una ciudad solitaria..."
El ladrón entrecerró los ojos, recordando todos los momentos que había pasado junto al antiguo patas de perro. Ese que en un principio había negado su ayuda, y que al final, corría siempre a abrazarlo cada vez que lo veía venir.
Pasó una mano por uno de sus ojos, sintiéndose patético por permitirse tales muestras de debilidad.
-"No te pongas triste –le oyó decir-. Apuesto a que debe ser un lugar bonito."
Los deditos enguantados en negro sujetaron la mano de Bakura, quien volteó a verlo con arrepentimiento. El pelirrojo le sonrió gentilmente.
-"Mi abuelito dice que cuando alguien está triste, es porque se siente solo. Y por eso hay que estrechar sus manos, para que se den cuenta que alguien les acompaña."
-"Yo tenía a alguien que me acompañaba."
-"¿En serio? –el albino asintió- ¿Y qué sucedió?"
-"Lo perdí…"
La voz entrecortada de Bakura lo obligó a callarse, advirtiéndole que si se atrevía a decir algo más, probablemente algún sollozo se escaparía de su corazón. Y eso era algo que él no podía permitirse.
-"No te preocupes."
El ladrón le siguió observando en silencio.
-"No te preocupes –repitió-. Las cosas que se pierden siempre pueden ser encontradas."
El peliblanco hizo un esfuerzo por sonreír, no queriendo preocupar a Yami. Pero esas palabras no le ayudaron tanto como él lo hubiera deseado, porque en su caso, fue Solomón quien había encontrado lo que había perdido.
Y aunque se estuviera marchitando por dentro, la idea de causar infelicidad al abuelo o al nieto, era algo que estaba fuera discusión.
Yami era su única familia. Además, estando en ese bosque, lejos de la ciudad y del circo, la vida que alguna vez lo había atormentado durante sus pasados 12 años parecía un simple cuento de terror.
Uno que el pequeño jamás había escuchado.
Bakura se inclinó y abrazó fuertemente al niño, conteniendo sus ganas de llorar porque este último había olvidado los maravillosos recuerdos que habían creado juntos. A pesar de que hubiesen convivido poco tiempo, para el ladrón no dejaban de ser momentos que él nunca olvidaría, porque siempre añoraría tener más de ellos.
Aún cuando eso era imposible…
¡Crack!
El sonido de una rama al quebrarse alertó a ambos, provocando que Yami se aferrará al mayor, asustado.
-"¿Qué fue eso?"
Bakura no respondió, intentando agudizar la mirada en medio de la oscuridad.
¡Crack! ¡Crack!
¡BANG!
-"¡Bakura!"
Sus cuerpos fueron arrojados contra la tierra al instante, los oídos ardiendo ante el estruendo ensordecedor. Cuando patas de perro abrió los ojos, lo primero que captó su atención fue el brazo derecho del albino, el cual empezaba a sangrar.
Los ladridos pronto se hicieron escuchar, apareciendo en la esquina los dos lobos.
¡BANG! ¡BANG!
Se quedaron quietos de repente, las orejas arriba y las patas inclinadas ligeramente hacia el frente. El humo que las balas expedían bailoteaba enfrente de sus ojos.
El cañón de una pistola fue apuntado en su dirección, estudiando cada de uno de sus movimientos y mandándoles una silenciosa advertencia.
La otra pistola fue dirigida hacia el albino y el niño, el primero ayudando al otro a ponerse de pie.
-"Eso es –comentó burlonamente-, ahora dame al niño" –estiró su mano libre, oscilando sus dedos en señal de que se lo entregara.
Yami miró a Bakura, quien mordía sus labios y se apoyaba un poco en el cuerpo del pequeño que lo tenía sujeto de la cintura. Sus ojos marrones se entrecerraron y dio un paso hacia delante.
Entonces, el arma pasó a apuntarlo directo al corazón.
