¡¡¡Lo siento!!! Olvidé que tenía el cumple de mi mamá post Navidad y me sería imposible entrar y luego el calor que me tomó la cabeza TT merezco el infierno!! ;o;
Me quedó trágico por el caso este chap, pero espero que se pueda pasar... u_u'
Y, bueno, espero que haya esperanza aún TT... (malditos spoilers ¬¬)
*Horas de espíritu*
Cuando se vio despierto y vivo, House hizo todo lo posible por llegar lo más rápido que le permitían sus condiciones naturales al hospital.
Una vez allí, se dirigió hasta su oficina a ver a su equipo.
—Buenas tardes —saludó, para la sorpresa de todos. —¿Qué? ¿Les parece raro encontrar gente amable?
—No —aseguró Trece, bostezando —, es raro que tú saludes así.
—Sí. Bueno. Me alegra sorprenderlos. ¿Qué me cuentan de la paciente?
—Pubertad precoz; vello púbico, axilar, ya menstrua… —respondió Taub.
—Los síntomas de pérdida la trajeron hasta aquí. Los padres, según ellos, no quisieron creer que fuera eso, yo pienso que nos ocultaron la información —declaró Kutner.
—O que les avergonzó, porque no toda la gente estudia medicina —terció House —, para el caso es lo mismo. ¿Averiguaron si es un factor genético o ambiental?
—Genético —dijo Kutner.
—Ambiental —aseveró Trece.
Ambos se miraron.
—Pero si las pruebas… —comenzó a alegar Trece.
—Esperen —interrumpió House —, creo que aún tengo algo de sueño. Kutner, ¿dijiste síntomas de pérdida?
—Sí, estaba embarazada.
House abrió la boca, preguntándose cómo pudo haber ignorado esa información en el primer momento que se le había dicho.
—¿Abortó? —preguntó.
—No —contestó Trece, desorientada.
—Y sí, no la hemos hecho abortar, porque es tan normal que las niñas de cinco años se embaracen —contestó Taub creyéndose adelantar a la respuesta de House.
—Lo raro no es que se embaracen si ya les ha llegado la menstruación, violadores andan disfrazados de profesores o de tíos del bus escolar. Vayan a… —House apretó los ojos —Lo haré yo —salió.
El equipo salió tras él, despertándose de una vez.
—¡House! —gritó Trece. —Yo iré.
—¡Y yo! —se sumó Kutner.
—No, usted vayan a dormir.
—Queremos ayudar, más ahora que pareces más amable —se atrevió a decir Kutner.
—¿Aún cuando tengan esas ojeras horribles? ¿Basta con que sea amable para que deseen trabajar? —se extrañó House.
—Aha —afirmó Kutner, mientras Trece asentía.
House miró a Taub.
—¿Tú qué piensas? —le preguntó.
—Si fuera el padre, después de matar al idiota que tocó a mi hija, mataría al doctor que no se preocupó.
—Tomaré eso como un sí. ¿Alguien duda que haya sido de una violación?
—Dudo que haya sido consentido, o que al menos supiera qué se le estaba haciendo —aseguró Trece, abriendo mucho los ojos ante la pregunta.
—Está bien. Taub, tú vas con Trece al colegio. Kutner, tú y yo vamos a hablar con los padres. Pero antes tomaremos una muestra para el ADN de ese feto.
Ya en la habitación de la paciente, Kutner se llevó a los padres para hablar con ellos, mientras House despertaba a la niña para lograr sacarle alguna información útil.
—Hola —le dijo a la niñita cuando abrió los ojos.
—Hola —dijo ella.
—¿Cómo te llamas?
—Tina Cratchit.
—Tina, ¿tú sabes lo que tienes? —inquirió con cuidado.
—No —respondió poniendo cara de preocupación. —¿Qué tengo, doctor? —preguntó ella.
—Estoy casi seguro, pero necesito preguntarte unas cosas para así poder curarte.
