Summary: Tras una poción mal hecha, Draco se ve imposibilitado de hablar en otro idioma que no sea pársel. Ahora, para lograr comprenderlo, Blaise no encuentra mejor solución que acudir con el único mago en todo Hogwart que sabe hablar con las serpientes, pero él... estará dispuesto a ayudarlo?

DISCLAMER: De la mayoría de los personajes que aparecen en ésta historia, su autoría corresponde a la señora J. y simplemente los pido prestados para justificar mis horas de ocio. Advierto que no obtengo fines de lucro por su publicación y mi intención no es ofender a nadie al decir…

ADVERTENCIA: ÉSTA HISTORIA CONTIENE MATERIAL YAOI/SHONEN-AI, lo que significa que narra acerca de relaciones homosexuales, es decir, chico-chico. Por tanto, habiendo especificado con anterioridad, me siento en todo derecho de reportar cualquier tipo de agresión en contra de mi tanto como autora como persona, y muchísimo menos de mis historias o mis lectores, quienes a mi punto de vista, se ven protegidos por mi advertencia en si.

En pocas palabras, si no estás conforme y la idea no te cae, entonces pega la vuelta, como dijo Pimpinela, y continúa con tu ciclo de vida.

Sin más que decir, muchas gracias.

Atte.,

Marcia


CAPÍTULO CON POSIBLES FUTURAS MODIFICACIONES


Siseos y Enredos

Capítulo 6: "El Mundo de las Serpientes"

Se apresuró a recoger su mochila que había caído al suelo, junto al banco que correspondía a la mesa de Gryffindor, y corrió con fuera del Gran Comedor con el poco valor que le quedaba ese día.

No sabía porqué razón, pero podía sentir sus piernas, en especial sus rodillas, temblar ligeramente por el esfuerzo que hacía al correr. Corrió hasta verlos a ellos al final del pasillo, y entonces se detuvo. Se recargó contra una pared, repentinamente sudoroso, a recuperar un poco del aire que sorprendentemente parecía haber retenido hasta poder salir de allí.

Sintió sus mejillas arder ligeramente, se sentía avergonzado. Abochornado, y un traidor. Tal vez debió quedarse allí, y explicarles a todos sus motivos, decirles que él no había tenido opción, probablemente le hubieran creído si hubiera dicho que Malfoy y sus amigotes lo habían amenazado para que aceptara el trato. Pero Harry sabía, muy en el fondo, que aunque sus propios amigos le hubieran creído, él no hubiera estado conforme consigo mismo.

Un nudo horroroso se ciñó a su garganta, tenía ganas de llorar, no quería que nadie se le acercara. ¿Qué demonios estaba haciendo¿Favores a unos Slytherins¿Ayudando a Draco Malfoy¿Qué dirían los demás¿Hermione¿Y Ron? Apostaba a que él nunca lo entendería, y lo tacharía de traidor por ayudar al estúpido niño que siempre, desde que habían puesto un pie en Hogwarts, los había fastidiado.

Casi podía oírlo gritarle, defendiendo a Hermione frente a él, a su hermana Ginny, a Neville, ubicando él el lugar que Harry estaba dejando. Ahora Harry ya no podría defenderlos más de los ataques de los Slytherin, y sintió repulsión de si mismo. Los acababa de dejar indefensos.

Se vio a si mismo encabezando el grupo de las serpientes, hombro a hombro con Malfoy, escupiendo en el piso delante de los Weasley, y delante de Hermione, insultándolos como tantas veces había oído a Malfoy insultarlos a ellos. Y que ya ni siquiera Neville ni Luna se acercarían a él.

Después de lo que había dicho Dean, Harry tenía bien en claro que él y Seamos odiaban profundamente a Malfoy, y todo lo relacionado con él. ¿Pasaría Harry a formar parte de su lista de cosas odiadas¿O acaso todos lo comprenderían y le brindarían su apoyo moral?

¿Comprenderían todos, incluso los profesores, que él hacía esto por razones de fuerza mayor¿Comprenderían por qué él lo hacía?

Entonces la realidad golpeó a Harry como con una bofetada, que idiota había sido. ¿Acaso él mismo sabía por qué los ayudaba¿Por qué hacía todo aquello? En verdad no tenía idea. Y ante la duda, solo pudo compadecerse de sí mismo. ¿Cómo debería actuar ahora¿Como Gryffindor infiltrado, o como un completo Slytherin?