-"Ah, ah –negó divertido-. Haz lo que te diga, sino quieres morir, claro" –alzó los hombros, restándole importancia a la vida del peliblanco.
-"Cuánto tiempo sin verte, hijo –comentó su compañero, quien no perdía de vista a los lupinos-. ¿No vas a saludar a tu padre?"
La puerta de la cabaña se abrió estrepitosamente, y antes de que alguno de sus amigos pudiera decir siquiera algo, Kyoku sacó una segunda pistola, deteniéndoles en la entrada.
-"¡Jigoku!"
-"Menos mal –mostró sus dientes amarillentos-, tendré a mi estrella de vuelta y podré de encargarme de ti. Mira que robarte mi circo, Duke, no estoy muy contento con eso."
-"¡No es tu circo y él no te pertenece!"
¡BANG!
-"¡Silencio!" –lanzó un disparo al cielo y volvió a enfocar el arma en Bakura.
-"Mokuba, quédate atrás de mí…"
El niño asintió, escondiéndose detrás de su hermano mayor mientras observaba cómo Yami empezaba a soltar al albino.
-"Bien hecho –felicitó-, ahora ven acá y nada malo le pasará a tu amiguito" –mintió, viendo de reojo a Kyoku.
Con miedo, patas de perro abandonó la mano del ladrón y comenzó a caminar hacia donde se encontraban dos de sus peores demonios, aunque él no pudiera comprender porque el simple hecho de ver sus rostros le hacía temblar.
Estiró su mano enguantada, temeroso, cuando con un súbito movimiento Jigoku lo jaló y sonrió, apretando el gatillo entre sus dedos.
-"¡Bakura, quítate de ahí!"
¡BAAAANG!
-"¡AGHH!
El grito de Joey Wheeler alertó a Yami, quien en un acto reflejo mordió el brazo del peliplateado, haciendo que la bala disparada se desviará unos cuantos centímetros, rozando apenas el rostro del albino.
¡GROAR! ¡GROAAAR!
¡BANG! ¡BANG!
Las balas rebotaron contra la tierra seca mientras dos sombras lo rodeaban a gran velocidad. Un par de dientes se cerraron en su brazo mientras otros se encajaron en su pierna, derribándolo al suelo.
-"¡TODOS ABAJO!" –alguien gritó.
En un ataque de pánico el gatillo fue presionado una y otra vez, enviando una ola de balas que reventó las ventanas y perforó las paredes de madera de la cabaña.
¡AUUUU!
-"¡Jigoku!"
Un fuerte gemido estalló y un cuerpo cayó al piso. Kiri saltó encima suyo, el hocico y los colmillos blancos quedaron enfrente de su rostro.
Kyoku sonrió desquiciadamente y fijó la pistola delante del lobo gris. Las mandíbulas fueron abiertas en un feroz gruñido y el gatillo fue presionado…
¡GROAR!
¡BANG!
" – " – "
-"¡Déjame ir!"
Golpeó con insistencia a la persona que lo cargaba por el estómago y se adentraba en el bosque, alejándolo de su hogar.
-"¡Cállate!"
Los pasos y los gritos les siguieron, más balas fueron disparadas hacia atrás pero los ruidos no cesaron.
-"¡YAMI!"
Patas de perro gritó el nombre de Bakura, no supo por qué lo había hecho ni el motivo por el cual deseaba verlo. Siguió pataleando y gritando, hasta que una mano en su boca lo calló de golpe.
Abrió sus labios y enterró sus colmillos en aquella piel.
-"¡¿Qué haces?!"
El dolor hizo que cerrara los ojos mientras su pie se tropezaba con una rama caída y ambos rodaban hacia el suelo. Patas de perro sacudió la cabeza e intentó escabullirse cuando el agarre en sus piernas lo arrastró por el suelo, el mango del arma apaleó con fuerza su frente.
-"¡Quédate quieto, monstruo!"