—Sí, doctor. Cúreme pronto por favor. Mi pancita crece y crece y tengo miedo de que explote —contó ella con inocencia.
—Tu pancita no está tan grande.
—Pero no era así —se quejó ella.
—Y ¿desde cuándo se puso así?
—No lo sé, pero hace días que no me puedo poner mi falda favorita.
—Hace días estás aquí.
—Quiero a mi mamá.
—La traeré, pero dime algo más, ¿hay alguien que te haya hecho daño? —¿Cómo especificar eso de forma poco agresiva? —¿Alguien que te haya sacado sangre?
—No puedo decirle, el tío Samy me dijo que no le dijera a nadie —confesó la chiquita escondiéndose bajo las sábanas y colocándose a llorar. —¡Quiero a mi mamá!
House sonrió, tenía su respuesta. Se levantó, tocó el hombro oculto de la pequeña y la tranquilizó diciéndole:
—Traeré a tu mamá.
Al salir se encontró con Kutner pegado al cristal.
—¿Tú…? —logró articular, aún anonadado.
—¿Dónde están los padres?
—Aquí estamos —dijeron asomándose y acercándose.
—¿Quién es el tío Samy?
—El chofer del bus escolar, es muy amable —contestó la madre. —¿Qué sucede? —quiso saber al ver la expresión de House.
—Llama a Taub, dile que hay un chofer de bus escolar en el blanco, el tío Samy.
—¿Qué pasa con él? —insistió la madre, mientras Kutner se iba.
—Sabían que su hija estaba embarazada, ¿verdad?
—Los doctores nos dijeron hace un rato —dijo la madre que tenía los ojos enrojecidos.
Cuando se puso a llorar, su esposo la abrazó.
—¿Es que Sam…? —él esperaba que House acabara la frase.
—Eso sospechamos. Necesito que firmen una autorización para provocarle un aborto.
Ambos padres se pusieron a llorar desconsoladamente. House hizo esfuerzos por cumplir su trato.
—Oigan —habló con suavidad —, sé que debe ser duro para ustedes, pero su hija necesita que firmen para mejorarse, luego averiguaremos qué ocasionó el exceso de hormonas y lo revertiremos como sea.
—¿Y si el aborto la mata? —preguntó la madre.
—El aborto hará menos daño que si tiene al bebé.
—Hace años, en Perú, hubo una niña con la edad de nuestra hija que…
—Aquí el aborto es legal y son los dos mil. Su hija a esta edad, por más que le gusten sus muñecas, no puede jugar con una de verdad. Si nace tendrían ustedes que cuidarla y criarla, se culparán y llorarán todos los días y el día que su hija lo descubra, ¿cómo creen que reaccionará? No sé si serán sus convicciones religiosas o qué, pero si quieren a su hija feliz y por muchos años más necesita la cirugía. Podrán decirle que se operó de apendicitis si quieren, pero si hacen que tenga al niño sucederá una de estas dos cosas: o morirá o vivirá, pero si vive es seguro que le mentirán, dirán que es su hermanito y ella lo creerá, pero sus compañeras la molestarán porque notarán que es diferente a ellas, ¿quieren eso para su hija? Y luego lo descubrirá y…
Ambos padres miraban abrazados a través del cristal a su niña. House los observa y da un suspiro.
—Su hija quería verla. Supongo que necesita de usted aún —le dijo House a la mujer, posando una mano en su brazo.
Ella se echó a llorar en brazos del médico. Este respiró hondo, para lograr llevar su mano a su espalda y darle unas palmaditas.
—Regálele su niñez —pidió House, casi sin pensarlo, porque estaba ocupado recordando su propia infancia en aquella memoria que le mostró el fantasma de la Navidad Pasada.
La mujer se asomó de entre los brazos de House a mirar a su marido, él asintió secándose las lágrimas. Ella cogió el formulario y lo firmó.
