Hola :)
Siento la demora, yo pensaba, tal como dije en algunas respuestas a comentarios, publicar el lunes pasado, sino antes, pero mi pc, con el capítulo listo, se murió; y tuve una semana horrible en la universidad, hasta hoy tuve tiempo para arreglar el borrador del capítulo (que mi linda beta, Caribelleih, guardaba). El cap está semi beteado..
Notas: cualquier comentario despectivo hacia otras ciencias, léase matemáticas, humanidades y biología, es sólo broma y no representa mi pensamiento para nada (yo estudio biología). Así que no se enojen ¡y culpen a Draco! :D
Equilibrio
Algo en ese lugar tenía un defecto. O alguien en particular. No era posible que estuviera sintiendo aquello que sentía, pero es que si lo sentía era porque sí era posible, y si era… Estaba y si estaba… Existía y si existía… Draco se obligó a cortar esos pensamientos.
Eran demasiados humanistas para su gusto. Mucha filosofía y muchos porqués sin sentido; el existencialismo, el "ser o estar", para Draco, era perder el tiempo en dudas existenciales ridículas, si podía ser medido, observado y demostrado y/o útil, existía y le interesaba. Sino, pues se lo dejaba a los de la facultad de humanidades.
Pero ni criticar a otras ciencias le hacía sentir mejor, debía reconocerlo, estaba confundido.
¡Confundido! Los Malfoys no se confundían, para que eso sucediera debía congelarse el infierno, o peor; un Malfoy confundido era como la vida en la Tierra sin gravedad, imposible.
—¿Quieres tomar algo?—Draco dijo lo primero que se le ocurrió para cortar de raíz todo pensamiento abstracto. Estaba sentado al lado de Potter, manteniendo la misma posición y el mismo silencio por unos largos minutos. Sabía que el tiempo era un continuo y que un minuto era un minuto, pero en aquella situación el minuto le pareció eterno.
—¿Me quieres ebrio otra vez?—Potter tenía la maldita costumbre de responder con otra pregunta.
La pregunta fue acompañada con una sonrisa muy poco inocente que lo descoló, y lo llevó, de forma irremediable, a mirar los ojos verdes y expresivos, que ahora estaban un poco irritados por la resaca que debía tener Potter.
Draco se preguntó si debía ofrecerle una poción para ello, debía dolerle la cabeza; luego se pateó mentalmente por preocuparse de él. Esa preocupación lo llevaba al pensamiento de la discordia, a la piedra que balanceaba su equilibrio.
Estaba confundido respecto a qué hacía Potter en su casa aún, al porqué ya no sólo sentía ganas de entenderlo y observarlo como si de un experimento se tratara, lo que había sido la idea original; estudiar a Harry Potter y comprender qué le sucedía.
Ahora había algo más, algo que, desgraciadamente para Draco, iba más allá de su cama.
—Un café, Potter, además; ebrio eres demasiado nulo, incluso más que sobrio.
—¿Nulo?—preguntó Potter frunciendo el ceño y acomodándose en el sillón en el que se había dejado caer.
—Como los vectores, esos que…—Draco vio el rostro confundido del moreno y sonrió arrogante— ¿Es que no sabes nada, Potter? ¿No fuiste a la escuela de pequeño? Eso explicaría tus limitaciones intelectuales.
Harry, al contrario de lo esperado por Draco, no se molestó ni le respondió con algún insulto, sino que le sonrió de vuelta.
—Es sorprendente, ¿sabes?; Este lugar— dijo haciendo un gesto, abarcando con la mano derecha el departamento de Draco—, los estudios —miró hacia una biblioteca llena de libros gigantes, más muggles que mágicos; y a una caja llena de pelotitas que formaban figuritas—, la ropa que usas —agregó mirándolo—. Pareces un muggle.
Draco se incorporó de golpe. Eso sí que era un insulto; él no parecía muggle, claro que no.
Draco no sabía mucho de genética y de esas cosas, y realmente no le importaba; ¿para qué saber sobre las células y los genes si comprendía cómo se había formado el universo?
No había comparación. Sin embargo, sabía lo suficiente como para inventarse lo demás.
