Naruto pertenece a Masashi Kishimoto (Dios), si no Itachi sería el protagonista, yo la coprotagonista y no sería un shonen, sino un hentai -.-U

ATENCIÓN: Puede contener spoilers si no sigues el manga.


¡Aaaaaah! ¡Penúltimo capítulo! =O Que corto se me ha hecho el fic xD Como digo siempre… ¡siguen sin convencerme estos capis! v.v ¿Por qué seré tan insegura? xD Debería ser más Ángela xD

En fin, me dejo de paranoias ^^ (Sigo sin Interneeeet T___T)

Disfrutad que con el siguiente se acaba .


-Nee...

-...

-¡Nee!

-...

-¡Itachii!

-Cállate.- suplica, con la cara hundida en la almohada, negándose a moverse, a pesar de mis constantes tirones de brazo.

-¡Vamoos! ¡Quiero ver la ciudad! Joder, estoy en Tokio y no puedo ni salir del hotel. ¿Tú sabes el tiempo que llevaba queriendo ver Japón?

Vuelvo a tirarle del brazo y no consigo ni moverlo un milímetro. Que tío más terco.

-¡Sensei! ¡¡Si no vienes me iré yo sola!!

-La encadenaré a un tabique y le taparé la boca con esparadrapo...- murmura en voz tan baja que parece que esté hablándose a sí mismo.

Le suelto y vuelvo a sentarme de piernas y brazos cruzados con la espalda pegada a la pared, encima de la almohada.

-Egoísta y vago sensei...

-De momento éste es el lugar más seguro, salir es un riesgo innecesario. Sólo serviría para gastar chakra y exponerte a ser encontrada.

-Pero... Madara... tengo un bunshin en mi casa, no debería darse cuanta de que no estoy allí...

Suspira con pesadez y se gira, para quedar boca arriba.

-¿Para que crees que sirve el sharingan, entre otras cosas?

Me quedo paralizada un segundo, dios, que tonta soy, era obvio...

-Pero... pero entonces...- estoy a punto de gritar, histérica, pero me tapa la boca.

-Tranquilízate, así no consigues nada.

-¡Slfmgfrgt!

Aparta la mano, dejándome respirar. Le miro con ojos llorosos cuando recupero el aliento.

-No empieces...

Se me llenan los ojos de lágrimas y sigo haciendo pucheros, en un intento de conmoverle, aunque sé que es bastante imposible. Gruñe.

-¿Qué quieres?

-Quiero ramen, y tú me vas a llevar a comer ramen.- entorno los ojos, ya no hay lágrimas en ellos.

-No.- es una negación rotunda.

-Pero, ¿por qué? ¿Tú sabes la población de Tokio? ¡Aquí es imposible encontrar a una persona en concreto!

-¿Acaso quieres arriesgarte a comprobarlo?- sisea, terroríficamente, entornando los ojos al mirarme.

Trago saliva.

-Pero...- empiezo, cabizbaja, rindiéndome.

-Hazme caso por una vez, Ángela.

-Yo siempre te hago caso.- me quejo en tono ácido.

Niega con la cabeza lentamente, no parece tener ganas de más gresca por esta mañana.

Después de un rato se levanta y coge el libro de "Voluntad de Fuego", aunque ya se lo leyó varias veces en el tren y en el avión. Bueno, yo no me acuerdo bien, tardamos tanto en llegar que mis recuerdos acaban en el aeropuerto de Tokio.

Me acerco a él cuando vuelve a tumbarse, para investigar el libro a su lado.

Unas dos horas después me aburro.

-Se acabó, me niego a pasar un día entero encerrada sin hacer nada. ¡Estoy en Japón, joder!

Hago un amago de levantarme, pero sensei me coge de la muñeca y tira de mí hasta tumbarme de nuevo.

-He dicho que no.- ordena con frialdad y algo de enfado, sin moverse del sitio.

-¿Y que vas a hacer para impedírmelo?

Baja el libro que sujeta con una sola mano, por debajo, y ladea la cabeza para lanzarme una mirada que helaría la sangre de cualquiera... de cualquiera menos de mí.

Vuelvo a intentar levantarme, pero sólo consigo que él me apriete más la muñeca, haciéndome daño.

-¡Ah! ¡Itachi-sensei, me haces daño!

-Pues quédate quieta de una vez.- gruñe, con su siempre monótona voz.

Hincho los mofletes, como una niña malcriada en plena rabieta de "me enfado y no respiro", aunque dudo MUCHO que le importe si me ahogo.