—Si necesitan ayuda legal… traeré a alguien quién pueda ayudarles y guiarles.
—Gracias —suspiró ella.
—Es muy amable de su parte —asintió él.
—De nada. Su hija querrá verlos —y se marchó.
O había algo que le estaba obligando a actuar así o es lo que realmente sentía. No quería pensarlo, si lo hacía tendría que aceptar que había consciencia o emociones de por medio y no quería darle la razón a nada, simplemente actuaba.
Llegó a la clínica para hablar con Brenda.
—¿Te tocó hacer turno? —le preguntó apenas la vio.
—Sí, responsabilidades que cumplir, no sé si las conoces —contestó a la defensiva.
House la ignoró, ya que de lo contrario acabaría destrozando su contrato.
—Necesito un quirófano para ahora, para una niña con un tumor estomacal, por favor
Brenda lo quedó mirando sorprendida.
—Oh, bueno, tumor estomacal es una mentira horrible, pero no es para poner esa cara, mujer —se excusó House.
—No, no es eso. ¿Has dicho "por favor"?
—¿Es que nadie tiene modales por estos lados?
—Parecen que los milagros de Navidad existen. Tu quirófano estará lo antes posible.
—Gracias.
Brenda volvió a mirarlo con estupefacción. House comenzó a fastidiarse.
—Las gracias sí las he dado de vez en cuando —aclaró. —Necesito que me hagas otro favor, Brenda.
La enfermera acrecentó las facciones de completa anonadada.
—¿Qué hice ahora? —preguntó House, un poquito hastiado, pero sin ser un gruñón.
—Te has molestado en decir mi nombre y no hay registro de sarcasmo en mi marcador.
House dio un bufido.
—Quiero que ayudes a orientar a la niña y a la familia en todo lo posible y que consigas un abogado del hospital para que les ayude.
—¿Tú…? —comenzó a preguntar Brenda con cara de intentar comprender la actitud de House, pero rindiéndose. —¿Por qué no hablas con Cuddy?
—Ella… te hará más caso a ti.
—Está en su despacho.
—Tengo que hacer. ¿Me harás ese favor?
—Así como me lo pides, claro.
—Gracias.
Al salir se encontró con Kutner.
—Ya les avisé. Haré el ADN.
—Tú vete a dormir, de fiesta… lo que quieras, pero ve a pasarlo bien.
—Pero el caso…
—Yo puedo acabar con lo que queda. Cuando vuelvan Trece y Taub también los echaré a casa. Tómense el día de mañana, no sé, pero no trabajen tanto.
Y tras decir esto, lo dejó en medio del pasillo lleno de preguntas.
Andando, llegó a la sala de oncología donde Wilson organizaba la fiesta de Navidad para los pequeños con cáncer. A esas alturas ya habían comenzado. Notó que el Santa con panza falsa era Wilson, cosa que le produjo risa. Cogió un gorro con cuernos de alce y una nariz de payaso y se dirigió, para la preocupación de Wilson, a sentarse a su lado.
—¿Qué estás haciendo? —inquirió el oncólogo, disimuladamente.
—Acompañando a mí amigo en sus actividades, no perjudicándolo con mi carácter.
—¿Con quién has hablado?
—Con tu ex novia.
Wilson lo miró con los ojos desorbitados.
—¿Has soñado con Amber?
—Pesadilla surrealista sería el término más concreto. Tiene un gran poder de persuasión —comentó, fingiendo temblar.
—Pues yo he soñado con Cuddy.
House lo miró un segundo.
—No. Sólo quieres hacerme enfadar, pero no lo lograrás, estoy contagiado del espíritu navideño.
—House, cállate, que me harás tener pesadillas.
—¿Eres Rodolfo? —preguntó un niñito, que se había acercado a House.
—Sí. El reno. Vengo a ayudar a Santa con los regalos, ¿ves que él no podía traerlos solo?
—¿Y por qué pareces humano?
