#Orgullo

Déjame confesarte a qué sabe la soledad.

Déjame decirte cómo me siento cuando te veo rodeado de otras.

Déjame susurrarte a quién imagino cuando James me besa y nos acariciamos.

Déjame ser yo la que recorra tu cuerpo con mis manos y mis labios.

Déjame hacerte saber que sigo aquí…

-¿Qué se supone que significa esto, Lily? –me grita antes de que la puerta dé un portazo al cerrarse.

No le he oído llegar por estar demasiado inmersa en mi tarea para Sprout. Todos los demás ya deben estar cenando en el Gran Comedor y lejos del castillo, en los invernaderos, solo quedamos nosotros dos. Solos y a merced de la noche y el viento. Me giro lentamente, con mis manos llenas de tierra sujetando las tijeras de podar. Parece realmente enfadado, algo que no tenía previsto. Su frustración me divierte, se ve tan perdido e irritado. Intento no dar muestra de ello y reprimo una sonrisa. En su lugar lo miro confundida, dándole a entender que no entiendo a qué se refiere. Un brillo peligroso atraviesa sus ojos al mismo tiempo que levanta la caja que trae entre las manos, como respuesta a mi inexistente pregunta.

-Eso es una caja –le espeto con la voz totalmente carente de cualquier tipo de emoción.

-¿En serio? ¡No me jodas, pelirroja! –escupe mientras se acerca a una de las mesas y deja en ella de mala gana la caja.

Le miro fijamente y no puedo evitar alegrarme por el cambio que el tiempo y Slytherin han hecho en él. Ha crecido unos quince centímetros y ahora anda totalmente erguido. Su pelo sigue igual de grasiento, eso ni Ravenclaw podría cambiarlo, pero su expresión es distinta, sus ojos han cambiado radicalmente. La debilidad que lo convertía en el centro de todas las burlas ha sido reemplazada por la ferocidad que exudan el verde y el plata. Trata de esconderse en esa armadura de presunción y elitismo que él mismo se ha creado, pero ambos sabemos que yo sí puedo verlo, sentirlo, olerlo. El niño que solía mirarme de reojo y espiarme cuando creía que no me daba cuenta está frente a mí, y aunque él mismo se niegue a admitirlo, jamás ha perdido esa obsesión insana que le metió en más de un lío con mi padre.

Seguimos mirándonos, a la espera de que alguno de los dos responda la pregunta no dicha del otro. ¡Por Merlín! Esa tozudez también es nueva, al igual que su nueva aura tan oscura y hambrienta que amenaza con engullirme hasta su mismísimo abismo.

-Tengo cosas que hacer, Snape –mi indiferencia le enfurece aún más, respira hondo y trata de aflojar el puño en el que se han convertido sus manos.

-No quiero nada de esta caja –susurra y sé que, en realidad, lo que le gustaría sería gritármelo a la cara. –Así que quédatela.

Le miro desdeñosa. ¿Para eso ha venido? ¿Me he equivocado con él?

Me vuelvo de nuevo hacia la Phineas Gigantus y sigo podándola.

-Yo tampoco quiero nada. Son tus cosas, tíralas si quieres.

Titubea y algo me dice que quizás no estaba tan equivocada.

-Son regalos –es lo único que dice.

-¿Y?

-Que son regalos que yo te hice a ti –pone especial énfasis en los pronombres, como si yo fuera estúpida y no comprendiera nada de lo que intenta decirme. -¿Podrías dejar un momento la puta planta y hacerme caso?

¡Por fin el Severus que quiero está saliendo a la luz!

Sonrío, de espaldas a él, y cuando me giro no hay ningún signo que delate el placer que recorre mi cuerpo. Nada. Solo indiferencia en mis ojos y hastío en mis labios.

