Mi primera abominación de la naturaleza... fanfic xDD
Sipnosis (¿esto es una peli? ¿eing?): Ángela es una Akatsuki de catorce años, alumna del genio Uchiha: Itachi. Anti-social, gruñona y enamorada hasta la médula de su sensei, es lo que tiene en encanto Uchiha, aunque te trate como a un estorbo. Sin duda, hay amores que matan...
Naruto pertenece a Masashi Kishimoto (Dios), si no Itachi sería el protagonista, yo la coprotagonista y no sería un shonen, sino un hentai -.-U
ATENCIÓN: Puede contener spoilers
Por el nombre del capítulo da la sensación de que va a haber lemmon o algo xD Pues se siente pero no :P
Y no mucho más que comentar, gracias de nuevo a aquellos que dejan reviews, en serio, los necesito. Es mi primer fic y tengo que recibir apoyo para atreverme a publicar los demás :'(
*Modo melodramático off*
¡Leed y os amaré! (Inner yo: ¿Eso es una amenaza?)
¡He aquí el capítulo 4! :)
Dios, no puedo ni hablar. Esto es tan injusto, yo me deshago, le dijo todo lo quiere y después se aleja de mí, como si no hubiera pasado nada.
Es tan humillante... Aun que... ojala todos los interrogatorios fueran así.
-¿De...?
Tengo que poner fin a esto, antes de que diga nada más. Pero es tan difícil...
Me da la vuelta, quedamos cara a cara. Pega su frente a la mía, siento su respiración en los labios.
-De... de... ti.
Ala, ya la he cagado. ¡Bravo Ángela! Y ahora es cuando Tobi te mata...
Aunque, bien pensado, después de esto puedo morir feliz. Genial, se separa un poco de mí y me sujeta por los hombros. Supongo que me caeré al suelo si me suelta.
Está pensando. No, parece que no le importa.
-Está bien. Y ve a casa, pareces enferma.
¿Enferma? Dios, ¡yo me lo cargo! Le separo del todo, con un empujón. Estoy harta.
Siempre me utiliza... ¿Te divierte verme sufrir, sensei?
-Te odio.- gruño entre dientes. Me ignora y vuelve a entrar en el dormitorio. Cojo mi ropa de un tirón y voy tras él. Tengo ganas de matarlo, y como no puedo, le grito.- ¡¿Te has parado a pensar que el hecho de que no tengas sentimientos no significa que los demás no los tengamos?! ¡Eres un maldito monstruo! ¡Joder! ¡¿Como puedes aprovecharte de que no soy un témpano de hielo como tú para sonsacarme información?!
Esta agachado, cogiendo algunas armas de el cajón que tiene bajo la cama, donde las guarda. Y sigue ignorándome...- ¡Te odio!- repito, esta vez con más fuerza.
-Maldita cría...- se levanta y deja lo que ha cogido en el porta-kunais y en el porta-shurikens. Espero a que siga hablando, de pie delante de la puerta.- Parece que aún no sabes con quien estás hablando...- habla tranquilamente mientras gira un poco la cabeza para verme a través de sus ojos escarlata.- Ódiame lo que quieras, pero si sigues gritando puede que pierda la paciencia, y no te gustaría, ¿a que no?- Niego lentamente con la cabeza. ¿Por qué la cago tanto?- Vete, ahora.
Joder, como se pasa. Sólo he tenido una pequeña e inocente rabieta, tengo motivos...
Salgo de la habitación. Pienso en cerrar la puerta de un portazo, ya que mi orgullo me lo exige, pero no juego más con mi vida y cierro sin hacer ruido.
No quiero volver a casa, no aún. Daré una vuelta por la Villa de la Lluvia, donde tienen su base los akatsukis. Ojala viviera yo aquí...
Tengo que concentrarme en pensar que hacer. No creo que Itachi me cuente su vida, no después de esto. Ya son varias advertencias en muy poco tiempo...