—Es que soy un reno mágico, por eso soy un reno de Santa. Me puedo transformar de hombre a reno y de reno a hombre.
—¡Guo! —exclamó el niño de no más de cuatro años. —Yo quiero ser un reno de Santa. Santa —ahora se dirigió a Wilson —¿puedo ser uno de tus renos?
Wilson no sabía qué responder, aún estaba en shock por la amabilidad de House para con el retoño.
—Oh… Veremos.
—¿Veremos? Serás un reno de Santa, sólo que debes esperar crecer un poco para ser fuerte y poder tirar el trineo —se entrometió House.
—Yo no quiero tirar del trineo, yo quiero transformarme.
—Oh… —House buscó una mentira diplomática. —Pero sólo los renos que tiran del trineo de Santa pueden transformarse.
—Oh —se entristeció el niño. —Bueno, entonces quiero seguir siendo astronauta —y se fue fingiendo pilotear una nave.
Wilson miró a House aún sin creérselo.
—¿De qué va esto? —le preguntó.
—De Rodolfo el reno —contestó él.
—Pero…
—¿Te molesta que esté aquí? —consultó amable. —Porque si te molesto me voy.
—No… —contestó Wilson, que de la estupefacción se estaba quedando sin palabras. —Está bien.
Cuando Trece y Taub llegaron hasta allá para darle la información recopilada, omitiendo todo tipo de comentarios ante la escena, House los envió a hablar con Brenda y que él luego se las arreglaría junto a ella, que ellos no osaran desobedecerle la orden de que fueran a sus casa a hacer lo que se les viniera en gana.
Llegó la hora de repartir los regalos, mucho antes de las doce, dado que los pequeños debían ir a dormir, sin ningún apuro ni traspié. Entonces a House le llegó la hora de escapar del interrogatorio de Wilson que nunca vino y dirigirse al laboratorio donde ya tenía todo para averiguar lo que necesitaba.
Estaba con las pruebas que le dirían si el desorden hormonal en la niña era genético o ambiental, cuando llegó Cuddy.
Él la observó controlando algo parecido a la emoción golpeando su pecho. Ella se sentó a su lado y lo miró con una sonrisa suave.
—Wilson, Brenda, tu equipo, la paciente y sus familiares, eso sin contar los niños de oncología. Creo que alguien le remordió demasiado la conciencia por marcharse.
—Me pregunto si habrás tenido algo que ver.
Cuddy lo escudriñó un momento analizando el contenido de esa frase. Prefirió ignorarlo.
—¿Cómo va lo de tu paciente? —preguntó, señalando los análisis llevados a cabo.
House la miró sorprendido, tristemente, pero prefirió seguir esa corriente dado que él no podría hacer lo que esa vocecita gritaba en su cabeza, no se atrevería.
—Si es ambiental, la trato; si es genético será tu paciente.
—Siempre dices que no soy más que una administradora, por qué la derivarías conmigo y no con otro de los endocrinólogos que…
—Porque no confío en ellos.
Ambos se quedaron pensando esas palabras.
—Es una paciente delicada, tú eres delicada, o sea —trató de corregirse —, tú tienes ese sentimiento maternal con el que se sentirá más cómoda. Confío en que podrás orientarla y ayudarla. Eh… ¿Brenda te dijo?
—Sí. Desde el veintiséis tendrás a nuestro mejor abogado trabajando por tu pequeña regalona.
—No lograrás fastidiarme hoy —contestó House, observando a través de uno de los microscopios. —Es tu paciente —declaró. —Lo más probable es que sea la tiroides…
—¿Quién es la endocrinóloga?
—Perdón, jefa —se disculpó con un tono juguetón. —Eh… ¿Tenías algo que hacer esta noche?
—Juntarme con mi hermana y preparar una sorpresa que le daríamos a mamá. Pero mi hermana se molestó, porque no podría ir…
—Por mi culpa —terció House, cabizbajo.
Cuddy lo miró extrañada.