-Tú rompiste lo que teníamos, Severus –le contesto mientras su rostro pasa de la ira a la confusión. -Una amistad que no ha sido lo suficientemente fuerte como para superar al estúpido orgullo de una serpiente. Eres tú el que me ignora en los pasillos. Eres tú el que es incapaz de darme los buenos días en clase. No quiero nada de ti, Severus Snape, así que te lo devuelvo todo, pero si consideras que ya está todo demasiado infestado, tíralo. Es tan fácil como eso.

-No digas gilipolleces, Evans.

-Debe ser mi condición de sangresucia, S-N-A-P-E.

Veo la duda dibujada en sus ojos.

¿Será verdad que se arrepiente de lo dicho? ¿Me habré precipitado en mi juicio?

Demasiado tarde, ambos nos precipitamos al vacío.

-No vuelvas a hacer algo así Evans, o la próxima vez podrías meterte en un lío. –enarco una ceja. -Tienes suerte de que ningún Slytherin se diera cuenta de quién era la caja.

-¿En un lío? –repito, incrédula y divertida. -¿Con quién? ¿Con tus amiguitos mortífagos o con la zorra de Lasarte siguiéndote a todos lados?

Ninguno rompemos el contacto visual. Mis razones son obvias: no pienso darle el placer de reconocer mi debilidad. Este es mi juego y yo soy la que impongo las reglas. Yo decido cómo y cuándo. ¿Pero y las suyas? ¿Cuáles son sus razones?

Me da igual lo que piense. Ahora, en lo único que puedo pensar es en dar un par de pasos rápidos y borrarle esa estúpida sonrisa de un guantazo.

-Veo que has estado muy pendiente –sisea y yo noto como todo dentro de mí empieza a burbujear de rabia.

-Habría que estar ciega para no ver cómo esa mona se te cuelga del cuello cada vez que puede.

Él no se inmuta, pero su sonrisa no hace más que ensancharse y ladearse.

¿En qué momento me ha robado las riendas de la situación?

-Quítate esa estúpida sonrisa de la cara, Snape. Dejemos las cosas claras, esto no es lo que crees.

-Estás celosa –me corta y ahora soy yo la que sonrío ampliamente.

Una sonrisa fría y calculadora que no hace más que estremecer al Slytherin.

-No. No son los celos los que me mueven a hacer esto. Vamos a jugar, Severus, como lo hacíamos antes. Las reglas serán las mismas, jugaremos al ratón y al gato, pero el premio tendrá una pequeña variación. Se acabaron los besitos castos en los labios que solías exigirme, somos adultos y jugaremos como tal.

-¿Adónde quieres llegar?

-Subiremos la apuesta –sigo como si él no hubiera dicho nada. –Y exigiré tu cordura como recompensa. Me desearás y ahí encontrarás la perdición. Seré tu Eva y tú un simple Adán más. No dormirás, no comerás, no pensarás y yo seré la única que te saciará. Te odio, Severus, con un odio tan primario y destructivo que me está pudriendo por dentro. Me estoy convirtiendo en algo que me da miedo. Soy incapaz de mirarte y no sentir repulsión por todo lo que representas, por lo que tu arrogancia y tu indiferencia me están haciendo. ¡Entiéndelo! Todo ha desaparecido para mí, James, Dumbledore, Hogwarts… ¡TODO! En mi cabeza solo estamos tú y yo, y eso es algo que no me gusta y pienso erradicar.

El silencio vuelve a hacerse entre nosotros y no sé qué me sorprende más, si mi repentino ataque de sinceridad o el fuego que baila en los ojos negros del Slytherin.

-¿Por qué haces todo esto? –me pregunta justo antes de que salga por la puerta y lo deje allí.

-Por Orgullo, Snape. ¿Por qué si no?

Y hasta aquí hemos llegado. Muchas gracias por las reviews del primer capítulo!! Espero que este también esté a la altura.

Ya sabéis!! Todo lo que penséis dadle al GO!! Un fic con reviews es un fic contento!! Y su autora todavía más!!

Leara