Naruto pertenece a Masashi Kishimoto (Dios), si no Itachi sería el protagonista, yo la coprotagonista y no sería un shonen, sino un hentai -.-U
ATENCIÓN: Puede contener spoilers si no sigues el manga
¡¡DOMO ARIGATO GOZAIMASU!! *oo* No creí que recibir cuatro reviews pudieran hacerme tan feliz *oo* Lo que no pega mucho con este capítulo
Hoy no puedo enrollarme ni contestaros, gomene :( Tengo prisa T_T La próxima vez puede que sí ponga parrafada ^^
Bueno, ya os dejo el capitulo, por favor, dejadme más reviews :´) ¡Gracias otra vez!
La odio. No es que me caiga mal o que esté celosa, es mucho más fuerte que eso, es que la odio como no he odiado a nadie en mi vida. Samantha, ese es su nombre.
Terminamos de aniquilar a los guardas y conseguimos el pergamino que nos pidió la del pelo azul, compañera de el Líder (suena sectario pero así es).
-Vamos, Angela.- su acento francés me pone enferma, maldita sea, a mi me gustaba ese idioma antes...
-Es Ángela, con acento en la "a".- le corrijo, en un gruñido.
Pasa de mí y ponemos rumbo de nuevo a la sede de la organización.
¿Qué decir de ella? ¿Basta con mencionar que vive del dinero de Akatsuki? ¿O hace falta que diga que además habrá hecho favores sexuales a todos los miembros de la sect... organización?
Como me entere de que ha pasado por la cama de Itachi la mato, juro que la mato.
No decimos nada en todo el camino. De vez en cuando me pico y me da por adelantarla, no se pretendiendo demostrar qué, pero bueno.
Me lanza una mirada de superioridad que crispa mis nervios. Aprieto los dientes, tratando de ignorarla.
Dios, ¿por qué a mí?
-Angela, - sonríe perversamente- ¿cuántos años tienes?
Alzo una ceja.
-¿Y a ti que te importa?- sigo sin mirarla, si lo hago es probable que no pueda contenerme y me la cargue.
-¿Tan pequeña eres? Vaya...
-¡Tengo casi quince años!- acabo gritando.
Se ríe.
-Pobre niñita... no sabes dónde te has metido...
Aprieto la mandíbula con más fuerza.
-No sabía que en Akatsuki daban de comer a las putas cómo tú a las que no quieren ni sus padres, en eso llevas razón.- gruño entre dientes y acabo con una sonrisa sádica de suficiencia.
Se para. Me doy cuenta y me detengo. La encaró, me importa una mierda si la he herido, sólo soy sincera. Ladeo la cabeza, ella aún esta asumiendo el golpe.
-¿Qué ocurre, Sam? – Está temblando de ira.- La verdad duele, ¿no?- vuelvo a sonreír con sadismo.
-Tú...- ha sonado como el gruñido de un perro. Enfoca su iris azul en el mío, que debido a la sombra de los árboles debe verse oscuro.
Parece que se relaja y sonríe, perversa.
-Al menos yo he probado aquello con lo que sueñas desde hace tanto, los cuervos son más cálido de lo que parecen, depende de la persona. Supongo que las niñitas irritantes como tú no son su mayor fantasía.- se ríe.
Yo me he pasado, sí, pero ella se lo merece más.
Me abalanzo contra ella con un grito desgarrado de ira.
Abro el armario, buscando vendas. Se me cae encima una montaña de rollos de papel higiénico, los aparto y sigo rebuscando, aún con una mano en el hombro, dónde tengo la profunda mordedura que parece hecha por un perro gigante. Nada, no hay vendas.
Además, necesitaré puntos en esto...
Intento mover el brazo derecho, en cuyo hombro está la herida y sólo consigo caerme al suelo del dolor.
No puedo ir al hospital ni nada de eso, ¿cómo explicaría esto? No existen perros tan grandes, ni siquiera lobos, como para tener una mandíbula de éste tamaño...
Joder, mi orgullo me impide pedir ayuda a alguien para que me de puntos ahí, yo no llego ni veo bien mi propio hombro, ni siquiera con un espejo delante. Pero tengo que hacer algo, no puedo ir con la herida abierta por ahí...
No estoy acostumbrada a ser herida, físicamente, quiero decir. Creo que en toda mi vida me he hecho heridas graves... dos veces, contando ésta. La primera fue entrenando, un profundo picotazo en el costado, no hace falta explicar como pasó, ¿no? Itachi puede ser muy bestia, aunque normalmente, gracias a dios, sea muy tranquilo. La verdad es que ese día me lo merecía, que pava era.