Pero si pasan las semanas de plazo Tobi me matará, y eso no es una opción.
No sé que demonios está pasando aquí. ¿Qué quiere saber Tobi? ¿Por qué me utiliza a mí para obtener información? ¿Por qué coño nos ponen un examen de matemáticas cuando no hemos dado aun ni un tema?
Demasiadas preguntas, ninguna respuesta...
Al final vuelvo a casa, es la hora de cenar.
Parto otro trozo de la tableta de chocolate con almendras. Dios, como amo el chocolate.
Estoy tumbada en la cama, tapada con la manta y comiendo chocolate con almendras, y a pesar de todos los problemas por los que debería preocuparme, me siento tranquila, la calma que precede a la tempestad.
Escucho la lluvia caer, es lo único que se oye.
Esta mañana en clase me he mareado, y la profesora me ha mandado a casa, tengo fiebre. Fiebre y nada que hacer. Es estúpido, pero tengo la sensación de que por el hecho de estar enferma me voy a librar de todo, ja, como si fuera tan sencillo...
Sólo ha pasado un día desde mi última visita a Akatsuki, es increíble todo lo que pasó en un solo día... a Ana se le bufa el pelo, Itachi me deja una camiseta suya, reunión con los akatsukis más fuertes, me torturan, me torturan, Itachi me utiliza, discutimos...
Demasiadas sensaciones para un solo día, en mi opinión.
Tengo que aclarar mis ideas:
-Quién es el bueno y quién el malo.
-En quién confiar y en quién no.
-A quién traicionar y a quién no.
-Con quién meterme, con quién no...
Y creo que ya está. Bueno, a parte de él hecho de que haga lo que haga me matan. Si consigo que Itachi-sensei me cuente su vida y me libro de la muerte que me reserva Tobi, corro el riesgo de que sensei se entere y me mate. Si no consigo que me cuente nada, pues ala, muerte directa.
Mejor el plan A, ¿no? Es cuestión de que sensei no se entere, punto.
Debería ir intentando hablar con Itachi ya, pero estoy enferma, mañana si eso...
Vaya suerte la mía, picotean en la ventana. Me levanto y abro. Como siempre, el cuervo entra en mi habitación, calándome todo, por cierto. Cierro la ventana y vuelvo a acostarme.
-¿Cómo sabías que no estaba en clase?- pregunto, mirando a Itachi-sensei, que está tan mojado como el otro día.
-Hmp.- ¿qué clase de respuesta es esa?
-Bueno, da igual, es obvio que así no puedo ir a ningún lado... Hablamos mañana.
Me cubro hasta la cabeza con el edredón.
-Nos vamos.
Me destapo de nuevo.
-¿Pero no te acabo de decir que...?
No me deja terminar de hablar. Con un rápido movimiento me coge de la muñeca, siento sus manos heladas y como hace los sellos para la técnica de transportación.
Ahora estamos en su casa. Me abrazo a mi misma, temblando, aún voy con el pijama.
-Ahora estás débil, tienes que quedarte aquí.- susurra, está detrás de mi.
Por favor, que no empiece, me duele demasiado la cabeza para sus juegos-torturas.
Se aleja, respiro tranquila. De pronto me tira una manta, ¿por qué no puede darme las cosas en la mano? Nunca entenderé a este tío, tan pronto me trata como un trapo como se preocupa por mí. Vamos a ver, sensei, ¿en que quedamos?
-¿Acaso estoy en peligro?- no le doy tiempo a contestar. – y lo que es más interesante, ¿acaso te importa si lo estoy?
No me hace ni caso. Bueno, paso de discutir, hoy no estoy en condiciones. Me envuelvo en la manta que me ha dado. Una idea se pasa por mi cabeza, sonrío interiormente.
-Deberías sentarte.- me recuerda
-Hmp...- le contesto, en su idioma.
