Patas de Perro

By: Kida Luna

Epílogo: No eres diferente, eres especial.

Dedicatoria: Para mi amiga Glaring Ryu. A pesar de que aquí termina esta historia, quiero que sepas que nuestra amistad continúa. Gracias por ser mi amiga y por brindarme tu apoyo, por esto te digo algo que nunca debes dudar. No olvides jamás, ¡que tú eres una persona muy especial!

Las pupilas carmesíes regresaron a su estado normal. Los sonidos empezaron a aclararse. Se zafó de la persona que lo mantenía inmovilizado y saltó.

Sus colmillos se enterraron una vez más en su brazo izquierdo. Con un movimiento brusco, Jigoku lo azotó contra el tronco de un árbol y lo arrojó al suelo.

El cañón de la pistola no dejó de enfocarlo en ningún instante.

¡BAANNNGGGG!

-"¡YAMI!"

El cuerpo del niño cayó hacia el suelo y su cabeza golpeó una enorme piedra. El ruido del disparo mantuvo a todos en el lugar donde estaban, como si el solo avanzar de uno de ellos interrumpiese algo importante.

Entonces, la pistola resbaló de sus manos y Jigoku se desplomó hacia la tierra. La ropa en su espalda empezó a teñirse de rojo mientras su respiración se detenía.

Los cuervos graznaron y el sonido del viento fue lo único que alcanzó a escucharse.

Y allí, parado entre la oscuridad y entre los árboles, la figura de Solomón finalmente se dejaba ver, bajando su escopeta.

-"¡Yami!"

Ante el grito de Bakura, Duke y Kaiba parecieron salir del trance en el que habían entrado, acercándose rápidamente también al pequeño. El ladrón lo cargó entre sus brazos, examinando su cuerpecito, no creyendo aún que ya todo hubiese acabado.

-"Menos mal, parece ser que llegué a tiempo para salvar a mi nieto" –sonrió el anciano aproximándose hacia ellos, el cansancio evidente en su rostro.

-"Me pregunto cómo vamos a explicar todo esto" –mencionó Duke, agachándose para inspeccionar el cadáver de su viejo patrón.

" – " – "

-"¿Cómo estás?"

-"Bien…"

-"Oh, Bakura, ¡lo lamento tanto!"

-"Sí, sí, eso es genial, Ryou, ¡a un lado! –el sonido de unos cuantos empujones se escucharon del otro lado de la línea- Hey, ladrón, ¿por qué tardan tanto? Tráiganse al cachorro y ya."

El albino sostuvo el celular entre sus manos mientras observaba el cielo azul, ignorando los quejidos que sonaban en su oído.

-"¿Bakura?" –volvió a hablar Ryou.

-"Él no vendrá."

-"¿Por qué no? ¡No puedes dejarlo allí, aún si no te recuerda!" –esta vez fue Malik quien habló.

-"Porque ahora él pertenece aquí."

Finalizó la llamada, no prestándole atención alguna a los gritos que suponía debían ser de Marik, y guardó el móvil en el bolsillo de su chaqueta. Ya había amanecido, Ryou y los morenos aguardaban el regreso de todos en Ciudad Domino.

Especialmente, el de cierto niño con patas de perro.

-"Hey, Bakura –habló Joey, empezando a salir de la cabaña al igual que el resto-, ¿listo para irnos?"

El aludido asintió, casi sin ganas.

-"Cuídate mucho, ¡y no te olvides de mí! –el pelirrojo negó- Espero que nos veamos pronto."

Mokuba le dio un abrazo, separándose y dirigiéndose al lado de su hermano mayor y del rubio, quienes tan sólo movieron la cabeza a modo de despedida.

Duke Deblin les siguió entonces, volteándose y contemplando a su vieja amiga sentarse en el suelo, con una venda alrededor de su estómago, al lado de su cachorro gris.

Y como no era de muchas palabras para estas ocasiones, simplemente sonrió y alzó una mano. Tsuki lanzó un ladrido en respuesta.

-"¿No viene con nosotros?" –cuchicheó Joey.

-"No –suspiró Duke-, creo que estará más cómoda aquí. El circo no es lugar para alguien como ellos" –puntualizó, observando con cariño a sus dos compañeros que alguna vez trabajaron con él allí.

Finalmente fue el turno de Bakura, quien dio unos cuantos pasos hacia delante. Yami corrió hacia él y lo abrazó fuertemente, sin saber por qué actuaba así.

El ladrón se agachó para quedar a su altura y revolvió sus cabellos con afecto. Definitivamente, por más horrible que le doliera el dejarlo allí, sabía que eso era lo mejor.

Viviendo en una cabaña en el bosque, al lado de su abuelo y sus dos mascotas, Yami podía fingir que su vida siempre había sido feliz.

El episodio de la noche anterior no volvería a repetirse. Porque ya no habría temores que obligasen al canito a llevar sus límites al extremo para convertirlo en una criatura enfurecida y desorientada; un animal aterrorizado que no había podido soportar más la tensión que se le venía encima.

