Summary: Tras una poción mal hecha, Draco se ve imposibilitado de hablar en otro idioma que no sea pársel. Ahora, para lograr comprenderlo, Blaise no encuentra mejor solución que acudir con el único mago en todo Hogwart que sabe hablar con las serpientes, pero él... estará dispuesto a ayudarlo?

DISCLAMER: De la mayoría de los personajes que aparecen en ésta historia, su autoría corresponde a la señora J. y simplemente los pido prestados para justificar mis horas de ocio. Advierto que no obtengo fines de lucro por su publicación y mi intención no es ofender a nadie al decir…

ADVERTENCIA: ÉSTA HISTORIA CONTIENE MATERIAL YAOI/SHONEN-AI, lo que significa que narra acerca de relaciones homosexuales, es decir, chico-chico. Por tanto, habiendo especificado con anterioridad, me siento en todo derecho de reportar cualquier tipo de agresión en contra de mi tanto como autora como persona, y muchísimo menos de mis historias o mis lectores, quienes a mi punto de vista, se ven protegidos por mi advertencia en si.

En pocas palabras, si no estás conforme y la idea no te cae, entonces pega la vuelta, como dijo Pimpinela, y continúa con tu ciclo de vida.

Sin más que decir, muchas gracias.

Atte.,

Marcia


CAPÍTULO CON POSIBLES FUTURAS MODIFICACIONES


Siseos y Enredos

Capítulo 3: "Enfrentando a la serpiente y nuevos problemas"

La primera reacción sensata de Harry, fue retroceder unos pasos y soltarse del agarre del Slytherin. Pero aún sentía sus mejillas arder, eso no era buena señal. Un momento¿qué había de malo en estar cerca del otro chico¡Por Merlín, Harry¡Reacciona! No te ha pedido casamiento. O.o Fea visión, tu y tu maldita imaginación.

Mientras Harry discutía con su yo interior el rubio lo miraba suplicante e impaciente, bueno, no tanto. ¡Por favor¿Qué le cuesta? Él y su maldito complejo de superhéroe, ahora hay que rogarle para que repita como loro. ¿Y ahora qué¿Acaso entró en estado de shock¿Qué fue lo que dije¡Por Merlín, Potter¡REACCIONA DE UNA MALDITA VEZ! Está bien, Draco. Tranquilo. Tómatelo con calma, tal vez cara-rajada sea tu única esperanza. Ahora, háblale despacio, tal vez con sus pocas neuronas le cueste horrores procesar la información y todo eso. Respira hondo y...

- ¡POTTER!- gritó el rubio. Harry se sobresaltó ante la explosión del Slytherin.- ¿En qué diablos estás pensando? No te pedí casamiento, Potter. Sólo que me ayudaras.- el rostro de Harry se tornó de un rojo fuego. El Gryffindor tuvo el extraño presentimiento de que le rubio podía leer los pensamientos.

- Potter, no te tildes otra vez.

- Uh... lo siento.- se disculpó el aludido.

- Bien, así está mejor- Draco esperó unos segundos.- ¿Aceptas o no?

- S-s...- ambos compartieron el sentimiento apremiante de estar en un altar a punto de unirse en matrimonio, y aunque ninguno lo notó (mas que Blaise que miraba la escena detenidamente, claro), ambos sacudieron sus cabezas intentando alejar aquel degradante pensamiento.

- ¿Estás practicando para hablar conmigo o qué?- el comentario cargado de sarcasmo mal disimulado de Draco hizo a Harry volver a la realidad. Pero Harry debió admitirlo mentalmente, su intento de respuesta había parecido un penoso siseo.

- No, idiota.

- Genial, ahí está Potter otra vez.

- Nunca me fui.

- Díselo a tu cerebro que nunca proceso tres palabras coherentes.

- Ya, olvídalo. ¿Qué decías?

- Tú me oíste, cara-rajada. ¿Vas a ayudarme si o no?

- ¿A cambio de qué?- Draco le lanzó una mirada evaluadora, pero antes de que lograra dar una respuesta mordaz que arruinara el momento, Blaise saltó de su lugar y se les acercó, dispuesto a hablar.

- A cambio de lo que tú quieras, Potter. Podríamos empezar por no volver a molestar a ti y a tus amigos¿te parece bien?- Blaise había colocado una mano en el hombro de Draco, previendo el hecho de que tal vez el rubio quisiese lanzársele a Harry para ahorcarlo por su petición, seguramente a opinión de Malfoy, completamente descarada.