Me vuelvo y entro en el dormitorio, él frunce el ceño. Me meto en su cama y me hago un ovillo. Dios, esto si que huele a Itachi-sensei, me quedaría aquí para siempre. Ha dejado la capa encima de una silla, se sienta a mi lado, sobre las sábanas, y se pone, como no, a afilar su preciado kunai, a mí me va ha explotar la cabeza. No se ni porqué estoy aquí, pero da igual, al menos tengo la oportunidad de conseguir algo de información sobre sensei.
-Ne, sensei...- me ha salido un tono muy de niña buena, va a sospechar. No me contesta, sigo hablando.- ¿por qué conservas un arma tan vieja?
-No hables, estás enferma.- responde con calma.
Creo que esto va a ser más difícil de lo que esperaba...
-Y tú debes cuidar de mí. Si no contestas me harás pensar y me dolerá más la cabeza.
Espero que cuele...
-Pensar no se te da bien, no hagas preguntas.- y sigue con su tono suave.
Me levantaría y le daría un par de bofetadas, pero no puedo ni aguantar el peso de la cabeza sobre los hombros. En fin, debo intentarlo un par de veces más, al menos.
-No te pases conmigo, estoy malita...
Me lanza una mirada que quiere decir "¿y...?"
-Entonces cállate.
Joder. Respiro hondo, "paciencia, Ángela". Le agarro de una esquina de la camiseta.
-Nee, senseii...- insisto. Me ignora, dios, como me cansa escribir eso cada vez que lo hace.- ¿fuiste alguna vez un tío simpático?- bromeo, aunque espero respuesta. Sería una buena forma de empezar una conversación...
-No con niñitas impertinentes.
Me río. Más bien por no llorar. ¿Sabrá mi plan? (si es que a esto se le puede llamar así.)
-No, en serio, ¿de peque también tratabas a la gente como si fueran estorbos? A veces parece que prefirieras que le resto del mundo desapareciera y te dejara solo...
-Ángela, cállate, me das dolor de cabeza.
-Deberías probar a sonreír de vez en cuando y a ser, aunque sólo fuera un poco, amable ¿sabes?
-Y tú deberías saber que el silencio puede salvarte la vida.
Una clara amenaza de muerte. Me aparto un poco de él y le lanzo una mirada de cordero degollado.
-Lo... lo siento...
Trago saliva, es imposible que este tío le cuente nada a nadie. Le miro un segundo, desde la otra punta de la cama, ¿por qué me parece que está triste? Si, estoy segura, está triste por algo. Bueno, después de dos años ya estaba bien que consiguiera hacerme una idea aproximada de sus emociones, ¿no? Aunque sólo veo que tenga cuatro: enfado, indiferencia, tristeza (o eso creo) e impaciencia. Ah, y asco, también suele poner cada cara de asco..., y de superioridad, eso me pone enferma.
Sigo mirándole con ojitos de perrito abandonado, aunque se que no voy a conmoverlo, es de piedra, o hielo, o algo no humano, pero no tengo nada que perder tampoco.
Esto no avanza.
-Si... si te molesto me voy a casa... sensei...- murmuro, con la mirada baja.
-Te he traído yo, Ángela.
-Ya pero...
-¿Por qué tantas preguntas?
Mierda, no soy la reina del disimulo, precisamente...
-Hace dos años que nos conocemos y no se nada de ti... no sé, quería saber...
-No necesitas saber nada.- me interrumpe. Está hablando todo el tiempo tranquilamente, mirando a su kunai mientras lo afila.
-Pero... es que quiero saber... ¿por qué estás siempre tan triste?
Eso le ha sorprendido, no se esperaba la pregunta.
-Todos tenemos heridas.- responde, simplemente.
-Yo... quiero ayudar a que cierren las tuyas, sensei...
No me he sentido tan cursi, estúpida y ridícula en mi vida. He visto demasiadas películas y he leído demasiados libros, sin duda.