Me estoy mareando y tengo frío, no si al final moriré desangrada por la zorra de Samantha.
Está bien, me tragaré mi orgullo y haré una visita a mi antiguo sensei, aunque es probable que me mande a la mierda, o que no esté en su casa, para variar.
No he visto un tío más ocupado en mi vida...
Me transporto a la Villa de la Lluvia, y me dirijo a mi destino.
¿Qué día es hoy? Ah, sí, domingo, ayer fue sábado y fui a desayunar con Laura y Yamako. Parece que haya pasado una eternidad desde que Itachi me dijo lo de Johnny...
Voy recordando la pelea con Samantha, que ha resultado mucho más fuerte de lo que había mostrado en la misión del pergamino. Aunque es que la misión había sido bastante fácil, la verdad...
Dios, ahora empieza a dolerme con más fuerza el hombro, joder... maldita zorra...
Lo hemos dejado en empate, pero pienso cargármela, en serio, a la próxima me la cargo.
Tengo lágrimas de dolor en los ojos, aunque mi rostro sigue siendo una máscara.
Me paro enfrente de la casa, con los nudillos sobre la puerta, de pronto dudo en llamar.
Pero la entrada se abre.
-Aparta.- exige Itachi, con voz neutral, como siempre, tratando de salir por la puerta que estoy bloqueando.
Me dirige una leve mirada, ha visto mi herida, sé que la ha visto, pero no le importa. Claro, ¿por qué iba a importarle? Ahora no se que decir, soy tan estúpida... ¿por qué vuelvo una y otra vez para ser rechazada? Me ha demostrado de sobra que no le importo lo más mínimo, ¿por qué me niego a asumirlo? Haga lo que haga, insista lo que insista, él no me quiere, dudo siquiera que le caiga bien. Si muero aquí mismo probablemente se limitaría a pasar al lado de mi cadáver, sin mirarme.
Me coge por los hombros y me aparta, se ha manchado de sangre. Ya estoy llorando.
Limpia la sangre en la capa, y pasa por mí lado tranquilamente. No puedo controlar mi llanto, soy tan ilusa, tan inocente... ¡maldita debilidad! Su ayuda nunca estuvo a mi alcance, ni su ayuda ni nada que tenga que ver con él. Y ahora...
...¿a quién recurrir cuando no hay nadie a quién le importes?
Me encuentro sentada en los escalones que llevan al territorio del Uchiha en Akatsuki.
Me he sentado aquí poco después de que se fuera, necesito pensar. Me abrazo las rodillas, hundiendo la cara entre ellas, para seguir con mis sollozos amortiguados ahora. ¿Qué espero? ¿Qué llegue y me ofrezca su mano para ayudarme? ¿Qué me consuele? Nunca se ha apiadado de mí, mis lágrimas no pueden conmoverle, nada puede conmoverle, hoy menos. No he olvidado su expresión de ayer, ¿qué le he hecho para que me odie así? Es de hielo, lo tengo claro, supongo que es la principal razón por la que le admiro, ojala fuera capaz de matar mis sentimientos, sólo me entorpecen y me debilitan. Como ejemplo está la pelea en la que me he metido hoy mismo, sentir sólo lleva al dolor. El dolor lleva al odio, el odio sólo promueve más odio, ¿y el amor? Ja, humillación, está claro.
Sólo falta lluvia en está imagen, si yo fuera bella parecería un dibujo de Victoria Francés, se llamaría "Desolación", o tal vez, "Soledad", o mejor "Idiota perdiendo el tiempo bajo la lluvia mientras se desangra".
Si me quedo aquí acabaré mal. Pero, ¿acaso importa? Me hundo más y más bajo mi nube de desolación.
Noto de pronto su presencia a mi lado, ha llegado hasta aquí sin que me diera cuenta, bueno, no sé de que me sorprendo...
Hace una mueca cuando me mira.
-Largo.- espeta, como si estuviera espantando a un perro vagabundo que olisquea en su basura.
No me muevo del sitio, mantengo la mirada baja, alicaída. Entierro la cara entre las rodillas de nuevo. Escucho la puerta abrirse y... cerrarse.
Emito un sollozo apagado.
-Lo siento...- gimoteo.
La puerta está abierta de nuevo, mi antiguo sensei me observa de pie en el marco de la entrada. Resopla, rindiéndose.
Me coge del brazo, tirando de mí. Me pongo en pie y automáticamente me mareo, ¿cuanta sangre debo haber perdido?