Así que estaba seguro de que él no tenía ni una gota de sangre muggle, y que no era posible convertirse en uno o algo así, la genética lo decía, claro que sí.
Para ello tendrían inyectarle genes muggles y hacer un Draco transgénico.
Un Draco modificado, un Draco transgénico, pensó Draco, haciendo una mueca de desagrado.
Potter lo había llevado hasta aquel pensamiento ¡él tenía sangre pura! Ni una gota ni gen de nada más que sangre mágica corriendo por sus venas.
¿Cómo se atrevía Potter a siquiera insinuar que podía mugglenizarse?
Iba a replicar algo ofensivo y mordaz, cómo el Malfoy que era, pero su réplica se quedó atrapada entre sus neuronas, porque el héroe se estaba riendo.
Draco comenzó a caminar alrededor de la sala de su piso no-muggle, estaba enojado, por algún extraño motivo sentía las palabras de Potter más insultantes de lo que parecían, supuso que fueron dichas como broma, pero para él eso no era una broma porque ya se había preguntado qué hacía allí—en el mundo muggle— realmente.
—¡Cállate!—Potter, que al parecer no había notado el cambio en el ánimo de Draco con esas palabras, se silenció de golpe—. Y lárgate, ahora—Draco apuntaba con su varita hacia el pecho de Harry, sus ojos estaban entrecerrados y sus palabras sonaban amenazantes—, si no quieres que te demuestre lo poco muggle que soy.
—Malfoy yo no—
—Ahora —dijo Draco acercando más la varita a Harry e interrumpiéndolo. Éste parecía confundido y sorprendido, pero de igual forma se levantó y caminó hacia la chimenea, el dolor de cabeza por la resaca olvidado y el misterio en el que se había convertido Draco Malfoy presente en su cabeza.
Potter se fue y Draco se quedó estático, incapaz de romper la inercia en la cual estaba sumergido. Ahora era él quién necesitaba alguna fuerza para cambiar de estado.
Cuando las llamas verdes de la chimenea se apagaron completamente, Draco se desplomó en el sillón, de forma muy poco Malfoyesca.
No entendía muy bien por qué las palabras de Potter— la broma, porque Harry estaba bromeando— lo habían afectado hasta el punto de echarlo de su piso. Quizás era un poco de todo, la sumatoria de todos los factores que estaban presentes en su vida actual y que antes eran infinitesimales.
No era un misterio el hecho de que él quería ser Inefable. Tampoco lo era el que el Ministerio no lo permitiría, ser Inefable conllevaba cierto poder que no estaban dispuestos otorgar a cualquiera que se relacionara de alguna forma con Voldemort.
Y cómo Draco quería saberlo todo, explicarse el porqué de las cosas, había visto en la física algo más que un motivo para comprender a los muggles y mejorar su imagen; había visto la posibilidad de entender.
No había querido pensar que al hacerlo—que al estudiar como muggle— estaba renegando de la magia, porque no era así, él era un mago de sangre pura y orgulloso de serlo, y si ahora estaba más inserto en el mundo muggle, era porque en él había encontrado un ventana luego de hallar todas las puertas cerradas.
Además, pensar que él se estaba acostumbrando al mundo muggle, le daba la razón a las palabras hirientes de su padre, quien no comprendía porqué Draco tenía que hacer lo que hacía.
Y es que no tenía, quería.
Era algo extraño eso de la física mezclado con Potter. Las últimas veces Draco había provocado las reacciones en Harry, él se había sorprendido y molestado, pero ahora Potter era quien provocaba que Draco se dedicara a pensar en el porqué de las acciones del héroe.
Y era todo tan confuso, que ya no veía tan imposible la vida en la Tierra sin gravedad, porque para reconocer que, en efecto, sí estaba confundido, debía suceder alguna catástrofe a nivel mundial.
Era como si cada uno ejerciera una fuerza contra el otro, una fuerza igual, pero que al enfrentarse, la fuerza resultante era cero.
Fuerza total igual a cero, equilibrio.
Quizás por eso no podían avanzar. Porque ninguno daba más o menos que el otro, sino que lo mismo. Draco insultaba, Potter insultaba. Draco preguntaba, Potter preguntaba de vuelta.
Si quería algo más, tendría que romper el equilibrio.