- Mmm...- Harry pareció meditarlo, aunque a simple vista, era una muy buena propuesta. Él y sus amigos podrían ahorrarse malos ratos por el resto de los años escolares, que era dos, por cierto.

- ¡Eso no es justo!- soltó Draco, indignado. Blaise sabía perfectamente que molestar al cara-rajada y al pobretón y la rata de biblioteca era uno de sus pasatiempos favoritos. El único a decir verdad. Hay que decirlo, Draco Malfoy no tenía vida, y definitivamente debía comprarse una, pero no estaba con ganas de hacerlo. Prefería seguir fastidiando al resto.

- Draco, no sé lo que estés diciendo, pero no creo que nada bueno. Escucha, si Potter no accede a ayudarte, pues entonces nadie más podrá hacerlo. Piénsalo, Draco. Tienes dos opciones, o le pides ayuda a Potter, ó, te dejas ayudar por Potter. Eso es todo.- en ocasiones a Blaise le encantaba fastidiar a su rubio amigo. Sabía de antemano que el chico no podría negarse a pedirle ayuda al Gryffindor, tarde o temprano lo haría. Sonrió ante la idea de ver a Draco Malfoy tirando su orgullo por la borda.

Draco soltó un gruñido, y luego un bufido, frustrado. Blaise tenía razón. De seguro el moreno estaría disfrutando aquello. Le encantaba sacarlo de sus casillas y no sería la primera vez que se saliera con las suyas. La cuestión era ¿qué haría él ahora? Tal vez el morocho de ojos verdes aceptara, sólo debía utilizar las palabras.

Comenzó a ponerse nervioso, sentía las miradas atentas de los otros dos puestas en él, esperando su reacción.

- Bien, te pagaré todo el dinero que quieras, Potter. Bueno, mi padre lo hará. Y... haré lo que quieras. Descuida, solo debes ayudarme hasta que mi padrino consiga el antídoto. Y... no volveré a insultar al pobretón y la sangre sucia. Quiero decir, Weasley y Granger¿qué dices, eh?

Harry se había limitado a mirarlo, sorprendido.

Ahora si que lo había escuchado todo. ¿De modo que el rubio intelectual estaba dispuesto a darle lo que sea a cambio de una traducción de la sarta de pelotudeces que quisiera decirle a sus amigos? El morocho se lo pensó una vez más, tal vez eso sería bastante bueno después de todo.

- ¿Lo que sea?- preguntó Harry, su expresión había ido cambiando, ahora tenía las riendas del asunto en sus manos. Eso sería realmente divertido, claro, si el rubio aceptaba correr el riesgo.

- ...- suspiró.- Si,... lo que sea.- ¡Merlín¿En qué estaba pensando¡Acababa de firmar su sentencia de muerte! Ahora estaba a completa merced del moreno. Acababa de dejar su vida en sus manos.

Harry no se lo pensó dos veces.

- ¡Echo!- y estiró la mano para que el otro la estrechara (inconscientemente, claro).

- No esperarás que la lama como lo hace un cachorro¿verdad?- Draco alzó una ceja y reprochó con evidente ironía.

- Como quieras. De modo que si así lo prefieres, por mí está bien.- Harry pretendió mostrarse ofendido así, y estiró más su mano, frente al rostro del rubio, a la altura de la boca. Draco abrió los ojos como platos, definitivamente acababa de firmar su sentencia de muerte.

- ¿No pensarás que yo...?

- ¿Qué? Disculpa, no te oí. ¿Decías?- Harry hizo el típico gesto de poner la mano detrás de la oreja, esto realmente le estaba gustando. Las expresiones de Draco lo hacían reír por dentro.

- ¡Potter!

- Está bien, está bien. Zabini, dile al estúppffuuhh... ¿qué haces¡Eso dolió!- acababa de recibir un codazo en las costillas, eso le pasó por vivo. Había intentado insultar a Snape. Mal echo, Harry. Se apremió mentalmente.

- Lo haré, Snape tal vez no esté muy contento, pero lo haré.- contestó Blaise, debatiéndose entre reír o ponerse serio.- Será mejor que me sigan. No quiero perder a ninguno de los dos a manos del otro. Les advierto que los estaré vigilando a ambos. ¿Entendido?

- Siiiiiiiiiii - Harry y Draco compartieron una contestación irónica y cansina.

Pero lo más impresionante aún, la contestación de Harry fue un siseo muy bien articulado, exactamente igual al de Draco. Su capacidad auditiva le jugó una mala broma de modo que al escuchar a Draco, su voz se transformó a siseo, exactamente igual a como si hubiera escuchado sisear a una serpiente auténtica.

