Parece que no lo lograré u.u...
Bueno, por si acaso... ¡¡¡FELIZ nAVIDAD!!!
*La espíritu con conciencia*
Pero estaba Cameron o, bueno, su alma, espíritu o lo que fuera.
—¿Viniste a buscar a tu novio? Ya se fue. Parece que te olió y arrancó.
Cameron hizo una mueca de hastío.
—Parece que alguien está levantando a los muertos de sus tumbas. Soñé con Amber y ahora estoy aquí.
—Mi muerto sigue muerto —contestó House al ver que lo agregaban al paquete de "muertos".
Cameron rodó los ojos. Se sentó a los pies de la cama.
—¿No te has dado cuenta de que eres un fantasma, espíritu o algo, pero que sin dudas atraviesas paredes?
La mujer miró su mano y recién ahí notó su transparencia, al ver a House del otro lado de ella.
—¿Qué me pasó? —preguntó asustada.
—Amber no te dijo algo de "salvar su alma" —se burló.
—Sí y le ofrecí ayuda.
—Pues, me inclino ante ti, espíritu de la Navidad Presente —dijo con retintín, bajándose de la cama y haciendo una reverencia pomposa. —¿Qué me vas a enseñar?
—¿Yo? —cerró los ojos tratando de recordar.
—Bueno, sé que no es mucho lo que puedes mostrar, pero…
—¡Ya me acordé! Amber me preguntó si quería ayudar a salvar de su miseria a alguien y de paso ayudarla a ella a poder entrar al cielo. Pero nunca mencionó tu nombre.
—Y tú te ofreciste. Tan bondadosa. Pues vamos, saca a este hombre de la miseria —habló con burlería.
Cameron lo miró seria, pero lo ignoró. Movió la mano y en no más que un parpadeo House se encontró en el hospital, precisamente frente a la cama de la paciente, que dormitaba, y con sus padres y hermanos alrededor suyo.
—¿Por qué debo ver esto? Espera no me digas, "eh, House —hace una mala imitación de la voz de Cameron —, mira como esta gente, a pesar de tener a su hija prácticamente muerta, le trajeron la Navidad a su lecho, que será el que coja sus últimos suspiros si no te vas a trabajar con tu equipo.
—Me has robado las palabras de la boca —contestó Cameron, irónica.
—Pues vaya regalo de Navidad —respondió House, mordaz.
Se quedó mirando a la niña unos instantes. Cameron notó el silencio y dirigió su mirada hacia él.
—¿Qué pasa? ¿Se te ocurre algo para su diagnóstico?
Sin quitar la vista de su punto, House comentó:
—No la hemos despertado desde que llegó. A lo mejor tiene algo que decirnos.
—¿No que todo el mundo miente? —rebatió Cameron.
—¿Una niña de cinco años? —chilló House, mirándola al fin, fingiendo desesperación. —¿Y en Navidad? ¿Para qué perder la oportunidad de recibir su último obsequio? ¡Que insensible eres!
Cameron rodó los ojos y exhaló un brusco suspiro.
—¡Hey! ¿Qué haces? —gritó ella al ver que el nefrólogo se acercaba.
—¿De qué te preocupas? No nos pueden ver.
La fantasma de la Navidad Presente se abstuvo de alegar más ante ese argumento.
—¿La paciente, cuando llegó, le hicieron revisión completa?
—Soy el espíritu de la Navidad presente en este momento, no recuerdo lo que Cameron sabe.
—No me jodas, Cameron.
—Aunque pudiera. Sólo me sé el presente.
—¡Que útil eres! —se quejó. —Necesito revisarla. Necesito despertar. Creo que ya sé lo que tiene. ¡Tienes que dejarme despertar!
—Lo siento, no puedo. Tu lección acaba con el fantasma de la Navidad Futura. No puedo dejarte despertar.
—Entonces dame pronto mis lecciones, porque necesito despertar si quieres una Navidad feliz para ella o al menos una Navidad más y no la última.
—Es que no es tu único desafío.
—Lo sé. Por eso vamos.
—Está bien. ¿Prefieres que hagamos el camino corto?
Salieron de la habitación rumbo al despacho de Cuddy. Al entrar la encontraron hablando por teléfono, un poco incómoda.
—Lo siento, mamá, no puedo ir a verte. Sí. Un médico. No, no voy a salir con él, es que no ha hecho su trabajo y debo quedarme en Nueva Jersey por si se le ocurre algún procedimiento temerario y deba contratarle un abogado. Sí, ese mismo. Sí. ¡No! Ya mamá, debo acabar un papeleo, cuando llegue a casa te llamo, si es que no colapsan las líneas. Sí. Sí. Adiós.
Colgó y volvió a su computadora a registrar los datos de una hoja, mientras rezongaba en un mascullo:
—No saldría con House ni aunque así tuviera un mes libre. Con tantos problemas que me da. Que las quejas de los pacientes, que la de los familiares, que las del equipo, que las de las enfermeras… —dio un bufido y agarró un lápiz con brusquedad para hacer una nota.
—¿Deberías hacer tu trabajo, no crees? —sugirió Cameron.
—¿Y así hacerle gastar en abogados? ¿Quieres destrozarle el colon?
—Y deberías ser más amable con tus pacientes.
—Sí, y así omitirían una serie de datos con los que a ella le explotaría el hígado, porque el paciente moriría.
—Y con tu equipo.
—Y con las enfermeras —Cameron lo miró desorientada. —¿No era eso lo que ibas a decir? Oh, bueno. Después yo te diría que son subordinados y tienen que hacer su trabajo.
—Como tú. Sólo que te cuesta demasiado pedir las cosas por favor y dar las gracias.