Abrazó la mochila contra su propio pecho, estrujándola. ¿Cuántos minutos habrían pasado después de su numerito en el Gran Comedor? Alzó la vista hacia su derecha, para encontrarse con la imagen de los Slytherin todavía al final del pasillo. Ellos seguían allí, y pudo ver a Parkinson darse la vuelta, deteniéndose, retrocediendo unos pasos y haciéndole señas para que se acercara.

Y Harry se sintió enfermo al mirarla, bajó la vista, arrepentido por pensar así. Después de todo, los Slytherins aun no le habían hecho nada, y los Gryffindors no pudieron reprocharle nada tampoco.

¿De modo que las preocupaciones quedaban para mañana? Si, pensó Harry, olvídate de todo, y… empieza a aceptar lo que elegiste. Disfruta todo lo que puedas, vele el lado positivo.

Una mano se estiró hacia él, y sin dudarlo ya, Harry la tomó.

Harry entró a la Sala Común, arrastrado por una pelinegra igual que él.

Miró desconcertado el lugar. Estaba exactamente igual a como él lo recordaba después de su Segundo Año, cuando él y Ron entraron allí utilizando la Poción Multijugos.

Ron…

Sacudió la cabeza, acababa de prometerse no pensar en los Gryffindors hasta que fuera el momento de hacerlo.

Contempló extasiado la decoración uniformada de verde y plata que caracterizaba a su ahora nueva Casa, y alucinado, comenzó a avanzar hacia el interior de la Sala Común con pasos vacilantes.

Divisó con facilidad a la pelinegra que lo había llevado hasta allí, montada sobre el apoyabrazos de un enorme sillón negro, mientras charlaba con otros dos integrantes de la casa, una chica de cabellos castaños, cortos y demasiado rizados, recordándole a Hermione, y un chico de tez trigueña al igual que él, con cabellos castaños también. Reían espontáneamente, a la vez que un niño pequeño pero indudablemente audaz por sus rasgos arrogantes, se lanzaba al sillón también, tirándose desde detrás, hasta caer incómodamente sobre los negros cojines, golpeando con las piernas al chico castaño.

El chico castaño lo miro de mala manera aparentando enfado, y se lanzó contra el niño de al menos dos años menos que todos ellos, comenzándole a hacerle cosquillas en el estómago y el cuello, por lo que el niño se sacudía violentamente intentando zafarse del agarre del mayor.

Harry estuvo imagino que estaría a punto de ver una maldición salir volando de la varita del castaño cuando el niño lo había golpeado, pero al parecer allí había algo que Harry nunca creyó ver en todos ellos. Confianza… Si, eso era. Había confianza en el ambienta, se aspiraba cordialidad en cada segundo que se pasaba allí dentro.

Más allá, vio a dos chicas que cuchicheaban emocionadas sobre lo que parecía ser una revista de Corazón de Bruja, recordándoles vagamente a Lavender Brown y Parvati Patil cuando soltaban chismes por doquier.

Divisó junto a la ventana a un pequeño grupo de estudiantes que se reunieron en torno a una diminuta mesa, donde descansaba un tablero de ajedrez. Harry los miró en la distancia, y contempló asombrado como los Slytherin se turnaban para desafiarse en partidos de dos contra dos. Aquello le estaba gustando, no podía decir que aún las cosas no le parecieran extrañas, pero al parecer, los Slytherins se relacionaban completamente diferente que los Gryffindors.

Harry podía verlo a la distancia, ellos, los Gryffindors se preocupaban más pro sus propios asuntos y sus propios amigos, sus propios mundos. Pero los Slytherins… no había comparación. Se los veía muy felices, a gusto, cooperadores y extremadamente tranquilos. En verdad eran una gran familia, todos compartían sus cosas, no parecían haber disputas de ningún tipo a la vista, y los últimos años se relacionaban sin inconvenientes con los más pequeños.

Aquello dejó desconcertado a Harry¿por qué ellos no podían hacer lo mismo? Harry solía recordar que los mocosos de los leones nunca se metían con los más grandes. Ron se había encargado de ello. La diferencia que había entre cursos, era abismal. Pero los Slytherins… parecían conocerse tan bien. Y eso que aún no había tenido la oportunidad de hablar con ellos, pero estaba seguro que si lo hiciera no descubriría nada nuevo, confirmaría sus sospechas.