—No. Sólo hacías tu trabajo. Somos médicos, no sabemos cuándo quedaremos libres de nuestras responsabilidades.
—Pero si yo hiciera lo que debo, acabaría antes y tú… Y tú no deberías permitir que yo hiciera todo lo que se me viene en gana.
Cuddy dio un suspiro y se levantó. House la observó como si hubiera perdido la oportunidad de concretar su contrato, más sumando que ya faltaba poco para las doce.
—Cuddy…
—¿Sí? —inquirió ella, volteándose con ansiedad.
—¿Fuiste a ver a la paciente?
—Sí, ya fui —contestó, bajando la mirada. Pensó un momento en que House no se armaría de valor jamás, así que optó por hacerlo ella. —Tú eres el que no se permite hacer todo lo que se le viene en gana, no me eches la culpa de eso.
Con eso obtuvo la verdad que necesitaba, abofeteándole para darse cuenta de todo, para asumirlo todo, si no quería seguir perdiendo algo aún más importante que el sarcasmo por un día, debía hacer algo.
House tocó su rostro con delicadeza, ella se dejó querer hasta que no pudo más que abrazarlo y darle un pequeño beso en los labios por el temor a que eso no fuera a lo que él quisiera, pero ese fue el preciso momento que él aprovechó para dejar aflorar sus sentimientos, para hacer de una vez todo aquello que se le venía en gana;
La cogió por la nuca, enredando sus manos en su cabello rizado, la acercaba lentamente debido al nerviosismo que le embargó en ese momento. Había deseo escondido en temblores, en indecisiones, en los primeros roces de reconocimiento en los labios del otro. Ya desesperada, Cuddy cogió la cabeza de House logrando la fusión perfecta de sus labios.
Un beso sediento, lleno de recuerdos, de olvidos, de momentos en sepia y en blanco y negro y también de instantes en rojo, pero nada actual, nada que les hiciera prescindir de de aquello, todo lo que lograban traer a sus mentes les hacía aferrarse más aún a ellos. Las espaldas no eran suficiente playa para este par de náufragos que no hallaban la manera de sentirse a salvo del otro, porque sólo juntos podían estarlo y no querían entenderlo sólo mordisqueando la orilla.
Cuddy se separó de él para tomar aire, él volvía a atraerla hacia sí, pero ella se resistió.
—Ya no tengo veintiún años —se excusó, aún abrazada por él.
—¿Y qué? —dijo él respirando violentamente sobre ella. —Es mejor, tengo dos por una —y rió.
Ella le golpeó en el pecho ante su juego.
—¿Te pasó algo, House? —le preguntó Cuddy, tras un momento de silencio.
—No. ¿Por qué lo dices?
—Por… —Cuddy agitó la cabeza para convencerse de no hablar —Nada.
—Ya… —murmuró House. Justo en ese instante sonó el pito que anuncia las doce en todos los relojes digitales. —Feliz…
Pero no alcanzó a terminar la frase por el beso poco delicado que le regaló Cuddy.
—Feliz Navidad —le deseó ella sonriente. —Lo siento —se disculpó al ver que le había hecho daño en el labio, con su dedo pulgar y saliva intentó hacer algo.
—No te perdonaré que me hayas interrumpido —jugó él al ofendido.
—¿Y qué harás al respecto?
House la soltó y se acercó a los matraces, cogió uno y se lo entregó: contenía un líquido azul dentro.
—¿Qué es? ¿Viagra líquido? —preguntó ella, mofándose.
—No —respondió él quien revisaba en unos cajones. —Es un distractor para lograr envolver mi regalo sin que te dieras cuenta.
—¿Me tienes un regalo?
—No —musitó sarcástico. —Te tengo un regalo.
Cuddy enarcó una ceja y se acercó a él.
—Toma —le dijo, extendiendo la mano.
Cuddy asió el paquete y lo abrió, aún sorprendida. Sonrió al ver lo que contenía el envoltorio: una pluma cromada con su nombre grabado.