—Oh, gracias Cameron, ¡perdón!, espíritu de la Navidad Presente, gracias por mostrarme cuán desgraciada le hago la vida a mi jefa. Ya estaba perdiendo la esperanza de que mis modales lograran algo.
El teléfono no permitió que Cameron le diera más que una mirada asesina.
—Diga. ¡Ah! Hola. No, no puedo. No, dejémoslo para otro día. Sí, lo sé, pero estoy cansada. Mira, si es por el dinero… —Cuddy se alejó el teléfono de la oreja y lo quedó mirando. —Bah. Que sensible —lo dejó en su lugar y volvió a lo suyo. —Vísperas de Navidad, el día indicado para darte cuenta que te has casado con el trabajo, Lisa.
—Vamos —dijo Cameron, andando hacia la salida.
—Cosa uno, ¿habla sola? Cosa dos, dime que le jodí una cita —suplicó House como si la respuesta afirmativa significaba ganar el juego, mientras avanzaban por los pasillos para subir por el elevador.
—La cosa uno, todos lo hacemos. La cosa dos, ¿te haría feliz si fuera así? —preguntó ella, de modo que se entendía que la respuesta afirmativa sería tomada como si fuera un maldito idiota.
House miró el suelo. No respondió. Encontró una excusa en el ascensor al que subían.
—¿Por qué vamos por el elevador?
—Porque no sé flotar, sólo atravieso paredes.
Al ver el número en rojo en el ascensor, atravesaron la puerta y se dirigieron al despacho de House. Allí estaba el equipo intentando resolver el caso.
—Acabo de recordar haberles dicho que uno se quedara con la paciente por si surgía un nuevo síntoma —comentó House a Cameron.
—¿Y para qué te iban a hacer caso? Las enfermeras se pueden hacer cargo de llamarlos y advertir algún síntoma. Además debían trabajar juntos, debido a que su jefe se fue.
—¡Que jefe más desconsiderado! —saltó con sarcasmo.
—Necesitamos a House —comentó Kutner, estrellando la cabeza contra el libro que tenía sobre la mesa.
Los dos traslúcidos pusieron atención.
—¿Para qué? Para que nos mande al diablo —sugirió Trece con ironía.
—Para que nos ayude.
—¡Hey! Estoy aquí —decía House, para la risa de Cameron.
—Deja de perder el tiempo —le dijo ella.
—Pero van a pasar por alto…
—Ahora que la viste te diste cuenta de algo que te intrigó. Mala suerte. Debes acabar tu sueño.
House propinó un quejido.
—Deberíamos revisar nosotros mismos a la paciente —sugirió Taub.
—¿Por qué? —preguntó Kutner.
—En urgencias se les pudo haber pasado algo, incluso puede que no la hayan revisado. Los padres…
—Yo voy —resolvió Trece poniéndose de pie y saliendo.
—Parece que pueden pensar lo mismo que tú —comentó Cameron, insidiosa.
—Pero sus procesos mentales son más lentos —se defendió él.
—Tenía planes, está cabreada, por eso hace todo de modo que parezca más rápido —habló Taub.
—Pero es mejor así. Quiero poder, al menos, bajar a tomar algo con Cameron y Chase o con quien esté de turno —se confesó Kutner.
—Bueno, yo no quiero dejar a mi esposa con la cena hecha. Sigamos viendo esto —sugirió Taub, tomando el rotulador.
—Ahora espero un comentario como "¿Así de malo soy?" —Cameron hizo una mala imitación de la voz de House.
—Jamás lograrás articular mi sexy voz.
La doctora hizo una mueca.
—Vamos —ordenó ella.
—¿A dónde? —preguntó él, siguiéndola.
—Nos falta tu último desafío. Y ojalá lo hagas para que Amber logre salvarse. Deberías hacerlo por Wilson que te aguanta tanto.
—No tengo la culpa de que ella…
—Eres insensible, ignorante de inteligencia emocional y un necesitado, ¿te gusta eso?
House la miró quisquilloso.
—¿Tú has dicho eso? —le preguntó.
Cameron se agarró la cabeza.
—¿Ah? ¿Qué pasó? —quiso saber ella.
House rodó los ojos.
—Amber —gritó —, no juegues sucio o te acusaré con tu jefe. Ah, qué digo, ya lo debe saber.
Cameron lo miró con una ceja enarcada.
—Ya estamos donde Wilson —dijo ella cuando llegaron a una sala del ala de oncología adornada de forma navideña y con los oncólogos ayudando, entre ellos Wilson.
—Alcánzame la bota de Andy Segal, por favor, McCanne —pidió Wilson, desde una escalera, y con un gorrito de santa puesto.
—¿Por esto Wilson no llegó al póker?
—Hay alguna gente que tiene corazón —comentó Cameron con intención.
—Hey, eso va por mi.
—Oh, no —ironizó ella.
—¿Compraste la torta para diabéticos? —preguntó McCanne.
—Para diabéticos y para no diabéticos —contestó Wilson, bajando de la escalera.
—Excelente.
House se volteó hacia Cameron.
—¿Qué debo aprender aquí? ¿Que debo comprar de todo para todos?
—¿Qué no ves? Wilson sacrifica su tiempo por otros, pudiendo irse a su casa y ser un ermitaño como tú y echarse a tomar, pero prefiere acompañar a los niños y darles un momento de felicidad.
—Sí, que bueno es Wilson. Lo hace porque no tiene nada mejor que hacer.
—Necesitas un medicamento más fuerte, ¿no? —dijo Cameron resignada.
—¿Qué está pasando? —preguntó House, al notar que todo parecía derretirse y dejar sólo oscuridad.
—No alcancé a mostrarte la ignorancia y la necesidad.
—Bah. Creía que aquí ya me la habías mostrado.
—Me debo ir —fue lo último que dijo la fantasma de la Navidad Presente antes de desaparecer.