Entonces vio a Zabini bajar las escaleras, y a Parkinson acercándose a él, seguramente ansiosa por noticias, los vio intercambiar información y a Blaise sacudir la cabeza algo cansado. Y se percató que él seguía allí en la entrada, parado con una cara que seguramente un escreguto de cola explosiva no envidiaría y pareciendo imitar a un candelabro oriundo de las mazmorras de Snape.

Sacudió la cabeza con fuerza, despejando esos pensamientos estúpidos que comenzaban a volverse fastidiosos y muy habituales en él, y se dirigió rumbo a aquellos dos, para estar al tanto de qué pasaba.

Justo cuando se les acercaba, Blaise, que estaba apoyado en la barandilla de las escaleras, manteniendo la altura con Pansy que estaba parada en el primer escalón, giró la cabeza hacia él.

- ¡Potter! Allí estás.

- Si.- contestó Harry torpemente sin saber qué decir exactamente.

- Será mejor que subas. Draco no para de gritarle a Theo y ambos no pudimos entenderle nada. Están en su habitación, donde dormirás¿recuerdas dónde queda?- Harry asintió con la cabeza y los rodeó para subir las escaleras. No se le pasó el hecho de que el moreno hablara de su compañero de casa con un precario diminutivo de su nombre de pila, lo que lo hizo fruncir el ceño levemente mientras pisaba los peldaños que lo conducían a su nueva habitación.

Blaise y Pansy no se movieron de sus lugares y lo vieron perderse escaleras arriba, tras hacerlo, se dirigieron una mirada preocupada, esperando estar haciendo lo correcto.

- ¿Crees que Draco le permitirá a Potter traducirle a Nott?- preguntó intrigada Pansy volviendo sus ojos a su amigo moreno.

- ¿Y por qué no?- respondió Blaise con otra pregunta, encogiéndose de hombros. Terminó de bajar las escaleras, rodeando a la pelinegra y se dirigió al sillón más grande de la sala donde unos chicos seguían jugando a las cosquillas. Se sentó con elegancia innecesaria, y observó a Pansy acercársele con el ceño fruncido aún.

- No lo sé, Blaise, probablemente para Draco sea una especie de invasión por parte del león, sabes que con esto del pársel empieza a volverse un poco más susceptible que de costumbre.

- Ajá.- dijo el otro con aire ausente.- Pero allá ellos, nosotros no podemos entrometernos demasiado, de lo contrario lo perderemos también a él. A Potter no le afectará tanto, está acostumbrado a sus maltratos.

- Lo sé, pero aún así sigo creyendo que las cosas pueden ir de mal en peor si no las controlamos.- advirtió la pelinegra, recargándose en una mesa frente al sillón, tomando un pergamino cualquiera que había allí, entre los diversos libros. Blaise gruñó en desaprobación.

- Draco sabrá manejarlo, no dejará que Potter se meta en lo que no le incumbe, ambos lo sabemos a eso, Pansy. ¿Qué te preocupa?

- Nott por ejemplo.- sugirió ella algo contrariada.

- Si, ya entendí. Pero yo no voy a meterme demasiado, si Nott no logra dejar sus juegos, pues allá él. No voy a perder mi amistad con Draco sólo porque a ese mocoso se le ocurre jugar un poco.

- No es eso, sabes que él siempre suele tener una intención para todo. Debe haber algún motivo en particular para que esté molestando a Potter. Probablemente quiera decirnos algo, como… no sé, que Potter es susceptible igual que Draco y que tengamos cuidado con él.- se impacientó la chica.

- Estás justificándolo otra vez, Pansy. Ya hablamos de eso en la cena, Nott tiene ese fastidioso comportamiento casi todo el tiempo. Y ya se lo hemos dicho en un montón de ocasiones, si realmente quiere decirnos algo, que venga y lo haga. Su don nos molesta a todos, realmente estoy empezando a cansarme de él. Es un buen tipo, pero es demasiado pesado en ocasiones.

- Tú dices eso porque no quieres que Theo juegue con Draco también, no puedes protegerlo todo el tiempo, Blaise. ¡Draco ya no es un niño! Hemos hablado de esto un montón de veces, deja de ser tan posesivo con él. Además, él y tú… Blaise él…

- No, no te atrevas a decirlo. Estoy bien sin tus comentarios contra mi psicología, déjalo así ¿quieres?