Al final me rindo y suelta mi dolorida muñeca.

La estancia vuelve a sumirse en un aburrido silencio.

-Ne, Itachi...- recupero el tono serio que uso cuando trato con otra gente.

-¿Hm...?

-Etto... ¿por qué no me mataste? Se nota a la legua que no me soportas...

Sigue leyendo, como si la cosa no fuera con él, aun así espero una respuesta.

-Madara tiene técnicas para hacerle confesar incluso a los muertos.

Abro mucho los ojos.

-¿Puede revivir a los muertos?

-Hm.

Me tomaré eso como una afirmación.

Abro aún más los ojos.

-Entonces... ¿por qué no devuelves a la vida a tu clan?

Vuelve a apartar la vista del libro para lazarme una de sus miradas de "no-hables-de-lo-que-no-sabes"

Trago saliva.

-Gomene...- ¿por qué me disculpo? A veces no me entiendo, en serio...

Pasan otras dos horas, hoy es el día más largo de mi vida.

-Tengo hambre.- anuncio de pronto, rompiendo el largo silencio.

-Llama al servicio de habitaciones y pídete algo.

Cojo el teléfono, sin rechistar.

-¿Tú no quieres nada?

-Dango.

Asiento y marco el número, que está apuntado en un papel.

-Oe...

-¿Qué?

Me muerdo el labio.

-Ponte tú... me da vergüenza hablar japonés.

Me mira y parpadea un par de veces, incrédulo.

-Eso no tiene sentido.- frunce el ceño.

-Ya... ya lo sé, demo...

-Ángela, hablas más japonés que español.

-Ya, pero...

-Llevas toda la mañana hablando sin parar, ¿qué te cuesta seguir haciéndolo para dirigirte a los del hotel?

-Pero...

-Ya lo habrán cogido, será mejor que contestes.

Suelto una exclamación y me pego el auricular del teléfono a la oreja.

-Ohayo, llamo de la habitación 306, queríamos pedir la comida.- miro a Itachi, que pasa de todo.

-Muy bien, ¿qué desean pedir?- responde la voz grave de un hombre al otro lado del teléfono.

-Dango y un bol de ramen.

-Muy bien, se lo subirán enseguida.

-De acuerdo, gracias.- cuelgo el teléfono, me tiemblan las manos.

Aunque no lo parezca soy muy tímida con las personas que no conozco.

Sacudo la cabeza, ala, ya ha pasado el mal trago. Fulmino con la mirada a sensei, que cierra el libro, lo deja sobre la mesita y se frota los ojos con las yemas de los dedos.

Me muerdo el labio, preocupada.

-Siempre pareces cansado... ¿por qué?

-Porque me agotas.

Me sonrojo, esa frase podría interpretarse de muchas formas, aunque sé en que sentido lo ha dicho... mi mente calenturienta empieza a fantasear. Sacudo la cabeza de nuevo. "No Ángela, no, no es el momento." Resoplo y noto como me rugen las tripas. Me tumbo boca arriba.

-Me muero de haaaambre.- me quejo, estirando los brazos.

-Puede que mueras de verdad si no te callas.- me amenaza sensei, que está sentado a mí lado contando el dinero que nos queda.

Le fulmino con la mirada.

-No me das miedo.- le saco la lengua.

Frunce el ceño y se recuesta de nuevo.

-Eso no es nada sensato por tu parte.

Gruño y avanzo a cuatro patas sobre la cama, acercándome a él.

-Mieentes.- canturreo, apoyando los brazos en el pecho del Uchiha, para luego cruzarlos y apoyar la barbilla en ellos.

Levanta la vista al techo un segundo, pensativo, y vuelve a mirarme.

-Tal vez.- reconoce, para luego incorporarse, apartándome.

Me siento en el borde de la cama.

-Sensei corta-rollos...

Itachi abre la puerta antes de que llamen y el encargado acerca un carrito y lo deja en medio de la estancia, en frente de la cama.

-¡¡Comida!!- me lanzo al carrito, pero el Uchiha me sujeta por el cuello del pijama, detrás de la nuca.

-Espera, si te cargas algo lo pagas tú.

Le fulmino con la mirada de nuevo.

-Yo no tengo dinero, lo sabes perfectamente, te estás volviendo como Kakuzu.- le advierto, antes de sentarme en la cama de piernas cruzadas, con el bol entre estas.

