Quedó más cortito....

Y no lo logré... el último chap lo cuelgo mañana, lo siento...


*El espíritu misterioso*

House pensaba que si realmente fuera el señor Scrooge, debería ponerse a canturrear para pasar el susto de estar en un espacio oscuro. Pero era él, House, no podía rebajarse a eso. Se volteó para dirigirse a un punto oscuro de la nada negra, pero chocó con algo duro, pero sólo veía oscuridad. De pronto, un enorme filo apareció y quedó metido entre sus piernas y eso sí logró asustarlo.

—¡Cuidado! ¡Extinguirás mi humanidad! —gritó, bajando las manos y dando con el palo que sostenía el filo.

Sin darse cuenta, toda esa negrura comenzó a disiparse hasta dar paso a un cementerio neblinoso. Unas enormes tumbas y mausoleos se alzaban dando la bienvenida. Por primera vez en todo el rato House tenía experiencias térmicas, en especial cuando vio al espécimen delante de él, cuyo rostro no se veía, tapado por una capucha y como alzaba su hoz a su altura, quitándola del peligroso lugar para House.

—Creo que me he destapado en mi cama —comentó.

La parca era muda, nada más se limitó a señalarle el camino con su hoz sostenida por su mano negra… Ahí House comenzó a sospechar de la autenticidad de la "parca".

El fantasma de la Navidad futura comenzó a desplazarse hacia el interior del cementerio. Entre tumbas de los más diversos tipos y gustos. Avanzó y avanzó hasta casi terminar el "barrio alto" del cementerio, allí volteó hacia su atemorizada víctima… que no estaba por ninguna parte.

Como era muda, no tenía modo de gritar, y enfurecida buscó a House hasta encontrarlo frente a una tumba rebosada hasta las bases de flores. Lo tocó con la punto de su hoz en el hombro y House se volteó.

—Sin cuchillazos por la espalda —se quejó el nefrólogo aleccionado. —La tumba de Wilson, parece tumba de chica.

La parca no respondió y sólo le empujó con el palo de su hoz por la espalda.

—Hey. Cuidado.

El espíritu ni se inmutó y así se llevó a House, a través del cementerio, por sus barrios alto, medio y bajo, hasta llegar al más bajo, el de las fosas comunes. Pero House no pudo dejar de entretenerlo por el camino:

—¿Y cómo es la vida de la muerte? —House se quedó pensando lo que había dicho un momento y rió a carcajadas de su propio chiste. —¿Oíste lo que dije? ¡Ja, ja! —se volteó lo que pudo a mirarla. —Que poco sentido del humor tienes. Pero, ¿qué tal el trabajo? ¿Matas mucha gente? ¿Te satisface? Yo vivo luchando contra ti y pocas veces me has ganado. Soy tu mejor retador, lo sé.

La parca el dio un espolonazo más fuerte con el palo de la hoz, haciendo que House caminara más rápido y se callara un momento, pero sólo un momento.

—¿Y tienes hijos? ¿Muertecitas pequeñas matando gente? Bueno, no creo, tú das muerte, no vida. Tengo que hablar de eso con el que te da trabajo, sí porque mientras haya vida, habrá muerte, ¿no? —volvió a intentar mirarla. —¿Sabes? Es aburrido hablar sin que te respondan. Pero también me aburro si no hablo. Escuchar mi voz me tranquiliza, ¿sabes? Sí, porque de lo contrario me pondría histérico como mi jefa, por no poder despertar e ir a tratar a mi paciente de una vez. ¿Podríamos acabar con esto de una vez, señora parca?

Ya iban por el "barrio bajo" y ninguna respuesta.

—Ah. Creo que entiendo. Quieres que te hable de mis desafíos. Bueno, mira, pienso solucionarlos así: el de la paciente, cuando me despierte, voy corriendo, metafóricamente, compruebo mi diagnóstico y la trato, les deseo una feliz navidad a su familia y todos felices comemos perdices. El de Wilson, pues voy a decirle que vayamos a comer con sus peladitos, creo que me los puedo aguantar por el almuerzo. Con mi equipo, fácil, el caso resuelto, hagan lo que quieran, yo medico a la paciente y somos felices, porque hago su trabajo. Y lo de Cuddy, pues… creo que no se me ocurre nada mejor que ir hasta su casa y ofrecerme de cena de Navidad.

—¡Oh, ya, basta de tus estupideces! —gritó una voz muy masculina.

House se volteó y vio que el espíritu más perverso se quitaba la capucha y resultaba ser Foreman.

—Ahora entiendo por qué todo está tan negro —comentó House.

—Esto es una estupidez. Convencerte a ti de que hagas algo por alguien desinteresadamente mostrándote que por imbécil te enterrarán en un fosa común, no tiene mucho sentido.

—La verdad es que no. Este bello cuerpo mío le dará glamur a la fosa. Por lo demás, no me enteraré de lo que hagan con mi cuerpo después de muerto, así que poco me preocupa.

—No se trata de eso, House. Se trata de gente que necesita un gesto amable por tu parte y de que Amber nos amenaza de manera perversa para cumplir su objetivo.

—Era su esencia la maldita y nos quiere cargar el muerto de su culpabilidad a nosotros. Deberíamos volvernos contra ella. ¡Únete a la lucha, Foreman!

—¿Y perder mi esencia de llevarte la contraria? Olvídalo.

—Sí. Claro. Mira. Tengo una idea. Para que tú no pierdas tu alma, yo haré caso cuando vuelva, me comportaré como Cameron… No, pero algo así. En fin. Lo haré que me salga de algún resquicio del alma que me pueda quedar, pero… —y ahora bajó la voz —sólo por Navidad. Pero que ella no se entere.

—Pero debes firmar un contrato —destacó Foreman, agitándole el papel en la nariz.

House se quedó pensando un segundo.

—¡Ya sé! Eres la muerte. Vuelve a disfrazarte y agrega la clausula que diga que sólo es por Navidad. Dime que no nos beneficia a todos.

—Pero…

—No te verás comprometido, porque serás La Parca y no Foreman.

Foreman asintió con la cabeza, pareciéndole propio y actuaron según lo acordado.

Al agregar la clausula, House firmó el contrato tras echarle una leída rápida para asegurarse que no quedaba condenado a ser el esclavo de Amber o Wilson o nada por el estilo.

Apenas acabó con la última línea de su pacto de un día, todo comenzó a dar vueltas y más vueltas… House luchaba entremedio de las sábanas, por salir de la prisión que habían formado entorno a él. Cuando lo logró, sintió sudor frío recorrer su espalda: lo había logrado, al fin había despertado encerrado en su pieza oscura para poder dormir.