Pero por ahora, debía demostrarse a sí mismo que por más muggle que pareciera, él era un mago a toda norma.
Draco se levantó del sillón y caminó hacia la cocina para prepararse un café, luego lo pensó mejor y, agitando la varita, apareció un café frente a él, en la mesa.
Luego, para demostrar que las palabras de Potter eran una completa idiotez, alzó la varita y, murmurando un winguardium leviosa, armó, con las pelotitas que tenía en una caja, la representación de un átomo con su nube electrónica rodeándolo.
Observando la figura que flotaba en el aire, suspiró.
Sí, el era un mago, y no tendría que molestarse porque Potter le dijera lo contrario, sólo que le molestaba un poco pensar que tal vez Potter se había acercado a él pensando que era un amante de los muggles o algo así.
Estúpido Potter. Debería integrarlo y así ver qué sucedía con él.
Draco se rió de su propia broma mental, pero su risa murió al instante para convertirse en genuina sorpresa. Potter había regresado, sumando una incógnita más a la ecuación "Potter". No sabía por qué había regresado, cómo había ingresado, por qué no lo había escuchado y por qué lo miraba de esa forma tan… intrigada.
Joder, pensó Draco, cuatro incógnitas, eso debería ser una ecuación con cuatro variables, fácil; pero no, era una ecuación de cuarto grado, porque todas las incógnitas eran Potterianas.
Joder dos veces, esas ecuaciones—los polinomios— se resolvían aproximando, y a Draco le gustaba la exactitud.
Arg, las matemáticas, siempre complicándole la vida a los físicos ¡se supone que están ahí para servirles!
Los pensamientos de Draco, fieles a su campo de estudio, fueron interrumpidos por un carraspeo.
Draco recordó que no estaba solo en su piso y recordó que el invitado debía ser excluido de su conjunto, por insultarlo.
Pero Potter estaba acercándose hacia el modelo atómico que flotaba en la sala y alzó la mano para tocarlo, Draco murmuró algo disimuladamente apuntando con su varita hacia el átomo falso y sonrió cuando Potter retiró la mano asustado.
—¿Qué es esto?
Draco no entendió qué hacía Potter ahí, pero ya que estaba, presumiría de sus conocimientos.
—Un átomo Potter, un átomo. Son unas pelotitas chiquititas que no se pueden ver y que conforman toda la materia—. Quizás si explicaba a prueba de tontos Potter entendería— ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?
—¿Por qué te enojaste?— Harry lo miró desafiante.
—¿Eres estúpido?— Draco sonrió de lado, irónico.
—¿Lo eres tú?; era un broma.— Harry se cruzó de brazos, a la defensiva.
—¿Si lo sabes, para qué preguntas?— Draco arqueó las cejas.
—Si lo supiera no estaría aquí, es obvio —Harry respiró hondo y volvió a preguntar—: ¿Por qué lo haces?
—¿Por qué quieres saberlo?— Draco se estaba exasperando.
—¿Por qué no?—. Realmente, Draco ya estaba confundido con tantas preguntas y no sabía muy bien a qué se refería, aunque supuso que era a su vida en general y a la física en particular.
—¿Por qué lo haces? ¿Qué ganas con eso?
Draco decidió que, si no rompían el equilibrio ahora, no lo romperían jamás, así que qué más daba, respondería.
—Porque quiero.
Harry, quien no esperaba que Draco respondiera, lo miró sorprendido.
—No dije lo de ser muggle en serio, sé que eres un mago. Y que no odias a los muggles.
Draco sonrió, cuando una de las fuerzas cambia de dirección la suma ya no es igual a cero, a pesar de que las fuerzas sigan teniendo el mismo tamaño. Así que era esperable que Potter cediera también.
Merlín, amaba a la física, ¡le solucionaba todos los problemas!
—Lo sé, pero no puedes evitar ser un idiota, ¿cierto?—. Las palabras iban acompañadas con una sonrisa sincera, no podían ser tomadas como un insulto.
—Lamento no ser un genio, señor todo-lo-sé-y-si-no-lo-invento— dijo Harry alegremente de vuelta y mirando con genuino interés los libros de física.