- Pero Blaise…

- No, Parkinson. Olvídalo.- Pansy notó con pesar el cambio de trato al hablarse con sus respectivos apellidos, ella pensaba que ya habían pasado esa fase hacía tiempo, pero veía que aún no podría llegar a Blaise con facilidad, al menos no de la forma en que lo hacía, cuando criticaba la amistad que había entre el moreno y el rubio.- Nott es un imbécil en muchas ocasiones, y tú tampoco puedes negarlo, así que deja de protegerlo, es inevitable que Malfoy se enfade con él. Y con Potter.- añadió irritado.

- Bien, pero no te la vayas a agarrar con Potter. Fuiste tú quien lo trajo aquí, y si las cosas cambian, y Nott en verdad tuvo algún motivo para hacer lo que está haciendo, serás tú el que se disculpe cuando tus otros yo no puedan soportarlo.

- Pansy…- advirtió el moreno alzando un dedo amenazante hacia ella. Pero la chica no se inmutó, se cruzó de brazos y alzó el mentón altivamente, a la defensiva.

Así los encontró Crabbe cuando se les acercó antes de preguntar si alguno tenía una reserva de grajeas de todos los sabores. Ellos negaron con la cabeza, pero se siguieron desafiando con la mirada, sin volver a cruzar palabra alguna.

Harry alcanzó el pomo de la puerta, y lo giró lentitud a la par que podía escuchar retumbar en la habitación los "dulces insultos" pertenecientes a Malfoy y que sabía, iban dirigidos a Nott. Aunque por supuesto, lo lógico era que el "chico rareza", como empezaría a llamarlo Harry mentalmente, no entendería ninguna palabra en absoluto.

- Además, no veo razón aún para que sigas molestando. ¡Debería hablar con Snape! Realmente te estás volviendo demasiado fastidioso, Theo!- alcanzó a escuchar Harry muy a su pesar. Tampoco se le pasó el diminutivo en el nombre de Nott. ¿¿Es que acaso todos estaban tan encariñados con aquel crío?? No podía creerlo, hasta Malfoy tenía la molesta costumbre de llamarlo "Theo", como si se tratara de un maldito peluche de felpa.

El ex Gryffindor entró en la habitación con todos esos pensamientos malos, y no pudo evitar lanzarles a ambos chicos del interior de la habitación, una mirada de resentimiento. Claro que ninguno de los dos estaba demasiado atento de la puerta principal, de modo que no le dieron demasiada importancia a su llegada, lo que irritó más a Harry.

- Veo que se están llevando muy bien.- masculló Harry todavía fastidiado al sentarse frente a Nott en la que ahora sería su propia cama, mientras Malfoy paseaba de un lado a otro.

- Cierra la boca, Potter. En primer lugar¿quién te dijo que vinieras a molestar¿No te fue suficiente con montar un escándalo en el Gran Comedor¿Acaso necesitas también meterte en mis asuntos para completar tu estatus de idiota?- ironizó Draco.

- Cierra tú la boca, Malfoy. Para tu información, fue Zabini quien me envió, y en segundo lugar, no es mi culpa que tengan "rarezas incontrolables" en su Casa. Se suponía que nadie iba a molestarme mientras estuviera aquí.- Harry se paró en seco para enfrentarlo.

- Bien, pues¿sabes qué? En eso no tendrás mucha suerte, Cara-rajada, porque el idiota que está sentado frente a ti, puede más que todos nosotros juntos. Y es la única "rareza incontrolable" que podrá meterse en tus bolsillos y saldrá impune, porque Snape no está muy reocupado por ello ahora. Por si no lo habías notado, está buscando un antídoto para...- Draco se cayó, no quería recalcar que aquella pesadilla había empezado por un simple error suyo al preparar una poción.

-Harry aprovechó la ocasión para desquitárselas con él.

- Vamos, dilo. Apuesto a que no puedes, fuiste tú en primer lugar el infeliz inepto que no pudo controlar una poción¿cierto¿Qué estabas haciendo, eh¿Pensar en tu novia¿O debo decir novio?- Harry se horrorizó de lo que acababa de decir. Había sido algo improvisado¿de dónde había salido¿Y por qué repentinamente se sentía tentado a oír una respuesta? Parpadeó confundido y ante la mirada atónita de los Slytherins, (aunque Harry debía admitir que no le importaba Nott sin lo que fuera a decir Malfoy), continuó despotricando con una fuerza y un valor que no había experimentado antes. Al menos no que recordara.- Además, no pudiste conformarte con arruinarme la vida sino que debías destruir nuestras pociones¿verdad? Porque oh casualidad, Hermione dice que sólo se rompieron las que hicimos los de Gryffindor¿y los de Slytherin, qué?