—Esta es la pluma que te tiré por la cabeza cuando te dije que no te quería ver más —comentó ella.
—Sí, me hubieses tirado tu cuaderno, pero te habrías quedado sin tarea ni estudios.
Ambos se quedaron mirando un instante no sabiendo exactamente qué hacer, hasta que se largaron a reír.
—Si no vas a casa de tu madre —comenzó a hablar House, con cuidado y más calmado —podrías ir a la mía. Los dos estamos solos y…
—Eso no terminará bien.
—¡Deja de verme con el peor ser que se cruzó en tu vida! —gritó para la estupefacción de Cuddy y hasta para la suya. —Lo siento.
Cuddy respiró hondo y le miró con ojos brillantes:
—Yo lo siento. Mañana tengo una paciente que ver temprano, pero si aún quieres…
—Sí, quiero —la cortó él.
Cuddy le sonrió y le cogió la mano que él apretó, saliendo de aquel laboratorio que les hizo recordar algún viejo laboratorio de química de la universidad que les unió para siempre.
Y en el Limbo…
—¿Entonces, puedo entrar? —preguntaba Amber a un ángel que custodiaba una puerta dorada.
El ángel se despejó la garganta y declaró:
—Según el informe que hemos elaborado con el Señor, pues… lo veo difícil Amber Volakis: amenazaste a tres humanos, obligándoles a desdoblarse para conseguir tu objetivo, pues de lo contrario no dejarías a sus almas volver a sus cuerpos. Interferiste en los pensamientos y palabras de una de ellas, de la que hiciste pasar por fantasma de la Navidad Presente. Dijiste algunas palabras indecorosas, padeciste de ira y otros pecados capitales.
—Pero, señor, es todo en mi afán de entrar al cielo. Yo haría lo que fuera por ello.
—No lo dudo. Pero aquí debes jugar limpio.
—Pero por jugar limpio mandaste a un tipo con silla de ruedas al infierno, el pobre no tenía ni cómo moverse para lograr hacer algo por alguien. Redime tu error, oh, señor, conmigo, te lo suplico.
La mano de Dios que la juzgaba la miró con suspicacia.
—¿Cómo saber que esa súplica es de verdad si ya eres sólo espíritu?
—Pregunta filosófica. Pero piense: si me manda al infierno puede cometer otro error, en cambio, si me envía al cielo hará a un alma feliz, hará la caridad, practicará lo que predica. Mire, conseguí que House revelara sus sentimientos más ocultos, que se comportara más que como gente con Wilson y con los intereses de Wilson; logré que fuera persona con la paciente y con la familia, se preocupó por hacer que alguien le consiguiera un abogado para aclarar los hechos por los que pasó esa pobre niña; y si su equipo no se fue antes es porque ellos quisieron quedarse, pero él fue quién se quedó haciendo el trabajo hasta tarde. Y no me venga que la recompensa de eso se la dio el jefe llevando a Cuddy hasta el laboratorio, porque eso no se hubiera dado si House no se comportaba como se comportó y Brenda y todos no le hubieran contado a ella. Así que…
San Pedro tecleó algo en su computadora y la miró.
—Dios dice que aún con tu semi-agresividad pacífica, te dejará entrar, como regalo de Navidad. Y porque un tal James Wilson recordó tu alma y está rezando por ella.
—¿En serio él…?
El ángel ya había abierto el candado.
—¿Vas a entrar o no?
—Claro —asintió corriendo hacia la entrada.
El alado cerró.
—¿No vas a irte más allá?
—No —suspiró Amber. —Quiero esperar a James aquí y enterarme apenas llegue. Pero ya estoy dentro del cielo —y sonrió satisfecha.
El ángel rodó los ojos sonriendo y volvió a su posición, mientras en su ordenador cambiaba a Gregory House de la lista negro profundo al marengo.
*FIN*