Draco se sorprendió al notar que él había pensado lo mismo cuando se cuestionaba porqué estudiar física, saberlo todo para poder inventar con propiedad.
Siguió sonriendo, ya se le hacía costumbre.
—Obvio Potter, los Malfoys debemos saberlo todo, y si voy a aprender a estar en este mundo, debo saber más que los propios muggles.
—Típico de ti, querer estar por sobre los demás.
—Estoy sobre los demás, Potter— dijo Draco dirigiéndose hacia la representación del átomo, para detenerse a un lado de Harry.— Eso— dijo apuntando con la varita hacia un punto brillante que giraba orbitando alrededor de una pelotita más grande que estaba al centro— es un electrón, bueno, no es uno, pero es la idea, tiene carga negativa y su masa es… Potter, ¿de qué te ríes?
Potter se tapaba la boca para sofocar la carcajada, pero le fue inevitable reírse.
—Lo siento— se disculpó, aún aguantando la risa—, es que sigues diciendo estas cosas y es tan extraño y yo…— Harry miró a Draco, quien tenía los ojos entrecerrados como esperando que Potter dijera alguna estupidez para variar— sigue, yo te escucho— terminó de decir, probablemente amedrentado con la mirada de Draco.
—Eres un caso perdido— suspiró—. Demasiado tonto por tu propio bien, un poco más tonto y no naces. —Draco le regaló una sonrisa ladeada y divertida, así que Harry rió sin inhibirse.— Si quiero hablar contigo tendré que culturizarte, no puedo hablar con neófitos.
—Que no sepa de física no me hace un ignorante, Malfoy— dijo Harry miraba cómo Draco se iba hacia la mesa a buscar su café.
—Deberías integrarte Potter, así aprenderías más cosas.— Draco seguía sonriendo y eso ya era un poco escalofriante para Harry, quien no estaba acostumbrado a ver tan relajado y divertido al frío Draco Malfoy.
—¿Integrarme?— preguntó, y Draco sonreía mentalmente pensando en qué resultaría de la integración de Potter.
Al final resolvió que la integral de Harry Potter sería… Harry Potter. Más arreglado, con el cabello más humanizado, sin esas gafas redondas, pero con la misma alma de héroe y ese halo de ingenuidad que lo rodeaba.
Sí, Potter era como la exponencial, si la integraba, quedaba igual.
Potter seguiría siendo Potter, y eso era bueno, a veces era necesario tener constantes en la vida. Y Harry Potter era la constante en la vida de Draco.
Con ese pensamiento en mente, le ofreció un café a Potter, y esta vez lo sirvió de forma muggle, él no tenía que demostrar nada.
Además, ya habían roto el equilibrio entre ellos, de buena manera.
Draco volvió a suspirar— ya se hacía costumbre, al igual que sonreír—, estaba conversando de forma civilizada y amistosa con Potter, y se sentía bien; cada vez la distancia entre ellos disminuía, y cada vez, el plan de analizarlo según la física funcionaba mejor.
Draco, si pudiera, se casaría con ella, la física era genial, lástima que fuera gay.
La física le permitía entender todo. ¡Era maravillosa!
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Luego del desayuno que compartieron, Harry se fue y Draco se preparó para llegar a clases, tarde, elegantemente tarde.
Mientras intentaba hacer un ejercicio de vectores, pensó en Potter, ya no podía evitar asociar todo con él, de una u otra manera. Los vectores tenían magnitud y dirección, Harry Potter era un vector que invadía sus pensamientos.
Y pensando en Potter, recordó que éste no le había dicho porqué había vuelto a su piso y mas, cómo había entrado… Se suponía que tenía protecciones anti-intrusos.
Anotó mentalmente que la próxima vez que lo viera en el Ministerio le preguntaría, al final de todo ya no estaban enfrentados en dirección y fuerza…
Hay fuerzas que equilibran exactamente a otras, iguales y opuestas. Lo bueno, es que estás fuerzas pueden alterarse y generar distintas reacciones.
Sí lo sé, estoy loca, no sé cómo se me ocurre pensar en un Draco transgénico y en integrar a Harry, pero tengo mrito por la locura ¿no?
Próximo capítulo.. acción y reacción, y algo de fricción ¡prometido!
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