-Hmp.- odio esa respuesta tan... Uchiha.

Se mete en la boca la primera bolita del dango, mientras que yo estoy casi terminándome la comida. A veces me recuerdo a Naruto...

Varios días después nos fuimos a otro hotel, en las afueras de Okayama, ciudad de nacimiento de Masashi Kishimoto. No porque vayamos a visitarlo, no, aunque eso molaría muchísimo, ¿es alguien capaz de imaginarse la cara de Kishimoto cuando viera a Uchiha Itachi, su propia creación, entrar por la puerta? Sería demasiado, incluso para un genio-friki como él.

-No puedes alimentarte a base de ramen.- me dice cuando dejo el tazón de este mediodía en la bandeja.

-¿Como que no?, ¿y qué estoy haciendo?- replico, en tono de burla.

-Bueno, pero no es sano.- me avisa su siempre sosegada voz, mientras va a abrirle la puerta al servicio de habitaciones, para que recojan los platos sucios.

Le observo y reprimo un suspiro, ahora mismo parece tan... humano, tan real... Bueno, en realidad lo es, no sé de qué me sorprendo. Pero es extraño verle así, con ropa normal, algo parecido a un chándal completamente negro, descalzo y con el dango en la boca, como cualquier chico de diecinueve años en un hotel comiendo dango.

Estos días han sido tan tranquilos que siento que mi vida de pronto gira en el sentido correcto, y es un alivio saber que el sentido correcto incluye a sensei.

Saludo a las encargadas cuando entran con un leve movimiento de mano, pero ninguna de las dos chicas me mira, como siempre, sólo tienen ojos para Itachi. Me encantaría ver cómo se matan unas a otras cuando les dicen que tienen que ir dos personas a recoger en nuestra habitación, sí, y luego aparezco yo, las mato y me voy con el Uchiha.

Sonrío ante esa idea.

Veo como una camiseta negra cae en la cama de al lado, y enrojezco. La puerta del baño se cierra, como respondiendo a la pregunta que estaba planteándome.

Escucho ruidos como de picotazos en la ventana. Me quedo totalmente helada, no me atrevo ni a respirar, así que sólo se oye el agua de la ducha en el baño. Me encojo y me abrazo las piernas, haciéndome un ovillo. "Sólo mi imaginación..." vuelvo a oírlo. Trago saliva.

Sí, con eso de "sólo mi imaginación" es como empiezan las películas de miedo. Me levanto y voy hacia el baño, con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho.

-¡Sensei!

Como respuesta el silencio, no, peor, el ruido de la ducha, y los latidos desbocados de mi corazón no ayudan.

-¡SENSEI!

Nada.

Án-ge-la-chan...

-¡¡ITACHI!!

-Muy tarde...- miro al Akatsuki enmascarado, con la espalda pegada a la puerta del baño.

-Tú no...- empiezo, con los ojos como platos.

-No, no le he hecho nada, aún...

Me tiembla el labio inferior, ¿aún? ¿Qué significa "aún"?

A lo lejos, como en otro mundo, oigo golpes y maldiciones por parte de una voz que conozco muy bien.

-¡Kuso! ¡Ángela! ¡Despierta!- golpes, golpes y un gemido de dolor.- ¡DEPIERTA Y...!

Un golpe más fuerte acalla la terminación de esa frase. Siento que la cabeza me va ha estallar. Me llevo las manos a ella al tempo que la agacho.

-¡¡NO LE MIRES A LOS OJOS!!

Aprieto los dientes. Sé lo que ocurre, pero estoy demasiado asustada para salir de este genjutsu. Cierro con fuerza los ojos. Vamos, Ángela, tú puedes, Itachi está esperando que lo hagas. Si no le decepcionaras, y más que eso, acabaréis mal, muy mal...

Pero... este genjutsu es demasiado fuerte, yo no puedo con algo así.

-Ángela-chan...- le miro a los pies, siguiendo la orden de sensei.

Y de pronto todo desaparece.


¡Intriga! xD Bah, al final se mueren todos v.v xDD Es cooña (o no) En cualquier caso, en el siguiente se descubre todo -.-

¿Muy largo el capítulo? Mm.. a mi me lo ha parecido xD últimamente no sé ni quién soy, mucho menos por donde debo cortar el capitulo xD

Soy lo peor

Como siempre, ¡¡mil gracias por vuestros comentarios!! ^^ Sin ellos estaría perdida (más aún xD)

"Que el Dios Cuervo os proteja"