Los ojos rojos vieron con horror cómo su secuestrador tomaba una de las tantas ramas botadas en el suelo para alzarla en el aire.
Algo en su cabeza palpitó enérgicamente y sus pupilas de desorbitaron, la mano al caer que amenazaba con pegarle hizo que su corazón brincase, asociando aquella acción como una que ya había visto en el pasado…
¡SLAP!
" – " – "
El humo de la bala acarició sus orejas grises al tiempo que la mano caía al suelo en un ruido sordo. Su boca liberó el cuello, gotas de sangre resbalando de sus colmillos y el pelaje de su pecho teñido de color rojo.
Mokuba y Joey se acercaron, el último apartando al lobo del cuerpo presurosamente mientras el pelinegro intentaba descubrir algún signo de vida.
El lobo ladró una última vez.
-"Está muerto" –habló Mokuba, retirando sus dedos del cuello de la persona que había sido el padre de Yami.
Tsuki, quien se había puesto de pie en el último momento para morder el brazo que contenía el arma, desviando el disparo, lo soltó. Su cuerpo volvió a caer contra la tierra, el pelaje de su espalda se manchó de color carmesí y sus ojos se cerraron.
Mokuba gritó su nombre. Y ella no se levantó.
" – " – "
-"¡No eres más que un maldito monstruo!"
¡SLAP!
- - -
"¿Por qué tengo que ser diferente?"
"Porque eres especial…"
¡BOOM!
"¡No defiendas a esta cosa! Si vi claramente cómo hizo añicos tu pelota con sus garras, grr, bestia, ¡animal! ¡Largo de aquí, regresa a la perrera de donde viniste!"
"Estúpido animal, ¡fíjate en lo que haces!"
"¡Bakura!"
"¿Quién te dijo que los sueños eran estúpidos? ¿Y tú les crees?"
"¿Y por qué lo permiten?"
"Porque ellos son más poderosos que tú, ellos hablan y tú obedeces. Ellos tienen el poder…"
"No debí distraerme… yo llevaba las riendas…"
- - -
-"¡YAMI! ¡Aléjate de él!"
-"¡Nadie se acerque!"
-"¡Maldita sea Bakura, no te muevas! ¡Tiene un arma!"
Seto Kaiba le detuvo, sosteniéndolo de su chaqueta mientras Duke Deblin bajaba la vista hacia el híbrido.
Patas de perro se sostenía la cabeza con sus guantes negros, arrodillado entre ramas y hojas secas, gimiendo de dolor. Las lágrimas empezaron a salir de sus ojos cerrados justo en el momento en que sus muñecas bajaban al suelo y comenzaban a rascar la tierra frenéticamente.
-"¡Silencio!" –gritó Jigoku, empezando a desesperarse.
¡Scratch! ¡Scratch! ¡Scratch! ¡Scratch! ¡Scratch! ¡Scratch!
-"¡SILENCIO!"
Pronto, la tela se fue desgastando hasta que sus garras finas y negras pudieron asomarse al exterior.
-"Soy un juego…" –balbuceó, sus dientes tiritando sin control.
- - -
"Soy un juego. Soy un juego que la gente debe pagar para burlarse, su juguete… y los juguetes se rompen…"
"¿Qué pasa, perro? ¿No sabes ladrar?"
"Eres un cabrón…"
"Enciérrenla."
"No, no, Jigoku-san, ¡por favor!"
¡GRROOAAARRR! ¡GRROOAAARRR! ¡GRROOAAARRR!
"Voy a extrañarte…"
"Adiós."
"¿Soy un monstruo?"
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-"¡Detente, demonios! ¡DETENTE!"
Jigoku apretó con fuerza la rama en sus manos y estuvo a punto de darle otro azote cuando Yami sostuvo la madera, y haciendo presión, la quebró en dos.
Los ojos rojos se agitaron furiosamente y un gruñido desgarrador salió de su garganta. Entonces, se arrojó en contra del antiguo dueño del circo, quien gritó horrorizado.