- Dime que eso no fue lo que creo que fue.- dijo Zabini, asombrado.

- No sé de qué hablas.

- Acabas de sisear, Potter. Yo te oí.

- Cierra la boca, tu debes oír todo en siseos, asquerosa serpiente.

- Potter ¡cuida tu lenguaje!- le reprochó Blaise.

- ¡Oich! Ya basta. Si no es uno, es otro. Son insoportables.- y así, malhumorado, Harry caminó adelante.

- Eso lo dice ahora, después le encantará que le lama los zapatos dos veces al día.- argumentó Draco inclinando su cabeza hacia el oído de Blaise, olvidando por completo que el otro no podía entenderlo.

- Te oí, Malfoy. Y si sigues quejándote, tomaré en consideración tus palabras.- advirtió Harry sin molestarse en voltear a ver a los Slytherins, quienes caminaban uno junto al otro.

Draco palideció ante la sola idea de lamer los zapatos negros correspondientes al uniforme que Harry llevaba puestos en ese momento. Blaise no podía terminar de entender aquello, pero le encantó ver que Harry podía controlar a Draco tan bien como él mismo solía hacerlo cuando se encontraban solos y al rubio le daba por atacarlo con sus comentarios mordaces.

- Potter, dobla a la derecha, vamos al despacho de Snape¿lo recuerdas?- indicó Blaise. Acababa de notar que el morocho de ojos verdes se estaba pasando del pasillo, hundido en sus pensamientos como al parecer estaba.

- No es necesario que me lo repitas, Zabini.- reprochó Harry, se había sorprendido al notar que casi se pasaba del pasillo y perdía el rumbo del camino. Afortunadamente el Slytherin aquel le había alertado, aunque prefirió no darse brazo a torcer. No quería quedar como un completo tonto.

- No intentes ocultar tu estupidez, Potter. Y la próxima contéstale mejor.- Draco no pudo contenerse. Definitivamente aquel chico de piel trigueña lo descontrolaba, no podía parar de hablarle, como si quisiera llamar su atención constantemente. Draco desechó el último pensamiento.

- Voy a hablarle como yo quiera, Malfoy. Y me importa un comino lo que tú digas.

- Más te vale que no sea sí, Blaise no tiene nada que ver aquí. Somos tú y yo.- la imagen de ambos frente a un altar volvió a cruzárseles por la cabeza.

- ¿Qué¿Acaso eres su defensor personal? Él ya es bastante grandecito para defenderse por sí mismo, Malfoy. No debes estar tú ahí siempre como si fueras su mamita.- Malfoy en bata blanca y con cinto negro en pose marcial, listo para atacar. Fea visión Harry. Pero no pudo evitar el comentario burlón. El que Malfoy defendiera a alguien lo había sorprendido, pero le había caído como balde de agua fría en la cabeza que defendiera a Zabini tan fervientemente.

- Potter, si no te retractas ahora mismo, yo...

- Tú ¿qué?

- No responderé de mis actos. Si, eso. No te quejes luego si te rompo el cuello.- la frase podía tener doble sentido, pero Harry ni siquiera se molestó en buscarlo. ¿De modo que Malfoy estaba dispuesto a molerlo a golpes por ese estúpido Slytherin?

- ¿Qué demonios tienes, Malfoy¿Acaso son pareja o qué?- la conversación estaba yendo por mal camino.

Draco no llegó a responder aquella acusación. Afortunadamente acababan de llegar al despacho del profesor de Pociones. Se detuvieron frente a la puerta. Draco y Harry frente a la entrada, uno junto al otro lanzándose miradas apremiantes y Blaise escoltándolos por detrás. Divertido, estiró su brazo por entre ambos cuerpos y tocó suavemente la puerta con los nudillos. Al rato se sintieron pasos acercarse.

- ¿Quién demonios es a éstas horas de la noche?- se oyó decir tan "delicadamente" como podía hacerlo Severus Snape.

- Somos nosotros, profesor.- contestó Blaise.

Mientras, Malfoy seguía mirando a Harry con acidez, pero el moreno había desistido en su intento de matar al rubio con la mirada. En vez de ello, ahora miraba preocupado la puerta del despacho. Snape no iba a tomarse aquello del todo bien. Probablemente le lanzaría un Avada antes de que pudiera acercarse a su ahijado, siquiera, unos cuantos pasos.

- Ah, son ustedes.- dijo Snape abriendo la puerta y observándolos con mirada adusta.- Pasen.- "invitó", aunque por el tono de voz, mas bien "ordenó".

