*El espíritu con acento extranjero*
Cuando el sueño rem saludaba, también lo hizo una voz con una acento muy particular.
—Hola.
…sobretodo para estar en este país.
—¡Despierta!
Un acento australiano inconfundible.
—Chase, ¿eres el espíritu de la Navidad pasada? Porque no se me ocurre otra opción por la que osarías entrar a mi casa…a mi pieza.
Se asomó entre las sábanas y vio al espíritu rubio.
—Sí. Estaba dándome una siesta en la sala del personal, cuando apareció Amber en mis sueños a amenazarme con que debía desdoblarme y ayudarla si no quería acabar muerto. Aunque es como si lo estuviera.
—Ups. Chase, te engañó.
—Aún puedo volver. Así que vamos —levantó las sábanas. —Arriba, tenemos un viaje que hacer.
—Yo no… —pero el espíritu, que increíblemente podía tomar sacos mágicos, metió a House en este y se lo llevó a cuestas a pesar de sus alegatos.
Llegaron hasta un lugar en medio del desierto, con la postal de las pirámides detrás.
—Llegamos —anunció Chase, tirando el saco al suelo.
Desde el interior salió House, quejándose:
—Podrías haber sido más delicado con el aterrizaje.
—Prácticamente te secuestré, no tengo porqué serlo. Estamos en Egipto, un veinticuatro de diciembre de mil novecientos sesenta y cinco.
—No puedes hacer eso.
—¿El qué?
—Volver el tiempo.
—Soy el espíritu de la Navidad Pasada, estoy certificado —le indicó la credencial que le colgaba del cuello. —Sólo puedo mostrarte Navidades pasadas y por suerte no nos ven y no podrás modificar nada. Lo que es un alivio, porque de lo contrario tendría doble responsabilidad.
—Sí, claro. ¿Y qué quieres que vea, espíritu de la pasada Navidad? —dijo con voz engolada y haciendo un floritura.
—Pues, deberías aparecer por aquí corriendo. Creo que me pasé con el tiempo. ¿O me adelanté? Acerquémonos a tu improvisada casa, mientras tanto.
—No te creas tanto, australiano. Ya llegará mi hora de la venganza.
—Soy el espíritu de la Navidad pasada.
—Hasta que te saques la credencial boba, esa.
Chase lo ignoró y se asomó por la ventana a inspeccionar la casa rodante.
—Asómate —ordenó a House.
—Hey, espíritu redentor, sea más sutil con su aprendiz —indicó con ironía, pero haciendo caso.
Chase rodó los ojos.
House vio una escena de la que no sabía si sentir vergüenza o tristeza o nada: era él, llorando y abrazado a su madre.
—Va a ser Navidad, mi papá debería estar aquí —sollozaba el pequeño. —Hanson tendrá a su papá, ¿por qué yo no?
—Gregory, estás pequeño, ya lo entenderás.
House se volteó a mirar a Chase.
—¿Era necesario que viera esto y que tú estuvieras presente?
—Según Amber, sí.
—Menuda mierda. Mi mamá tenía razón, después entendería que era mejor que ese tipo no estuviera presente. Cuando por fin llegó… —se lo guardó.
—La idea es que vieras que alguna vez la Navidad significó algo para ti.
—Pues ahora recuerdo por qué preferí pintar de negro el veinticinco de diciembre.
—Mejor vamos al siguiente evento —dijo Chase, pasándole el saco por encima, aún ante la lucha de House.
Esta vez el nefrólogo de carácter singular, no cayó abruptamente, ni siquiera se movió, Chase le pasó el saco por encima y luego se lo quitó sin más.
—Esta es la Universidad de Michigan —aseveró House, cuando pudo ver el oscuro corredor apenas iluminado por la luz de la luna.
—Sí. Son casi las doce del veinticuatro de diciembre de mil novecientos…
—No es necesario que me recuerdes a cada rato lo viejo que soy.
—Está bien.
Unas risas evitaron el silencio. Ambos voltearon las cabezas hacia la fuente.
—No puedo creer que me hayas convencido a hacer esto —se quejaba una voz femenina.
—Nadie puede resistir mis encantos —contestó una masculina, ahora.