Prácticamente tiene que arrastrarme a su habitación. Me siento en su cama, de pronto me viene a al cabeza Samantha, sólo de imaginármela aquí, bajo sus sábanas... Siento fuego recorriéndome de los pies a al cabeza, aprieto las manos, aunque no tengo demasiada fuerza en este momento.
-Quítate la capa y la camiseta.- me ordena, sobresaltándome, ¿Cómo voy a quedarme en ropa interior delante de él? A ver, entiendo que no puede curarme a través de la ropa, pero no puedo evitar que la idea de quitármela aquí me produzca... ¿vergüenza? Sí, supongo que sí, soy una cría, después de todo.
Al final obedezco, sin atreverme a mirarle. Arrugo la capa y la camiseta y las pego a mí, tapándome la parte de delante.
Mantengo la mirada baja y repito otro "lo siento". Finge no oírme, se sienta de rodillas detrás de mí y se concentra en clavar la aguja en mi piel y volver a sacarla, cosiéndome la herida. No ha preguntado como me lo he hecho, ni porqué me he quedado aquí, simplemente me cura para que vuelva a mi casa y le deje en paz. ¿Por qué no me manda a la mierda de una vez? Apuesto a que es lo que está deseando.
-Deberías haber ido a ver a Kakuzu.- dice de pronto, sin apartar la vista de mi hombro ensangrentado, el cual ha limpiado y desinfectado antes de empezar coser la herida.
Separo los labios para contestar.
-Contigo es con el único con el que tengo confianza.- murmuro con voz ronca.
Aunque no le veo sé que ha fruncido el ceño.
Se estará tragando lo que piensa, que supongo que será algo así como "¿y tú quién eres para coger confianza conmigo, niñata?" o algo peor.
Trago saliva ante mis propios pensamientos. Aun así debo concentrarme en algo para ser menos consciente del dolor de mi hombro.
Finalmente me decido por centrarme en el leve roce de sus manos contra mi piel, que se me pone de gallina.
-Itachi...- murmuro, en voz baja, pues tengo miedo de molestarle.- ¿me... me odias?
De nuevo, parece fingir no escucharme.
-Deberías...- sigo hablando, todo apunta a que esto será un monólogo.-Yo le odiaría si algún enano fuera tan pesado como lo soy yo.- esbozo una sonrisa amarga.
-No te odio.-responde, con su siempre tranquila e indiferente voz, que hace creer que nada tiene que ver con él.
Sigo sonriendo con tristeza.
-Pero te caigo mal, ¿no?
-Me eres indiferente.- me suelta.
No sé como encajar eso, ¿es mejor o peor?
Nos quedamos en silencio un rato, hasta que vuelvo a murmurar otra disculpa.
-No tengo derecho a quererte...- gimo antes de pensar lo que estoy diciendo.
-No merezco que nadie me quiera, soy un monstruo asesino ¿recuerdas?- gruñe entre dientes.
Eso me coge desprevenida, ¿qué? O sea, ¿QUÉ?
Intento girarme, boquiabierta, ¿cómo puede decir algo así?
Me agarra del hombro sano, volviendo a ponerme mirando al frente.
-No te muevas.- ordena. Obedezco.
No volvemos a decir nada, yo sigo dándole vueltas a lo que ha dicho, ¿cómo puede odiarse a sí mismo? Después de todo, fue para salvar la aldea, o algo así, se supone que es como un héroe... Sacrificó todo lo que tenía por Konoha y su hermano...
Observo por el rabillo del ojo su rostro inexpresivo, ¿qué hace en Akatsuki alguien como él? ¿Por qué no se quedó en su villa a cuidar a su hermanito al que tanto quiere en realidad? Quiero decir... bueno, puede que Sasuke fue un poco pequeño para entender los motivos de su hermano, pero se habría quedado con él, eso seguro. El pequeño Uchiha no tendría que haber estado solo...
Justo entonces me doy cuenta de que mi antiguo sensei ha terminado. Me ha puesto una venda y todo, guau. Me visto con la camiseta negra de nuevo.
-Gracias...- susurro, levantándome.
Él me mira, pero no dice nada.
Me doy la vuelta, encarándolo y me abrazo a su cuello, con tanta fuerza que casi le tiro a la cama.
-... por todo.- termino la frase.
Baja la mirada, como siempre sin corresponder a mi brazo.
-Vete ya.- murmura.
Le suelto y me esfumo de allí, no sin sonreírle antes.
Ojala él fuera capaz de hacer lo mismo...
Oooh, que bonito xD Aviso que el próximo fue uno de los más difíciles de escribir... y aun no me convence v.v Además, tal vez el siguiente sea el último...
Eso ya se verá :)
"Que el Dios Cuervo os proteja"