- Vinimos para avisarle que Potter nos ayudará con Draco.- comenzó Blaise sin siquiera esperar otra palabra por parte del hombre.- Necesitaremos de una habitación nueva y una cama. También debemos asegurarnos de que a Potter no le falte nada durante su estancia en Slythetin.

Harry se atragantó, y Draco se permitió abrir los ojos desmesuradamente.

- ¿QUE YO QUÉ? Yo no pienso...

- ¿QUE POTTER QUÉ¡No¡Definitivamente no!

- Yo no entraré de nuevo en Slytherin, lo siento por ustedes, pero no voy a hacerlo.

- Potter no entrará en Slytherin por segunda vez, ya demasiado tuve que soportar con que entrara una vez en mi territorio.

- Además yo tengo mis propios amigos y... - Harry comenzaba a dudar sobre sus argumentos¿qué más podía decir?- No pasaré todo mi preciado tiempo con el estúpido de Malfoy, yo...

- Potter tiene su propio chiquero, no necesito que haga de mi Casa una horda de buenos para nada muggles y sangre sucias...- Draco ya no sabía que más decir tampoco.- Yo no...

Blaise suspiró cuando ambos se detuvieron, cansado de haber escuchado toda esa perorata. Pero no pudo evitar sonreír cuando escuchó a los jóvenes que tenía enfrente decir un "Te oí", al reparar en que se habían insultado mutuamente.

- Chicos, ya basta. Mírenme¿quieren? Bien, Potter... Draco... Potter, si vas a traducir todo lo que diga Malfoy, tienes que permanecer el mayor tiempo posible con él. De lo contrario, estaríamos en la misma que nada. Se supone que nos traducirás a todos lo que Draco diga¿está bien?, de modo que te convertirás en su sombra. Por ningún motivo debes separarte de él, ni tú, Draco. Cuando necesites decirnos algo, sólo Potter podrá hacérnoslo saber. Es indispensable que ambos comprendan eso. Sólo les pido un poco de colaboración.

- ¿Colaboración¿Acaso me viste con el escudo de una asociación benéfica grabado en el uniforme¿Desde cuándo te gusta hacer éste tipo de bromas? Te he dicho mil veces que tienes un humor negro, Blaise.

- No pienso colaborar con éste energúmeno, me importa un comino lo que haga con su vida. Nunca me importó tampoco. Y no formaré parte de su vida, ni ahora ni nunca.

Ambos chicos siguieron protestando por alrededor de otros 15 minutos, pero realmente no eran escuchados por los otros dos ocupantes de la habitación. Blaise soltó un suspiro exasperado, mientras veía con atención cómo Snape seguía con la cara sobre el caldero.

Estaba intentando preparar alguna poción que les permitiera ayudar a Draco en cuanto a su comunicación, pero aquello le era más difícil de lo que creía. Realmente ya no le importaba escuchar a Potter parlotear, después de todo su ahijado no se quedaba atrás en ningún momento. Aquello sería un tanto complicado de soportar, hasta que el ambiente se tornara más llevadero y normal para los implicados.

A partir del descubrimiento del accidente de Draco con su poción, se propuso a sí mismo que todos los días intentaría buscar el remedio exacto. Pero no sólo eso. Por otra parte solía buscar en la Sección Prohibida libros de historia en los que se detallaran casos parecidos, pero sólo lograba encontrar información sobre los hablantes de pársel, lo que lo hacía enfadar. Una y otra vez volvía al mismo tema: el único hablante de pársel que tendrían a su disposición sería Potter.

- ¿Están seguros que no hay nadie más?- murmuró Snape levantando un poco la vista y dirigiéndola a Harry, quien seguía protestando e insultándose con Malfoy.

- Estoy seguro. Tú más que nadie sabes que ningún miembro de la Casa Slytherin habla pársel actualmente. Sólo en antaños, y no podemos pedírselo a él. Es más confiable apostar a Potter, lo siento por ambos. Pero Draco y Potter tendrán que aprender a tolerarse.- sentenció Blaise también en murmullos a Snape, mientras miraba él también los ademanes enfadados de cada uno de los chicos.

- Bien, será mejor que hagas algo antes de terminen matándose en mi despacho. Lo último que quiero es tener que pasar por encima de dos cuerpos cada vez que quiera ir a desayunar.

Blaise asintió y se levantó del borde del escritorio donde había estado apoyado y con los brazos cruzados durante la breve plática con su profesor y Jefe de Casa, presintiendo que perdería la paciencia en un futuro no muy lejano.

Así, a voz en grito se acercó a los otros dos:

- ¡Oigan, ustedes!