- ¿De qué demonios…¿Cómo puedes…?- Malfoy no sabía qué decir, estaba perplejo.- ¡¡Tu ya no estás en Gryffindor, Potter!!- aulló Draco, desconcertado.

Y aunque en otras circunstancias Harry se hubiera reído de él por acabar de llegar a un triunfo en insultos y humillaciones, no podía decir lo mismo de ahora. Malfoy había dado en el clavo, aunque no se lo haría notar.

Definitivamente, Harry quería enterrar la cabeza entre el colchón y la almohada, y olvidar todo lo que acababa de decir en ese preciso instante. Afortunadamente para él, el idiota de Nott, es decir, el otro habitante de la sala, intervino a su favor, cambiando de tema y calmando los humos.

- Esperen un poco, ambos. Ya cállense¿quieren?- los separó empujándolos un poco a ambos, aunque ambos, se zafaron del agarre del Slytherin problemático con aparente enfado.- Veamos. No sé por qué Potter sigue insultándonos a todos, pero no creo que sea una buena forma de empezar.- arremetió el castaño.- Malfoy, siéntate aquí¿quieres?- Nott arrastró a un rubio enfurecido hacia el lugar que él acababa de ocupar, y se paró entre ambos, en el medio de las camas, listo para sujetarlos si querían lanzarse uno contra otro y empezar a pelear con los puños.

Potter y Malfoy no podían despegarse los ojos de encima, el odio empezaba a hacer mella en ellos y los estaba separando más de lo poco que podrían haberse llevado "bien" o relativamente "normal" hasta el momento.

- Ahora, Malfoy, tú querías regañarme a mí, no a Potter, y tú Harry, creí que eras más sensato. Acabas de pisar una línea límite que, si sigues con ésta actitud agresiva, pasarás con mucha facilidad, y eso no le conviene a nadie. En fin, lo único que necesitamos aquí, es que tú hostilidad, Draco, sea dejada de lado, y tú, Harry¿puedo llamarte así verdad?, te limites a traducir lo que Draco tenga para decir.

- No necesito que nadie traduzca lo que digo.- masculló Malfoy levemente fastidiado aún, sin apartar la mirada de repentino odio de su contrincante.

- ¿Bromeas cierto?- reprochó Harry, incrédulo.- Me hiciste dejar mi Casa y mis amigos para esto, Malfoy.- escupió como pudo el apellido, como si pronunciarlo le quemara la lengua, a lo que Draco pareció más enojado si cabía.

- Ya te lo he dicho, no tenías que subir.

- Zabini me mandó.- se justificó Harry.

- Dile entonces que no eras necesario aquí.- Malfoy se levantó de su lugar, y se dirigió hacia la fingida ventana con movimientos mecánicos y cansinos, ignorando a Nott al pasar por su lado.

- Pude haber terminado mi cena, idiota, pude haberme quedado allí abajo con Hermione y Ron, pude haberles explicado todo si…

- No me interesa, Potter. Has lo que quieras, pero salte de aquí.- dijo el rubio, su voz amortiguada por sus propias manos que frotaban su rostro con cansancio.

- No me iré.- desafió nuevamente alzándose en toda su estatura.

Pero Theodore ya había visto suficiente, Malfoy no estaba dispuesto a seguir oyendo a nadie sin poder explotar después. Entonces, inseguro, tomó a Harry por los hombros evitando que se lanzase contra el rubio, y negó con la cabeza.

Harry tomó eso como que ya lo habían echado y no había nada más que él pudiera hacer allí. De modo que, soltándose de su agarre e ignorando olímpicamente a Nott, miró una vez más a su Némesis con odio y salió de la habitación con un portazo, dejando tras de sí un incómodo silencio.

Nott se sentó con nerviosismo en la cama de Draco, como había hecho antes. Aquel Potter en verdad era una bomba explosiva cuando se lo proponía, y él que nunca les había creído a sus compañeros. Y lo peor de todo es que… todo lo que había dicho el moreno… era su culpa.