- - -
"Toma mi mano… ¡toma mi mano, vamos! Por favor, sólo tómala, ¡¿no entiendes que quiero ayudarte?!"
"¡¿Qué sabes tú que me arrojaste piedras?!"
"¿Por qué? ¿Por qué todos me engañan con eso? ¿Qué es lo que quieren de mí? ¡¿Qué quieres?!…"
"Perdón."
"…pero si te fijas bien, si te fijas bien, te darás cuenta que está poniendo todo su esfuerzo para no hacerte sentir solo."
"Oye, cachorro, ¿quieres intentarlo? ¡Es divertido! Cuando atrapas algo, claro, ¡pero ese no es el punto! Anda, trata, es muy sencillo."
"¿Y? ¡Tienes que probarlo, Yami! ¡Así! ¿Ves? ¡Anda, pruébalo!"
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Los gruñidos parecían descolocados y temibles, como los de una bestia fuera de control. Jigoku intentó apartarle con desesperación, la boca llena de colmillos abriéndose y cerrándose una y otra vez, mordiendo todo lo que estuviese a su alcance.
Haciendo acopio de sus fuerzas, lo sujetó con ambas manos de su abrigo y lo aventó al suelo, lejos de él.
Yami se dio la vuelta, agazapándose sobre sus botas negras y sus guantes a medio romper; hubiera vuelto a brincar a atacar al ojos pardos de no ser porque Bakura se arrojó para detenerlo.
-"Yami, ¡Yami, escúchame!" –intentó tranquilizarlo.
¡GRUUARRR!
-"¡Suéltalo! –gritó Kaiba, al ver cómo una herida fresca se abría en una de las mejillas del albino- ¡Él no te reconoce Bakura, déjalo ir!"
-"¡NO! ¡NO VOY A ABANDONARLO!"
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"Tranquilo, no dejaré que el abusivo de Marik te ponga un solo dedo encima."
"¿Yami? Todo está bien, vamos a recoger los pedazos para que no te cortes, ¿de acuerdo?"
"…vamos a casa, entonces."
"Lo siento…"
"¡Duke! ¡Tú también has venido!"
"¡YAMI!"
"¡Es mío!"
"¡Él no te pertenece, imbécil!"
"¡NO!"
"¡BAKURA, NO LO HAGAS!"
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¡GRUUARRR!
-"¡BAKURA, HAZTE A UN LADO!"
Las pupilas cafés se cerraron, ignorando los rasguños y mordiscos que hacían jirones su ropa. Abrazó a Yami lo más fuerte que pudo, pretendiendo cubrirlo con su cuerpo.
La mirada de sangre en patas de perro se dirigió hacia Jigoku, escuchando el sonido de algo caer mientras rellenaba el cartucho de sus balas. El cañón lo apuntó directamente.
Los segundos se volvieron lentos y eternos.
-"Lo siento…"
Jigoku le observó con miedo puro y tocó con la yema de su dedo índice el gatillo de su arma.
Una lágrima cayó en su mejilla. Su respiración empezó a normalizarse y sus garras aflojaron el agarre que tenía en el ladrón. Entonces, una calidez húmeda le hizo cosquillas a su rostro.
-"Perdón."
-"Ba… kura…"
¡BAANNNGGGG!
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-"¿Por qué lo sientes…?"
"Porque está mal."
"Pero no me hace sentir mal a mí…"
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Continuará…
Uff, vaya, esto sí que ni yo me lo esperaba, creo que me quedó un poquito más largo que los anteriores. El siguiente capítulo es el último, el epílogo.
Patas de perro ya está por finalizar.
Muchas gracias, de nuevo, a todas las personas que siguen esta historia, ojala que no les haya decepcionado hasta ahora. Intento hacer mi mejor esfuerzo :)
Saludos a todos y que pasen un estupendo día o noche.
Kida Luna.