Me pone una mano en la cabeza y me revuelve el pelo con ¿cariño? si, supongo que si. Es la segunda vez que me hace esto, ¿de verdad soy capaz de tocarle la vena (¿vena? Yo diría el glóbulo) sensible a Itachi-sensei?
-Hay cosas con las que se debe aprender a vivir...- murmura. Le miro, parece que está sonriendo, no es una sonrisa alegre.
Vuelvo a arrimarme a él, parece que está de mejor humor.
-Entonces... ¿puedo preguntar?- digo tímidamente, después de un rato.
-Acabas de hacerlo.- es cierto.- Pregunta lo que quieras, pero no sé si te contestaré a todo.
Muestro una amplia sonrisa y me incorporo, sentándome enfrente de él, cara a cara, aún envuelta en la cálida manta que me ha dejado al principio.
-Bueno, pues... ¿por qué conservas ese kunai?- pregunto, con ánimos renovados.
-Me trae recuerdos...
-¿Buenos recuerdos?- sonrío. Me lanza una mirada que borra mi sonrisa.
-Es el arma con el que maté a mi novia.
Me he quedado muda. Abro la boca, pero no se que decir.
-Tú... ¿la querías?- pregunto en un intento de sonar compasiva, pero esto es demasiado extraño, ¿Itachi queriendo a alguien?
El pozo negro de sus ojos me responde sin palabras.
Dudo en preguntar... Bueno, ahora o nunca.
-¿Por qué la mataste entonces?- quiero sonar cariñosa, no se me da demasiado bien, pero confío en que responda.
-Tenía que hacerlo.
No me va ha responder a eso, esta claro. Veré si puedo sacarle algo más, aunque sea menos importante. No se porqué pero este asunto me interesa, supongo que será porque no me imagino a Itachi con novia.
-Pero... si te trae malos recuerdos... ¿por qué lo guardas?
-Para no olvidar, del dolor es de dónde se obtiene la experiencia.
-¿Qué es lo que no quieres olvidar?
Parece estar cansándose de preguntas. No haré más después de ésta, o la cagaré.
-Algo importante.
Se que no me va ha decir más, aunque quiero seguir preguntado sobre su novia.
-Pero... pero... ¿tenías novia? No me entra en la cabeza, ¡tú con pareja!- No quiero que se ponga en plan "comadreja rabiosa e irritada", pero... la curiosidad me puede.- Cuéntame más cosas de ella.
Me brillan los ojitos, y me doy cuenta de pronto de lo cansada que estoy. Me siento en el hueco entre sus piernas, y descanso la cabeza en su hombro. Al principio me mira un poco... "aparta" pero creo que se apiada de mí.
-Estaba completamente loca.- sonríe levemente, sorprendiéndome.
-Lógico, salía contigo.- murmuro. Luego bostezo, pegándome más a sensei. Tengo que aprovechar ahora que estoy enfermita y se compadece de mí (o eso parece).
-Ne, sensei...
-¿Hmp?
-¿Por qué tengo que quedarme aquí? Si lo que quieres es estar conmigo sólo dilo...
Lo digo en broma, obviamente. Pero él se pone serio, preocupándome. Tengo la sensación de que no me gustará la respuesta.
-Cómo akatsuki, tienes enemigos, y estás demasiado débil para defenderte si atacan.
Me abrazo a él, me estoy asustando. Con lo tranquila que estaba hace un momento... Y eso que sigo teniendo un plazo de dos semanas para que me maten...
Acabo por dormirme, y tengo pesadillas con que Tobi se carga a Itachi, después de que yo le dijera al primero los puntos débiles de sensei. Es una idea en la que había procurado no pensar...
Ale, un capítulo más, si alguien lo sigue... ¡¡infinitas gracias!! (Pero dejad review para que me haga una idea de si alguien lo lee o no -.-U)
Como siempre, si habéis llegado hasta aquí, os amo x)
Que el Dios Cuervo os proteja.