Pero antes de que Theodore siguiera martirizándose a sí mismo con sus propios pensamientos, un pequeño trozo de pergamino levitó hacia el frente de sus ojos, y con dedos temblorosos lo tomó entre sus manos.

Antes de oír cerrarse la puerta del baño tras la altiva silueta de Malfoy, Theo leyó la nota, reconociendo la pulcra caligrafía de su amigo rubio.

"Deja de meterte en problemas."

Harry bajó las escaleras de dos en dos, con la furia haciéndole hervir las venas, la sangre fluyéndole de pies a cabeza. Necesitaba dejar de pensar en ese maldito bastardo que no paraba de hacerlo enojar. Tenía muchas ganas de seguir gritando, pero debía contenerse, debía…

Pansy le hizo señas para que se les acercase, ella y los demás Slytherins de séptimo año estaban charlando sobre Quidditch, así que Harry no tuvo inconvenientes para integrarse al grupo. La pelinegra había resultado no ser tan pesada como él la imaginaba, o al menos por la impresión que ella siempre les daba a él y sus propios amigos. Ron opinaba que era la marioneta de Malfoy, aunque Harry todavía no podía definir bien ese punto, estaba seguro que la chica podía ser agradable cuando se lo proponía.

Ella comenzó a presentarle a algunos chicos más de 7mo año que él solo conocía de vista y lo primero que Harry agradeció silenciosamente, era que ninguno parecía disconforme con su presencia, además, por el trato y cómo lo integraban a las bromas sin burlarse de él, parecían conocerse de toda la vida.

Tras algunos cuantos minutos, pudo ver a Zabini salir de su campo de vista, pero al resto no pareció importarle, por lo que a él tampoco. Comenzaron a hablar de los horarios de las clases y Daphne Greengrass le aseguró que ya había hablado con la profesora McGonagall para que le entregaran a él su nuevo horario como integrante de la Casa Slytherin. Al parecer ahora asistiría a clases con ellos también, de modo que debía empezar a adecuarse a tratar con ellos todo el tiempo que fuera necesario.

Le sorprendió el gesto de la chica hacia él, pero sin duda no tenía inconvenientes contra él, a pesar de tratarse de un ex Slytherin. Unos cuantos pequeños de años menores se acercaron a saludarlo aunque no se entretuvieron con él. Y un tal Derek Perkins le instó a desayunar con ellos al día siguiente. Harry asintió gustoso, aunque aquella cordialidad le era indiferente.

Nunca se había sentido así. Se preguntó si los Slytherins se comportaban igual con todos los nuevos estudiantes o sólo eran así con él por lo que era, por lo que representaba. Descartó esa idea cuando un avioncito de papel encantado le golpeó la cabeza y un niño de segundo año se lanzó hacia él por encima de su cabeza. Los demás lo sacaron de allí con grandes risotadas, y Pansy le acomodó los lentes a Harry que se había torcido un poco sobre el puente de su nariz.

- No tiene que mostrarle tan bien nuestro mundo. No va a quedarse tanto tiempo.- masculló Draco desde el borde de las escaleras, oculto entre las sombras de las mazmorras, mientras observaba las escenas con aplomo.

- Apuesto a que no estás contento con eso¿cierto?- acotó Blaise, observando como el ex Gryffindor estrechaba nerviosamente la mano de un chico de 6to año que pertenecía al equipo de Quidditch de la casa de Slytherin.- Pero no te preocupes, Severus encontrará la forma de hacerte hablar… de nuevo.- contestó melancólico, más de lo que le hubiera querido sonar. El silencio los acompañó unos momentos tras su respuesta cortante, sabiendo ambos que el morocho tenía razón, Snape no iba a quedarse de brazos cruzados, y ya trabajaba en una cura.

- Sólo aguanta, Draco.- murmuró más para sí mismo que para su propio amigo.

Él y Malfoy siguieron observando unos minutos más, hasta que el moreno se obligó a moverse de su lugar junto al rubio, y corrió al centro de la Sala Común anunciándoles a todos que ya era la hora de irse a dormir, a lo que recibió abucheos y reproches bajos por parte de todos los alumnos de los diferentes años, que él silenció rápidamente con una de esas miradas tan características de cualquier Slytherin.