A partir de ahora, ninguna memoria del pasado volvería a carcomer su corazón de niño…

-"Gracias."

-"¿Por qué?"

-"Yo… no lo sé –rió un poco-. Pero siento que debo darte las gracias, Bakura."

El peliblanco cerró sus ojos y dibujó una pequeña sonrisa en sus labios. Iba a extrañarlo mucho, de eso estaba seguro. Enterró su rostro en sus mechones rojizos y aspiró una última vez el aroma que estos desprendían.

-"Tengo que irme" –se las arregló para que su voz saliese de su garganta.

-"¿Vendrás a visitarme?"

Bakura se separó suavemente del pequeño y lo tomó por los hombros, Yami lo miró con ojos tristes, esperando su respuesta.

-"Por supuesto, vendré a visitarte" –la cara del niño pareció iluminarse.

Antes de que se arrepintiera por tener que partir y dejarlo, el ladrón se puso de pie y dio media vuelta. No dio tan siquiera ni dos pasos antes de que una manita, cubierta por un guante blanco, le sujetara la suya más grande.

-"¿Por qué?" –preguntó, mirándolo fijamente a los ojos.

-"Porque para mí, no eres diferente –susurró sus palabras, sintiendo la calidez del toque del cachorro en su piel-. Tú eres especial."

Y con eso, sus manos se separaron y finalmente Bakura se despidió del niño con patas de perro que se había metido no sólo en su corazón, sino en el de todos los que ese día se iban de aquel bosque.

Yami regresó corriendo y abrazó a su abuelo Solomón, quien le sonrió con ternura. Ondeando sus brazos en el aire, acompañados de los ladridos de los dos lobos, fue así como se despidieron de sus amigables invitados.

Patas de perro cerró sus ojos, ansiando, todavía sin conocer las razones que infundaban ese deseo, ver al ladrón regresar un día.

Quizás, por él…

-"Anímate viejo, el niño está en buenas manos. Además, necesitas arreglarte, parece que te hubiera pasado encima un camión" –bromeó al ver su ropa rota y maltratada.

Ya iban avanzados caminando entre el bosque cuando Joey Wheeler le dio una palmada en el hombro, tratando de reconfortarlo.

-"Será mejor que hablé con la policía sobre esos dos psicópatas antes de que nos acusen de asesinato" –opinó Seto Kaiba.

-"De paso, ¿podrías pedir que alguien nos venga a buscar? Comienzo a tener hambre…"

-"Entonces dile a tu novio el fantasma que te atienda, yo tengo cosas importantes que hacer."

-"¡Hey, con Ryou no te metas! ¡Mokuba! –el niño rió, siguiendo a su hermano que ya comenzaba a adelantarse- ¡Controla al ogro de tu hermano!"

-"¡Esperen!"

El rubio apretó el paso, trotando para alcanzar a los hermanos Kaiba mientras Duke corría para no quedarse atrás. Después de todo, tenía un circo que atender.

Bakura metió las manos en los bolsillos de su pantalón, suspirando, cuando algo en su interior llamó su atención. Así que se detuvo.

Sacó su brazo izquierdo, encontrándose sobre su muñeca el paliacate rojo que los había guiado hasta ese lugar. Lo acercó a su rostro y aspiró una esencia a manzanas, mezclada con el olor de patas de perro.

Y volvió a guardarlo de nuevo.

Le había prometido a Yami que un día regresaría a verlo, mientras tanto, el pañuelo extraviado del niño sería un bonito recuerdo de todo lo que habían pasado juntos.

Así como también, sería la excusa perfecta para volver a buscarlo y comenzar de nuevo.

Bakura sonrió.

Había sido el mejor robo de toda su vida. Uno muy especial y que nunca llegó a imaginarse tener la dicha de conocer.

Uno que tenía, después de todo, suaves y cálidas Patas de perro.

El fin.

He aquí el final de esta historia, espero que lo hayan disfrutado. Aunque tengo la sensación de que algo fue apresurado…

Patas de perro ha significado algo especial para mí –a expensas de gastar el título del epílogo, je-. No sólo porque va dedicada a una amiga mía, sino también porque puse gran parte de mi esfuerzo y pensamientos en él.

Ryu, lamento mucho la demora, pero aquí lo tienes, completo. Gracias por haber estado ahí para mí cuando lo necesité y por haber marcado una diferencia en mi vida, cuando esta pequeña Luna estaba perdida :)

Rex y yo esperamos que este regalo te haya gustado, porque desde el principio hasta el final, va dedicado enteramente a ti.

También quiero agradecer a toda la gente que se tomó la molestia de leerme y brindarme ánimos para continuar con esta historia. Gracias por su compañía a través de esta rara y simpática travesía.

Saludos a todos y ahora sí, por último, yo me despido deseándoles un excelente día con muchas agradables sorpresas por delante :)

Kida Luna.