Hola. Traigo el tercer capítulo de esta locura, estoy traumada con la físicoquímica, así que cada vez están más exraños. Espero entiendan. :D
Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling. Aunque no creo que ella sepa de física.
3. Primera Ley de Newton: Inercia
Draco debía asistir a una reunión con el ministro de economía de Francia. La sala de conferencias estaba en París y era un tema delicado, que estaba generando chispas entre ambos países. Harry Potter sería su escolta.
— Potter ¿por qué esa cara?— preguntó Draco, mientras veía al auror acercarse.
Potter lo miró sorprendido. Tenía marcas oscuras bajo los ojos, y la piel más pálida de lo que él recordaba.
— ¿No deberías saludar primero?—preguntó serio, pero el cansancio que se adivinada en su cuerpo, rompía cualquier intento de asustar.
— Si estás enfermo debería pedir a otro auror, no me sirve que estés débil Potter, se supone que debemos imponer, no causar lástima—bien, si el plan era entender a Potter iba por buen camino, pero si quería que el tonto se diera cuenta de sus intenciones más amistosas, no debía ir por esa trayectoria.
—Lo que sea Malfoy. Vamos.
Draco lo siguió hacia los ascensores. Debían llegar al departamento de relaciones exteriores y de ahí, llegar por red flú al Ministerio de Francia.
Potter solo abrió la boca para decir Ministerio de Francia y luego desaparecer entre las llamas verdes. Draco lo siguió.
Le gustaba mucho más aparecerse, había descubierto con genuina admiración que los muggles conocían la teleportación, la física cuántica lograba explicarlo todo.
—Buenos días, caballeros —saludó un funcionario francés, en un perfecto inglés. — Mi nombre es Pierre Gulianni, soy el ayudante del Ministro. —El hombre miraba fijo a Draco, observando su cuerpo más del tiempo necesario. Draco sonrió, estaba consciente de sus encantos. —Tu debes ser Draco Malfoy — dijo mientras le ofrecía una mano.
—Así es—respondió Draco, adelantándose y estrechando la mano ofrecida. El interés de Potter hacia toda la situación era infinitesimal, es decir, no le importaba. El hombre desvió los ojos de Draco y los fijo en Harry. Draco no soportó que aquel hombre siguiera mirando así a Harry, como un ídolo, no que le molestara que lo mirara, era más bien solidaridad. A él no le gustaba que lo miraran como hijo de mortífago, a Potter no le gustaba que lo miraran como héroe, por más cierto que fuera.
—Y tú eres Harry Potter, es un honor conocerte —el hombre sonrió y le tendió la mano. Potter la aceptó, pero no dio indicios de alegrarse por aquellas palabras, por lo que Draco se sorprendió cuando el hombre se dio la vuelta para guiarlos hacia la sala de conferencias y Potter le miró el culo.
Y él que creía que Potter estaba medio muerto. Potter era gay, de eso no había dudas, además que ya todo el mundo mágico lo sabía. No que importara realmente, Harry Potter era el niño héroe, el salvador del mundo mágico, el jefe de aurores más joven de la historia, y así hasta el infinito. Que fuera gay no era significativo.
Era un detalle beneficioso para sus planes.
La reunión, pasó sin importancia. Los problemas se solucionaron, esbozaron algunos proyectos económicos, algunas alianzas entre departamentos y organizaron otra reunión. Potter no abrió la boca en toda la reunión.
Salieron del salón de conferencias. Potter se miraba los zapatos.
Draco decidió que debía hacer algo.
Era definitivo, Potter estaba en estado de inercia.
Todo objeto estará en reposo hasta que se aplique una fuerza que lo obligue a cambiar de estado.
Él, obligaría a Potter a cambiar de estado. No podía estar sumido en la autocompasión de por vida. Bueno, no autocompasión, en realidad Draco no sabía qué tenía Potter, pero se notaba deprimido.
Mientras Draco se despedía cortésmente del Ministro francés, el tal Pierre intentaba hablar con Potter, sin embargo, éste no daba señales de estar en la orbita terrestre.
Así que Draco acudió al rescate.
—Potter, vámonos —dijo Draco al llegar dónde estaba Potter y el francés.
Potter lo miró indescifrable. Draco dio media vuelta y caminó, esperando que Potter lo siguiera.
— Sí. Adiós —escuchó decir a Potter, despidiéndose del francés. —Malfoy, la sala de flú internacional está hacia el otro lado.
—Lo sé, Potter. Voy a tomar algo, tanta ineficiencia me hartó.
Draco esperaba alguna respuesta mordaz a aquella sentencia, algo relacionado a su apellido y los tratos con ministros y esas cosas. Pero Potter encontraba más interesante la horma de sus zapatos, y en vez de enzarzarse en una batalla verbal, aceptó, dócil.
—Debemos volver hoy.
Y lo siguió.
— ¿Has estado en Francia antes?—Preguntó Draco una vez fuera del Ministerio de Magia. Estaba atardeciendo, y la brisa fresca que despeino uno de sus mechones rubios, actuó como fuente de energía revitalizante.
—No he tenido mucho tiempo para viajar. Malfoy, ¿por qué me hablas?
— ¿Por qué no hacerlo?
Potter no respondió. Esa falta de respuesta ya estaba cansando a Draco. Caminaron en silencio por algunas calles pequeñas, buscando un buen lugar para tomar algo. Entraron a un pequeño bar, se sentaron en un rincón aislado y pidieron los tragos.
Draco pensaba cómo iniciar una conversación "civilizada"
Harry bebía en silencio, con la mirada perdida en algún punto en el infinito. Draco necesitaba romper el silencio. Tenía dos opciones; primero, emborrachar a Potter hasta que le contara qué demonios le sucedía; y segundo, hacer terapia de choque.
Decidió que lo segundo sería más entretenido.
—Potter ¿sabías qué si sobre un cuerpo no actúa ninguna fuerza éste continuará moviéndose indefinidamente en línea recta y a velocidad constante? —Draco lo miró esperando alguna reacción. Ante el silencio de Potter, agregó: —Es lo que pienso que has estado haciendo estos años, necesitas una fuerza para cambiarlo.
Si esta en reposo, tiende a permanecer en reposo, si esta en movimiento, tiende a permanecer en movimiento.
Potter frunció el ceño, al final, reaccionó. Se tomó el alcohol de un trago, se levantó rápidamente y se fue. Antes de salir por la puerta se giró y dijo: —Sigues siendo un estúpido, Malfoy.
Draco sonrió. Potter al menos había reaccionado. Aunque igual frunció el ceño, si Potter no entendía no era su culpa. Él había intentado ser amable, darle un consejo para que saliera del estado de reposo en el que se encontraba y Potter el muy malagradecido, lo rechazaba.
El próximo capítulo se llama "Entropía" ¿Saben lo que significa? Ya lo sabrán..