Draco siguió a Blaise con la vista, en su proeza de hacer que los distintos grupos de alumnos entraran en movimiento hacia las escaleras de los dormitorios, y antes de desvanecer el mismo rumbo a su habitación, no pudo evitar desviar sus grises ojos hacia cierto chico de ojos verdes con una cicatriz de rayo en la frente, y cuando lo hizo, soltó un bufido, enojado consigo mismo.

Entró algo mareado a la habitación sin saber qué esperar allí dentro, y no pudo más que aliviarse al encontrar que el otro único habitante del lugar parecía estar profundamente dormido en la cama de la derecha, junto a la ventana ficticia.

Harry decidió que lo mejor era que él también se acostara de una vez, necesitaba descansar más que nada, después de todo lo que había pasado ese día de locos, por fin podría dejar de pensar y rendirse al sueño.

Aunque no había podido evitar sobresaltarse un poco al oír el chirrido de la puerta al abrirse, permaneció inmóvil, aparentando dormir. No tenía ganas de empezar a preocuparse por otra regañina del estúpido Gryffindor ese, de modo que prefirió quedarse así, tal y como estaba.

Como estaban las cosas, no vio necesario encerrarse en el baño, de modo que permaneció allí. Se desvistió lo más silenciosamente posible, intentando no despertar al bello durmiente. Un momento¿bello durmiente¿Desde cuándo él se fijaba si Malfoy era bello o no? Se reprendió mentalmente y sacudiendo la cabeza, se dejó caer sin muchos miramientos sobre su nueva cama que rugió un poco. Alarmado, aló la vista hacia el Slytherin, esperando no haberlo despertado.

Estúpido Gryffindor, nunca un poco de delicadeza, debía romper eñ silencio tirándose sobre la cama. ¡Que no es de agua te digo! Idiota.

Se envolvió con las pesadas sábanas y mantas, a pesar de que hacía calor, y cerró por fin sus ojos.

Malfoy lanzó un suspiro casi imperceptible, tranquilizándose de a poco. Sentía paz en su interior, sin saber por qué, pero tampoco que le importara del todo. Había oído a Potter entrar en la habitación, pero no había abierto los ojos, tampoco sabía por qué motivo, pero no quería tener que encontrarse con esa verde mirada.

Curiosamente, los volvió a abrir. Harry examinó a la figura de enfrente. ¿Realmente Malfoy estaba durmiendo? Bueno, Harry podría decir que sí por su respiración acompasada, pero no estaba muy seguro de ello. Aún así, le parecía que el rubio estaba fingiendo, sin saber un por qué, pero simplemente tenía ese presentimiento. Lo descartó casi de inmediato al no encontrar razón aparente por la cual Malfoy querría fingir dormir, además si estuviera despierto se habría movido o habría insultado a Harry cuando éste llegó.

Abrió los ojos, el idiota de Potter olvidó apagar la luz. Sería muy obvio si él la apagaba en esos momentos, puesto que el Gryffindor sentiría el jaleo y se levantaría. Idiota. Cerró los ojos de nuevo.

En fin, Harry lo contempló unos segundos y decidió que ya debía dejarse de pensar estupideces. Cerró los ojos de una vez por todas y no los volvió a abrir hasta la mañana siguiente.

Y otra vez idiota, Draco se había acostado con el uniforme puesto. No podía creer su estupidez. El poco tiempo que había pasado con el león y ya se le había pegado la enfermedad crónica de ser despistado. Bufó. Tonto.

Harry se sobresaltó, había dejado la luz prendida. Que descuidado de su parte, si quería que el Slytherin no se despertara. Tomó la varita que había dejado en la mesita de luz junto a la cama, y con un movimiento descuidado, las luces menguaron.

Al parecer no era tan estúpido, se dijo así mismo. Por ahora claro. Mañana se mostraría tal y como era siempre, un completo inepto para todo excepto para llamar la atención. En fin, creería que es mejor cuando está dormido, no parece tanto un animal, más bien parece hasta normal.

Harry se movió inconscientemente de lado, como si mirara hacia Malfoy, y se acurrucó más junto a su almohada, somnoliento.

Así, Draco contempló al mocoso, unos cuantos segundos. O tal vez fueron minutos. Perdió la noción del tiempo. Aquel rostro se veía demasiado angelical, impasible, tranquilo… perdido en el sonido de sus respiraciones que parecían sonar rítmicamente, no supo cuando se quedó dormido.