—Supongo que ese eres tú —comentó Chase con una ceja enarcada. —Y la chica es… —esperó que la tenue luz iluminara mejor sus rostros. —¿¡Cuddy!?
—¿Por qué te sorprende tanto, espíritu de la Navidad pasada? Creí que tenías toda la información.
—Con el apuro sólo me dieron las indicaciones generales.
Una orden, les hizo volver a mirar a los jóvenes House y Cuddy.
—House, quita las manos de mi trasero.
—Oh, vamos, un recreo por Navidad.
—No, porque mi trasero está muy cerca del cierre de mi falda. Quita.
—Está bien —se resignó él, sacando las manos y poniendo cara de cachorro.
Cuddy lo miró con una sonrisa, se paró en puntas para, con la ayuda de sus manos que se posaron en las mejillas de él para atraerla hacia sí, besarlo; un beso corto y tierno.
—Feliz Navidad —le susurró ella, de cerca.
Cuando parecía que iba a alejarse, él le sonrió y la atrajo hacia así, para besarla, pero más apasionado.
—¿Tú y Cuddy tenían algo?
—Depende qué quieras decir por "algo" —contestó House, volteándose.
—Una relación. ¿Por qué te das la vuelta? —preguntó Chase extrañado.
—Porque ahora pasa algo.
—¿Algo? —cuestionó Chase, mirando de reojo al lugar.
—Sí, algo. Y ese algo, no puede estar en este algo, porque el algo es algo que los niños menores de edad no deberían leer, según la ley. Yo creo que es una estupidez, porque, a no ser que tengan control parental, igual pueden…
—Vamos —cortó Chase, sonrojado. — Siguiente evento —y le pasó el saco por encima.
Cuando Chase le quitó el saco, nuestro hombre pudo ver una habitación oscura, que reconoció como su departamento, allí, sentados sobre el sofá, estaban él y Wilson comiendo comida china.
—¿Por qué estamos aquí? —inquirió House.
—Porque es otro momento donde la Navidad fue la excusa perfecta para hacer una reunión improvisada y… reconócelo, se ven pasándola bien.
Miraron hacia los House y Wilson sentados sobre el sillón, riendo.
—No te creo —decía Wilson entre risas.
—Es verdad —intentaba convencerlo House, tratando inútilmente de ocultar la carcajada. —Pregúntale a la secretaria de Cuddy, ella se sabe todos los chismes de contabilidad y el staff de abogados.
—Eso sí lo creo, lo que no creo es que te hayas puesto sociable con ella. De hecho eso me parece… —y volvió a reír en una explosión.
—Hey, que puedo ser muy lisonjero.
Wilson lo miró un momento y se largó a reír más que antes, a carcajada limpia.
—Ok… ok… Tú ganas —aceptó entre risotadas. —Esto de los turnos en Navidad es lo mejor —comentó Wilson cuando logró calmarse un poco.
—Si tu esposa se llega a enterar de tu turno… —y House largó a reír.
Wilson se pasó el dedo por el cuello.
—Pero no me acuerdes de ella que lo voy pasando bien.
—Lo siento —carcajeó House, doblándose por la cintura de tanto reír.
House miró a Chase y dijo con cierta molestia:
—Entonces, ¿esto quiere decir que la Navidad significa algo para mí?
—Esto quiere decir que puedes ser buena gente. Excepto con tu madre, que se demuestran tus sentimientos, en caso de Cuddy y de Wilson lograste hacerlos sonreír, que se sintieran bien contigo, usando la excusa de una fecha como esta.
—Ellos se sienten bien conmigo todo el año.
—Invitaste a Cuddy a meterse contigo a la facultad de medicina en Michigan, porque le escondiste un regalo en el laboratorio de química antes de que cerraran, para así llevarla. Y como en ese tiempo ella confiaba en ti… —comentó Chase como quien no quiere la cosa.
—¿Cómo sabes…?
—Soy el espíritu de la Navidad Pasada —miró el reloj de arena que colgaba de un lado. —Mi hora terminó —le echó el saco encima.
—¡Oye! ¡No!
House quedó cubierto por el saco y volvió a tener un aterrizaje forzoso.
—¿Podrías tener más cuidado? —gruñó, pero cuando se quitó el saco de encima sólo eran las sábanas y no había nadie con acento extranjero.
